Amante en silencio


"El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada"

Gustavo Adolfo Bécquer


POV Bella

La brutalidad de sus palabras me golpearon audible, sentí el miedo correr por mis venas. La sangre me hervía, no sabía si de miedo, excitación o era el enojo a punto de explotarme el corazón. Sus manos se aferraron a mi cintura a punto de clavarme los dedos en la piel ¿por qué se ponía como loco por unas estúpidas flores? Yo no las había recibido con gratitud, a decir verdad; ni siquiera las esperaba. No tenía la culpa y mucho menos buscaba la atención de ningún hombre en especial. Todo lo que en ese tipo de atenciones correspondía a mi persona me asustaba de cierto modo.

-¡Suéltame!- grite.

-¡Respóndeme!- exigió.

Y me solté de su agarre con esfuerzo pero al fin y al cabo me libere.

-¡Y tú quién te crees!- exigí empujándolo- tú no eres nadie para pedirme respuestas-.

Suspiró cerrando los ojos y apuñando las manos, sabía que tenía razón.

-Dime, por el amor de Dios ¿qué significa esto?-.

-¡Y cómo demonios quieres que lo sepa! Ni yo misma lo sé, yo no esperaba estas rosas, este perfume y esta…- dije acordándome de la nota pero decidí no nombrarla.

-Me tengo que ir Isabella, que disfrute sus dichosas rosas- y se largó sin decir adiós y sin mirarme siquiera.

Me senté en la cama intentando recuperar el aliento y mis lágrimas comenzaron a desbordarse. Esto no tenía que quedarse así, no podía quedarme en casa llorando. Media hora después me cambie, me maquille y marqué el primer número que se me ocurrió y de quien mantenía varias llamadas perdidas.

-¿Bella? Por fin llamas-

-Perdóname Rosalie, no escuche tus llamadas-.

-¿Estás bien? ¡Mierda! Te escuchas agitada-.

-Estoy bien, quiero preguntarte algo-.

-Claro-.

-¿Estás en Francia?-.

-Si, a decir verdad por eso te llamé, pero ¿Por qué preguntas?-.

-Creo que lo mejor será que pase unos días contigo ¿se podrá?-.

-Claro amiga, me vendría muy bien vivir contigo aunque sean unos días-.

-Sí, bueno por ahora tendré que irme a trabajar ¿Hablamos en el almuerzo?-.

-Me parece una mejor idea que pase por ti para almorzar ¿te parece?-.

-Es una magnífica idea Rose-.

-Bueno, buscaré un chofer para que me llevé a International y a la hora del almuerzo paso por ti. Me mandas un texto y te recojo-.

-Me parece bien-.

-Anda niña que después de todo tendremos tiempo para hablar de lo que pasa contigo y conmigo-.

-Ok- dije insegura.

-Bueno, hablamos pronto y cuídate castaña-.

-Adiós-.

Y colgué para llamar a Alice para que enviara a Armando por mí.

-Alice soy Bella-.

-¡Oh! Dios santo ¿estás bien? ¿Qué rayos pasó anoche?-.

-Después te explicaré pero ¿podrías mandar al chofer por mí?-.

-Bella, el chofer está en la residencia donde te hospedas-.

-¿Estás bromeando?-.

-No, en lo más mínimo, el Sr. Cullen en cuanto llegó mando por ti-.

-¿Por mí?-.

-Sí, llegó totalmente molesto y echando gritos a medio mundo; nada nuevo pero más rabioso que antes ¿qué ha pasado?-.

-Mmm nada. Bueno entonces ya me voy para el trabajo, hasta luego adiós-.

-Adiós Bella-.

Baje lentamente a sabiendas que el empleado ya me esperaba abajo. Desayune a una velocidad normal y tomé mis cosas para bajar e irme a la oficina.

-Buen día Armando-.

-Buen día señorita Swan- espetó sonriente.

Me quedé en shock ¿acaso me había hablado en mí mismo idioma?

-¿Desde cuándo…?-.

-M. Cullen me pidió que me comunicara con usted, así que aquí estoy-.

-Es más agradable así- dije sonriente.

-Me alegra que le agrade señorita Swan ¿nos vamos?-.

-Por supuesto- y me abrió la puerta para entrar.

Entré lentamente al auto, iba temprano al trabajo y no me preocupaba la velocidad a que nos desplazáramos por la ciudad. Suspire mientras recargaba mi cabeza para descansar y recapacitar sobre la escena que me había armado Edward en la habitación, la decisión de pasarme unos días con Rose y librarme del acosador maldito que me seguía.

Y Jacob, ya ni pensar en él también, el solo cavilar que otro maldito problema se sumaba a mi desgraciada vida me hacía querer enloquecer a más no dar. Ya ni siquiera quería entrar a la oficina ¿qué me esperaría de aquel hombre sin escrúpulos que trataba de controlar mi vida a diestra y siniestra?

-Demonios, mi jefe quiere controlar mi existencia como un maldito objeto- y el celular comenzó a sonar desesperadamente rompiendo el hilo de mis pensamientos.

-Bueno- contesté molesta.

Una respiración jadeante se escuchaba por el otro lado de la bocina, desesperante comenzó a hacerse más ruidoso.

-¿Quién habla?-.

Nadie contesto.

-¡Jacob Black! ¿Eres tú?- exigí.

Un gruñido feroz salió de aquella respiración desesperada y me colgó. Aquel sonido molesto me recorrió con miedo mi cuerpo desde la punta de mi cabeza hasta mis pies.

-Era él… él es el maldito acosador, de seguro me colgó porque se dio cuenta de que yo me enteré de su identidad, él y nada más que él. Maldito desgraciado-.

Apuñe mis manos lo más fuerte que pude y entendí que no lograba nada con molestarme de tal modo ¿qué hacía? ¿Denunciarlo? Nadie estaba enterado de lo que él me decía o hacía, nadie me creería. Lo primero que dirían de mí es "Señorita, si la atacó hace varios días y no es la primera vez ¿por qué demoró tanto? La denuncia ya no podrá ser tomada en cuenta bla bla bla"

-Señorita Swan… Hemos llegado-.

-Gracias Armando- contesté sin esperar que me abriera la puerta y me salí disparada hacía la entrada de la empresa.

Hice el ritual de siempre:

Saludar y ser ignorada por la recepcionista: Listo.

Adentrarme para ser vista como bicho raro: Listo.

Ser merodeada por los viejos ancianos en el elevador: Listo.

Impaciente esperé a que las puertas del elevador se abrieran para darme paso, para mi buena suerte al menos la pequeña secretaria ya me hablaba amablemente. Estaba pensando en comprarme unos buenos zapatos para pasearme frente a la recepcionista y que ella me mirara afectuosamente.

-Buen día Bella-.

-Hola Alice ¿qué tal todo?-.

-Pues lo que te he contado-.

-¿Está en la oficina?-.

Y el interruptor comenzó a sonar insistente.

-Señorita por favor, traiga las carpetas de los socios Alemanes-.

-En seguida señor-.

-Parece que está molesto-.

-Ni que lo digas- dijo buscando entre las montañas de papeles que tenía en varios archiveros- ¿qué paso?-.

-Nada importante, creo que le molesta compartir la casa-.

-¿Y te irás de ahí?-.

Subí los hombros en señal de no sé.

-Bueno no te demoro más, me voy a enfrentar al magnate-.

-Suerte- contestó la delgada mujer mientras me sonreía.

Me encamine hacía la gran puerta de la oficina y la abrí silenciosamente mientras la cerraba de la misma forma. El ambiente se volvía sombrío y oscuro cuando él estaba enojado. Se encontraba de espalda ordenando unos papeles, para el tiempo que tenía con él sabía que eso era señal de que no quería mirar a nadie y que se limitaran a dejar los papeles en el escritorio para después retirarse.

-Alice- dijo sin voltearse- deje los papeles sobre la mesa y váyase, una cosa ¿ya llego Swan?-.

-Aquí estoy señor Cullen- conteste y acto seguido se giró rápidamente.

-Buen día, pensé que no vendría hoy-.

-No podía faltar y menos con Armando esperándome fuera-.

-Aaa sí-.

Me deslice sigilosamente por la oficina y me senté frente a él para poder sacar el trabajo pendiente y continuar. No quería ni mirarlo en lo más mínimo. Sentía su mirada cerca de mí, podía jurar que su respiración asfixiante me golpeaba mareándome pero trataba por todos los medios de no mirar y caer en aquellas lagunas verdes llenas de deseo y pasión. Al cabo de unos minutos la sensación desapareció y yo sentí mi alma y cuerpo mucho más ligeros.

Al poco tiempo la secretaría entro con los archivos y se limitó a dejarlos y a sonreírme. Como entro se retiró. Segundos después rompió el silencio conmigo.

-Bella…-.

-Swan por favor- corregí y su ceño se frunció.

-Swan- dijo molesto- quería disculparme-.

-¿Por qué?-.

-Por lo de esta mañana, no sé qué me pasa yo…-.

-No hay necesidad de hablar de eso, señor Cullen-.

-¿Por qué me hablas de usted?-.

Solté la pluma y saqué el aire de mis pulmones con exasperación, era el colmo que lo preguntara después de la estúpida escena que me había armado.

-Creo que es evidente-.

-No leo la mente- aseguró soltando sus materiales de oficina.

-Pero tiene sentido común, creo que después de la escena violenta que presencie esta mañana está más que claro que cuando a usted le dan una mano agarra la pata. Sabía que estaba mal las confianzas que le cedí pero ¿qué hacía? Supuse que sería una buena persona conmigo ¿y qué me da? ¡Exigencias y regaños! No soy su mujer, eso quiero que lo tenga en claro-.

-Yo sé que no tengo ningún derecho pero entiéndeme-.

-¿Y quién me entiende a mí?-.

-Lamento lo de las rosas, lo lamento-.

-No tiene nada que decirme-.

Y suspiró para volver al trabajo. Sentía que me miraba de vez en vez pero me dispuse a hacer mi trabajo en los papeles y algunas veces en la computadora pero jamás voltee para mirarlo.

-¿Y Harris señor?- pregunté después de un rato de silencio.

Su cuerpo se giró enfurecido, sabía que le molestaba que le preguntara por él porque de alguna manera parecía que me interesaba más como un compañero o amigo quizás.

-¿Por qué me pregunta eso?- preguntó seriamente.

-Quiero agradecerle, lo que hiso por mí-.

-¿Qué hizo por usted?-.

-Me llevó a casa, me dijo… Algunas cosas- contesté plantando en él la semilla de la duda, intriga y enojo.

Quería explotar cada célula de él para hacerlo pagar por la manera salvaje en que me trató. Tenía que vengarme y darme revancha por las estupideces que hacía conmigo aunque me lamentaba un poco que el pobre de Harris llevara las consecuencias.

-No tengo la menor idea de donde esté ese imbécil-.

-¿Seguro?-.

-¿Está jugando? ¿Por qué me pregunta eso?- preguntó mientras un lápiz crujía debajo de sus gruesas manos.

-Discúlpeme- dije sonriendo- lo llamaré a la hora del almuerzo-.

-No me tiene que decir lo que haga con su vida personal Swan- dijo golpeando la mesa- y me importa una mierda dónde este ese imbécil a quién adora con devoción-.

-¡Bravo estúpida!- dijo mi conciencia- ahora sí que lo hiciste enojar-.

-Déjame en paz, se lo merece- dije para mí sola.

-¡Joder! No deja de ser guapo y molesto aunque se comporte como un troglodita-.

-Cállate-.

-¿Dijo algo Swan?-.

-No, nada señor-.

Y me reí por lo bajo.

Las horas pasaron sin ninguna contradicción y el tiempo para almorzar ya había llegado. Busqué mi celular para textear a mi rubia favorita.


Rubia ven por mí, en 10 minutos más salgo a comer. Te espero en la entrada de la empresa, tenemos que hablar, por cierto ¿conoces algún restaurant cerca? Estoy perdida.

Castaña- cambio y fuera.


Edward Cullen me miraba cuidadosamente notando que me sonreía al enviar el texto. Sabrá Dios que pensaría de mí, quizás que me estaba comunicando con Jasper. ¡Que pensara que lo que quisiera! A los pocos minutos mi amiga me respondió.


Hola Castaña, sí conozco un lugar ¡Te gustará! Lo prometo, ya voy para allá, en 10 minutos estoy afuera.

Rubia sexy- cambio y fuera.


Solté una risotada descomunal después de leer la palabra Sexy, algo bastante digno de mi mejor amiga. Cullen me miró desconcertada mientras ponía las manos sobre mi boca.

-¿Qué es tan gracioso?-.

-Nada señor, disculpe- contesté risueña.

Y se giró para no verme.

A los pocos minutos me digne a hablarle de nuevo a sabiendas de que mi amiga se encontraba abajo.

-Señor, ¿puedo salir ya a comer?-.

-Sí por supuesto, unos momentos más y nos vamos-.

-¿Nos?-.

-Sí, la llevaré a un lugar bonito para poder almorzar-.

-Discúlpeme pero yo ya tengo una cita- dije tomando mi bolso.

-¿Una cita? ¿Con quién? ¿Se dispuso a irse con Harris? ¿A dónde? ¿Por qué?-.

Lo miré extrañada, este hombre estaba loco.

-No iré con Harris y si voy no le veo el problema-.

-No pero…-.

-Pero nada por ahora iré con otra persona-.

-¿Lo conoció anoche? No pierdes tiempo Isabella, buscando hombres en las fiestas a quienes les das el número telefónico-.

-¡YO NO LE PERMITO QUE ME HABLE DE ESA FORMA! Y si yo le doy mi número a 5, 20 o 100 hombres a usted no le incumbe ¿Con quién cree que trata? ¿Cuántas veces se lo tengo que repetir? ¡NO ES MI DUEÑO!- y me encamine hacia la puerta para dejarlo solo.

Se paró delante de mí con además posesivo, los ojos inyectados de furia y las manos temblorosas al nivel de mis hombros me hacían vibrar de forma descontrolada. Juro que quería besarlo, que supiera que era el único que me provocaba de tal modo y que hasta ahora ninguno como él me había hecho desfallecer solo con su mera presencia, pero no me doblegaría. Eso no.

-Bella, por favor no vayas-.

-Voy a ir, la persona con la que almorzaré me está esperando abajo-.

-Te acompaño-.

-No quiero-.

-¿Por qué?-.

-Quiero estar a solas con Rosalie-.

¡MIERDA!

Me miró de forma más controlada. Mi plan de hacerlo enojar se había ido por la borda ahora que sabía que la persona que me esperaba era mujer.

-En todo caso…- dijo más tranquilo- la espero en una hora más-.

-Sí- dije decepcionada y abrí la puerta mientras me alejaba pero mi cabeza me recordó algo que tenía que tratar con él antes de regresar a casa.

Ya se encontraba sentado revisando los papeles que había dejado sobre el escritorio cuando me detuve mordiéndome los labios y jugué con la punta de mis tacones sobre el piso.

¿Decirle o no?

-¿Ocurre algo Swan?-.

-Sí, bueno no es un asunto de oficina-.

-¿De qué se trata?-.

-Es algo de la casa-.

-La escucho-.

-No, quisiera esperara hasta después de comer ¿le parece?-.

-Como guste-.

-Nos vemos-.

-Adiós y…- dijo dudando.

-Dígame Señor Cullen-.

-Cuídese por favor y no crea todo lo que le digan-.

-Claro- contesté de manera casi silenciosa y salí de la oficina.

Camine hasta el escritorio de Alice mientras se arreglaba las uñas.

-¿Vas a comer?-.

-Sí ¿no vienes?-.

-Aaa que incómodo pero ya comí, aproveche el primer turno para almorzar pero ¿qué te parece mañana?-.

-Alice, ¿podría venir un momento por favor?- exigió Edward a través de la bocina.

-¿Trabajo?-.

-Hay que obedecer al jefe ¿no? Aunque a veces pienso que me tiraré del último piso de la desesperación- dijo divertida.

-Me avisas para acompañarte y tirarme contigo- añadí.

-Señorita, la estoy esperando-.

-En un momento señor- contestó la secretaría.

-Te dejo, vuelvo al terminar del almuerzo-.

-Ok, adiós Bella- y se paró para entrar a la oficina.

Camine hasta al ascensor y puse el número que daba al primer piso. Ahí me oriente hasta la entrada donde mi mejor amiga me esperaba.

-¡Bella!- gritó abalanzándose sobre mí con un enorme abrazo.

-No me asfixies Rose-.

-Lo siento, lo siento. Es que estoy tan feliz de verte ¡Demonios!-.

-Lo sé, estás tan hermosa-.

-Querida ¡son los genes!-.

-¿Ahora saldrás con que eres más hermosa por ser rubia?- pregunte sonriente cruzándome de brazos.

-No te lo niego, que somos bellas, pero las morenas no se quedan atrás- dijo guiñándome un ojo- pero tontas no somos. ¡Mírame! Tengo una maestría-.

-Eso sí-.

-Bueno, dejémonos de tonterías y vayamos a comer-.

-¿A dónde iremos?- pregunte entrando al auto mientras un enorme chofer nos abría la puerta.

-Iremos a un restaurant llamado Venecia, irónico ¿no?-.

-Bastante- contesté mientras el auto daba marcha hacía el lugar.

-Mejor cuéntame ¿cómo te ha ido con Cullen?- preguntó curiosa- ¿cómo te ha tratado?-.

-Bien-.

-¿Solo bien?-.

-Sí, ¿qué querías que te dijera?-.

-Vamos no te hagas la occisa- dijo seriamente- todos sabemos la fama que tiene-.

-¿La fama?-.

-Pregunta con sus empleadas, él es un follador de primera-.

-¿Tú como sabes eso?- pregunte desconcertada.

-Porque… Porque… Me lo han dicho. ¿Conoces a Alice? La pequeña mujercita de cabello oscuro-.

-Sí, es la secretaria-.

-Y amante, querida-.

-Ya lo sabía- pensé.

-Al parecer con casi todas las mujeres de la empresa han pasado por la cama de algún hotel en dónde han probado de él- dijo con nostalgia.

-Pues no soy como esas mujeres- dije apenada.

-¿No haz…?-.

-¡No!-.

-¡Diablos Isabella! Respeto eso de ti pero ¡Mierda! ¿Qué pretendes? ¿Vestir santos? Castaña no pretendo que quieras entrar al cielo solo por no tener sexo ¡Ensúciate blanca paloma!-.

-¿Con Edward Cullen?-.

-¡NO!- contestó molesta.

-¿Entonces?-.

-No quiero corromperte cariño pero me alegra que no te hayas desvirgado con ese imbécil, es decir, a ti que te gusta lo romántico deberías embriagarte y revolcarte con un francés-.

-Valiente amiga que tengo, no gracias-.

-¡Vamos!-.

-¡No lo hare! Y mucho menos con un maldito desconocido-.

-Eres fuerte, mira que aguantarse con Cullen-.

-¿Qué tipo de persona me crees? No soy una ducha que cualquiera calienta para poderse meter-.

-Jajajajaja ¡Ay Swan, tú y tus metáforas!-.

-No le daré mi flor a cualquiera- dije apenada.

-¡Niña! Debes de dejar llamarla así o si no, no llegaras ni a casarte-.

-Bueno eso si fue tonto, disculpa-.

-Perdonada pero dime ¿siquiera te has dignado a usar los camisones que te di?-.

-¿A quién diablos se los voy a lucir?-.

-Quizás a un vecino guapo- dijo guiñándome un ojo.

-No quiero que me vean como la zorra exhibicionista de la calle-.

-¿Y qué más da? Pronto te irás ¿no?-.

-No, no es así porque Emett…- comencé a decir y noté que ella bajaba la mirada con tristeza.

¡Joder!

-Lo lamento- dije tomándola de la mano.

-No te preocupes-.

-En serio que no sé qué pasa por mi idiota cabeza-.

-Sé que se fue por mi culpa, eso no me lo tienes que decir-.

-No te iba a decir eso pero es que ni siquiera me has contado qué ocurrió en tu luna de miel-.

El coche se detuvo y el empleado abrió la puerta frente al restaurant. Rosalie salió con la cabeza cabizbaja y pidió una mesa para dos. En todo el camino, no hablo y pedimos nuestra comida para después esperar un poco más.

-Lo lamento-.

-No tienes porque, fue mi culpa-.

-¿Quieres hablar de eso?-.

Asintió.

Bebió de su copa de vino tinto y se limpió los labios delicadamente para dignarse a hablar.

-Bueno…-.

-¿Sí?- dije tomándola de la mano para darle seguridad.

Suspiro.

-¿Recuerdas del tipo que te conté?-.

-¿El socio?-.

-Sí-.

-¿Qué ocurre con él?-.

-Es un fantasma Bella-.

-¿Por qué dices eso?-.

-Porque me sigue-.

-Sé lo que se siente- respondí recordando al maldito acosador.

-¿Eh?-.

-No, nada. Continúa por favor-.

-No me persigue como un loco ¡Qué más quisiera yo! Pero no es así, sus malditos recuerdos me carcomen el alma y la vida, no lo puedo sacar de mi cabeza y mi corazón. Aún puedo sentir la primera vez que me tocó, sus gruesas manos, sus ojos color… Bueno, no lo puedo olvidar-.

-¿Qué tiene que ver él con tu luna de miel?-.

-Bueno…- espetó tristemente- es que por él… Me… Voy a divorciar-.

-¿¡QUÉ!?-.

-Cálmate Bella, ya lo sabias…-.

-No es verdad, no es cierto-.

- Claro que sí-.

-No, yo sabía que te divorciarías pero no sabía que era a causa de ese imbécil-.

-No lo llames así- dijo casi llorando.

-¿Y cómo quieres que le diga? ¿Él te obligo?-.

-¡No!-.

-¿Entonces?-.

-Yo lo decidí sola, hace tiempo que siquiera lo veo ¡Por Dios! Creo que me enamoré de él-.

-Al menos te dejó enamorada y no embarazada- solté molesta.

-Él jamás lo hubiera permitido-.

-¿Por qué estás tan segura?-.

-No es tan irresponsable como crees, le gusta tener el control; tanto en el sexo como en el mundo a su alrededor y siempre esta prevenido usando preservativo y…-.

-No me digas más, ya entendí-.

-¿Y qué harás ahora?-.

-Pues esperar a que Emmet vuelva-.

-¿Para qué?-.

-Quiero hablar con él, no quiere que me odie-.

El mesero llegó con nuestros alimentos y nos sonrió amablemente.

-Gracias- dijimos en unísono.

-No creo que logres mucho, creo que está muy resentido-.

-Ya no lo digas-.

-Pero ¿Para qué viniste a Francia si sabes que él es de Londres?-.

-Para… Para… Venir a verte claro-.

-¿Es eso o viniste a buscar al imbécil ese?- pregunte alzando una ceja.

-¡¿Cómo crees?!-.

-No lo creo, estoy casi segura-.

-¡Isabella Swan! Mejor hablemos de algo más ¿te parece?-.

-Ya qué-.

-Dime ¿te mudarás hoy?-.

-¿A dónde?-.

-A mi departamento-.

-A claro, si esta misma noche-.

-¡Genial! Solo dame tu dirección y paso por ti-.

-¡No! Yo iré mejor-.

-¿Por qué no…?-.

-Porque no quiero que veas que vivo con Edward "Todo poderoso" Cullen- pensé.

-Porque no hay necesidad- dije molesta.

-Ok, ok…- y probó un bocado.

Estábamos a la mitad de la comida cuando me de la nada recordé al maldito acosador ¿Por qué rayos pensaba en ese protervo? La sola idea me hizo sentir un escalofrío por todo el cuerpo y tuve miedo. Miedo por mi amiga, por las personas que estuvieran a mí alrededor. No podía ni imaginarme aquel desgraciado ese atacando a Rose por mi culpa, de alguna forma u otra se hubiese enterado lo que me pasaba y habría deducido que yo era víctima del alguien y él… Cumpliría su promesa: secuestrarme.

-¿Sabes algo?- dije rompiendo el silencio.

-No, dime Bella. No leo mentes- comentó graciosa.

-Preferiría mejor quedarme sola-.

-¡¿Por qué?!-.

-Es que quiero mi espacio-.

-Se honesta Swan- exigió enojada.

-Es verdad- dije tragando saliva ruidosamente.

-No te creo, sé que eres muy mala mentirosa Swan. Aaaa ya sé lo que ocurre-.

Las manos me temblaron.

-¿Qué-e?-.

-¡Te estás viendo con alguien!-.

-¡¿Cómo?!-.

-Vamos niña no soy tan tonta, sé que gusta la privacidad- comentó guiñándome un ojo- y quieres discreción. Entiendo muñeca-.

De verdad que ella no tenía la menor idea y sus pequeñas fantasías con un hombre me dejaban como chica fácil pero me mantenían tranquila al saber que mi mejor amiga estaba fuera de las garras del acosador.

-Sí es eso- dije picoteando mi comida con el tenedor.

-¡Wow! Y yo te creía prácticamente una monja-.

-No todo es como lo pintan ¿ah?-.

-Eso parece- comente sin mirarla.

-Me disculpas un minuto, iré el tocador-.

-Claro- mientras el camarero recogía los platos y yo tomaba una copa de vino más.

Un hombre de tez oscura y cabello negro cobrizo se me acercó sin vacilar y me sonrió mostrándome una fila completa de blancos dientes que distinguían el color de su piel.

-Para usted-.

-¿Qué?-.

Me entregó una tarjeta de papel muy fino y con mi nombre en la parte de afuera y una rosa roja abierta con encantador perfume y un candor doloroso.

Mala señal.

-¿Quién me lo envía?- pregunté pero el hombre ya se había retirado.

Sentí miedo. Otra vez ese maldito acosador me estaba vigilando, si no ¿cómo sabía dónde estaba almorzando? Debía abrir la tarjeta antes de que Rosalie volviera y me indagara hasta el punto de averiguar de qué se trataba todo eso.


Mi hermosa Bella:

Te ves encantadora esta tarde, tal vez algún día aceptes salir a cenar conmigo a la luz de la luna. Sería más que romántico Bella… No olvides que estoy a tu cuidado, como tu sombra. El hombre que has visto solo me ha hecho el favor de darte la nota y la rosa, solo quiero adorarte y enamorarte con flores y regalos… ¿Serás buena conmigo? ¿Te podrás enamorar del monstruo que soy? ¿Soy un maldito arrogante? Recuerda que tengo una visita pendiente contigo hermosa flor…

Ámame o enamórate… Tú tienes la opción.

Siempre tuyo…

Tu amante en silencio…


-¿Amante en silencio?- dije muy bajo.

La piel me vibró ¿estaba excitada acaso con el nombre? ¡Mierda!

Vi como Rosalie salía del baño y metí la nota y la rosa en mi bolso para evitar que me viera.

-¿Está todo bien?-.

-Sí-i-.

-¡Diablos Swan! Estás más blanca de lo usual-.

Me toqué la cara y empecé a sudar frío.

-¿Podemos irnos ya?-.

-Si claro, apenas y estamos a tiempo- contestó revisando su reloj de pulsera.

-Vámonos ya- insistí.

-Tranquila- comentó buscando su cartera y dejando el dinero sobre la nota del recibo.

Salimos del lugar y miré a varios lados como esperando a que un piano me cayera encima… De verdad lo esperaba.

-¿Qué tienes?-.

-Nada Rose-.

-No debí ir al tocador-.

-No seas tonta, es solo que voy a llegar tarde a la oficina-.

-¿Le tienes miedo a tu jefe?-.

No precisamente.

-Algo así-.

-¿Es un déspota idiota mandón? Porque podría decirle unas cuantas palabras al imbécil-.

-No, solo vámonos por favor-.

-Claro ¿me esperas? Iré a llamar a Carlo para que venga por nosotros ¿ok?-.

-Sí, pero no tardes-.

-Voy que vuelo nena-.

Saqué la nota y la leí de nuevo esperando encontrar una pista y todo lo que se me ocurría era Jacob. Él decía que quería ser todo de mí, mi dueño, mi amante, mi todo, pero ¿Qué se proponía al dejarme estás cosas? Si buscaba enamorarme o alocarme con estos detalles… De alguna manera lo lograba pero también me asustaban. Y mucho.

-¿Qué quieres de mí Jake? No te puedo dar nada, lo sabes- dije para mí misma tomando la rosa.

Al alzar la mirada, un hombre en una motocicleta me miraba fijamente o eso supuse porque llevaba unos lentes obscuros y un casco que le cubría el cabello. Su cuerpo era grueso trabajado por mucho ejercicio y su blanca dentadura se mostraba radiante.

-Eres tú… ¡ERES TÚ!- grité como loca pero la Harly Davidson arrancó con fuerza perdiéndose en el camino.

-Bella ¿qué tienes?- exigió saber mí amiga.

-Ese maldito hijo de…-.

-Oye, oye tranquilízate ¿de qué mierda hablas?-.

Había olvidado que había dicho demasiado… Tenía que ser inteligente y salir por la tangente de cualquier modo.

-De… de…-.

-Te escucho- dijo cruzándose de brazos.

-De… De… Un maldito pervertido que hacía señas obscenas frente a mí y me dijo algo en francés y creo que me dijo algo sobre mi madre y yo le grite ¡Eres tú! Para ofenderlo también y me enoje… Y le hice la señal del dedo sucio… Y le grite-.

-Mentirosa de mierda- dijo mi conciencia.

-Jajajaja ¡Ojala lo hubiera visto yo! Le hubiera hecho la "seña del dedo sucio" jajajaja ¡Ay Swan! Me parto de risa-.

-Soy una callejera- contesté apenada.

-Vamos vándala, vamos a dejarte al trabajo-.

Subimos al auto… Y me quedé pensando en el idiota de Jacob Black ¿Cómo se atrevía? Todo concordaba ahora, su estúpida obsesión conmigo, su empeño de quererme como suya y propiedad, su obsesión por las motocicletas ¿De dónde había sacado una? Y era el único que sabía mi número aparte de Rose y Jasper pero él no se comportaba raro conmigo… Bueno un poco.

Pero todo apuntaba a ese maldito de pacotilla.

-Estás muy callada ¿aún piensas en el pervertido?-.

-¿Qué?-.

-Sí, el de las señas obscenas-.

-Ya no quiero recordar por favor-.

-Ok, ok. Mejor dime ¿Cuándo te mudaras?-.

-Pensaba que esta misma noche pero voy a solicitarte asilo por hoy ya que el departamento no lo tengo-.

-¡Uy! Swan quiere atacar lo más pronto posible- dijo codeándome y guiñándome un ojo.

-Sí, supongo- contesté sin mirarla y con las mejillas rosadas.

-Bueno, puedo llamar a la vendedora de bienes raíces y preguntarle por algún lugar para ti-.

-¿Lo harías?-.

-¡No juegues Swan! Haría todo por ti castaña- y me abrazó.

-Eres la mejor-.

-Lo sé cariño-.

A los pocos minutos llegamos a International. Besé a mi amiga en ambas mejillas y entré sin más. Al salir del elevador, Alice me esperaba sonriente.

-Hola ¿Cómo te fue?-.

-Bien- dije insegura.

-¿Qué pasa?-.

-Nada- contesté perpleja- el señor Cullen ¿salió a comer?-.

-No, comió en la oficina junto con sus padres-.

-¿Sus padres?-.

-Sí, bueno la señora Esme lo extrañaba. Ella es una jovencita en el cuerpo de una mujer y trata de estar con su hijo lo más que puede ya que él es un hombre ocupado-.

-¿En serio? ¿Mantiene una buena relación con sus padres?-.

-Es un niño cuando los tiene cerca pero más a su madre-.

-Vaya al parecer no es de piedra como pensaba- pensé.

-¿Ya se fueron?-.

-No, aún están dentro-.

-No se escucha nada-.

-Querida, la oficina es aprueba de ruidos. Solo se escucha cuando ya los ruidos son exagerados, pero eso ya no es posible-.

-¿Por qué?-.

-¿Recuerdas el día del florero de cristal?-.

-Sí-.

-Ese día, toda la empresa se enteró y el señor Cullen odió eso así que mando a cambiar las puertas y las paredes están reforzadas-.

-Quiere estar alejado hasta de las personas-.

-Del mundo diría yo- dijo tipiando en la computadora.

-Bueno, hablamos más tarde ¿sí?-.

-Claro Bella-.

Camine y entré muy despacio sabiendo que los padres de mi socio se encontraban en el lugar.

-Buena tarde-.

-Buena tarde Isabella- contestó Edward mirándome fijamente.

-Buena tarde señorita- dijo el padre.

-Hola- espetó sonriente la bella mujer.

-No quería interrumpir-.

-En lo más mínimo- dijo el hombre mayor del lugar- oiga señorita ¿no nos conocemos?-.

-¿Disculpe?- pregunte.

-Sí, a mí también te me haces conocida- inquirió la mujer.

-¿Swan?- pregunto Edward.

Y el señor Cullen chasqueo los dedos como quien descubre algo y su mujer palmeaba suavemente su espalda como interacción, algo que ambos habían deducido

-¡Claro! Usted es la señorita que se desmayó-.

-Bueno… yo-.

-Mucho gusto señorita, mi nombre es Carlisle Cullen y ella, la mujer más hermosa de mi mundo es mi esposa: Esme Cullen-.

- Bonjour- saludó la dama.

-Hola- contesté sonriente sintiéndome estúpida por no poder objetar como era.

-¿Cómo se siente hoy?- preguntó el patriarca.

-Yo…-.

-Edward… No debiste dejarla trabajar si es que se desmayó-.

-Señor…- quise interrumpir pero no lo lograba.

-No lo sabía- inquirió mirándome fijamente.

-Es que…-.

-¿Cómo se siente? ¿Ya comió como es debido? ¿No se ha mareado? Edward ¿Por qué no la sientas? ¿Cómo siente su cabeza señorita Swan?-.

-Carlisle, no la marees con tanta cuestión- espetó la mujer tomándome suavemente de la mano para sentarme.

-Gracias- pensé.

-Lo lamento- dijo sonrojado.

-Estoy bien, más que bien-.

-Lamento que le pasen estas cosas en la tan hermosa Francia-.

-Yo también- comenté.

-¿Qué papel tienes aquí querida?- preguntó la señora.

-Ella suplanta a Emmet- respondió Edward después de mucho tiempo de silencio.

-Aa comprendo, eres socio-.

Asentí.

-Temporalmente- complete.

-¿Por qué?- pregunto la pareja en unísono.

-Es que…-.

-Swan no se siente cómoda en la empresa, quizás- contestó el hijo.

-Creo que es usted una valiente Swan-.

-Bella- corregí- ¿por qué lo cree señor Cullen?-.

-Carlisle- contesto- dime Carlisle por favor, no soy tan viejo ¿o sí?-.

-Para nada señor pero…-.

-La señorita Swan cree que debe coexistir un respeto entre empleado y jefe, no me permite tutearla a pesar de que es casi de mi edad- dijo Edward moviéndose de lugar

-¡Tonterías Bella!- comentó la mujer- llámame Esme a mí no me gusta que me hablen de usted y mi marido tiene razón, eres muy valiente-.

-No entiendo-.

-¿Cómo es que aguantas el ritmo de mi hijo?-.

-Bueno, hago lo mejor que puedo-.

-Con todo respeto Edward pero ni Jasper ni Emmet aguantaban tu ritmo de trabajo- comentó Carlisle.

-Quizás por eso quiera irse ya- respondió Edward mirándome con recelo.

-No es que me quiera ir, es que debo irme. Me agrada mi trabajo-.

-Eres tan interesante Bella, ¿algún día quieres cenar con nosotros?-.

-¿Yo?-.

-Por supuesto, no sé pero me encantaría invitarte a nuestro hogar-.

-Vaya… Es un honor ser invitada por ustedes…-.

-Después vendré por ti para mostrarte nuestra casa o mi Eddy puede llevarte ¿qué piensas hijo?-.

-Lo que tú quieras mamá- dijo sonriendo.

-¿Eddy?-.

-Bueno, entonces es una cita- comentó Carlisle tomando de la mano a su esposa.

-Esta dicho Bella-.

-Bien, nosotros nos vamos para dejarlos trabajar, hablamos ¿más tarde hijo?- preguntó Carlisle.

-Claro- contestó.

-Nos encantó comer contigo- espetó Esme sonriente mientras besaba las dos mejillas de su hijo- Bella ven aquí- e imito lo último conmigo.

-Querida ¿qué dirá Bella de nosotros? Tal vez que somos raros-.

Me sonreí por el aprecio que me daban.

-No se preocupe, Esme te aseguro que pronto nos veremos-.

-Ya lo has dicho querida-.

Y se despidieron de ambos para salir de la oficina.

Edward se dispuso a caminar como felino mientras se situaba en su sillón. Se veía tan sexy.

-Parece que se ha ganado a mis padres-.

-¿Eh?-.

-Mi madre es muy intuitiva, si la persona que conoce es mala lo sabe. No sé como pero lo sabe-.

-Creo que soy un ángel- dije divertida.

-No lo dudo- dijo muy bajo.

-¿Qué?-.

-Nada, dígame ¿Cómo le fue?-.

-Bien-.

-¿En serio?-.

-Sí ¿Por qué?- pregunte acomodándome en mi silla.

-Entro a la oficina muy seria ¿ocurrió algo?-.

-No- espete cortante.

-Ok- respondió y volvimos a nuestros deberes sin hablarnos.

Horas más tarde me di cuenta de que ya eran pasadas de las 8:00 pm y ya era tiempo de irnos a nuestra casa. Lo primero que haría sería empacar lo esencial y llamar a Rosalie para que me diera asilo en su casa para que a la mañana siguiente hablara con la chica de la bienes raíces.

-Es tarde- interrumpió.

-Sí- conteste cansada- ¿llamará a Armando?-.

-No, puedo conducir-.

-¿Eh?-.

-Él debe estar con su esposa en su casa, por ahora no tiene caso que lo llame. Puedo manejar yo-.

-Está bien-.

Salimos de la empresa en silencio y nos dirigimos en el auto rumbo al conocido domicilio. Nos transportamos en silencio mientras yo pensaba en Jacob, el maldito Jacob. Sentí como Edward me veía como tratando de leerme le pensamiento pero yo no siquiera lo miraba.

Al llegar me abrió la puerta y saqué mis cosas sin mirarlo. Entré y me siguió en silencio hasta la habitación. Tenía que decirle que me iba.

-Bien- dijo rompiendo el silencio mientras yo caminaba por la residencia buscando mis cosas más esenciales- no tiene que moverse de la habitación dormiré en otro lugar-.

-Puede quedarse con la cama si quiere-.

-Y ¿dónde se supone que dormirá Swan? No sea ilusa-.

-No lo soy-.

-Entonces ¿qué pretende?-.

-Me voy Edward Cullen… Me voy de la casa-.

-¡¿QUÉ?!- preguntó furioso- ¿Y dónde mierda pretende irse a esta hora?-.

-Eso no le confiere-.

-¡Soy su jefe! Claro que me importa-.

-¡Usted es mi jefe de 8 a 8! No puede mandarme cuando desee- y tomé mis cosas con odio para ponerlos en una maleta.

-Bella… Espera, espera…- dijo tomándome del brazo con delicadeza- no puedes irte-.

-¡Mírame como me voy!-.

-No te llevaré a ningún lado-.

-No es necesario, puedo caminar-.

-¿Te vas a arriesgar tan noche? ¡Es suicidio! No es conveniente-.

-Llamaré a Jasper entonces-.

-No lo voy a permitir-.

Suspiré y me pasé el cabello hacía atrás en forma de fastidio.

-¿Qué quieres de mí Edward? Dímelo ahora, no entiendo-.

Se quedó callado con las manos en los bolsillos y se mordió la boca-.

-Yo…-.

-Te escucho- dije cruzándome de brazos enojada.

-Bella Swan yo… Yo…-.

-Sí no me dirás nada, solo me haces perder minutos para seguir empacando e irme. Yo me voy…-.

Camine cruzando la habitación decidida a largarme cuando su mano cerró la puerta y me rodeo con su grueso cuerpo tomándome por la cintura mientras sus ojos verdes me miraban con ternura, desesperación y locura. Me recargo sobre la pared para tocar mi rostro con las manos y cerré los ojos por su caricia.

-Yo te necesito a ti-.

Y mi corazón latió enloquecido mientras abría lentamente los ojos para encontrarme con los del hermoso ángel, el ángel de mirada fría por las mañanas y de bella sonrisa por las noches, con el ángel actitud de piedra y a la vez con el más tierno de los niños, aquel que me había dicho que me deseaba a su lado por mero compromiso o aquel que me había confesado que me quería…


Sus comentarios me ayudan demasiado, tanto como escritor, como persona..

Espero les guste :) Actualizaré en cuanto pueda y gracias :D!