"Y para los amantes su amor desesperado podrá ser un delito... pero nunca un pecado"

José Angel Buesa


Una copa de vino, mi soledad y ella...


POV Edward

Era tarde para mí, mis sueños más profundos me ahogaban como el agua. Quise salir gritando de la habitación pero la angustia ataba mis pies al fino azulejo de la pieza. Dolor. Me sentía impotente, verla con la espalda desnuda, los senos en boca del hombre que la mancillaba en su lecho de dama dormida. Moría. Los ojos me ardían y picaban de manera extraña y por alguna extraña razón que no pude comprender quería morir. La felicidad era un sueño muy banal ahora, las metas de mi vida destruidas. Sentía que lo mejor en ese momento era dejarlo todo, dejar la universidad, tomar lo necesario para emprender un viaje lejos de aquel lugar y caminar por el mundo sin noción exacta de a donde iría. Me perdería en mi propio camino.

Tanya debía ser la mujer de mi vida, lo sabía, estaba seguro. Tanto tiempo esperando para que me amase como yo la "amaba" a ella y jamás funciono ¿por qué estaba conmigo? ¿Mí podrido dinero la anclaba a mí maldito ser? ¡No me importaba! La quería, si me hubiese pedido la jodida ciudad con gusto se la hubiera dado pero jamás hubiese soportada las mierdas que me decía y vivir en un mundo donde su traición no fuera evidente… No la hubiese perdonado nunca.

Tenerla conmigo, hacia sacar lo bueno y esa tarde en su habitación había sacado lo peor. Asesinar a Jacob Black habría sido la mejor de mí, hasta entonces mi vivida juventud. Su sangre, sus latidos me enfermaban. No podía existir sabiendo que el malnacido coexistía, que había proclamado suyo el cuerpo de la mujer que quería pero después de entenderlo por tanto tiempo supe que estaba equivocado. Nada entre los dos unía, nada en lo absoluto. Simplemente era un estúpido soñador obsesionado que buscaba en la piel de una mujer las ansias de ser correspondido. El tiempo lo solucionaría todo, el tiempo me devolvería a la vida, pero jamás volvería a ser el mismo.

Las cosas entre Bella y yo nunca habían funcionado de manera correcta. Siempre el tiempo y las palabras girando en torno de una convivencia celada y violenta, llenándome la sangre de desesperación y deseo. El animal que mi cuerpo contenía estaba a punto de destruir la fachada perfecta que mi semblante presumía. No me gustaban las sensaciones que tenía junto a la delgada chica de labios prominentes y ojos chocolate. Hacía semanas que no probaba mujer, inclusive cuando fui al burdel del centro de la ciudad después de pelear con mi compañera y socio de empresa el cual termino en un desenlace bastante inusual e incómodo para los dos. La convivencia con esa mujer me hacía perder los estribos, inclusive con la gente con la que usualmente soportaba. Estaba obsesionado y a la vez acostumbrado a no tenerla lejos. Su presencia calmaba aunque fuese un poco los demonios internos que mi psiquis contenía, si era demasiado tarde para no entrar al infierno, ella me ayudaba a sentirme humano. Feliz y prohibida se paseaba enfrente de mí con pequeñas cantidades de ropa que interrumpían mis más placenteros sueños. Estaba desesperado, cazándola, acosándola, proclamándola mía aunque nada en el mundo nos uniera.

Siempre tras su huella y no porque la quisiera si no porque lo necesitaba. Ella me desquiciaba. Sin poder decirlo más Isabella Swan me hacía enloquecer, su manera libre de existir, rebeldía e ímpetu sobresalía en el contorno seguro de mi vida donde todos temblaban bajo mi palma, donde nadie más se atrevía decir un pero y donde la mayoría de las personas ni siquiera se dignara a alzar la mirada, siempre hizo todo lo contrario.

Y ahí me encontraba, siguiendo a una mujer de vestido desgarrado en medio de un bosque de Francia, usando un elegante pantalón, una camisa de seda y zapatos italianos. Para después cargarla entre mis brazos y llevarla casi a la fuerza a mi casa en donde estaba dispuesto a que se quedara así la amarrara a la base de la cama, una idea tentadora y potencialmente agradable ante mis ojos.

El semblante de la mujer era una mezcla perfecta entre miedo, duda, sorpresa y emoción. Quise en algún momento poder ser un lector de almas, uno que leyera su misteriosa mente y que me contara todos sus secretos. Cuando llegamos enfrente de la puerta leí cuidadosamente la imagen de su gesto, aquella expresión horrorizada en cuanto se dio cuenta que no era la puerta de su casa.

-Te hice una pregunta ¿dónde estamos?-.

-En mi casa- contesté.

-¿Qué?-.

-Llévame a casa, de verdad quiero ir a mi casa-.

-No voy a volver esta noche ahí- espeté seriamente.

-¿Por qué?- exigió saber.

Salí del auto para rodearlo y abrir la puerta del copiloto. Le tendí la mano para salir y la miré fijamente con el ceño fruncido.

-¿Te arriesgaras a que Black esté ahí?-.

Sabía que los argumentos eran completamente creíbles y suficientes como para aceptarme pero la vi dudar. Aprovechándome de su distracción la tomé en brazos.

-¡HEY!-.

-Me pediste ayuda, te la estoy dando-.

Se negó de manera inmediata a entrar y un sinfín de peleas inútiles de su parte llegamos a mi habitación casi a la fuerza. Aquellas pequeñas formas de negarse me gustaban, era casi placentero que se hiciera de rogar ante mis más osados deseos. Deseaba casi de manera lujuriosa que aquellas palabras de negación me las gritara desde el lecho de la pieza, sudada, mordiéndose la boca y desnuda. Tranquilice mis pensamientos y de vez en vez me mordí el labio para calmar mis respiraciones. En un movimiento elegante sin dejar que su delgado cuerpo me moviera un centímetro, la coloqué sobre la cama de forma vacilante. Dudaba mucho de mi propio autocontrol. No era ni siquiera capaz de centrarme como lo había hecho desde hacía horas enfrente de Black. Sus desnudas piernas se veían perfectas bajo la desgarrada tela, en mi mente dibuje el contorno de sus caderas casi de forma mecánica. Claro que la deseaba.

-¿Qu-eé hacemos aquí-i?- pregunto con miedo.

Me acerqué lentamente a ella sin tocarla y una voraz sonrisa se dibujó en mi rostro. Caminé de un lado a otro como león acechando a la presa y noté que tembló. Me encanto. Hizo un repentino movimiento rápido haciendo su cuerpo se irguiera hacia atrás alejándose de mí. Se arrodillo un poco para después sentarse sobre una pierna dejando al descubierto sus muslos.

No pude contenerme. Me adentré al lecho casi con la intención de colocar mí cuerpo sobre el suyo poniendo mi cara frente a la suya.

-Esta noche… Dormirás aquí, en mi habitación- dije casi en un ronroneo.

La mirada de Bella se perdió en la mía, no sé de qué manera pero tuve intenciones de besarla. Se mojó los labios desconcertada y olvide por completo en donde nos encontrábamos. Ella me gustaba, claro que sí. Pero no todo concordaba. Necesitaba de manera necesitada tocarla una vez, solo una vez para saciar mi maldita ansiedad de mierda. Me sentía como un loco o un adicto, solo lo necesitaba una vez y todo acabaría, solo una vez.

-Edward…- dijo tragando saliva ruidosamente- llévame a mi casa por favor.

-No lo haré- contesté sin despegarme de ella y acercándome más y por consiguiente casi recostándola en la cama.

-Tengo miedo…- espetó cerrando los ojos.

Me alejé lentamente de donde se encontraba y supe que había notado mi lejanía. No quería que me temiera, de alguna forma solo buscaba que se acercara a mí por mera decisión suya. Solo sería sexo- en el mejor de los casos- y aunque amaba descontroladamente tener el control total de la situación, con Bella las cosas las sentía diferente. Quería que fuésemos iguales, totalmente activos. Yo no la mandaría ni ella a mí. Ambos sometiéndonos, solo sexo, solo eso y nada más, pero no con miedo. En otro tipo de casos, jamás me hubiese tentado el "corazón" de haber estado con una zorra cualquiera, simplemente la hubiese tumbado sobre la cama, desnudado y penetrado sin resentimientos ni consideraciones pero hoy sus ojos me detenían, Swan era una mujer al completo diferente. Lo sabía y lo sentía.

-¿Por qué me temes? ¿Acaso crees que soy tan hijo de puta como para dañarte?

-No digas eso.

-Solo quiero saberlo- dije seriamente- te he salvado de ese malnacido que te busca por todos lados y tú solamente dices que me temes.

-Es que…- dijo dudosa.

-Ya sé, lo sé. Está mal- completé su frase.

Solo asintió y opté por sentarme en la cama. De manera perezosa me quité los zapatos y desabotoné mi camisa en silencio. Cerré los ojos un par de segundos para tranquilizar mis pensamientos y relajarme un poco, no quería pelear con ella, no de nuevo.

-¿Te quedarás conmigo?- preguntó después de un rato de silencio.

-No- dije inseguro- es solo que estoy cansado, nada más. Pero veo que tienes prisa en que me vaya ¿acaso planeas huir mientras duermo?

Bajó la mirada en desconcierto, si eso era verdad. Me dejaría en cuanto me durmiera y se iría de mi lado, como siempre. La sangre me hirvió. Me paré enojado tomando mi par de zapatos regados por la alfombra de la pieza, me iría del lugar y no la retendría aunque esa idea no me agradara del todo.

-Si quieres irte, eres muy libre de hacerlo. Hace tanto tiempo que puedes irte de mi lado y sin embargo aquí estas Isabella ¿qué mierda te une? ¡Regresa a los brazos de Black si es lo que te place! Mi única…- y callé rendido.

No miré más atrás, ni siquiera pude ver la expresión de su rostro en cuanto me di la vuelta pero sentí como los pasos ligeros de su presencia me seguían casi de manera silenciosa. Tomé la perilla de la puerta con delicadeza y me quedé unos segundos quieto en la espera que dijera algo pero solo había silencio. Recargué mi frente en la puerta tratando de encontrar paz y descuidándome la espalda cuando algo más profundo que su mera presencia me sorprendió por completo. Sus manos se instalaron en mi pecho entrado por debajo de mis brazos y recargando su cara en mi espalda. La leve respiración de Bella me atravesó la ropa dejándome un escalofrío placentero que me recorría el cuerpo. Cerré los ojos disfrutando su cercanía, la primera que me daba por voluntad propia.

-No puedo irme de tu lado y no sé por qué- confesó.

-Bella ¿por qué…?-.

-No digas nada Edward, no lo sé-.

Tomé sus manos entre las mías y las acerqué más hacia mi piel, se sentía tan suave y delicada bajo mi tacto.

-No puedo- dije muy bajito.

-¿Qué?- preguntó con miedo.

Con una maniobra que no supe explicar, la pase enfrente mío colocando a Bella entre la puerta y mi cuerpo. Sus manos jamás dejaron de tocarme el pecho y mantuvo fiel su mirada con la mía.

-Me siento como un maldito loco Bella, no puedo estar así-.

-¿Cómo Edward?-.

-Solo- dije colocando la punta de mis dedos sobre sus prominentes labios- confía en mí y perdóname pero hace tanto que no lo hago-.

-¿De qué…?

Estampé sus labios con los míos. Su dulce boca me hizo sentir como una animal a punto de atacarla. Tomé de sus manos y las puse contra la pared. En ese momento labio a labio, su enloquecedor sabor me puso frenético y de mi pecho feroces pero leves gruñidos salían sin cesar. Bella entre abrió sus labios, se resistía de manera placentera ante mis caricias pero tampoco se hacía la dura, comenzó por apretarme las mano de manera fuerte pero sin lograr nada. Estaba más consciente que quería que la dejara respirar o en el mejor de los casos que la dejara tranquila, pero era demasiado tarde tanto como para ella, como para mí. Sentía que la forzaba y eso solo lograba que mi seguridad tambaleara mucho, demonios estaba tan excitado. Tan pronto como comencé a empujarla más entra la pared y mi cuerpo se dejó de resistir, de un momento a otro su lengua pidió acceso a la mía. Abrí los ojos de golpe pero los volví a cerrar para dejarla jugar. Quería que de alguna forma ella disfrutara los besos, me complacía tanto.

-Bella…-.

-Calla, sólo bésame- suplico halando de mi cabello.

Jadee tomando su nuca con fuerza y acerqué más mi boca a la suya. Trastabillamos un poco en los movimientos, me sentía excitado y de alguna forma sentía que lo estaba también. Recorrí su cintura con la palma de mis manos, delinee la forma de su cuerpo con mucha delicadeza y en un torrente enorme de emociones me fascino de manera ciega aquella parte tan atractiva de Bella. Subí hacia sus senos, acariciándola de forma lenta. Comenzó a jadear desesperada y después de un buen tiempo separó su boca de la mía. Me miró de forma excitada y se mordió los labios…

Adiós autocontrol.

Subí sus dos piernas alrededor de mi cintura mientras la cargaba de nuevo hacia la cama. Esta vez ella no se resistió. Le comencé a desgarrar el vestido dejándola con la espalda desnuda pero sin descubrir sus pechos haciendo que mi miembro se tornara duro y firme en cada acercamiento que tenía con ella. La senté ahorcadas sobre mis piernas acariciando su centro contra la dureza que mantenía reo mi pantalón.

-¿Por qué haces esto Bella?- pregunté entre besos.

-No lo sé- contestó jadeando y forzando sus brazos sobre mi cuello.

-Te deseo Bella- le dije sin abrir los ojos- esto me está matando.

La deje sobre la cama para comenzar a desnudarme ahí noté como se mordía los labios y apresuré el tiempo rompiendo los botones de mi camisa y quitándome el cinturón pero no me dejó pues su boca a ocupaba la mía en un sinfín de fieros movimientos y roces de su lengua y la mía.

-No te demores más- me pidió con la voz entrecortada.

-¡Agg!- gruñí desesperado rompiendo por completo su vestido de la parte de las piernas.

Noté como aquel movimiento la había asustado y como sus ojos chocolates se abrieron de par en par por la violenta imagen. Irguió su cuerpo hacia atrás y justo en ese momento, noté como se había arrepentido.

De nuevo tenía miedo.

Me detuve en cuanto supe que el deseo en ella se había esfumado.

-Lo siento.

-Yo…- tartamudeo casi como llevando su coherencia de nuevo al límite del resplandor.

-Me tengo que ir- dije colocándome la desgarrada camisa sobre mi pecho y tomando los zapatos para dejar la habitación ahora sin pensarlo. Estuve tentado a mirar atrás pero no lo hice, esta vez me decidí a salir sin la excitación de hacerla mía.

Camine hacia al auto en busca de encontrar una salida a mis problemas, a mis conflictos y malditos deseos carnales. No la quería asustar, a ella no. Subí lo más rápido que pude llevándome a mi paso los demás vehículos que transitaban de manera lenta y desquiciante. Tuve la necesidad de salir de ahí casi volando para no volver y hacerla mía en ese instante. Llegué tan pronto me percaté a un bar de una de las avenidas más concurridas de la ciudad. Tenía enormes carteles de neón y mujeres danzando en las entradas de la puerta. Las copas de sus vestidos eran transparentes y de colores bastantes llamativos. Ninguna dejó de sonreírme en cada momento desde que entré. Alguna que otra me ofreció sus servicios de sexoservidora al instante pero a todas las rechace. Me dirigí hacia el bar del lugar en donde un barman de carácter forzudo me miró de manera intimidante.

-Quiero un trago.

El sujeto se limitó a asentir mientras me daba la espalda para buscar el licor más fuerte del lugar. Alzó una ceja a manera de pregunta si era el indicado y asentí sin mirarlo a la cara pues sabía que aquel trago barato no me haría cosquillas en la garganta. Me dejo solo al ver que mi mirada se encontraba distraída como buscando en algún punto exacto de aquel barato burdel. Tomé el trago de manera elegante y aquel sorbo lo bebí cual agua. Deje el vaso vació con unos billetes debajo y camine hacia lo profundidad del lugar en donde se encontraba menos lleno o eso supuse. Me di cuenta de que estaba repleto de gente borracha y mujeres semidesnudas. Vacilé sobre mis talones y toqué ligeramente el hombro de una mesera.

-Je veux une table privée, est-il possible? (Quiero una mesa privada, ¿Será posible?)- comenté cerca de su oído ofreciéndola una cuantiosa cantidad de billetes.

La chica sonrió de manera provocadora bajando más su escote y mordiéndose la boca. Mientras tornaba los ojos en blanco la seguí en silencio hasta donde quito el papel de reservado sobre una de las mesas del fondo. Me senté sin decir nada mientras le pedía otro trago. La mujer se apresuró en alejarse para darme un minuto de paz.

-Y at-il autre chose que je peux vous aider? (¿Hay algo más en que pueda servirle)- preguntó de manera apresurada tal y cual su interés la motivó.

Negué con la cabeza y con la mano la aleje de mi presencia, lo que decepciono rotundamente a la mujer sin oponerse. Deje mi cabeza recargada sobre la pared con cojines de terciopelo rojo que adornaban la pared hasta que el murmullo de una voz masculina atrajo mi atención.

-Parece que tenemos ciertos gustos similares- dijo con arrogancia.

Alce la vista levemente hasta mirar al emisor de la frase y el estómago junto con todo el licor barato que mi cuerpo poseía se revolvía con violencia.

-¿Qué mierda haces aquí?

-Es lo mismo que yo pregunto ¿no te llevaste a Bella contigo?-.

-Eso a ti no te importa- dije con rabia.

-Vamos Cullen- espetó vacilante con un trago en la mano- ¿qué quieres de ella?

-No ha de ser lo mismo que tú buscas Black. Creo que deberías alejarte, no tientes tu buena suerte-.

Me miró con burla y de manera mecánica se sentó en la misma mesa que yo sin dejar de sonreír. Estuve al borde de partirle la cara por el atrevimiento, era el colmo que tuviera la cara para sentarse en el mismo lugar conmigo pero el solo recuerdo de Swan me detuvo, no tenía siquiera el humor de pelear con Jacob.

-¿Qué mierda quieres hijo de puta?

-Tranquilo magnate Dios del mundo. No vine a fastidiarte la noche-.

-Me haz fastidiado la maldita existencia, no hay diferencia ahora- pensé.

-¿Qué quieres?

-¿Dónde está ella?- preguntó sin reparos.

Mi mano vibró cerca de la mesa, rompiendo y forcejando las astillas de la misma en donde mis dedos habían sido dejada marcados por la fuerza. El malnacido me estaba tentando ¿acaso el desgraciado se había olvidado de todo?

-¿Por qué te interesa tanto?-.

-La quiero amigo-.

-No soy tu amigo hijo de perra- dije golpeando la mesa a lo que Black se sobresaltó.

Su cara mostró sorpresa y casi con la boca semi abierta se paró de su asiento enfurecido golpeando la mesilla de manera estruendosa.

-¡No te atrevas Cullen! ¡Ella es mía!

Me paré aventando la mesa a mi costado en donde varias mujeres salieron corriendo del lugar en donde nos encontrábamos.

-¿QUIÉN DIJO QUE ELLA TE PERTENECE?- grité enfurecido.

-Ya veo que quieres apoderarte de todas Cullen, ella no será tuya, no lo será. Primero me matas antes de ponerle una mano encima-.

-¿Quererlas a todas? ¿Estás imbécil o qué tienes?- comenté acercándome con violencia hacia su pecho.

-No, no- respondió con la mano en las sienes- no puedes, ella… Ella es mía.

-¿No te fue suficiente llevarte a Tanya?- escupí con veneno.

El hombre que tenía enfrente puso escondió su cara en desfiguro, claro que aquellos recuerdos no le gustaban pero imposible que no le gustaran menos que a mí que era el mayor afectado.

-No sé de qué hablas.

-No te hagas el imbécil, te follaste a mi novia ¿lo recuerdas mocoso de mierda? Llegaste a ella como su mejor amigo y solo fuiste su objeto. ¿Qué se sintió que te dejara?

La cara de Black no tenía precio, era oro puro.

-Cállate maldito, tú no sabes que pasó en realidad.

-¿Y ahora me lo dirás?- pregunté arrogante.

-Tu novia esa me dijo que estaba sola ¿qué culpa tenía yo cuando se me había insinuado la muy zorra?

-En eso no te equivocas- retribuí con odio- por fin estábamos de acuerdo.

-Me pidió un sinfín de veces que…

-Follaran- complete.

-Como quieras llamarle Cullen, siempre me interesó Bella. Desde siempre ha sido ella. Hui a Europa alegando enamoramiento pero todo fue por ella, su rechazo y todos esos malditos saliendo con ella me quemaban la sangre. No quería joderle la vida a nadie Cullen, es que no lo soporté.

Miré con cierta lastima al idiota que se confesaba casi llorando en mi presencia. De cierto modo yo también hubiese querido matar a cualquier hijo de perra que se le hubiese acercado… Eso en caso de que ella me hubiese de verdad interesado, pero sabía a lo que se refería, más no justificaba sus estupideces. De cualquier forma, viéndolo desde cualquier ángulo ya ni siquiera me importaba la cuestión de Tanya. Esa prostituta ya había sido enterrada hacía mucho tiempo en mi memoria y su paradero me tenía sin cuidado ¿qué me molestaba en realidad con la presencia de Black?

-No me importa lo de Tanya, esa desgraciada me tiene sin cuidado.

-Entonces ¿qué tiene que me acerqué a Bella?

Lo odio, me consume por dentro pensar que te vas acerca a ella- pensé.

-Nada, solo marca tu distancia. Ella está bajo mi custodia y yo la cuidaré.

-¿Tú?- preguntó en tono burlón- ¿quién te crees, su hombre?

-No me tientes Black.

-No lo hago- respondió envalentonado por el licor- solo necesito penetrarla, solo eso. ¿Entiendes eso Cullen? Ella es virgen.

¡Mierda! ¿Qué? Estuve a punto de hacer mía a Swan siendo virgen.

Pasé ruidosamente saliva mientras abría los ojos de golpe. Ella estaba dispuesta a darme su virginidad, mierda. No sabía que pensar, no sabía que razonar. Definitivamente eso no contaba con saberlo, no hay cuando estuve a punto de…

-¿Qué piensas Cullen?

-Debo largarme de aquí.

-Aaa- dijo vacilante- sé lo que pasa. No lo sabías y ahora irás a follarla perro imbécil- y me jaló del brazo fuertemente.

Me tambalee ligeramente sobre los pies pero aproveché para estamparle un golpe sobre la quijada que lo dejó tumbado en el suelo a lo que los espectadores se quedaron asombrados. Jacob no respondió con rapidez a lo que aproveche para salir del lugar sin que nadie me detuviese. Caminé hacia mi auto decidido y una vez ahí me quedé sentado con la cabeza recargada en el volante.

-¿Y ahora qué mierda hago? No puedo verla de la misma forma ¡Joder! Tranquilo, tranquilo. No es nada…- me dije tratando de apaciguar mis pensamientos- ¡No, no es cierto! Vamos, vamos ¿qué se puede lograr ahora? Eres un hombre, total, capaz, dominante y un maldito semental de primera. No vas a evitarla… Solo dejarás que las cosas fluyan a su modo…-.

Encendí el vehículo con rapidez y me dirigí con tanta ansiedad hacia la casa. En todo el camino repetí un sinfín de veces la misma canción para poder relajar mis músculos y centrar mis pensamientos. Contaba mis respiraciones y por lo tanto decidí ir a velocidad intermedia, una en que otra situación me hubiese desesperado pero en ese instante me hacía sentir relajado. Suspiré. Me mordí los labios y noté que eran pasadas de la 1:00 am y suponía que ella estaría dormida o ¿se habría ido como se lo había gritado? Moví la cabeza para despejar ese pensamiento, sabiendo que preocuparme era algo que estaba de más. Tamborilee mis dedos en la cubierta de piel del volante esperando que el semáforo cambiara, el calor de mi cuerpo poco a poco se iba esfumando por el frío de la madrugada que me abrazaba desprevenido ya que, había salido solamente de la habitación con una camisa desgarrada y el saco que me cubría perfectamente pero al fin y al cabo no me daba el suficiente calor. Las personas hubiesen pasado por desapercibido aquella situación pero mi cuerpo jamás.

Me estacioné en silencio frente a mi residencia en donde todas las luces –excepto las de las entradas- estaban apagadas. No salí del auto esperando a que por obra divina hubiese escuchado el motor y su figura se hubiese asomado por la ventana pero nada sucedió. Me sentí decepcionado. Suspiré profundamente otra vez pero esta ocasión debido al cansancio mezclado perfectamente con la desilusión de mi realidad. Me sentía torpe y a la vez el mayor de los imbéciles ¿Por qué me costaba tanto buscarla para proponerle una aventura erótica solo por mero placer? Y es que lo sabía a la perfección: Bella no era igual a las demás, ni siquiera similar. Cualquiera otra en su lugar su hubiese quitado las bragas en cuanto me hubiese visto la primera vez y no era por exagerar pero ya lo había vivido. Swan no era cualquiera. Una extraña belleza oculta bajo una ropa seria y colores sin vida que no dejaban nada a la exhibición de los hombres y eso me estaba consumiendo. ¿Qué pensaba?

Salí del auto con paso firme e introduje la llave en la puerta principal de manera silenciosa. Las deposité en una pequeño bowl de cristal que estaba cerca de la entrada y camine en dirección del despacho con ganas de un fuerte trago, no como el que había consumido en el burdel. Me serví un par de cubos de hielo así como un poco de coñac, lo dejé reposar un instante y lo bebí tan lento como la garganta me lo permitió. Uno, dos, tres tragos más. Decidí sentarme en la gran silla de mi despacho en donde la cabeza comenzó a pesarme de manera somnolienta pero no quería dormir, no aún. Me paré decidido y de manera inconsciente tomé uno de los libros rojos de pasta dura y aspecto manoseado que leí alguna vez en la universidad…

"Proverbios" decía en la tapa finamente pintada de un color dorado y una cintilla del mismo color. Acaricie la portada con la yema de los dedos en donde traté de recordar de qué autores hablaba aquel libro tan viejo para mí y sin más abrí la página marcada por el peso de las demás hojas, denotándose como una de las que más leía o eso supuse.


"Para que nada nos separe que nada no una"- Pablo Neruda.


Cerré los ojos de golpe al mismo tiempo que la página para sentarme de nuevo en el sillón. Estando ahí, releí un sinfín de veces más aquella frase tan interesante ¿por qué diablos no la recordaba? Repetía entre mis labios cada letra casi como tratando de memorizar cada una con el propósito único de recordar.

-No recuerdo con exactitud esto, pero Neruda; mi viejo amigo tienes toda la razón. Al menos en eso he seguido tu consejo. Si nada quiero que me separe de alguien, nada me va a unir- comenté un poco ebrio ya.

Coloqué el volumen sobre el escritorio y caminé con paso vacilante hacia la salida para dirigirme a mi habitación. Las escaleras me pesaron demasiado. A rastras. subí cada pie hacia la pieza vacía, me fui desnudando en cada paso que daba. Primero el saco, después la corbata que había semi acomodado en el trayecto hacia el bar, la camisa desgarrada, los zapatos italianos que estaban sucios por el recorrido en el bosque y el cinturón. Tomé la perilla de la puerta y me deslice hacia la pieza con paso lento y ojos a medio abrir. Al alzar la vista la noté sentada en un sillón de tapicería blanca con los brazos alrededor de un cojín, las piernas desnudas y el cuerpo cubierto por una camisa de manga larga mía. Pase saliva ruidosamente al verla tan indefensa, dormitando un poco incómoda en aquella posición fetal. Caminé los siguiente pasos hacia ella de forma lenta, no pude evitar acariciar su suave mejilla y en aquel contacto, Bella se removió un poco de su lugar dejando caer sus extremidades muy suavemente hacia los lados.

La cargué de un solo movimiento entre mis brazos y de forma mecánica envolvió los suyos alrededor de mi cuello, pegando su cara en mi pecho desnudo. Su respiración me hizo estremecer, era cálida que quise por un segundo despertarla a besos para que continuara aquella excitación que me provocaba.

-¿Por qué no te fuiste; por qué te quedaste aquí a esperarme Bella?- dije bajito cerca de su rostro.

La deposité con suavidad en el colchón de la cama y de inmediato, ella se acomodó abrazando las almohadas y restirando su cuerpo en forma de relajación. Me senté a su lado para mirarla detenidamente mientras mi mente se llenaba de las palabras de Black.

"Ella es virgen"

-Eres totalmente pura y ajena de las perversidades de la carne y el deseo, mi deseo. Solo, buscaba saciarme de una vez por todas estas malditas ganas Swan y demostrarle a Harris que soy mejor. Pero… mierda, no puedo. No lo mereces Bella, no puedo hacerlo.

Me recosté al lado suyo para quitar los mechones de su cara y acariciar sus pómulos de manera delicada, tan cercano como me lo permití. Después de un rato, el cansancio y el alcohol me hicieron caer dormido, a tal punto que tuve la necesidad de abrazarla junto a mí y así descansar de manera tranquila.

Desperté solo.

Eran las 7:00 am en el reloj y la parte derecha de la cama estaba tendida. Brinque asustado buscándola por todos partes sin tener rastro de ella. Camine hacia el cuarto donde se colocaba toda mi ropa para poder distinguirla pero no se encontraba. Busqué en el baño, las demás habitaciones, la cocina, los pasillos, su balcón favorito pero ella se había marchado. Me senté en la sala de la casa cansado, con las manos en la cara sin poder mirar hacia ningún lado. Después de un rato de meditación interna, alcé la vista de forma mecánica hacía una pequeña mesita donde se encontraba el teléfono.

Ahí, estaba una pequeña nota con su caligrafía.

"Estimado señor Cullen:

Me fui de su casa tan pronto como desperté. Tomé prestada ropa suya para poder ir a mi departamento. La devolveré en cuanto pueda. Disculpe las molestias y todo lo causado. Dada las circunstancias; me temó que me será imposible volver al trabajo. Espero comprenda; señor. Dejaré todo en orden para no causar ningún tipo de problema en la oficina.

Atentamente:

Isabella M. Swan. "

-¿Qué?- pregunté con la nariz fruncida y el ceño marcado por la sorpresa- no, no, esto no puede estar pasando-.

Me dirigí rápidamente hacia la oficina en donde marqué el número de mi secretaria. Tamborilee los dedos con desesperación mientras la endemoniada llamada se conectaba.

-¿Señor?- preguntó de manera sorprendida por la hora de la mañana en que la solicitaba.

-Alice necesito que busque a Isabella Swan y me contacte con ella- ordené enojado.

-Pero es demasiado temprano, ella debe estar durmiendo y…

-No le pedí opiniones en lo más mínimo, contáctela y enlace la llamada a la mía- finalicé furioso.

Se quedó en silencio un segundo.

-En seguida señor- dijo con un poco de pereza y mi llamada se tornó en espera.

Deje el teléfono en altavoz esperando pacientemente a que la voz de esa mujer sonara a través del auricular. Me afloje mi ropa en señal de exasperación, sí que me sentía ansioso y furioso por aquella noticia repentina y sobre todo por la actitud de mi socio.

-¿Por qué, por qué Isabella? ¿No te basta con tener mi maldito mundo de cabeza; y aun así vienes y lo dejes aun peor?- dije casi en un susurro.

-¿Hola?- se escuchó en la bocina, su voz provocó que la piel se me erizara de manera extraña y me hizo sentir más que ansioso.

- ¿Hola?- preguntó de nuevo con un tono de preocupación en la voz y antes de que colgara me dispuse a hablar.

-Swan- dije molesto- ¿Por qué no me ha avisado que se marchaba?.

Su silencio fue total y absoluto. Su miedo me gustó.

-Supongo que no planeaba dejar el país- la rete con un poco de temblor en la voz y que por alguna razón no comprendí implore porque eso no fuera así.

-Señor Cullen…- contestó con un poco de seguridad- le he dejado por escrito mi renuncia en su escritorio, no me refiero al pequeño recado que supongo que encontró primero, si no a la carta a la que renuncio a mi puesto de confianza en la empresa, no había necesidad de que me llamara; aunque bueno… No importa-.

-¿No importa? ¿Este es su compromiso Swan?-.

-¿Mi compromiso? Discúlpeme- escupió con odio- mi compromiso fue cumplido hace más de un mes en el lugar, yo solo cubriría al señor Emmet McCarthy por una temporada, no cuando a él se le placiera volver. Así que… Me voy- finalizó triunfante.

-¡Ese no era parte del trato!- grité con la mesa crujiendo bajo el puño de mi mano- usted no se puede ir-.

-Lo siento- contestó insegura- ya tomé mi decisión- y colgó.

-¡MIERDA!- grité enfurecido aventando el teléfono y todos los papeles sobre el escritorio. Los pequeños pedazos del cristal de un florero salieron volando por toda la habitación. Mis manos se sintieron pesadas y comencé a ponerlas sobre mi cabello nerviosamente. Salí de ahí para ir directamente hacía mi habitación, tomé una ducha para tranquilizarme pero eso no funciono, no al menos por completo. Ahí desnudo bajo el agua, recargué mi cabeza sobre las baldosas de las paredes que cubrían el lugar, intentando cerrar los ojos y concentrarme en no demoler la maldita ciudad entera.

Pero sabía de un plan, aún tenía un chance de verla o al menos detenerla. Sí, me estaba enloqueciendo por culpa de una mujer.

Antes de llegar a Francia, había investigado minuciosamente la vida de Isabella. Me interesaba un poco saber qué tipo de persona se iba a meter con los asuntos de mi empresa y que reputación tenía. Supe de hasta el más mínimo detalle de su vida académica sin darle mucha importancia al ámbito personal de aquella mujer, que no tenía la más mínima importancia para mí. Sus notas escolares eran increíblemente sobresalientes, inclusive mejor que las que yo hubiese tenido en finanzas, le gustaba mucho la competencia, poseía una gran destreza así como tener una amplia capacidad en el desarrollo de proyectos que habían sacado de la casi quiebra a muchas empresas de mediano tamaño y de diferente giro. Sus profesores hablaban maravillas de ella, siempre calificada con la palabra 'eficacia' y sobre todo muy independiente. Quizás, en mi entonces deductiva imaginación, ella era una mujer sin vida social que aparentar ni cuidar, niña prodigio, fea y de lentes enormes… Si hubiese visto por lo menos una vez su fotografía cuando tuve la oportunidad, las cosas hubiesen sido tan diferentes.

Pero más que nada, tenía la certeza de que para Swan; era casi un rito ir por sus artículos de oficina cuando dejaba algún trabajo, en su ahora 'antiguo' escritorio. Sí era tan predecible, la vería esa misma mañana.

Me vestí el traje más caro que tenía. Sentirme más estúpido no podía, parecía una maldito pavorreal esperando atraer a la hembra por el maldito color del plumaje, en este caso; mi traje Hugo Boss. Perfumería de Christian Dior, una cazadora larga, zapatos italianos, lentes de aviador y mi auto.

Sonreí al entrar al auto, ella no se iría sin antes escucharme.

Llegué a la oficina temprano, tal y como lo supuse. Mi estómago estaba vació pero no me preocupe, tenía una buena excusa para invitar a desayunar a Bella. Me quedé en el estacionamiento con el auto apagado, suspiré un par de veces para tranquilizarme antes de lograr a hacer una estupidez en contra de ella, algo como raptarla para que no se fuera. Me sentía tan capaz que no quería tentar su propia suerte. Agradecí internamente que los vidrios de mi auto estuvieses polarizados, así nadie me conocería pues mi auto, nunca era el mismo. Noté como poco a poco los empleados fueron llegando al estacionamiento, ahí cada uno se saludó de manera cordial mientras subían el ascensor que los llevaba a sus oficinas.

Me sorprendió tanto la manera amable, en que se trataban. Ellos nunca se comportaban así conmigo, quizás porque me conocían como el idiota déspota y mujeriego que era.

Espero un rato más y noté llegar su auto, venía acompañada de su amiga Rosalie Hale, se quedaron hablando por un rato en su convertible mientras notaba que Isabella bajaba la mirada en forma de tristeza ¿acaso no quería irse? Por su parte, su compañera alegaba con los brazos en forma de reproche, no sé porque puse un poco más atención en sus reacciones pero tuve la sensación de que estar en la empresa le parecía interesante del algún modo, como si buscase algo, y sabía a la perfección que ese algo era yo. No quería verla, esa perra me tenía más que harto con sus insistencias. Estuve más que feliz cuando se desapareció por un tiempo y no me buscaba. Insistiendo siempre en vernos ahora que los planes del divorcio estaban en pie y su libertad casi lograda. No la quería ya ni siquiera la deseaba.

Trate de guardar el mayor silencio que pude y escuchar su conversación.

-¿Quieres que vaya contigo?- preguntó la rubia.

-No- respondió sin mucho ánimo- no tardaré demasiado, bueno- comentó alzando una ceja en señal de cambio- quizás en una hora, quiero… Despedirme de una amiga, Alice, quizás no la vuelva a ver-.

-Pero…- insistió Rosalie- será más fácil para ti si no estás sola. Además, no quiero que ese hijo de puta te diga algo, sabes que lo mato- amenazo remojándose los labios.

-Lo sé, sé que le clavarias un tacón cual estaca en el corazón pero no es necesario, sé defenderme ¿vuelves en una hora por mí?-.

-Claro, solo llámame y vendré. Iré a una Boutique- comentó tan frívola en interesada como siempre y tal como lo sospeche a Bella no le interesó.

Salió del auto lentamente y lo que vi me sorprendió. Vestía de manera bastante provocadora, un pantalón muy ajustado que hacía ver sus piernas largas y estilizadas, llevaba una cazadora clara y su cabello suelto le daba un toque de modelo de pasarela, calzaba botas cafés y de alto tacón y llevaba ambas manos en los bolsillos no sin antes colocarse unos lentes oscuros. Se despidió con una sonrisa y dijo adiós con la mano a su acompañante.

Suspiró cansada.

Presionó el botón para mandar a llamar el elevador y movió de manera nerviosa sus pies contra el suelo. Salí del auto decidido hacia ella y antes de poder tenerla cerca mis planes se fueron a la mierda.

-¿Isabella Swan?-.

-¿Jasper?- preguntó la aludida -¿eres tú?-.

-¡Demonios! Me voy unos días y pones de cabeza a París, estás hermosa- comentó besándole la mano.

Me quedé estático y me oculte tras un pilar de cemento del estacionamiento para poder observarlos, me sentía un chiquillo pero no me importó, no perdería el control cuando sabía que podía atentar contra todos sin importarme un bledo.

-Gracias- respondió bajando la mirada.

-¿Y qué haces aquí?- preguntó tratando de llamar al completo su atención.

-Vengo por mis cosas… Yo… renuncie-.

-¿Así que dejas las propiedades de Edward Cullen? No me digas que por fin descubriste que es un mal nacido- contestó riendo.

-No lo llames así- comentó con odio- él, es una buena persona; es solo que…-.

-¿Sí?- indago Jasper. Hasta yo me sentía ansioso porque continuara hablando de mí, a pesar de que la presencia de Harris me enfermaba.

-Mi tiempo terminó aquí- contestó sin mucha seguridad- señal de que mentía pero el muy idiota que tenía enfrente no lo notó. No la conocía lo suficiente.

-¿Sabes? Yo podría ayudarte- contestó sonriendo y acariciando su rosada mejilla a lo Bella se irguió hacia atrás.

-¿De qué hablas?- preguntó sonriendo amablemente.

Jasper hizo como el desentendido por su rechazo pero trato de tranquilizarlo con una sonrisa, él muy imbécil odio su reacción.

-¿Ya tienes trabajo?-.

-No-.

-Bueno- comentó haciéndose el interesante- volveré a América en un par de días por cuestiones de negocios, siempre hago eso porque Cullen odia viajar; pero no es el único que posee propiedades. Soy dueño de una empresa grande, obviando el tamaño de esta, soy independiente pero tengo la capacidad de manejar ambas tareas solo que; esto de viajar demasiado es muy tedioso. Quiero algo para mí- siguió caminando por el lugar en forma de preocupación- ¿sabes? Me gustaría tener algo propio y lo tengo pero no soy el encargado total por tanto ausentismo-.

-Eso es duro- contestó Bella- pero ¿qué tiene eso que ver conmigo?- preguntó desesperada por tanto rodeo.

-Que si te vas; me voy contigo. Renunciaré y podré darte trabajo allá y no serás empleada, si no socio ¿qué te parece?-.

-¡HIJO DE PUTA!- grité para mis adentros aruñando las paredes de concreto.

-Jasper- dijo apenada- es muy amable de tu parte pero….-.

-No digas nada, piénsalo. La oferta seguirá en pie en cuanto te decidas. Por ahora te dejaré pensarlo ¿te parece?-.

-Gracias- contestó con una sonrisa- lo tendré en cuenta.

-Y ahora ¿entramos?- preguntó ofreciéndole el brazo para escoltarla.

-Claro- contestó amablemente mientras el elevador se abría y entraban en él.

Subieron en el elevador del brazo, perdiéndose de mi vista.

Hoy, Harris sabría a la perfección lo que era el verdadero mal nacido de Edward Cullen. Entre por un compartimiento que solo yo conocía, una especie de elevador privado que conducía a la oficina silenciosa donde me encontraba con las mujeres y que deba directamente al estacionamiento de la empresa. Ahí espere los pocos segundos que me llevaban al lugar de mi destino pues a diferencia del elevador que todos usaban, este era más veloz. Entré a la pequeña oficina silenciosa, ahí traté de respirar y sonreí sínicamente por lo que le esperaba a Harris. Tomé un par de papeles sin notar cuál era su índole, abrí la puerta, me quité la cazadora y los lentes, coloqué todo en un perchero, finalmente me senté en mi lugar de trabajo, abrí mi saco y me concentré.

Escuché las voces de alguien que se acercaba por el pasillo, fue el momento exacto donde me paré a encarar al maldito de Harris pero me relajé cerrando los ojos con mucha paciencia. Pero no duró demasiado.

-Jasper ¿qué haces?- preguntó golpeando la puerta fuertemente con la espalda mientras el cretino la empujaba hacia adentro de la oficina.

-Me gustas Bella, me vuelves loco en verdad- comentó el imbécil tratando de tocarla de forma pervertida y besarla sin siquiera ver que yo me encontraba sentado frente al escritorio.

Bella trató de defenderse y en su intento, trastabillo con los muebles que había en el interior de la pieza, lo que provocó que se lastimara y cayera de bruces sobre un enorme sofá de color beige donde bebía con Emmet. Me paré de mi lugar silenciosamente esperanzado a que no me escuchara y lo tomé de las solapas de su saco para quitárselo a Bella de encima evitando que la tocara más.

-¡SUELTALA!- grité- ¡¿Qué mierdas te crees para venir a hacer esto en mi oficina?!- pregunté furioso aventándolo al piso.

-¡Edward! ¿Cuándo entraste?-.

-Eso no importa Harris, retírate de mi oficina y presenta tu renuncia lo más pronto posible, aquí no deseo cucarachas como tú que se quieren aprovechar de quien sea-.

Caminé hacia Isabella con la intención de ayudarla a pararse del lugar, ella me miró con miedo y traté de hacerla sonreír pero no funciono, sabía que estaba asustada.

-¡NO PUEDES DESPEDIRME! Soy miembro importante de esta empresa, soy socio minorista de…-.

-Tú lo has dicho- contesté de manera seria mientras colocaba a la mujer tras mi espalda- MINORISTA, aquí tu dinero nos sobra si es lo que preguntas, te puedo devolver el triple de la miseria que has aportado todo este tiempo, me importa poco si nos demandas, tú dinero nos importa una mierda-.

-¡No te metas Cullen!-.

-Estás equivocado si crees que iba a permitir que te aprovecharas de Bella- contesté homicida- maldita cucaracha asquerosa-.

Jasper pasó su mano por su cabello en forma de burla, un brillo fugaz en sus ojos apareció repentinamente mientras caminaba por el lugar ahora con las manos en los bolsillos. Se sintió astuto, me miró de arriba abajo mientras buscaba a Isabella tras de mi espalda, quien asustada no decía nada ¿Cómo había sido capaz de atacarla sin que nadie se hubiese dado cuenta? Claro que lo sabía, había sido capaz de manipularla para llegar silenciosamente al lugar, quizás por los pasillos menos concurridos ya que la planta de mi oficina, era de los menos concurridos y los más prohibidos, en su efecto ni siquiera Alice accedía tan rápido como lo hacían los socios más cercanos a mí, un lugar de máxima seguridad, que cuidaba a los ajenos pero no a los más cercanos y peligrosos.

-¿Cucaracha asquerosa me haz dicho?-.

-Dije lo que dije, retírate o llamo a seguridad- amenacé.

-¿Eres tan maricón para no enfrentarte conmigo o qué Cullen?-.

-Soy capaz de partirte en dos, Harris. Soy piadoso ahora contigo, lárgate de una vez-.

-Me parece- comentó recargándose en la pared de manera sínica- que estás en la posición menos indicada para decir que yo soy el que quiere aprovecharse de los demás y soy una cucaracha asquerosa-.

Abrí los ojos de golpe, el idiota se atrevía amenazarme.

-Tienes un minuto para largarte de mi empresa Harris o te mato a golpes si es preciso.

-¿Un minuto? ¡Me basta eso para decir la verdad!- dijo acercándose con violencia- Mi querida y hermosa Bella, Edward Cullen, quien presume ser tu protector y héroe no es tan blanca paloma como te hizo creer-.

Bella salió de mis espaldas y me miró con confusión, su mirada me taladró de manera sofocante.

-¿Edward?-.

-Sí, el dulce Edward, continua bufándose en tu cara ¿sabías que el hijo de puta que tienes enfrente; apostó conmigo para ver quién era el primero en llevarte a la cama?-.

La miré de manera dolorosa, no sé porque razón su reacción me disgusto y me preocupo demasiado. Sus ojos comenzaron a vidriarse y a llorar de manera descontrolada, colocó las manos frente a su corazón y se alejó de mí con lentitud hasta sentarse en el sofá. Pensé en acercarme pero no lo hice, no tenía caso; era verdad y aunque tenía la oportunidad de negarlo, ella lo descubriría.

-Bella… yo-.

-Aléjate- me gritó llorando- te odio-.

Asentí solamente y me giré sobre mi propio pie, quedé frente a Harris y le di un fiero golpe en el estómago que lo dejó sin aire y en el suelo. Verlo sofocándose de dolor me hizo sentir un poco mejor pero aquella sensación de ver a Bella destrozada no se comparaba. Caminé hacia el perchero y tomé mi cazadora, me la coloque con lentitud y miré a Isabella llorando con la cabeza sobre las piernas.

-Señorita Swan- dije para llamar su atención- lamento tanto lo sucedido, no quería hacerla sentir así. Puede retirarse cuando guste, le prometo que recibirá una generosa indemnización por su trabajo y por supuesto una recomendación de mi puño y letra, de seguro encontrará un mejor trabajo que…-.

-¿Qué aquí?- preguntó con rabia y mirándome con odio- no señor Cullen, de usted no quiero ni las gracias. Saldré de este lugar sin un rastro de mi presencia en este lugar-.

Me dejó con la garganta seca, no le dije nada, me limité a asentir y salí de la oficina. En el pasillo, mi secretaria sacaba sus cosas y se acomodaba en su lugar. Se sorprendió de verme ahí y me quedé frente a su escritorio.

-Alice, llamé a un taxi o a la amiga de Swan. Dígale que pase por ella, haga un cheque de indemnización en blanco, uno carta de recomendación dando excelentes referencias y se las envía a su casa, si las devuelve, las reenvía-.

-Señor pero…-.

-No le pedí opinión Alice, haga su trabajo, no me llame y si es urgente; digan que me llamen al celular ¿De acuerdo?-.

-Solo su familia tiene su número celular, señor-.

-Exactamente- contesté y salí por el elevador de empleados.

Llegue al estacionamiento por la parte habitual donde todos bajaban, los empleados me saludaban con un poco de temor, yo ni siquiera los miraba, mi humor no estaba para más. Me subí al auto con mucha lentitud y ahí me quedé un par de minutos, los suficientes como para a ver a Bella bajar del brazo de Alice. Ahí; el auto de la rubia se estacionó de manera desesperante para hacer subir a su amiga quien, callada se subió sin oponerse. La mujer comenzó a gritar de manera frustrante, Bella por su parte no abrió jamás la boca y sin más se fueron de la empresa. Quise de alguna seguirlas pero no me lo permití, no lo haría. Pasado 10 minutos de su partida, puse mi auto en marcha en sentido opuesto a la carretera para dejar atrás todas las porquerías que había provocado.

-Hé miel que vous cherchez société? (Hola guapo ¿buscas compañía?)- preguntó una mujer de grandes labios en un fino burdel de la ciudad.

-Cela dépend, pouvez-vous supporter toute la nuit mon entreprise?- (Eso depende, ¿podrás aguantar toda la noche mi compañía?)- contesté de manera morbosa.

-Suivez-moi (sígueme)- contestó sonriendo y tomando mi mano para entrar en una habitación.

Ahí, ella de espaldas, la tomé del cuello y comenzó a lamerlo con necesidad. La mujer no se opuso en lo más mínimo y comenzó a jadear de manera ruidosa. Abrí su escote de un tirón dejando sus senos al descubierto y comencé a masajearlos de manera fuerte, subiendo y bajando mis dedos por sus pezones. La prostituta se giró y comenzó a besar mi cuello, desabotonando mi camisa y el cinturón. Baje su cabeza hacia mi miembro en donde coloqué un preservativo de sabor, ahí ella pasó su lengua una y otra vez causando enormes y electrizantes corrientes de placer pero no era suficiente. Tomé su cabeza y abrió aún más se cavidad para colocar su miembro aún más dentro de su garganta, engulléndome.

Y así por un buen rato, solo excitándome más no llenándome. La tiré a la cama y quite sus bragas de un tirón, tenía que sacar toda la frustración que tenía dentro. Entre abrí los pliegues de sus paredes con mis dedos y metí dos de un solo golpe haciendo que se retorciera de placer o de dolor, no me importó. Contoneo su cuerpo de manera acelerada y comencé a sentirme insatisfecho. No, no podía esperar más.

-Oui ça fait mal, juste crier. (Sí te duele, solo grita)- dije de manera burlona poniendo a la mujer sobre sus rodillas y sus manos. Ella no comprendió a lo que me refería pero en menos de lo que pudo pensar, me bajé los pantalones y los boxers, penetrándola de una y sola vez.

Ella gritó de manera dolorosa, tal vez porque ese tipo de sexo tan indiferente y doloroso no era tan practicado, vaginal, vaginal… Tan clásico que aburría. Me esperé unos segundos para poder moverme y entrar más a profundidad sobre la mujer, comenzó a quejarse de manera ruidosa y en cada estocada me aferraba a sus caderas para sostenerme.

-¿Lista?- pregunté sonriendo con malicia.

-Dire quoi? (¿Qué dijiste?)- preguntó jadeando aun en la posición en la que la tenía y le di una nalgada.

Me comencé a mover fuertemente dentro de ella sin importarme. La mujer gritaba desesperada, se apegaba a las almohadas, las mordía y arañaba. Me pedía que parara, pero jamás la obedecí. Quería sentir más, más mucho más. Entraba y salía ocupando mis dedos dentro de ella, moviendo un poco más, sintiendo 'lentamente' cada sensación poseyéndome endemoniadamente pero no desatándome.

"Mucho gusto señor Cullen. Como nos acaba de introducir el señor McCarthy, mi nombre es Isabella Swan"

"Debo decir que, tengo problemas en ser cercana con las personas… Las amistades no se me dan".

"Usted llámeme Swan, Bella solo me llaman mis amigos".

"¿Dormiremos en la misma habitación?"

Su voz, su maldita y endemoniada dulce voz. Yo dentro de una prostituta, y Bella dentro de mi cabeza.

"¿Qué hacemos aquí? Llévame a mi casa".

"¿Recuerdas la ocasión en que tu secretaria llegó? Es que, me estabas abrazando mientras dormías"

-¡MERDA!- dije maldiciendo y deteniéndome de golpe, no podía continuar; no cuando pensaba en Bella.

-Quelque chose ne va pas? (¿Pasa algo?)- preguntó la mujer.

-Je dois y aller (Debo irme)- contesté parándome de la cama y dejándole un fajo de billetes en la mesa de noche. Me vestí rápidamente, estaba seguro de que la mujer se moría por saber el motivo de todo lo que ocurría pero estaba más que claro que no se lo diría. Salí al bar en donde pedí un trago fuerte para mi enorme sed, pero en cuanto me di cuenta; yacía casi inconsciente en el alcohol.

Tomé mi auto, increíblemente me quede lo suficientemente sobrio como para manejar.

No quería que se fuera, no buscaba eso.

-No estoy enamorado de ti, solo eres un capricho Bella, solo eso pero no puedo dejarte ir. Simplemente no puedo-.


POV Bella

Entre a la habitación con los pies a rastras, me sentía más que cansada por el duro día que había tenido. Estaba siendo el blanco de todas las cosas malas de ese país, quizás; la caja de pandora se había abierto el día de mi nacimiento o tenía una especie de maldición que me seguía por el mundo entero. Jasper Harris; uno de los hombres a quienes consideraba como amigo, trató de seducirme en la oficina, tratando de tocarme y besarme a la fuerza… No podía con su demolerá presión sobre mí y también estaba Edward… Con quien me había besado la noche anterior y por quien creí que mantenía 'sentimientos' similares… Pero solo había comprendido que ese hombre solo me usaba, solo trataba de robar mi virtud como el más grande de los canallas, usando su maldito poder de hacerme trastabillar en cada paso, lo odiaba porque solo deseaba mi cuerpo, mi virginidad… Estúpida Bella.

Por otro lado también estaba Jacob, mi hermano el enamorado o más bien el obsesionado. Tenía miedo de tres hombres totalmente diferentes pero en sí muy parecidos: todos las mismas porquerías.

Yo solo era parte de un juego, un maldito juguete de deseo de quien todos se creían dueño. ¿Quién era yo en realidad y cuánto valía? Ya ni siquiera tenía en cuenta que haría volviendo a casa, sería una mala opción volver con mis padres puesto que ahí me encontraría con Jake y traería problemas… Quizás solo necesitaba alejarme del mundo, solo mi espíritu y yo.

Pero era difícil el solo dejar de pensar en toda la mierda que me habían hecho ¿cómo era posible aquello? Odiaba a Jasper, odiaba a Jake, odiaba a Edward… Pero más a él. Me parecía increíble, me parecía poco probable encontrar a alguien cuyos pensamientos eran similares a los míos. Si había un hombre para mí, esperaba encontrarlo pronto.

De alguna manera, pensé en mi visitante nocturno ¿qué habría pasado con él? ¿Por qué no me visitaba más?

Mi amante en silencio, creo que eres más que perfecto. Solo buscas que te quiera, solo buscas eso pero jamás me obligas ni me mientes. Silencio, es solo lo que pido, a veces la vida tiene más sentido cuando sé que me miras pero no te veo.

Suspiré.

-¿Dónde estás?-.

-Aquí- contestó una voz en la oscuridad.

Me sobresalté al escuchar su voz pero la reconocí de inmediato, era él. Se paró cerca de la ventana y su antifaz cubría su misterioso rostro aunque la tenue luz no ayudaba demasiado. Comenzó a caminar hacia mi dirección de manera firme, llevaba puesto guantes blancos ¿acaso no quería que viera sus manos? Se sentó a mi lado, casi enfrente de mí y me sonrió.

-Hola-.

-Hola- contesté tímidamente.

-¿Estás bien?- preguntó alzando una ceja.

-Sí- mentí.

-No lo hagas-.

-¿Hacer qué?- pregunté curiosa.

-Fingir que estás bien, estabas llorando. Tus ojos no mienten-.

-¿Ahora sabes lo que me pasa aunque no te lo diga?- pregunté curiosa.

-No es difícil, ¿quién te hizo llorar?-.

-Un imbécil hijo de puta- contesté furiosa.

-¿Solo uno?-.

-Bueno- espeté suspirando- uno en especial, los demás no me importan-.

-¿Y él sí?-.

-No- mentí de nuevo- es que… Olvídalo-.

-No puedo, alguien te dañó y debería ir y matarlo- se levantó de mi cama furioso.

-¿Serías capaz de matar al presidente de International?- pregunté con una sonrisa en los labios.

-Eso no lo dudes, lo mataría a él si tanto lo odias-.

Me quedé estática ante sus palabras ¿acaso tenía un asesino en mi habitación? Temblé, me alejé un poco y él lo notó. Me sonrió para tranquilizarme y darme a entender que no me dañaría, me lo había prometido, sabía de antemano por sí solo que era un animal, pero que conmigo no se propasaría. Confiaba demasiado en él, por alguna extraña razón.

-No quiero que lo asesines, no quiero que le ocurra nada- comenté con la cabeza baja.

-¿Te interesa?- preguntó acomodándose en el lugar.

-No-.

-¿Entonces?-.

-No importa, no quiero hablar más de ello. Solo quiero descansar pero no puedo-.

-Me ha sucedido- comentó tocando mi mano- sobre todo cuando sé que piensas en otro hombre y no soy yo, sé que de mí no te acuerdas-.

Me quedé muda.

-¿Qué quieres que te diga?- pregunté con miedo.

-Nada, tú silencio dice más que mil palabras. Sé que estoy en lo correcto-.

-Sí pienso en ti- confesé.

-Gracias Bella, eso es sorpresivo. Nadie se fija en mí ni por llamar la atención-.

-No entiendo- contesté confundida.

-No importa, me tengo que ir bella americana, pronto vendré por ti-.

Quise decirle que eso no sería posible, que me iría a la mañana siguiente quizás a algún lugar donde pudiese estar tranquila pero ¿decirle la verdad o no? Tenía ahora miedo de lastimarlo, ahora que solo temía lastimarlo, pero era mejor ser honesta.

-No será posible-.

-¿Eh?- preguntó confundido.

-Me voy-.

-No, tú no te vas- dijo tomando de los brazos, no te puedes ir-.

-Es preciso que me vaya, aquí no tengo la paz que busco, solo es tempestad en mi vida ¿quién puede vivir feliz con ello? Yo no-.

-No dejaré que te vayas- amenazó cerca de mi boca- no lo dejaré-.

-No es la decisión de nadie, es mía-.

-Tú eres mía-.

-No puedo ser de alguien a quien ni siquiera le he visto el rostro-.

-¡ESO NO IMPORTA!-.

-Claro que si ¿qué quieres? ¿Qué este contigo a ciegas, sin saber quién eres?-.

-Bella…-.

-Escúchame- dije insegura de su nombre pero recordé que ni siquiera eso sabía- me quedaré pero con una condición-.

Se quedó quieto desde su lugar, pasó sus manos a mi contorno de mi cintura y me miró a los ojos; o eso creí.

-La que quieras-.

-Quiero que esta noche te quedes conmigo-.

Me miró enmudecido, claro que se lo había dicho, claro que sí. Siempre estaba otorgando cosas que los demás me pedían ¿no era justo ya que me tocara algo a mí? Quería eso, solo eso nada más. Una noche que fuese de Isabella Swan, donde nadie quisiera doblegarla, solo yo mandara.

-¿Eres consciente de lo que me pides?- preguntó con un poco de desconcertación.

-Sí, lo soy-.

-No sé si sea buena idea-.

-Dijiste que me darías lo que quisiera-.

-No creí que fuesen ese tipo de deseos-.

-¿Entonces?-.

-No lo sé… Yo creo que no te conozco del todo-.

-Nadie en realidad conoce a nadie, eso no es nada raro, entonces ¿te quedarás?-.

Suspiró fuertemente y asintió sin más dándome la más satisfactoria de las victorias.

-Pero no intentes nada- dijo en tono de broma.

-¿EH?-.

-No quieras manosearme mientras duermo ¿eh?-.

Solté una sonora carcajada, si eso era posible ¿para qué lo haría? No tenía la más mínima intención de desnudarlo ni tocarlo. ¿O sí? Me recosté en la cama colocándome una gruesa cobija encima, afuera llovía y hacia un poco de frío. Me acurruque cerca de él mientras colocaba sus brazos de manera mecánica sobre el colchón, sabía a la perfección que deseaba abrazarme pero no se animaba. Levante su brazo y me coloqué sobre su pecho descansando y sintiendo tenso su cuerpo.

-Relájate ¿quieres? Está bien, si no, no podré dormir-.

-Lo siento ¿Qué quieres que haga?-.

-Hablemos-.

-¿De qué?- preguntó mirándome mientras yo veía el techo.

-No sé ¿qué piensas del amor?-.

-¿No pudiste haber escogido un mejor tema?-.

-No- contesté divertida.

Suspiró como pensando, detrás de su antifaz algo más se escondía ¿acaso me ocultaba algo más que su identidad? Su corazón latió fuerte en cuanto coloque mi mano entorno a su cintura. Se sentía tan linda esa sensación y bastante extraña ¿Cómo era posible que me encontrara abrazando a un desconocido?

-Cada quien lo siente a su manera ¿no es así?- respondió rompiendo el hilo de mis pensamientos.

-Sí, supongo. No he conocido más amor que el de mis padres-.

-¿Y el sentimental?-.

-Siguiente pregunta- contesté poniendo mis manos sobre mi cara.

-Vamos- insistió- contesta al menos lo que te digo ¿A quién le podría contar tus secretos?-.

-No juegues pero está bien; yo no he conocido a alguien de verdad que me importe- contesté- no lo sé creo que me estoy enamorando pero de las personas equivocada- proseguí casi olvidando que estaba acompañada en la pieza.

-¿Persona equivocada?-.

-¡Qué diablos! Quizás nunca te vea el rostro así que te lo diré: creo que me estoy enamorando de Edward Cullen-.

-¿Qué?- preguntó sorprendido.

-Pero hay algo más….- continúe- creo que me… Que me…-.

-¿Sí?-.

-Que me estoy enamorando de ti también ¿eso es posible?-.

-No lo sé… Yo… Es que… Yo… No sé qué siento por ti…- contestó.

-No lo menciones más, solo tenía que decirlo- confesé con la mirada baja- pero él me daña y tú, tú me quieres atar a algo y soy libre, no quiero ser prisionera de nadie, es tan confuso-.

-¿Se lo haz dicho?-.

-¿Ahora eres mi consejero, después de que te dije lo de Cullen?-.

-Tú deseabas hablar, no yo-.

-Tienes razón, lo siento. Deberíamos dormir-.

-Yo también pienso igual- comentó bostezando- a descansar mi bella flor-.

-¿te veré por la mañana?- pregunté con miedo.

-Tal vez…- contestó- aunque no prometo nada.

Desperté.

Eran las 7:00 am y unos enormes brazos me cobijaban. Aún llovía y sonreí. Había cumplido su promesa de quedarse conmigo toda la noche y aquella sensación agradable se extendió por todo mi cuerpo, me solté de su abrazo con la intención de pararme para ir al baño y ducharme. En la regadera recordé nuestra conversación, sin duda una de las mejores que había tenido con él a pesar de sus sentimientos confusos y no correspondidos… Quizás era verdad, amar a alguien que no conoces puede llegar a ser amor real.

Salí de la ducha tan rápido como pude. Me quedé sentada frente al tocador peinando mi cabello y bajando la maleta de ropa que había preparado para mi ahora cancelado viaje de regreso a casa. No incumpliría mi promesa, se lo había prometido.

De vez en vez, volteaba hacia su lugar para verlo dormir, sus gruesos músculos se notaban bien trabajados y firmes, su boca parecía apetecible y sus brazos enormes me hacían babear. Sentí esa extraña sensación en mi pecho.

-¿Qué pasa si le quito el antifaz ahora?-.

Lo pensé un par de veces pero no me decidía ¿y si estaba haciendo mal? ¿Qué pasaría? Estaba en todo mi derecho de saber quién había compartido mi cama ¿O no? No le hacía ningún mal a nadie, solo me enteraría de cosas por mi propia cuenta.

-¡Qué demonios, lo haré!- me dije a mi misma caminando directamente hacia él.

Toqué sus manos quitándole los guantes, ahí tomé sus dedos y con la punta de los míos acaricie el contorno de su boca. Quise besarlo. Me mojé los labios y sin pensarlo lo besé, acerqué su boca a la mía mientras sus gruesos brazos se levantaban hacia mis costados pegándome más a él: estaba despierto.

Me sorprendió demasiado su reacción pero no pude evitar dejarme llevar, envolví mis brazos en su cuello y abrí la boca para dejar entrar su lengua, sus besos eran exquisitos, suaves y adictivos. Acarició mi cabello de manera lenta y mordió mi labio inferior de manera lenta. Me miró a los ojos y me sonrió, sentí como el aire se me iba de los pulmones y su boca me hacía respirar.

-Demonios, besa delicioso. Necesito verlo, solo un segundo- pensé.

Subí mis manos hacia el amarre de su antifaz y me detuvo.

-¿Qué haces?- preguntó secamente.

-Necesito verte-.

-No- contestó alejándose.

-¿Por qué?

-No lo arruines Bella-.

-Déjame verte por favor- supliqué.

-No insistas- dijo parándose de la cama y preparándose para marcharse.

-Si te vas, me voy- amenace enojada.

-No te atrevas- me retó.

-Entonces, dame un motivo para quedarme- exigí- creo que me lo merezco.

-No quiero que te vayas- pidió tomándome las manos- pero no puedo-.

-No es justo, por favor vete y no vuelvas-.

Se paró en seco y se irguió hacia mí con las extremidades temblorosas, estaba enojado, lo sabía pero no me importó en lo más mínimo. Ya era necesario para mí tener un chance.

-No hagas esto-.

-No lo hagas tú-.

-No puedo Isabella ¡Entiende!-.

-¿Por qué? ¿No tienes nada que perder?-.

-Eso no creo que sea cierto- respondió con enojo girándose.

-Yo lo juzgaré-.

En cuanto se dio la vuelta, tomé la parte larga del antifaz y lo halé para soltarlo. Fueron más rápidas mis manos que su reacción que antes de darse cuenta, el antifaz yacía en el suelo y el hombre misterioso sin él. Sin pensarlo giró su rostro hacía a mí y no pude más que abrir los ojos de golpe para después poner mis manos sobre mi boca. Era él, siempre había sido él ¿cómo atrevió a hacerme eso? Nunca había cruzado por mi cabeza semejante atrocidad, me sentía engañada, usada, humillada y más.

-Eres tú- dije al borde de la histeria.

-Bella… Lo siento… Todo tiene una explicación-.

-¡NO! ¿TE ESTÁS BURLANDO DE MÍ? ¿POR QUÉ?-.

-Yo… Es que…-.

-TE ODIO-.

-Bella, no me digas eso ¿Recuerdas lo que me dijiste? Te estás enamorando de mí-.

-¡No más!-.

-Bella…-.

-¡LARGATE DE MI CASA EDWARD CULLEN!-.

-No te vayas Bella-.

-¿Por qué? ¿Acaso se te irá la fuente de tu diversión?-.

-No…-.

-¿Entonces?- pregunté llorando.

-Porque… Porque creo que también me estoy…-.

-No lo digas- lo callé- no digas más mentiras por favor-.

-Pero no es mentira-.

-Retírate por favor- ordené llorando.

-¿Aun así quieres irte?- preguntó dando vueltas por la habitación con las manos en el cabello.

Me giré al lado opuesto en donde estaba, era el colmo que me siguiera hablando después de todo lo que había hecho ¿qué era esto? ¿Se había aburrido con sus millones, que en mí había encontrado un nuevo juguete? Quizás hasta formaba parte de su estúpida apuesta también, conquistarme y revolcarse por mí para tener solo la satisfacción de un nuevo premio, un trofeo más. Quería golpearlo, matarlo hasta quizás pero no tenía siquiera la fuerza suficiente, ni siquiera para soportar el llanto.

Caminé hacia el baño sin siquiera mirarlo.

-Cuando salga, no quiero verte en la habitación ¿de acuerdo? Hoy me voy por fin de este lugar-.

Y cerré la puerta sin siquiera esperar a que me respondiera, encerrándome en el baño para poder llorar de manera a que nadie me detuviera.

Salí y él ya no estaba.

Me quedé quieta sin poder moverme pero mis piernas me pedían lo contrario. Me senté en la cama para poder tener la sensación de descanso aunque fuese un momento, quería estar tranquila solamente, aunque sabía que no lo lograría. Suspiré y me di cuenta de que nada me quedaba ahí, por lo tanto me iría esa misma tarde, o en cuanto más pronto mejor.

-¿Bella?- tocó la puerta mi amiga.

-Adelante Rose- dije acomodando mis ropa en la maleta.

-¿Qué haces?- preguntó sostenida en la pared.

-Preparo mis cosas para volver a casa ¿vienes?-.

Se quedó pensativa, no me respondió de inmediato y suspiró nerviosa. Sabía que aún no quería marcharse de París, Rose estaba fascinada con la idea de vivir en la capital de la moda y de seguro; un hombre le llamaba la atención como para considerar quedarse, pero yo no tenía nada que hacer.

-Bella… Yo…-.

-No quieres irte ¿cierto?-.

Negó con la cabeza pero sin mirarme. Suspiré cansada.

-Entiendo-.

-No te enojes, es que no quiero irme. París es hermoso-.

-Bueno yo me iré esta tarde quizás-.

-¿Quieres que te acompañe al aeropuerto?-.

-No, está bien Rose- dije sonriendo- ve a ese desfile que querías ir. Honestamente quisiera ir sola, no me gustan las despedidas de aeropuerto… Son bastante… Bochornosas-.

Ella me sonrió y me abrazo fuertemente. Acaricio mi cabello en forma de consuelo y me volvió a abrazar de nuevo, increíblemente no lloré pero necesitaba un abrazo.

-Está bien. Pero iremos a almorzar antes de que te vayas; será como una mini despedida ¿De acuerdo?-.

-Ok, ok. Un almuerzo pero, quisiera que Alice estuviese presente si no te importa-.

-En lo absoluto, llámala. Yo por lo pronto iré a cambiarme para ponerme más guapa. Nos vemos en una hora en el Mon amour, te veo allá, tengo algunos pendientes que hacer antes- dijo guiñándome un ojo con complicidad y me hizo sonreír.

Salió de la habitación y fui en busca de mi teléfono celular. Marqué rápidamente el número de mi amiga y esperé a que la llamada se conectara. Caminé de un lado a otro hasta que su voz se escuchó.

-Alice, habla Bella ¿quieres ir a almorzar en una hora?-.

-Es increíble que te vayas Bella- comentó Alice estando a solas conmigo ya que Rose aún no había llegado.

-Sí, mi tiempo se terminó. Me toca cambiar de lugar ¿No te parezco una gitana Alice?- pregunté en forma de broma.

Ella sonrió y bebió de su café.

-Tengo algo para ti- dijo seriamente tomándome de la mano.

-Dime-.

-Te llegó esta carta de tus padres preguntando por ti, llegó esta mañana a la oficina, creo que no saben en qué dirección te quedas y lo mandaron a tu trabajo-.

Tomé el sobre con el sello de Brookl'yn, N.Y. y leí cuidadosamente cada uno de las letras que me enviaban desde casa, inclusive me enviaron fotos de un pequeño viaje que realizaron en el parque de Yellowstone, Charlie siempre bromeando, diciendo que Renee buscaba al *Oso Yiogui como loca, mandándome saludos y deseándome suerte y bendiciones.

-Gracias Alice, eres grandiosa-.

-No es nada- contestó tomándome de la mano y sonriendo- pero hay algo más-.

-Te escucho-.

Abrió su bolso y de ahí sacó dos sobres más pero de menor tamaño y me los entregó.

-Te las envía el señor Cullen-.

-No las quiero, tíralas-.

-Bella- dijo suplicante- es una carta de recomendación para un nuevo empleo y un enorme cheque de indemnización en blanco ¡es la lotería!-.

-Tíralos, de él no quiero nada- respondí molesta.

-Bueno, al menos lee este sobre, este no tiene nada que ver con el trabajo, no tiene asunto y el otro si, quizás sea algo importante ¿lo quieres leer?-.

Me sentí curiosa, quería abrirlo y ver que contenía. ¿Qué más había que perder? Lo tomé de sus manos y abrí con lentitud. Desplegué la hoja de papel blanca, con una enorme cantidad de letras y párrafos pidiéndome disculpas por lo del trabajo pero lo que más me llamó la atención fue lo siguiente:


"Bella, sé que tú y yo nunca tuvimos nada personal. Siempre viviendo entre la pelea, la angustia y nunca en paz. Me siento como un verdadero imbécil al saber que te engañé en repetidas veces solo para obligarte a hacer cosas que yo quería, asustarte y tratar de poseerte ¿es eso increíble? Trate de proclamarte mía cuando en realidad no teníamos nada… En realidad no sé lo que siento pero cuando me confesaste que te estabas enamorando del hombre que te visitaba de noche y de quien no sabías ni el nombre me di cuenta de que eras verdaderamente diferente. Mi dinero jamás te interesó y yo quise comprobarlo.

Soy un tan estúpido.

Siempre llevando las cosas al contrario y no quiero que te vayas. No lo hagas. No sé porque te pido esto, solo que, me siento verdaderamente asustado por vez primera en mi vida. Soy una bestia, un animal, un hombre de cavernas pero soy un apasionado y llegas tú despertando cosas en mí que jamás había sentido. Tus besos ahora los necesito, te necesito a ti.

No puedo siquiera estar con otra persona porque pienso en ti ¿Qué me has hecho? No soy el mismo, nada es igual ¿Te quedarías por favor?

No te pido nada, no habrá nada si es que así lo prefieres… Pero por favor, no te vayas…

Atentamente:

Edward Cullen, presidente de International y hombre arrepentido."


¿Cómo se atrevía? ¿Cómo rayos se atrevía? Comencé a llorar con desesperación y arranque un pedazo del sobre que me enviaron en mis padres. Alice me veía tratando de consolarme y acariciando mi hombro, escribí cada palabra de manera mucho más breve y dolorosa, finalizando aquel escrito con un beso sobre el papel.


POV Edward

Me devolví a la oficina en cuanto le había dejado sola como me lo pidió, ahí no pude ni concentrarme ni la mitad de lo que debía ser. Caminaba de un lado a otro con la botella de alcohol en la mano derecha y un vaso en la otra. Quería que Alice volviese lo más pronto posible de su almuerzo, era una de las primeras veces que me interesaba tanto la presencia de esa delgada mujer. Después de 45 desesperantes minutos, Alice llegó con los ojos rojos.

-Señor, ¿puedo pasar?-.

-Adelante- dije alzándome de mi asiento ansioso.

-Aquí están los documentos que me dijo que mandara a firmar con todos los jefes de departamento y….-.

-No me interesa esas mierdas ¿Dónde está lo que le pedí?- pregunté ansioso y enojado.

-Aaa, sí, aquí está señor- respondió sacando de su bolsillo dos papeles, un sobre ya antes visto y otro pedazo de papel nuevo.

Los tomé de manera rápida casi arrebatándolos de la mano y le ordené que se retirara. El primer sobre era el que yo le había enviado con su cheque y carta de recomendación, los cuales seguían perfectamente sellados. Lo hice a un lado y tomé el segundo papel, era una nota del puño y letra de Bella con un mensaje para mí.


"Edward no insistas por favor, volveré a N.Y. haz tu vida, déjame en paz… Lo que 'hubo' entre los dos, ya no existe… Un beso no significó nada para ti, ni siquiera yo. Aunque yo, si te quise.

B. Swan"


Abrí los ojos de golpe por el pequeño beso que había dibujado con el labial de su boca, y sus palabras ¿eso era todo? ¿Solo un maldito adiós de mierda? No podía, no debía ser así. Apuñe las manos en forma de rabia.

-¡ALICE! ¡ALICE! ¡VEN ACA EN ESTE INSTANTE!- grité desesperadamente.

La mujer entró corriendo llorando y bajando la vista.

-¿Dónde está Bella?- exigí saber.

-No lo sé-.

-¡ALICE!- amenace golpeando la mesa y asustando a mi secretaria.

-¡Se fue hacia el aeropuerto!- contestó llorando- se va, consiguió un vuelo para la siguiente hora-.

Me paré de mi lugar y salí para tomar mi saco, mientras me lo colocaba, miré a la mujer quien seguía sin alzar la vista.

-¿Cuál es su vuelo?-.

-No lo sé-.

-¡CON UNA MIERDA! ¡Tienes que decirme!- grité de nuevo desesperado.

Negó con la cabeza y colocó sus manos en su cara. Me paré enfrente de ella para tomarla de los brazos.

-Por favor- supliqué- es importante que me digas, debo evitar que se marche- dije mientras la miraba a los ojos.

Sí, por primera vez le supliqué a alguien por una mujer y Alice era testigo de ello. Me miró asombrada mientras pasaba saliva ruidosamente.

-Se marcha en el aeropuerto de París- Orly en el vuelo 456, sala 278-.

-¡Gracias!- grité corriendo hacia el elevador y me dirigí con toda la velocidad que mis piernas me daban.

En los pasillos, la gente me detenía para saludarme. Me llevé en mi paso a varias mujeres quienes cargaban montones de papeles y carpetas. Tiré a varios hombres que caminaban hacia sus respectivas oficinas y la recepcionista trató de detenerme. Mandé todos al diablo, tenía que llegar al aeropuerto. Tomé mi auto, salí del estacionamiento y para mi buena suerte el tráfico me atrapó. Di en reversa a la calle y tomé una ruta 'más corta' manejando en contra ruta. Los demás autos tocaron el claxon de manera ruidosa. Seguía concentrado en llegar hasta Bella y evitar que se marchara.

-Vamos, vamos- decía bajito- esto no puede estar pasando, estoy detrás de una mujer a quien no sé porque sigo- me dije confuso.

Aceleré un poco más y el tiempo se me iba de las manos. Llegué a 240 km/h y aun me faltaban como media hora de viaje más. Tenía la esperanza de que llegara a tiempo. Manejaba como un desquiciado, casi estrellándome en la carretera pero no me importó.

35 minutos después, llegué al estacionamiento donde se esperaban los taxis, mientras un policía me gritaba que no era legal estacionarme en ese lugar.

-¡Llévese el maldito auto!- grité entrando al aeropuerto y llevándome a las personas en mi andar.

Caminé en toda dirección, dando vueltas por todos lados. Mi desesperación no me ayudaba en lo más mínimo.

-Tranquilo Edward, tranquilo. Era el vuelo 456, sala 278 ¿cierto? Solo debes preguntar por ello- me dije para tranquilizarme.

Corrí hacia las ventanillas de información y hablé con una mujer que me veía de manera provocadora.

-Hola, quisiera saber del vuelo 456 con destino a New York-.

-Désolé, pourriez-vous parler le français? (Disculpe ¿podría hablar en francés?)- dijo apenada.

-¡Mierda!- dije golpeando el mostrador lo que provocó que se asustara- Où puis-je voir les passagers à destination de New York? (¿Dónde puedo ver a los pasajeros con destino a New York?)-.

-Aa, à l'heure actuelle sont l'embarquement, suivre cette direction (Aa, en este momento están abordando el avión, siga esa dirección)- contestó señalando con el dedo.

-Merci- grité corriendo.

Corrí aún más rápido de lo que pude antes y entonces la vi. En ese justo momento, entregando su boleto para entrar al avión, sonriendo amablemente a la mujer que le recibía y deseándole un buen viaje y cerrando la puerta.

-¡Bella!- grité pero no volteo.

-¡Bella! ¡No te vayas!-.

-Señor- dijo un hombre que hablaba al perfecto el inglés- si no tiene un boleto no puede pasar- comentó deteniéndome.

-¡USTED NO ENTIENDE, ELLA TIENE QUE HABLAR CONMIGO! ¡Bella!-.

Y en ese instante, ella volteo a través del vidrio de la puerta y me miró con los ojos cristalinos. Se detuvo un momento en la autopista pensativa y habló con un encargado a quien vi que le decía que sí. Para mi buena suerte, el hombre abrió la puerta, pude entrar y verla, afuera el cielo estaba nublado y ventoso.

-Retírese por favor o llamaré a seguridad- amenazó el hombre desde el otro extremo pero no importó, ella había visto que me encontraba ahí y desde afuera el encargado me hizo la señal de que entrara.

-Solo deme 5 minutos, necesito hablarle un segundo- pedí.

El primer hombre se giró hacia la chica de ojos chocolate y ella asintió. A los pocos minutos, yo estaba dentro de la autopista con Bella enfrente.

-Tiene 5 minutos o el avión parte sin usted señorita-.

-Lo sé- contestó seriamente.

Me fui en dirección a ella para tomarla de la mano pero no me lo permitió del todo, tenía la mirada baja y su cabello le cubría la cara.

-No te vayas-.

-Dame un motivo- dijo secamente cruzada de brazos.

-No sé qué decirte ahora que estás aquí- dije de manera estúpida.

-Entonces no tiene caso que este aquí para escucharte- espetó girándose y dándome la espalda para subir al avión.

La tomé del brazo y la tomé de la cintura, cerca de su boca le susurre mi respiración. Cerré los ojos y supliqué que se quedara. No podía apartarla de mi lado.

-No te vayas, no quiero que te vayas-.

-¿Por qué me mientes y dañas? ¿Por qué quieres que me quede? ¿Soy solo un juguete?-.

La miré a los ojos y la besé con desesperación enfrente de todos. Tomé sus labios con lentitud mientras ella se oponía, acaricie su rostro de manera suave. La necesitaba tanto que tuve que profundizar el beso pidiendo acceso con la lengua. Sus besos y caricias se volvieron más dóciles y dulces, me abrazó con fuerza mientras lloraba y yo me aferraba a su cintura. Tomé su nuca para poder sentirla más cerca de mí. La miré de nuevo a los ojos mientras veía como sus orbes chocolates me miraban fijamente, de nuevo la besé con necesidad. ¿Por qué me había negado a ella? El mismo centro del universo se encontraba entre mis brazos y se estaba marchando, no la dejaría ir, por más que lo negara, la necesitaba.

-Señorita- nos interrumpió el hombre- ¿se marchará?-Preguntó insistente.

La miré a los ojos suplicando y ella lloró.

-No puedo quedarme Edward, no puedo creerte después de tanta mentira, te quiero pero no me demuestras que me quieres, lo siento me voy-.

-Bella… Sé que tuve la culpa y tienes todas las razones de irte pero por favor… Quédate porque yo…-.

-Porque tú… ¿Qué?-.

La lluvia comenzó a caer sobre nuestra cabeza, haciendo que el cabello castaño de Bella se volviese oscuro, me miró a los ojos para buscar las respuestas que necesitaba.

-Porque yo… Yo… te… amo- confesé mientras me miraba en silencio.

Y ahí, en el vuelo 456, frente al avión con rumbo a New York, con lluvia sobre sobre nosotros y teniendo entre mis brazos a la hermosa mujer que quería para mí; yo Edward Cullen, le había confesado que la amaba.


Por fin, por fin, por fin... Siento que las cosas buenas tardan más en llegar ¿no lo creen?

OPINIONES, OPINIONES...

No olviden su review, favorite/ follow, esto cada vez se pone mejor :D

Denisse, chica ocupada con la escuela los saluda :D