Ángel protector


"Te amo como se aman ciertas cosas obscuras… Secretamente, entre la sombra y el alma"

Pablo Neruda


POV Bella

La fuerza de mi corazón me martillaba el pecho.

"Yo te necesito a ti" me había dicho pero ¿para qué? Yo Isabella Marie Swan, una mujer de 23 años, clase media y con una "pequeña" cuenta en el banco que me mantenía a flote en la vida, con padres adoptivos y un hermano acosador.

Soy un chiste cruel de la vida.

Y ahora, me encontraba frente a un hombre de belleza dolorosa y poder inigualable. Me sentía como un ser minúsculo es su mera presencia pero sabía al no pecar de ignorancia de sus palabras y sus sentimientos ocultos… Yo llamaba su atención.

Pero estaban las soflamas de Rose: "¿Haz escuchado la fama que tiene? ¡Es un follador de primera! No hay mujer de su empresa que no haya pasado por un cuarto de hotel". Sus palabras me aturdían pero sus ojos me hacían perder el control de forma humillante y sin retorno.

-Por favor, suélteme- imploré casi al borde de la desesperación.

-Bella ¿Al menos me haz escuchado lo que te dije?-.

-Sí, lo he escuchado fuerte y claro pero no puedo simplemente…-.

-No te vayas-.

-Tengo que hacerlo, no puedo quedarme aquí-.

-Por favor… Si te he ofendido… Perdóname- pidió sincero tomando mis manos.

-¿Puedo pasar por mis demás pertenencias después?-.

Y las soltó derrotado.

-Como guste-.

-No faltaré al trabajo, lo prometo. En cuanto a lo demás- dije con un nudo en la garganta- lo hago por el bien de todos los involucrados. Yo me transportaré sola, Armando no tendrá la necesidad de llevarme a la oficina y conseguiré un lugar para mí-.

Asintió mirándome fijamente.

-Bueno, me voy. Gracias por todo y nos vemos en el trabajo señor-.

Pero no me contestó. Entonces entendí que estaba enojado, que no quería que le hablara siquiera y salí silenciosamente de la habitación mientras tomaba la pequeña maleta que contenía un poco de mi ropa, mis neceseres de limpieza y maquillaje. Llegué lentamente hacía la entrada en dónde desde ahí miré con nostalgia el balcón, mi lugar favorito de la casa.

Lo extrañaría.

Suspiré ruidosamente y subí la mirada hacia las escaleras dónde noté que Edward me miraba seriamente con las manos en los bolsillos. Llevaba la corbata floja, sin saco y las mangas levantadas. Su cabello estaba despeinado por la manera nerviosa que la pasaba por él cuando se tensaba y sus ojos verdes recelosos de cada movimiento que hacía mi cuerpo.

Decidida camine hacía la salida y eche un último vistazo hacía aquel lugar que tanto me había gustado.

-Hasta pronto- dije tratando de sonreír pero él no movió ni un músculo y salí de la residencia del magnate Edward Cullen.

Me recargue en la puerta de la entrada principal casi llorando, me sentía mal al irme pero tenía que continuar. Camine unas calles guiándome solamente por la luz de la torre Eiffel y cansada me senté en una de las bancas del lugar.

Quería volver y decirle que lo necesitaba también, que quería dormir esa noche entre sus brazos como lo había hecho anteriormente pero no, no lo haría. Todos estaban en su contra; a decir verdad, todas. Porque no le creía en lo más mínimo sus palabras ¿A cuántas más le había dicho "te necesito"? ¿A cuántas? No iba participaría en ello, Isabella Marie Swan no sería plato de segunda mesa de nadie.

Me senté en una banca cerca de la torre y vi como los enamorados ilusos se tomaban de la mano mientras otros se besaban y paseaban felices.

-No pueden ser tan felices ¡Nadie en la vida lo es!-.

-Deja de ser tan envidiosa ¡Mierda! Te estás amargando la vida- comentó mi conciencia.

Suspiré, tenía razón.

Marqué el número de mi amiga para que me recogiera y me llevara a su departamento.

-¿Hola?-.

-Rosalie ¿puedes pasar por mí?-.

-Claro ¿dónde estás?-.

-Cerca de la torre Eiffel-.

-Ok, ok creo qué sé dónde es. Voy por ti nena y no hables con extraños por favor-.

-Lo intentaré-.

-Adiós-.

Me quedé suspirando y jugué nerviosamente con mis dedos casi contando los minutos para que mi amiga llegara. Sentí una leve sensación, aquella que se siente cuando alguien te mira a lo lejos pero no le di importancia, así que comencé a caminar para salir de la presión en la que me encontraba.

Eran casi las 10 pm y yo me sentía cansada, casi de forma enfermiza ¿por qué Rosalie tardaba tanto? Sentí miedo cuando la gente comenzó a irse del lugar, prácticamente me estaba quedando sola alumbrada simplemente por la luz de la torre. Camine para que no me vieran de forma misteriosa pues no quería cerca a nadie y tomé mis pertenencias para dirigirme a un costado del rio Sena.

-Diablos, mejor llamaré a Alice para que mandé a Armando por mí. Así me recoge más rápido y no estoy sola-.

Busqué mi celular para llamar a la pequeña mujer cuando alguien cubrió mi boca y me posó un arma por la espalda. Alcancé a gritar pero nadie me escuchó.

-¡Suélteme por favor!-.

-¡Oh la la! Pero que hermosa damisela, pensé que eras francesa pero cambie de opinión cuando te vi tan sola y con maleta lindura- dijo cerca de mi oído.

Cubrió más fuerte mi boca para que nadie nos escuchara y me jaló hacía la parte más obscura de los árboles con mis pertenencias. Las lágrimas me comenzaron a caer deliberadamente por mis mejillas y el tipo se comenzó a impacientar.

-¡Cállate maldita bruja! O te irá peor- amenazó.

Me tiró sobre el pasto y yo me recargue sobre mis dos manos para mirarlo. Era un hombre caucásico, de cabello rubio, bastante alto de una complexión media, su cuerpo asemejaba fuerza pero no comparada con la de Edward o Jacob quizás, pero si era grueso.

-No tienes muchas pertenencias lindura ¿acaso estás de paso?- preguntó burlón- lo que si te puedo asegurar que esta noche nos divertiremos- y se abalanzó sobre mí.

-¡NO!- grité desesperada.

El maldito comenzó a besarme el cuello con desesperación mientras que con sus manos tomaba mis muñecas para impedir que me moviera del control que tenía sobre mí. Intente moverme por todos los medios y su lengua se posaba sobre la piel de mi garganta. Me sentía asqueada.

No paraba de llorar, me sentía ultrajada y más pero recordé que sabía defenderme muy bien así que moví las piernas para darle un fiero golpe en la ingle y me diera tiempo de correr.

Y lo hice.

Más tardo en retorcerse de dolor que en sacar el arma y apuntarme a la cabeza amenazando con disparar.

-¡De rodillas perra!- gritó con gesto de dolor y me paré en seco para volver y obedecerlo mientras mis ojos se tornaban sin vida al saber mi desgraciada suerte.

-¿Crees que esto es un juego hija de puta? Trate de ser amable contigo- espetó desabrochándose el pantalón- pero comprendo que solo quieres provocarme. ¡Esta noche será de diversión!-.

-¡SUELTEME!- implore.

Y de nuevo volvió hacía mis senos, estrujándolos y mordiéndolos por encima de la ropa. Me quería morir.

-¡Abre las piernas!- ordeno.

Negué con la cabeza.

Me tomó del cabello con violencia y me golpeo la cara con la palma de la mano.

-¡QUE LAS ABRAS TE DIJE!-.

Y supe que lograría su cometido. Tantos años esperando y guardándome para la persona indicada, tanto tiempo enamorada del amor para que un imbécil me violara ¿por qué a mí? ¿Había hecho algo malo en verdad? ¿Era mala hija? ¿Cuál había sido mi error en la vida? Trate de soltarme pero mi cuerpo ya no me respondía mientras el individuo asqueroso me tocaba disfrutando del espectáculo que le brindaba mi absoluto miedo. Ya no tenía sentido huir si ese era mi cruel destino. Ya no.

Trate de llevar mi mente a otro lugar y tiempo, trate de recordar lo feliz que mi verdadera madre me hizo, las ocasiones en que me llevaba para hacer compras o la primera vez que me regalo el perfume de fresas con vainilla, el helado de galleta que tanto me gustaba y los permisos a escondidas de mi padre que me daba para irme a los conciertos de los Guns. Y estaba también Renee, para todos los efectos como mi segunda mamá… Las noches que me consoló hasta dormir, cuando me enseño a hornear pasteles, mi vestido de graduación sorpresa y que había comprado para que luciera como "estrella de cine".

Pero en ese momento solo quise morir.

-¿Estás lista preciosa? ¡Mmm! ¡Estás exquisita mujer!- dijo mojándose los labios.

Apuñe los ojos para evitar verlo siquiera a la cara cuando unos pasos se escucharon.

-¡SUELTALA HIJO DE PUTA!- gritó alguien a espaldas del atacante y lo jaló de la camiseta.

-¿Tú quién eres?- preguntó con rabia el hombre.

-¡El que te va a partir la cara imbécil asqueroso!- y le propino un fiero golpe en el estómago dejando a mi agresor en el suelo.

-¡Bella, levántate!- ordenó viéndome fijamente y yo asentí.

Me acomodé la ropa y salí corriendo hacia afuera pero me quedé recargada en un árbol tratando de contener mi respiración y mi llanto.

-¡Maldito! ¡Me haz arruinado la noche!- y lo apuntó con el arma- te vas a morir-.

-Te estoy esperando- contesto desafiante mi defensor.

-¡TE VAS A MORIR!- y lo apuntó a la cabeza pero fue más rápido quitándole el arma doblándole el brazo para obligarlo a rendirse y ocasionándole dolor.

-Debería matarte yo mismo- comentó mientras doblaba cual vara la extremidad del sujeto.

-¡Ahhh!- gritaba de dolor.

-¿Te duele?- preguntó proporcionando más fuerza.

-¡Suéltame!-.

-¿Quieres que te suelte imbécil de mierda? ¡Ella te pedía piedad y tú la lastimabas!-.

-¡Ahh por Dios me revientas el brazo!-.

Lo soltó para tomar la pistola y cortar cartucho mientras el sujeto se arrodillaba frente a él.

-¡Muérete perro!- dijo apuntándole a la cabeza y yo salí despavorida hacía donde se encontraba.

-¡NOOO!-.

-Bella, aléjate-.

-¡No hagas ninguna estupidez!-.

-Déjame matar a este mal nacido-.

-¡Por Dios! ¡No lo hagas!-.

-¡Estuvo a punto de violarte!-.

Y entonces lo vi con más claridad a pesar que dónde nos encontrábamos había severamente poco luz. Era él, mi persecutor. El mismo que me dejaba rosas y cartas, el mismo que seguía para según el cuidarme y que por lo visto esa noche también lo había hecho. Pero su identidad seguía oculta tras un maldito antifaz, quizás el mismo que el de la primera vez y no pude resistirme.

Lo abrace por miedo.

-No temas, todo está bien-.

-Tengo miedo-.

-Todo está bien ¿ok?- y se alejó de mí para ir tras mi agresor quien trataba de huir, pero mi acompañante lo siguió para darle un fiero golpe en la nuca y dejarlo en la inconciencia.

Puse mis manos sobre mi boca y corrí hacía sus brazos para consolarme.

-Ya, ya tranquila-.

-Estuvo-o po-or vio-olarmm…-.

-No lo hubiera permitido Bella, eso no- dijo muy seguro mientras tocaba mi cabello- lo hubiera matado antes de que te tocara-.

-Y-oo-o-.

-Lamento que hubieras vivido tanta violencia mi hermosa flor-.

-¿Cóo-omo…?-.

-¿Qué cómo te encontré? Te dije que era tu sombra- comentó acunándome entre sus brazos- te vi salir de la casa del imbécil ese y te seguí pero tan solo me descuide un segundo y te perdí de vista y escuche tu voz-.

Lloré desconsoladamente.

-Tranquila, tranquila yo no te voy a lastimar… Lamento tanto si te di la impresión equivocada la primera vez que nos topamos pero lo único que quiero es que me quieras contigo… ¿Es mucho pedir?-.

Y me separé un poco de él con un poco de tranquilidad en la voz.

-Me-e teng-o que i-ir-.

-Te acompaño- dijo protector.

-Yo puedo…-.

-¿Irte sola? Estaré demente si te dejo, quiero llevarte a tu casa-.

-Ya no estoy en mi casa-.

-¿Entonces?-.

-Me fui con una… Una…-.

-¿Qué? No me tengas miedo, yo no te voy a atacar…-.

-¿Entonces qué haz hecho últimamente?-.

Bajo la mirada de manera avergonzada.

-Te dije que lamentaba mis expectativas, pero solo continúe porque sabía que te gustaba y no te estaba lastimando… Además… Me gustas pero jamás te violaría…-.

Lo miré dudosa.

-Te lo juro por mi vida- comentó poniendo mi mano sobre el lugar de su corazón.

Y no sé porque pero lo creí.

-Te creo y gracias-.

-No hay de que mi bella flor-.

-Me siento asustada-.

-Debes irte a descansar-.

-Sí-.

Y caminamos juntos mientras llevaba mis manos entrelazadas y él caminaba como mi sombra. Noté en la luz que apenas daba que mi amiga Rosalie caminaba desesperadamente de un lugar a otro con el móvil en la mano y la policía a su alrededor.

-Creo que hasta aquí puedo acompañarte-.

-No…-.

-Es lo mejor… Hazme caso ¿sí?-.

-Está bien, gracias por todo…-.

-Haría cualquier cosa por ti mi bella americana… No lo dudes- y caminó entre la sombra del bosque.

Miré su figura alejándose y por segundos lo observe hasta perderse. Camine decidida hacía la luz con el dolor en la cara por el golpe que me había propinado.

-¡BELLA!- gritó Rosalie asustada por la forma en que venía- ¡DIOS BENDITO! ¿Qué paso?-.

-Un tipo me atacó…-.

-Perdóname hermosa, perdóname de verdad- contestó llorando.

Un policía joven se me acercó y me preguntó algo que no comprendí.

-Dice que si el agresor está aún ahí- tradujo mi amiga.

-Sí, pero esta inconsciente-.

-¿QUÉ?-.

Y ya no contesté más. Rosalie le ordenó que lo arrestaran y el tipo entró a la cabina de la patrulla esposado. Mis pertenecías fueron recogidas y Rose me cubrió con una frazada para llevarme en el auto hacía su casa.

En todo el camino estuvo en silencio y yo miraba por la ventana, había salido de ahí entre sonido de sirena y el bullicio de gente chismosa. Me habían ordenado dar una declaración en contra del violador pero yo no obedecí, me sentía tan mal que solo quería descansar.

-Perdóname- insistía la rubia pero yo me limitaba a no verla.

Llegamos al departamento, decorado finamente con cristales y colores pasteles, sabía que era el antítesis de la casa de Edward Cullen. Sus muebles de color beige se veían bastante esponjosos y me recosté en ellos con la cabeza ardiendo en fiebre.

-¿Quieres descansar?-.

-Sí- contesté al fin-no me siento bien-.

Se acercó para posar su mano sobre mi frente y notó la inusual temperatura.

-¡Diablos! Tienes fiebre, debes recostarte en un lugar mejor. Traeré compresas frías y veré si hay medicamento-.

-Rose...- dije muy bajito pero no me escuchó.

Al momento, trajo medicamento y unas compresas para mi fiebre.

-Debería mejor llevarte a la recámara que te preparé- y me apoyó a su cuerpo para guiarme lentamente a mi habitación.

Era una recámara bastante bonita, con estilo hippie, una extraña combinación de lo que yo era y que mi mejor amiga conocía.

-Espero que te guste ¡¿Pero qué estupidez digo?! Eso no importa ahora pero es que quería sorprenderte y por eso tardé demasiado, lo siento castaña-.

Y solo sonreí pero sin ganas.

-Recuéstate nena-.

Me dio el medicamento y me puso las comprensas para bajar la fiebre.

Me atendió mejor que una misma enfermera, estuvo al pendiente de mi progreso y de vez en vez dormitaba por la hora de la noche. Yo me dormía por ratos pero el miedo me lo impedía a pesar de mi doloroso cansancio.

-Rose…-.

-¿Sí?-.

-Deberías irte a dormir-.

-No, yo me voy a quedar aquí contigo-.

-Yo me siento mejor como para dormir, además quiero ducharme-.

-¿Segura?- pregunto con miedo.

-Sí, por favor ve a dormir-.

-No sé Bella…-.

Me levante decidida y la miré.

-No quiero que tú también te enfermes, ve a dormir rubia-.

-Está bien- contestó resignada- pero si me necesitas no dudes de llamarme-.

-No lo haré, anda a dormir-.

Se acercó a mí lentamente y me besó ambas mejillas para decir sin hablar un "lo siento" y me limite a sonreírle y asentir. Al poco tiempo se alejó cerrando la puerta y dejándome sola.

Me paré frente a un gran espejo, parecido a los que se usan en los centros comerciales para los probadores, algo que no debería faltar en la casa de Rosalie Hale.

-¡Demonios! Parece que han trapeado el piso con mi cara. Necesito una ducha-.

Tomé ropa cómoda y me metí al baño para lavar mi cuerpo lentamente y quitarme la sensación que el maldito agresor me había dejado. Cerré los ojos sintiéndome reconfortada por las palabras de mi protector.

Enjaboné mi cabello y lo enjuague lentamente. Deje que el agua tibia me relajara el cuerpo y enseguida comencé a dormitar en la ducha lo que me obligó a salir antes de golpearme contra el piso.

En el espejo del baño miré el golpe que tenía en el rostro, me dolía y posiblemente me causaría un buen moretón.

-En otra situación me parecería gracioso- comenté tocándome la parte afectada y una punzada de dolor me recorrió el cuerpo, casi similar al de las espinas pero un poco más dolorosa.

Me cepille el cabello lentamente y después mis dientes muy meticulosamente. Busqué entre mis pertenencias mi perfume. Sabía que era raro usarlo para dormir pero me gustaba usarlo porque de alguna manera me recordaba a mi madre y a los momentos más felices de mi vida, me daba tranquilidad y paz… Y era justo lo que yo necesitaba.

-¿Dónde diablos…?- dije buscando entre mis pertenencias y dejando todo en el piso.

-¿Buscas esto?- preguntó una voz a mis espaldas que logró asustarme.

Lo miré con la botella de mi perfume recargado en el marco de la ventana, sonriente… Aun con el antifaz.

Me desplace sigilosamente hacía el interruptor de la luz y su voz me detuvo en seco.

-¡No!-.

-¿Por qué no?-.

-No quiero que me veas-.

-No es justo- dije cruzándome de brazos.

-No Bella, no quiero que me veas-.

-Tienes antifaz, de cualquier manera no sé quién eres-.

-Y es mejor así -.

-¿Para quién?-.

-Para los dos-.

Me separé del interruptor y resignada me senté en la cama.

-¿Cómo supiste dónde estaba?-.

-Te seguí-.

-¿Debo asustarme?-.

Negó con la cabeza.

-Te dije que no te voy a lastimar…-.

-Entonces ¿Qué quieres de mí?-.

-Todo-.

-¿Y dices que no quieres que me asuste?-.

-No te pediré nada en contra de tu voluntad, sé que me amarás… Aprenderás a hacerlo y a necesitarme-.

-¿Por qué estás tan seguro de eso?-.

Se acercó a mí calculando cada paso que nos separaba y abrió la tapa del perfume para rosearlo sobre la base de sus muñecas.

-Hueles exquisito, amé este perfume-.

-No me haz contestado- insistí.

-Solo sé que lo harás y te enseñare a quererme sin rostro…-.

-¿Sin rostro? No entiendo-.

-¿Quién soy?- preguntó.

-No lo sé…- contesté sin dudarlo.

-¿Te gusto?-.

-¿Qué clase de juego es este?- inquirí.

-Solo contéstame hermosa flor- y me acaricio la cara suavemente con la punta de sus dedos y sin querer cerré los ojos para disfrutar de sus caricias.

-Te gusto, lo sé- dedujo con una sonrisa.

-¿Po-or qu-eé estás t-an seguro-o?- dije balbuceando.

Y se paró frente a mí, como quien oye hablar un experto mientras caminaba por la habitación.

-Si no te gusto ¿por qué cierras los ojos cuando te acaricio?-.

-Quizás por miedo- contesté valiente tratando de intimidarlo y acorralarlo con su propio interrogatorio.

-Y si tanto me tienes miedo… ¿Por qué no te alejas? O más lógico ¿por qué no clamas auxilio?-.

Me quedé muda.

-Te gusto, no lo niegues…-.

Me acomodé mejor sobre mi cama y enrolle las piernas con las mejillas ardiéndome.

-¿Qué piensas?- preguntó después de un rato.

-Que no sé cómo lo haces, pero creo que me lees el pensamiento- pensé.

-En nada-.

-Vamos, dime-.

Suspiré audible.

-Eres un enigma para mí… Algún día me iré de aquí y no me quedaré-.

-No lo harás-.

-Atrévete a contestarme ¿por qué estás tan seguro?-.

-Ya te lo dije, me vas a necesitar-.

Lo miré con una ceja alzada por sus palabras tan altaneras y sonreí por lo bajo. Era ridículo el solo pensar que lo necesitaría tanto como me lo aseguraba.

-Permíteme corregirte, pero el ser humano puede llegar a vivir sin alimento por una semana si se lo propone y concédeme corregirte que; por una persona uno no puedo llegar a morirse-.

Se rio muy bajito, al parecer mis soflamas le causaban gracia y eso me molesto un poco.

-¿De qué te ríes?- inquirí con los brazos cruzados.

Y me miró seductoramente, hubiese dado lo que fuera por verlo a los ojos. Solo un momento.

-Siempre dices algo que no espero, eres inteligente, sagaz y un misterio que me hechiza. Preciosa ¿por qué preguntas que qué tienes para darme? ¡Lo tienes todo! Eres la conversación más humana que he tenido en mucho tiempo-.

-¿Acaso eres un vampiro?-.

Se rio con indulgencia por mi pregunta, al menos lo divertía.

-¿Lo ves? Eres maravillosa-.

Y me sonroje.

-Así que ¿crees que soy inteligente?- pregunte tratando de cambiar el rumbo de la conversación.

-Lo eres, yo de eso no tengo duda-.

-Es que no soy rubia- contesté graciosa.

-¿Eso no es un poco irrespetuoso?-.

-Lo es… Si tú eres rubio- contesté tratando de sacarle información acerca de su apariencia para cerciorarme de quien se trataba y con quién mantenía una charla muy animada.

Me miró expectante y tan inteligente como me lo previne se sonrió.

-¡Mi pequeña y hermosa flor! Eres escurridiza ¿quieres jugar?- dijo mordiéndose los labios mientras mi corazón me martillaba el pecho por la imagen que me había regalado.

Me moví de la cama para tratar de tranquilizarme pero sabía que no lo lograría demasiado rápido y opté por pararme para caminar un poco y ordenar las ideas. Él sabía lo que me ocurría, pues aunque no me leía la mente sospechaba que yo gustaba de su ser y que la situación a la que me inclinaba causaba cierta atracción, misterio y excitación sobre mi cuerpo.

¡Me estaba gustando este maldito contexto!

-Juguemos- propuse.

Se sonrió de forma maliciosa y se paró para acorralarme como felino a su presa.

-La palabra "jugar" toma un sentido diferente cuando sale de tus labios- ronroneo.

Pasé saliva ruidosamente y me separé poniendo mis manos sobre su grueso pecho. Toqué deliberadamente su contorno mientras el periplo marcado de su vientre se deslizaba sobre el suave toque de mis manos, causando un escalofrío que me recorría la espalda y me hizo cerrar los ojos.

-Espera…- pedí.

-¿A qué?- preguntó cerca de mi mandíbula.

-De verdad… Quiero… Saber algo…- y su respiración me golpeo suavemente la piel.

Se separó con una sonrisa y sin voltearse volvió a sentarse sobre la cama para escucharme mientras pasaba mi cabello húmedo detrás de mis orejas y mover mis dedos nerviosamente.

-Juguemos a las 5 preguntas-.

-Interesante… Y supongo que quien pregunta…-.

-Soy yo…- complete sin signo de expresión en el rostro.

-Adelante Bella- me retó- te escucho- y se recargó sobre mí cama poniendo su brazos detrás de su nuca.

No sabía por dónde comenzar así que la sola idea de tenerlo a mi disposición para contestar mis cuestiones me ponía ansiosa y emocionada. Tal como cuando entrevistas a un artista de quien su vida es un enigma y te da la posibilidad de indagar en lo más recóndito de su cabeza solo para saciar tu morbosa curiosidad… Este era mi momento, ahora o quizás nunca…

-¿Por qué me dejas rosas?-.

Se sonrió y suspiró audible mientras lo miraba detenidamente.

-No quiero sonar teatral pero me gustan las rosas… ¿Te haz detenido a observarlas con mucha atención Bella?-.

-No, siempre me dirijo principalmente a la nota- conteste sentándome a su lado.

-No son rosas cualesquiera, son rosas escarlata. Las rosas que crecieron en medio de la guerra-.

-Nunca había escuchado eso…-.

-Hace un tiempo, cierta guerra bajo el mando de un dictador cuyo nombre jamás es puesto en libros de historia y mucho menos son enseñados a niños en sus escuelas, hizo experimentos humanos con personas diferentes, en el sentido a su estilo de vida, en su forma de ser. El idealismo de la sociedad misma hizo que aquellos poseedores de grandes fortunas se sintieran Dios, aquellas con las posibilidades de ordenar quien muere y quien no, aquellos que permitieron que los menos agraciados fueran experimentos de índole biológico mutilando sus cuerpos y buscando el sobreviviente más apto que ayudara a destruir a la población de la nación enemiga-.

-¿Qué tiene que ver eso con la rosa? No entiendo-.

Me sonrió dándome entender que aún no había terminado.

-Mi hermosa flor, la guerra no es simple odio, violencia, dolor o muerte. En la guerra existen personas que se aman, personas ajenas que buscan un lugar para amarse con locura y desesperación… Personas que se enamoran sin importar el contexto en el que su psiquis se encuentre. En esa guerra, se cuenta que hubo un par de enamorados que vivieron a los alrededores de aquella guerra atroz, habitaban un humilde departamento con una pequeña ventana en la que entraba un rayo de sol y ahí plantaron rosas en medio de la guerra. Las cuidaban juntos y su amor alimentaba aquellas flores, trataron de vivir en paz el tiempo que pudieron pero sabían que pese a su clase social irían por ellos algún día.

Primero desapareció él y en su ausencia ella no dejó de llorar ni un solo día regando aquellas rosas con sus lágrimas… En todo ese tiempo florecieron en un exquisito aroma jamás percibido en su vida y de un doloroso candor y bello pero significativo color rojo… Las llamaron rosas escarlata. Al poco tiempo fueron por ella y lo demás está por demás decirlo… Al fin y al cabo al final terminaron juntos, dónde en algún momento plantaron rosas en medio de la guerra-.

Una pequeña lágrima se me resbaló por la mejilla.

-Que bella historia-.

-Lo es, una de las más bellas de las que he sabido-.

Y limpio delicadamente mi mejilla con la punta de su dedo.

-Veo que eres muy sensible con las historias de amor- dijo sonriente.

-Lo soy- contesté con la mirada baja.

Tomó mi barbilla y la alzó para mirarme a los ojos, o eso supuse ya que la penumbra no me dejaba ver demasiado.

-Y eso te hace hermosa, créeme-.

-Gracias- conteste apenada- pero dime ¿qué significado tienen para ti estás rosas?-.

-Las rosas… Están extintas… Ya no crecen más en ningún lado Bella. Eres la única mujer en el mundo que ha recibido rosas que los demás creen que ya no viven. Las hace especial y únicas… Como tú-.

Me quedé asombrada por su confesión y no pude cerrar mi boca por sus palabras ¿acaso era cierto? Tendría que averiguarlo.

-¿Soy especial y única?-.

-No lo dudes y no lo digo por decir… Eres una flor exquisita, con esencia a vainillas y fresas- dijo oliendo su muñeca con una sonrisa- pero aquí- continuo señalando mi corazón- aquí hay pureza como ninguna-.

-¿Por qué yo?-.

-¿Por qué no? Eres única y hermosa, de belleza interna exquisita y cautivadora. No me extraña que los hombres se fijen en ti… Aunque solo miren tu cuerpo… Pero yo sé que tú no buscas por interés… Si supieras la situación que atravieso ahora, soy un pobre diablo desempleado que busca enamorar a una chica tan inalcanzable como tú… Tan linda, refinada e inteligente. Me siento una bazofia si hago comparaciones por eso me oculto tras este antifaz para que no me veas… Para que solo me tengas a tu lado, sin rostro, sin facetas… Solo yo. No lo niego, fui rudo contigo al principio pero me arrepiento porque no sabía qué tipo de mujer eras y al observarte cada día comprendí que eres más transparente que el agua y no tienes doble cara… Cada día te he observado y me he maravillado a un punto que me obsesione contigo-.

Me mordí los labios ¿acaso había hombre más humano y más enternecedor que este que tenía enfrente? Ninguno se había comportado así conmigo, Edward Cullen era un patán macho prepotente en comparación al hombre que tenía delante, de Jasper solo mantenía la idea de que para él solo formaba parte del reto de conquista y lujuria ¿y si era Jacob? La última de mis posibilidades, todo; al menos para mí concordaba. Debía ser él…

-No te muerdas más los labios… Me enloquece- dijo poniendo sus manos sobre su cara.

-Lo siento- espeté apenada.

Y él se sonrió sin un atisbo de vergüenza. Me mantenía tan embobada en su boca que no pude identificar su sonrisa. Despejé mi mente y decidí preguntárselo de una vez por todas.

-¿Me amas o me deseas?-.

Su semblante se quedó en blanco y movió su cabeza para cerciorarse que lo que había escuchado era lo correcto.

-Bella… Yo…-.

-Respóndeme por favor-.

-Es que…-.

-Solo dime, necesito saberlo-.

-¿Para qué?-.

-Solo necesito saberlo-.

-No es verdad, quieres saber quién soy y unir piezas…- contestó parándose de la cama molesto.

-¿Y para qué querría eso?- pregunté confundida.

-Dímelo tú… Cuando sepas lo pobre diablo que soy ¿me pedirás que ya no te vea?-.

-Yo no te pediría eso, aunque te lo he pedido inclusive antes de hablar contigo y saber lo más mínimo de ti-.

Se quedó dudoso y se paró frente a la ventana dispuesto a marcharse.

-Creo que debo dejarte descansar-.

-¡No! No te vayas-.

Se sonrió, la idea de extrañarlo y necesitarlo ya no me era tan indiferente y él lo sabía.

-¿Para qué quieres que me quede contigo?-.

-Primero que nada no me haz respondido y segundo quiero que te quedes porque tengo miedo-.

-Miedo ¿de qué? Aquí estás bien y protegida- y puso una pierna fuera como señal de que se marchaba.

-Pero…-.

-Pero ¿qué?-.

Baje la mirada, moviendo mis manos nerviosamente mientras me mordía los labios.

-No hagas eso y dime por favor, te lo suplico-.

-¿Por qué te molesta tanto?-.

Entro por completo a la habitación de nuevo y me tomó suavemente de los hombros mientras su aliento me golpeaba, me aturdí emocionada y fascinada.

-Porque quiero besarte y tomarte ahora y aquí, porque me preguntas si te amo o te deseo y ni yo mismo lo sé ¿Cómo quieres que te conteste? Me estoy derritiendo por tu mero contacto y no sé si te ambiciono o te quiero o las dos cosas a la vez ¿es posible?-.

Me mordí los labios, claro que quería besarlo, besarlo hasta doler.

-¿Es un dilema para ti?- pregunté mirando sus gruesos labios.

-Ni te lo imaginas- contestó posando sus gruesas manos sobre mi cintura.

-Entonces… Acaba con él-.

¿Qué dijiste? Preguntó mi conciencia casi insegura y yo la ignoré.

-¿Qué me estás proponiendo?- pregunto nervioso.

-Bésame…-.

-No… Yo te dije que no haré nada si no lo deseas- recordó detrás de su obscuro antifaz.

-Te lo estoy pidiendo- insistí- no te pido que me hagas tuya en esta habitación, solo un beso-.

-Hazlo antes de que la magia se vaya- pensé.

-¿Quieres el beso de un pobre diablo? ¿Uno que no viste ropas finas y a veces tiene la dicha de comer pero siempre una rosa para ti?-.

-Bésame y no eres un diablo, eres ángel protector- insistí cerrando los ojos.

Se sonrió.

-¿Te beso ahora?-.

-Ahora, por favor…-.

Tomó suavemente mi cara con una de sus manos y delineo su contorno con la punta de sus dedos y yo disfrutaba su caricia con cada centímetro de mi piel. Paso sus labios por mi mandíbula lentamente dejando un pequeño camino de besos hasta mis mejillas dónde con la punta de la nariz recorrió lentamente mi piel respirando mi olor. Ansiosa lo halé de las solapas de la camisa para tocar su boca pero no me lo permitió.

-Tranquila, no me iré sin besarte- dijo entrecortadamente apuñando los ojos y posando sus manos sobre mi cintura.

-Hazlo ya por favor- imploré.

-No… Será diferente a como piensas amor-.

-No te entiendo…- contesté suspirando sin abrir los ojos aún.

-Déjame disfrutar del momento, porque te he esperado por mucho tiempo Bella, por favor-.

Y sin más reparos, lo obedecí.

Se acercó nuevamente a mi piel para olerla, su respiración me quemaba a tal grado que me hacía estremecer deseosa de más contacto pero no hice nada más que esperarlo, como él me había pedido.

-¿Me tienes miedo?-.

-No- contesté segura.

-Te creo-.

-¿Por qué?-.

-Porque- dijo delineando mis hombros con sus caricias- si no me temieras, no tendrías los ojos cerrados y no te morderías los labios-.

-Dime algo…-.

-Lo que sea- contestó-.

-¿Por qué no me tomas aquí y ahora?-.

Se sonrió y me miró lentamente con la vista seductora y los labios mordidos, pegó su cara a mi clavícula y aspiró mi piel cual droga.

-No es lo correcto mi bella flor aunque…-.

-Aunque ¿qué?…-pregunte tragando saliva.

-Muero por hacerlo, hace tanto tiempo que muero por tenerte. Pero esta noche no, mis instintos animales y los más bajos me dictan al pie de la letra que te haga mía sobre esta cama una y otra vez hasta el amanecer o quizás hasta el anochecer, pero ahora no. Estás lastimada ¿lo recuerdas?- y acaricio el golpe de mi cara- y no soy un hijo de puta como para forcejearte o para hacerte algo de esa índole-.

-¿Y si yo te lo pidiera?- lo reté.

-No juegues sucio Isabella-.

-Tranquilo solo es una pregunta, no una proposición-.

-Menos mal- contestó con una sonrisa.

Me recosté por completo sobre la cama mientras subía mis piernas para descansar. Él se acercó para cubrirme con las sábanas y se sonrió cuando comenzó a acariciar mi cabello e increíblemente esa caricia logró relajarme aún más que el baño y el medicamento juntos.

-¿Cómo te sientes?-.

-Cansada-.

-Deberías dormir ya-.

-¿Te quedarás conmigo?-.

Se apegó hasta casi rozar mis labios y su boca besó deliberadamente mis mejillas para después recargar su nariz contra la mía e instintivamente cerré los ojos para disfrutarlo.

-Bella…- dijo suspirando.

-¿Sí?-.

-Eso es lo que estaba esperando…-.

-¿Qué? Dime, por favor-.

-Que me quisieras contigo… Que me preguntaras si esta noche me iba a quedar a tu lado-.

-Y ¿lo harás?- pregunté.

Y sin dudarlo sus labios apretaron los míos con desesperación y dulzura, con una carga poderosa de pasión que nivelaba lo bueno y lo malo del universo. Su boca se movía tímidamente sobre la mía y yo me resignaba a aquella caricia necesitada, dulce y dolorosa. Puse mis manos sobre su cuello aun recostada sobre la cama casi obligándolo a acostarse sobre mí e increíblemente lo logré pero no puso su peso en lo más mínimo sobre mí, decidido profundizo el beso pidiéndome acceso con la lengua y yo accedí sin pensarlo. No tuve la menor idea si aquella penetración en mi boca fuese un regalo del cielo y la visita al mismo infierno que me había envuelto en una llamarada de placer y desesperación pero quise más de esa caricia.

Nuestras lenguas jugaron una contra la otra, la textura de su piel me estremecía endemoniadamente y no pude más que acariciar su espalda mientras dibujaba el contorno de mis labios con la punta de su lengua. Mi respiración se comenzó a agitar ruidosamente y casi de forma mecánica mis dedos se desplazaron desde su espalda hasta su vientre marcado haciendo que un gruñido saliera de su pecho quizás como señal de excitación pero no me atrevía a comprobarlo, no aún.

Halé más fuerte de su cuello para hacer más cercano el beso y esto origino que se recostara por completo en la cama. Aprovechando esta oportunidad sin despegar su boca de la mía me subí a su estómago para mantenerlo reo de mi boca. La fina tela del camisón que traía comenzó a desgarrarse bajos sus manos y mi excitación se elevó poderosa al par de la suya. Comenzó a moverse para acomodarme al par de su sexo y su erección enérgica rozó mi centro por encima de la ropa lo que inevitablemente ocasionó que despegará mi boca de la suya y la tela siguiera rompiéndose hasta solo cubrir mis senos y el bikini seguía intacto.

-Ahhhh- gemí.

-Bella- gruño.

Volví a besarlo aprisionándolo con los muslos y posó sus manos en mi cadera clavándome los dedos pero no lo detuve.

-Ahhh- volví a gemir por un movimiento inesperado que hizo su cadera.

-Mi bella flor…-.

-¿Sí?- pregunté mordiéndome los labios.

-Detente-.

Y abrí los ojos para ver su gesto serio a pesar de que no veía sus ojos, su cara.

Me detuve como me había dicho y me baje de sus caderas acomodándome avergonzada mi cabello tras mis orejas. La magia se había esfumado y se separó de mí soltando el aire ruidosamente. Me acomodé los pedazos de ropa que me había desgarrado y puse mis manos sobre mi pecho por lo avergonzada que me sentía.

-Lo…-.

-No lo digas… Pero tenía que detenerte cariño-.

-¿Por qué me detuviste? Pudiste haberme tenido como querías…-.

-¿En enserio? ¿Me hubieses dejado violarte?-.

Abrí los ojos de golpe por la palabra que había usado y trague saliva ruidosamente porque en los términos en los que yo lo veía, él no me habría forcejeado a nada ya que en ese momento me sentía dispuesta a ser suya y no sabía porque.

-No hubiese sido una falta hacía mi persona…-.

-¿Por qué estás tan segura de eso?-.

-Porque ese beso me gustó, porque quise continuar y ser…-.

-¿Mía? Bella, te dije que ni mismo estoy seguro de lo que siento ¿cómo pretendes que descifre las cosas que desconozco? Si te deseo, mi sed se saciara esta noche. Quizás de vez en vez te busque pero y ¿si te amo? ¿Me querrás como el pobre diablo que soy? ¿Y si tú también estás confundida con lo que acaba de pasar? Porque si solo es producto del momento y no es como lo imaginas me odiaras para siempre. ¡Estamos en ceros! Asegúrate primero que es lo que quieres antes de que, tú mi pequeña americana des un paso del cual no puedas regresar-.

Él tenía razón y yo me sentía como una idiota semidesnuda. Baje la mirada con las mejillas ardiendo y la mujer fuerte se había ido por la borda. Comencé a llorar.

-No llores por favor-.

-Lo-o si-ieen-to-.

-Ven aquí- me pidió mientras se quitaba la sencilla camisa y se quedaba en una camiseta delgada. Me la puso encima para cubrir mi ligera pero pronunciada desnudez y me acunaba entre sus brazos.

-No apresuremos las cosas, pero esta noche te prometí que no me iría sin besarte ¿lo recuerdas?-.

Asentí solamente.

-Ahora debes descansar, ¿sí?-.

-Está bien- y él se recostó por completo mientras me acomodaba en su pecho grueso.

Después de un rato comencé a dormitar y suspiré profundamente rendida en su regazo.

-Duerme tranquila hermosa flor, yo cuidare tu sueño-.

Acaricio mi cabello sin pensarlo y me sentí feliz entre sus brazos, como jamás me hubiese sentido en mi vida, una inmensa paz me lleno el alma y rendida me dormí sin saber más de mí.

Al despertar, sentí agonía ¿qué había pasado con el hombre que me había cuidado toda la noche? Eran las 7:00 am y me desperté asustada buscándolo por todas partes y mi cara se llenó de tristeza.

-Debió ser solo un sueño producto de la alta fiebre- me dije a mi misma acomodándome el cabello hacía atrás y decidida me levanté para bañarme.

Me miré en el espejo y noté que el cardinal se veía morado, no era problema para mí porque sabía que mi amiga se encargaría de cubrirlo con una buena dosis de maquillaje. También mire que mi ropa estaba desgarrada, una vivida señal de que no lo había hecho sola, pero si todo había sido verdad ¿dónde estaba la camisa que me había puesto? Sin darle más vueltas al asunto, entre al baño y lavé mi cuerpo lentamente, deseando que el cansancio de mi noche pesada se fuera con el golpe del agua y ahí pudiera quitarme todo.

Salí envuelta en una toalla y sequé mi cabello tan despacio como pude. Abrí la ventana para dejar entrar el sol que agradecida recibí cerrando los ojos, busqué mi celular pero no lo encontré tan rápido como supuse y recordé que la mayoría de mis pertenencias se habían quedado abajo cuando había llegado. Me envolví en una delicada bata y encontré mi bolso para revisarlo. Lo que vi me sorprendió.

Más de 15 llamadas perdidas de Edward Cullen y ¿cómo sabía que era su número? Por el montón de mensajes de texto que me había dejado, sin olvidar los mensajes de voz que me dispuse a escuchar…


-Bella, perdóname ¿dónde estás? No debí dejarte irte sola y menos en un lugar que no conoces. Si puedes devuélveme la llamada.

Edward cullen-.


-¿Por qué no contestas las llamadas? ¿Estás tan molesta?

Edward Cullen de nuevo-.


estoy preocupando ¿qué clase de juego es este? ¡Demonios! Llámame por favor-.


Y así, no sé cuantos más mensajes de voz contenía mi buzón, además de mensajes de texto desesperados por recibir una señal de que yo los había leído, todos enviados a una hora avanzada.

-Hola hermosa ¿cómo te sientes?- preguntó una voz detrás de mí y me sobresalte.

-Aa hola Rose, me siento bien-.

-Me alegro ¿quieres desayunar?-.

-Por supuesto-.

Camine detrás de ella hacía la cocina y me sonrió al sacar los ingredientes para hacer hot cakes.

-Lamento lo de anoche…-.

-No lo menciones más por favor-.

-Pero Bella, si hubiese llegado temprano no…-.

-No fue tu culpa rubia, además no pasó nada-.

-Eres fuerte- comentó batiendo la harina y la leche-.

-Supongo que si- respondí con la mirada baja y me miró detenidamente.

-Mira nada más Bella, ese hijo de puta te golpeo-.

Y se acercó rápidamente para revisarme e hice un gesto de dolor mientras posaba sus manos sobre la parte afectada.

-Lo siento linda, pero no te apures con un buen toque de maquillaje no se notará- y se sonrió.

-Eso es lo que menos me preocupa- comenté mientras me paraba a tomar café.

-¿Entonces?- preguntó volteando los hotcakes en el sartén.

-Primero, no quiero que Renee y Charlie se enteren ¿sí? Segundo que decidí mejor quedarme aquí si no te molesta-.

-En lo mínimo que puedo hacer por ti y no me molesta, lo sabes- contestó sirviéndome el desayuno.

-Y tercero, quiero alquilar un auto o comprarlo; qué sé yo. Pero deseo aprender a movilizarme por la ciudad y no depender de nadie en lo más que se pueda-.

-Eso me alegra, que te independices más-.

-Sí y bueno, que también llegaré tarde a la oficina- y estuve a punto de salir corriendo pero mi amiga me paró en seco.

-¿A dónde cree que va señorita?-.

-Ya te lo dije, a trabajar- contesté apuntando hacía la salida.

-Usted no va a ningún lado, se quedará en casa a descansar-.

-Ya descansé- espeté molesta.

Se paró para sentarme de nuevo frente al desayuno y me miró como quien ve a un pequeño berrinchudo.

-Llama a la oficina y explica porque no irás. Si no quieres decir la verdad está bien y si te ponen peros no importa que te despidan ¿o sí? Solo es un empleo de paso amor-.

-Rosalie, tienes razón pero…-.

-¿Pero qué?... –preguntó bebiendo de su jugo.

-Me agrada mi empleo- pensé.

-No nada, llamaré a mi oficina pero lo haré desde mi habitación ¿te parece?-.

-Anda hazlo pero no tardes para que sigas comiendo que buena falta te hace ¿ok?-.

-Ok- contesté y salí de la cocina para dirigirme a mi cuarto.

Cerré la puerta para marcar el número de la pequeña secretaria y espere los timbrazos para que ella me contestara.

-¿Bella?-.

-Hola Alice, si soy yo-.

-¿Qué ocurre? ¿Estás bien?-.

-Sí, bueno más o menos-.

-¿Estás enferma?-.

-Algo así ¿podrías darle un recado al señor Cullen?-.

-Por supuesto pero aún no ha llegado, bastante extraño ¿no crees? Él es muy puntual aunque bueno, aun ni siquiera son las 8-.

-Avísale que no iré por favor-.

-Dime Bella ¿qué pasó?-.

-Luego te cuento-.

-Anda dime-.

Suspiré resignada y pase nerviosamente mi mano por mi cabello.

-Es que… Ayer…-.

-¿Sí?-.

-Ayer me trataron de violar- dije sin dudarlo.

-¡Dios bendito! Pero ¿no te hicieron nada?-.

-Solo me golpeo pero no fue nada grave, iba a ir a la oficina pero mi amiga me lo impidió-.

-¡Ni se te ocurra pararte por aquí! Descansa Bella, lo necesitas y en cuanto al trabajo, eso es lo de menos-.

-Gracias-.

Se quedó un momento en silencio cuando una voz se escuchaba pero no comprendí en lo más mínimo.

-¡Dios bendito! Este hombre ¿qué le pasa?-.

-¿Por qué? ¿Qué pasa?-.

-El señor Cullen ya estaba en la oficina ¿¡CUANDO HABRÁ LLEGADO!? Me habló para comenzar a trabajar-.

-Parece que durmió en su oficina- comenté graciosa.

-Sí eso parece y no lo dudes de que así fue, bien te dejo porque comenzaré a trabajar ¿me podrías mandar por E-mail tu dirección? Quisiera visitarte-.

-Ok, te lo envió enseguida y gracias otra vez-.

-De nada, adiós-.

-Adiós-.

Colgué y dejé mi celular con un audible suspiro y decidida camine hacía la salida para ir de nuevo con Rose pero algo me detuvo: Una hermosa rosa con una pequeña nota cerca del buró que daba hacía la salida de la ventana.

Caminé presurosa con una sonrisa en los labios a sabiendas que él había estado ahí y que era real, jamás como un producto de mi imaginación.

La abrí sin dudarlo dos veces y leí sonriente aquella nota con la caligrafía bella y desconocida.


Mi bella flor:

Quise dejarte esta rosa para adornar tu belleza y también para disculparme por haberte dejado sola al amanecer pero no pude quedarme y arriesgarme a que el sol revelara quien era en realidad, sé que te hubieras asqueado al verme enredado de los brazos con tu cuerpo.

Gracias por la charla y la compañía, aunque te juro que estuve a punto de flaquear al decirte que no te deseaba… Y gracias por ese beso… El primer beso que doy por gusto y placer… Eres como ninguna… Tan bella y única como la flor que tienes entre tus manos…

Quiero que estés segura de lo que sientes, así como también debo estar seguro yo de lo que siento por ti porque no quiero equivocarme contigo, eres tan pura que odiaría corromper tu alma.

Nos vemos pronto, pero más pronto te veré yo aunque no lo sepas…

Soy tu sombra, tu ángel protector si es que quieres llamarme así aunque no lo merezca pero siempre cuido de ti.

Necesítame como yo te necesito a ti…

Atentamente.

Tu amante en silencio.

P.D Eres tan hermosa mientras duermes, daría todo por observarte cada noche y cuidar tus sueños. ¿Cómo diablos logras sacar el lado romántico de un ser sin corazón?


Sonreí por sus palabras en silencio, por el amante que me deseaba, por la noche que me había regalado y las rosas que me dejaba. Sonreí también por la paz que me traía y la tormentosa desesperación de tenerlo a mi lado. Aunque no tenía rostro ni nombre yo lo esperaría, lo sabía. Lo esperaría al anochecer por el portal de mi ventana… Siempre al aguardo de mi ángel protector.


Bueno, esta vez actualice un poco más rápido. No sé porque pero me gusto escribir este capítulo ya que algunas me decían que estaban fastidiandose con el acosador pero yo creo que me estoy enamorando ¿y ustedes? Me siento de buen humor ;)

DEJEN SUS REVIEWS Y DENLE FOLLOW/FAVORITE SI LES GUSTO :*

Sonrian, solo una vez se vive ;)!