Cautiva
POV Bella
Tragué saliva ruidosamente mientras Edward descendía las manos de manera lenta, entornando los ojos hacia la voz que le hablaba a sus espaldas.
-Señor Cullen- interrumpió Adam con voz aliviada- ha encontrado usted a mi novia, gracias-.
Edward abrió los ojos de golpe. Oh claro que le había sorprendido el título que me había dado Adam y eso lo hizo apuñar las manos a los costados.
-Adam- dije saliendo de su agarre para dirigirme hacia él- lo siento- comenté disculpándome- necesitaba aire fresco, honestamente no me sentía del todo bien allá dentro-.
-No te preocupes Bella, me alegra que al menos no estuvieras sola aquí. Pero veo que el señor Cullen ha estado contigo, estos lugares no me dan buena pinta- comento abrazándome- pero ¿ya se conocen?-.
-Señor Hunter- contestó Edward- debería tener más cuidado con la señorita- dijo sonriendo- es peligroso que venga sola a estos palcos y lamentablemente no nos conocemos- comentó mirándome fijamente a los ojos- no tengo el placer-.
-Pues les presento- dijo acortando la distancia- Bella, él es el señor Edward Cullen, presidente y dueño de International, hijo de la señora Esme Cullen, y uno de los más grandes inversionistas. Señor Cullen, ella es Isabella Swan, mi novia- finalizó triunfante.
Edward se acercó a mí de manera felina y tomó mi mano con delicadez para poder besarme los nudillos. La corriente eléctrica que me daba en su tacto me sacudió levemente el cuerpo haciéndome suspirar sordamente. La sensación se volvía fresca y mi mente se inundaba de recuerdos, pero no me lo permití, debía enterrar cada uno de ellos.
-Mucho gusto, señorita Swan- ronroneo viéndome directamente a la cara.
-Igualmente- me limité a decir sin mirarlo a los ojos e instintivamente me alejé.
-Dígame señor Cullen, ¿le gustaría tomar una copa?-.
Alcé la vista con los ojos al completo abiertos ¿era en serio? ¿Lo estaba invitando a beber para charlar? De verdad que no pudo ser más inapropiado en todo sentido. Miré a Adam en tono de súplica, quizás pudiendo entender que no quería estar con Edward, no ahí, no ahora.
-Me encantaría- respondió de inmediato- será interesante mantener una charla en tan buena compañía-.
-Entremos entonces. Bella ¿nos acompañas?-.
-Claro que debería acompañarnos- respondió Edward – será interesante conocer a la novia de un allegado mío-.
Los ojos de Adam chispearon. Claro que estaba emocionado por cómo me llamaba. Entorné los ojos en blanco, era tan cínico de su parte que quisiera que estuviese ahí. Caminamos en silencio, siempre manteniéndome al lado derecho de Adam para evitar el menor acercamiento entre los dos. Las piernas me temblaban, pero estaba más que claro que no me dejaría evidenciar en lo más mínimo, tenía que sobrevivir a la prueba más grande la noche: Edward Cullen.
Mientras recorríamos los pasillos, la gente nos miraba con gesto extraño, los fotógrafos no se hicieron esperar, al parecer, la idea de ver al nieto de Ernest Hunter al lado del magnate de los magnates de Europa les supuso la mejor de las portadas pero ¿dónde diablos encajaba yo? ¡Ah claro! Yo era la novia, la novia que nadie conocía, gracias a Dios. Me encontraba tan sumida en mis pensamientos que sentí un arrebato en la mano derecha para pararme en seco.
-Bella, los fotógrafos quieren una portada del señor Cullen y mía-.
-Adam… Yo… No soy nada aquí, así que me iré a sentar ¿ok?- dije apenada.
-No digas tonterías- contestó sonriendo- ¿crees que no estoy deseoso porque lo sepan?-.
-¿Quieres decirles a todos que soy tu novia?- espeté sonriendo sonrojada.
-Claro, es más. Pienso que ahora es el mejor momento- comentó halándome de la mano dejando a un lado a Edward mientras yo le seguía sin reparos con los ojos abiertos.
Se paró enfrente del estrado. Conmigo a su lado me era muy difícil mirar hacia enfrente, los flashes de la cámara no se hicieron esperar.
-Atención a todos- comentó tintinando una copa de champán- quisiera hacer una anuncio importante; hoy que es el aniversario del hombre que hizo posible este proyecto, Ernest Hunter I, mi abuelo. Con mi padre aquí presente- dijo alzando la copa en su dirección mientras él le correspondía- el estimado señor Edward Cullen quien es uno de los mayores inversionistas altruistas junto con su respetable madre- comentó sonriendo- quiero presentarles a la mujer que más feliz me hace, mi novia, la señorita, Isabella Marie Swan-.
Una ova de aplausos se escuchó en cuanto dijo mi nombre y los flashes se intensificaron de manera sofocante. Sonreí, al parecer, todos creyeron que de felicidad pero era solo porque la vergüenza me estaba carcomiendo la poca lucidez que tenía en el estrado. Miré a Edward, quien me dirigía la más fría de las miradas mientras yo me encogía de hombros. De todos los presentes, había sido el único que no había aplaudido, su madre, notó aquel notable cambio de humor y lo tocó del hombro lo que provocó que rompiéramos el contacto visual de inmediato.
Mi atención fue atraída de manera inmediata mientras Adam me plantaba un beso en los labios, un beso suave tierno, penetrante y tímido. Me enroscó entre sus brazos de manera que no pudiese escapar de su lado, sentía como sus labios se movían lentamente sobre los míos y sin importarle los presentes, intensificó el beso de forma que me hizo cerrar los ojos para poder disfrutarlo, no dude en entornar los brazos a su cuello y en un último pequeño roce me soltó para acariciarme la mejilla sonriendo.
-Gracias por nuestro primer beso- comentó.
-Señor Hunter, una foto con el señor Cullen y su novia- pidió un periodista.
Busqué entre la muchedumbre y ya no lo encontré, fruncí el ceño de modo mecánico, se había marchado y quizás no lo volvería a ver.
Bajamos del estrado, todos tenían la mirada en nosotros y yo me enfocaba en la nada buscándolo de nuevo. Caminamos entre los pasillos hasta que llegamos a la presencia del padre de mi novio. Este abrazo a Adam de manera grata y acto seguido me abrazó a mí con vehemencia.
La noche sería larga y yo estaba queriendo terminarla lo antes posible.
Adam me llevó a casa.
El comienzo del trayecto fue silencioso, la verdad, es que estaba bastante agotada como para poder sostener una plática en el auto así, que fui cerrando lentamente los ojos.
-¿Bella?-.
-¿Eh?-.
-¿Te estás durmiendo?- preguntó con una sonrisa.
-Emm si- comenté apenas abriendo los ojos.
-Me parece que tendré que cargarte al llegar-.
-No es necesario, sé cómo llegar hasta a la habitación. Además estoy cansada, no ebria-.
-Siempre tan lista señorita Swan, dime ¿te ha gustado esta noche?-.
-La verdad es que si, fue algo entretenida- confesé.
-Parece que todo ha sido un éxito rotundo. Me pareció muy agradable todo pero, lo que coronó la noche fue el beso…-.
¡Oh sí! Aquí vamos de nuevo, ese hombre arrullado entre esponjosas nubes. Claro que me había gustado el beso pero, no sabía en potencia cuanto sería así. Debía ser la timidez ya que, era el primer día de novios y yo aún no me acostumbraba a su tacto.
-Fue mágico-.
-Lo sé-.
Sonreí, me gustaba verlo feliz.
-Recibí una invitación- comentó mirándome rápidamente.
-¿A qué?-.
-El señor Cullen nos quiere para almorzar, ¿qué raro no?-.
Abrí los ojos como platos, ¿qué demonios pretendía ese hombre, matarme antes de los 25? Bajé la mirada aún sorprendida, no sabía qué hacer ante eso. Debía actuar natural, tan natural como me fuese posible.
-Deberías ir-.
-Deberíamos- corrigió- El señor Cullen quiere que vaya acompañado, me comentó que no era una comida de negocios, más bien "entre amigos", esto me ha sorprendido ¿será que me has dado una chispa de suerte?-.
-No lo creo-.
-Está muy interesado en el proyecto, no creo que tenga ganas de irse a Francia, me comentó que despedirá a su madre en el aeropuerto mañana y que saldría a verme. Creo que debes acompañarme-.
-Mañana tengo trabajo- contesté tangente.
-Ah, es cierto- comentó decepcionado.
-Además, ya me pediste un permiso hoy. Quizás puedas hablar más cómodamente ustedes dos… Ya sabes…- titubee- cosas… de… chicos…-.
-¿Cosas de chicos?- rio.
-No sé, quizás hablen de videojuegos o soccer- respondí despistada.
-No creo que eso tenga en mente, aunque no lo sé. Creo que es raro, desapareció de la nada de la recepción y me dejó el mensaje con un empleado suyo-.
-No lo sé-.
Llegamos a casa y se detuvo unos minutos para observarme, lo miré fijamente a los ojos y Adam se acercó sin aviso. Colocó ambas manos alrededor de mis mejillas y me haló para besarlo, le devolví el beso de buena gana, su labio apretaba de manera rítmica los míos como acariciándolos, coloqué mis manos sobre las suyas instintivamente, y comencé a suspirar por falta de aire. Nos separamos un poco y me volvía a besar del mismo modo, Dios, Adam era tan dulce. Colocó sus dedos alrededor de los mechones de cabello, con su pulgar acariciaba el área de piel que alcanzaba y yo imitaba los movimientos de sus labios, arriba abajo como capturando la textura de mi piel.
Por último, como terminando el más sagrado de los rituales, me besó la frente para después recargar su codo en el asiento.
-Te juro que tenía ganas de besarte desde la primera vez que te vi-.
-¿Es enserio?- pregunté bobamente.
-Sí, fue por eso que decidí buscarte. Quería saber tu nombre, chica Starbucks-.
Reí recordando el chiste local que había entre los dos. Y me coloqué la mano sobre la boca.
-No te detengas, vamos ríe Bella… Tu risa es la mejor música para mis oídos, no te contengas por favor-.
-¿Por qué Adam?- pregunté sonriendo pero en tono serio.
-¿Por qué qué?-.
-¿Por qué yo?- dije al ahora sin reírme.
-¿Por qué no? No entiendo porque te sobrevaluas. Bella, eres una mujer interesante, honestamente me sorprendió que no tuvieras novio o algún tipo de pretendiente- además de yo- eres hermosa, inteligente y un ejemplo de persona, ese día en el café me lo demostraste. ¿Te diste cuenta de que fuiste la única, además de mí, que se salió de la fila para ayudar? Eres muy humana Bella, y eso me sorprende-.
-Cualquiera lo hubiese hecho-.
-No y lo sabes, nadie más se salió. Te admiro-.
-¿Eres un fan acaso?- pregunté en tono de broma.
-Espero ser el único- dijo sonriendo.
Me quedé en silencio, este hombre definitivamente me estaba entregando todo y yo debía hacer lo mismo, yo debía darme un chance también.
-Gracias-.
-Gracias a ti, por haber llegado a mi vida-.
-Eres definitivamente muy dulce-.
-Quiero ser eso y más Bella-.
Sonreí y lo besé de nuevo. Bajó del auto lentamente y me encaminó hacia la puerta. Ahí me abrazó con mucha ternura y me acaricio la mejilla.
-Que descanses-.
-Tú también-.
-Hasta mañana, Bella de mi corazón- dijo sonriente.
-Hasta mañana Adam de mi corazón-.
Nos dimos un último beso y entré a mi departamento.
Me sentía literalmente rendida. Me quité perezosamente los zapatos para colocarlos en la entrada de la puerta y después sentarme en el sofá de la sala. Sabía que si me quedaba ahí me quedaría frita.
-Te ves cansada-.
Me paré despavorida de mi asiento ¿qué mierda estaba pasando? Me fui instintivamente hacia atrás tomando un bat de beisball que me había regalado Charlie a los 17. Ahí apunte hacia la oscuridad esperando que de la nada algo me golpeara o me atacara. La luz de la pequeña mesa de la sala se encendió repentinamente mostrando sentado a mi acompañante.
Edward sentado en el sillón individual sin saco y de piernas cruzadas, tal y como estaba en su despacho descansando.
Lo miré con los ojos abiertos al completo ¿qué demonios hacía ahí y cómo había entrado?
-Te ves sorprendida-.
-¿Qué haces aquí?- pregunté aun amenazándolo.
-Vine a visitarte- respondió sin la más mínima pizca de vergüenza.
-¿Visitarme a la media noche? ¿Sabes que eso es allanamiento?-.
Me sonrió de forma burlesca y tocó el cabello de forma nerviosa.
-No, no es allanamiento si es lo más fácil del mundo entrar a tu casa-.
-¿Ahora eres un gánster ladrón?-.
Se paró de manera rápida del asiento. Me sentía estupefacta y con los sentidos al máximo. La adrenalina me estrujaba el corazón y su sonrisa me hizo perder el sentido. Mierda, estaba distrayéndome. Se acercó a mí lentamente y con las manos en la cintura me sonrió de nuevo.
-No me respondiste-.
-¿De qué hablas Cullen?-.
Noté como se sorprendía por la forma en que lo llamaba, tan fría y distante… Tan lejana.
-No me respondiste, ¿ya te olvidaste de mí?-.
-Aléjate-.
-Respóndeme primero Bella- exigió esta vez pero de forma seria.
-No-.
-¿A qué le temes? Solo tienes que responder-.
-Tú no debes estar aquí-.
En un movimiento rápido me quitó el bat dejándome desprotegida. Me sentí vulnerable. Y se acercó de manera felina hacía mi lugar, me acorraló contra la pared y mi cuerpo vibro bajo su tacto. Las sensaciones de nuevo me apoderaban, quería morderle la boca. Cerré los ojos instintivamente.
-Dime… Dime si ya te has olvidado de mí- suplicó con la nariz pegada a mí cuello.
-Edward… No… Por favor- supliqué sabiendo que si continuaba me rendiría.
-¿Cómo puedes mirarlo a los ojos sabiendo que me amas?-.
-Basta-.
-Dímelo. ¿De verdad me has olvidado?-.
-Edward…- ronronee- No, para por favor-.
-Te he buscado como un loco Bella, te he buscado por todos lados en esta ciudad. Te necesito mi amor…-.
Su aliento me golpeo, mierda quería besarlo.
-No puedo estar contigo-.
-¿Es por ese imbécil?-.
-No lo llames así- comenté enojada alejándolo de mí.
-¡¿Ahora lo defiendes?!- preguntó enojado- debería enterarse de que me amas en realidad a mí. No sabes cuánto detesto al malnacido, e inclusive aún más cuando te toca-.
-Adam no es mala persona- inquirí.
-Adam Hunter, no sabes cuánto detesto su nombre inclusive en tus labios. Estuve a punto de matarlo a golpes en cuanto dijo que eras suya-.
Lo miré ceñuda. ¿En serio estaba celoso de él? Me hacía sentir como un maldito objeto de nuevo. No quería discutir más, estaba harta. Una de las principales razones por las que había dejado la ciudad era por su explosivo y compulsivo carácter. Siempre ordenando y proclamando suyo todo lo que se le antojase. Lo miré enojada y me sitúe cerca del sofá dándole la espalda.
-¿Qué quieres?-.
-A ti-.
-Sabes que no es posible-.
-No lo es porque no quieres-.
-Esto no es juego Edward Anthony Cullen- dije tratando de no mirarlo a los ojos- no puedes tener todo lo que a tu alrededor existe y deseas-.
Me sonrió o al menos eso percibí con el rabillo de ojo. Estaba fascinado y eso me molestaba mucho traté de empujarlo pero mis inútiles movimientos no lograban demasiado.
-Es tan sensual que digas mi nombre completo-.
-¿Qué demonios dijo?- pensé con los ojos abiertos.
Me separé de él en un pequeño descuido y pegué mi cuerpo hacia el otro extremo de la pared. Me sentía atrapada, sabía que deseaba correr hacia sus brazos pero ¿qué tipo de chica me vería con un novio y con un hombre en su departamento a la media noche? Moví la cabeza, me centré de una vez por todas y aclaré mi voz.
-Te voy a pedir de la manera más amable posible que te retires-.
-¿Dices esto en serio?- preguntó casi de manera estupefacta.
-Lo digo enserio-.
Movió la boca de manera chocante, le había molestado y estaba casi segura que deseaba que le implorara porque se quedara esa noche conmigo pero las cosas no iban a resultar tan fácil como él lo pensaba, no estaba dispuesta a doblegarme porque lo amara. ¡¿Lo amara?! No, no solo era atracción, el amor entre los dos sobraba, yo quizás puede haber sentido algo real pero él jamás, nunca.
Caminó hacia la entrada de la habitación y se quedó mirándome fijamente a la cara. La sensación de sonrojó me quemaba las mejillas y bajé la vista para evitar verlo también. No me dejaría intimidar ni un poco.
-Quiero hablar contigo, si es que eso si me lo permites-.
-¿Hablar?-.
Se limitó a asentir.
-No sé si… Tu novio- dijo con desprecio- te comentó que, tendré un almuerzo. Quiero que vayas-.
-No es posible, tengo un empleo al que ir y…
-Me importa poco eso, vas a ir porque te lo estoy diciendo Isabella- gritó.
Entreabrí los labios ¿quién demonios se creía para hablarme de esa manera? Un vago sentimiento de odio me inundó las venas y fruncí el ceño de manera violenta.
-¿Quién demonios te crees para hablarme de esa manera Edward Anthony Cullen?- exigí saber.
Su expresión se dulcifico un momento y cuando creí que volvería cerca de mí, se sonrió y abrió la puerta de manera elegante.
-Te esperaré, no te preocupes por tu empleo. Las cosas estarán corriendo por mi cuenta- y salió del departamento sin despedirse, dejándome aturdida por el enojo.
A la mañana siguiente me desperté con un sugestivo dolor de cabeza.
Había pasado la noche en vela pensando en lo que pudo y no haber ocurrido con la presencia de Edward en mi casa. La piel se me erizaba del solo pensar que podía entrar cuantas veces se le placiera y que debía hacer hasta lo imposible para evitar ese tipo de encuentros a solas con él. Tenía que dejarlo atrás, además de que, no iría con él a ningún lado y mucho menos con Adam presente puesto que sabía que sus planes no nos llevarían a ningún lado, a ¿qué se refería con 'tenemos que hablar'?
Tomé un poco de té antes de salir y me duché de manera lenta. Cepille mi cabello hasta llegarme a la cintura y use un traje de falda, camisa formal semi abotonada, tacones estiletos negros, un blazer oscuro que hacía juego con los zapatos, mi bolso y mi delicioso perfume de fresas y vainilla. Me sentía fresca, renovada y lista para comenzar el día.
Salí del departamento con toda la intención de dirigirme al trabajo, en mi poco andar recibí un mensaje de texto de Adam.
Buen día hermosa, espero que tengas una excelente mañana. ¿Podrás venir almorzar conmigo? Si es así, espero tu llamada a la hora de almorzar.
Besos, Adam.
Suspiré, creo que era buena idea ir a la Bella Italia, comer un poco y conversar. La idea no me parecía del todo mal y esta vez le comencé a contestar de manera entusiasta.
-Señorita Swan-.
Alcé la mirada y noté a un forzudo enorme que me veía de manera seria y abría la puerta de manera elegante de un ato muy costoso. Miré hacia los lados esperando que el hombre musculoso se hubiese equivocado pero, al juzgar por lo que había dicho y al ser la única presente en el lugar sabía que se refería a mí. Di dos pasos hacia atrás asustada, era más que obvio que quería que entrara pero no lo haría con un desconocido.
-Señorita Swan, entre por favor, tengo ordenes explícitas de llevarla conmigo a un desayuno-.
-¿Quién le pidió eso?-.
-Mi jefe-.
-Eso es más que obvio- dije entornando los ojos.
-Lo sabrá en cuanto llegue, su novio la está esperando-.
-¿Adam? ¿De verdad estaba tan ansioso de verme?- pensé.
Entré un poco más aliviada sabiendo que mi novio quería verme pero a los pocos segundos de acomodarme en mi asiento me arrepentí tan inmediatamente como pude ¿qué pasaría con mi trabajo? No podía creer que este hombre realmente me quería convertir en alguien que no asista al trabajo. El chofer estuvo en silencio todo el trayecto, aunque iba temprano para mi trabajo el viaje y tiempo me preocupaban, me iba a ser difícil volver.
El camino fue silencioso y extraño. La señal de mi celular no conectaba ninguna llamada y eso me desquiciaba un tanto, quería llamar a Adam y decirle que la hora de entrada de mi trabajo se estaba pasando y no podía darme el lujo de faltar o llegar a la hora que me placiera solo porque sí.
-Disculpe- dije al chofer- ¿falta mucho para llegar?-.
-No señorita Swan-.
-¿Adam lo envió aquí?-.
-¿Adam?- preguntó incrédulo pero solo se limitó a repetir mi pregunta y guardar silencio.
Suspiré cansada. Pasaban de las 8:00 am y comencé a tamborilear mis dedos y en cuanto quise volver a preguntarle, el chofer detuvo el auto frente a un edificio que a mi parecer tenía un aspecto bastante rudimentario, oscuro pero muy acogedor aunque me asustaba.
El hombre musculoso me abrió la puerta de manera caballerosa, me tendió la mano para salir y cerró sordamente la puerta del coche y me guío por la entrada del edificio de manera alejada, como si temiese acercarse a mí demasiado.
-¿Él me está esperando?-.
-Así es, señorita Swan-.
El lugar estaba solo y yo solo estaba ansiosa de plantarme frente a Hunter y preguntarle cuál había sido el motivo de su cita tan temprano. Una guapa mujer se adelantó y sirvió en una taza muy fina de cerámica una especie de café cremoso junto con algunos aperitivos y fruta picada. El estómago me rugió sordamente mientras me relamía los labios saboreando el aroma. Él estaba de espalda, quizás observando la vista del segundo piso que daba aparentemente hasta el jardín, el cual me pareció extraño ya que, el espacio estaba reducido, casi como evitando que nadie tuviese acceso a él o nadie escapara de él. Su aspecto me pareció sospechoso, como si algo de su persona no me cuadrara pero a la vez fuese repentinamente familiar.
-Señor- dijo el chofer- la señorita ha llegado-.
-Puedes retirarte Walter-.
Di un paso repentino hacia atrás con una reacción estupefacta en el rostro. No era la voz de mi novio, no era siquiera el porte de Adam. Su agresivo aspecto me hizo sentir de manera violenta un ensordecido dolor en la cien y en las rodillas, lo que me obligó a sostenerme de la silla débilmente. Pasé saliva ruidosamente, un inmenso terror se instaló en la boca de mi estómago, ¿dónde estaba? Quise salir corriendo pero enseguida noté que las puertas estaban cerradas y técnicamente selladas. Aunque la habitación era blanca y tenía una pequeña abertura entre las paredes, noté que las sombras de al menos 2 hombre altos bloqueaban la puerta por la parte de afuera de la habitación.
Estaba encerrada.
-Me alegra que hayas venido por tu propia voluntad-.
-¿Qué quieres?-.
-Lo de siempre Bella, lo de siempre. Me sorprende que me hayas rechazado, mira que estoy aquí por ti-.
-Yo te dije que no quería nada de ti-.
Se paró de manera firme de su asiento de respaldo alto, como especie de silla ejecutiva que pertenecía quizás a alguna oficina o artículo empresarial sacada de una empresa de gran magnate. Abrió lentamente su saco de color gris y coloco sus manos en los bolsillos de su pantalón que le escurrían en las caderas de manera elegante. Instintivamente me hice para atrás esperando que no fuese capaz de tocarme y coloqué mi bolsa entre los dos para evitar su contacto.
-No temas, no te haré daño-.
-¿Por qué me traes aquí?- pregunté con miedo.
-Necesito que confíes en mí, si no, no podré hacer las cosas de manera correcta- dijo en tono intimidante.
-Quiero irme-.
-No se puede y te sugiero que te portes linda a menos que quieras que te pase algo-.
Me tomó de la mano bruscamente y me sentó frente a su silla. Ahí se paró detrás de mí masajeando mis hombros de manera lenta y acosadora. Cerraba los ojos para tratar de evitar las sensaciones que me provocaba, eran enfermizas y repugnantes. Me quitó el abrigo de manera lenta y acarició mis muñecas suavemente casi deleitándose de la sensación que le provocaba, supe que se relamió los labios de manera pervertida.
-Mi linda Isabella- relamió mi nombre con lujuria- es increíble que estés aquí-.
-Estoy aquí porque no sabía a dónde mierdas iba- dije enojada.
-Esa boquita poseedora de blasfemias es inusualmente excitante-.
Bajé la mirada y tomó bruscamente mis muñecas quienes fueron aprisionadas por dos esposas automáticas que se ajustaban de las recargaderas de las manos y me soldaban prácticamente las muñecas al asiento.
-¿¡Qué haces!?-.
-Me aseguro de que no te vayas- dijo con una sonrisa en los labios.
-¡Déjame ir!-.
-No puedo- ronroneo cerca de mi cuello- desde que te conozco me tienes hechizado-.
-¡Siempre fui una maldita fantasía erótica para ti!- grité llorando.
-Fuiste más que eso Bella-.
-Por favor- déjame ir-.
Se sonrió de manera maléfica y movió sus manos sobre sus cabellos de manera nerviosa. Casi leyéndole el pensamiento adiviné supe el motivo del porque me miraba los senos y las piernas. Moví mi cabeza de manera mecánica evitando el contacto con su mirada y así poder hacer un gesto desagradable.
-Eres muy hermosa. Aun no comprendo muchas cosas- y acarició mi rostro con el nudillo de sus manos.
-¿Qué es lo que no entiendes? ¿Qué eres un hijo de puta loco que no entiende que no quiero nada contigo?-.
Se río de manera sínica mientras se alzaba de enfrente de mí y se disponía a ocupar su lugar. Bebió de su café cremoso, incluso ahora el estómago no me podía aceptar ningún tipo de alimento o bebida.
-Sigue así mi hermosa Bella, ¿sabes que solo logras excitarme?-.
Abrí los ojos de golpe, temí por mi integridad física y comencé a llorar si retener las lágrimas. Tomó un pañuelo muy suave que había sacado de su bolsillo y lo deslizó delicadamente por mis mejillas para limpiar las tibias lágrimas que me resbalaban sordamente. En cada roce se sonreí y yo evitaba mirarlo. Tomó de mi barbilla obligándome a verlo a los ojos.
-Entre más te resistas, peor será para ti Isabella. Me gustas, te lo dije y me ignoraste yéndote sin importarte que pasaría. Y resulta que lo primero que sé de ti, es que estás con un imbécil doctor hijo de puta a quien ni siquiera quieres, eso te lo aseguro. Me da rabia Isabella, solo deseo algo y sabes que es- dijo con furia inyectada en los ojos- para mí- continuo cerca de mis labios casi besándolos pero oponiéndome- tienes dos opciones. La primera, es entregarte por tu voluntad y con dulzura, te aseguro que no te irá tan mal como piensas; y la segunda- saboreo mi cuerpo con su mirada- puede ser muy ruda. Creo que, con un poco de morfina en la sangre no la pasarás tan mal-.
-¡HIJO DE PUTA!-.
-Di lo que quieras, ahora eres mía, mía nada más-.
-¡Déjame salir!-.
-No te estoy pidiendo imposibles, solo tengo que gustarte, ya te acostumbrarás a mí-.
Moví mi cabeza para soltarme de su agarre y comencé a llorar de manera escandalosa pero al final sabía que no servía de nada ¿quién habría sido capaz de ayudarme de manera cómplice? Según lo que yo veía, los hombres de afuera estaban por una sola razón y esa era no dejarme salir y la mujer, de seguro estaba en su bando, ¿cómo no imaginarlo? Las cosas habían ido demasiado mal y sospechosas desde que detecté que no había señal en el auto y más cuando pregunté con Adam y el chofer ni siquiera me respondió pero de nada servía reprenderme sola, ya ahora no tenía ni caso.
-Yo no puedo estar contigo, lo sabes-.
-No es que no puedas, es que no quieres y aquí, vas a querer estar conmigo-.
-¡NO!-.
-Sí y te gustará, aprenderás a convivir conmigo. Lo que pasó en París no me agradó demasiado, ¿sabes lo penoso que es una situación para un hombre así?-.
Lloré una vez más y se paró de nuevo para arrodillarse frente a mí.
-Shh shh, no llores hermosa. Todo será tan malo a la medida que lo desees-.
-Por favor…- suplique.
-Me fascina que supliques, creo que es una magnífica arma de seducción pero no ahora, déjame disfrutarte- dijo volviendo a su lugar- ¿qué te parece con menos ropa?-.
-No, por favor- chillé.
-No quieras retrasar lo inevitable Bella-.
Me removí de mi asiento con rudeza y él me forcejeo con fuerza. Al principio fue dulce pero al ver que me resistía, desgarró levemente mi falda y mi blusa dejando al descubierto mi lencería de color vino.
-Estás preciosa- y optó por acercarse a mí pero yo me negué, lo que logró alejarlo.
-No te atrevas a tocarme-.
-Eres tan bonita cuando te enojas y resistes, una cualidad que muy pocas mujeres tienen. No tiene mucho tiempo para aceptarme porque de buenas o malas serás para mí, eso es inevitable… Quizás hasta seas mi mujer. Tendrás privilegios si aceptas, no seas tonta Bella y acepta por las buenas-.
-¿Estás imbécil? ¿Cómo demonios querría ser de ti?-.
Se sonrió sínico y me miró a los ojos. Su mirada me quemaba y bajé la mirada de inmediato.
-No me quites la vista de encima Bella, cuando lo hago me gusta que me vean a los ojos- comentó de manera pervertida y estuvo a punto de besarme hasta que su teléfono celular comenzó a sonar.
Lentamente se despegó de mi lado y atendió la llamada sin antes mandarme un beso y girarse hacia la ventana.
-¿Qué ocurre? ¿Ya se dieron tan rápido cuenta de que despareció?... Vaya- dijo mirándome- de verdad es importante. No, quiero que me mantengan informado… Si es posible compra la maldita ciudad y rastréalos… No… Si… Estaremos en contacto- y colgó.
-Déjame ir-.
-Mi querida Bella, eres como un tesoro mágico de piratas. Mi tesoro… ¿Crees que soy tan idiota como para dejarte ir?-.
-Por favor- supliqué una vez más llorando.
-¡NO!- gritó golpeando la mesa asustándome más- las cosas no van a ser así, te quedarás conmigo QUIERAS O NO-.
-Estás loco-.
-Hermosa, solo de eso… Tú tiene la culpa-.
¿Quién será, quién será?
Como mi lindo Christian Grey dijera: "Un dólar por tus pensamientos"- 50 sombras de Grey. Sí lo sé, caía en los brazos del cincuenta sombras... Muy buen libro, se los recomiendo nenas.
En fin, me gustaría que me dijeran ¿quién creen que es? Definitivamente Bella lo conoce pero ¿qué más pistas captaron nenas?
¿Me seguirás leyendo? ¡Espero y si! NO OLVIDES REVIEW, FOLLOW/FAVORITE si te gustó.
Nos leemos pronto Twilighters. :D
