Mía, quieras o no.
Una obsesión te puede llevar al borde de la locura y guiarte directamente a la perdición.
Anónimo
POV Bella
Estuve entre sus brazos y aun sabiendo lo peligroso de su cercanía no pude evitar quedarme así, tan indefensa, tan cercana, tan íntima. A pesar de las estupideces que me recorrían la cabeza una pequeña parte, una minúscula parte de mi cerebro casi del tamaño de la esperanza reacciono ante la situación en la que yo misma me había puesto. La respiración se me aceleró a tal grado de hacerse ruidosa, los oídos me aturdían por mi propio curso y el corazón me martillaba en el pecho desbocado. Me sentí estúpida, quería reaccionar pero mi cuerpo se fricciono al contacto de su piel. Si quería huir, mi cabeza me gritaba ¡Esta tarde, es tarde! Pero me abofetee internamente y estupefacta reaccione a tiempo.
-Señor Cullen ¿qué se ha creído?- dije empujándolo de mi lado.
Me miró confundido pero algo en su cerebro se volvió a conectar para darse cuenta de la incómoda situación que él mismo nos había puesto. Se separó y pasó nerviosamente las manos por sus cabellos mientras los ojos sus ojos desorbitados miraban al vació y apretó sus labios con los dedos índice y pulgar a manera de reproche… No me gustaba verlo así ¿Por qué no tenía un super poder como leer la mente o algo así?
-Lo lamento-.
-Edward…-.
-La verdad es que me tengo que ir-.
-¿A dónde?-.
-No sé. Necesito caminar-.
-Está obscureciendo y caminar sería peligroso-.
-No importa, me tengo que ir- y se fue tomando el saco que dejó en la entrada.
Lo miré como se marchaba y me sentí culpable por el tono de voz que había usado con él. Quizás él había tratado de ser amable conmigo y había mal interpretado las cosas. Camine rumbo a la cocina y pique un poco de fruta para comerla y esperar a que llegara mientras me sentaba frente a la ya tan consentida torre. Me puse lo más cómoda que pude evitando los ya peligrosos camisones que poseía.
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Eran cerca de la media noche y habían pasado más de 3 horas desde que Edward había salido de la casa y me estaba preocupando demasiado.
-Vamos, no seas estúpida. Ya no es un niñato y sabe cuidarse, eres su socio no su nana- dijo mi conciencia.
-Ya pero uno debe preocuparse por los amigos ¿no?-.
-Vale ¿ahora lo llamas amigo?-.
-Vete al demonio conciencia-.
-Upss- dijo burlona.
Eran las 2:00 am o eso vi medio adormilada en el reloj de mi celular y rendida me decidí a subir las escaleras casi arrastrando los pies. Me sentía como la típica esposa que espera al marido parrandero con tubos para peinar en la cabeza, la mascarilla de aguacate y el rodillo en la mano. Pero yo no era ni la pareja ni la nana de Edward Cullen y me sentí estúpida al desvelarme solo para esperarlo. Me tiré sobre la cama bocarriba con una gruesa bata de dormir puesta y los ojos me pesaron al punto de quedarme dormida.
No sé cuánto tiempo en la inconsciencia me quedé si no que sentí que la cama se hundía a mi lado derecho y un fuerte olor a alcohol inundaba la habitación.
Lo vi tambalearse en la obscuridad mientras intentaba quitarse los zapatos como niño pequeño. Se sentó en la cama pero no me moví de mi lugar haciendo parecer que aún estaba dormida. Se acostó a mi lado mientras estiraba completamente sus músculos y se ponía sobre un solo codo para mirarme.
Una fragancia de mujer me llegó hasta la nariz.
Él había estado con una mujerzuela o una dama de compañía, a decir verdad me importaba un carajo como se le llamara y se sonrío al mirarme.
-Te ves tan bonita- dijo con el aliento alcoholizado mientras acariciaba el tope de mi cabeza suavemente.
-¡Mierda! Cullen me está tocando- pensé.
-¿Por qué Bella?- melancólico con un puchero.
Apretó sus dientes abruptamente y se quedó estático acercándose a mi cara y yo me estremecí por su calor.
-¿Tan mala persona soy? Sé que me odias Swan, sé que no me quieres a tu lado pero ¿qué hago? Prefieres a Harris y al mundo antes que a mí-.
¿De qué diablos estaba hablando? ¿Tan ebrio estaba?
-Mírame- dijo como si estuviera contestándole- tuve que irme a embriagar para quitarme…-.
-¿Es qué no entiendes que otra mujer estuvo en tu…?-.
¿Por qué no completaba las malditas frases?
-Ven Bella- dijo mientras se pegaba a mi cuerpo- no me dejes, me siento solo-.
Sentí sus manos alrededor de mi cintura y su cabeza se apoyó arriba de mi espalda. Me dio miedo sentirlo tan cerca pero no quise moverlo, no quería correr la misma suerte que la mañana que lo encontré con una erección de tamaño mundial. Me queda estática y con los ojos abiertos de par en par ahogando un grito en mi garganta incapaz de hacer algo. Después de un rato se quedó dormido, eso lo supe porque la decadencia de su respiración volvió tranquila y un sonoro ronquido salió de él.
-Vaya, esto me faltaba- dije con la boca pegada a la almohada.
-Vamos querida, no mientas. Las dos sabemos que te encantaría que te tuviera mordiendo las almohadas en este momento- dijo mi conciencia burlonamente.
-Cállate- le ordene.
Me comencé a mover sabiendo que estaba dormido y lo empuje levemente con los codos esperando moverlo aunque fuese un poco. Se giró para quedar bocarriba y por lo visto ninguna erección se asomaba por sus pantalones.
-¡Qué alivio!- pensé.
Lo fui empujando lentamente hasta quitarlo de mi cuerpo pero al ponerlo lejos se comenzó a acercar lentamente abrazándome de la cintura y apretándome aún más que la primera vez.
-Bella…- suspiro- no te vayas… Te-e necesito-o-.
Mi pulso se elevó pero resignada esa noche durmió entre mis brazos. Me deje acurrucar junto a él, su tibio cuerpo me hacía sentir totalmente en mi hogar y en ese lugar me sentí completa, me sentí viva. Recordé antes de caer en la inconsciencia que pasaba amargas noche llorando sintiendo perdida y dolor. Las lágrimas no eran desahogo ya, simplemente eran rutina. Sentía muy lejos la idea de ser feliz, el sufrimiento de los años me golpeaba la cabeza y me torturaba cada noche y no me sentía digna de amar ni de ser amada. Pero en ese instante, teniendo su cuerpo junto al mío y sus palabras resonando en mi mente por fin en mucho tiempo me sentí en paz.
Aunque estuviera ebrio, aunque por la mañana ya no pasara nada y no recordara nada… Yo me sentía agradecida.
Acurruque mi cuerpo y lo apreté con más fuerza, su perfume me quemaba la nariz pero no me importo. Su cabello olía maravillosamente ¿así huelen los ángeles? Mi mano pasaba lentamente de arriba abajo igual que cuando se quedó dormido el día en que se molestó por haberme ido a almorzar con Jasper, lo sabía pero no quise decírselo.
-Edward…- dije muy despacio- ojala fueras transparente conmigo, ojala fueras de una sola mujer- y me quedé dormida.
A la mañana siguiente desperté con los brazos vacíos, no había señal de él y mucho menos de que hubiese estado ahí conmigo. Parecía que todo había sido un sueño. Me paré rápidamente y me encamine hacía la ducha para darme un refrescante baño mientras despejaba las ideas de mi aturdida cabeza. Al salir una bandeja con un grandioso desayuno me esperaba mientras una pequeña nota estaba al lado de él.
Señorita Swan:
No quise despertarla en lo más mínimo, se veía tan cansada que decidí dejarla dormir un poco más. La espero en el trabajo. Eh dejado el número de Armando para que lo llame y pase por usted.
Que tenga excelente mañana y nos vemos en la oficina.
Edward C.
Suspiré desilusionada.
-Él no se acordará- y comencé a desayunar.
Busqué entre mi "guardarropa" algo digno de usar y encontré un vestido azul bastante casual pero nada provocador, o al menos eso pensé yo. Me puse unos tacones altos y me maquille naturalmente como tanto me gustaba. Mi cabello lo dejé suelto con las típicas ondulaciones que este tenía y aplique mi perfume favorito.
Minutos más tarde ya estaba lista y había llamado al chofer para que me transportara. Me sentí ridícula al tener que haber usado un diccionario para decirle que viniera pero con suerte el empleado no era un mal educado y se limitó a sonreír.
- Bonjour Mademoiselle Swan (Buen día señorita Swan)- dijo sonriente.
-Bonjour Armando-.
Me abrió la puerta y me metí para comenzar el camino hacia la empresa International.
Me recargue en el asiento donde usualmente se transportaba Edward y el lugar se inundó de su perfume. Claramente no hacía mucho que él había usado el transporte porque la fragancia estaba fresca y más viva que nunca.
El auto se detuvo frente a la gran entrada dorada y abrió la puerta para mí. Me quedé un momento parada admirando el enorme rascacielos y suspire resignada esperando que algún piano me cayera encima, lo prefería mil veces antes que encontrarme con él y recordar la noche que tuvimos.
Pasó lo mismo de siempre, la recepcionista ignoro mi saludo. Estaba tratando de imaginarme que no me contestaba porque no me entendía pero Edward me había comentado era que por lo mínimo debían saber el Inglés para la contratación del empleo o Francés en su efecto.
Entonces ¿Por qué carajos me había contratado a mí?
Camine vacilante frente a ella y al pasar se volteó para ver mi andar. Me miró de arriba abajo hasta que el ascensor cerró las puertas. En él me encontré a varios ejecutivos de edad media, todos sin excepción alguna me miraron y saludaron en unísono mientras que yo me límite a sonreír. Sentía el calor golpearme, un caliente gota de sudor me rodeo el cuello para ponerme más nerviosa de lo que me encontraba.
Al salir el aire era fresco y agradecida suspire abiertamente para poder caminar por el pasillo que daba a la oficina de Edward Cullen.
-Buen día Alice- salude sonriente.
Noté como alzó la mirada al verme y de alguna se sorprendió por el tipo de atuendo que había escogido esa mañana.
-¿Esos son zapatos son de Christian Louboutin?
Me quedé viendo hacía mis pies ¿de quién rayos hablaba?
-No lo sé-.
-Son tan caros pero están divinos. Aún no he logrado comprarme un par-.
-Aaa fueron un regalo de una amiga, irónico que ella se casaba y me los dio-.
-¡Son hermosos!-.
-Sí- dije tratando de mostrar emoción pero aquel par de calzados no me provocaba nada en lo absoluto.
-Debería buscar ese tipo de calzado con faldas o vestidos. El traje de oficina es muy aburrido-.
-Sí, quizás por eso decidí venir más casual- dije sorprendida.
-Es lo que pienso yo, me siento vieja con trajes tan formales. A mis 24 años debería verme como una adolescente-.
¿Ahora Alice me hablaba como una mejor amiga y me aconsejaba en la moda? Quizás ya estaba dejando de odiarme.
-Tal vez algún día podamos charlar- dijo sonriente.
-Sería estupendo-.
Qué ironía, un par de zapatillas me había hecho ganar a la secretaría que me odiaba. Iba por buen camino.
-¿EL señor Cullen llegó?-.
-Sí, desde muy temprano-.
-Bueno, iré a trabajar-.
-Nos vemos más tarde- dijo sonriente y yo camine lo que me restaba de camino para llegar a la oficina. Ahí sentí que el corazón me martillaba vorazmente perdiendo los sentidos y me sentí mareada por la sensación.
-¿Alice?-.
-Dígame señorita Swan- dijo con respeto ¿ahora me respetaba?
-¿Puedes anunciarme? No me siento cómoda entrando de golpe y así como así-.
-Pero usted es socio y allegada al señor ¿no sé supone que tiene un poco más de libertad?-.
-¿La tengo?-.
-Sí, al menos eso nos dijo el señor-.
-No lo sabía-.
-A nosotros también nos sorprendió-.
-Igual quiero que me anuncies, no me gusta tener libertades de esa índole-.
-Cómo usted guste- dijo sentándose y presiono el botón que daba al teléfono de la oficina.
-Señor Cullen, la señorita Swan acaba de llegar-.
-Alice, sabes que debes pasarla-.
-Lo sé pero quiso ser anunciada antes de entrar-.
Me sentí una estúpida diva pero no quería llamar su atención, simplemente quería no estar sola por lo menos al entrar y tomar valor cuando estuviese en su presencia.
-Hazla pasar-.
-Enseguida señor-.
Se paró mientras se acomodaba la falda y caminaba graciosamente por el lugar ¿acaso estaba feliz?
-Sígame- espetó sonriente y tomó la perilla de la puerta para darme paso.
Cerré los ojos y los abrí al par de la entrada que se me anunciaba, vi que se encontraba de espalda y mantenía un par de papeles frente a él. Su saco se encontraba en un perchero de la oficina y su perfume inundaba el lugar. Me maree de solo entrar.
-Señor, la señorita Swan-.
-Gracias Alice- dijo sin mirar y la secretaría se sonrió conmigo para después dejarnos solos.
-Buen día- dije nerviosa.
Se giró para mirarme y su mirada se dejó incrustada en un atisbo de que lo que veía era mentira. Sus ojos esmeraldas se proyectaron en mi cuerpo, de arriba a abajo lo observo como tratando de no perderse ningún detalle y paso saliva ruidosamente al mirar mis piernas.
-Buen día señorita Swan-.
-Lamento llegar tarde- dije avanzando tímidamente.
-No se preocupe, no ha habido mucho movimiento en la oficina-.
Me senté frente a él dispuesta a hacer mi trabajo y cruce mis piernas como usualmente lo hacía.
A los pocos minutos yo me perdía enfrascada ente números y cuentas que mi mente se desconectó del lugar en dónde me encontraba. El silencio fue roto por sus palabras cuando yo pasaba mis manos por mi cabello y mordía levemente el borrador del lápiz.
-Señorita- dijo por falta de aire y nerviosamente.
-¿Dígame?-.
-Quiero hacerle unas preguntas- espetó mientras se paraba de su asiento y caminaba nerviosamente por el lugar con las manos en los bolsillos.
¡OH DIOS! ¡NO!
-¿Sobre qué?- y solté el lápiz para seguirlo con la mirada.
-Verá Swan-.
Dime Bella, por favor.
-Creo que he hecho algo pero no lo recuerdo-.
-¿Algo de qué?- pregunté nerviosa mordiéndome los labios mientras él abría los ojos a más no dar y pasaba saliva ruidosamente.
-Perdone mi atrevimiento pero ¿acaso dormimos…. Abra…za… dos?-.
Mi agitación se elevó, la cabeza me daba vueltas a más no dar y los oídos se llenaban de mi pulso insistente. La lengua se me trabó, la garganta se me llenó de palabras y monosílabos sin sentido. Esto no era parte del trato, la borrachera es un estado en el que según yo; puedes hacer cualquier estupidez sin acordarte de ellos. Quizás con fotos o vídeos que prueben las ridiculeces pero fuera de eso todo debería de ser un estúpido sueño o algo provocado por alcohol ¿decirle o no?
-¿Por qué pregunta?-.
-Es que…- se acercó a mi cara como para decirme un secreto- ocurrió algo-.
-¿Qué?-.
-Usted amaneció abrazada a mí-.
¡Mierda!
-¿Yo?- pregunte casi al borde de la histeria.
-Sí y necesito que me diga la verdad-.
Claro, todo tenía sentido. Él no me hablaba de usted porque se empeñaba a tutearme. Señorita, Swan, usted entre otras no eran las palabras que usaba al hablarme, no últimamente.
-La verdad es que anoche…-.
-¿Sí?-.
-Llegó muy ebrio y me comenzó a hablar-.
-¿Qué dije?- preguntó nervioso.
-Cosas sin sentido, monosílabos a decir verdad- mentí.
-Lo lamento ¿qué más paso?-.
-Me abrazó-.
Se quedó mudo, por primera vez no tuvo nada que decir y el silencio incómodo llenó la habitación. Se sentó en su lugar y de nuevo volvió a su trabajo. Me quedé viéndolo esperando a que me dijera algo, lo que fuese pero no pasó nada.
-Por la tarde mandaré a comprar una cama nueva. No se preocupe, que evidentemente tendrá la habitación para usted. Desocuparé alguna habitación de la casa y ahí dormiré.
-¡NO!- grité internamente- ¡no te vayas!-.
-En cuanto al trabajo- prosiguió- ese tipo de temas no saldrán a flote, sé que la incomodan y haré hasta lo imposible para no volver a incomodarla en su estancia en Francia ¿de acuerdo?-.
Mi mente se llenaba de pánico, por primera vez en mi vida sentí que ese hombre rompía todo los esquemas de mi soledad. Me llenaba por dentro y no de la manera morbosa en la que al principio creí que lo veía. Su compañía y su mera esencia hacían que me sintiera completa y ¿feliz? Sí, feliz por primera vez en mucho tiempo.
-Comprendo- dije con la mirada baja.
-Lo lamento- dijo acercándose a mi cara y casi susurrándome sobre los labios y se despegó de mí.
-No te lamentes, has sido lo mejor-.
Las horas continuaron su curso mientras yo intentaba por todos los medios céntrame en el trabajo. Pronto la hora del almuerzo había llegado.
-Señor Cullen- habló Alice por el altavoz.
-Dígame-.
-El señor Harris lo solicita-.
-¿De nuevo él está aquí?-
-Sí señor-.
-Dígale que estoy ocupado-.
-Como diga señor-.
Suspiré por su actitud de prepotencia, no me gustaba cuando se comportaba así.
Las puertas de la oficina se abrieron de par en par mientras Alice gritaba. Jasper Harris entró triunfante con las manos en la cintura como un super héroe.
-Hola Cullen- dijo sonriente.
-Lo lamento señor, le dije que estaba ocupado y que no podía entrar-.
-No te preocupes- dijo Edward al borde de la locura y Alice salió para dejarnos a los tres.
Harris camino por la habitación mirando los cuadros de las paredes y con las manos en los bolsillos se acercó a mí.
-Hola hermosa- dijo coquetamente y yo me límite a sonreír.
-¿Qué quieres?- gruñó Edward.
-Invitar a la linda Isabella a almorzar-.
-Yo…-.
-Eso no es posible- interrumpió Edward.
-¿Por qué?- preguntó el rubio.
-Porque irá conmigo a almorzar-.
Lo miré con sorpresa ¿en serio? Ni siquiera me había invitado.
-Vaya ¿tú Edward Cullen?-.
-¿Tiene algo de malo? – preguntó el aludido.
-No, pero no eres usual de invitar chicas a "almorzar"- dijo haciendo las comillas con los dedos.
Edward se sobre salto con sus palabras como entendiendo un mensaje subliminal que no capte.
-No le veo el problema, soy humano y también como-.
-Pero me gustaría llevarla yo- soltó Jasper furioso.
-¡Es mi turno!- gruño Edward.
-¡BASTA!- grite- dejen de discutir como si no estuviera presente ¿por qué no vamos los tres?-.
-No quiero compartir la mesa con una persona como Harris-.
-¿Crees que estaré agradecido si estoy contigo?- espetó furioso.
Y se acercaron tremendamente para comenzar una pelea pero me paré entre los dos para evitar una riña. No entendía porque estos dos hombres se tenían tanta furia entre sí. No lo comprendía, peleaban por mi compañía como si fuese el mejor de los premios pero de haber sido otra situación escrita por un guionista o un autor debía haber pensado que estaban celosos el uno del otro.
-Dejen de discutir- dije poniendo mis manos sobre sus pechos.
Sentí la misma corriente eléctrica sobre el cuerpo de Edward. Una fuerte atracción que mi cuerpo hacía que deseara más de su piel que cualquier otra cosa en el mundo. Mi organismo era halado por la fuerza de la gravedad y si eso era cierto; Edward Cullen era el centro del universo.
Mientras que con Jasper solo sentía pretensión, una especie de atracción mínima que no se comparaba en lo más mínimo con lo que sentía por mi jefe.
-¿Podemos ir los tres?-.
-¡NO!- gritaron en unísono.
Suspiré exasperada.
-No veo cual es el problema-.
-Yo sí- dijeron a coro y se dieron la espalda.
-Vamos, no puede ser tan mal insistí. ¿Cullen? ¿Harris?-.
Ninguno volteo para mirarme siquiera, me sentí un bicho y lo más mínimo que pudo haber existido en el universo.
-Entonces almorzaré sola- dije enojada.
-Yo te acompañaré- contestó Jasper.
-¡ESO NO!- insistió Edward.
-Entonces no iré, a menos que vayamos los tres o ninguno salga a comer- contesté.
Me sentía la niñera y abrumada por tanta atención.
-¿A dónde iremos?- pregunte de nuevo.
-¿Qué te parece la Bella Italia?- dijo Edward.
-Suena interesante ¿qué dices Jasper?-.
-Me da igual Bella, mientras disfrute de tu compañía-.
Me sonroje por sus palabras a lo que Edward gruñó y dijo algo que no entendí.
- Connard- espetó furioso Cullen en Francés a lo que Harris se sonrió.
Bajamos el elevador, evitando ser llevada del brazo por alguno de los hombres para evitar otro enfrentamiento innecesario. Salimos del edificio y uno me abrió la puerta para dejarme entrar y la cerró evitando el segundo entrara tras de mí y al final los dos entraron por puertas diferente quedándome en medio.
Vaya situación.
Llegamos a la Bella Italia y ordenamos una mesa para tres. Me sorprendió que de alguna manera Jasper no hubiese hecho alguna reservación como la última vez o en su efecto Edward. Pedimos el menú y todo el rato fue silencio incómodo o al menos para mí.
Al pedir nuestra comida, ordenamos un buen vino y comenzamos a almorzar. Trate de que todo fuese más ameno y decidí romper el hielo.
-Dígame Jasper ¿cómo van los negocios?-.
El aludido sonrió porque lo había nombrado y miró a Edward en forma de: Jajaja imbécil, ella me nombró primero.
-Te diré hermosa, eh estado manejando inversiones en América. Tal vez pronto viaje por allá y puedas ayudarme- dijo coqueto.
Me sonroje notablemente por su propuesta y Edward soltó el tenedor ruidosamente para llamar mi atención y su rostro se crispo de furia.
-Será interesante- dije poniéndole atención.
-No es posible señorita Swan- interrumpió Edward- aquí está su trabajo no con el señor- y acercó mi silla a su lado.
-Vamos Cullen, un par de días para que viaje con nosotros además ¿no extrañas a tu familia Bella?-.
-Por supuesto- dije nostálgica- pero a decir verdad no creo que sea buena idea- finalice recordando que Jacob solo me causaría problemas.
-Deberías ir- insistió Harris.
Baje la mirada y me concentré en mi comida mientras la vista de Edward Cullen me taladraba la piel. Al cabo de unos minutos el celular de Jasper comenzó a sonar insistente.
-Discúlpame hermosa, debo atender esta llamada- dijo mientras tomaba mi mano- Edward-.
-Adelante Harris- dijo el aludido con los puños cerrados y yo me limite a asentir mientras Jasper contestaba y se alejaba.
Suspire.
-Parece que mi socio quiere tener otro tipo de relación-.
Sabia a lo que Cullen se refería pero curiosa no pude evitar preguntar.
-¿A qué se refiere?-.
-Vamos- dijo acercándose a mí- no la creo tan despistada Swan-.
-Explíquese-.
-Le gusta a ese imbécil- escupió furioso.
Mi mirada se turbo por la forma en que me veía ¿acaso estaba celoso?
-No lo creo…-.
-No lo quiere ver que es otra cosa-.
-No es así, lo que hay entre él y yo no pasa de una pretensión de amistad-.
-Al menos por parte de usted Swan pero ese no quiere solo eso ¿lo sabía?-.
-¿Eso importa?- pregunté soltando mis cubiertos.
-Bueno…- dijo sorprendido.
-No le veo lo malo- solté- dentro de algunos días el señor McCarthy volverá y yo me iré New York a seguir con mi vida, por lo pronto si tenemos algo más eso no le importa-.
Cullen me miró enfurecido y soltó la servilleta de tela sobre la impecable mesa.
-Creo que me tengo que ir- espetó parándose de la silla- la espero en la oficina eso si no quiere irse a América con Jasper Harris-.
Me le quede viendo enfurecida y él se marchó. A los pocos minutos Jasper llegó.
-¿Dónde está Cullen?-.
-Se ha ido- dije ya sin apetito y con rabia.
-¿Por qué?-.
-No lo sé y no me importa-.
Sonrió por mi contestación.
-¿Quieres postre?-.
-No gracias, ¿podríamos aprovechar a ir a algún otro lado?-.
-Claro ¿a dónde te gustaría ir?-.
-No lo sé, un parque cualquiera. Aún queda media hora para terminar el almuerzo y me gustaría despejar un poco mi cabeza-.
-De acuerdo Isabella, sus deseos son ordenes- dijo caballerosamente tomándome de la mano y pagando la cuenta.
Salimos del lugar y una ráfaga de aire me golpeo el cuerpo dejándome en solo castañeo de mis dientes.
-¿Tienes frío?-.
-Sí-i-.
-Toma mi saco-.
-No-o Jasper, quédatelo-.
-¿Y dejar que te congeles? No me lo me perdonaría-.
Se quitó la prenda y me la puso sobre los hombros, suspiré agradecida por el cálido abrigo que me ofreció y seguimos nuestra andar por las calles de París mientras sus manos se metían por sus bolsillos.
-Gracias-.
-De nada Bella- y se aceró mucho a mi cara a punto de besarme pero me aparte a tiempo a lo que a él le disgusto y yo seguí mi caminar.
Tratando de cambiar el rumbo del rechazo que le había dado volvió a hablar aclarando la voz mientras se mantenía a mí lado.
-Dígame ¿le gusta la ciudad?-.
-Es maravillosa-.
-No tanto como tú-.
-¿Aprovecharas cada palabra para piropearme?-.
-No lo dudes-.
-Edward Cullen cree que me pretendes- dije sonrojada.
-¿Eso está mal?- contestó serio.
Yo me paré ¿acaso estaba hablando sin un atisbo de broma?
-Bueno, no lo sé-.
-Crees que por ser compañeros de trabajo, por así nombrarlo eso es incorrecto-.
Asentí.
-Bueno- continuo- no siempre trabajaras ahí, así que por mientras no pierdo nada con conquistarte ¿verdad?- y se fue acercándome lentamente hasta casi rozar de nuevo mis labios cuando mí celular comenzó a sonar.
Agradecida conteste inmediatamente.
-¿Hola?-.
-¿Bella? Soy Rose-.
-¡Rubia! ¡Qué alegría escucharte! ¿Cómo estás?-.
-Bien, en lo que cabe de la palabra ¿Dónde estás?-.
-En París-.
-¿Estás sola ahora?-.
-No, estoy con un socio-.
-No me digas que con Edward Cullen-.
-No es con Jasper Harris-.
-Me alegra Bells, evita estar a solas con él-.
-¿Por qué?-.
-No me corresponde hablar mal de las personas castaña pero ten cuidado. Cambiando de tema te tengo una sorpresa-.
-Dime, pero antes ¿cómo te fue en tu luna de miel?-.
-Aaa bien digamos que, bien-.
-No me mientas te oyes fatal-.
-Me divorciare-.
-¿Cómo? ¿Por qué?-.
-Es una historia que es su momento te contaré-.
-Ok, ¿qué me diras?-.
-Iré a Francia, llame a tus padres y les comente que necesitaba verte y me dieron tu ubicación-.
-No puede quedarte conmigo Rose, lo siento aunque me alegra poder verte-.
-No te apures hermosa, ya lo tenía planeado. Rente un departamento allá para poder quedarme, lo único que quiero verte-.
-Yo también y sabes que te extraño rubia-.
-También yo-.
Miré mi reloj y vi a Jasper que me veía al caminar y me di cuenta de que se me hacía tarde para irme a la oficina. Suspire resignada.
-Te dejo Rose, tengo que trabajar-.
-De acuerdo hermosa, hablamos cuando llegue y me instale. Recuerda lo que te comente de Cullen-.
-Fuerte y claro general- dije divertida.
-No cambias Swan. Cuídate, adiós-.
Y colgó.
-Debemos irnos-.
-Claro, deja marcar al chofer para que nos recoja ¿de acuerdo?-.
-Sí- contesté y se separó de mí.
Por un momento sentí como alguien me miraba a lo lejos, esa extraña sensación de ser espiada me erizo la piel de manera sorprendente. Me sentí intimidada e insegura ¿quién me veía y desde qué punto? Me decidí a observar y no noté nada.
-Debe ser mi imaginación, otra vez- pensé.
Gire mi cabeza aun buscando algo en el algún punto de la ciudad y me sobre salte cuando, desde una limosina negra un hombre me miraba fijamente y al darse cuenta cerró los vidrios obscuros y dio marcha al automóvil.
Me puse la mano sobre el pecho y me recargue jadeante sobre una pared. Al llegar mi acompañante se asustó por verme de tal manera.
-¡Bella! ¿Qué le pasa?- dijo asustado.
Sentí la piel de gallina y las manos me temblaban del susto ¡Alguien me estaba siguiendo!
-Llévame a la oficina por favor- dije recargando mi peso ahora en él.
-Bella, estás más blanca que la cal. Deberíamos ir al doctor-.
-No, no, no por favor. Solo fue un mareo ligero. Estoy bien-.
-¿Segura?- pregunto asustado.
-Sí, por favor vámonos-.
-Claro, el auto está en la siguiente cuadra. Aquí no es buen lugar para abordar un automóvil por el tráfico-.
Caminamos y yo estuve en silencio desde que aborde el auto de Harris y en todo el camino de vuelta a la empresa.
-¿Te sientes mejor?-.
-Sí, te estás preocupando demasiado Jasper-.
-¿Eso crees?- curioseó sonriente.
-La verdad sí, pero gracias por conservar la calma. De haber entrado en pánico no sé qué hubiera hecho contigo y conmigo- y reí.
-Bueno, nos hubieran dado por locos y probablemente estuviera gritando exasperado por que no reaccionaras-.
-Bueno ahora ya lo sé, gracias por el dato- comente riendo.
Llegamos a la oficina y nos encaminamos directamente hacia el elevador, al llegar ahí Alice brincaba de la felicidad.
-Hola linda Alice- saludo mi acompañante.
-Hola señor Harris, señorita Swan-.
-¿Por qué tan feliz?-.
-¡POR FIN LLEGARON!-.
-¿Nosotros?- pregunté confundida.
- No, las invitaciones del baile de conmemoración que dará la familia Cullen- contestó sonriente.
-¿Baile de conmemoración?-.
-Así es Bella. Carlisle y Esme Cullen organizan un baile conmemorando la fundación de la empresa- explicó Jasper- siempre es diferente porque mi querida Alice apoya en la decoración de todo el evento. Siempre es distinto, quien sabe quizás este año sea interesante-.
-Claro que lo será, ya llegaron las invitaciones desde hace algunos días pero por alguna extraña razón el correo no las entrego a tiempo. Mandare las invitaciones a su destino ahora mismo. Los invitados no llegaran esta noche si no las reciben-.
-¿ESTA NOCHE? ¿No crees que es muy tarde para enviarlas?-.
-Nunca es tarde- contestó Harris- con el poder de la empresa pueden enviar la invitación a China en un santiamén-.
-Sí- continuo la secretaria- pero esta vez la entrega a la empresa y el retraso fue culpa de la imprenta, no nuestra-.
-Vaya-.
-Aquí está la suya señorita- y Alice me entrego una fina invitación de color beige y negra con un suave listón de seda que hacía juego. Tenía una hermosa letra en francés obviamente y no comprendí. Voltee el sobre y noté que un sello de familia lo hacía más distintivo, casi como de la realeza.
Lo abrí mientras Jasper ponía sus brazos tras su espalda y Alice se mordía los labios de la emoción.
-Genial-.
-¿Qué ocurre?- preguntaron a unísono.
-No sé leer francés- contesté apenada mientras deslizaba los dedos por la fina opalina.
-¿Me permites?- pregunto Jasper y le di la invitación para que la leyera.
International Corporation
Tiene el honor de invitarlo a usted al baile de conmemoración de la fundación de la empresa International Co. en su 80 aniversario. Contamos con su grata presencia en el salón "Le cygne noir" este viernes 4 de Octubre del presente en punto de las 9:00 pm para formar parte de este distinguido baile.
La fiesta será temática en la que le pedimos que porte un traje digno de una mascarada.
Atentamente
Familia Cullen
-¿Mascarada?-.
-Sí- contestó Alice aplaudiendo- será una hermosa fiesta de antifaces.
-Esto será interesante- dijo Jasper mirándome provocadoramente.
-Pero ¿Qué voy a usar? No tengo vestidos para la ocasión y menos antifaces-.
-No hubieras dicho eso- dijo riendo Harris.
-¡No se preocupe! Saliendo del trabajo podemos ir a buscar uno para usted señorita Swan. Iremos a un montón de boutiques y compraremos lo necesario-.
En mi cara se hizo un gesto de terror al oírla parlotear. Si a duras penas soportaba a Rosalie comprando ¿qué me haría esta pequeña mujer bipolar?
-No lo creo…-.
-Vamos Bella, diviértete. ¿Cuándo irás a una mascarada de nuevo? ¡Y en París!- dijo Jasper.
-¿Acaso tú irás?-.
-Probablemente- dijo guiñándome un ojo.
-Lo pensaré y te avisaré cuando salga del trabajo-.
-¡Oh sí!- dijo Alice.
Parecía que la fiesta y decoraciones eran lo suyo.
-Debo irme a trabajar, ya voy retrasada- tomé la invitación y me giré- Adiós-.
-Espera Bella- dijo Jasper tomando del brazo y hablando muy despacio- ¿te veré pronto?-.
Me sonroje por su cercanía pero me solté suavemente evitando herir sus sentimientos.
-Claro- contesté y él se sonrió mientras yo me marchaba.
Al colocarme frente a la puerta, suspire y entre muy despacio a la oficina y noté que estaba de espalda. De nuevo. La cerré muy despacio y trate de hacer el menos ruido posible para que no me pillara como niña pequeña.
-Pensé que se había ido a América con el señor Harris-.
¡Mierda!
-¿Por qué me iría?-.
-No lo sé- dijo girándose – la vi muy entusiasmada por la idea- y alzó una ceja expectante.
¡Joder! Hasta enojado se ve sexy. Contrólate Swan.
-Mi lugar está aquí con usted… Digo con la empresa-.
Se sonrió por mi equivocación.
-Volvamos al trabajo- comenté sentándome en mi acostumbrado lugar de siempre y coloque la invitación en el escritorio.
-¿Ya tan pronto?-.
-¿Disculpe?-.
-Otro año más y ya es el baile-.
-Ahhh si, la secretaria me lo dio-.
-¿Puedo?- dijo mirando la invitación.
-Claro-.
Tomó delicadamente el papel y lo leyó para sí solo, enarcando una ceja al final.
-¿Mascarada?-.
-Sí a mí también me sorprendió-.
-No pensé que a mis padres les gustara este tipo de eventos. Se ve interesante pero lástima que no iré-.
Me entregó el sobre y suspiro acomodándose de nuevo en su lugar mientras volvía a sus deberes.
-¿Por qué?- no puede evitar preguntar.
-Tengo una cena pendiente esta noche Swan, son socios Coreanos y no puedo dejarlo pasar-.
-¿Quiere que lo acompañe?-.
-No es necesario, vaya a divertirse-.
Me sentí mal y ansiosa ¿por qué quería que fuera conmigo?
-Es una lástima- dije sin pensar.
Me miró fijamente y se acercó a mi cara sin pensarlo dos veces.
-No me extrañes Bella, no tardaré mucho- y me guiño un ojo para después girar su cuerpo hacía la pared con todo y sillón.
Me quedé sin aliento.
El resto de la tarde no se volteó de nuevo a mí y yo sorprendida termine todo mi trabajo. Eran las 6:00 pm y me sobraban dos horas.
-Termine-.
Se giró hacía mí y me reviso las hojas.
-Muy bien Swan puede retirarse-.
-¿En serio?-.
-Sí, esto todo por hoy. Además todos se irán temprano por lo de la fiesta y yo en una hora me iré a la cena con los inversionistas-.
-Puedo quedarme si quiere…-.
-Es todo- dijo molesto- cierre la puerta al salir por favor.
Alcé la mirada suspirando para no soltar una sola grosería por su maldita actitud.
Idiota.
-Que tenga buena noche Señor Cullen-.
-Hasta mañana Swan- dijo sin mirarme y yo salí rabiando del lugar por su forma de actuar.
Camine hacía el pasillo y llevaba conmigo unas carpetas en las manos. No llevaba mi vista fija al frente.
-¡Señorita Swan!-.
Voltee y me di cuenta de que Alice me llamaba.
-¿Qué ocurre?-.
-Parece que salió temprano-.
-Sí, así es-.
-Me alegro porque nos iremos a buscar su vestido- dijo saltando mientras tomaba su bolso.
-No creo que sea buena idea-.
-No diga más, iremos porque iremos además, Armando no está esperando en la entrada-.
-¿Qué no es chofer del jefe?-.
-Sí pero me lo prestó- dijo guiñando un ojo.
Suspire sin ánimo.
-¡Vamos! ¡Le encantara! Adorare combinar estos bellas obras de arte con un lindo vestido- dijo viendo mis zapatos.
-Está bien- dije resignada.
Nos fuimos con el chofer y recorrimos la ciudad más allá de lo que había podido ir con Edward o Jasper. Vistamos un montón de tiendas y en todas ellas la pequeña mujer me hizo probarme un sinfín de vestidos. Algunos pomposos, otros muy pegados y otros que ni siquiera daban lugar a la imaginación.
-Alice, estoy rendida. No encontramos ninguno para mí-.
-Tranquila- dijo como si ir de compras era la suyo- lo encontraremos y miró a la mostradora.
-Avez-vous des mascarade de type? (¿Tiene algo de tipo mascarada?)-.
-Mascarade? Aaa ouais bien, nous avons un que nous n'avons pas réglé et vient d'arriver. Permettez-moi de me manques (¿Mascarada? Aaa si bueno, tenemos uno que no hemos acomodado y acaba de llegar. Permítame señorita)-.
Las mire confundida mientras la encargada nos traía una enorme bolsa negra en dónde llevaba un vestido pomposo y femenino.
-Iré a una mascarada no a una boda- dije asustada.
-Al menos debería darle la oportunidad al vestido, quizás lo ame- dijo sonriente.
-Alice, me estás prácticamente obligando-.
-Lo siento, es que simplemente me emociono con estás cosas-.
La empleada llegó con un hermoso vestido negro de noche y a strapless. A pesar de no ser mi gusto extrañamente me fascino cuando me lo vi puesto. Me veía como una estrella de cine y Alice brinco cuando me lo vio puesto.
Eran ya casi las 8:30 pm y la secretaria decidió irse a cambiar a su casa y me ofreció ayuda a mí. Me sentía extraña recibir tantas atenciones de ella a sabiendas que hace unos pocos días me odiaba.
-Se ve hermosa señorita-.
-Llámame Bella-.
-¿Cree que es correcto?-.
Sonaba como yo, ahora entendía a Edward al pedirme que dejara de decir eso.
-No y no insistas. Me gusta más Bella-.
-Es solo que, me porté mal contigo Bella. La otra vez…-.
-No lo digas más ¿amigas?- pregunte sincera-.
-Amigas- dijo sonriente.
A los pocos minutos Armando llegó por nosotros es una flamante limosina negra, era hermosa y muy fina.
-Vaya-.
-Lo sé- contestó Alice.
En el camino fui viendo por la ventana. Francia era tan hermosa al anochecer.
-Debes cubrir tu rostro antes de entrar. Esa es la regla-.
-Está bien, aunque me parece una tontería-.
-Oye, yo lo propuse. Además si haces algunas travesura nadie lo sabrá- dijo guiñando un ojo.
-¿De qué hablas?-.
-No te hagas, de tener un buen sexo con alguien sin compromisos-.
-No es lo mío-.
Se quedó mirándome de todos los ángulo y su cabeza lo dedujo.
-Bella ¿eres virgen?-.
-¡Calla!-.
-¡Ay santa madre!-.
-Ser virgen no es una enfermedad-.
-Lo sé pero es tan raro ¿Cuántos años tienes?-.
-23-.
-Bueno, supongo que cada quien sabe que pasa por su cabeza….-.
-O entre sus piernas- complete.
Alice rio frenética y nos quedamos en silencio el resto del camino.
Al llegar al lugar lo deduje, unas enormes decoraciones como de tipo mascarada adornaba el lugar y el chofer hablo con la pequeña mujer y se posó a mi lado. Para ese momento ella y yo ya teníamos puesto los antifaces y caminos pegadas para no perdernos. Un sinfín de fotógrafos nos atacaron, peor que una entrega de premios.
-¿Cuál es su nombre señorita?- pregunto uno.
-¿Es una modelo?- pregunto otro.
No contesté nada y daba gracias al cielo que mi identidad fuese secreta. No quería que me reconocieran. Alice me empujo hasta el centro y continuamos caminando entre la multitud. Todos los varones del lugar no nos quitaban la vista de encima. Me sentía acosada.
-¿Quieres un trago?- preguntó la mujercita.
-Claro, un Martini de manzana-.
-Enseguida Bella-.
De pronto una pareja llamó la atención en el pódium. Eran Carlisle y Esme Cullen, la pareja más perfecta que había visto además de mis padres. Ella era muy bella, su cabello era largo y obscuro y sus ojos azules resplandecían de su delicada piel blanca. Carlisle era de cabello cobrizo, tenía los ojos iguales a los de Edward y era demasiado guapo, su hijo era la mezcla perfecta entre ellos dos.
-Con razón el maldito es tan sexy- pensé.
-Buenas noches a todo y bienvenidos sean al baile de la conmemoración del 80 aniversario de la empresa International que orgullosamente ha estado a cargo de la Familia Cullen. Mi esposa y mi hijo aunque esta noche no nos acompaña, estamos muy felices por su presencia. Esperamos que todos se diviertan esta noche y ¡a bailar se ha dicho!-.
Todos irrumpieron en aplausos, el jefe había hablado pero ¿dónde estaba Edward?
-Acuérdate que te dijo que estaría cenando con los inversionistas Bella- dijo mi conciencia.
Me sentía triste, lo extrañaba. Al darme cuenta Alice ya había llegado con mi trago.
-¿Qué tal el jefe?-.
-Se ve amable-.
-Es un pan de Dios y su esposa no se queda atrás-.
-No lo dudo- dije bebiendo de mi trago.
Noté como un chico le sonreía a mi compañera y esta le saludo.
-¿Quién es?-.
-Es Peter, trabaja en otro departamento y aunque tenga antifaz reconocería su cuerpo a distancia-.
-Deberías buscarlo- la anime.
Y como si me hubiese escuchado, el muchacho se acercó y la invito a bailar a lo que ella no se negó.
-Mátalo chica- dije entre risas y esta me correspondió mientras se iba tomada de la mano.
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Eran ya la media noche y Alice no dejaba de bailar. Yo me había negado y subí escaleras arriba para encontrar un poco de paz entre aquel borlote gigantesco. Evidentemente no reconocí a ninguno y me quedé sentada jugando con mi copa como una niña pequeña. De nuevo la sensación de sentirse observada me controlaba el cuerpo. Quise voltear a todos lados pero de nuevo no veía nada, baje la vista y puse mi trago en una mesa para buscar a la pequeña Alice e irme de ahí a descansa. Pero al pasar por un pasillo que estaba prácticamente solo una puerta se abrió de golpe y me haló del brazo para poder meterme a la habitación a la fuerza. Me tapó la boca y me apretó contra la pared para que no escapara. El ruido de la música era intenso y por más que gritara jamás me escucharían. El hombre acaricio mi cintura y con un poco de luz noté que traía puesto un antifaz.
-Hola hermosa- dijo su voz ronca la cual no reconocí.
Mis lágrimas empezaron a caer deliberadamente mientras su mano tapaba mis labios y su nariz olía mi cuello y mi pecho.
-Hueles tan rico, tal como lo recuerdo- y me soltó de la boca pero no de las manos.
-¡AUXILIO!- grité.
-Tranquila muñeca nadie nos interrumpirá aquí. Solo somos tú y yo-.
-¿Quién eres?- dije casi al borde del llanto.
-Me conoces lindura, dímelo tú- dijo acercado sus labios a los míos.
-No, no lo conozco suélteme-.
-Vamos hermosa Bella dímelo-.
-¡Aléjese!-.
-Es inevitable cariño, no puedo estar lejos de ti- y acaricio mi muslo derecho.
-Por favor no me haga daño- suplique.
-No lo haré no si no haces nada que me haga enojar-.
-¿Qué quiere?-.
-Todo-.
-No lo puedo complacer en nada, yo no le he hecho nada-.
-Haz hecho todo… Me haz hechizado. Me has mantenido reo de mi propio deseo Bella, con tus rechazos solo lograste que te deseara más-.
-¿Rechazos?- pensé.
-Usted está obsesionado, usted no quiere nada de mí. Yo no soy una chica linda no le gustaré-.
-Mi querida y hermosa Bella; cualquiera en su sano juicio se hubiera vuelto loco por ti- y pasó deliberadamente su boca por mi cuello haciendo que me excitara levemente.
-No, yo no lo conozco-.
-En tu boca ha estado mi nombre preciosa-.
-Señor, por favor no me lastime-.
-Huelo el miedo- dijo muy cerca de mi boca- huelo el temor que me tienes, huelo la excitación que te produce mi voz, mis roces, mis manos-.
Abrí la boca cuando un dedo rozó el centro de mi cuerpo y las terminaciones nerviosas cobraron vida propia.
-Ahhh-.
-No te resistas Bella, gime para mí-.
Y volvió a pasar los dedos entre mis piernas.
-AHhh mmm ahh-.
-Así nena, sigue, sigue- y la velocidad de sus caricias aumentaron.
-Ahhhh ahhhh aggg Dios-.
-¡Mierda Bella! Ojala pudieras decir mi nombre- dijo con la voz excitada y moviendo sus manos para causarme más placer.
-Ahhh aggg ahhhhhh ahhhh aaaa- dije incapaz de controlar mi propio libido y llegue a un súbito y espectacular orgasmo.
Saco sus manos y se sonrió maléficamente.
-Eres tan preciosa Bella-.
Lo miré con terror, me sentía despavorida pero extramente aun excitada.
-Nos veremos pronto preciosa flor- y me beso salvajemente los labios donde se lengua clamaba espacio en mi boca.
La excitación me ganó y cedí sin pensarlo.
Al final, saco una rosa roja y me la dio ya acaricio mi mejilla suavemente. Me lanzó un beso mientras se iba y yo me quedé asustada y totalmente desesperada. Tomé la rosa entre mis manos y descubrí que había una pequeña nota en ella con una caligrafía que jamás había visto en mi vida.
Hermosa Bella:
Te has ganado esta rosa como premio. No soy un animal para tampoco darte cosas lindas como estás pero he quedado prendado de ti desde que te vi. Tu olor y cuerpo me sedujo y ya no puedo vivir resistiendo a tocarte. Te has esforzado por obsesionarme y de ser posible te raptaré para mí. Eres mía Isabella Swan, eres mía quieras o no.
Mi corazón me martillo el pecho desesperadamente y sentí que el alma se me iba. Tuve miedo, mucho pánico por la nota del acosador que me había tocado hace apenas unos minutos. Este era mi fin… La última frase me golpeteaba el cerebro dejando secuelas permanentes en mi vida.
"Mía, quieras o no"
Ya saben que hacer mis queridos Twilighers dejen su review y denle Favorite/Follow.
Gracias por sus lindos comentarios y por su paciencia.
Nos leemos pronto, aquí Denisse... Cambio y fuera ;)!
