"Podría simular una pasión que no sintiera, pero no podría simular una que me arrasara como el fuego."
Oscar Wilde
Sombras del pasado
POV Edward
Un trago en mi mano, un olor a fresas, un suspire audible.
Me encontraba mirando el balcón vació, sin su recuerdo, sin ella. Me sentía desesperadamente sólo y asqueado con mi sola presencia porque el maldito alcohol no ahogaba mi soledad ni las ganas salir corriendo para buscarla.
-Isabella ¿por qué te fuiste?- dije cerrando los ojos y apuñando las manos.
Me sentía enjaulado, peor que en la oficina. Esa agonía del psiquis que me hacía salir de casa para buscar mujeres que saciaran mi sed de amor. ¿Sed de amor? Sí eso era posible ya nada tenía sentido y lo que más me sorprendía ¿cómo es que no había estado ella ya en mi cama, desnuda, indefensa y excitada? Contenía una barrera contra el mundo, mi mundo. Aquella que la ahuyentaba de mi lado y que la hacía salir despavorida por el terrible monstruo que era, apilando dinero a manos llenas y un sinfín de historias de mujeres que tranquilizaban mis más bajas pasiones.
Pero lo que más rabia contenía mí cuerpo era el recuerdo de una sola mujer: Tanya. Ella se había convertido en mi primer amor ¿primer amor? ¡Claro que no! Mi primera ilusión porque yo si la pude llegar a querer hasta los huesos pero su traición mató cada minúscula parte crédula de mi corazón. Su sola imagen me revolvía el estómago, su sola presencia en mis memorias me hacía odiar más el mundo, solo eso, solo ella.
Esa noche bebí hasta al cansancio sin llegar a perder la noción del tiempo… Tenía sed, sed de mujer. Hacía semanas que no tenía una a mi lado, excepto ella… Pero no como me hubiese gustado.
-¿Hola?-.
-Hola, ven a mi casa-.
-Es tarde ¿qué quieres?-.
-Sabes que quiero-.
-¿Estás ebrio?-.
-Eso no importa. Ven a mi casa-.
-No iré, sé que solo quieres follar y yo no soy plato de segunda mesa-.
-¿Y eso alguna vez te importó?-.
-Edward, trato de alejarme de ti ¿no entiendes? No quiero nada contigo ya-.
-Alice, no te estoy preguntando nada. ¡Mierda!-.
-¡No! Estoy con alguien más, no soy otra de tus putas. Nos vemos mañana en el trabajo-.
-¿Tú rechazándome?-.
-Sí, yo. Increíblemente aunque hace unos meses te demostré lo contrario, ya no soy así-.
Y colgué sin escucharla decir más pues aunque mi secretaria conocía esa parte de mí, lo pensé nuevamente y sabía lo que hubiese pasado de haberla follado esa noche… No la hubiese necesitado porque mi mente se llenaría de Bella. Me sentí obsesionado a tal punto que ninguna mujer me gustaba, quería pensar en eso, que solo se trataba de una mera obsesión y que al estar dentro de su cuerpo esa pasión se apagaría.
Baje a mi despacho sin mucho ánimo y encendí el reproductor para escuchar Dont Cry, ya que por alguna razón esas canciones me recordaban a ella.
Cerré los ojos mientras me fumaba un cigarrillo y bebía Vodka y al escuchar el primer solo de guitarra eléctrica mi cuerpo serpenteo al recordarla en la primera noche en París con sus piernas desnudas, su playera azul, el cabello cayéndole por lo hombros y sus labios gruesos. Esa sensación exquisita del primer roce de su piel con la mía, sus ojos chocolate mirándome fijamente, mis ojos en el vaivén de sus caderas, la textura suave de su cuerpo, el calor que desprendía, nuestra soledad…
La segunda canción se escuchó, Knockin' On Heaven´s Door sonaba dentro de mi despacho solitario y así me sentía: tocando las puertas del cielo, solo con ella. Había tenido tantas oportunidades de darle más intimidad a nuestra relación y de una vez por todas saber si se interesaba un poco en mí como yo, al menos algo superficial, siquiera por mi dinero aunque no me hubiese importado en lo más mínimo. La mayoría de las mujeres eso hacían, aunque la atracción era indudable yo me sentía ciertamente incómodo ante esa verdad: interés.
Camine por frente del gran librero que contenía mis regalos de universidad: libros de finanzas, contabilidad, economía entre otros pero otro más apartado: manuscritos románticos. Alguna vez quise deshacerme de ellos pero mi madre no me lo había permitido.
"Cuando te hayas enamorado, leerás y comprenderás lo que todos eso hombres sintieron. Lo sabrás cuando te enamores"
Y ahí seguían, intactos y cada día más cubriéndose de polvo… Por cada maldito día en mi soledad, por cada maldito día que me sentía más solo que el anterior. ¿Cuándo comenzaría a leerlos? ¿Cuándo? ¿Cuándo me enamorara? Veía tan lejano esa posibilidad, tan lejano ese estúpido sentimiento del cuerpo frío que contenía mi lóbrega alma,aquel que solo mantenía calor por placer y al ocaso volvía a caminar sin vida…
Tomé un manuscrito pero lo devolví a su lugar sin pensarlo ¿Qué haría? ¿Leerlos? Eso no, eso jamás.
Eran de madrugada y subí a la habitación para ducharme y entrar sentí miedo.
Miedo a la soledad ¿por qué nunca lo había notado? ¿Por qué ahora que ella no se encontraba me sentía más solo que nunca? Mi cuerpo se llenó de rabia, una rabia contra mí mismo… No quería nada de ahí, si todo lo tenía ¿por qué me sentía insatisfecho?
-¡JODER!- grité.
Y comencé a golpear todas las cosas del lugar.
Floreros, cuadros, mesas, sillas, lámparas… Todos terminaron rotos y regados.
Me deslice hasta el lecho y me senté en el borde con las palmas en las sienes intentado centrarme y más que nada tranquilizarme.
-¿Qué mierda me pasa?-.
Y mi mente se nubló cuando vi su ropa en una de las sillas que había quedado intactas… Un camisón rosa de suave tela descansaba perezosamente sobre el respaldo. Camine decidido a tomarlo y a romperlo pero al tenerlo entre mis manos la irá desapareció. Y una vez más pensé en ella.
-Mi nombre es Isabella Swan, mucho gusto señor Cullen-.
La primera vez que había escuchado su voz.
-¿Dormiremos juntos?-.
La primera vez que se sonrojó frente a mí.
-Parece y de nuevo lo repito, que su concentración anda muy lejos de Francia-.
Y como olvidar la primera vez que me pilló recordando mis eróticas fantasías acerca de ella…
-¿Por qué me haces esto Swan? Me descontrolas, me intimidas. Sí, me intimidas con tu mero recuerdo- dije mirando el camisón y apretándolo contra mí pecho- porque antes era un hombre imponente, alguien que no temía en la presencia de nadie y ahora… Temo estar sin ti-.
Y el resto de la madrugada fue como ninguna otra…
Al amanecer me duche, era exactamente las 7:00 am y me dirigí a la oficina sin pensarlo. No llamé a Armando, no quise escucharlo, mi humor no estaba para más.
Recogí el auto enfrente de la torre, vestido de traje formal y el cabello un poco alborotado. La miré con nostalgia mientras metía la llave a la puerta y recordé que estaba sola y de alguna manera, la casa estaba tan sombría.
Golpee el capo y gruñí audible por la rabia que me inundaba.
Los días malos volvían a la rutina.
El trayecto fue fastidioso, ni siquiera me preocupó la velocidad a la que iba o sin me multaban por mí rapidez, lo único que quería era llegar y entrar para centrarme en el trabajo, el tiempo restante lo ocuparía para cuando llegara Isabella Swan por el elevador y no mostrar ningún signo de sentimiento.
Entre al estacionamiento en dónde el lugar privado para mis automóviles me esperaba… Me bajé con las manos en los bolsillos y mis Ray Ban mientras ponía la alarma a mi auto. Camine por hacía el elevador privado y ahí me encontré al conserje.
-Bonne journée Monsieur Cullen ce que tu fais ici si tôt?- (Buen día señor Cullen ¿qué hace por aquí tan temprano?)-.
Lo miré sin interés y noté que el hombre bajo la mirada intimidado por mi presencia y se retiró sin esperar a que le respondiera.
Camine a la oficia y la enorme habitación me sofocó. Me dirigí hacía el mini bar para buscar un trago pero cuando a servirlo me detuve ¿qué caso tenía? ¿Beber alcohol que hacía por mí? Nada me resolvía, no contenía nada dentro de aquella botella y lo deje sin siquiera mirar.
Me paré frente a la gran ventana para ver entrar al personal pero sabía que era una porquería de mierda… Yo esparaba que ella subiera, verla caminar hacía el peligroso castillo del que tanto huía.
Mi propiedad, mis demonios, mi intimidante presencia, mi dinero, mi actitud… Todo se derrumbaba y se entregaba por verla entrar por la puerta principal de International.
Pasaron lo minutos y no llegaba, era desesperante.
-¿Dónde estás? ¿Dónde estás?-.
Y nada.
Busqué entre la multitud y su delgada figura no apareció entre el gentío.
Miré mi reloj y la hora me asustaba de manera estúpida. Estaba increíblemente ansioso. Pasaron los minutos y ningún rastro de ella.
-No, esto no se puede quedar así. Debo trabajar-.
Me senté frente al gran escritorio y llamé a Alice por el intercomunicador.
-Alice, venga a la oficina ¡Ahora!-.
-Sí señor Cullen-.
Comencé a sacar mis papeles y minutos más tarde, mi secretaria no llegaba. Con los nervios de punta y la rabia saliéndome por cada poro no dude en volver a llamarla.
-¿Espera ser despedida?-.
-Discúlpeme señor, voy enseguida-.
Y llegó en menos de un minuto.
-¿Me solicitaba señor?-.
-Sí, traiga los papeles de los empresarios de Ámerica ¿ya llego Harris con los papeles?-.
-No señor-.
-¡Y que mierda se cree ese imbécil!- y golpee audible el escritorio.
La mujer se sobresaltó y me miró con miedo.
-¡Qué gente tan incompetente!-.
-Edward…-.
-¡No me llames Edward, no eres NADIE!-.
Noté como sus ojos se vidriaron por mis palabras pero me importó un carajo.
-¡Yo no tengo la culpa de tus problemas!-.
La miré expectante y con ironía puesto que no tenía ni la más mínima idea de mis problemas y es que nada más me sofocaba que la ausencia de Isabella Swan.
-¿Tú qué sabes de mis problemas? Y no te importan, dijiste que no querías nada-.
-Y no lo quiero pero ¡Estás molesto porque no fui a casa anoche!-.
Reí audible, me reí en su cara. ¿Se creía tan importante para que yo notara su ausencia? ¡Que ilusa era!
-Cariño, no te creas tan importante ¿de acuerdo?-.
-Eres un imbécil-.
-Lo que digas- respondí sin mirarla.
Se quedó parada frente a mí en silencio con las manos enlazadas sin perderme de vista, lo sabía porque podía sentirlo…
-Bueno… Si no tienes los documentos ¿te quedarás parada todo el día ahí?-.
-¿No deseas algo más?-.
A Bella.
-No…-.
-Entonces me retiro- y camino hacía la puerta.
Mientras se marchaba recordé que Alice mantenía una íntima cercanía con Bella, al enterarme que habían asistido a la fiesta de disfraces juntas y que le ordene que la llevara en uno de los autos de mi propiedad. Quería saber algo, algo mínimo ¿por qué había faltado al trabajo?
-Espera…-.
-¿Sí?- preguntó tomando la puerta por la perilla.
La miré detenidamente y noté cierto asombro por mi repentina actitud, pero moría por preguntarle.
-¿Dónde está Swan?-.
-En su casa-.
-¿Cómo lo sabes?- pregunté sorprendido.
-Ella llamó diciendo que no podría venir-.
-¡Y PORQUE MIERDA NO ME INFORMÓ!- exigí saber golpeando fieramente la mesa mientras la secretaria me miraba con miedo.
Colocó las manos en su pecho con la espalda recargada. De verdad me temía.
-Yo-o-o-.
-¡Eres un incompetente! ¡No eres capaz de pasarme un recado-.
-Lo siento… Es que…-.
-¿Lo olvido? ¡Por Dios! ¿Hace cuánto la llamó?-.
-Hace algunos minutos…-.
Me pare molesto en dirección a la ventana y camine desesperantemente como tratando de encontrarle una respuesta a mis preguntas.
-No faltaré al trabajo, lo prometo. En cuanto a lo demás lo hago por el bien de todos los involucrados. Yo me transportaré sola, Armando no tendrá la necesidad de llevarme a la oficina y conseguiré un lugar para mí-.
¿Acaso había renunciado? ¿Le había molestado tanto mi actitud? ¿Por qué? ¿Por qué no venía? ¿Por qué no me dejaba verla? Ella había prometido que no faltaría, ella lo había prometido porque lo recordaba bien.
No supe que hacer, su desesperante ausencia me aprisionaba el pecho, quería salir de ahí y buscarla.
La secretaría me miraba desconcertada. Sí, jamás me había preocupado por ningún empleado en especial y eso se notaría de más raro pero no me importó.
-Necesito que llames Armando y averigüe dónde está Swan, que vaya por ella y se presente en la oficina AHORA-.
-Pero ella no puede venir porque…-.
Me acerqué rápidamente a la pequeña mujer y con una mirada asesina le hablé imponente.
-Me importa una MIERDA, yo la quiero aquí y ahora ¡TRAE A ISABELLA SWAN PORQUE LA NECESITO!-.
Me miró expectante, quizás porque de cierta manera había hablado de más y habría llegado a sospechar las verdaderas intenciones de mi orden.
-¿Para trabajar… O follar?- preguntó cruzándose de brazos.
-Limítate a tu trabajo y cierra la puerta al salir- espeté sentándome sin mirarla.
Hizo un gesto de cansancio y salió en silencio sin más.
Trate de tranquilizarme, la cabeza quería explotarme ¿por qué me sentía así? Tanto tiempo trabajando solo ya que a veces Emmet se perdía por largas temporadas y ahora una suave figura me hacía enloquecer en su ausencia ¿qué pasaría cuando regresara a su casa? ¿Qué pasaría de mí?
-Cálmate Cullen, quizás este juego, esta obsesión se apague con follarla- dije tratando de convencerme a mí mismo.
Mi concentración se interrumpió por una llamada entrante de mi madre. Trate de tranquilizarme, no quería que Esme supiera que me encontraba de los mil demonios, eso la obligaría a preocuparse innecesariamente y venir a verme. No lo necesita.
-Hola madre-.
-Hola cariño ¿cómo estás?-.
-Bien, con algo de trabajo ¿y tú?
-De maravilla, bueno no quiero interrumpirte demasiado pero ¿está ahí tú socio?-.
-¿Emmet? No, él no ha vuelto…-.
-No me refiero a él ni a Jasper quiero decir a la chica-.
-Aaa Bella, no. Ella… Se sentía indispuesta para trabajar y no vino-.
-¿Está enferma?-.
-No lo sé-.
-Bueno… Quiero que esta noche venga a casa a cenar…-.
-¿Esta noche?-.
-Sí, no sé pero me encuentro impaciente por verla-.
-Haré lo que pueda, no prometo nada-.
-Gracias hijo, bien nos vemos a las 8:00 en casa. Tu padre te envía saludos-.
-Igualmente mamá, adiós.
¿Qué tenía el mundo en mi contra? ¡Nada tenía por qué girar en torno a ella! No me sentía ya tranquilo y vague por la oficina sin rumbo tratando de buscar algo en que concentrarme hasta que Alice llegara con la información de la dirección de Bella.
Entre a la oficina privada y noté que estaba más destinada a ser cuarto de hotel que otra cosa. No lo había notado y por alguna extraña razón que no comprendí me sentí asqueado ¿cómo era posible ser tan descarado? Ese lugar era el más frío de todos, inclusive más que la oficina porque no me sentía cómodo ahí, dónde las paredes gritaban mis pecados… Dónde más de una vez estuvieron mujeres dándome "placer" y dónde quería tener a Isabella.
-¿Señor Cullen?- habló Alice a través del intercomunicador.
Camine hacia él y me senté de nuevo para hablar con ella.
-¿Qué ocurre?-.
-Tengo en mis manos la dirección de Isabella Swan ¿Quiere que llame a Armando?-.
-¡No! Envíala por E-mail a mi computadora y no llames a Armando-.
-Como diga señor-.
A los pocos minutos recibí la dirección esperada, la apunte en un hoja y me paré decidido a buscarla. Tomé mi saco y por alguna extraña razón no dude en arreglarme un poco el cabello y la camisa frente a un espejo para verme lo más presentable posible. Quería verme impecable.
Salí de la oficina y caminé rumbo al pasillo dónde la secretaría trabajaba.
-¿Saldrá?- preguntó indiferente.
-Sí, cancela las citas de esta tarde y si llama alguien de la familia dile que tuve un compromiso-.
-Está bien-.
Asentí solamente y me coloqué mi abrigo sobre los hombros sin meter los brazos. Camine sin vacilar hacía el elevador privado y ahí me dirigí hacía el estacionamiento en dónde mi Aston Martin plateado me esperaba. Quite la alarma y me subí rápidamente, miré la hora y noté que era bastante tarde para ser de mañana aún y la ansiedad me llenó de adrenalina para salir veloz del estacionamiento.
Coloqué un poco de música para tranquilizar mis nervios, no quería que Bella me viera exaltado por su nauseabunda ausencia. No quería que viera que la extrañaba ¿extrañaba? No, eso no debía ser… Extrañarla nunca.
Miré el papel con la dirección y noté que estaba cerca de la residencia en la que vivía, quizás unos 15 minutos de diferencia pero cerca para mí ya que la velocidad a la que iba posiblemente me haría muchísimo menos tiempo del que era en realidad.
Solo necesitaba verla y si era posible decirle que quería que fuéramos a la casa de mis padres para mantener tranquila a mi madre. Solo eso, no tenía que tener nada conmigo, de eso estaba seguro.
Tambalee los dedos sobre el volante ansioso de que los semáforos cambiaran para dar seguimiento a mi camino, estaba ansioso más no estúpido para estrellarme contra los demás.
Rojo.
Como el color de mi sangre caliente, aquella que se llenaba de adrenalina en el sexo y el placer de mi cuerpo destilaba con cada gota de sudor en cada arremetida dura dentro de una mujer. La sensualidad de unos labios rojos mordidos sublime de un cuerpo excitado y una mirada deseosa. Los labios de Isabella.
Amarillo
La casi desesperanza de mi vida, el color que anunciaba que mi partida casi estaba lista. Los segundos se acortaban solo para tenerla en mi presencia dónde presentía que tendría un fiero descontrol sobre mis impulsos. Esa maldita desobediencia suya me agitaba como un animal enjaulado, su libertad me hacía vibrar tan lenta y desesperadamente que lo único que me provocaba era querer desnudarla y hacerla mía mientras la obligara a morderse los labios.
Verde.
Mi libertad condicionada. El libre albedrío que separaba mi cuerpo de mi alma y que agitaba con locura mi psiquis en un intento desesperado por salir y llegar a su lado. La ropa, la distancia, indiferencia y frialdad me estorbaban… Sabía que al final de los kilómetros ella me esperaba y sin dudarlo partí.
Lo que me restaba de camino lo centré en irme concentrando en lo que diría y el por qué estaría ahí. Me sugestionaba porque de alguna manera el miedo frente a Isabella era recurrente.
Me estacione frente a la residencia. Un amplio departamento con una fina entrada adornaban el lugar. Baje del auto tan despacio como mis piernas me lo permitían pero mi alma deseosa quería salir corriendo hacia el lugar que me mantenía estático en el suelo. Suspiré ruidosamente mientras cerraba el auto y por fin llegué.
#5908 tenía escrito en finas letras doradas aquella puerta de color blanquecina y detalles colores pastel. Toqué la puerta tan sutilmente como pude y coloque mis dos manos detrás de mi espalda esperando a que alguien me abriera.
No respiré.
Mi silencio me hizo u obligo a poner más atención en la actividad que se desarrollaba en la casa. Por lo que notaba, solo había una persona en el lugar y quise creer que era Bella. Lo segundo que noté era que se encontraba en la parte superior del departamento aunque sus pasos eran muy ligeros intuí que bajaba las escaleras. 6 segundos después… Ella abrió la puerta.
Su cara mostró sorpresa, alegría, consuelo, temor y radiante felicidad ante mi presencia. Se quedó mirándome de arriba abajo como verificando que era yo a quien tenía enfrente y sin dudarlo hice lo mismo… La noté cansada por desvelo, la parte derecha de su rostro mantenía un sutil color morado a causa de un golpe reciente y su forma de vestir indicaba que había sido "obligada" a permanecer en cama el resto del día.
Sentí temor al verla tan frágil e indefensa y mi semblante duro se suavizo con su mera presencia.
-Hola- salude tímidamente.
-Hola ¿qué hace aquí?- preguntó con una mano fija en la puerta y el semblante serio.
-Vine a verte ¿por qué faltaste?-.
Su mirada se tornó misteriosa ¿qué pensaba la chica de los labios color carmín?
-Bueno…-.
-Dime, no tengas miedo-.
Y ante mis palabras se sobresaltó. No quería asustarla pero no sabía de qué manera hablarle. Me sentía un estúpido.
-¿Gusta pasar?-.
-Claro- acepte sonriente.
Camine con las manos en los bolsillos mientras miraba la habitación que supuse que era la sala. Contenía grandes y esponjosos sillones blancos y colores pasteles que jamás en ningún punto de mi vida hubiese escogido. Parecía el departamento de una super modelo, joyería, cristales, cuadros coloridos… No parecía el gusto de Bella.
-Siéntese- me invitó.
-Gracias-.
-¿Le ofrezco algo?-.
-No yo estoy bien… ¿Tú ya desayunaste?-.
-Ya, gracias por preguntar-.
Nos quedamos en un incómodo silencio mientras ella bajaba la mirada ocultándome el rostro.
-¿Estás bien?-.
Asintió sin mirarme.
-Te vez cansada-.
-Un poco- se apresuró a contestar.
-Ya veo-.
Y de nuevo nos sumergimos en el incómodo silencio. Nos quedamos callados como dos adolescentes en plena primera cita, dónde ninguno de los dos se dignaba a hablar por temor a decir alguna estupidez que involucrase jamás volver a verse.
-¿Isabella?-.
-¿Sí?-.
-¿Por qué no me llamaste?-.
Enmudeció mirando fijamente a los ojos.
-Porque…-.
Alcé una ceja esperando su respuesta.
-Porque tuve un percance-.
-¿De qué tipo?-.
-Eso no importa- respondió seria y no me miró de nuevo.
No quería presionarla y mucho menos que me tuviera miedo pero odiaba que no se abriera conmigo. Quería que confiara en mí pero su indiferencia me disgustaba demasiado.
-No me tienes que decir si no quieres, Alice me avisó que no vendrías-.
-¿Y si sabía por qué me buscó?-.
Porque te extraño.
-Porque quería saber si había llegado bien a su destino y me preocupe, además tengo un recado para ti-.
-¿Para mí?-.
-Sí-.
-¿De quién? ¿Jasper?- preguntó curiosa.
La sangre me hirvió. Ese hijo de puta estaba presente en Isabella y eso me molestaba como para poder ir a buscar al imbécil de Harris y degollarlo para beberme su sangre. ¡LO ODIABA! ¡LO ODIABA!
-No- contesté tratando de controlarme mientras los puños me temblaban.
-¿Estás bien?- preguntó asustada por mi reacción.
No Isabella, esto es una mierda ¡Una vil mierda!
-Sí-.
-Entonces continúa por favor- pidió amable.
Suspiré.
-Mis padres quieren que cenemos todos hoy a las 8:00 en su casa-.
-¿Por qué?-.
-¿No lo recuerdas? Mi madre está ansiosa por conocerte-.
-No entiendo ¿por qué?-.
-Ni yo lo sé-.
Se quedó pensativa mordiéndose los labios y me miró detenidamente.
-No creo que pueda-.
-¿Por qué no?-.
-No puedo simplemente-.
La miré coquetamente para poder convencerla y mi sonrisa seductora apareció sin pensarlo.
-Creo que Esme se pondrá triste por tu rechazo-.
Alzó una ceja.
-¿Ella se entristecerá?-.
-Mucho-.
Además tenía que tocar lo noble de su corazón.
-Mmm-.
-¿Y qué dices?-.
-Ok- contestó resignada.
Su celular comenzó a sonar.
-¿Hola?-.
Se quedó en silencio un momento.
-¿Me permites?- me preguntó.
-Adelante- dije con la mano.
-Gracias- respondió con una sonrisa y se marchó hacía la cocina.
Moví las mano nerviosamente esperando a que llegara y me recargué por completo en el suave almohadón del mueble.
A los pocos minutos ella llegó.
-Disculpa-.
-No te preocupes-.
-Bueno era Emmet McCarthy diciéndome lo que usted ya me había dicho del trabajo y recibí otra llamada-.
-¿De quién? Si se puede saber- pregunté.
Camine hacía su asiento y colocó el móvil en una mesa que tenía al lado.
-De mi amiga Rosalie, me preguntó cómo estaba y que venía para acá-.
-¿Rosalie Hale?-.
-Sí ¿por qué?-.
Porque conozco a esa arpía.
-Emm no por nada, creo que debo retirarme ya-.
-¿Pasa algo?-.
-No, no es nada. Es solo que quiero adelantar unas cosas en la oficina antes de ir a cenar con mis padres-.
-Ok-.
-¿Te parece si paso por ti a las 7:30?-.
-Está bien para mí-.
-De acuerdo- contesté con una sonrisa y me paré de mi lugar.
Me acompañó hasta la entrada mientras sus manos se colocaban en su espalda.
-Oye…-.
-¿Sí?- y me giré frente a ella.
-¿Qué debo vestir?-.
Nada, solo tu piel y tu perfume.
-Lo que gustes- contesté sonriente.
-¿Debo ir elegante?-.
Reí por su gesto infantil.
-Tal vez un lindo vestido- comenté.
-Gracias por el dato- contestó divertida.
-De nada, nos vemos más tarde ¿ok?-.
-Ok- contestó sonriente y cerró la puerta.
Me dirigí a mi Aston pero no para volver a la oficina si no para volver a casa.
Aquella extraña tensión en la presencia de Bella no desaparecía en lo más mínimo pues por increíble que pareciese tenía un presentimiento de que esa noche algo diferente ocurriría.
Tomé mi teléfono y marqué el número de mi chofer.
-Bonjour Armando besoin de prendre mes parents un bon vin et une boîte de chocolats pour ma mère s'il vous plaît (Hola Armando necesito que lleves a casa de mis padres un buen vino y una caja de chocolates para mi madre por favor)-.
-M. Puis quelque chose d'autre? (En seguida señor ¿algo más?-.
-Non, vous êtes libre de la journée (No, quedas libre el resto del día)-.
-Merci, monsieur Cullen (Gracias señor Cullen)-.
Y colgué.
Suspire tratando de sopesar lo que se me avecinaba: cenaría con Isabella Swan en casa de mis padres.
1:00 pm
Me coloqué en mi despacho, donde comencé a caminar sin rumbo por el lugar tratando de esperar a que la hora llegara más rápido de lo esperado. La mujer del aseo llegó tocando tímidamente mi puerta y asomando la cabeza.
-Bonjour M. Cullen voulez-vous manger? (Buena tarde señor Cullen ¿Desea de comer?)-.
-Je voudrais manger quelque chose de léger s'il vous plaît (Quisiera comer algo ligero por favor)-.
La mujer salió con los ojos desorbitados por mi extraña paciencia ya que, acostumbrada a mi mal humor y desasosiego se limitaba a preguntar, dejar los encargos y salir sin hacer el menor ruido posible. Quizás mi falta de amabilidad al escaso número de empleados que se resignaban a quedarse para servirme no se llevaban tan bien conmigo y a verme como el idiota prepotente a quienes aguantaban por mero compromiso o instas de mi madre.
"Mi hijo no es malo, él es un hombre muy bueno. Solo está muy estresado por el trabajo"
Eso les repetía una y mil veces más para que no me dejaran solo y por más lealtad que le tuviesen a Esme algunos renunciaban u otros agradecidos preferían mis condiciones… Servirme de vez en vez y solo cuando estuviese ausente, por ellos la casa siempre estaba sola.
5:00 pm
Me sentía desesperado. Tanto que comencé a hojear algunos libros de la universidad. Todos en perfectas condiciones y algunos apuntes a los costados de las páginas. Las manos me empezaron a temblar por los recuerdos aquellos días en los que la inquietud, en los que deseaba superarme y que comenzaba a construir un futuro.
Era de noche en la universidad. Me encontraba leyendo "Cumbres borrascosas" animando y alimentado la parte romántica de mi vida en dónde Tanya coexistía solo conmigo. Su cabello rubio y electrizante causaba estragos en mi piel, dónde mis manos curiosas querían recorrer su sagrado cuerpo. Siempre necesitando de su mero amor físico, lugar dónde jamás me permitió llegar.
Aunque pese a la situación me sentía el villano ¿acaso lo era? Si tanto me amaba ¿por qué no me merecía siquiera un beso apasionado? Siempre ocultándome en las sombras de un amor desesperado a la espera de una caricia sublime acompañada de te amos sinceros y besos necesitados.
Pero aquel extraño comportamiento suyo me mantenía cautivo de pensamientos y de mis temores. Sentía que acariciarla era un pecado pero ante mi atrevimiento su repentina furia me llenaba de miedo. No quería perderla por ningún motivo por lo que marcaba mi dolorosa distancia.
-Hola amigo ¿de nuevo leyendo?- preguntó Emmet con su balón de futbol americano entre las manos.
Lo miré sonriente y apenado a la vez pues prácticamente vivía entre libros.
-Sí, bueno tenía un tiempo libre y quise leer-.
-¿Y por qué no estás con Tanya?-.
Baje la mirada, no quería decirla la verdad a Emmet. Tanya no me quería a su lado y no entendía por qué. Siempre tratando de verla y ayudarla y como tal negándome todo.
"Cariño no podré esta tarde, iré con mis amigas al centro comercial"
"Bebé, saldré con mi amigo Jacob. Me ayudará toda la tarde con unas tareas de matemáticas"
Y cuando la cuestionaba siempre se ponía violenta alegando que si tenía un problema al respecto de los amigos que tenía. Y siempre me quedé callado.
-Amor, si quieres te puedo ayudar yo. Soy buena en las matemáticas-.
-¿Qué rayos te ocurre? Es solo una reunión para estudiar ¿acaso quieres controlar mis amistades?-.
-No es eso Tanya es que quisiera pasar más tiempo contigo. Es todo- contestaba aunque los celos me quemaban por dentro.
-Y lo tendremos Ed pero por ahora quisiera atender la escuela primero ¿o a ti no te importa?-.
Resignado asentía y bajaba la mirada derrotado.
-Cariño, no estés así- dijo tomando la cara con las dos manos- te recompensaré, lo prometo-.
La miré profundamente a los ojos y trate de dibujar una sonrisa.
-Te amo-.
Me miró mordiéndose los labios y con una ceja alzada sin poder contestarme me soltó sin previo aviso. La miré y trate de tomar las suyas pero ella no se dejó.
-Me tengo que ir, es tarde para mí-.
La miré decepcionado y traté de darle un beso pero ella se quitó.
-¡Edward! Tengo labial, no lo arruines por favor-.
-Lo siento Tanya ¿qué no puedo darte ni un beso?-.
-¡No! Ahora, tengo que irme y por favor no me llames-.
Suspiré resignado y se marchó.
-Ella está ocupada con la escuela- contesté a mi amigo.
-¿Ocupada? La vi con un tipejo mocoso que ni siquiera es de la escuela-.
-¿Dónde?- pregunté ansioso soltando el libro por completo.
-En la plaza de un centro comercial, estaban con unas bebidas. Pensé que eras tú-.
Baje la cabeza enfurecido y salí a buscar a Tanya.
Cerré los ojos tratando de sacar de mi mente aquellos amargos sentimientos… Aquellos que estaban ocultos bajo una gruesa capa de odio contra el mundo.
7:00 pm
Subí a la recámara con una pesadez infinita en los pies, cansado y derrotado opte por bañarme. Me quité los zapatos lentamente sentado en el borde de la esponjosa cama y desabotone mi camisa en total silencio… Al paso de los minutos me recosté un poco tratando de relajarme pero eso no me fue posible. Mi teléfono personal comenzó a sonar insistentemente mientras el sueño me iba venciendo, agradecí por un momento el sonido para hacerme reaccionar y adormilado conteste sin pensarlo.
-Hola…-.
-Hola señor Cullen, tanto tiempo sin escucharte amor-.
Abrí los ojos ¿quién diablos era?
-¿Quién eres?-.
-Rosalie Hale por supuesto-.
-¿Qué quieres?-.
-Verte amor, vine a la ciudad solo por ti-.
Maldita arpía, no la quería ni ver. No después de haber abandonado a Emmet, sabía que me encontraba en la peor posición de todas pero me importaba una mierda porque a pesar de todo sabía que había cometido un irrefutable error al revolcarme con la mujer de mi socio.
-Yo te dije que ya no quería nada contigo-.
-¿Y qué con Bella?-.
-¿Bella? ¿Qué tiene ella que ver con los dos?-.
-No seas hijo de puta y no niegues que las haz querido seducir-.
-Te importa un carajo lo que haga, a mí no me vengas con estupideces de mujercita controladora-.
-Serás mío ma chérie-.
-Mira Rosalie, sé que estás en la ciudad con Bella y me importa una mierda ¿sí? Limítate a los labores del hogar como buena señora y déjame en paz-.
Colgué, esa pesadilla de mujer me acosaba y ¿cómo rayos había conseguido mi número privado? Lo más sensato y obvio que se me ocurría es haber hurtado el número de la agenda telefónica de su compañera.
-Strega puttana- argumenté para mí solo pensando en la estúpida rubia.
Camine hacía la ducha y me desnude para dejar caer el agua sobre mis gruesos hombros en dónde sentí la infinita tranquilidad de la humedad que refrescaba mis músculos. Ahí me concentré en la infinita posibilidad de encontrarme con la mujer que me había llamado y estruje mis sesos para poder idear un plan que me librara de todas las estupideces… No debía preocuparme pero mi acercamiento con Bella se disminuiría con su estúpida presencia.
Salí con una toalla enredada a mis caderas dónde después opte por ponerme un traje casual y un tanto formal. Pusé mi componente para escuchar algo sitinto y anormal para el resto del mundo. La interpretación de 2cellos back in black me hacía sentirme en mi mundo. Una parte rebelde y asesina que despertaba en mi piel, el león adormecido, el tipo mundano que follaba mujeres en cualquier lugar donde le placía… Dolor, sufrimiento, sangre, homicidio… Los sentimientos de destrucción me controlaban y sabía que solo la presencia del alcohol tranquilizaba u adormecía mis instintos pero esa noche no… La bestia iría sin avisos ni contemplaciones en contra del mundo.
Baje lentamente con olor a loción y el cabello alborotado. Tomé mis llaves y baje al estacionamiento de la casa dónde también poseía mis más preciados objetos materiales: mis coches.
Divague entre ellos, tratando de optar el más conveniente para la noche. Sonreí abiertamente y me dirigí Maybach Exelero. Triunfante lo recorrí con la mirada y relamí mis labios para después morderlos.
Semidesnuda se encontraba con el cabello suelto en dónde bailaba excitada Welcome to the jungle interpretada por 2cellos. Mi excitación se acrecentó mientras tocaba mi cuerpo sin vergüenza. Ahí danzando cerca del cofre, se subió con las manos tomando su larga cabellera y moviéndola lentamente. Una leve sonrisa se asomó por la comisura de sus labios en donde me invitaba a tomarla en ese lugar del estacionamiento.
Me acerqué decidido y ella me apartó con las piernas donde un par de stilettos me tocaban con los tacones, sus largas piernas sensualmente posicionadas se abrieron para darme una mejor vista a los que mi imaginación me prestaba a soñar pero de golpe las cerró en cuanto me sonreí.
Comenzó a girarse y con las piernas me atrapó para después colocar sus brazos alrededor de mi cuello, me besó fugazmente con los labios tibios y rosas mientras cerraba los ojos despreocupado para tomarla por la cintura y acercarla a mis caderas.
Y desapareció de mi fantasía.
Me sonreí dispuesto a cumplir mis pensamientos eróticos frente al cofre de mi automóvil y entré sin dudarlo ¿Qué pasaba ahora conmigo?
La música ahora me recordaba a ella, salvaje, sensual, inocente, perversa, niña, inexperta y mía. Tenía que llegar a ella sin dudarlo, ahora eso me motivaba.
El transcurso del viaje fue ruidoso, me sentí de nuevo en los viejos años en dónde comencé a ser el depravado que las mujeres buscaban, por dinero o no me sentí el señor del mundo. En mi asiento de piel, la música alta, mi saco informal, el cabello despeinado y la mirada cruda… Yo era el rey del universo.
Los fantasmas de mi pasado me gritaban esa noche.
Tanya la prostituta, la mujer que me había ilusionado hasta los huesos y con quien había perdido mi estúpida castidad, a quien estuve a punto de pedirle que se casara conmigo y quien me traicionó más de una vez.
Rosalie Hale, la esposa de mi socio. Una de las psicópatas que me perseguía para poder pasar otro rato de placer conmigo a quién me mantenía asqueado por sus deseos y placeres.
Jacob Black. El hijo de puta que me había arrebatado la ilusión de alguien, de una mujer y el mal nacido que odiaría por el resto de mi vida aunque jamás habría vuelto a saber de él y eso era mejor así… Porque de haberlo tenido enfrente lo hubiese matado
-Voy por ti Bella- dije para mí mismo- serás mía a como dé lugar- y aceleré sin dudarlo.
Aceleré más mordiéndome los labios y llené mi mente de la fantasía que me había imaginado en el cofre.
Bella mordiéndose la boca, sus manos acariciando sus caderas, sus pechos danzando de arriba abajo con el contoneo de la música, su piel de porcelana suave bajo mi tacto y su lengua relamiéndome los labios.
Llegué tan pronto como el motor me lo dispuso y estacione el auto lujoso a unos metros de la entrada. Ahí me paré frente y salí lentamente frente a la gran entrada y miré hacía una de la habitaciones donde pude ver la silueta de Isabella a través de los vidrios. Vestía una hermoso vestido rojo con el cabello semi recogido, la ropa no le cubría el contorno de sus hombros lo que su hacía que su deliciosa piel luciera increíblemente irresistible a la silueta de aquella prenda de color sangre.
-Estás hermosa y eso que no te he visto de frente-.
Metí las manos en los bolsillos con la mirada baja y sonreí por la espera de tenerla enfrente.
Mi excitación me calentó la sangre.
Su sonrisa inocente.
Mi cuerpo tembloroso.
Su diminuta cintura.
Mis manos entorno a su cuerpo.
La respiración de los dos jadeante.
Los besos apasionados no dados.
Las horas encerrados en una habitación en soledad.
Nuestra desnudez.
Los pocos metros que nos separaban los fui acortando paso a paso. Imaginando tomar su mano y seducirla, tomarla para saciar lo que provocaba. Su solo recuerdo me trajo tranquilidad y cordura. La bestia estaba bajo control.
-¡Joder! No la he tocado y ya me siento excitado, deseoso- comenté para mí mismo.
Y al acercarme noté una figura masculina que se dirigía de igual forma hacía la entrada. Vestía un una camiseta sencilla negro y pantalón casual y su cabello hacía juego con la obscuridad. Tocó el timbre con un ramo de flores en la mano y colocó su mano detrás de su espalda impaciente porque abrieran la puerta.
Me quedé estático esperando a que el imbécil volteara o al menos pudiese reconocer al menos su figura pero no tenía ni la menor idea.
Miré mi reloj para notar que era exactamente las 7:30 pm y que ella debía estarme esperando.
Insistente el sujeto volvió a tocar el timbre pero no avance hasta esperar que Bella abriera la puerta. Tanto como la primera vez trate de concentrarme en la actividad que había dentro de la casa.
Los pasos de unos tacones descendían a velocidad normal y otros tantos se movían por la parte de arriba de un lugar a otro hasta que el ruido cesó.
-¿Dónde estás Bella?- pregunté con el ceño fruncido.
Y entonces abrió la puerta.
Ahí estaba Isabella Swan, con su hermosa figura y las mejillas rosadas. Sus ojos chocolate y sus pestañas enormes asomaban una belleza cautivadora. Su cara estaba maquillada de manera exquisita sin mostrar el golpe que había recibido.
El animal que contenía mi ser rugió desesperado por proclamarse dueño de toda su exquisita piel, por horas y horas dentro de su cuerpo. Los movimientos de nuestras caderas sincronizadas y el contoneo de su cintura en un abrazo apasionado. Sus labios gruesos se entreabrieron para dejar dibujada una perfecta O.
El sujeto que estaba enfrente de ella se acercó más para sacar detrás de su espalda el ramo de flores y noté como la distancia entre los dos incomodaba a la mujer de manera bochornosa. Decidido por el atrevimiento camine en su dirección para confrontarlo.
¿Quién era el hijo de puta?
Y entonces mi mundo se destruyó por completo. Se fue a la mierda mi postura y el poco autocontrol de mi cuerpo y mi memoria rebobino a momentos de infernal furia.
"Solo es un amigo Edward ¿qué mierda te pasa con esos celos enfermizos?"
El cuerpo me vibro y en las palmas de mis manos comenzaron a formarse los gruesos puños. Ese nombre, ese infernal nombre volvía a mi presente y se acercaba a la mujer que quería como premio y su estúpido atrevimiento ¿qué pretendía con esas flores? ¿De dónde lo conocía? Quería asesinarlo por lo solos centímetros que los separaban el uno del otro.
-Jacob Black… ¿Qué haces aquí?- preguntó asustada mientras el sujeto sonreía.
-Te dije que vendría por ti mi amor- contestó mientras le ofrecía las flores.
Me acerqué de una vez por todas y lo voltee violentamente de la camisa para poder verlo a la cara y comprobar que era la misma persona en la que estaba pensando y el demonio que poseía mi cuerpo me sobrepaso.
Con los ojos al completo abiertos lo miré de frente y recordé sus facciones al encontrarlo con Tanya desnudo. Ahí estaba el mismo pero mayor mirándome asustado por la sorpresa, el desgraciado que había destruido mis ilusiones y me había robado a la mujer que quería y sin dudarlos lo apreté contra la pared con violencia y le grité sin dudarlo.
-¡ERES TÚ DESGRACIADO HIJO DE PUTA!-.
Y mi instinto homicida se me salió del cuerpo con la vida de Jacob Black en mis manos a punto de terminar con ella enfrente de Isabella Swan.
Hola a todos y a todas, gracias de verdad por la paciencia pero es que he entrado ya a la universidad y me he mantenido ocupada con la carrera.
Bueno, espero les haya gustado y disfrutado este capítulo :)
PD: Gracias a todos los reviews, seguidores y lectores fantasmas: ustedes me ayudana aseguir adelante en todo esto: GRACIAS.
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