POV Edward

Los ojos de Bella.


"Te digo adiós y acaso con esta despedida, mi más hermoso sueño muere dentro de mí.
Pero te digo adiós para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando en ti."

Eva.


Ver a Bella me ponía bastante ansioso, a decir verdad tremendamente nervioso. Tenía toda la intención de buscarla por todo New York si era necesario. Había contratado un investigador privado para seguirla en cuanto se instalara en la ciudad, agradecido de mis rápidos movimientos pude cerciorarme de que Bella estaba 'bien' y que nada le faltaba. Los informes diarios de su vida me llegaban sin falta a las 10:30 pm, donde ansioso aguardaba un correo electrónico de Sam Uley. Siempre pequeños detalles para mí –ya que la información nunca bastaba– además de fotografías y pequeños vídeos de poca duración que eran cortados súbitamente por las reacciones de mi mujer. Sabía que no era una tonta y que se percataba de que, alguien la seguía o espiaba. Tenía bien centrado de que más que un enamorado, parecía un mismo enfermo mental.

–Señor Cullen- llamó Uley muy temprano una mañana sorprendiéndome realmente.

– ¿Qué ocurre?

–La señorita Swan acaba de tener un accidente cerca de una cafetería de Central Park.

Me dio un vuelco la cabeza y coloqué mis manos alrededor de mi cabello en tono de desesperación. Nada me costaba tomar un maldito avión y volar hacia Estados Unidos y verla aunque no me quisiera a su lado. Recordé que debía serenarme y escucharlo.

–¿Está herida de gravedad?

–Aparentemente no, pero ha venido una ambulancia por ella y la han llevado al Hospital general Ernest Hunter.

–¿Estaba sola?

–No señor, un hombre de aspecto caucásico la acompañaba.

–¿Quién? – pregunté con los ojos saliéndome de orbe.

–Ignoro su identificación, al parecer estaba cerca de la señorita cuando ocurrió el accidente.

–Siga el rastro y quiero toda la información –ordené furioso.

–¿Quiere que intervengamos, señor?

–No, solo haga lo que le ordeno- y colgué.

Ahora el corazón me latía casi en taquicardia. Caminé por la oficina de manera nerviosa pasándome las manos por el cabello de manera que me hacía desesperarme aún más. ¿Qué había pasado con mi Bella? Y ¿por qué un hombre la acompañaba? ¿Será cierto que me había olvidado? Moví la cabeza lentamente en forma de negación, no podía llegar corriendo ante su presencia y decirle que mataría el mal nacido que se atreviera a estar a su lado, las cosas no podían ser de esa manera.

A los pocos minutos, Sam Uley llamó de nuevo.

–Señor Cullen, tengo la información que me pidió.

–Escucho- dije con la voz ronca.

–La señorita no presenta heridas de gravedad, más que unos golpes, nada de serio. El acompañante es el señor Adam Damon Hunter, dueño del hospital mismo, y no mantiene ninguna relación con la señorita.

Mi cabeza hizo una rebobinación instantánea al darme una cierta sensación de conocimiento. Tenía un poco de curiosidad al recordar sutilmente el nombre del hospital y del tipo que estaba con Bella.

–Sam, quiero que investigues a ese Adam Hunter y me envíes la información en una hora.

–Señor, disculpe, eso es muy poco tiempo.

–Te pago una fortuna para que cuides y seas mis ojos allá en América ¿quieres que prescinda de tus servicios?- escupí furioso.

–En una hora tendré lo que me ha pedido- y colgó.

Puse toda mi concentración en ese peculiar nombre y accedí a los archivos de la computadora, poniendo en modo 'búsqueda' el apellido Hunter. Con un sonoro clic, un archivo de inversiones hechos a nombre de mi madre apareció en forma de lista en mi ordenador. Baje lentamente por cada uno de ellos y noté que todas los cheques estaban destinados al hospital 'Ernest Hunter'. Como mi madre era una altruista nata, trataba de donar varios miles de euros a asociaciones como estas. Busqué un poco más y deduje que no encontraría más que papeleo. Ninguna otra información de quién o qué hacía en realidad.

La hora pasó demasiado rápido, quizás por tener toda la concentración enfocada en el escurridizo acompañante de Isabella, el hijo de puta a quien no conocía y ya odiaba. Revisé mi bandeja de entrada y un correo con la información de Hunter me había llegado.

–Veamos quien eres- dije haciendo un clic sobre el icono y abrir la información.

Sus datos personales, licencia médica, familia, amigos cercanos y un curioso historial médico en el cual no me enfoqué demasiado. Sus avances en el hospital también estaban incluidos, el tiempo que había vivido en Inglaterra, su dirección y algunas fotos de sus tareas más rutinarias. Sam Uley había hecho su trabajo.

Me quedé admirando un rato más su historial académico y la rara interrupción de sus estudios, su linaje familiar y la descendencia 'real' que tenía su sangre. El tipo era como una especie de duque o varón si no me equivocaba. No matrimonio ni pareja, pero si pequeñas gestas interesantes que no presté atención tales como, el acontecimiento más crítico de su vida, la pérdida de una pareja suya en un accidente aparentemente automovilístico. No había fotos ni siquiera de recortes de periódico, supe entonces que, de haberle dado más tiempo a Sam, quizás me hubiese enviado más información.


**Meses después**

Me mantenía muy al pendiente de la situación de Isabella y Adam. Sus nombres juntos me producían amargura en la boca. Las cosas en International giraban cada día más exasperantes, hacía más de 4 meses que Bella se había marchado y todo se había vuelto tan monótono y voluble, era un tremendo fastidio. Emmet había regresado, un poco decaído pero con toda la disposición de ocupar su puesto, por su parte Rosalie como siempre, no dejaba de buscarme. Por más que la rechazara seguía insistiendo, hasta cierto punto esa mujer me causaba lastima, ¿acaso no tenía dignidad?

–Es una lástima que la señorita Swan se haya marchado tan repentinamente.

–Sí- contesté sin mucho ánimo, no me gustaba hablar de su partida.

–¿Crees que quiera volver a trabajar con nosotros?

Antes de que pudiese decir algo, Alice interrumpió tocando levemente la puerta con los nudillos. Ella se veía feliz y radiante, era el antítesis de mi sombra, había escuchado que salía con un chico llamado Peter, al parecer pertenecía a uno de los departamentos Ingeniería de la empresa, no la culpaba, no me molestaba en la absoluto y ya no tenía interés en ella.

–Disculpe que lo moleste señor Cullen, llegó la correspondencia.

Entorné los ojos en blanco y suspiré ruidoso.

–Déjela en el escritorio, sabe que si no viene fuera del país no me interesa.

–Pero señor- dijo entrando lentamente a la oficina- llegó una carta de América.

Fruncí el ceño con poco de curiosidad y extendí la mano para que me la entregara. La mujer obedeció y me la dio con un gesto tímido para después saludar con la cabeza a Emmet que sonreía. El membrete era dirigido a mí y provenía de la ciudad de New York, releí cuidadosamente y noté el nombre del hospital 'Ernets Hunter' en colores dorados. Era una invitación. El aniversario del fundador del mismo, se celebraba en dos días en el salón principal de la ciudad, estaban invitados todos aquellos inversionistas y donadores. Recordé que lo último que sabía de Swan era que, el nieto de Ernest Hunter y ella se habían vuelto 'amigos cercanos', eso lo repudiaba, pero las cosas no me quedaban tan en claro, ya que, cuando Sam me enviaba fotografías de ellos dos, parecía que él la mirara de una manera en que solo se ve, cuando deseas a una mujer. Yo más que nadie, lo reconocía. Tenía que ir a verla, era mi oportunidad y sí, ellos eran tan amigos, Bella estaría en la fiesta.

–¿Pasa algo?- preguntó Emmet.

–No – dije con la vista fija en el sobre- Alice, llama a mi madre y habla con el piloto privado, para un vuelo para New York a primera hora de mañana- alcé la vista y miré a McCarthy con una sonrisa en los labios- Emmet, me voy a América.

En el aeropuerto llegamos a primera hora, mi madre vestía elegantemente un saco amplio y unos pantalones de mezclilla, era linda cuando rompía el esquema.

–Me alegra tanto que hayas llamado- dijo mi madre tomándome de las manos- es increíble que quieras viajar conmigo a New York.

–Esta ocasión es especial.

–¿Crees que podamos llegar a casa a tiempo?- preguntó preocupada.

–¿No quieres ir?

–No es eso, es que… No me gusta dejar a tu padre.

–Madre, él estará bien.

–Lo sé hijo pero, no me agrada mucho dejarlo.

Sonreí y besé la frente de la dulce mujer que me dio la vida.

–¿Lo amas tanto?

–Cuando te enamores sabrás que es difícil dejar a quien amas- dijo sonriente yo bajé la vista para no verla a los ojos.

En el avión, me limité a mirar a otro lado mientras esperaba a que las azafatas nos acomodaran en nuestros respectivos asientos y nos servía una bebida ligera antes de despegar.

–Te ves ansioso.

–Un poco.

–¿Irás por alguna razón en especial?

–Algo así- digo sonriente.

Mi madre me sonrió con complicidad y acaricio mi rodilla con ternura.

–Sea lo que sea o quien sea, me alegra que esté sucediendo. Aunque, honestamente, si esto es por una mujer, me sentiré celosa.

–Madre- digo apenado por la conversación tan íntima que teníamos- lo sabrás a su debido tiempo.

El transcurso del viaje fue relajado, como usualmente me ocurría, me era más difícil conciliar el sueño. Después de que, se nos fuese permitido el uso de celulares y laptops, mi madre se había quedado dormida. Encendí la laptop y entré a mi correo electrónico, ese Adam me ponía ansioso de llegar más deprisa pero no estaba en mi poder.

–Creo que releeré la información que me mandó Uley.

No hacía falta buscar de nuevo en sus asuntos personales otra vez, pero la guardaría de todos modos. Pequeños detalles tales como sus últimos viajes entre otros, no entendía la razón pero cual, el sujeto me causaba un estrago en el estómago cuando veía que estaba cerca de Bella, me ponía con todos los sentidos alertas.

–Señor Cullen, desea algo de comer.

–No gracias- contesté a la mujer sin mirarla –quiero solo un trago de Whisky.

–Enseguida.

Busqué mi teléfono celular en mi bolsillo y lo encendí para hacer una llamada.

–Sam, ¿tienes más información?

Señor, acabo de verlos juntos. Solo fueron por un café. El objetivo ha estado bastante descontrolado en movimientos. Al parecer tendrán una especie de reunión y ha estado más despegado de la señorita. Se le ve ansioso.

–¿Ansioso? ¿Qué estará planeando?- pregunté mirando por la ventana.

Creo que está así por el evento señor, de cualquier forma le enviaré las fotos de la señorita.

Suspiré fuertemente ¿en qué clase de enfermo mental me estaba convirtiendo? Me sentía asqueado conmigo mismo, Bella se veía más feliz o mejor desde su partida y ¿qué pretendía yo? ¿Hacerla caer entre mis brazos solo porque me había dicho que se estaba enamorando de mí? Ella se merecía la tranquilidad que tanta falta le hacía, yo por mi parte, me pasaba cada jodido día obsesionado con volver a verla, tocar su piel y sus labios. Yo era un enfermo egoísta hijo de puta. Tragué saliva ruidosamente mientras Sam me hablaba por el auricular.

¿Señor?

–Deja de seguirlos Sam, ya no quiero más información.

¿Está seguro?

–Llegaré a New York esta noche, y te llamaré cuando necesite verte.

Claro, señor Cullen.

–Es todo- y colgué.

Abrí la carpeta de las fotos de Bella, como el maníaco que era claro que las tenía guardadas por fechas. Un impresionante cambio de físico se le vio en las primeras semanas, ¡oh! estaba tan delgada y frágil que solo soñaba con protegerla entre mis brazos. En cierto tiempo, después de haber conseguido una noche de placer, me hubiese importado un reverendo rábano lo que le hubiese pasado, pero con ella era diferente. Me preocupaba, la hubiese regañado para que se alimentara mejor y ver sus mejillas rosadas, rebozando de buena salud.

–Esa mujer tan testaruda- dije cerrando los ojos y colocando mis dedos en el puente de mi nariz.

Sutilmente sonreía al pensar en ella, sabiendo también que me llevaría la contraria a toda costa y modo. Isabella, siempre haciendo que los sentidos me explotaran, que quisiera desearla aún más porque no me lo permitía, ¿quién imaginaría que me sentiría atraído por una mujer que fuera el antítesis de lo que siempre me había gustado.

Pero aunque, había decidido no interferir con su vida personal, me iba a tomar el atrevimiento de verla por última vez, si es que eso era posible, en realidad, no tenía la más remota idea de lo que pasaría si la viera de nuevo. Tal vez, me sentiría descontrolado y ansioso por tocarla, pero en un intento de reprimir mis sensaciones, yo podría ignorarla lo más que se pudiese hasta terminar la noche, parecía un buen plan, el único que no me hacía ver como el enfermo y obsesionado mental enamorado de Bella.

El avión arribó a la ciudad de New York poco más de las 12:30 de la madrugada. Una camioneta enviada por la empresa que residía en la ciudad, nos recogió a mí y mi madre en cuanto llegamos. –Bienvenido señor Cullen, señora- saludó el chofer.

–¿Dónde nos quedaremos?- pregunté llevando del brazo a mi madre.

–En el hotel Hilton, está como a 45 minutos de aquí- respondió con las manos en la espalda mientras los demás empleados recogían nuestras pertenencias.

–De acuerdo- le contesté al empleado- madre- me giré para hablarle cerca del oído- ¿tienes hambre? Podemos pasar a cenar si quieres.

–¿A cenar?, ¿qué no sería más bien un desayuno?- preguntó sonriente.

–Si es que así lo quieres ver- y abrí la puerta del auto para que entrara.

Me giré para entrar por el otro extremo y entré desabotonando mi saco y poniéndome más cómodo.

–No es necesario hijo, solo quiero llegar a descansar, viajar en avión me incómoda mucho.

–Está bien madre, de aquí puedes descansar el resto del viaje.

Ella asintió y se acomodó plácidamente en el asiento de cuero. Yo por mi parte traté de descansar un poco aunque sabía que no lo lograría al completo. Al cabo de unos minutos me quedé dormido esperando ansiosamente que el viaje al hotel aguardara.


Eran las 8:30 am y yo apenas despertaba de mi cansado descanso.

–Hijo, baja a desayunar al restaurant del hotel, te estaré esperando allá- dijo hablando desde el pasillo.

–Está bien mamá, bajaré en una media hora.

Estiré mis músculos y me paré directamente a tomar una ducha. Metí mi cuerpo entero al agua tibia, recargando mi frente sobre la pared de cerámica, mantuve mi mente centrada y lista. Tallé mí cuerpo lentamente y salí para vestirme con algo casual y despreocupado.

–Hoy es el día en que nos volveremos a cruzar las caras Bella.

Bajé con las manos en los bolsillos dispuesto a comer después de casi un día de no probar bocado. Tomé el ascensor y alcé la vista en cuanto las puertas se abrieron. Un par de señoritas me miraron con los ojos abiertos mientras me sonreían de manera coqueta. Me aparté un poco y pulsé el número del piso donde estaba el comedor. Giré mi cabeza un poco al escuchar leves risitas a mi espalda, entorné los ojos en blanco y sonreí a medias. Las puertas se abrieron un par de segundos después y sonreí amablemente al bajar.

El lugar era bastante fresco y amplio. Las mesas estaban adornadas con elegantes manteles blancos con beige y flores de centro. Las sillas de madera pulida se extendían por el lugar con cierto toque americano. Las persianas de seda roja adquirían indiscutible tonalidad formal y un leve murmullo de conversaciones amenas refugiaban en el lugar como música de fondo. Busqué con la vista a mi madre antes de que un mesero me acomodara en una mesa. Esme llevaba un lindo vestido blanco con colores pasteles que le bajaba por las rodillas, su cabello castaño le caía ondulado por los hombros y su mirada juvenil la hacía ver más atractiva, mi madre era hermosa.

–Hijo- saludó con la mano y una perfecta sonrisa en los labios.

Alcé la cabeza y caminé en su dirección para besarle las mejillas.

–¿Comenzaste sin mí?- pregunté sonriendo.

–¿Me cree capaz de hacer eso señor Cullen?- indaga con cierto tono fingido de haber sido ofendida.

–No lo creo mamá, ¿qué ordenaste?

–Bueno yo pedí una ensalada de frutas, un platón de avenas y un jugo; para ti- continúo sonriendo con su ya tan dulce aire maternal- pedí huevos revueltos, tocino, tostadas, café, jugo de naranja y pastel de chocolate.

–¿Pastel de chocolate? Madre, eso no es de un desayuno.

–Lo sé- contestó apenada- lo pedí a tu nombre pero no es para ti.

Sonreí abiertamente y la miré con ternura.

–¿Me estás usando para satisfacer tus dulces antojos?

Batió sus pestañas de manera dulce y alzó sus manos levemente.

–Culpable.

El desayuno llegó enseguida, los camareros nos sirvieron todo y se retiraron.

–Estoy entusiasmada de ir a la fiesta, Edward.

–Me alegra que disfrutes del viaje mamá.

–Sabes que me gusta ayudar a los demás y cuando se trata de hospitales y asuntos altruistas, siempre quiero ser la primera.

–De eso no me cabe duda- dije sonriendo.

Se quedó en silencio mientras vertía sobre mi boca un poco de jugo.

–¿Me dirás cuál es la verdadera razón para que hayas venido?

–¿De verdad estás tan ansiosa?

–Pues… Sí.

–Lo sabrás esta noche- le contesté sonriendo.


La tarde se pasó demasiado rápido, quizás esa era la sensación que yo tenía. Cuando menos lo pensé, ya eran las 6:00 pm, faltaban 2 horas para ir a la reunión de los donadores. Las manos las sentía extrañamente sudorosas y me dispuse a leer un poco para matar el tiempo.

–Hijo- me interrumpió mi madre- saldré un rato a caminar. Vuelvo en una hora.

Suspiré a media sonrisa y caminé hacia la cama. Era amplia con suaves sábanas claras. Frente a mí se encontraba un enorme parque que, increíblemente era muy tranquilo. Miré tras el enorme ventanal y me quedé en silencio pensando en ella, Isabella. Me sentía tan idiota, todos mis pensamientos estaban tan enfocados en esa mujer y cerré los ojos.

Recordaba el día de su partida.

Después de que me habían sacado casi a rastras del aeropuerto de Francia, sentí como todo el mundo se me venía abajo, ¿acaso había la necesidad de llegar hasta ese punto para darme cuenta de que la amaba? Los hombres que me jalaban de las extremidades al fin me soltaron, con gesto asesino, golpee a uno en estómago fieramente sacándole el aire.

–Váyase señor, antes de que llame a la policía.

Me solté de sus agarres y me encaminé furioso hasta el estacionamiento. Ahí entré con saña a mi vehículo y golpee infinitamente el volante hasta cansarme.

¿Por qué te fuiste Bella? Te importó poco que te dijera mis sentimientos, solo soy una vil basura, no soy lo suficiente para ti pero, cumpliré mi promesa. Te buscaré hasta que estés de nuevo conmigo y me ames.

Pasado el tiempo, todo a mí alrededor temblaba. No había estabilidad en ningún ámbito de mi vida, trataba con desprecio a cada uno de mis empleados sin importarme el grado de crueldad que podía imponer en cada uno de ellos.

Por eso, había decidido mandar a buscarla hasta dar con paradero. Si bien ella no había pensado en las consecuencias, había altas posibilidades de que, estuviese en casa de sus padres viviendo. Tenía suerte, en la última nota que me había enviado, tenía el sello y dirección postal de aquella dirección, sería fácil encontrarla más no acercarme.

Me senté en la cama y traté de descansar un poco y sin pensarlo siquiera me quedé dormido.


Entré al gran salón principal del brazo de mi madre. Portaba un elegante traje y mi madre un vestido color vino que resaltaba el tono de su piel. Me sentía preparado. Con el cabello alborotado y los ojos muy abiertos, coloqué en el saco una rosa escarlata que había traído especialmente para ella, si esa noche tenía suerte, se la entregaría.

Pasamos desapercibidos por un buen rato hasta que un viejo amigo de mi padre nos habló, un hombre del cual tenía la sensación de conocerlo pero a quien no recordaba con claridad. Esme comenzó a charlar con él mientras nos ofrecía una copa de champan helada.

–Dígame señora Cullen, ¿cómo está Carlisle?

–Muy bien gracias a Dios, está en casa. Solo vinimos mi hijo Edward y yo.

El hombre pequeño de bigote amplio y traje elegante, bajó sus lentillas y me miró con aire profesional. Traté de ser lo más amable posible pero no logré demasiado.

–Edward Cullen, el monstruo joven, magnate de Europa ¿quién diría que este viejo llegaría a vivir lo suficiente como para ver al hijo de Carlisle hecho un hombre?

–Mucho gusto- respondí en tono seco por el adjetivo que me había puesto.

–El gusto es mío, pensé que- dijo bebiendo de su trago- un hombre como tú no tenía tiempo para este tipo de informalidades.

–Debo darme un tiempo para todo.

–¡Oh que galante! Es bueno que digas eso, un hombre de negocios debe ser un y mil hombres a la vez. Tienes futuro chico.

Entorné los ojos en blanco por la palabra chico. Realmente no tenía la mayor noción de idea de con quién realmente estaba tratando, yo me había encargado de la empresa de mi abuelo apenas en mis 20 años, incluso antes de haber concluido mis estudios universitarios. No podía estar hablando con uno de los empresarios más jóvenes antes conocidos en mucho tiempo, tenía unos cuantos años menos de los que mi abuelo había logrado consolidar la empresa que hoy estaba bajo mi mando.

–Sí- dijo mi madre- mi hijo nos acompaña esta noche porque me quiso escoltar.

–No dejes sola a tu madre nunca- me aconsejó el hombrecillo.

Asentí de manera educada mientras él y Esme se sumergían en otra charla de tipo banal. Tomé rápidamente la copa y coloqué una de mis manos en los bolsillos de los pantalones, me sentía aburrido.

Pasaron alrededor de media hora más y no tenía señales de ella, mi madre se había dispuesto a charlar con varias señoras más, ausente de mis sensaciones, me estaba exasperando, y estando al punto de querer irme, algo llamó mi atención. La gente comenzó a abrirse paso lentamente mientras cuchicheaba algo intangible.

–¿Quién esa mujer?- preguntó una señora de edad avanzada mientras veía detenidamente a la pareja que desfilaba.

–No sé- contestó otra- creí que el joven Adam no tenía acompañante esta noche, nunca lo había visto con una chica, después de que… Ya sabes lo que sucedió.

–Es extraño, quizás solo sea una amiga suya.

–Eso parece.

Me adentré a la multitud lentamente sin permitir que me vieran y en ese instante sentí mis pupilas dilatarse. Era ella, del brazo de él. Un fuerte pinchazo de celos me sacudió el cuerpo y no pude evitar apuñar las manos a mis costados, sentí rabia pero logré tranquilizarme.

Llamó mi atención que llevaba entre sus manos una rosa blanca, sonriente se paseaba escoltada por unos enormes guaruras, y Adam Hunter le hablaba de manera muy íntima. Los seguí con la mirada hasta que se detuvieron frente a un hombre un hombre, el mismo con el que había hablado Esme ¡Era el padre de Adam!

Ya no podía irme.

Ahora que Bella había llegado del brazo de ese hijo de puta, tenía más razones para quedarme. Los siguientes minutos me deslicé por el salón como si fuese mi presa, me movía de un lado a otro sin perderle el rastro, si alguien me estaba poniendo atención habrían notado que yo la estaba cuidando. La situación se volvió acalorada para ella, mis miradas, aunque no supiesen de donde provenían la intimidaban y sofocaban.

–¿Te sientes bien?- le preguntó muy cerca de su oído.

–Por supuesto- contestó Bella tratando de no ser muy evidente de su incomodidad.

El resto de la noche fue bastante inusual, no podía mantenerse varada en el mismo lugar por mucho tiempo, trataba de jalar al idiota a su lado el mayor tiempo posible. Él sabía que las cosas no marchaban bien y con sus acciones no estaba tardando mucho en plantarme frente a él y romperle la cara a patadas.

Algo que no pude escuchar del todo, le comunicó con gesto de preocupación ¿se sentía ella mal? ¿Quién era él para preocuparse por Bella?

–Solo necesito aire fresco- dijo sin mirarlo a los ojos y suspiró fuertemente

El imbécil se alejó de ella con paso precavido e Isabella se quedó sola en el centro del salón. Mis piernas se movieron instintivamente hacia su lugar, estaba a unos pasos de su toque pero me paré en seco al notarla incómoda. Una especie de psicosis claustrofóbica la atacó de la nada y al ver que su acompañante no llegaba, caminó entre gentío empujando de vez en vez a las personas que ahí se encontraban. Mi instinto protector habló antes que yo y la seguí de manera silenciosa hasta el balcón. La miré de espaldas, su vestido llevaba un hermoso escote que lucía más tentadora su piel.

Llegó a trompicones hacía la salida, sacando todo el aire de sus pulmones y colocando ambas manos sobre el barandal de concreto.

–Demonios, necesitaba este aire- alcancé a escucharla decir de manera muy baja.

Su voz me erizó la piel en una placentera y hermosa sensación de plenitud. Como extrañaba escucharla hablar.

Reposó su cabeza abajo e instintivamente comencé a caminar de manera sorda hacia su espalda. Quería besarle los hombros, sentirla para saber que ella era real y no se esfumaría. Me relamí los labios ligeramente y cerré los ojos, poniendo delicadamente mis manos alrededor de su estrecha cintura. No sabía porque razón pero Bella, recargó su nuca en mí pecho, que comenzó a subir y bajar por aquel contacto suyo. Tuve la sensación de que sonreía y la noté cansada, tenía que cuidarla y comencé a masajear sus sienes y la febril frente que le ardía.

–Me siento un poco cansada, esta noche ha sido muy exhausta- comentó sin girarse.

Abrí los ojos de golpe, de verdad ella no se estaba apartando de mi lado, de verdad ella estaba ahí conmigo, frente a mí. No pude evitarla acariciar su espalda de manera suave, sentí sus músculos destensarse de manera mecánica por aquel masaje.

–Ah me siento tensa- comentó disfrutando del masaje- lo siento si te he dado problemas- continuó diciendo de manera muy tranquila.

Pasé saliva en silencio colocando la mano dentro del saco, acaricie lentamente los pétalos de la rosa y cerré los ojos. La puse frente a su rostro, como ofrecimiento, quería dársela, lo necesitaba en realidad.

–¿Otra rosa?- preguntó sorprendida- ¿pero por qué ahora roja?

–Pensé que te gustaban las rosas escarlatas- dije con la voz de manera firma y seductora- ¿ya me olvidaste Bella?, ¿te olvidaste tan pronto de mí?- solté sin pensarlo.

Se giró sobre sus propios pies y me miró detenidamente el rostro. Estaba sorprendida quizás por el descuido de mi barba, aunque, mis ojos llameaban por la desesperación de tenerla cerca, de tocarla. Me acerqué un poco más de manera felina y traté de acariciarla. Unas ansias locas de morderle los labios me envolvieron el cuerpo.

–Señor Cullen- interrumpió una voz de manera aliviada- ha encontrado usted a mi novia, gracias.

Abrí los ojos de golpe. Las palabras me tomaron por desapercibido, en el más mínimo tiempo en que, había dejado de seguirlo, ya estaban juntos ¡JUNTOS CON UNA MIERDA! Unas malditas ganas de matarlo me golpearon la cabeza, ni siquiera razonaba en cuál era la mejor opción, lo único que pude hacer para evitar matarlo a golpes fue apuñar las manos a los costados.

–Adam- dijo Bella saliendo de mi cercanía para dirigirse hacia él- lo siento- comentó disculpándose- necesitaba aire fresco, honestamente no me sentía del todo bien allá dentro.

–No te preocupes Bella, me alegra que al menos no estuvieras sola aquí. Pero veo que el señor Cullen ha estado contigo- continuó dirigiéndose a mí- estos lugares no me dan buena pinta- y la tomó entre sus brazos haciéndome hervir la sangre- pero ¿ya se conocen?

–Señor Hunter- interrumpí- debería tener más cuidado con la señorita- dije sonriendo- es peligroso que venga sola a estos palcos y lamentablemente no nos conocemos- comenté mirándola fijamente a los ojos- no tengo el placer.

–Pues les presento- dijo acortando la distancia- Bella, él es el señor Edward Cullen, presidente y dueño de International, hijo de la señora Esme Cullen, y uno de los más grandes donadores. Señor Cullen, ella es Isabella Swan, mi novia- finalizó triunfante.

Me acerqué a ella de manera lenta y tomé su mano con delicadeza para poder besarle los nudillos. Después de tanto tiempo sin tocarla, sin sentir su calor, aquella caricia me mandó una dulce descarga eléctrica al centro de mí ser. Sentí como mi roce le sacudió levemente el cuerpo haciéndola suspirar sordamente. Abrí ligeramente los labios al par suyo, ella también lo sentía como yo.

–Mucho gusto, señorita Swan- dije viéndola directamente a la cara.

–Igualmente-se limitó a decir sin mirarme a los ojos e instintivamente se alejó.

–Dígame señor Cullen, ¿le gustaría tomar una copa?- preguntó rompiendo nuestras miradas.

Lo que me sorprendía de todo era que, este hombre supiera con exactitud quien realmente era yo. Sin embargo, deduje que, como siendo hijo de una de las mujeres que era mayor contribuyente, debía ser más que conocido. Giré el rostro hacia Bella y noté que estaba incómoda por la propuesta de su estúpido novio. Si me estaba dando la oportunidad de estar cerca, la aprovecharía al máximo.

–Me encantaría- respondí de inmediato- será interesante mantener una charla en tan buena compañía- dije con sarcasmo.

–Entremos entonces. Bella ¿nos acompañas?

–Claro que debería acompañarnos- respondí antes de que ella hablara – será interesante conocer a la novia de un allegado mío.

Bella evidentemente estaba más que incómoda, la forma en que movía su cuerpo y entornaba sus ojos. Sonreía a medias al ver que le molestaba y, según tenía en claro yo, si algo te molesta es porque te importa. Caminamos en silencio, ella siempre al lado del idiota evitando acercarnos.

Mientras recorríamos los pasillos, la gente nos miraba con gesto extraño, los fotógrafos no se hicieron esperar. Me sentía extraño entre tanto flash de cámara. Era evidente que Bella se sentía más que incómoda con la situación. El idiota de su novio, la balanceo entre sus brazos y la tomó muy íntimamente para hablarle cerca. Escuche perfectamente sus palabras.

–Bella, los fotógrafos quieren una portada del señor Cullen y mía-.

-Adam… Yo… No soy nada aquí, así que me iré a sentar ¿ok?- dijo apenada.

–No digas tonterías- contestó sonriendo- ¿crees que no estoy deseoso porque lo sepan?-.

-¿Quieres decirles a todos que soy tu novia?- espetó sonriendo sonrojada.

Abrí los ojos de golpe y sentí como los cuchillos de la indiferencia me destrozaban la piel. Ella de verdad estaba interesada o ¿solo estaba apenada por tanta atención? Me quedé un segundó más, solo quería hablarle pero él lo hizo primero.

–Claro, es más. Pienso que ahora es el mejor momento- comentó halándola de la mano dejándome a un lado como un idiota.

Se paró enfrente del estrado. Con Bella a su lado con mucha dificultad para mirar hacia enfrente, los flashes de la cámara no se hicieron esperar para fotografiar a la "feliz" pareja.

–Atención a todos- comentó tintinando una copa de champán- quisiera hacer una anuncio importante; hoy que es el aniversario del hombre que hizo posible este proyecto, Ernest Hunter I, mi abuelo. Con mi padre aquí presente- dijo alzando la copa en su dirección mientras él le correspondía- el estimado señor Edward Cullen quien es uno de los mayores inversionistas altruistas junto con su respetable madre- comentó sonriendo mientras yo le correspondía hipócritamente- quiero presentarles a la mujer que más feliz me hace, mi novia, la señorita, Isabella Marie Swan.

Una ova de aplausos se escuchó en cuanto dijo su nombre y los flashes se intensificaron de manera sofocante. Swan sonrió, al parecer aquella presentación tan gloriosa la había cautivado en el alma aunque no estaba seguro. De manera mecánica me miró con cautela. No pude evitar verla con frialdad y dureza mientras se encogía de hombros.

Miré alrededor y fui el único que no aplaudió a tal ridículo anuncio.

–Hijo- me llamó mi madre tocando mi hombro, rompiendo el contacto visual- ¿estás bien?

–Sí mamá- dije con sequedad.

–¿No es esa la señorita Swan?- preguntó desviando toda su atención hacia el estrado.

–Sí.

–Vaya, no pensé que fuera novia de ese muchacho.

–Ni yo.

–Pensé- dijo apenada- que entre ustedes dos… Ya sabes… Había algo.

No contesté y de nuevo miré hacia el estrado. Después de ello, estaba más que arrepentido. Adam Hunter le plantaba un beso en los labios a Bella. Sentí como perdía los estribos, los rosados labios de mi mujer se rozaban con los de ese imbécil mal nacido. Reventé pequeños y finos pedazos del cristal de la copa, pero nadie lo notó. Seguí cada movimiento suyo, vi con perfección como la enroscaba entre sus brazos de manera que no pudiese escapar de su lado y sin importarle los presentes, intensificó el beso de forma que ella cerró los ojos para después entornar los brazos a su cuello.

Ya no podía quedarme ni un momento más ahí. Tenía que salir, no sin antes dejarle un mensaje a uno de los empleados para Adam Damon Hunter.

–¿Ya nos vamos hijo?

–Yo me quiero retirar madre- dije dándole la espalda al estrado - ¿tú quieres quedarte?

–No hijo- dijo sonriendo- es mejor ir a descansar, quisiera regresar con tu padre lo más pronto posible.

–De acuerdo, te adelantarás tú primero… Yo- dije volteando ligeramente mi cuello- tengo asuntos que hacer.


–De verdad soy un enfermo, un maldito enfermo.

Estacioné el auto frente el departamento de Bella. Después de haber dejado en el aeropuerto a mi madre, volví hacia la dirección donde vivía mi Isabella. Sabía de antemano que lo que planeaba era la mayor de las locuras pero tenías que hacerlo. Me quedé unos minutos viendo hacia la puerta, tenía en claro que ella aún no estaba en casa y era mi oportunidad. Decidido, salí del auto y me paré frente al umbral. Forceje al principio la entrada y después, con un pequeño pedazo de alambre abrí la puerta sin ningún problema, Bella era un poco descuida con la seguridad o yo era un hijo de puta capaz de todo. Entré despacio, el departamento olía a ella, cerré los ojos y suspiré mientras husmeaba un poco antes de su llegada.

Caminé a tientas, pensando en que, su habitación no se encontraría muy lejos de la sala. Abrí una puerta de madera chocolate, un poco más oscura que su cabello. La habitación era acogedora y limpia, tenía blancas cortinas con grandes lazos que las sostenían. La cama era amplia de edredón pastel, almohadas esponjosas y una pequeña cabecera.

Me permití oler sus sábanas, olían a su cabello. Pude imaginar que hubiese estado de espalda mientras yo la abrazaba, dormida y mía.

Su habitación no era nada pretenciosa, tenía un lindo tocador donde estaban las fotos de su familia o ese pensé. Fruncí el ceño cuando noté que una foto de Jacob Black se acomodaba por los espacios del espejo, no me gustaba. Busqué un poco más y tomé el frasco de su perfume, me permití olerlo. Fresas y vainilla, cuanto lo extrañaba.

Decidí volver a la sala y esperarla, antes de asustarla si es que llegaba antes a la habitación. Me senté en el mueble individual y escuché como el sonido de un motor se apagaba frente a la casa. Tamborilee los dedos en las piernas, estaba tardando demasiado en entrar y eso me daba la impresión de que él la estaba reteniendo, borré la imagen de mi mente de que ellos se pudiesen haber estado besando. Minutos después escuché el tintineo de las llaves al abrir la puerta. Se quitó perezosamente los zapatos para colocarlos en la entrada de la puerta y después sentarse en el sofá de la sala. Se veía exhausta a media luz.

–Te ves cansada- dije sin dudar.

Se paró despavorida de su asiento. Vislumbré como su mano se extendía a sus espaldas, por la garganta le pasaba la saliva de manera nerviosa y un objeto de tamaño largo se posó frente a mi de manera amenazante. Encendí la luz de la pequeña mesa de la sala y noté casi de manera divertida, como me amenazaba con un bat de béisbol. Permanecí sentado por un momento más y suspiré de manera cansada.

Me miró con los ojos abiertos a la par, tal vez sorprendida por verme tan relajado desde mi asiento.

–Te ves sorprendida– comenté de manera irónica, claro que lo estaba.

–¿Qué haces aquí?- preguntó aun amenazándome.

–Vine a visitarte- respondí sin la más mínima pizca de vergüenza.

–¿Visitarme a la media noche? ¿Sabes que eso es allanamiento?-.

Le sonreí de forma burlesca y toqué mi cabello de forma nerviosa. Si, era bastante inusual recibir visitas a media noche y mucho más cuando había entrado a su casa sin su consentimiento, quizás había violado un delito federal o algo por el estilo pero me importaba poco, solo sabía que había valido la pena haber entrado a su departamento

–No, no es allanamiento si es lo más fácil del mundo entrar a tu casa – confesé encogiéndome de hombros.

–¿Ahora eres un gánster ladrón?- preguntó incrédula, algo que me hizo sonreír a medias.

Me paré de manera rápida del asiento con toda la intención de estar cerca de Bella. Notaba como pequeñas vibraciones salían de su cuerpo ¿estaba tan nerviosa? No pude ni razonar si quiera y aquellos ojos chocolates mi miraron con un pizca de nerviosismo. Lo que más me daba la confianza de continuar en su dirección era que, ella no se apartaba o al menos yo no se lo permitía, cualquiera que fuese la razón, no podía retroceder. Caminé lentamente y con las manos en la cintura le sonreí de nuevo.

–No me respondiste- dije con los ojos fijos en los suyos.

–¿De qué hablas Cullen?- preguntó de manera fría y cortante y con las manos temblorosas.

Aquella indiferencia suya me hizo pausar mi camino, ¿cómo explicarlo? Sentía como aquellas palabras suyas, como cuchillo de dos filos me atravesaban la piel.

–No me respondiste, ¿ya te olvidaste de mí?- insistí.

–Aléjate- respondió.

–Respóndeme primero Bella- exigí esta vez pero de forma seria.

–No– se negó de manera rotunda.

–¿A qué le temes? Solo tienes que responder– la desafíe.

–Tú no debes estar aquí– insistió mostrando una falsa valentía.

En un movimiento rápido le quité el bat dejándola desprotegida. Me acerqué de manera lenta hacía su lado, la acorralé contra la pared y su cuerpo vibro bajo mi tacto. Perdí el control por un segundo saboreando su calor, dejándome un vacío muy intenso en la carne. Y de golpe, cerró los ojos. Aquel temor suyo me dejó indefenso y pregunté serenamente.

–Dime… Dime si ya te has olvidado de mí- supliqué con la nariz pegada a su cuello.

–Edward… No… Por favor- imploró muy quedo.

–¿Cómo puedes mirarlo a los ojos sabiendo que me amas? – inquirí con miedo a su respuesta.

–Basta– me ordenó.

–Dímelo. ¿De verdad me has olvidado? – y de nuevo el miedo me agudizaba los sentidos.

–Edward…– dijo casi con un gemido– No, para por favor.

–Te he buscado como un loco Bella, te he buscado por todos lados en esta ciudad. Te necesito mi amor…– confesé sin importarme, porque era la verdad.

Necesitaba besarla y notaba como su labio inferior se movía lentamente hacia mi dirección. La esperanza se inflamo briosa en mi pecho y por un segundo la sentí mía pero con decepción en la mirada, noté como su decisión cedía a sus pensamientos más racionales.

–No puedo estar contigo– soltó al fin como si las palabras le oprimieran el pecho.

–¿Es por ese imbécil? – pregunté lleno de rabia.

–No lo llames así– comentó enojada alejándose de mí.

Aquel rechazo suyo fue como una bofetada.

–¡¿Ahora lo defiendes?!- pregunté enojado- debería enterarse de que me amas en realidad a mí. No sabes cuánto detesto al malnacido, e inclusive aún más cuando te toca– dije sin reparos.

–Adam no es mala persona- respondió alimentando la llama de mi odio.

–Adam Hunter, no sabes cuánto detesto su nombre inclusive en tus labios. Estuve a punto de matarlo a golpes en cuanto dijo que eras suya– confesé con la bilis en la garganta.

Me miró enojada y se situó cerca del sofá dándome la espalda. La reacción me desconcertó al completo, lo defendía porque le importaba y, si a ella le importaba tanto, yo me sentía perdido.

–¿Qué quieres?- preguntó aun de espalda.

–A ti– respondí honesto.

–Sabes que no es posible.

–No lo es porque no quieres.

–Esto no es juego Edward Anthony Cullen- dijo tratando de no mirarme a los ojos- no puedes tener todo lo que a tu alrededor existe y deseas.

Amaba como su lengua acariciaba mi nombre pero lo irónico de todo, era que solo quería tener algo que para mí, solo existía. Ella. Lo tenía todo en cuanto pudiese comprar pero Bella no tenía precio.

–Es tan sensual que digas mi nombre completo.

Abrió los ojos de golpe por mi respuesta y aquella picardía animada me hizo sentir victorioso.

Se separó de mí en un pequeño descuido y pegó su cuerpo hacia el otro extremo de la pared. Su huida me desconcertó pero no la seguí. Movió la cabeza, como para aclarar sus pensamientos y suspiró profundo.

–Te voy a pedir de la manera más amable posible que te retires.

–¿Dices esto en serio?- pregunté casi de manera estupefacta. La petición me había dejado con la cabeza en los aires.

–Lo digo enserio– respondió.

Moví la boca de manera chocante, estaba enojado porque esa no era la reacción que yo esperaba de Bella. ¿Por qué no me pedía que me quedara? Mis peores pesadillas se hicieron realidad, me estaba quedando en su pasado, como un maldito recuerdo y no podía esperar más, yo me lo merecía, pero arrebatado como era mi impulso, caminé hacia la entrada de la habitación y me quedé mirándola fijamente a la cara. Sus mejillas fueron adornadas por un sutil sonrojo que me hizo fruncir el ceño, al notar esto contrajo las cejas hasta formar una delicada V en su frente.

–Quiero hablar contigo, si es que eso si me lo permites.

–¿Hablar?.

Asentí solamente.

–No sé si… Tu novio- dije con desprecio- te comentó que, tendré un almuerzo. Quiero que vayas.

–No es posible, tengo un empleo al que ir y…

–Me importa poco eso, vas a ir porque te lo estoy diciendo Isabella- grité en forma de orden.

Entre abrió los labios por aquel mandato tan gélido que le había dado pero me importó poco su reacción, yo me sentía molesto. Solo estaba provocando más ira contra mí, más de lo que ella hubiese podido imaginar en ese momento.

-¿Quién demonios te crees para hablarme de esa manera Edward Anthony Cullen?- preguntó molesta.

Parecía un gatito enojado. Eso me hizo sonreír a medias. Me gustaba la manera en que me desafiaba incluso con las miradas pero no pude contener más mi felicidad de al menos verla molesta. Abrí la puerta de manera elegante y me giré hacia su cara.

–Te esperaré, no te preocupes por tu empleo. Las cosas estarán corriendo por mi cuenta- y salí del departamento sin despedirme, dejándola tal vez aturdida por el enojo.

Entré al auto de manera vacilante, podía casi escuchar salir humo de la cabeza de Bella y aquella idea me hizo sonreír.


Era temprano y me había levantado inclusive mucha antes de que la alarma sonara. Estaba ansioso, como si fuese un chiquillo de 14 años que espera por vez primera su cita: hoy vería a Bella. Y al idiota de su novio. Entorné los ojos en blanco al pensar lo incómodo que sería plantarme frente a ellos dos, mientras me daba la tarea de reconquistarla. Tomé mi celular y me aseguré de que ella fuera.

–Necesito que vaya a la dirección de la señorita Isabella Swan y la recoja a las 8:30 am. Tráigala al restaurant del hotel en que me hospedo.

Claro señor Cullen– me contestó el chofer– ¿algo más?

–No es todo– dije pero me arrepentí enseguida– no, olvidé algo.

Dígame.

–Ella no vendrá sola, quizás– comenté entornando los ojos– vendrá con un amigo.

–¿Quiere que también lo recoja, señor?

Tal vez deberías recogerlo sin Bella y abandonarlo en algún lugar muy lejos de New York. O quizás del país

La idea me hace sonreír.

–Si– respondo.

Bien señor Cullen–finaliza para después colgar.

Entretanto, decido desayunar para después ejercitarme. Como no deseo comer algo demasiado pesado, bebo un jugo fresco, un tazón de cereal integral con yogur griego. Bajo hacia el gimnasio para matar mis ansias por apresurar el tiempo, ahí ejercito el abdomen y los tríceps sin sofocar mi cuerpo con trabajo de más.

Subo a la habitación a las 8 menos 50 y me meto a la ducha relajando mi cuerpo. Decido buscar entre la poca ropa formal que había traído conmigo desde Francia y me acomodo los detalles de mi atuendo de manera lenta. Hago un par de llamadas a la oficina, lo que me hace un tiempo de al menos una hora. Cuando menos me doy cuenta, son la 8:20 y decido bajar al comedor del restaurant que está en el hotel.

Entro esta vez y noto que muy pocas personas están en él. Eso me hace sentir que habrá un poco más de privacidad entre los dos, pero muevo la cabeza, equivocado al recordar que su imbécil novio estaría presente.

–Buen día señor Cullen– saluda una camarera de brillo labial llamativo – ¿desea algo para almorzar?

–Aún no– digo sin mirarla – estoy esperando a alguien.

–Claro– contesta con rubor en la mejillas –si desea algo, aquí esto… Para servirle– puntualiza de manera coqueta.

Sonrío amablemente y suspiro mientras leo el periódico matutino.


Miro mi reloj de manera desesperada y pasan de las 9:00 am. Estoy a punto de llamar al idiota del chofer que había enviado para que la recogiera pero aguardo un poco teniendo paciencia. Lo que me desconcierta en realidad es que, ni siquiera Adam Hunter se había aparecido por el lugar ni había llamado al número telefónico que le había otorgado la noche anterior que le había dejado el mensaje.

Casi como invocación, el sujeto antes mencionado, caminaba de manera vacilante hasta mi lugar sonriendo, pero venía solo.

–Buen día señor Cullen– saludó amistoso con la mano.

–Buen día señor Hunter– me paré de manera hipócrita para saludarlo.

–Lamento el retraso, tuve una emergencia en el hospital que no pude dejar pasar.

–Me imagino– contesté alzando una ceja– pero siéntese –pedí con la mano.

–Muchas gracias – dijo sonriente y jaló su asiento.

Me quedé sorprendido, quería preguntarle por ella.

–Dígame ¿su novia nos acompañará?

Frunció el ceño con saña pero lo oculto demasiado aprisa.

–Emmm me parece que tenía asuntos pendientes en la oficina si mal no recuerdo– y tomó la carta de menús.

–¿Y salió para su trabajo ya? – pregunté sin pensar.

–¿Disculpe?

–Eh, nada –inquirí de manera seria– ¿me permite un momento?

–Adelante.

–Gracias.

Me paré de la silla y caminé hacia los pasillos lejos de la mesa de donde me encontraba con Hunter. Teclee de manera veloz el número del chofer. Tres timbrazos después contesto.

–¿Dónde demonios estás?

Discúlpeme señor Cullen. Tengo más de una hora tocando en la dirección de la señorita y nadie atiende.

–¿Preguntaste con alguien? Un vecino… Que sé yo.

Nadie la vio señor, y me es imposible localizarla.

Esto estaba raro, había algo oculto con la ausencia de Bella y su novio, si es que sabía que se había ido, no estaba en lo más mínimo preocupado.

–Quiero que vayas a la empresa donde trabaja y averigües si llegó a la oficina. Me llamas de inmediato cuando obtengas es información.

Enseguida señor.

Volví hacia la mesa y Adam se encontraba charlando muy provocadoramente con la empleada. Me quedé un momento observándole y noté como le acariciaba la mejilla. Bufé. Llegué hacia la mesa y carraspeé para romper la atmósfera que había entre esos dos.

–Señor Cullen– dijo bajando la vista– la señorita nos pidió la orden.

–Claro– contesté.

–¿Está listo para ordenar?

Me senté en mi lugar y suspiré.

–Quisiera Vichyssoise y bagget .

–Ok y ¿para usted, señor?

–Yo quiero un omelet y hotcakes.

–¿Algo de tomar?

–Yo quiero un jugo de zanahoria con naranja– digo entregándola la carta.

–Yo uno de naranja– ordena Adam.

–Enseguida les tengo sus almuerzos.

Nos quedamos solos y lo miro fijamente. Cuanto odio a este ser que está sentado frente a mí. No tiene la idea de cuanto lo aborrezco y sigue mirándome con desafiante confianza.

–Y…

Me soy interrumpido por el timbre de móvil y contesto.

–Disculpe, Cullen habla.

Señor, la señorita no llegó al trabajo.

–¿QUÉ? – grito casi.

Nadie la vio llegar y los empleados se extrañan.

–Aquí están los platillos que ordenaron– interfiere la mesera.

La miro y paso mi vista hacia Adam que comienza a picotear su almuerzo.

–Quiero que me averigües todo, es más, llego allá en media hora.

Claro señor.

Cuelgo y suspiro mientras la mujer no sirve los jugos. Hunter prueba el bocado de manera relajada.

–¿Pasa algo?

–Tengo que retirarme– digo aventando la servilleta sobre la mesa.

–¿No quería usted hablarme de algo? – preguntó de manera sínica.

–Tendremos que aplazarlo.

Suspira en una falsa decepción.

–Señor Cullen, no le quito más su tiempo– y bebe de su jugo– me apena que Bella no nos haya acompañado.

Y en mí, esa frase activa un circuito de alarma que me hace sentir sospechas de este individuo.

–Es decepcionante– apuntó con la mirada fría– hasta luego.

–Adiós, Edward– dijo sonriente de manera maliciosa.

Lo veo de manera dura, asiento y me marcho.

Salgo hacia el estacionamiento y pido al valet mi auto.

–Aquí tiene señor Cullen.

Asiento y me subo a mi AUDI R8. Entré a la interestatal y aceleré a 80 km/h, cambie de velocidad y me afiance mis manos al volante. La mente la tenía concentrada en ella, ¿dónde demonios esta Bella? No podía ir más despacio, aquella ruta estaba muy transitada. Giré hacia otra calle a la misma velocidad y noté que estaba menos transitada, sabía que tardaría más de media hora en llegar pero lo importante era estar donde mi chofer para hablarle o buscarla desde el último punto, ¡Mierda! Estaba desesperado.

Marqué a mi número de Ray, el jefe de seguridad personal, me contestó.

–Necesito que busques el paradero de Isabella Marie Swan.

Claro señor.

–También quiero que me investigues más acerca de Hunter, Damon Adam. Ese hijo de puta me mala espina.

De hecho tengo algo que acabo de averiguar de él.

–Dímelo– contestó mirando hacia los lados.

Este sujeto está psicótico, señor Cullen. El tiempo que estuvo en Inglaterra, tuvo una seria crisis nerviosa por la pérdida de su prometida, la señorita Katherine Wright.

–Eso lo había leído superficialmente– contestó girando sin acelerar demasiado, para mi mal gusto, iba lento, subo 110 km/h y continúo hablando – ¿Qué tiene ver eso con Bella?

Señor– dice de manera seria– Katherine Wright es muy parecida a Bella, ese hijo de puta quiere ver a su prometida en la señorita Swan.

Y entonces abro los ojos de golpe y me tenso recordando sus palabras.


Es una lástima que Bella no nos haya acompañado. Adiós, Edward


¡Él la tenía! Siempre había desconfiado de ese maldito, lo quería matar al hijo de puta imbécil.

Aceleró a 130km/h y habló por el "manos libres".

–Ray, quiero verte en la dirección de Bella.

Enseguida señor y– dijo de manera seria– cuídese.

–Claro– contesto y cuelgo.

Tiro del "manos libres" y lo aviento hacia el asiento del copiloto. Veo una parada de semáforo que se avecina a unos 500 metros.

Trato de reducir la velocidad pero los frenos no me responde.

–Que mierda– piso con fuerza.

Muevo el volante para poder aparcarme un poco y evitar estamparme pero ni siquiera puedo girarme con facilidad. Sigo de frente estampando mi pie en el freno, trato inútilmente de girar hacia una de las avenidas menos concurridas y el auto choca contra un poste, pero no es lo suficientemente como para frenarme. Paso de largo tratando de tomar el teléfono que había tirado en el copiloto pero no puedo apartar las manos del volante ni la vista de enfrente de mí.

Salgo de la ciudad sin rumbo, apenas me estaba acostumbrando a las avenidas y calles principales de New York. Giro y me encuentro con varios autos que logro esquivar muy a fuerza. Los ruidos de los claxon no se hacen esperar y yo maniobro con el volante que sigue poniéndose cada vez más rígido.

Mierda.

Alcanzo el teléfono en un rápido movimiento y presiono el número de Ray.

¿Señor?

–¡RAYMOND! – grito desesperado– alguien alteró el sistema de auto.

¡SEÑOR! ¿DÓNDE ESTÁ?

–Voy rumbo al puente de Brooklyn en apariencia– digo por el altavoz.

Trate de viajar hasta que la gasolina se vaya acabando.

–¡¿Es una maldita broma de mierda?! ¡El tanque está lleno! Esta porquería se está atascando del volante.

Señor, lo hemos localizado vamos para…

Y la señal se cortó. Puse mis brazos rígidos contra el volante y mantuve la mandíbula tensa. Giré de nuevo e inútilmente tratando de frenarlo, lo que ocasionó que el auto perdiera el control dando una vuelta de 180° haciéndome derrapar.

–¡MIERDA!

Las llantas traseras tronaron y cerré los ojos violentamente. El auto giró por el aire y solo me erguí, protegiéndome el torso, coloqué ambos brazos alrededor de mí, volví mi vista hacia enfrente y pensé en los ojos de Bella, cuando menos me di cuenta, el auto se volcó.


La bocina de una televisión sonaba en alto, las patrullas y sirenas se escuchaban fuertemente patrullando por la ciudad, si es que estaba cerca, aún seguía en New York. Escuchó con atención aquella noticia, la voz de una mujer que hablaba de manera seria y rápida. El movimiento que hubo fuera de la habitación era desesperante. Despertó de aquel letargo tan pesado al que había sido sometida, la cabeza le daba vueltas y la nuca le pesaba.

–INFORMACIÓN DE ÚLTIMA HORA–

–Nos acaban de informar que el magnate de Europa, el joven Edward Anthony Cullen de apenas 27 años de edad, acaba de sufrir un trágico accidente mientras salía de la ciudad. Según las autoridades responsables, después de perder el control de su auto, se estampó contra el suelo, toda la ayuda de rescate están en este momento en el lugar de accidente. Nos enlazamos con Sugey Stillman.

Bella levantó la cabeza con lágrimas en los ojos, escuchando atentamente.

–No, no, no Edward… No– dijo bajito.

–Estamos aquí Judith en la zona del accidente desde el helicóptero, podemos apreciar como el auto quedó literalmente incinerado. La ayuda a llego en un tiempo record, pero aún no tenemos señales de que el cuerpo del magnate más joven de Europa aparezca.

La puerta se abrió lentamente con Adam Hunter en el umbral.

–Hola preciosa– comentó sonriendo.

–¡TÚ! – gritó con lágrimas en los ojos– ¡TÚ HICISTE ESTO!

Adam se acercó con violencia para tomarla de los hombros y agarra su barbilla para que lo mirase fijamente a los ojos.

–¡EL SE QUERÍA LLEVAR LO QUE ES MÍO! Y yo, Isabella, no lo iba a permitir.

–¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ ADAM? – exigió saber.

Sonrió de manera sardónica y suspiró acariciando su mejilla.

–No soy un imbécil, no soy un idiota como todos creen. Yo sabía que ese hijo de puta seguía en tu pensamiento, que lo recordabas incluso cuando te besaba los labios ¡ESTABA HARTO DE VERTE! ¿Crees que no supe que entró a tu departamento Bella? ¿Crees que no vi como salía de tu casa después de que te había ido a dejar? ¡¿ERES TAN ZORRA COMO PARA HABER DEJADO QUE ENTRARA?! Esa, esa fue la gota que derramó el vaso, por eso estás aquí.

–¡BASTA!

–Ahora– comentó con los ojos abiertos a la par y apretándole la mandíbula– quiero que escuches atentamente. Tú y yo no iremos de aquí y viviremos como antes. Felices y aprenderás a estar conmigo.

La mirada de Bella era perdida, las lágrimas seguían fluyendo sin piedad.

–Estás enfermo, idiota.

–Tal vez, pero eres lo que este enfermo necesita. Yo intenté que te enamoraras de mí de la forma dulce y convencional que toda chica espera, flores y corazones pero ¡ESE! – gritó apuntando hacia el televisor– ese mal nacido lo complicó todo.

La besó fuertemente en los labios, casi sangrándoselos. Ella lo escupió y Adam sonrió de manera burlesca.

–Subiré el volumen del televisor, mi amor. Quizás sea lo último que sepas del imbécil ese.

Salió de la habitación y el sonido de aquel aparato se intensificó.

Esto es increíble, Judith. El auto quedó hecho trizas. No hay esperanza de sobrevivientes ante tal aparatoso accidente, seguiremos informando. Dios bendiga a su familia.


POR FAVOR NO ME MATEN JE

¿Cómo ven a este hijo de su #$%&$!"? La verdad es que detesté a Adam desde que comenzó a interferir en la vida de Bella y Edward, ¡agg!

Bueno quiero opiniones ¿me seguirán leyendo? Nos leemos pronto

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¡SALUDOS!