"Todos buscamos a alguien cuyos demonios se entiendan con los nuestros"
Gabriel G. M.
Ángel demonio
POV Bella
-¿Qué rayos usaré ahora?- me pregunté mientras ponía mi índice derecho en mi barbilla y fruncía el ceño mirando la ropa tirada sobre la cama.
Uno de color carmín, otro azul y otro más de color rojo bastante elegante. Me puse los vestidos sobre el cuerpo frente a un espejo enorme que estaba colocado en la habitación y que Rose me había regalado y puse en práctica las pequeñas clases de moda que mi amiga me había dado en la adolescencia en sus múltiples intentos por aceptar citas.
"Cuida perfectamente el corte de la falda y opta porque tus caderas no se vean anchas y el escote tiene que ser un poco pronunciado ¡muestra las bubis nena! ¡La naturaleza te ha dotado generosamente!"
Enarqué los ojos el solo pensar en las "finas" palabras de Rosalie y decidí enfocarme mejor en lo que usaría. Me decidí por el de color rojo y unos zapatos altos de color negro. Me alise el cabello para recogerlo a medias y maquillarme naturalmente pero tratando de ocultar el golpe del rostro. Coloque un poco de perfume sobre las muñecas de mis manos y me dispuse a verificar la hora del reloj para ver si me encontraba a tiempo y eran apenas las 7:30 pm.
El timbre comenzó a sonar y pude intuir que era Edward el que llamaba anunciando su llegada sintiéndome nerviosa. La extraña e inusual forma de ser invitada por sus padres me hizo sentir incómoda ¿Para qué quería Esme Cullen conocerme? Solo nos habíamos encontrado una vez y por causas amargas del destino aquella noche en la fiesta y en la oficina pero fuera de eso no teníamos nada.
Su curiosidad me inquieto a tal grado de dudar qué hacer en su presencia y sobre todo el motivo del por cual me buscaban en realidad.
Baje las escaleras de manera lenta evitando enredar mis piernas con el vestido y caer por el suelo. Tome la parte larga de la falda para cerciorarme de mi camino conforme mi avance y acomode algunos mechones con la mano libre. Agradecida estaba de que mi mejor amiga no se encontraba ya que sabía que iba a ser demasiado escandaloso para ella verme de tal forma: muy apegado a sus gustos y en compañía de Edward.
Acorté los pasos que me separaban de la puerta y suspiré audible frente a ella mientras los insistentes golpes de la puerta seguían sonando. Cerré los ojos lentamente y dejé salir el aire para poder abrirle.
Sentí como una fuerza extraña me jalaba desde los pies hasta el mismo centro del universo. Su sonrisa chispeante se abrió de par en par mientras sus ojos me estudiaban cuidadosamente. La piel de la espalda se me erizo demasiado, quise tocarlo para verificar si era cierto lo que veía pero mis extremidades se congelaron.
Sentí la necesidad de recargarme levemente en la entrada de mi puerta para evitar desfallecerme por la impresión ¿cómo es qué me había encontrado? ¿Es que acaso ni en el fin del mundo me dejaría en paz?
-Jacob Black… ¿Qué haces aquí?- pregunté asustada mientras él me sonreía.
-Te dije que vendría por ti mi amor- contestó mientras me ofrecía un enorme ramo de flores que hizo que me pusiera aún más nerviosa.
Comenzó a acercarse peligrosamente a mi cuerpo tratando de acortar la distancia entre los dos. Sabía de por medio sus intenciones y que él pensaría que un beso nos iba a unir por completo. Me sonrió triunfalmente pero aquel destello de felicidad desapareció fugazmente con unas enormes manos. La espalda de su camisa fue halada violentamente hacía atrás lo que provocó que perdiera el equilibrio de inmediato pero sin caer. Su cara inundada de sorpresa junto con la mía hizo que el cuadro silencioso de la casa se destruyera.
Los ojos de Edward se mostraban feroces, lo que ocasiono que la bestia que dormitaba en su interior apareciera repentinamente. En una fracción de minuto lo estudió de arriba abajo sin consideración y algo concebido en su mente destruyó la fachada perfecta de ángel de aquel rostro.
-¡ERES TÚ DESGRACIADO HIJO DE PUTA!- grito poniéndolo sobre la pared escupiendo con rabia las palabras.
Sentí palidecer por aquella repentina reacción e instintivamente di un paso hacia atrás mientras colocaba mis manos sobre mi boca. Jacob por su parte soltó el ramo de flores mientras el susto no cedía de su cuerpo y el agresor rugía furioso lo que enseguida provocó que los actos reflectados por aquel cuadro hicieran que el agredido subiera las manos para lograr salir de las garras del león.
-¿¡QUÉ TE PASA IMBÉCIL?!- rugió Jake acomodándose la camisa violentamente sin mirarlo a los ojos.
Cullen se sonrió con cinismo y pude notar como su cuerpo vibraba de odio a lo que el agredido no se percató hasta que se miraron a los ojos hipnotizados.
-Tanto tiempo sin vernos- espetó Edward sonriendo malicioso.
Black no contestó y su cuerpo se quedó estático en el suelo. Los miré desde mi lugar aun sin poder cómo es que se conocían y qué mierda pasaba para que hubiese pasado esa escena tan violenta.
-Tú…-.
-Así es ¿te acuerdas de mí, cierto?-.
Y en el filo de su dibujada sonrisa se abalanzo sobre Jacob para tirarlo en el suelo y comenzar a golpearlo con saña y extrema violencia.
-¡Detente, basta Edward!- grité desesperada.
Ni siquiera me miró y aceleró la fuerza de sus golpes mientras mi hermano daba pelea en el piso. Camine hacia ellos decidida pensando en separarlos pero en el fondo sabía que ese era solo una estúpida idea que haría que terminara herida con ellos.
-¡Te voy a matar hijo de perra!-.
-¿Todavía estás resentido?- pregunto Jacob irónicamente con el labio partido.
Edward abrió los ojos de golpe mientras bajo sus puños los pedazos de tela de la camisa eran prácticamente arrancados pero antes de hacerlo lo soltó. Los dos se quedaron parados frente afrente mientras Jake iba en camino a propinarle un fiero golpe cuando corrí para interponerme.
-¡BASTA YA!- grité poniendo mis manos en los pechos de cada uno- ¿qué carajo está pasando?-.
Edward Cullen me miró como si mi voz lo trajera de nuevo a la realidad y lo mismo ocurrió con Jacob. Ambos me miraron desconcertados ya que en mi acto de repentina furia había quedado sin zapatos y la mi pierna se asomaba por la abertura de mi vestido color rojo.
Mi respiración bufaba violentamente, quería respuestas, palabras que me dijeran que rayos pasaba a mí alrededor y de dónde rayos se conocían. Lo quería todo.
-Bella, no te metas- espetó Jacob.
-A mí no me digas que hacer Jacob Black, yo aquí quiero una maldita respuesta y ahora- dije sin controlar mi tono de voz.
Cullen por su parte se notaba divertido por mis facciones, algo ante mis gestos le parecía entretenido pero ante mis impulsos homicidas ni siquiera podía sonreír.
-¡No te metas Isabella Swan!- bufó Jacob apartándome con furia del lado del aludido y por su fuerza mis piernas se movieron con mucha torpeza.
-¡No te atrevas a tocarla!- gritó Edward halándome del brazo para protegerme con su pecho colocándome a espaldas suyas.
Me sentía un títere y más que eso, me sentí humillada ¿cómo era posible que ni siquiera mi presencia pudiese tener validez? Los brazos fuertes de Edward me envolvieron y se agazapo a manera de defensa impidiendo el contacto con el exterior. Me aferre a su brazo izquierdo e inconscientemente tome su mano provocando que girara levemente la cabeza en dirección a nuestro agarre.
Me miró con los ojos al completo descubiertos y en su descuido Jacob golpeo fieramente su estómago provocando que se soltara y cayera de rodillas.
-¡EDWARD!- grité asustada poniendo mis manos sobre su espalda.
Tosió fieramente por el aire que le faltaba pero no me permitió acercármele demasiado.
-Aléjate… No quiero que te pase… Nada…- dijo entre jadeos.
El adversario sonreía sínicamente con los brazos cruzados viendo la figura del caído. Mis puños se cerraron violentamente y sin ningún aviso camine rápidamente hacia en dirección de él para golpearlo en el pecho sin contemplaciones.
-¡Eres un maldito! ¡Eres lo peor!- decía furiosa con las manos cerradas.
-¡Cálmate Bella!- contestaba tomando de las manos para suavizar mis golpes.
-¡No te quiero cerca de mí! ¡No quiero, no quiero!-.
Y sin dudarlo me tomó entre sus brazos muy cerca de su pecho. Con fuerza agarro una de mis manos atrás de mi espalda y la libre la utilice para tratar de liberarme pero era inútil.
-No me digas eso Bella, yo te amo. Te he buscado por todas partes, me haces falta preciosa. No me desprecies-.
Acercó su boca a la mía para intentar besarme a la fuerza pero no se lo permití pues con mi otra mano le di una bofetada en la cara que lo dejo jadeante de rabia. Sus ojos mostraron ira aprisionada y me besó con fiereza apretándome con los dos brazos obligándome a abrir la boca para poder jadear aire, su lengua era brusca, sus labios eran calientes pero muy odiosos al contacto de mi boca… No deseaba su boca en lo absoluto, sus caricias me aturdían porque no siquiera me tentaron a continuar con el beso. Ya no era como la primera vez, aquellos besos que me dio en la habitación de nuestro hogar no se comparaban en lo absoluto con estos que me daba.
Y ahí decidí quedarme estática, la violencia de sus actos me lastimaban porque ya ni siquiera estaba dispuesta a luchar contra aquella mole enorme que me mantenía presa de sus bajos deseos y decidí concentrar mis pensamientos en otra cosa que no fuese el momento porque el que estaba pasando.
-¡Mamí, mamí!- decía llorando corriendo hacia los brazos de aquella hermosa mujer.
-¡Bella! ¿Qué tienes mi niña?- preguntó preocupada caminando apresuradamente hacia mí.
En cuanto la distancia se acortó entre las dos me abalance sobre ella para poder llorar desesperadamente en sus brazos y como era de esperarse me consoló en su regazo mientras acariciaba mi cabeza.
-¡Me caí mamita!-.
La mujer de cabellos castaños me sonrió con delicadeza mientras me daba la mano para sentarme en una silla de la sala y mis mejillas eran bañadas por saladas lágrimas que no lograba contener. Camino hacia el tocador en donde sacó una cajita de primeros auxilios y comenzó a curar mis heridas.
-Awww me duele-.
-Solo te dolerá un poquito mi amor ¿de acuerdo?-.
Asentí solamente, creyendo ciegamente en las dulces palabras que me daba y tal como lo había prometido, no me había dolido en lo absoluto.
Abrí los ojos para verla sonreír y me dio un pequeño beso en la frente para que me tranquilizara.
-¿Cumplo lo que prometo mi amor?-.
-Sí mami-.
-Así debe de ser siempre mi hermosa flor, cuando cumples algo debes cumplirlo ¿no habíamos quedado que nada de trepar árboles?-.
Baje las vista culpable y moví los piecitos de manera inocente.
-Es que…-.
-¿Sí?-.
-Es que no tengo con quien jugar mami-.
Se sonrió delicadamente y me cargó en su regazó para poder tomar mi barbilla y poder suavizar mi aspecto culpable. Mi padre nos interrumpió tocando ligeramente la puerta y sonriendo mientras las dos nos tomábamos de las manos.
-Hola ¿interrumpo?-.
-Pasa- contestó mi madre- ¿qué ocurre?-.
-No nada, solo llegaron nuevos vecinos ¿te pasa algo princesa?- preguntó arrodillándose frente a mí mientras yo bajaba la mirada.
-Es que se siente sola y quiere amiguitos para jugar-.
-¿Eso es cierto princesa?-.
-Sí- contesté sin mirarlo.
Se paró para colocarse al lado de mi madre y tomarla de la mano mientras le daba un beso en la mejilla y sin querer sonreí. Ellos eran perfectos, el uno para el otro sin lugar a dudas ¿cuántas veces soñé con encontrar mi príncipe azul tal como mi padre lo era con mamá?
-Tenemos una linda noticia para la pequeña Bella-.
-¿Sí?-.
-Sí, hay nuevo vecinos y creo que tienen un pequeño que es apenas unos años más chico que tú pero podría ser un buen amigo para jugar-.
-¿De verdad papi?-.
-De verdad preciosa ¿quieres conocerlos?-.
Me tomó de la mano y caminamos juntos hacia la entrada de la puerta en donde en la casa de al lado un camión de mudanza bajaba varias cajas de cartón selladas. Una pareja sonriente salió de un auto color rojo. La mujer era muy bonita y el hombre se veía bastante amable. Con la punta de mis pequeños pies me alcé para poder distinguir como eran y mi padre al ver mi preocupación me alzó en sus hombros para que mirara a través de la cerca que nos separaba. Ellos parecían lindas personas y sobre todo muy amables pero lo que más me había llamado la atención era la otra personita que los acompañaba con gesto malhumorado.
Un niño apenas más pequeño que yo caminaba con los brazos cruzados y el labio inferior saliente. Vestía una camisa a cuadros con una bermuda de color café y unos tenis deslavados. Su cabello era completamente oscuro y un poco despeinado, algo en él me había llamado la atención.
-¿Quiénes son ellos papi?-.
-No lo sé mi amor-.
-Parecen muy amables- dijo mi madre.
-Habría que conocerlos ¿eso quieres Bella?-.
-¡Sí!-.
Caminamos los tres de la mano. Yo boicoteaba en medio de los dos sin soltarlos y de vez en cuando balanceándome en el aire. Papá y mamá sonreían por verme feliz con la idea de tener amigos.
-Hola buen día-.
Los nuevos vecinos se giraron para encararnos y se acercaron a nosotros sin pensarlo.
-Hola buen día, yo soy Charlie Black y ella es mi esposa Renee- contestó el hombre tendiendo la mano.
-Mucho gusto, yo soy Axl Swan, ella es mi esposa Marie y ella es mi hija Bella- comentó mi padre mientras saludaba fuertemente de la mano al hombre de bigote amplio.
Me escondí detrás de las piernas de mi madre, no me sentía con la suficiente confianza como para saludarlos y ni siquiera sonreía.
-Hola Bella- comentó la mujer- ¿cómo estás?-.
La miré detenidamente, nada a su alrededor indicaba que podría correr peligro o que pudiera dañarme. Miré a mi mamá sonriéndome y me tomó mi mano para darme confianza y salir de aquella cortina de timidez.
-Estoy muy bien, gracias ¿y usted?-.
La mujer me miró anonadada, quizás al darse cuenta de que siendo tan pequeña hablaba con tanta corrección y amabilidad.
-También Bella, gracias pero dime ¿qué edad tienes?-.
-7 años-.
-¡Qué bien! ¿Sabes? Tengo un niño un par de años menor que tú, quizás podrían jugar de vez en cuando una vez que nos instalemos ¿te gustaría?-.
-Claro señora-.
-Es más te lo presentaré; ¿Jacob? ¿Puedes venir?-.
Nos quedamos en silencio esperando a que el niño respondiera pero no lo hizo.
-¿Jacob?-.
-¡No quiero mamá!- respondió al fin.
La madre caminó detrás del auto y casi a rastras sacó al pequeño para que se presentara. Sus manitas se colocaban en su pecho de manera graciosa lo que ocasiono que me riera muy bajito. El niño ni siquiera me miraba, se limitaba ver a sus pies y dejar sobresalir el labio.
-Él es Jacob-.
-Hola Jacob- dijeron en unísono mis padres mientras yo lo observaba detenidamente.
El chico no respondió y sus mejillas se tornaran rojizas por el enojo, definitivamente todo era divertido en él.
-Responde Jacob- ordenó la mujer impaciente- discúlpenlo, está molesto porque no deseaba mudarse-.
-No se preocupe señora- contestó mi madre.
-Llámame Renee por favor- espetó sonriente.
-Bueno Renee ¿les gustaría tomar una taza de café en nuestra casa?- preguntó mi padre.
-No queremos incomodarlos en lo absoluto- respondió el hombre de bigote amplio- no queremos ser molestia-.
-¡Para nada! Pasen por favor-.
Los nuevos vecinos sonrieron y caminaron a la entrada de mi casa para conversar con mis padres y yo me quedé sola con el niño gracioso.
-Bella, mi amor, recuerda no jugar en la calle. Invita a Jacob, hacer amigos nuevos le caerá muy bien-.
-OK mami-.
Me quedé quieta observándolo como no cambiaba de posición. Notaba que de vez en cuando miraba a los costados para cerciorarse de que ocurría a su alrededor pero nunca hacia enfrente. Tenía miedo de hablarle y que me ignorara, con lo sentimental que era sabía que iba a llorar si eso ocurría pero valiente me atreví.
-Hola-.
Poco a poco alzó levemente la mirada y traté de verme lo más amable posible. Sus largas pestañas se movieron rápidamente en cuanto se encontraron con mis ojos y le sonreí.
-Hola- respondió sin pensarlo.
-¿Cómo te llamas?-.
-Mi nombre es Jacob-.
-Yo soy Bella-.
-Qué bonito nombre pero ¿por qué te llamas así?-.
-Es que no me gusta el de verdad-.
-No entiendo-.
-Me llamo Isabella pero prefiero Bella-.
-A mí tampoco me gusta mi nombre ¿puedes ponerme uno nuevo?-.
Moví los labios de izquierda a derecha tratando de deducir un buen nombre de su agrado y coloqué mi índice derecho en mi barbilla.
-Ya sé, te diré Jake-.
-¿Jake?- preguntó sonriente- suena genial-.
-Sí, me ha gustado-.
-¿Yo te gusto?- preguntó sonriente.
-No- dije riendo- el nombre de Jake me gusta-.
Su sonrisa se apagó en cuanto termine la frase y me sentí incómoda en cuanto vi su semblante triste.
-Quizás cuando sea grande me gustes Jake-.
-¿En serio?- preguntó ilusionado con sus enormes pestañas batiéndose en el aire.
-Sí y seremos novios. Pero ahora no, seamos amigos-.
-¿Amigos?-.
-Sí, para jugar-.
-¡Está bien Bella! Pero cuando seas grande serás mi novia ¿lo prometes?-.
-Lo prometo-.
Su lengua se removió aún más dentro de mi cavidad y su respiración caliente me quemaba fuertemente. Quise separarlo pero su fuerza me sobrepasaba. Nunca cerré los ojos ni disfruté en lo más mínimo sus caricias. Jacob Black no me atraía. Reuní las suficientes fuerzas como para empujarlo y dada su concentración lo empuje con fuerza para salir de su agarre. Me fui a tientas hacia atrás y decidí venía a tomarme de nuevo pero otras manos me sostuvieron en la oscuridad.
-¡Te dije que no la tocaras!- bufó homicida Edward Cullen con los ojos inyectados en ira.
-¿Tú quién te crees? Isabella Swan será mi mujer te gusto o no. Supera tu maldito pasado de mierda y acepta la miseria que eres hijo de perra-.
Edward caminó decidido a matarlo a golpes pero de nuevo me interpuse entre los dos.
-¡Basta ya! Los dos son unos idiotas pero tú más Jacob ¿Con qué derecho vienes a reclamarme como tuya cuando no somos nada, aléjate de mí por favor-.
-No lo haré- respondió- tú serás mía.
-Te lo advierto, estoy a punto de llamar a la policía-.
-Haz lo que quieras- me retó.
-Entonces si no te vas tú, me voy yo. Vámonos Edward- pedí tomando del brazo al hombre que hervía en silencio.
Trate de halarlo con mi débil fuerza pero al igual que con todo, eso era imposible. Todo en sí me sobrepasaba. Era una débil mujer tratando de tranquilizar a una fiera y solo me quedaba una solución: mis palabras.
-Edward vámonos por favor-.
Pero no me respondió. Había algo en su mirada que no comprendía, una mezcla de odio destructivo que me atemorizaba demasiado pero que más sin embargo seguí en mi camino. Lo tomé de la mano nuevamente y sin pensarlo me siguió.
-Bella, no te atrevas a irte- amenazó Jacob pero no lo miré.
Tomé mis zapatos que estaban cerca de la entrada y tuve miedo de que me acorralara de nuevo pero no lo hizo. Camine en dirección a Edward quien no perdía de vista ningún movimiento de mi parte y lo seguí de la mano hasta que abrió la puerta del auto para dejarme entrar y segundos después ocupó su lugar en el piloto.
Por su parte Jake tomó el ramo de flores del piso y se quedó con ellas cerca de su pecho para después correr a la ventana del auto en donde estaba a punto de partir.
-Bella no te vayas- dijo a través del vidrio enfrente de nosotros.
Sentí un gran remordimiento pero después de su imbécil comportamiento no estaba dispuesta a perdonarlo de la nada.
-Adiós-.
-Quítate del camino idiota- amenazó con las palmas aferradas al volante con la necesidad de que el imbécil de enfrente lo retara.
-Escúchame Bella, tú sabes que te amo, que quiero estar contigo ¡mierda! ¡Quiéreme!-.
No tuve ni la menor compasión de mirarlo por lo que baje la mirada ahogando el maldito remordimiento que sabía en perfección que me trataría de hacer pasar.
-Es tarde, vámonos- dije secamente a lo que Edward asintió y partimos en el auto con rumbo a la carretera.
El momento era incómodo, me limite a mirar a través de los cristales del auto lujoso y una pequeña lágrima recorrió mi mejilla. Sentí como su mirada se clavaba en mi rostro pero por primera vez no me importó. Noté también como la velocidad disminuía considerablemente y a un costado de la carretera nos estacionábamos.
-¿Qué haces?-.
No me contestó y siguió verificando la forma en que se acomodaba en el lugar. Al terminar suspiro ruidosamente y se aflojo la camisa de algunos botones en signo de desesperación. Sabía claramente lo que pensaba: tenía ganas de un trago.
Me mordí los labios de manera singular esperando a que me respondiera pero no lo hizo, si el asunto seguía así de incómodo optaría por caminar y llegar a mi casa sola aunque el imbécil de Jacob estuviera ahí.
-¿Qué pasa?-.
-¿De qué?- pregunto como si no fuera obvia la situación.
Enarqué las cejas exasperada, claro que sabía a lo que me refería. Necesitaba respuestas o me volvería loca sin dudarlo.
-Sabes a qué me refiero. ¿Qué pasa entre tú y Black?-.
Sus manos se aferraron al volante de manera que pensé que lo arrancaría de un momento a otro por la brutalidad de su fuerza.
-No me preguntes por favor- comentó con los ojos cerrados.
Me quedé muy pegada a la puerta del auto y trate de acercarme pero no me lo permitía por lo que decidí quedarme en mi lugar sin decir nada. Su mirada divagaba de un lado a otro pero sin mirarme lo que me irritaba a tal grado de querer golpearlo para que reaccionara de una vez por todas. 79 respiraciones después alzó la vista con el ceño preocupado mientras trate de sonreírle para aminorar su angustia.
-¿Nos quedaremos por siempre en el auto? Vamos media hora tarde- comenté.
-¿De verdad quieres ir?-.
-¿Acaso dejarías plantada a tu madre? Y no le veo el caso quedarnos aquí si ni siquiera respondes mis preguntas-.
-Es complicado, mejor vámonos-.
-Espera- dije tomando su mano para evitar que encendiera el auto y mi toque hizo que reaccionara asustado.
La cercanía era un tema bastante incómodo para los dos. Él era un hombre frío y sin contacto humano y yo solo una chica tímida que de alguna forma trataba de hacer humano a una máquina déspota de hierro. Pase mi dedo índice izquierdo por encima de su aterciopelada piel lo que provoco un escalofrió me recorriera los brazos y la espalda. Edward cerró los ojos en ese minúsculo segundo y la chispa electrizante de nuestro roce provocó que el calor dentro de auto se intensificara.
-No… Enciendas… El… Auto-.
-¿por qué?-.
Alejé mis extremidades de las suyas y coloqué mis palmas muy cerca de mi vientre para poder mirarlas. Sentía su extraña mirada encima de mí al igual que mi pulso cardiaco acelerado por aquella provocadora situación.
-Vamos no seas cobarde, tienes que preguntarle- pensé para mí misma.
-Estoy esperando a qué me preguntes Bella-.
-Está bien, solo… ¿Qué paso con Jacob Back?-.
-Te dije que no quería hablar de eso-.
-Pues necesito saberlo-.
-No tengo porque darte explicación de esos temas, es mi asunto nada más- contestó enojado.
-¿Ah sí? Ya veo entonces yo me largo de aquí y no me vuelvas a buscar en tu vida Edward Cullen-.
Tomé la manija de la puerta y alcance a abrirla cuando Edward la jaló de nuevo y me encerró poniéndole seguro. Trate de jalarla y abrirla pero mis intentos eran inútiles mientras que Edward encendía el auto y daba marcha por el camino.
-Ábreme la maldita puerta imbécil- contesté intentado de mil maneras poder salir del auto en movimiento.
Cullen me miró de vez en vez para cerciorarse de lo que pasaba al lado suyo sin desconcentrarse del todo. Golpee la puerta tan fuerte como mis puños me lo permitían pero todo era en vano
-¡Ábreme te digo!- insistí.
-Estás loca si crees que te dejaré salir de un auto en movimiento-.
-¡¿Loca?! Loca estoy por haberme subido al auto contigo, debí quedarme con Jacob-.
El auto se detuvo en seco para hacer que mi cuerpo se abalanzara violentamente hacia enfrente y los dedos de Edward eran marcados bruscamente en el material del volante. Golpeo un sinfín de veces la caja de la muestra de velocidades hasta que los nudillos se tornaron rojizos a punto de sangrarle hasta que volvió arrancar el auto a una velocidad que me erizo los bellos de la nuca y opte por aferrarme con mi vida del asiento del copiloto.
-Te odio, te odio, te odio- decía muy bajito pero si lograba escucharlo.
-Edward…-.
-Debí matarlo cuando tuve la oportunidad-.
-¡Edward…!-.
-Desgraciado mal nacido hijo de puta…-.
La curvatura del camino hizo que el auto se moviera violentamente por dentro y los claxon de los demás vehículos sonaban de manera escandalosa. Mi compañero no disminuyo la velocidad en lo más mínimo por lo que solté un grito de miedo al sentir que las ruedas del auto se elevaron en una parte baja de la carretera. Sus manos seguían en la misma posición, los diente blancos estaban abruptamente cerrados mostrándose filosos y sus ojos verdes inyectados en rabia ni siquiera notaban mi presencia, o al menos eso deduje.
Un auto frente a nosotros comenzó a sonar para indicarnos que debíamos pasar al otro carril pero en lugar de esquivarlo; él aceleró de manera mortal el motor para intentar encontrarse de frente con el vehículo que se avecinaba.
Lo único que opte por hacer fue aferrarme con mi vida del cuerpo de Edward. Mantuve mis manos y brazos a la altura de su cintura y espalda mientras mi cara se posicionaba en su cuello para evitar ver la desgracia que se nos aproximaba. Su perfume me embriago a tal punto que; al cerrar mis ojos pensé solamente en la habitación frente a la torre en donde habíamos compartido tantas noches durmiendo juntos. El movimiento de los brazos me indico que el volante había cambiado de dirección y que si no me equivocaba, habíamos evitado el fiero golpe contra el otro vehículo.
Llegamos a un parque nocturno casi a fueras de la ciudad en donde la velocidad iba disminuyendo conforme más nos acercábamos. No había movido ningún musculo, me encontraba en shock porque el maldito hombre a quien abrazaba con mi vida casi nos había matado a ambos.
Se quedó estático mientras su grueso pecho subía y bajaba con velocidad anormal. Me percaté de que habíamos parado e instintivamente comencé a llorar. Edward se tensó por mi repentino llanto y casi de manera inesperada comenzó a abrazarme suavemente sobre su pecho.
-Estás bien Bella, nada te va a pasar-.
Escuche claramente sus palabras y el grado de concentración en el que se encontraba por lo que decidí que era hora de darme fuga de ese hombre hermoso y perturbador. Golpee sutilmente el botón del seguro de las puertas y aprovechando las ventajas de mi delgada figura; me escurrí entre sus brazos para abrirla de un solo movimiento.
La cerré de un golpe y me di en la fuga hacia mi libertad lejos de todo ese perturbador mundo. Escuche como el volante era golpeado y la puerta del piloto se abría. Camine al principio de manera rápida para llegar a trotar y después a correr. Cullen me buscaba con la mirada y para mi mala suerte mi vestido rojo era visible en aquella noche y al encontrarme comenzó a correr en mi dirección.
-¡Bella!-.
Jadee por el cansancio y tomé la parte larga de la falda para acelerar mis pasos y esconderme en algún lugar entre los árboles. Me recargué en uno tratando de controlar mi respiración mientras pasaba mi mano por mi cabello.
Los pasos de alguien se comenzaban a escuchar mientras trataba de controlar mis respiraciones y mi pulso.
-Tengo que largarme de aquí-.
Me mordí la boca para idear el más inteligente de los planes: correr como loca hasta encontrar a alguien que pudiese darme ayuda. Encuclille ligeramente las piernas para segundos después salir corriendo de mi escondite tras el árbol. Aceleré el paso tanto como mis piernas me lo permitían, teniendo la necesidad de rasgar más mi vestido.
Estaba un tanto enojada con la naturaleza ya qué; no era una atleta nata y mis zapatos altos no me ayudaron demasiado al momento de comenzar mi partida.
-¡Bella!- volvió a gritar a lo lejos mientras sus pasos me seguían a una temerosa proximidad.
Las piernas me empezaron a doler demasiado lo que provocó que los músculos se tornaran flácidos para caer de rodillas en el pasto de aquel parque.
-Esto no es un maldito parque, es un jodido bosque- dije con las palmas en el suelo.
Traté de pararme pero las extremidades no me respondían. Sentí miedo al escuchar unos pasos y resignada me esperé a que mi captor llegara. Me senté en el suelo con las rodillas, palmas y piernas lastimadas. Traté de moverme pero las heridas me ardían haciendo que un gesto de dolor se formará en mi cara.
Coloqué mi cara cerca de mis piernas abrazándolas casi en posición fetal y me puse a llorar recordando a mi madre cuando me consolaba en mi niñez.
-¿Quién es ese que te buscaba?-.
-Jake, es mi amigo de clases-.
El pequeño niño movió sus pies con la punta dando vueltas en el suelo y las manos en la espalda, ciertamente era enternecedor verlo así.
-¿Te gusta?-.
-Tienes 7 y yo 9 años ¿No crees que exageras con el tema?-.
-¡No!- contestó llorando con rabia.
-No te pongas así, es solo que me parece un poco raro que tengas esa costumbre de comportare raro-.
-Es porque te cuido y no quiere que te pase nada-.
-Yo lo sé pero está mal que te portes así-.
-Pero…-.
-¿No somos amigos?-.
-Sí pero tampoco me agrada del todo que los demás te busquen solo porque eres linda-.
Jacob era en cierta parte un chico problema. Había golpeado a varios niños de mi edad solo porque se acercaban a charlar conmigo. Su profesora había mandado a llamar a sus padres en más de una ocasión y no sabían que hacer respecto a su extraño comportamiento.
Cuando se le preguntaban la causa, él siempre respondía que lo hacía solo porque sí. No había motivos aparentes e inclusive si indagó entre los afectados para encontrar la posible reacción de su violencia pero afirmaban que el pequeño solo los atacaba de la nada y que jamás con anterioridad se habían acercado a él para molestarlo.
Pero yo sabía en perfecto la razón. Al salir al recreo, me seguía a cualquier lado; aunque no me molestaba en lo más mínimo a veces era un poco desconcertante su obsesión por saber en dónde estaba y con quien. Tanto tiempo creí que me protegía porque me consideraba su hermanita y que por ende sus palabras eran reales al decirme que no quería que me ocurriera nada en lo absoluto.
-Tienes que portarte mejor-.
-Es que…-.
-¿Qué?-.
-Lo haría si no pasaran cosas…-.
-¿Cómo cuáles?-.
-Cosas que hicieran que no fueras solo para mí-.
Mi respiración cada vez era más tranquila. Mi mano se posaba sobre mi pecho mientras cerraba los ojos tratando de despejar mis pensamientos. De alguna manera me sentía agobiada por dos temerosos mundos: el de Edward y Jacob.
Trate de reanimar mis piernas pero no me respondían. Me apoye en la corteza del árbol para parame y lo logré a duras penas.
-Debería comenzar a ejercitarme- comenté para mí misma.
Camine unos cuantos pasos a lenta velocidad ahora que no escuchaba nada más que mis respiraciones. Me quité los zapatos y mis pies comenzaron a lastimarse pero no me importó. De vez en vez me paraba para descansar y recobrar el aliento pero sabía que no llevaba ningún rumbo. Un enorme sendero se cruzó por mi camino y a falta de poca luz caí estrepitosamente por él lastimándome aún más las extremidades.
-¡Mierda!-.
Traté de levantarme pero la desesperación me ganó y me puse a llorar sin consuelo.
Un ruido se escuchó proveniente de la penumbra y ocasionó que temblara de miedo quizás por la presencia de algún animal salvaje. Cerré los ojos rogándole a Dios que me protegiera y ahí tirada esperé a que todo terminara.
-¡Bella!-.
Dos gruesos brazos me cargaron en el aire y no me digne a mirar a mi salvador, me sentía cansada, dolorida y sin ánimo. Los pasos se aceleraron a tal punto de creer que quien fuese quien me había salvado, sabía en perfección el camino. Me acerqué más hacia el desconocido pecho y su olor me golpeo a tal grado que abrí los ojos asustada.
Edward caminaba con el ceño fruncido y los dedos casi clavándome en la piel y al darse cuenta de que lo veía, bajó instintivamente la mirada en son de reproche. Cuando la luz atravesó la espesura del bosque, noté como su respiración era marcada en el ambiente frío dejando salir de él un caliente humo.
Estaba más que enojado.
-Bájame-.
-No- contestó secamente.
Moví mi cara en dirección contaría a su cuerpo para que no pudiera siquiera verme, me sentía como niña pequeña en medio de una rabieta pero no iba a permitir caer ante sus ojos de nuevo. Me depositó en el suelo con un toque de fuerza y trastabille en el piso para no caerme.
Caminó de un lado a otro tratando de buscar una paz interna que no lograba conseguir mientras tocaba con desesperación su cabello rebelde. Me miró de vez en vez pensando sabrá Dios que cosas de mí.
-¿Qué carajo pensabas hacer?-.
Mi boca se entreabrió por la forma en qué me hablaba tanto que tuve la necesidad de recargarme en la corteza de un árbol viejo.
-Volver-.
-¿A dónde y cómo? No estás en Central Park para tomar un bus y que te lleve a casa ¡Estás en Francia!-.
-Llévame a casa- dije casi llorando.
-De ninguna manera-.
-¡Tú no eres nadie para decidir por mí!-.
Se giró levemente como tratando de seguir su camino hacia el automóvil vacilando con sus pasos para después caminar a una velocidad rápida hasta donde yo me encontraba. Sus brazos se posaron por encima de mis hombros y su pecho se me aprisiono en aquel lugar. La respiración de Edward me dejó sedienta, no de agua sino de besos. Cerró los ojos mientras abría ligeramente los labios y posaba su mejilla sobre la mía don sus largas pestañas tocaron mi piel.
-No… No soy nadie Bella… No soy nadie para ti. Tú no deberías ser nadie para mí pero aquí estoy; entrando a tu vida como si mi poder me lo permitiese. No sabes cuánto aborrezco lo que siento, no sabes cuánto deseo la muerte de ese malnacido, no por el ayer; si no por el ahora en donde tú estás presente-.
No abrí los ojos pero sentía su aliento dentro de mi boca sin tocarlo. Tampoco entendía de qué hablaba, sus ayeres estaban mezclados con Jacob y en el presente también pero ¿qué tenía que ver conmigo? ¿Por qué lo odiaba tanto si era por mi causa?
-No… No comprendo-.
-Shhh shhh- dijo posando su dedo sobre mis labios, rozándolos lentamente sin poder evitar humedecer levemente su piel- no quiero que entiendas- continuó diciendo ahora tomando mi cara entre sus manos- porque es confuso, porque ni para mí tiene sentido pero debo cuidarte-.
Abrí los ojos y me encontré con dos hermosas esmeraldas que se posaban fijamente en mí. Sus manos no quitaron su lugar por lo que tuve la necesidad de halarlo ligeramente del saco y cerrar los ojos nuevamente.
-¿Protegerme de quién?- pregunté relamiéndome la boca.
-Del mundo… De mí-.
Acarició con la parte trasera de la mano mi mejilla derecha y con la otra me sujeto con más fuerza la cintura. Jadee un poco de aire sobre su rostro y escuché claramente como respiraba mi aire de manera necesitada, como una droga.
-¿Eres peligroso?-.
-Como no lo imaginas-.
-Entonces… ¿Por qué me dejas estar contigo?-.
Se separó de mí obligándome a abrir los ojos de golpe. Su figura se alejó en la penumbra dejándome con frío, un frío que me quemaba sin su calor.
-No… Lo sé-.
Me mordí la boca y en acto de reflejo las piernas se me doblaron por el cansancio. Edward llegó justo antes de estamparme contra el suelo y me tomó entre sus brazos para de nuevo recargarme en el árbol.
-Mira lo que te he causado, estás así por mi culpa- dijo en reproche.
-La culpa es mía soy una idiota-.
-No digas eso, hasta cierto punto entiendo lo que hiciste-.
Enarqué una ceja desconcertada por sus palabras y me pegué a su pecho en busca de calor. Me abrazó fuertemente primero y después me soltó como dándose cuenta de que estaba mal lo que hacía; se quitó en saco y me lo ofreció para cubrirme. No dude en tomarlo ni un segundo y me lo puse aspirando su olor.
-¿Por qué lo comprendes?-.
-Porque es normal… Todos me dejan-.
Sus palabras de tristeza me dejaron desarmada, quería abrazarlo y consolarlo, decirle que todo iba a estar bien y que nada de eso ocurría.
-No es eso ángel triste, yo no te dejaría jamás- pensé para mis adentros.
-¿Por qué dices eso?- pregunté tomándolo del rostro pero no se dejó, su cuerpo destilaba ira, tristeza y melancolía, me dolía verlo así.
-¡Porque mi vida ha sido siempre así! La gente me deja en cuanto consigue lo que quiere. ¿Entiendes que es vivir con eso? Soy mediocre porque los únicos que siguen conmigo son mis padres, fuera de eso no hay nada más-.
-No es así-.
-Entonces ¡Dime!-.
-Yo te querría si tuviera la seguridad de que no sería una más para ti-.
-Edward… No lo sé-.
Se separó de mí dándome la mano para apoyarme en él.
-Deberíamos irnos a casa-.
-¿Y tus padres?-.
-Los llamé cuando huiste, les dije que lo pospusieran y que te mejoraras-.
-¿Mejorarme?-.
-¿Querías que le dijera la verdad a mi madre?-.
Suspiré resignada, una falsa enfermedad era mejor que le verdadera historia.
-Ok, entonces vámonos ¿me ayudas?-.
Asintió solamente y me cargó entre sus brazos con facilidad. Abrí los ojos de golpe por la inesperada reacción mientras movía las piernas pataleando.
-¿Qué haces?-.
-Ayudándote-.
-Me estás cargando, solo quería que me ayudaras a caminar-.
-Esto es mejor-.
-¡Bájame!- inquirí.
-Sabes que no sucederá. Aprendí que debo llevarte la contraría en muchas cosas Bella y también aprendí que cuando lo hago, te ayudo-.
-Que estúpida deducción- comente con los brazos cruzados.
-Di lo que quieras, no te voy a bajar-.
Caminó en silencio en un largo trayecto, traté de ponerme lo más servicial posible pero me sentía humillada solo quería bajarme.
-Estoy esperando el día para irme de Francia y dejar toda esta porquería atrás- dije enojada.
Giró su cara hacía mi al tiempo en que detenía sus pasos y su rostro mostró tristeza por mis palabras.
"La gente me deja en cuanto consigue lo que quiere."
Me golpee mentalmente y me recriminé mientras volvía a caminar a un paso más apresurado sin mirarme siquiera.
-Lo siento yo…-.
-No importa-.
-Pero es que yo hablaba de…-.
-No importa te digo-.
-Pero…-.
-No soy nadie, no somos nada ¿entiendes?-.
Me depositó en el suelo sin signo de emoción para abrirme la puerta.
-Entra- ordenó secamente mientras yo lo miraba con temor.
Obedecí sin decir nada y cuando mis piernas se colocaron dentro del auto cerró la puerta de maneta violenta para después poder tomar su lugar. Los vidrios sudaban al par de las respiraciones, sabía que en otro contexto hubiese terminado como Rose y Jack en Titanic pero Edward era punto y aparte de todo ello.
El camino fue silencioso, se debatía entre hablar y no por lo que decidió en mirar a través de las ventanas y mirar el paisaje, aunque en si la noche no se lo permitía. Pasamos junto al río Sena quien nos saludaba hermosa con las brillantes luces de la torre Eiffel. Me sobresalté de mi asiento al poder notar tan conocido paisaje y miré de un lado a otro.
-¿Dónde estamos?-.
No me respondió.
Sabía que seguía enojado conmigo y que sus demonios no eran capaces de encontrar paz. El auto tomó un rumbo particular en aquella enorme calle y en un arranque desesperado de inconciencia me giré hacia Edward para exigir respuestas.
-Te hice una pregunta ¿dónde estamos?-.
-En mi casa-.
-¿Qué?-.
El auto se estacionó en tal conocida entrada. Sentí un escalofrió al notarla tan sola, fría y tenebrosa. Había algo definitivamente diferente en ella y no sabía que era en realidad pues tan solo en unos cuantos días de mi partida el entorno se había hecho sombrío y solo.
-Llévame a casa, de verdad quiero ir a mi casa-.
-No voy a volver esta noche ahí-.
-¿Por qué?- exigí saber.
Salió del auto para rodearlo y abrir la puerta del copiloto. Me tendió la mano al salir y me miró fijamente con el ceño fruncido.
-¿Te arriesgaras a que Black esté ahí?-.
Sus argumentos eran válidos aunque dude por unos segundos en aceptar o no darle la mano pero inclusive antes de que pudiera reaccionar, me había tomado para cargarme como recién casados en la entrada de su nuevo hogar.
-¡HEY!-.
-Me pediste ayuda, te estoy dando-.
Caminó hasta la entrada de la casa y de un movimiento me tomó con un solo brazo para abrir la puerta enorme. Como acto de reflejo envolví mis manos en su cuello para no caerme pero sus movimientos rápidos hizo que me sujetara las piernas. Nos miramos el uno al otro mientras nos adentrábamos en el lugar, se dirigió hacia el centro sin perder los ojos de los míos y cuando menos lo pensé habíamos llegado al balcón.
Me encontraba ahí, en los brazos del demonio ángel frente a la bella París. Sus ojos me besaron en cada movimiento y no pude ni me permití bajar la vista. Me aferré más a su cuerpo y una leve sonrisa se asomó de sus bellos labios tentadores.
-Puedo bajarme aquí- dije rompiendo el hilo de miradas profundas y tratando de bajar una pierna pero no me lo permitió.
Halé de nuevo moviéndome entre sus brazos y sin dejar de verme no me lo permitió de nuevo.
-Dije que ya puedes bajarme-.
Su cara seria se quedó concentrada en mi rostro.
-Edward, bájame- ordené.
Comenzó a caminar conmigo en brazos escaleras arriba en donde en ningún dejó de mirar mis ojos. Trate de removerme pero no me lo permitió de nuevo. Las largas escaleras me marearon ¿a dónde diablos iba conmigo en brazos?
El pasillo blanco y tétrico de la fortaleza del ángel me aturdió al grado de marearme por completo. Sabía hacia donde nos dirigíamos pero tuve la estúpida esperanza de equivocarme.
-¿A dónde vamos? Tengo miedo, no sé qué pasará. No, él no me haría daño, claro que no. Pero soy tan voluble a él que si me pidiera pasar la noche consigo estaría desquiciadamente cerca de aceptarlo-.
La puerta blanca trastabillo bajo el contacto de sus enormes manos mientras mi cuerpo comenzó a temblar por la imagen que tenía enfrente.
Su habitación.
La gigantesca cama con pavoroso dosel de seda se encontraba en el lugar intacto, las cosas seguían de tal modo que un escalofrió me recorrió la piel por aquellos recuerdos junto a él. No me baja aún de sus brazos y yo imploraba a que todo terminara de una vez y para todas. Se acercó a la cama y por primera vez en todo el trayecto dejo de verme para asegurarse de lo que hacía.
Me depositó suavemente en ella y asustada comencé a sudar y tragar saliva en seco.
¿Q-u—é hacemos aquí?-.
De manera casi felina se desabrocho la camisa de los puños y las arremangó de manera informal. Los botones de su cuello comenzaron a ser desabotonados lentamente sin abrir la camisa por completo. Me fui de espalda sin doblar mis brazos cerrando las piernas instintivamente haciendo mi cuerpo hacia el centro de la cama y la enorme rasgadura del vestido hizo que una de mis piernas quedará al descubierto. Mi cabello a medio peinar me cayó sobre los hombros desnudos y las siluetas de los ondulados hacia que me viera sensible ante tal figura.
Edward me miró atento ante aquella imagen que le regalaba y cerró suavemente los ojos. Suspiró ruidosamente casi imaginando algo y al abrirlos, a pesar de la poca luz de la luna eran mucho más obscuros.
-Con-n-tés-tame-.
Se acercó lentamente a mí sin tocarme y una voraz sonrisa se dibujó en su rostro. Caminó de un lado a otro como león acechando a la presa y temblé. Al león le gustó. Hice un movimiento rápido haciendo mi cuerpo hacía atrás alejándome del predador hermoso que tenía enfrente. Me arrodille un poco para después sentarme sobre una pierna y después sentarme, dejando al descubierto mis muslos.
Se adentró dentro del lecho casi con la intención de colocar su cuerpo al mío poniendo mi cara enfrente de la suya. Su respiración me mareo al grado de cerrar los ojos y jalar aire por la boca
-Esta noche… Dormirás aquí, en mi habitación-.
Jadee desconcertada, perdiendo la noción del tiempo y espacio, olvidando por completo que estaba en la habitación blanca del ángel demonio.
Quiero opiniones Twilighters ¿eh? La verdad es que ese Edward hasta a mí me desespera por ser tan bipolar...
Gracias por seguir tan fieles a la historia y sobre todo, gracias por la paciencia...
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