¿Rosa blanca o roja?

"Adiós a las flores, yo con el aroma tengo"
Anónimo.


POV Bella


No sé si la mejor palabra es desconcertada, pero ciertamente, así me siento en realidad. No tuve la más mínima idea de lo que se me avecinaba, ahí parada como idiota, frente a un público morboso que solo se alimentaba de lo que veía, me encontraba entre los brazos de Edward Cullen. Sus palabras me habían tomado por sorpresa, ¿acaso se bufaba de mí como lo había hecho antes? No debía confundir mis sentimientos con mis pensamientos, ciertamente mi raciocinio tambaleaba de manera escandalosa, no quería sentirme así. No cuando yo lo deseaba a mi lado. Sus ojos me miraban en desconcierto como esperando una respuesta mía, ¿qué tenía que decirle entonces? Definitivamente, el usual o no, no podían formar parte de aquella inusual conversación. No podía, no era lógico.

-Sí tan solo tuviese un minuto de paz contigo Edward- pensé para mis adentros.

-Señorita, tiene que decirme, se va o se queda- insistió el hombre del avión.

Edward pasó saliva ruidosamente, miré sus labios temblorosos. No pude encontrar la razón suficiente para que él tuviese miedo, nunca lo había demostrado pero en esa ocasión lo encontraba tan vulnerable que me dolía. Tenía que pensar, más que nada, decidir. Si quedarme era mi decisión, tendría que luchar duramente contra fantasmas del pasado de Cullen que me seguirían hasta la tumba, pero si me iría, estaría renunciando definitivamente hacia él. Decisiones, decisiones.

-¿No me dirás nada?- preguntó impaciente.

¿Qué quería que le dijera? "Edward, estoy esperando a que me llegue un milagro del cielo para poder aclarar mis pensamientos, por mientras ¿te gustaría ir por una taza de café? Mientras el piloto del avión nos espera" Moví mi cabeza, debía concentrarme en mis pensamientos y en el tipo de respuesta más coherente y sensata para mí, puesto que en ese momento solo importaba yo. Suspiré de nuevo.

-Recuerda Bella- dije hablando internamente- te gusta y dijiste que te estabas enamorando de él ¿qué tanto tienes que pensar? ¡Anda hermosa! Corre hacia sus brazos y besa fervientemente sus labios, él te está esperando-.

Sonreí una vez más, de cierto modo; esa parte de mí, ansiaba enormemente quedarme al lado de Cullen, di un paso insegura mientras veía como una sonrisa de perlas blancas se dibujaba en su rostro.

-Recuerda que solo te desea, te confesó que apostó por tu virtud, solo fuiste un juego, ni siquiera eras el trofeo, solo el instrumento para ganar- pensó mi contraparte y esa fue la gota que derramó el vaso y mis lágrimas.

Comencé a llorar en silencio, Edward me veía asustado, claro que quería abrazarme y de algún modo consolarme, pero ahí en ese instante, pudo más el dolor que el amor.

-Lo siento, ya he tomado la decisión- dije de manera firme aunque muy poco creíble- yo no seré parte de tu apuesta ni juego-.

-¡Bella no!-.

Caminé en dirección contraria a su lugar, soportando las sofocantes ganas de llorar sin consuelo. Mis tacones resonaban en el piso de la pista de aterrizaje, los hombres que habían detenido el avión me seguían en silencio, escoltándome los pocos metros que me separaban de mi transporte.

-¡No te puedes ir!- gritó desesperado- no podrás huir de mí, ¿sabes por qué Bella? Porque deseas estar a mi lado, aunque te vayas al otro lado del mundo, tú pensarás en mí y sentirás que te sientes sola y ahí, sabrás que te has equivocado-.

Detuve mi andar de forma seca. Quise girar el rostro, pero sabía a la perfección que si lo hacía, me arrepentiría y correría hacia sus brazos, no era lo que planeaba, no caería a sus pies, rendida e ilusionada, dispuesta a ser sacrificada cual cordero en ritual, en un asunto que no me confería en lo más mínimo.

-No sé qué depare mi futuro, solo sé que trataré de seguir Edward, no sé si lo logre; pero lo intentaré- contesté sin girarme a verlo.

-¡BELLA!- gritó una vez más y escuche perfectamente como los guardias de seguridad lo detenían para que no se acercara al avión. Sentí una tibia lágrima rodar por mi rostro, no tuve el valor de girar mi cabeza.

-¡Te buscaré Bella, y te encontraré! No me importa si muero en el intento, sé que me amas, sé que me necesitas y no me importa que huyas de esto que sentimos, ¡TE AMO, TE AMO!- fue lo último que escuché antes de que las puertas del avión se cerraran.

Había dejado Intenational, París y a Edward.

Una parte de mi corazón me hacía sentir como una verdadera idiota. Pensaba que de alguna manera, los sentimientos que habían crecido en todos aquellos meses, eran solo el reflejo de la culpabilidad y el desasosiego de mi perturbada cabeza. Habían pasado apenas unas cuantas horas de mi regreso a New York. Ni siquiera un té caliente me tranquilizaba los nervios. Estaba sola en mi apartamento, me había decidido a no avisarles a mis padres para no llamar la atención de Jacob en cuanto supiese que no estaba en Europa pero de algún modo, sabía que tampoco podía ocultarme toda la vida solo por miedo.

Entré al dormitorio que había elegido para mí, lo recordaba muy sutilmente ya que, la última vez que había pisado este lugar, Rose me había anunciado que se casaría y que debía ir lo más pronto posible a Francia. Ni siquiera estaba cansada del viaje, el solo recuerdo de Edward en el aeropuerto me mantenía activa, sin querer dormir y con ganas de hacer limpieza en mi departamento solo para mantener mi mente ocupada.

-Bien, comencemos-.

Traje conmigo todos los útiles de limpieza que encontré en el supermercado. Comencé por desempolvar los muebles, después de más de 10 meses en soledad creo que, era de esperarse que estuviesen más que sucios. Después fregué los pisos, para después acomodar lo último de mis pertenencias y finalmente acomodar detalles.

-Parece que después de 5 horas activa ya es necesario un descanso- dije para mí sola.

Camine a la cocina donde se encontraba un paquete de comida china que había comprado en mi pequeña 'salida' al super. La cené con lentitud, hacía bastante tiempo que no degustaba esta comida y me paré hasta terminar el último bocado. Casi reventando mi estómago, me paré hacia el baño para darme un rápida ducha y poder ir a descansar.

El agua fría me cayó sobre la espalda, dándome la sensación de que mis músculos la recibían agradecidos. Mojé mi cabello larguísimo, en aquel tiempo, nunca había echado a notar que no me ponía la atención suficiente en mi arreglo personal, por lo que la longitud se había hecho muy exagerada, mañana lo cortaría, aunque pensando bien, el cabello largo no me molestaba en lo absoluto. Lo dejaría así por mero gusto, solo me haría un recorte en las puntas. También notaba que estaba un poco más delgada pero sin perder una bonita figura, ¿qué había pasado conmigo estos últimos meses? Claro que lo sabía, en el trabajo casi no comía, siempre entre juntas y documentos, Edward usualmente me mantenía a su lado y me había acostumbrado a su extraño horarios de comidas. Debía cambiar eso también.

Me fui a mi habitación, era la única parte del departamento que no había arreglado del todo, mis pertenencias se situaban por todo el lugar por lo que solo despejé mi cama y me recosté sobra ella. Antes de que pudiese conciliar el sueño tomé mi teléfono celular y revise si tenía algún mensaje o llamada pendiente.

-Que idiota eres Bella- dije para mi sola- como si él fuese a llamarte para que volvieses, además ya no trabajas ahí, no tienes que revisar ningún pendiente-.

Y en efecto, no tenía la más mínima necesidad de revisar mi móvil pero la curiosidad me ganó. Preferí después de haberlo revisado jamás haberlo tocado o haber estado dormida. Los primeros mensajes no fueron los peores, eran de Alice, en ellos me deseaba buena suerte en mi viaje, decía también que la empresa estaba hecha un caos, que Edward Cullen había perdido los estribos con todo el mundo y que los empleados casi literalmente trabajaban bajo un látigo déspota de palabras hirientes por parte del 'jefe'. Los siguientes mensajes eran por parte de Rose, en ellos me preguntaba si había llegado bien a New York, que las cosas en casa se habían tornado demasiado solas y a última hora había decidido despedirme en el aeropuerto pero ya no me había encontrado, se encontraba triste.

Y por último y consiguiente, los últimos mensajes eran de Edward Cullen. Todos y cada uno de ellos me decían que me amaba, me necesitaba y que quería que volviera, solo pude llorar con el último que llegó, 2 minutos después de que leí todo y cada uno de ellos.


Bella:

Supongo que ignoras mis mensajes y llamadas porque no quieres verme más. No sé porque de alguna manera presiento que, solo lo haces porque estás herida y, te comprendo. Me siento como el más grande de los imbéciles, ¿podrás perdonarme algún día?

Creo que me estoy humillando de algún modo, rogándole a una mujer que se mantenga a mi lado solo porque soy lo suficientemente egoísta como para pedírselo. Pero te necesito, me haces falta y no puedo olvidar tus besos, tus palabras, esas sensaciones, sé que sientes lo mismo de algún modo o eso creo. Seguiré intentándolo, eso no dudes, te buscaré y te encontraré.

Edward Cullen.


"Te buscaré y te encontraré", sus palabras me taladraron el pecho de manera demoledora. Quise llamarlo, decirle que aquí lo esperaría pero no era lo correcto, debía salir de ese mundo, ese lugar donde Edward Cullen me gritaba que cayera rendida entre sus brazos, definitivamente tenía que resistirme a todo.

-Solo necesito dormir, no necesito volver a ese lugar nunca más- dije colocando mi teléfono en la mesita de noche- ni siquiera necesito trabajar nunca más, tengo el suficiente dinero como no trabajar en un 4 años, pero si tengo que hacerlo, mi mente necesita mantenerse ocupada por mucho tiempo, olvidarlo y renacer de la cenizas como el fénix, de Edward Cullen y su reino no quedará nada en mi persona-.

Solo necesitaba romper mi rutina, ejercitarme, comenzar un nuevo día y conseguir un nuevo trabajo. Todo sería diferente.


*3 meses después*


Las cosas pintaban 'normales' ya para mí o rutinarias a decir verdad ya que, Edward no dejaba de insistirme en que volviera aunque siempre ignoraba sus llamadas. Tenía inclusive la sensación de que alguien me seguía en cada movimiento que hacía en la ciudad, cuando visitaba a mis padres notaba que un hombre, del cual su rostro se me hacía conocido ya, me esperaba hasta que salía de visitarlos y no lo volvía ver hasta las siguientes ocasiones. Sabía que Edward había mandado a seguirme y de seguro, quería llevarme a su lado. No quería verlo, no quería nada de él aunque lo anhelaba a mi lado. Me sentía mal aún, la herida era demasiado grande como para sanar, yo solo necesitaba tiempo para arrancármelo del corazón y encontrar a alguien que me hiciera sentir de verdad especial y amada.

Tenía la mente tan inundada de su recuerdo que no me había inclusive dispuesto a buscar trabajo, no encontraba algo lo suficientemente bueno como para mantenerme activa todo el día, todos demasiado fáciles y yo sintiendo a los ojos verdes tan presentes y vivos en mi vida.

Un día como cualquier otro, salí de casa por la mañana, en mi Ipod llevaba la canción de Patience de los GNR. Adoraba esa canción, me hacía sentir tranquila, me brindaba esa seguridad y confort que me hacía seguir adelante cada día, tratando de olvidar todo lo malo que había vivido. La brisa era un poco fría por lo que desee tomar algo caliente, paré cerca de un Starbucks que estaba 'cerca', caminé los grandes bloques con lentitud, curioseando en el camino de vez en vez. Las manos me temblaban, ahora me sentía estúpida por intentar caminar en plena nevada, agradecida de que mi ropa no fuese demasiado evidente de fresca, entré al café para formar una fila muy prolongada.

Los empleados trabajaban con mucha rapidez, pero debido a la gran demanda de servicio, les era imposible abastecerse de personal como para tomar todos las ordenes a la vez. El tiempo de espera se basaba de al menos 20 minutos, movía mi bota de invierno contra el piso de manera desesperada mientras veía mi reloj de pulsera cada 10 segundos para verificar que el tiempo avanzaba. Noté que un hombre delante de mí movía la cabeza en forma de desesperación, al parecer tenía mucha prisa.

-¿Podría atender más rápido por favor?- inquirió de manera enojada.

La empleada se disculpó con una sonrisa coqueta, quiso intentar ir más rápido pero en cuanto lo miró a la cara, la chica se quemó con el café, quizás algo le había llamado la atención. Se quejó de manera descontrolada, el líquido hirviendo le había quemado parte de su muñeca por lo que no pude evitar correr para auxiliarla, sin darme cuenta, el hombre que estaba frente a mí hizo lo mismo.

-¿Está bien señorita?- pregunté tomando su mano.

El hombre de cabello castaño, a quien apenas había echado notar me miró con los ojos abiertos a la par, eran de color cafés oscuros pero bastante bonitos, de enormes pestañas y de piel blanca. Su mirada se posó en la mía de manera muy íntima, lo que hizo apartar de manera inmediata mi vista y fijarla en la mano quemada de la chica.

-¿Te duele mucho?- pregunté a la joven.

-Sí, siento la piel arder-.

-¿Tienen aquí alguna gasa limpia? Necesito limpiarte la herida- comentó el hombre como sabiendo a la perfección lo que decía- no te preocupes, soy médico, sé lo que hago. Me gustaría ayudarte más que ello pero aquí no hay material suficiente-.

-¿Debo meter la mano en agua?- preguntó la chica asustada mientras su compañero llamaba a alguna ambulancia al 911.

-No- contesté de inmediato- si lo haces solo lograrás que crezcan ámpulas en tu piel que dolerán más-.

El hombre de cabello castaño se giró de inmediato hacia mí mientras le sostuve la mirada, este me trató de sonreír, pero yo no lo correspondí demasiado.

-La ambulancia viene en camino- respondió el compañero de la chica- Julie, ve a sentarte, los demás seguiremos atendiendo- finalizó mientras la multitud comenzaba a avanzar un poco más después de todo el accidente.

-Creo que, yo paso a retirarme- anuncie sin la más mínima intención de llamar la atención de ninguno de los presentes- espero que te mejores-.

-Espero señorita- dijo la chica sentada- ¿no querrá su café?-.

-Estoy bien, no te preocupes- contesté sonriendo y salí del establecimiento suspirando por aquella situación que había vivido, tratando de dejar todo atrás.

Salí de la tienda en dirección contraria hacia donde vivía, pensé detenidamente entre tomar un taxi o tomar el metro de la ciudad para volver, pero tenía la sensación de que sería seguida como de costumbre. Sin rumbo, seguí avanzando, honestamente me sentía sin ánimo de nada. Solo quería tener la posibilidad de tener un día sin que pensara en los verdes orbes que me miraban con deseo.

-Cálmate Bella, sabes que él no está pensando en ti, de seguro una mujer ya está en su habitación dándole lo que a él 'le gusta'-.

E increíblemente, me puse celosa de solo pensarlo. Yo quería estar con él pero debía ser lo suficientemente madura como aceptar el resultado de mis decisiones, mis propias decisiones y rumbo de mi vida, pero estaba totalmente consciente de mi voluntad y mi poco raciocinio en cuanto a Edward Cullen, no hacía falta demasiado como para poder pensar que me encontraba firme en mi posición, sabía que, si lo llegase a ver de nuevo, no sería difícil lanzarme a sus brazos, lo estaba ansiando, verlo en mi puerta con su impecable traje negro, su enorme gabardina, sus zapatos italianos, su perfume inundando mi habitación, sería más que perfecto, pero no podía, no más, aunque lo ansiara.

Pero lo recordaba todo a la perfección, incluso, tenía la sensación de escuchar su voz a lo lejos, de sentir su perfume cerca de mí al despertar, como si hubiese pasado toda la noche abrazado a mí y eso me hacía sentir que yo no tenía remedio, definitivamente estaba loca.

Pocos días después de llegar de Francia, había decidido deshacerme gran parte de las pertenencias que había traído de aquel romántico país. Me aturdía literalmente el simple hecho de mirar pequeñas piezas de cerámica que gritaban 'París' por todos lados. Le había obsequiado a mi madre gran parte de ellos, fascinada los aceptó de inmediato, estando segura de que los mantendría en su habitación y no en un lugar visible, pero desgraciada sea mi cuna, que hizo todo lo contrario. Como resiénteme me había acostumbrado a no vivir sola, decidí pasar unos días en casa de mis padres teniendo la seguridad de que Jacob no volvería en una temporada.

Ahí, volví con un pequeño recibimiento por parte de Renee y Charlie quienes, felices me abrieron las puertas de su hogar. La sala estaba llena de esos pequeños recuerditos. Y ¿qué decir de mi habitación? Plagada estaba de Francia. Mamá la había decorado en una de sus múltiples facetas de diseñadora de interiores quien, alegando mi regreso, pensó que decorar la habitación al estilo francés, y según ella, me haría tener gratos recuerdos de mi larga estadía en aquel lugar. ¿Cómo negarme ante la felicidad y emoción de la mujer que llamaba mi madre?

Traté de verme lo más feliz posible por aquella decoración tan escandalosa pero no lo logré con mucho ánimo aunque mi madre se lo hubiese creído.

-¿Qué te parece Bella?- preguntó con las manos cerradas cerca de su boca.

-Es… Es… Perfecta mamá, amo la decoración es bellísima- dije abriendo los ojos como plato.

-¡Sabía que te encantaría! En cuanto vi la decoración, supe que lo amarías-.

-Gracias, no debías-.

-¡Claro que debía! Cuando decidas irte, puedes llevarte los muebles, no quiero que te pongas nostálgica por Francia Bella-.

Y esa era la cuestión, mientras yo trataba de olvidar ese lugar, mi pieza gritaba en sí: Edward Cullen.

Aunque la vida quisera lo contrario, él estaba presente en todo momento. Ni siquiera distraerme me mantenía lejos, era destructivo de tal modo que me enfermaba mi mero comportamiento conforme mis pensamientos, y ¿cómo iba a lograrlo? Edward Cullen diariamente me mandaba correspondencia que, sabrá el cielo como llegaban tan rápido, recibía cada mañana en mi puerta directamente desde su oficina. Cartas y más cartas, mensajes, E-mails, flores, regalos, mi casa estaba repleto de ellos, tenía inclusive la sensación de que algo no concordaba del todo.

Si era capaz de llenar mi pequeño departamento con todos aquellos obsequios, ¿no era acaso más lógico pagar un solo boleto de avión para venir él personalmente? Pero ¿para qué lo quería? Era definitivamente lo que menos necesitaba, verlo. Hasta cierto punto, podía soportar que me llenara de todos aquellos recuerdos suyos, a la larga, sabía que terminaría por acostumbrarme y Edward se cansaría ¿o no era posible?

Mi única esperanza era el tiempo.

Según las personas sabias, este lo curaba todo. No tenía la certeza si sería capaz de sanar un corazón roto, en mi interior quedaban grandes esperanzas, todas y cada una de ellas hinchadas por el amante en silencio, mi caballero blanco. Los ojos verdes me atormentaban cada día, su letra en cada trozo de papel gritándome: vuelve, te necesito.

Pensé inclusive en tomar el suficiente valor para contestarle al menos una llamada pero, sabía que me desarmaría con solo escucharle decir mi nombre. Volvería hacia sus brazos, tonta, rendida y ¿enamorada? No me había detenido en pensarlo pero albergaba una gran posibilidad de ello. Tenía miedo inclusive de mis propios pensamientos.

Y ahí, caminando en plena Wall Street, con las manos en los bolsillos, la mirada perdida y el corazón vació; seguí mi sendero hasta encontrar algo digno que ocupara mi mente, algo lejos de Edward Cullen.

-¡SEÑORITA, CUIDADO!-.

Fue lo único que escuche después de caer en el piso de la banqueta en la que me encontraba y que apenas había bajado. Un enorme camión de transporté pasó de manera veloz a escasos centímetros de la punta de mis pies, sin poder detenerse, derrapó un poco por la calle para al fin frenar en seco.

Me golpee la cabeza sordamente, me sentía mareada e ida. Una extraña sensación me inundó el cuerpo, quizás el pánico y la poca lucidez no me permitían ver más allá de lo que tenía enfrente, y el barulló de la gente que se acercaba a mí. De lo último que fue consciente fue una voz preguntando si me encontraba bien y, de unos ojos cafés, unos muy bonitos que me miraban asustados.

Desperté en una camilla, sin lugar a dudas bastante asustada.

Noté que frente a mí había unas cuantas radiografías de mi cráneo mostrando que no tenía ninguna contusión en la cabeza.

Afortunadamente.

Sabía un poco de medicina, no era nada tonta en el tema, aunque mi especialidad se basara en otra área, yo hubiese sido un excelente médico, me lo había propuesto en algún momento en honor a mis padres pero al final, opté por finanzas. Me daba miedo la posibilidad de atender a alguien que me importara demasiado y verlo morir sería el peor de los recuerdos en toda mi vida, no quería arriesgarme a ello.

Traté de movilizarme un poco y pude notar que mi brazo izquierdo estaba canalizado con suero. Intenté buscar a alguna enfermera o médico para que me ayudara pero no pude notar a nadie por encima de los vidrios de la habitación.

-Por fin despertó- dijo una voz desde el fondo de un enorme asiento de piel negra, que estaba en la misma habitación y que extrañamente no había notado.

Me quedé expectante al mirarlo detenidamente, ¿quién era? Y ¿por qué se me hacía tan conocido?

-Creí que jamás lo haría, la han examinado y han comprobado que usted no tiene nada de gravedad, solo unos cuantos golpes. Me comentaron que estaría usted bien en cuanto despertara, pero quería asegurarme-.

-¿Quién es usted?- pregunté alzando una ceja.

El hombre me miró con sorpresa, se sonrió al darse cuenta de que no se había siquiera presentado y no pensó en la reacción que tendría al verlo de la nada parado en mi habitación.

-Discúlpeme señorita, mi nombre es Adam. Adam Hunter, soy médico y yo… La traje aquí-.

-Disculpe- respondí cerrando los ojos y negando con la cabeza- no lo recuerdo, ¿nos hemos visto con anterioridad?-.

-Por increíble que parezca- dijo sonriendo sin mostrar la mirada- así es. Yo, soy el que ha ayudado a la chica del café esta mañana, la que se ha quemado y usted estuvo atendiéndola de igual modo-.

-Ah, ya lo recuerdo- respondí sonriendo- usted es el médico de Starbucks ¿cierto?-.

-Bueno, es raro que me conozcan de ese modo pero, usted está en lo cierto- inquirió sonriendo con una fugaz alegría.

-Lo siento- respondí apenada- mi nombre es Isabella Swan, pero prefiero Bella- me introduje ofreciéndole mi mano.

-Hola Bella, mucho gusto- contestó tomándome de la mano- yo soy el "médico de Starbucks" pero preferiría que me llamases por teléfono y dijeras: "Adam ¿te apetece un café?-.

Me sonrojé de inmediato, ¿acaso me estaba invitando a una cita? Adam sostuvo mi mano un poco más de lo debido y me miró a los ojos de manera amable. Quité mi agarre suavemente esperando no ofenderlo de ninguna forma, y oculté mi mirada colocando un mechón de mi cabello detrás de mis orejas.

-Bueno, sería interesante beber una taza de café algún día- respondí cortésmente- pero aún ni siquiera sé cuándo saldré de este lugar- inquirí con cierta impaciencia.

-Bueno, no creo que tarde más de media hora, además solo necesita medicamento Bella-.

-Por favor, no me hables de usted, me siento bastante…-.

-¿Incómoda?-.

Asentí bajando la mirada, los formalismos estaban de más con la persona que había salvado mi vida.

-Bien Bella, no habrá más que tuteos- dije sonriéndome tan cerca que sentí una pequeña y muy cálida sensación en mis mejillas.

Me estaba ruborizando.

-Buena tarde, Dr. Hunter-saludó- señorita ¿cómo se encuentra?- preguntó un médico al entrar a la habitación, aquel, quien suponía yo, me había atendido.

-Buena tarde- contestó Adam.

-Bien- respondí de inmediato notando el cierto formalismo de su saludo.

-Me alegro, antes de seguir con la revisión, necesito hacerle unas preguntas de rutina. Lamentablemente no traía consigo ninguna identificación-.

-Entiendo- respondí mirando levemente a Adam, quien se encontraba muy atento a lo que yo contestaba.

-¿Nombre?-.

-Isabella Marie Swan-.

-¿Edad?-.

-23 años-.

-¿Domicilio?-.

-¡Demonios! ¿Podría ser esto más inoportuno? Le estoy dando todos mis datos personales a un desconocido sin siquiera me los pregunte, esto me hace sentir realmente incómoda- pensé para mis adentros.

-Señorita Swan, ¿se encuentra usted bien?-.

-¿Eh? Sí, lo siento. Es…- tartamudee un poco mirando al tercer presente en la pieza- es… Calle Washington, número 3456 en Brooklyn- dije otorgando la dirección de mis padres.

Era astuta, no daría mi verdadera dirección.

-Bien- respondió el médico después de apuntar mis datos- ¿tipo de sangre?-.

-O positivo-.

-Creo que es todo, lo demás no son tan importantes. Puede retirarse en cuanto lo desee- dijo amablemente- con permiso- prosiguió retirándose en silencio.

-Propio- respondimos en unísono.

Adam tamborileo los dedos sobre sus rodillas, algo me hacía pensar que quizás esperaba decirme algo pero no sabía cómo. Una enfermera llegó a la habitación de manera inmediata, saludó a Adam como si se conocieran y me comenzó a quitar la aguja de la mano y enseguida me ofreció un refrigerio basado en una sándwich y un jugo de naranja embotellado que acepté por mera cortesía.

-Gracias-.

-De nada- respondió sonriente- con permiso doctor, señorita- y se retiró.

Mi acompañante me miraba divertido al hacer notables muecas al mirar la comida, estaba bastante hambrienta pero no me apetecía en lo más mínimo, ¿Cuántas horas habían pasado desde el accidente?

-¿Bella?-.

Moví la cabeza al escuchar mi nombre y me centré en su mirada.

-¿Sí?-.

-Veo que…- dijo dudoso- la comida de hospital no es tu menú favorito-.

-Emm pues no pero, me la han dado aquí así que, no puedo tirarla solo porque si-.

-Hagamos algo- ofreció dando un paso seguro hacia mi lugar- le damos esta comida a alguien que lo necesite y vamos a comer a algún lugar-.

-Adam… Yo…-.

-Bella- interrumpió- sé que no confías en mí, pero no te haré nada malo, además, si te reúsas a comer, volverás al hospital desmayada esta vez y te obligarán a comer esto- comentó alzando el sándwich y el jugo- Soy médico Bella, no te haré daño en lo más mínimo-.

Lo miré de forma dudosa. No sabía si confiar o no, pero estaba muerta de hambre y débil, e irme a casa sola no era una opción para mí en esos momentos.

-Está bien, vayamos a comer- acepté resignada a lo que Adam Hunter sonrió abiertamente.

Entramos a un pequeño café blanco.

El lugar era poco convencional para gente "común". Y mi definición de "común" era que, el lugar estaba plagado de personas de batas blancas e impecables.

Estábamos en un lugar frecuentado por médicos.

Adam notó mi cara de sorpresa en cuanto me di cuenta de que aquel lugar era el 99.99% doctores, y yo, junto con los camareros y cocineros éramos parte del resto.

-Sé que es un lugar poco convencional pero, aquí es donde vengo a comer la mayor parte del tiempo. El trabajo no me da acceso a ir más lejos, aunque me encantaría-.

-¿Y por qué no te atreves?- pregunté esquivando un sinfín de uniformados, quienes me miraban de manera extrañada.

-¡Adam!- gritó una rubia despampanante de 1.75 de alto y grandes ojos azules, muy hermosa pero no tanto como Rosalie- ¿Qué haces aquí, no estabas en tu día de descanso?-.

-Si bueno, fui por un café y tuve un suceso interesante- comentó mirándome de reojo- supongo que no puedo despegarme del trabajo Irina-.

-Tanto trabajo te va a enfermar- comentó acariciándole el hombro e ignorándome por completo.

Cuando noté que la fastidiosa mujer se ponía cada vez más coqueta con mi acompañante me giré un poco dándoles la espalda, definitivamente no quería ser testigo de ello. Las escenas intimas me eran bastante incómodas desde hacía más de 3 meses. Pero Adam notó mi reacción y acto seguido me tomó de los hombros para girarme frente a ellos e interponerme entre los dos cuerpos.

-Disculpa Irina, ella es Bella. La acabo de conocer y veníamos a comer aquí-.

-Mucho gusto- respondí apenada dándole la mano cordialmente pero la rubia me ignoró.

-Sí, sí. Oye, ¿te gustaría sentarte conmigo a almorzar Adam? Hace tiempo que me debes una buena charla- prosiguió guiñándole un ojo.

Bajé mi mano de manera avergonzada. Era el colmo que me siguiera humillando tan solo al poco tiempo de conocernos y eso me estaba enfadando. Miré a mi acompañante de manera sutil y pude notar que estaba tan incómodo como yo. La tipa que estaba enfrente de nosotros no era más ni nada menos que una compañera de trabajo ofrecida, el tipo de mujer como las que siempre me topaba como cuando estaba con Edward. ¡Agg! ¡Edward! Debía dejar de pensar tanto en él.

-Discúlpame, pero esta vez vine con Bella. Necesita comer pronto pero creo, buscaremos otro lugar para hacerlo. ¿Hablamos después?- comentó en tono de disculpa pero sonando lo más caballeroso posible- ¿Nos vamos?- me preguntó mirándome a los ojos a lo que enseguida asentí.

-Hasta luego, gusto en conocerte- me despedí de forma burlesca a lo que la rubia sonrió de manera sardónica.

Salimos del lugar tan pronto como pudimos. Un pequeño suspiro salió de su boca mientras cerraba los ojos, sabía que esa mujer en verdad lo incomodaba pero, en el fondo no sabía cómo decirle que no le interesaba en lo más mínimo.

-Perdóname- dijo interrumpiendo el hilo de mis pensamientos- ella es… Bastante persuasiva con el tema de "conquista"-.

-Ya veo, no te preocupes-.

-Hoy- comentó cambiando radicalmente de tema- debería ser el día en que me atreva a algo nuevo, vayamos a un lugar más lejano, si no te importa-.

-No en lo absoluto-.

-¿Quieres pasear en coche?- me cuestiono con una sonrisa en los labios.

-¡Madre mía!- pensé haciendo una perfecta 'O' con los labios, su auto era muy lujoso, ¿por qué demonios tenía la costumbre de conocer hombres con autos intimidantes?

Hunter se sonrió por la expresión de mis labios y aquel gesto me desubicó por completo. No era realmente que sus posesiones materiales me llamasen la atención pero, ese tipo de autos solo podían ser de Edward Cullen, ¡MIERDA!, de nuevo pensando en él.

-Sube Bella- me pidió de manera amable mientras me abría la puerta del copiloto- tenemos que ir a comer-.

-Claro- comenté asintiendo y me subí al auto.

Entre un poco intimidada al Mercedes Benz S Class color plata, ¿cómo era posible que ese hombre poseyera aquel descomunal auto? Según mi memoria, había leído que ese auto era el modelo más caro registrado en el Top 10 de los códigos postales con más ingresos en Estados Unidos. El arranque fue silencioso mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro. Nos dirigimos por una de las avenidas menos transitadas de New York, en sí, no sabía a donde con exactitud nos dirigíamos pero, me había pedido que confiara en él y eso era lo que hacía.

-Cuéntame de ti Bella- comentó rompiendo el hilo de mis pensamientos, con la vista fija al frente y sin dejar de sonreír.

-Eh, bueno; no hay demasiado que comentar- respondí encogiéndome de hombros.

-Mm, ¿quizás puede ser que, no me tengas confianza?-.

-No- respondí apenada- mejor, pregúntame tú-.

-De acuerdo, suena interesante. Dime, ¿a qué te dedicas?-.

-Estudie finanzas en Harvard, tengo una maestría en comercios exteriores-.

-Que interesante, como te podrás haber dado cuenta, yo soy médico cirujano especializado en cardiología-.

-Vaya, eso sí que es interesante. Mi trabajo parece aburrido ahora-comenté en tono de broma.

-No lo creo, tú ¿en dónde trabajas?-.

-Por ahora estoy desempleada, pero hace un tiempo volví de un largo periodo de mucho estrés desde otro país-.

-Mujer de negocios e independiente, que cautivador- dijo sin el más mínimo atisbo de vergüenza.

-Gracias- comenté sonrojada- y tú ¿en qué hospital ejerces?-.

-En el mismo en que te acaban de atender-.

-Lo había notado, el doctor y la enfermera te han saludado con mucho respeto, debes ser bueno-.

-Bueno- contestó vacilante girando el volante hacia otro carril- quizás sea respeto, quizás sea adulación, uno nunca sabe-.

-¿Adulación?-.

-Bueno Bella, es que…- comentó dudoso mirándome por una fracción de segundo- el hospital… Es mío-.

-¿Qué?-.

Llegamos en menos de lo que pensé. La charla había logrado que el trayecto fuese menos incómodo de lo que hubiese esperado, realmente me había entretenido, como hacía mucho tiempo no lo hacía. Se aparcó en un lugar cerca de la acera, la calle era menos transitada de lo que esperé y aquel lugar era totalmente desconocido para mí. Bajó del auto aun sonriendo ¿por qué? ¿Acaso sonreía todo el día, todo el tiempo? Caminó hacía mi puerta de manera normal y la abrió para que saliese mientras me ofrecía la mano. Mis piernas se sentían adormiladas, casi entumidas. Trastabille un poco por la debilidad de mi cuerpo, en verdad necesitaba comer y descansar, pero antes de azotar en el piso me sostuvo entre sus brazos para que no cayera.

-De verdad necesitas comer Bella, estás débil-.

-Estoy bien- mentí y traté de cambiar el tema- ¿dónde estamos?-.

-En la Bella Italia, un restaurant de un viejo amigo mío, entremos-.

Lo tomé de la mano con cuidado para poder entrar al local, bastante pintoresco y alegre, pero jamás visto por mí. Su ubicación era muy remota, ¿cómo era que nunca había oído de él?

-¿Por qué está tan lejano de la ciudad?- pregunté mirando detenidamente cada rincón- es tan bonito como para que nadie sepa de él-.

-Te equivocas, este lugar es bastante concurrido, Carlo- dijo sonriendo- es un excelente chef Italiano, pero es un lugar muy reservado ¿entiendes? Pocos saben de él y ahora tú, eres parte de ese secreto- finalizó guiñándome un ojo.

-¡Oh Adam!- dije ruborizada- esto es tan grandioso-.

-Lo sé y espera a que pruebes la comida, te enamorarás de la Bella Italia-.

Nos adentramos al lugar y noté que el ambiente era bastante cálido y acogedor, un lugar digno de disfrutar. Un hombre joven, alto, de cabello oscuro y ojos miel, se acercó a nosotros de manera vacilante para darle un gran abrazo a mi acompañante de manera muy alegre.

-¡Adam! Por fin vienes, amigo mío ¿Cuánto tiempo tenía sin verte? Mírate nada más, has traído aura a mi negocio- comentó apretándolo con fuerza.

-Carlo, es cierto. Hacía mucho que no visitaba a la Bella Italia-.

-Me has tenido tan abandonado amigo mío, desde que…- y cayó abruptamente al ver la expresión dura y sufrida de Adam, lo que lo obligó a cambiar de tema- pero mira nada más lo que ha traído el caminante hasta mi hogar, una bella bambina, hermosa como flor de cerezo- comentó tomando mi mano suavemente para besar mis nudillos.

-Gracias- respondí sonriendo.

-Carlo, ella es Bella. Nos acabamos de conocer por enlaces desafortunados pero aquí esta, quiero que hoy te luzcas, acaba de salir del hospital y quiero que se alimente sanamente ¿ok?-.

-¡Pero por supuesto! La cocina de Carlo cura hasta el mal de amores- comentó sonriente- pasen por aquí, les daré una mesa especial para invitados especiales-.

-Gracias-.

Nos llevó hasta un apartado bastante acogedor y bonito. La vista daba hacía un pequeño jardín de rosas frescas y azucenas, lo que me sorprendió demasiado ya que, en plena ciudad y en la época, las flores no se daban debido a la contaminación y el frío, podía sentir esa aire fresco de campo.

-Que hermoso lugar-.

-Grazie- respondió Carlo- mi hermosa madre fue la dueña de este jardín, es por eso que si han de alagar a una hermosa dama, que sea la más bella de la ciudad-.

-Carlo, hoy estás muy adulador- inquirió Adam sonriendo.

-¡Oh! No estés celoso, no te quitaré a tu nueva amiga- comentó tamborileando los dedos en las cartas de los menús mientras mi acompañante se ruborizaba- les dejó las tarjetas y en cuanto decidan ordenar me dicen, los atenderé personalmente, hoy que Adam vuelve es alegría para mí. ¿Desean algo de tomar?-.

-Quisiera agua- contesté bajando la mirada por su comentario.

-Lo mismo para mí- me secundó Hunter sin mirarme.

-En ese caso, vuelvo con su agua y después me hacen sus órdenes. Permiso- finalizó para salir de ahí ahogando una risita.

Me quedé mirando el menú mientras por encima de la carta notaba que Adam se removía de su asiento de manera incómoda, quizás, se sentía así por el comentario de Carlo. Me sentía apenada de algún modo, no quería siquiera pensar en lo que en realidad se refería.

-Parece que él es muy alegre-.

-Sí- contestó sin mirarme- Carlo es un buen amigo; uno muy metiche pero al fin al cabo el mejor-.

-Eso supongo, él me agrada-.

-Siempre ha estado al pendiente de mí- confiesa- en las buenas y en las malas, pero más en las peores-.

El italiano se aproxima hasta nosotros con agua de fruta fresca, nos mira a ambos y de inmediato pierdo la concentración, se queda en silencio y de inmediato razono que está esperando nuestras órdenes.

-¿Se han decidido ya?- pregunta amablemente.

-Sí- contestó releyendo el menú- quisiera Rissoti por favor-.

-Y agrega Gnocchi alla romana- comentó Adam mirándome a los ojos- debes comer verduras también-.

-Por supuesto- comenta Carlo- y ¿para ti?-.

-Yo quisiera Gnocchi di patate y Vitello tonnato-.

-Enseguida traigo sus platillos, con permiso- expresa sonriente, toma las cartas y se marcha.

Miro hacia enfrente alzando una ceja, ¿acaso ahora decide platillos por mí? Eran demasiadas libertades, apenas nos conocíamos y ya elegía mi comida.

-¿Ocurre algo?-.

-No, nada. Es solo que, no sé me has invitado a este bello lugar y después me cuentas cosas tuyas como si lleváramos semanas de conocernos-.

-¿Te molesta?-.

-No es eso, es más bien, algo… Inesperado-.

-Me haces sentir confianza. Supongo que eso asusta, pero quisiera conocerte Bella. Presiento que dentro de tu cabeza hay un gran enigma y me intriga, ¿por qué no conocernos, ser amigos?-.

Pensé detenidamente cada palabra y en ninguna me había faltada el respeto u ofendido. Solo me ofrecía amistad y pese a mi situación era el mejor momento para buscar una salida a todos mis fructuosos problemas, o problema, más bien dicho. Lo único que me faltaba era distracción, con mis amigas al otro lado del mundo, me era muy difícil ocupar mi cabeza en situaciones que no fueses Francia o Edward, aunque, bien mi madre me impedía ello, Adam de alguna me ayudaba a no pensar en lo malo, me sentía tranquila.

-Está bien, pero cuéntame de ti. Apuesto que tu vida es más interesante que la mía-.

-No lo creo- comenta sonriendo- mi vida está llena de alboradas y ocasos, como en todo el mundo-.

-Entonces, permíteme escucharte. Déjame conocer a quien salvó mi vida-.

Se sonroja y no lo comprendo. Baja su mirada y se concentra en el jardín como buscando la palabra correcta para continuar una conversación. Vislumbro que su frente se arruga levemente como si quisiera romper algo invisible en el vació y ahí entiendo que, piensa en algo que quiere contarme. Pero no lo presiono, dejó que me hable por sí solo, se tome su tiempo, si sería mi amigo, tomaría tiempo.

-¿Cómo que quieres saber?- pregunta al fin.

-Mm ¿por qué estudiaste medicina?-.

Sonríe, pero no llega hasta sus ojos.

Suspira y piensa.

-Bueno, cuando yo era muy niño, mamá enfermó gravemente de su corazón. Mi abuelo era un hombre adinerado, también médico. Yo provengo de una larga fila de sucesiones que me acomodan como pariente cercano de uno de los reyes de Inglaterra, así que básicamente vengo siendo un varón o un duque, la verdad no lo sé; mi familia se vino a vivir a América unos pocos años después de mi nacimiento, aquí mi madre comenzó a sentirse mal cada día. Muchos médicos que la atendieron, jamás tuvieron la respuesta hacia su enfermedad y falleció.

Como te comentaba la profesión de mi abuelo, en su juventud fundó el hospital en donde ahora yo trabajo, en su descenso, me dejó estipulado en el testamento que, su fortuna y la propiedad del hospital me pertenecían por completo. Con el paso del tiempo, mi padre y yo volvimos a Inglaterra en donde, estudie medicina por mero agradecimiento y sobretodo vocación. Quiero ayudar a las personas Bella, quiero ayudarlas en verdad- comentó mirándome a los ojos- pero no todo ha sido color de rosa. Cuando estaba terminando mi carrera, hace un par de años, tuve problemas con una persona y decidí volver a New York a ejercer y mantener vivo el hospital de mi abuelo.

En el 2011, tuvimos una enorme crisis, nuestra economía iba en picada. Para ser honesto, tenía la sensación de que, el lugar se cerraría por bancarrota. Es por eso que, tuve la necesidad de buscar ayuda, con amigos de mi padre o allegados de mi abuelo, pero tan hipócritas como pensé que serían, ahora que no poseía nada, me dieron la espalda por completo. Mi nombre era reconocido, por ser nieto de Ernest Hunter, las puertas se me abrieron hasta llegar a una empresa que, era bien conocida por su lado altruista, o eso alegaban

-¿Por qué? No entiendo- pregunté alzando una ceja.

Carlo llegó en seguida con nuestros platillos, aquello olía delicioso y mi estómago gruñó ruidosamente. Me sentí apenada y escondí mi cara.

-Aquí está la comida, que los disfruten ¡Bon appetit!-celebró Carlo sonriendo y marchándose.

-Grazie-.

-Por fin ha llegado la comida- intervino Adam.

-Sí estoy muerta de hambre pero, si no te importa, quisiera seguirte escuchando-.

Se rio de manera inmediata. Cortó un bocado de su platillo y lo introdujo en su boca para después degustarlo lentamente.

-Parece que estás muy interesada, eso… Me alaga en verdad Bella-.

-Bueno- respondí apenada- yo solo me siento atraída por el tema, es demasiado interesante-.

Miró mis ojos de manera fija y se centró en ellos a tal grado que, me sentí incómoda un momento y fije mi vista en las rosas… Las rosas de escarlata, como las extrañaba.

-Bueno- dijo interrumpiéndome de nuevo- después de comenzar a trabajar en el hospital, comencé a carecer de recursos, mismos que, mi familia me propuso solventar pero, esa no era la cuestión para mí, si, desde un principio había decidido independizarme de todos y por eso decidí pedir recursos en el extranjero. Recuerdo bien que lo intenté hasta llegar con el magnate de los magnates, el dueño de una de las más grandes empresas de Europa; Edward Cullen-.

Comencé atragantarme de manera violenta después de escuchar su nombre, ¿acaso era posible que me siguiera inclusive con las personas nuevas? Adam me miró asustado mientras yo halaba aire de manera desesperada para evitar ahogarme con la comida. Se acercó a mí de manera apresurada y me ofreció un trago de agua que hizo ceder el bocadillo atorado en mi garganta.

-¿Estás bien?-.

-Sí, sí, lo siento. Dices que ¿él te ayudo con tu hospital?-.

-Sí, su familia es muy altruista y tuve la oportunidad de hablar con su madre, la señora Esme Cullen, es un ángel-.

-Y ¿hablaste con él?-.

-No, no tenía que hacerlo. Él era quien tenía el poder total sobre el efectivo pero su madre es la que maneja todo el asunto, el señor Cullen otorgo el dinero, el mismo dinero que hizo pagar tus curaciones y el traslado al hospital- comentó sonriente.

¡Mierda! Inclusive ahora le debía mi bienestar a él.

-¿Por qué el interés?- preguntó.

-Era mera curiosidad- comenté bebiendo de mi jugo.

-Y cuéntame de tu trabajo-.

-¿Por dónde comenzar?- comenté un poco conmovida.

Pase la siguiente hora hablando sobre mi antiguo y poco grato trabajo. Le había platicado todos los problemas profesionales que había tenido en aquella empresa, omitiendo siempre el nombre del lugar y de mi jefe. Me escuchó atento en cada momento, cruzaba sus manos cambiando de posición cada vez que matizaba sobre algún tema, pero yo no le daba ninguna importancia, supe entonces su interés en la conversación cuando comenzó a cuestionarme sobre mis otros antiguos trabajos, agradecida contesté sin darle relevancia a International y todo su largo historial.

Cuando menos me di cuenta, habíamos terminado de comer. Salimos del restaurant de manera lenta. Agradecimos a Carlo por la excelente comida y una promesa real de que volveríamos alguna vez. Entre risas y conversaciones no muy profundas, se ofreció llevarme a casa para asegurarse de que llegaría con bien a mi domicilio.

El camino fue entretenido, ninguno de los dos habló demasiado puesto que nos habíamos concentrado en la música que sonaba en el reproductor y eso me dio el espacio para destensarme. Como era más que obvio que sabía mi dirección me tomé un descanso en el auto hasta llegar a nuestro destino.

-Llegamos Bella- me dijo estacionándose frente a la casa de mis padres.

-Gracias por todo- respondí mirándolo a los ojos- has sido muy amable conmigo, de verdad que si-.

-No es nada, lo hice con mucho gusto-.

-Bueno, me voy- dije quitándome el cinturón y abriendo la puerta para salir, pero su mano me detuvo antes de siquiera poner un pie fuera.

-Eh, ¿Bella?-.

Me concentré en el agarre de su mano mientras las mejillas se me calentaban, aquel contacto amable me hizo sentir de manera extraña ¿por qué me retenía en el auto?

-¿Ocurre algo?-.

-Sí, me preguntaba algo- dijo sin dejar de soltarme.

-Te escucho-.

Dudó un poco en sus palabras, bajó la mirada de manera extraña.

-Me preguntaba si, ¿después querrías salir conmigo?-.

-Oh Adam yo…-.

Al principio estaba a rotundamente decidida a decirle que no pero, reflexioné y fijé mi vista hacia enfrente, sin ver nada. Noté que estaba demasiada ocupada olvidando cosas y personas, que ni siquiera me daba la oportunidad de crecer en el ámbito personal. Claro que tenía miedo que me hicieran daño, ¿no era esa la parte humana con la que me tocaba vivir? El miedo era una cuestión que me hacía sentir que de verdad había vivido todo aquello y que él era real. No me había dado la oportunidad de conocer nuevos horizontes, pero a decir verdad, Adam Hunter se había comportada más amable que Jacob, Jasper y Edward juntos. Ni siquiera me había propuesto ni hecho nada malo aun cuando estaba inconsciente, su mero instinto lo obligó a protegerme, ignorando por completo si se trataba de un protocolo médico o lo hacía por verdadero interés.

Si algo buscaba era solo una cita, una inocente cita que solo me haría conocerlo, no había más. Era el momento de pensar en mí misma, era lo correcto para mí, tendría que hacerlo si no, caería para siempre rendida a los pies de alguien que ni siquiera se había preocupado por decirme la verdad ni respetarme.

-Acepto- finalicé sonriendo- me gustaría salir contigo algún día-.

Deslizó el agarre hacia mi mano y me sonrió de manera dulce, no sabía lo que pensaba pero se notaba feliz. Me sentí bien por dentro, quizás, un poco de felicidad, aunque fuese ajena, le hacía bien a mi vida.

-¿Quieres que te acompañe a la puerta?-.

-Estoy bien, ¿nos vemos después?-.

-Claro, solo si quieres, ¿me darías tú número?-.

-Claro, emm este es- y se lo proporcioné.

-Hablaremos pronto Bella, buena noche-.

-Hasta pronto Adam, buena noche, adiós-.

-Adiós, Bella- y se marchó.

Caminé hacia la entrada de mi casa y de nuevo la extraña sensación de que alguien me observaba me inundó el cuerpo, sentí un pequeño escalofrío que me recorrió la espalda de manera violenta y eso desató mi pánico lo que me obligó a correr hacia la casa de mis padres.

Era demasiado extraño, muy muy extraño.

Las siguientes semanas, me había encontrado con Adam muy frecuentemente. Por mi parte había encontrado un trabajo en una empresa en la ciudad, realmente me hacía sentir mejor el hecho de poder hacer algo durante todo mi día. Las cosas se tornaban realmente tranquilas, la ausencia del recuerdo de Edward me hacía sentir mejor, inclusive, tener cosas que, en algún momento me hubiesen recordado a él, ahora ya no me afectaban tanto.

Tuve la oportunidad de encontrarme con Rose en la ciudad, quien había vuelto después de su estadía en París, siempre con noticias y novedades de su vida, novedades que también me afectaban a mí.

-Te juro que me sorprendió en un principio ver a Edward Cullen parado frente a mi puerta buscándote- comentó desilusionada- debes ser muy importante para la empresa como para irte a buscar personalmente-.

-No lo creo Rose- comenté bebiendo de mi café- a ese hombre solo le mueve el interés-.

-Pues te comento que, cuando llegó lo vi con muy mala pinta- espetó alzando la ceja y sin mirarme- estaba acabado el pobre hombre, se veía tan descuidado, pero Dios me libre ¡el hijo de puta se sigue viendo estupendo!-.

-No sabía que te gustaba Cullen-.

-Emm no- comentó apenada- pero sé reconocer que es guapo ¿o no?-.

-Pues sí, es guapo. Pero eso no le quita lo que es en realidad-.

-Deberías hablar con él, ¿te ha estado molestando?-.

-La verdad es que no, no creo que hubiese sido tan descarado como para buscarme hasta New York-.

-Aun no comprendo porque te fuiste tan repentinamente-.

-Ni yo Rosalie-.

-Deberías quedar con Alice, ella te extraña Bella-.

-Sí lo había pensado, pero no quiero volver allá, me gustaría que programara unas vacaciones a Estados Unidos. No sé, creo que hasta la pagaría el boleto para que viniera-.

-Eso no es mala idea Bella, podríamos quedarnos juntas las tres. Después del divorcio, pues me gustaría pasar un día al menos con ustedes, extraño a mis padres y pasaré una temporada con ellos, los invitaré unas vacaciones a Barbados, quisiera ir a la playa-.

-Parece que tienes planes interesantes- dije sonriendo.

-Sí, ¿y tú?-.

-Bueno yo, solo me he estado frecuentando con un chico llamado Adam y…-.

-¡Ay por Dios Bella! ¡Estás saliendo con alguien!- gritó emocionada.

-¡Shh! Cállate Rose, no estamos saliendo, solo somos amigos- dije apenada al ver que la gente me miraba extrañada.

-Pero estás saliendo, aunque sean amigos o no, te estás liberando y siendo joven Bella. Vamos, eres muy guapa y necesitas formalizar algo, ser feliz-.

-Sí, con él las cosas son tranquilas-.

-Eso es lo bueno, él te da tranquilidad, esto me hace muy feliz Bella.-

Traté de sonreír por lo que habíamos platicado, era cierto, él me brindaba mucha paz y tranquilidad, lo que ciertamente en mucho tiempo no había vivido. Pasamos los siguientes minutos hablando de cosas en general. Al cabo de una media hora, Rose se retiró por ir a trabajar, al parecer, ejercía en la empresa de Jasper Harris, quien también me mandaba saludos el muy cínico y los mismos que no correspondía.

Me quedé sola en el café, cuando noté que Adam venía hacia mi lugar sonriendo. Vestía su bata blanca, su estetoscopio, pantalón de vestir, camisa azul y el cabello un poco revuelto, se veía muy bien.

-Hola- me saludó feliz- ¿qué haces tomando café sola?-.

-No lo estaba, quedé con una amiga que se acaba de ir-.

-Ah, me parece bien, y ¿ya te vas?- dijo sentándose a mí lado.

-No realmente, me quedé unos minutos más antes de ir al trabajo-.

-¿Y a qué hora sales a almorzar?-.

-Creo que saldré a las 2:00, ¿por qué?-.

-¿Quieres ir a la Bella Italia?-.

Me comencé a sonreír y otra vez la sensación se apoderó de mi cuerpo, ¿qué diablos pasaba? No entendía porque de la nada me comencé a sentir así de nuevo. Era impresionante aquello que sentía que mi acompañante lo notó de inmediato, ¿de verdad me veía tan intimidada? Adam me tomó de los brazos porque no reaccioné de inmediato, supe que me hablaba hasta que me tomó de los hombros para hablarme.

-¿Estás bien?-.

-Sí, lo siento-.

-¿Te he dicho que eres rara?-.

-Algo así- contesté riendo a su pregunta.

-Bueno entonces, ¿paso por ti a las 2:00?-.

-Por supuesto-.

-Nos vemos, hasta entonces Bella- respondió parándose de la silla y besándome suavemente la mejilla, y aquella caricia me suavizó el ánimo.

No pude más que sonreírle y él me correspondió sin soltar su agarre.

-Hasta luego Adam- contesté y él se marchó.

Recibí una llamada telefónica a los pocos minutos de su partida, Alice estaba al teléfono.

-Swan-.

-Hola Bella, ¿cómo estás?-.

-Muy bien Alice, tomando un café y alistándome para el trabajo ¿y tú?-.

-Muy bien, bueno, aquí ya es de madrugada pero no he dormido por tener trabajo a morir. Sis supieras que trabajo como esclava-.

-¿Tan pesado es?-.

-Ni te lo imaginas, creo que cada día se vuelve más prepotente. Aunque he tenido leves descansos, no sé cómo hace para estar tan pendiente-.

-Ni idea-.

-Escuche que sales con alguien-.

-¿Quién te dijo tal mentira?- dije un poco disgustada sabiendo que Rosalie ya le había contado-.

-Rosalie-.

-Lo sabía- pensé.

-Es mentira Alice, no salgo con nadie. Solo somos amigos, además yo no le intereso en lo más mínimo-.

-Me parece una gran mentira pero no te cuestionaré, sabes lo que haces, aunque, eres una mujer muy guapa. Deberías salir un poco más-.

-Eso intento-.

-No dejes de hacerlo. Bueno te dejo, iré a descansar. Solo quería hablarte un poco antes de dormir. Hasta pronto Bella, quizás hablemos de nuevo pronto-.

-No te pierdas demasiado Alice- comenté sonriendo y ella colgó.

Regresé al trabajo y dieron las dos de la tarde, Hunter pasó por mí de manera puntual y muy elegante. Nos fuimos en coche hasta la Bella Italia, donde Carlo nos atendió de buena gana y a la vez sorprendido, al parecer, la frecuencia de visitas de Adam le parecía bastante inusual pero agradecido no comentó nada. Comenzamos a comer en silencio, era agradable pasar tiempo con él, siempre rodeado de buen carisma y sorprendente buen humor.

Carlo me había comentado que le agradaba demasiado tenerme ahí, ya que, Adam usualmente estaba de mal humor y nunca salía de su trabajo por nada en el mundo, a palabras del italiano, mi presencia le brindaba tranquilidad. El tiempo pasó volando y sin que me diera cuenta faltaba poco para volver a la oficina en donde me enterraría entre papeles y más.

-Creo que debo volver-.

-Yo creo que no- comentó Adam sonriente mientras ponía las manos bajo su barbilla.

-Tengo trabajo ¿sabes?-.

-Tenías-.

-No entiendo ¿por qué conjugas en pasado?-.

-Hice algunas llamadas y te dieron el día libre-.

-¿Qué hiciste qué?-.

-Lo necesitas Bella, y yo también. Nos vemos de vez en vez desde que comenzaste a trabajar y eso, me pone nostálgico- dijo sincero- la verdad es que, te he traído aquí por una importante razón-.

-Espero que lo sea, de lo contrario no habrá valido la pena ausentarme en la oficina-.

-¿Siempre me llevarás la contraria?- preguntó enarcando una ceja divertido.

-No sé, solo soy expectante y me divierto-.

-Ya veo, bueno entonces ¿quieres una copa de vino?-.

-Si insistes- contesté riendo.

La sirvió de manera suave pero con las manos un poco temblorosas. Noté que estaba nervioso y enarqué una ceja ¿Qué estaba ocultando?

-Bella- dijo dándome la copa de vino- quiero pedirte algo-.

-Claro- respondí bebiendo de mi copa.

-Quiero que me acompañes a una cena, esta noche-.

-¿A una cena de qué?-.

-De beneficencia, hoy hablaré con alguno de los inversionistas. El aniversario de mi abuelo es hoy-.

-Sería un honor Adam, sabes que haría cualquier cosa por ti, eres mi amigo-.

-Bella- dijo bajando la mirada- me encanta que hayas aceptado pero no quiero que vayas en ese término-.

-No comprendo-.

-No quiero que vayas como mi amiga-.

Alcé una ceja expectante, ¿A qué se refería? El corazón me martillaba en el pecho, me ruborice de inmediato y él lo notó al instante. Se paró de su silla con paso decidido para sentarse mucho más cerca de mí, ahí me tomó de la mano y me miró firmemente a los ojos. El olor de las flores me embriago, junto con su perfume, dulce, embriagador y atractivo.

-Desde el día en que te conocí, no sé cómo, pero me pareciste fascinante. No puedo expresar realmente lo que siento por ti porque, no soy bueno con las cosas del corazón, metafóricamente hablando- comentó sonriendo- pero aquí estoy, siendo lo más honesto posible y decirte que, me gustas Bella Swan, desde el primer momento en que nos vimos en aquel café. Siento que debía saber quién eras y te seguí sin pensarlo, hoy agradezco a Dios por haberlo hecho pues te ayudé… Se mi novia, por favor, hazme ese honor y acompáñame en la vida de ahora en adelante, te cuidaré y jamás te lastimaré-.

Me quedé con los ojos abiertos al par, ¿de verdad me estaba proponiendo una relación? Quise por un momento decirle palabras románticas y muy dulces, unas que él sintiera que estaba comprometida con lo que me proponía y que estaba dispuesta a ser feliz, pero me sentí insegura. Pensé en Edward de manera mecánica, no quería olvidarlo, una parte muy pequeña de mi ser lo necesitaba y aún no estaba lejos de mi vida, no podía engañar a Adam aunque fuese con el pensamiento. Quería ser honesta, nada de mentiras, solo dos y siempre dos, sin fantasmas ni dolores, solo así para ser feliz.

-Bella- dijo como leyéndome el pensamiento- sé que no quieres contestarme ahora. Es por eso que quiero darte tiempo, el suficiente como para pienses lo que quieres para tu vida, si me puedes llegar a querer, sígueme, acepta por favor, si no, no me mientas. No sé qué hay dentro de ti, siempre he pensado que eres un enigma y yo…-.

-Adam- lo interrumpí- si me gustas, eso creo que no hay necesidad de negarlo pero, quiero tiempo. No sabes qué difícil es avanzar cuando mi vida no tiene la suficiente paz. No quiero negar tu petición, déjame pensarlo por favor, déjame tener en claro las cosas porque no quiero lastimarte, pero por favor no te alejes-.

-Si eso es lo que quieres, lo tendrás. No seré feliz hasta que tú estés bien, aunque eso no me beneficie, yo te quiero Bella-.

-Vayamos despacio, que tal ¿aceptando ir esta noche a la cena?-.

Adam Hunter me alzó entre sus brazos, me estaba entregando a una nueva relación, comenzando desde cero, tratando de ser feliz, tratando de volver a vivir. Porque "lo eterno", era una fantasía en sus palabras, en el otro hombre esa oración no existía, no me equivocaba. No era yo quien no merecía ser feliz, era todo lo contrario y si alguien bueno y amoroso me ofrecía el paraíso ¿por qué no lo intentaba?

La recepción estaba llena.

Miles de fotógrafos inundaban el lugar y tuve la necesidad de ir escoltada por el personal de Adam, mientras portaba un vestido negro con la espalda descubierta, strapples y parte de la pierna abierta. Él me recibió con una rosa blanca en cuanto me bajé del auto, me sentí alagada porque siempre me estaba tratando como una princesa, inclusive antes de que fuéramos novios.

-Te ves hermosa esta noche-.

-Gracias, y gracias por la rosa-.

-Quise traerte miles y miles de ellas pero supe que, tengo mucho tiempo antes de poder darte todas las del mundo-.

-Eres muy lindo- dije sonrojada.

-Solo quiero lo mejor para ti Bella-.

-Lo sé- comenté hablándole cerca debido al barullo.

-Quiero presentarte a mi padre y algunas personas importantes ¿te parece?-.

La idea no me gustó demasiado, eso de intimar con gente que apenas conocía me parecía bastante bochornoso, era tímida y tenía miedo al rechazo. Tomó de mi mano y todos los presentes se me quedaban viendo en cada paso que daba, genial, mi vida en la farándula. Era la novia del médico más importante del hospital y debía acostumbrarme, además, solo me había topado con la situación esa noche, no había de que preocuparme. Llegamos hasta la presencia de un hombre mayor, con mucho parecido a Adam, sin lugar a dudas su padre.

-¡Hijo! Por fin llegas-.

-Lo siento papá, esperaba a Bella- dijo sonriente.

-Oh ya veo- comentó guiñando un ojo.

-Bella, él es mi padre, Ernest Jr. Hunter, papá ella es Isabella Swan, mi hermosa novia-.

-Mucho gusto señor Hunter- dije tomándole la mano.

-Llámame Ernest, Isabella, me siento viejo con la palabra señor-.

-Pues tendré que pedirle Ernest que me llame Bella a mí- contesté sonriente.

-Me gusta esta chica Adam, es muy determinada-.

-Lo sé papá- contestó mirándome- me gusta todo de ella-.

-Bueno muchachos, los dejo solos, iré a platicar con algunos inversionistas. No se pierdan-.

-Hasta pronto señor- me despedí y él se marchó.

-Creo que has cautivado a mi padre-.

-¿Tú lo crees? Él es muy amable-.

-Claro que lo creo, nunca se había comportado así con una mujer, excepto con mamá-.

-Eso es bueno-.

-Claro que sí, por cierto ¿quieres una copa de champán?-.

-Me encantaría- contesté sonriente y él me besó la mejilla para después marcharse por la bebida.

Tiempo más tarde, me sentí extraña pero no le presté la atención suficiente. Quise buscarlo pero me quedé en el mismo lugar. Tardó mucho el tiempo en quitarme tal situación hasta que él llegó.

-¿Te sientes bien?-.

-Por supuesto- dije tratando de no ser tan evidente.

El resto de la noche fue bastante inusual, no podía mantenerme varada en el mismo lugar por mucho tiempo, trataba de jalar a Adam a mi lado el mayor tiempo posible. Notó la incomodidad que sentía en cuanto me movía y los gestos de mi cara, así que me miró preocupado y posó su mano en mi mejilla.

-No te noto bien Bella-.

-Solo necesito aire fresco- dije sin mirarlo a los ojos.

-Ok, espérame aquí, te traeré un vaso con agua-.

Asentí solamente y traté de esperarlo. Pasado algunos minutos me desesperé y traté de buscar alguna ventana o algún balcón que me proporcionara aire fresco, me estaba asfixiando casi literalmente. Caminé entre gentío empujando de vez en vez a las personas que ahí se encontraban. Llegué por fin hacia la salida, sacando todo el aire de mis pulmones y colocando ambas manos sobre el barandal de concreto.

-Demonios, necesitaba este aire-.

Reposé mi cabeza abajo. La sangre me comenzaba a descender de manera lenta en cuanto sentí unas manos enredarse a mi cintura, sin pensarlo, me recargué en el grueso pecho que me cubría la espalda. Agradecida, sonreí por el gesto, mientras una de las manos me acariciaba la cabeza por la febril frente que me ardía.

-Me siento un poco cansada, esta noche ha sido muy exhausta- comenté con los ojos cerrados.

Las manos me acariciaron la espalda de manera tranquilizadora, me relajé al completo hasta que destensé mis músculos por mera mecánica.

-Ah me siento tensa- dije disfrutando del masaje- lo siento si te he dado problemas- espeté abriendo lo ojos lentamente.

Cuando los abrí al completó, noté una rosa enfrente de mi vista pero quien se encontraba atrás de mí aun no le había visto la cara. La rosa era de color rojo, un rojo tan intenso y abrazador que me erizó los vellos de la nuca.

-¿Otra rosa?- pregunté- ¿pero por qué ahora roja?-.

-Pensé que te gustaban las rosas escarlatas- dijo la voz de manera firma y ronronéate- ¿ya me olvidaste Bella?, ¿te olvidaste tan pronto de mí?-.

Me giré rápidamente y aquella imagen me golpeo de manera violenta. Los labios gruesos, la barba levemente crecida, el cabello alborotado y cobrizo, y sus ojos verdes, sus penetrantes ojos verdes me miraban de manera concentrada y seductora. Se acercó hacia mí de manera felina y trató de acariciarme, sabía que después trataría de besarme.

-Señor Cullen- interrumpió Adam con voz aliviada, mientras Edward bajaba la mano de manera lenta- ha encontrado usted a mi novia, gracias-.


Lo sé, también estoy impactada. *-*

No olviden review follow/favorite si quieren seguir leyendo esta historia.

Nos leeremos pronto Twilighters, adiós :D