Rosas rojas


El amor es fragante como un ramo de rosas.

Juana de Ibarbourou


POV Bella

Estaba asustada y más que eso me sentía en peligro ¿Quién rayos era el hombre que me había tocado y por qué me conocía? No tenía sentido, no lo había ¿por qué a mí? Camine con los brazos alrededor de mi cuerpo y la mirada baja mientras llevaba las rosa roja que me había dado aquel desconocido. Pensé en buscar a Alice pero mis piernas no me respondían del todo así que decidí sentarme un momento para descansar.

-Ya no saldré de casa, ya no. Me limitaré a ir al trabajo y siempre acompañada- dije para mí misma.

Mis manos se posaron sobre mi cara y me pase los mechones de cabello detrás de mis orejas. Me di cuenta de que casi no había gente en el pasillo y temí de nuevo pensando que el atacante volvería. Me paré sigilosamente para ir a la salida del pasillo cuando una sombra se atravesó a mi salida.

-Hola hermosa-.

-No ¿tú de nuevo?-.

-Te estaba extrañando-.

-No-.

-Te dije que vendría por ti-.

-Aléjate-.

-Qué bonita rosa-.

-Las cosas ya habían quedado claras ¿por qué me sigues?-.

-Porque te deseo-.

-Yo no siento nada por ti-.

-¿Tendré que obligarte?-.

-¿Cómo me encontraste?- pregunte nerviosa.

-Con un par de llamadas, juego de niños Bella y no fue nada difícil entrar-.

-Déjame en paz-.

-No puedo olvidar nuestro último encuentro-.

-Jacob por favor, las cosas han quedado claras entre tú y yo, déjame en paz- y trate de pasar pero me lo negó.

-Tú no puedes negarte-.

-¿Quieres ver cómo me largo?- e intente pasar pero no me lo permitió.

-No te atrevas Isabella, he tratado de encontrarte cruzando el mundo por ti ¡Ámame!-.

-¡NO!-.

Traté de huir pero sus gruesos brazos me forcejaron poniéndome contra la pared y tratando de besarme.

-¡Mírame! ¡Mírame Bella! Te estoy rogando migajas de tu amor y tú te niegas. Tú vas a ser para mí-.

-¡Déjame en paz!-.

-¡Suéltala!- ordenó Jasper quitándose el antifaz y tomando a Jacob de las solapas del saco que llevaba.

Jacob lo miró con asco y odio a la vez preguntándose quién era el maldito que lo tocaba.

-Suéltame imbécil-.

-No te atrevas a tocar a Bella de nuevo-.

-Ella es mía nada más- escupió Jacob.

-¿Tuya? La señorita Swan no es objeto ni propiedad de nadie-.

-En este caso idiota de pacotilla, Bella me pertenece-.

-Vete por favor Jacob- ordené entre lágrimas.

-No te voy a dejar Bella-.

-Ya la oíste- espetó Jasper furioso mientras me protegía entre sus brazos.

Black gruño fuertemente y lanzó un golpe hacía la pared para liberar su rabia y me miro con fiereza, con odio y deseo. Temblé. Había sido atacada dos veces la misma noche y mi cuerpo no soportaba tantas emociones fuertes. Mi organismo se puso flácido y las rodillas me temblaron.

-¡Bella!- dijo Harris mientras me sostenía entre sus brazos.

-No puedo más, llévame a casa por favor-.

-Está bien cariño, está bien. Yo te llevó ¿quieres que llame a Alice?-.

Asentí.

Baje con el apoyada en sus hombros y la pequeña mujercita no dudo en correr para auxiliarme.

-¡Isabella!-.

-Creo que está en estado de shock- dijo Jasper.

-Un doctor por favor- gritó a alguien al fondo.

-Yo estudie medicina- contestó alguien del público y noté que Carlisle Cullen se acercaba a mí presurosamente.

-¿Qué le pasó?-.

-Sufrió emociones fuertes-.

Tomó mi pulso y reviso mis pupilas después de quitarme el antifaz.

-Traigan alcohol por favor-.

Escuche como alguien corrió presurosamente y un fuerte olor me despertó.

-Señorita ¿está usted bien?-.

-¿Qué me pasó?- pregunté agarrando mi cabeza.

-Se desmayó-.

-Lo siento-.

-Bella, no seas tonta- interrumpió Jasper- no tienes por qué disculparte-.

-Debería irse a descansar- dijo el patriarca.

-Sí, debería-.

-¿Nos vamos?- preguntó la pequeña secretaria.

-Alice, si no te importa me gustaría llevar a Bella yo mismo. No quiero que ese hombre la vuelva a atacar-.

Temblé al recordar a Jacob tratando de forcejarme.

-Por favor Jasper acompáñame- suplique y este sonrió.

-Por supuesto cariño-.

Caminamos entre la gente y todos me murmuraban, lo odiaba pero no me importó. Supe que era más primordial para mí mantenerme a salvo y si me iba con la pequeña Alice no podría defenderme en caso de otro ataque. Me mantenía cerca de Jasper intentando protegerme de todos y al salir me puso su saco encima para protegerme de la fría madrugada. Llamó a su chofer y enseguida nos subimos para dar camino a mi dirección.

-¿Estás bien?-.

-Sí, gracias-.

-No hay de qué. Pero ¿quién era ese sujeto?-.

-No importa-.

-Bella, si importa. Si ese maniaco intenta atacarte de nuevo y no estoy cerca ¿qué pasará de ti?-.

-No lo digas- dije apuñando mis ojos.

-No, yo sé pero es importante conocer las consecuencias de estar sola Bella. Yo te podría proteger si me tuvieras a tu lado- y se acercó a mí tratando de besarme pero me alejé.

-Lo siento pero no me siento bien-.

Suspiró molesto.

-No te preocupes preciosa- y no intentó tocarme de nuevo.

Llegamos al lugar y me abrió la puerta caballerosamente intentando estar cerca de mí pero yo se lo negaba. No me sentía cómoda con su contacto, me daba miedo. Me sentía como cuando el maldito acosador me había encerrado en una de las habitaciones del salón y me había tocado a la fuerza… Y la rosa ¿por qué maldición no la soltaba? La mantenía entre mis manos con las espinas clavadas en las palmas.

-Bueno ¿quieres que te acompañe hasta adentro?- preguntó en la entrada de la casa.

-No es necesario- dije con la vista baja- has hecho mucho por mí-.

-No tienes nada que agradecer, haría cualquier cosa por ti… Sabes que me gustas-.

-Jasper por favor, ahora no-.

Frunció el ceño molesto por mi rechazo pero no me importo.

-Igual insisto en dejarte hasta adentro-.

-Que tengas buena noche y gracias-.

Sabía que no quería estar con él pero solo me obligaba a que lo rechazara. No me sentía bien, solo quería irme a dormir y descansar.

-Hasta mañana Bella-.

-Adiós Jasper- y cerré la puerta.

Me fui deslizando por la puerta hasta quedar sentada y comencé a llorar desesperadamente. La mano me dolía por las espinas clavadas y mi respiración se agitó terriblemente. Me sentía asustada, aterrada. Era la presa de ¿dos personas? El maldito acosador y Jacob ¿y si eran la misma persona? ¿Y si el desgraciado era el mismo? Temblé con los ojos abiertos a más no dar y puse mis palmas ensangrentadas en el rostro.

-¡Bella!-.

No voltee, me sentía aterrorizada.

Edward corrió rápidamente hacía mí mientras yo sentía de nuevo débil mi cuerpo.

-¡Bella! ¿Qué tienes? ¡Dios santo! ¿Por qué estas sangrando?-.

Lo miré pero la angustia me arrebató la conciencia y me dejé caer entre sus brazos.

Minutos u ¿horas? Después desperté en la cómoda cama de la habitación que compartíamos. Las palmas las tenía vendadas y no tenía puesto los zapatos y mi cabello ya no estaba peinado ¿qué había pasado? Me levanté lentamente y la cabeza me daba vueltas, noté que era aun de madrugada o ese supuse porque afuera aún obscurecía.

-Por fin reaccionaste- dijo sentado desde una silla.

-¿Qué pasó?-.

-Eso me tienes que contar tú ¿qué rayos pasó?-.

-No lo sé…-.

-Vamos Bella no mientas ¿por qué te pusiste así?-.

-Yo… No quiero hablar de eso-.

-¡¿Harris te hizo algo?!- gritó enfurecido.

-No, no él me ha traído a casa-.

Se acercó lentamente hacía mí y puso sus manos sobre las mías para acariciar mis heridas. Una punzada de dolor me recorrió el cuerpo.

-¿Te duele mucho?-.

-Algo-.

-¿Cómo es que apretaste la rosa hasta sangrar?-.

-Tenía miedo-.

-¿A tal grado de lastimarte con una flor?-.

Baje la vista y comencé a sollozar de nuevo.

-Tienes que decirme, si algún maldito hijo de puta te ha tocado debes decírmelo-.

¿Por qué estaba tan protector conmigo? Edward Cullen, un hombre frío y calculador cuya importancia y cariño giraba entorno de su dinero, empresa y ¿su familia? Había una pequeña posibilidad de que fuese cierto, pero ¿él preocupándose por alguien más que no fuese nada suyo? Imposible.

-No es nada-.

-¡Mierda!- dijo golpeando la silla.

-Edward… Es que no quiero mezclar…-.

-Ya sé, los asuntos personales con la oficina… Me los has repetido hasta el cansancio Isabella Swan pero ¿si de esto depende tu vida?-.

Mi vida… Ya no sería vida.

-¡Está bien!- grité exasperada.

-Dime ¿qué pasó en esa maldita fiesta?- y se sentó sobre la cama.

-En la fiesta… Estaba con Alice y busqué un poco de tranquilidad alejada del bullicio y me fui a beber una copa. Estaba casi solo el lugar y pase por un pasillo donde todo estaba obscuro, cuando camine alguien me haló a la fuerza y me encerró para comenzar a tocarme a la fuerza pero no me hizo algo más que caricias y me entrego la rosa que traía al llegar. Después de ese terrible encuentro me encontré con Jake y me quiso besar a la fuerza, me tomó y me dijo que yo era de su propiedad y que me obligaría a amarlo-.

Los ojos de Edward se abrieron como fiera, los dientes le crujían terriblemente y de su pecho un rugido escandaloso brotaba entre sus dientes. Apretó los puños y se paró violentamente para golpear la pared. Me asusté tanto que lloré como niña pequeña de nuevo.

Mi miraba rabioso, su cara bella se había deformado a tal punto que aquel rostro de ángel había desaparecido… Era un demonio, alguien poseído por la rabia y el homicidio. Si hubiese tenido al peor de sus enemigos, lo hubiese desollado vivo en un santiamén.

-¡Hijo de puta!- gritó.

-¿Edward?- indague haciendo mi cuerpo hacía atrás.

-Ese hermano tuyo se va a morir Bella, tiene que morirse-.

-¿Qué estás diciendo?- pregunte jadeante.

-¡POR DIOS! ¿Acaso escuchaste lo que tú misma dijiste? Ese mal nacido trató de violarte ¡Mierda! ¿Entiendes la magnitud de la palabra?-.

Sentí temor y angustia, no quería ni preguntarle qué pensaba de todo y por qué se ponía tan violento ¿qué ocurría con Edward Cullen?

-¿Qué pasara ahora?-.

-Pasará que no estarás sola ni un segundo del día y que yo te acompañaré a todos lados-.

-¿Tú?-.

-¿Por qué te sorprende?- preguntó incrédulo.

-Es que…-.

-Crees que no sé defenderme, que soy un niñato ricachón que se esconde tras las faldas de mi madre y que me protegen guaruras y monigotes enormes. Estás equivocada, sé defenderme solo-.

-No es eso, no quiero que salgas lastimado en esto… Son mis problemas…-.

-¿Y crees que no son míos? Mírate mujer, estás temblando y las palmas te sangraron ¿no aprecias tu vida siquiera?-.

Me miré las manos y comencé a llorar desesperadamente. Como alarma se sentó junto a mí y me abrazó con mucha ternura esperando a que me tranquilizara y sin pensarlo lo apreté muy fuerte como si mi vida dependiera de eso y lloré para sacar el maldito miedo que me aprisionaba por dentro.

-Tranquila, nada va a pasarte por los siguientes meses, lo prometo-.

-¿Meses?- pregunte separándome de su cuerpo.

Me miró receloso y suspiró. Sabía algo que yo no.

-Hace algunos días llamo Emmet anunciando que…-.

-Se divorciara, lo sé-.

-Vaya, las noticias de esa índole corren muy deprisa. Al parecer a su amiga no le gusto el concepto de "juntos hasta que la muerte nos separe" y en efecto, eso es verdad-.

-No entiendo que tiene que ver eso con mi estancia en Francia, me iré en cuanto pueda de este maldito lugar-.

La mirada de Edward se tornó osca y fría por el desprecio de mis palabras pero no pude evitarlo. Francia era uno de los lugares más hermosos que en sueños hubiese querido visitar y vivir inclusive pero con tales experiencias no tenía ganas de seguir pisando aquella tierra llena de cosas diferentes a las que nunca había pensado para mi vida.

-El punto es que usted como socio cumple un papel importante en la empresa y no se puede ir así porque si-.

-El señor McCarthy volverá y yo me iré sin más-.

-Emmet McCarthy no volverá por ahora- espetó seriamente parándose de la cama.

-¿Qué?-.

-Lo que escucho Swan, mi amigo desea alejarse de la empresa por un tiempo. Esta destruido y quiere estar solo mínimo hasta que el divorcio se concrete-.

-¿Y eso cuánto tardará?-.

-No lo sé pero ¿Por qué está tan ansiosa de volver? Si regresa a América allá estará el maldito de su "hermano"- dijo con los dedos haciendo las comillas- ¿qué le dirá a sus padres Bella? ¿Qué le dirá? Cuando el mal nacido la esté acosando y en la misma casa-.

-Puedo no vivir ahí-.

-¿Y huir toda la vida?-.

-¿Qué más te da lo que haga? Es lo que tú me propones, vivir bajo tus alas para que el loco de Jacob no se atreva a tocarme pero ¿Cuánto durara esa protección? ¿Días, semanas, meses? No viviré contigo lo que me resta de existencia bajo las toneladas de dinero que pretende interponer entre la maldad y yo. Mírame tengo 23 años y me han atacado dos veces seguidas en ¡una maldita noche! ¿Quién dice que el desgraciado acosador y Jacob no son los mismos? ¿Me protegerá cuando vuelva a New York? No lo creo Edward Cullen, no creo que el dinero atraviese el mundo para cuidarme-.

Me miró expectante como si fuese una tontería mis palabras, una vil blasfemia de mis labios ¿qué se creía este hombre? ¿Dios? ¿El magnate del universo? ¿Mi dueño? De él no dependía mi cuerpo ni mi alma, aunque esa estúpida obsesión de tenerlo conmigo se me hacía imposible ya estar a su lado. Me sentía impotente al no poder liberar la mínima tensión que había entre los dos.

-Mientras este usted conmigo, nada va a ocurrir- prometió mientras me sujetaba de los brazos.

-No puedo estar contigo todo el tiempo-.

-¿Por qué no?-.

¿Acaso me estaba invitando a estar con él por siempre?

-Vamos, solo piénsalo un segundo. Solo un segundo. Algún día; por más que el señor McCarthy tarde me iré y regresaré a Estados Unidos, buscaré un empleo que se ajuste a mis necesidades, con suerte encontraré un hombre que me ame como yo a él- dijo con melancolía- y me casaré, entonces, señor; ese día ya no podrá decir que no hizo nada por cuidarme. Después de encontrar al hombre que lo sustituya… Es decir que cumpla con protegerme, se lo tendré agradecido por siempre-.

-A veces pienso que me repudias- dijo parándose y dándome la espalda.

¿Cómo puedes llegar a esa conclusión? Pero tus actitudes me confunden, me asustan, me aprisionan.

-Yo no te repudio-.

-¿Entonces?- pregunto acercándose a mí- ¿por qué no olvidas tu estúpida vida en América y te quedas en Francia? ¿Acaso alguien te espera allá?- y su mirada se inyecto de odio.

Pasé saliva ruidosamente y suspire después de verlo a los ojos, sus hermosos ojos verdes.

-Nadie me espera más que mis padres-.

-Olvídate de ellos-.

-¿Cómo me pides eso? Son mi familia-.

-¿Tú familia? Perdóname pero la familia no trata de violarte ni te sigue como enfermo mental a través del mundo. Fuese mucho más comprensible si el idiota ese no fuera tu hermano-.

-No es mi hermano, Jacob se crío conmigo-.

Me tomó entre sus brazos y me apretó fuerte contra su pecho, su piel me quemaba deliciosamente, su aliento me endulzaba la respiración y su suave toque me hacía vibrar recordando la ya tan conocida sensación de su piel sobre la mía. Me fui a un punto de descontrol, la musa que mi cuerpo contenía gemía deliberadamente. Mi cuerpo se regocijaba mientras mi corazón gritaba ¡Tómame! ¡Aquí y ahora! Quita la estúpida barrera que no separa: Nuestra ropa.

-¿Quién te mantiene aquí Isabella?-.

-¿Qué-e?-.

-Sí- dijo apretándome más a él- algo te mantiene aquí, porque de haber querido, te hubieras largado de este lugar. Sabes que no hay contrato que te detenga y por favor, eso de ser la señorita responsabilidad no es tan convincente. ¿Quién te mantiene aquí? ¿Qué te ata en este lugar? ¿Conociste a alguien que es incapaz de dejarte ir a casarte a América?-.

-Suéltame- dije jadeando.

-No lo haré hasta que me respondas-.

-No tengo nada que contestarte, es mi vida y no te incumbe-.

-No es verdad, me importa más de lo que debería-.

-¡Por favor! ¿Qué significa todo esto? ¿Por qué me seduces?- pensé.

-¿A qué quieres llegar exactamente?- pregunte con la mente confundido y desprendiéndome de su abrazo.

Mire su rostro, estaba deshecho. Como niño pequeño cuando le arrebatan un dulce y la decepción se asomaba en sus ojos esmeraldas. No tenía sentido, no lo había en lo más mínimo ¿por qué se atrevía a tocarme de esa manera? ¿Por qué yo huía de él? Pero me gustaba, me gustaba que me acorralara y me sedujera. Pero no estaba bien, no lo estaba.

-Me siento como un imbécil- y se apartó de mí sin dudarlo- ya no confió ni en mis propios pensamientos ¿qué diablos me pasa?-.

-Edward yo…-.

-Yo sé que no me quieres a tu lado- interrumpió, desde que Harris apareció no sé qué pasa conmigo, contigo. Si fuese otra situación me hubiese importado una mierda después de que yo… Es decir de que tú… ¡Agg! ¡Este maldito juego me está atrapando! Ya no soy un jugador, ya no más o ¿si lo soy? ¡Mírame! ¡Dime por piedad qué tengo! ¿Estoy enfermo? ¡Dime!-.

-¿De qué hablas?- pregunte tratando de comprender lo más mínimo.

-Me tengo que ir- dijo caminando violentamente te hacía la puerta.

-¡No te vayas!- grité sin dudarlo y se detuvo para mirarme.

-¿Para qué quieres que me quede?-.

Para estar conmigo.

-Porque… Porque… Si te vas, te podría pasar algo y sé que irás a beber de nuevo-.

-Eso no te importa-.

-Claro que no me importa pero vives conmigo y no respetas tus mismas creencias ¿Vas a huir? ¡Al carajo con tu filosofía si sales por esa puerta! ¡Lárgate!-.

Se quedó dudoso y sus puños temblaron violentamente tomando la perilla de la puerta.

-¡NO TIENE SENTIDO ISABELLA SWAN! Me estoy consumiendo por dentro ¿sabes que impotente querer algo y no poseerlo? -.

-Me parece estúpido e innecesario ¡Tienes el dinero del mundo! ¡Anda y cómpralo!-.

-Eso que deseo no tiene valor- y apretó los ojos con furia.

-¿No tiene valor?-.

-No-.

-Todo en esta vida de porquería tiene valor, inclusive el amor. En este endemoniado mundo la gente se vende por avanzar, los sueños, ilusiones, promesas, la vejez, el placer y la perdición. Tú lo tienes todo ¡Deja de comportarte como un niñato y madura! ¡Mierda!-.

Se acercó violentamente hacía mí y me aprisiono contra la pared dejan que su aliento me golpeara el rostro. Me iba desmayar o a besarlo ¡Joder! Lo que ocurriera primero.

-Dime tú señorita ¿tú te vendes también? ¿Qué precio tienes al mundo? ¿Cuánto vales?-.

La sangre me hirvió y lo empuje ¿por qué esta situación me hacía ponerme de los mil demonios y excitarme a la vez?

-Lo que yo valga eso a ti no te incumbe ¿no tienes cosas que hacer? Digo las mujeres no se conquistan solas-.

-¿De qué hablas?- preguntó nervioso.

-¿Crees que no lo sé? ¿Tú secretaría no te basto? ¿La recepcionista? ¿Ahora voy yo? ¿Me vas a comprar a mí también?-.

Sin pensarlo lo había soltado, lo había dicho, me moría de celos. Si de enfermizos celos de que ese Adonis hermoso hubiese tocado a otra mujer que no hubiese sido yo. Pero él no era nada mío y yo no era nada para él. La maldita rabia me consumía y la rigidez de mi cuerpo me impedía salir corriendo de ahí, ya hasta había olvidado el miedo y la sensación de muerte que me abatía. No podía ni pensarlo, mi jefe, mi socio dentro de otras mujeres ¿Cuántas? ¿Decenas? ¿Miles? El estómago se me revolvió y sólo mirarlo hizo que me picaran los ojos. Las palabras de Rosalie me aturdían los oídos "Acuérdate de lo que te dije de Cullen" ¿Qué es eso? ¿Sus cientos de acostones?

-Me largó de aquí yo no tengo porque estar escuchando reproches de nadie-.

-Pues vete, vete. No me importa-.

Se paró en el marco de la puerta y golpeo la pared audible y salió pero no de la casa. Lo seguí sin que se diera cuenta solo con la vista, y lo vi que se encerró en su despacho mientras la música ruidosa inundaba la casa por la madrugada.

Welcome to the Jungle de los Guns N´ Roses se escuchaba sordamente a través de las puertas del despacho. ¿Acaso le gustaba ese tipo de música al magnate macho dominador? Amaba esa banda, inclusive me había escapado de Charlie y Renee una ocasión que fueron de tour por la ciudadjunto con Jacob pero al final se arrepintió y me escape sola. Me había divertido de lo mejor y aquel castigo de meses había valido la pena. Haber conocido a Axl Rose fue una de las experiencias de mi loca juventud. Inclusive me había firmado una playera de la banda que decía:


Baby, la vida es una porquería pero de una forma muy bella

W. Axl Rose

-2008-


Mis padres me habían regañado a tal punto que me según ellos estaba castigada por lo que me restaba de vida. Pero definitivamente no me arrepentía en lo más mínimo.

Me sentía excitada de una forma indescriptible, deseaba correr, golpear la puerta del despacho hasta abrirla y quitarme la ropa mientras le bailaba. Sentir el frenesí de sus caricias al ritmo de Axl y su voz. Recargue mi cabeza frente a la pared y suspire para encerrarme en la habitación y evitar hacer una estupidez de tamaño colosal.

-Vamos Isabella, contrólate cariño, contrólate. Eres fuerte-.

Me comencé a desvestir lentamente y me quedé solamente en ropa interior. Sabía que Edward no subiría, la música estaba sonando fuerte pero no me molestaba. Me recosté sobre la cama y cerré los ojos cuando mi celular comenzó a vibrar, era de madrugada y ya me encontraba dormitando, no me percaté de que número era y creyendo que era Rosalie al llegando a la ciudad conteste.

-Mmm por fin llamas-.

-Vuelve a quejarte de esa manera deliciosa y te aseguro que estaré en tu cuarto en menos de un segundo-.

Abrí los ojos de golpe ¿quién diablos era?

-¿Quién eres?- pregunté asustada.

-Bella, mi amor ¿ya te olvidaste de mí? Ya te extrañaba, extraño tu voz-.

-Déjeme en paz-.

-No te voy a dejar en paz ¿recuerdas la rosa? Preciosa, no era broma cuando te dije que serías mía quieras o no-.

-No tengo nada para usted-.

-Nena, mi cariño. A veces eres tan tonta ¿cómo logras ser endemoniadamente encantadora? Lo tienes todo-.

-Si no me deja en paz llamaré a la policía- amenacé.

-¿Y qué le dirás? ¿Qué un loco te llama por la madrugada para escuchar tu voz? Lo siento mi vida, solo te tomaran por chica caprichosa y jamás te harán caso-.

-Eres un maldito-.

-No decías lo mismo cuando te hice gemir. ¡Mierda! Lo repito, ojala hubieses dicho mi nombre, te juro que te hubiera tomado en ese mismo instante-.

Comencé a llorar desesperadamente de nuevo.

-No llores nena, lo odio- se quedó en silencio por un momento- ¿Acaso tienes un fiesta en tu casa? La música se escucha como concierto de Rock. Ay nena, solo me estoy excitando más al imaginarte bailar alguna canción de los Guns. Ummm Bella, ummm te deseo preciosa americana-.

¿Había dicho americana? ¿No lo había escuchado esa palabra de alguien más?

-Es usted un pervertido-.

-No lo puedo evitar preciosa y no se lo digas a nadie, es nuestro secreto muñeca. Si sé que alguien más sabe de tú y yo te aseguro que termino el juego de llamadas y dulces visitas y te secuestro para mí-.

-¡Oh no, por favor, por favor!-.

-Pórtate bien entonces y por favor deja de morderte los labios y de mover las piernas de esa forma. Estoy a punto de entrar por la maldita ventana. Si evite entrar cuando te quitaste el vestido negro que dejaste en el piso, ahora no habrá quien me detenga-.

Grité como loca y tiré el celular por el suelo, tuve miedo. Mucho miedo y acune mis piernas poniendo mi frente sobre mis rodillas. Pero si e quedaba ahí el maldito pervertido me seguiría observando ¿cuánto tiempo me había visto?

Una sonora carcajada maliciosa sonaba por el auricular y temblé.

La llamada había finalizado.

Salí corriendo de la habitación, escaleras abajo mientras la música del despacho de Edward ahora se llenaba de Back in Black de AC/DC.

-¡Edward! ¡Ábreme por favor! ¡Abre!- dije lloriqueando y golpeando la puerta.

Rápidamente abrió la habitación y lo vi con las mangas de la camisa recogida hasta los codos, los botones del pecho abiertos, el cabello alborotado y el olor a licor y a tabaco inundaba la habitación.

-¡Bella! ¿Qué ocurre?- inquirió asustado.

-Edward, ayúdame… Ayúdame- dije refugiándome en su grueso pecho mientras lloraba y sin pensarlo me abrazo.

-¿Qué te paso?- insistió asustado- ¿por qué estas casi denuda?-.

-Yo, es que…. La llamada- dije titubeando.

-¿Qué llamada? Swan ¡habla!-.

Pero no pude continuar por que las palabras del acosador me golpearon las cienes de manera demoledora.

"Si sé que alguien más sabe de tú y yo te aseguro que termino el juego de llamadas y dulces visitas y te secuestro para mí"

No podía, me estaba arriesgando a ser secuestrada por un demente y el cuerpo me temblaba de forma escandalosa. Entramos al despacho y apago la música y abrió las ventanas para dejar salir el olor a licor y tabaco. Me sentó en su silla principal toda inundada de su perfume y me quedé ahí con la mirada pérdida mientras las lágrimas me resbalaban silenciosamente. Se quitó la camisa y me la ofreció para cubrir mi denudes.

-¿Quieres agua?-.

Asentí, lo vi alejarse y me asuste.

-¡NO TE VAYAS!-.

-Bella, tranquilízate por favor. Solo iré por agua a la cocina-.

-Lo-o sie-ento-.

Se sonrió amablemente y me dejó en la habitación sola. A los pocos minutos volvió con unas pastillas y un vaso de agua.

-¿Qué-e…?-.

-Son pastillas para tranquilizarte. No te preocupes, no te hare nada. No sé qué ocurrió arriba pero no te preguntaré hasta que estés tranquila. ¡Diablos! A este paso te destrozaras los nervios-.

-Gracias- dije tomando el medicamente y el agua.

-No hay de qué Swan-.

Al poco tiempo me sentía más tranquila como había dicho y somnolienta. Me adormile sobre la silla y a duras penas oía los sonidos de la habitación.

-Pobre niña- dijo suspirando.

Me tomó en brazos con la camisa a mí alrededor y sentí como me levantaba entre sus brazos para brazos con tanta agilidad y ligereza. Me sentía una pluma junto a él pero no me moví. Abrió la puerta y me acomodó mejor, subimos las escaleras y con el pie dio paso para entrar a la recamara. Mis brazos se sujetaron a su cuello y su olor me tranquilizo aún más…

Me depositó suavemente entre las sábanas de la cama y acomodó mis piernas para taparme. Sentí alejarse de mí.

-No-o te va-yaas-.

-Bella, shh shh shh. No me iré, te voy a cuidar pero duérmete por favor-.

-No-o-.

-No seas necia mujer, te enfermaras si no duermes como es debido-.

-Qué-edat-ee-.

-Lo haré Bella-.

-Ve-en- suspiré por el cansancio y le ordene que se acostara a mi lado.

¡Te dicen la tonta ¿verdad?!- gritaba mis consciencia pero la ignoré, solo quería tenerlo a mi lado esa noche.

Suspiro y rodeo la cama para acostarse al lado derecho como era costumbre. Sentí su calor pero muy lejano, lo odie por tenerlo lejos.

-Bella, no quiero incomodarte-.

-Quédate- imploré claramente.

-Lo haré… Hasta que te duermas-.

-Mjum- suspiré y el comenzó a cantar muy bajito.


She´s got a smile that it seems to me
reminds me of chilhood memories
where everything
was as fresh as the bright blue sky

now and then when i see her face
she takes me away to that special place
and if i stared too long
i´d probably break down and cry

wuooh sweet child o´mine
wuoh oh oh oh sweet love of mine

She's got eyes of the bluest skies
as id ther thought of rain
i hate to look into those eyes
and see an ounce of pain
her hair reminds me
of a war safe place
where as a child i'd hide
and pray for the thunder
and the rain
to quietly pass me by

wuooh sweet child o´mine
wuoh oh oh oh sweet love of mine

where do we go
where do we go now
where do we go

sweet child
sweet child o´mine*


Y me quedé dormida escuchando su dulce voz.

Al despertar lo encontré ahí, abrazado a mi cintura y perdido entre suspiros sobre mi largo cabello. Esta vez no había escapatoria de su cuerpo, si me paraba los despertaría pero no quería ni siquiera irme. No quería alejarme de él, lo necesitaba de una forma en que no lo entendía… Pero ahí estaba a mi lado recostado con su cara cerca de la mía, me sentí completa.

-Duerme, duerme por siempre Bella. Quizás se quede contigo hasta el final-.

Sus brazos me apretaron más fuerte ¿cómo era posible que este hombre quisiera abrazarme así? Tuve miedo, no el miedo que sentí cuando Jacob me atacó, no el que tuve cuando el maldito acosador me llamó o me encerró… Tuve miedo de perder a Edward. Ahí en ese lugar, en la habitación, nuestra habitación nos encontrábamos en silencio. Solo nuestros corazones se escuchaban y la melodiosa sincronía de nuestras respiraciones, sus suspiros me hacían vibrar y acaricie sus manos llevándome entre los dedos su perfume y la deliciosa sensación de su calor y ternura.

Como acto de reflejo, movió su cuerpo dejándome libre ya proveche para pararme. Su pecho desnudo y musculoso se admiraba con esplendor mientras subía y bajaba lentamente. Una sonrisa de niño pequeño se dibujaba en sus labios y apretó los ojos tiernamente.

Suspiré.

Me dirigí al baño y me duche lentamente pensando en él, en que se encontraría fuera de la habitación y que había pasado una de las mejores noches entre sus brazos, nada me daño ni él inclusive. Como me prometió solo se quedó a mí lado y me dio más de lo que hubiese querido: su ternura. Me puse una ropa cómoda y cepille mi cabellera larga. Mi atención se dirigió hacia la cama en donde Edward se encontraba durmiendo aún, sonreí por verlo tan tranquilo, tan indefenso… Tan tierno.

Después un golpe de aire fuerte entró por l ventana y yo me asuste ¿Estaba abierta antes? Corrí a cerrarla para evitar que él se despertara y me sorprendí con semejante sorpresa que tenía enfrente.

Dos docenas de rosas, todas con pequeñas espinas estaban puestas sobre una pequeña mesa cerca de la ventana. Suavemente colocadas al lado de una botella de mi perfume favorito de fresas con vainilla y un sobre en blanco que llevaba mi nombre.

Edward se retorció entre las almohadas y giró la cabeza para evitar el golpe del aire que entraba por la ventana y la cerré para que evitara hacer más ruido. Abrí la carta con mi nombre presurosamente y pase saliva. La misma caligrafía de la primera nota estaba plasmada en este nuevo sobre pero esta ocasión era más larga.


Isabella:

Rompí la primera nota que te había escrito. Estoy más que furioso, pude aprovechar que te bañabas y matar al hijo de puta que te mantenía entre sus brazos. Quería sorprenderte, conquistarte con regalos pero te reúsas pequeña tonta. Si sabes lo que te conviene aprende a amarme en anonimato cariño o si no todos los hombres a tu alrededor se van a morir. Uno por uno querida…

Hubiese asesinado por haber sido yo quien te mantuvo toda la noche entre mis brazos y te hubiera hecho mía sin dudarlo. Cuide cada detalle y no me hubiera tentado el corazón si ese se hubiera atrevido a besarte o tocarte.

Quería disculparme por haberte asustado, me sentí un animal. Tal como mis instintos me lo dictan, quise también ser un caballero pero me temo que te gusta la rudeza. Nos volveremos a ver pronto, eso no lo dudes Bella. Volveremos a repetir el último encuentro, quizás llegar a más por lo furioso que estoy.

Tu placer es mi placer… Mi dolor es el tuyo…

P.D. Odie verte con la camisa de otro hombre pero te veías excepcionalmente divina y sensual durmiendo en ella.

Atentamente…

Aquel que te desea…


Las manos me temblaron sin pensarlo y las lágrimas me rodaron silenciosamente. Quise correr como cuando era niña y las tormentas me asustaban, ahí los brazos de mi madre me protegían de todo… De mis más profundos miedos… Me levantaba de mis caídas y me animaba a volar por mí sola… Me animo cuando no quise levantarme el segundo día de secundaria… Cuando todos se burlaron de mí porque vestía como bibliotecaria anciana con mis pantalones holgados, mi blusa de franela desgastada, mis converse viejos y unos enormes lentes que cubrían mi cara. Mi cabello era sujetado por una pinza que hacía que su color ni su largo se lucieran.

"Patito feo" me gritaban los chicos de mi escuela y me limitaba a correr a los baños con mis libros cerca de mi pecho para llorar amargamente las burlas que me daban. No me consideraba bonita para ninguno ¿Y el maquillaje? Era lo menos en lo que pensaba, nunca me gusta hasta que mi dulce madre me ánimo a poner un poco y me agrado como lucían mis ojos, sus ojos en mí. Desde ese entonces lo usaba como me había enseñado pero jamás me atreví a más… Jamás.

Después de un tiempo, recibí invitaciones de chicos que nunca me habían hablado, inclusive me preguntaban mi nombre, cosa rara porque iban a clases conmigo y jamás se habían dignado a mirar al "patito feo Swan". Pero yo era otra chica, sin perder mi esencia me vestí diferente, más femenina y con ropa más ajustada. Mi cuerpo resalto entra las capas de tela que anteriormente usaba y no perdí la oportunidad de hacerme notar entre los malvados que se burlaban pero al morir mis padres… Volví a hacer la misma de siempre… Ya no sonreía y me volví a ocultar tras mis lentes y no dejar salir nada para que nadie me atara a ningún tipo de relación.

Estaba destrozada, mi ángel se había ido al cielo… Mi ángel, aquella mujer que me había invitado a volar y jamás me anime… Mi ángel me había dejado sola.

-Mamá… Ayúdame por favor- dije muy bajito- ayúdame ¿qué hago?-.

Volví a llorar con desesperación pero en silencio apuñando la carta que me había dejado. No pude evitar acariciar los pétalos de la rosa y suspiré cansada.

-Qué hermosas rosas- dijo muy cerca de mi oído derecho obligándome a apuñar los ojos y respirarlo por cada poro de mi piel.

-¿Son tuyas?- pregunto al borde de mi piel apunto de besarla.

No respondí y me giré para verlo a la cara. Su ceño su fue haciendo rudo en cuanto me vio que no respondía y apuñe con más fuerza la carta entre mis manos lastimando las recientes heridas de las espinas… Vio mi movimiento y su pecho gruño como un animal enfurecido a sabiendas de que alguien se había atrevido a meterse con lo que era suyo… Golpeo fieramente un cristal que había en la mesa contra el piso y después su puño contra la pared.

Me acorralo contra un muro y puso sus dos manos sobre mis hombros para que no pudiera evitar quitarle la mirada y me mantuvo rea entre sus enormes brazos. Y su gesto era de más molesto… No tenía ni idea de que pasaba por su cabeza ¿Estaba celoso? Imposible… Eso era imposible…

-Contéstame Bella…- exigió- ¿Quién se atrevió a mandarte rosas rojas?-…

Jadee ruidosamente sin poderle responder.


Bueno pues las cosas se tornan más dramáticas... Yo algunas chicas me dejaron teorías de quién podrá ser...

Bien dejen sus comentarios y escriban si les gusta el rumbo que está tomando la historia...

Ya saben que hacer :)!

Review + Follow+ Favorite= Denisse feliz :)!

Nos leemos pronto jejeje :)!