"El verdadero dolor es el que se sufre sin testigos."

Marco Valerio Marcial


Dolor

POV Bella


La cabeza me daba vueltas aun, pendiente de cada movimiento en el exterior sentí el miedo a través de mi piel y la misma, era quemada por la ira. Sentía como si las extremidades estuvieran entumecidas y poco a poco fuesen cobrando más movimiento, aunque en mi situación, era bastante absurdo el hecho de decir que estaba mejor, ya que seguía atada. Habían pasado ¿Cuánto más? ¿Uno, dos, tres días? No lo sabía en realidad, desde el accidente de Edward, el mismo tiempo en que había llorado hasta caer dormida y frustrada.

Tienes que comer Kat, esta estúpida situación me está hartando.

Ya te dije yo no soy Katherine – respondí mirándolo con ira – y que no quiero comer.

Peor para ti, mocosa caprichosa.

Estaba débil y asustada. Tenía muchas ganas de escuchar al menos el televisor para saber cómo iban las cosas, pero hacía tiempo –el mismo en que no había comido – que Adam no encendía aquel aparato tan desagradable para mí. Era irónico. Mis manos y muñecas estaban cada día más moradas, en algún momento comenzaban a sanar y el esfuerzo por soltarme de aquella prisión, no me permitía curar mis heridas, ni las de mi corazón, ni las físicas. Me quedaba dormida muy rápidamente, entre cansancio y aquella dolorosa hambre me dejaban rendida y con el dolor de mis extremidades atrofiadas, no hacía el esfuerzo por siquiera abrir los ojos.

Constantemente, o a decir verdad – diariamente – me despertaba llorando. Cada noche soñaba con Edward, ¡oh Edward! Siempre queriéndome proteger, y ¿Cuándo lo había protegido yo? Mi mente daba un vuelco completo, si yo no hubiese aceptado aquel empleo en Francia, si yo no hubiese ido a la boda de Rose, si yo no me hubiese quedado en aquella posada en París o vivido con él en la casa frente a la hermosa Eiffel. Y si ¿Hubiese aceptado, aquella noche que fue a mi departamento a rendirme en sus besos?, y si ¿le hubiese pedido que me hiciera el amor?, me habría ido con él, nos hubiésemos escapado a Francia, Inglaterra o un lugar donde nadie nos encontrara, diciéndole que lo amaba, solo a él. Si yo hubiese, si yo hubiese… Eso ahora, no tenía sentido y ya no importaba.

Me reprochaba cada minuto todo aquello que no hice.

–¿En qué piensas Kat? – preguntó Adam con los brazos cruzados, parado en el umbral.

Alcé la cabeza y un gesto serio se mostró en su frente. Ya no me trataba tan bien como al principio, solo se dirigía a mí como Kat o Katherine. Aquel tono "cariñoso" que empleaba conmigo había desaparecido y sus enfermos sueños lo sobrepasaban. Raramente se portaba mal, no hablaba más con Isabella.

El día del accidente comencé a gritar como una desquiciada, las pequeñas rasgaduras de la cuerda de fibra natural, me abrían más las heridas debido al movimiento que hacía mientras se jugaba contra mi carne. El dolor me sobrepasaba y no del físico si no el de mí alma, mi ojos estaban tan rojos y mi garganta tan lastimada que me dolía hasta para respirar.

¡YA CÁLLATE! ¡ÉL ESTÁ MUERTO!gritó amenazante.

–¡NO, NO, NO ES CIERTO! ¡EDWARD NO ESTÁ MUERTO!

–Metete en la cabeza de una maldita y jodida vez, que ese hijo de puta – apuntó a hacia sus espaldas con rumbo al televisor –está MU- E R-TO

¡Cállate! – dije apretando mis ojos.

Tomó una silla de madera, la arrastro por el piso provocando un agudo solido que me lastimaba los tímpanos, la alzó por el aire y la quebró con salvajismo sobre el piso que repiqueteo sordamente.

¿Tanto lo amas?preguntó con la voz casi escupiendo ira.

¿Lo amaba? ¡Claro que lo amaba! ¡Claro que sí! Lo sentía en todo mí ser, en mi cuerpo débil y ansioso. Sabía que lo amaba más que a mi vida misma y que una noticia así, no me podía entrar en los sesos, por más que me lo impusiera y por más esfuerzo que hiciera, Edward seguía presente en mi vida.

contesté victoriosa lo amo, lo amo con todo mi ser.

Sonrío a medias y se encuclilló frente a mí para tocarme la cara.

Entonces, no es muy convencional estar enamorada de los muertosy sonrió gustoso ya sabes Isabella, podrían tacharte de… Loquita.

Mira quién lo dicerepuse con ironía.

Pues aclaro algo y solo porque quiero que acates MIS REGLAS comentó ignorando mis palabras Tienes permitido solo: hablar de mí, pensar en mí, besarme a mí, ser MÍA recalcó con vehemencia y enamorarte de MÍ.

Lo miré con asco, este hombre estaba psicótico.

Maníaco enfermo.

Se abalanzó sobre mí y sus ojos me miraron con odio, deseo y locura.

¿Maníaco enfermo, eh? ¿Quieres que te demuestra hasta qué punto soporta mi cordura?me comenzó a besar el cuello y pasar su lengua por la piel.

¡NO!

¡Sí! Hace tiempo que he estado soportando esto, estas ganas. Desde que te vi en la cafetería, vi el brillo en tus ojos, el mismo de Katherine, y supe que tenías que ser para mícontinúo besándome.

¿Katherine? ¿Quién demonios es ella? Pensé tratando de removerme.

prosiguió hablando ahora lejos de mi piel eres tan hermosa, tu piel tan tersa, solo, solo es el color de tus ojos, no son verdes… Pero ese no es problemacomentó temblando podemos… Podemos ponerte lentillas de color esmeralda… Si y quizás pintarte el cabello de rubio, un rubio bonito.

Lo miré a los ojos, asustada y temblorosa.

¿Quién… quién es Katherine?

Sonrió de manera terrorífica y caminó hacia un buró viejo, de donde sacó una caja adornada de color azul, de ahí, sacó una foto y la miró fijamente. La acarició por encima y se acercó a mí para mostrármela. Lo que mis ojos notaron me sorprendió, una mujer, en apariencia similar a mi posaba para una cámara en ropa interior, pero no todo por obviedad era posible, sus ojos eran de color esmeralda y su cabello era rubio. Adam admiró mi expresión atónita y sonrió con melancolía.

¿Por qué haces esto? Y es que – dije dudando – es comprensible que me busques porque soy similar a ella pero ¿por qué lo haces?

Porque la amo, la sigo amando. Porque la vida me la arrebató – contestó con los ojos al borde del llanto – ella, se iba a casar CONMIGO, y murió en ese accidente, uno similar en el que murió tu adorado Edwardpuntualizó sonriendo con malicia.

Pasé saliva ruidosamente y respingué en silencio de dolor.

Yo no soy ella.

Pero puedes serlo, lo decidí el día en que te accidentaste. Tenía que salvarte, tenías que ser para mí, no dejaría que se llevaran de nuevo al amor de mi vida.

Adam, por favor, déjame ir.

No puedo Bella, no puedoinquirió arrodillándose frente a mí mientras me sostenía las manos si no te tengo, si no la tengo a ella me siento perdido.

Las lágrimas tibias me rodaron por las mejillas lentamente, y con extrañeza comencé a sentir compasión por él.

Esta foto comentó interrumpiendo mis pensamientos se la tomé un día en mi departamento en Londres, yo se detuvo sonriendo le dije que quería hacerle el amor en ese mismo instante y ella se desnudó para mí

Me quedé observándolo con detenimiento mientras me seguía hablando. La vista se le perdía en un punto lejano de la habitación casi como si estuviese repitiendo la escena en sus pensamientos.

Me pregunto si se veía hermosa y naturalmente le dije que sí. Ella sonrió con mucha satisfacción y me dijo "Tómame una foto Adam, y deja plasmado este día para siempre". Ese día había aceptado ser mi esposa, y al día siguiente dijo ahogando un sollozoella murió.

Suspiré cerrando los ojos y bajé mi cabeza.

Y ahora que la encontré de nuevo en ti, no te dejaré ir, te lo prometo mi amor.

No puedes hacerme eso Adam, mi nombre es Isabella Marie Swan.

Nocomento serio tú te llamas Katherine Rose Wright y eres mi prometida.

¡NO!

–Así te llamas y no hay marcha atrás. Tu nombre es Katherine ¡Y NO HAY DISCUSIÓN! – finalizó golpeando estruendosamente la pared de la habitación.

–¿En verdad quieres saber? – pregunté a media sonrisa después de que me hiciera esa pregunta suya – ¿quieres saber en lo que estoy pensando?

–Sabes que me interesa lo que pase por tu mente mi amor– y acarició mis labios.

–Pienso en Edward.

Bufó como toro bramando y apuñó las palmas a los costados.

–No juegues conmigo Katherine Rose Wright, no tienes tu suerte.

–¡Yo no soy tu prometida!

–¡LO ERES! Solo estoy esperando que las aguas se suavicen para salir de este país nena, y volveremos a Londres a casarnos.

–Adam estás LO-CO. La policía ya debe de estarme buscando y ¡Edward vendrá por mí!– lo amenacé.

–SOBRE MI CA-DA-VER. No se llevarán al amor de mi vida, eso te lo juro. Y estás loca si crees que el fantasma de Cullen vendrá por ti.

–Déjame ir – supliqué una vez más.

–No– gruñó mirándome fijamente – sé que te es difícil aceptarlo pero me querrás y no podrás estar sin mí.

–Vamos Adam – dije llorando – extraño a mi familia, a mis amigos – aunque a ninguna de las dos estuviese en el país – extraño mi empleo. Hace días que ni siquiera veo el sol, estoy tan traslúcida y enfermiza, si sigo así… Moriré.

–¡NO! No vas a morir, te mantendré viva con líquidos si es necesario ¿olvidas que soy doctor amor? Puedo ayudarte a sobrevivir, si tan siquiera aceptaras comer, por favor… Por favor acepta lo que te ofrezco.

Halé aire desesperada y asentí enérgicamente. Verdaderamente me dolía la cabeza y el estómago por no comer y ya no podía soportarlo.

Adam sonrió y me besó la frente limpiando después mis lágrimas con los pulgares. Caminó hacia la entrada y desapareció con paso lento hacia lo que supuse era la cocina. Abrí la boca para aspirar aliviada el aire hacia mis pulmones, la tráquea me dolía fuertemente y los labios partidos me ardían. A los pocos minutos, mi captor llegaba con un plato de huevos revueltos, salchichas, tocino y tostadas.

–Te alimentaré yo.

Asentí sin querer oponerme más ya que no quería luchar por algo que sabía que no ganaría la batalla. Probé la comida tan gustosa hasta saciarme, tomé litros quizás de agua después del primer vaso y rendida como estaba me quedé dormida.

Cuando desperté Adam me observaba fijamente con las manos pegadas a la boca desde un sillón, ¿Cuánto tiempo había pasado?

–¿Qué haces?

–Te veo dormir – contestó sonriendo – eres bella mientras tu pecho baja y sube con cadencia.

Aspiré aire de golpe de miedo.

–Adam, quería pedirte algo – dije remojándome los labios.

–Lo que sea mi amor.

–Quiero que me desates.

Él negó con la cabeza y sonrió a medias.

–No puedo hacer eso mi vida, no quiero que te vayas.

–No me iré – repliqué – es que, mírame – alcé las mano enseñando mis heridas – estoy muy lastimada con estos amarres, por favor.

–¿Con quién crees que estás tratando? ¿Crees que soy lo suficientemente iluso para creer que no intentarás irte? – preguntó molesto.

Bajé la mirada, en parte si quería aprovechar para irme pero ¿qué caso tenía? Si quería buscar a Edward tardaría mucho en mi condición tan débil, además, no sabía nada de él.

–¿Qué crees que haré?

–Intentar huir – adivinó.

–No lo haré – dije bajando la vista – pero por favor quítame esto, me duele mucho.

Hunter dudó por un segundo y respiró lento. Se paró de su lugar y me miró con sospecha, como si quisiera hacer un trato.

–¿Qué podrías darme a cambio de estos pequeños mimos?

–¿Qué quieres?

–Que seas mucho más cariñosa conmigo – inquirió enseguida – no me gusta que seas tan fría conmigo.

Sabía que lo estaba pensando era una maldita locura de mierda pero debía hacer cuanto tuviera a mi alcance: psicología inversa. En mis momentos libres, había leído un libro su actividades mentales y alguno que otro de psicología, tratar al "paciente" dándole la razón o contradiciéndolo – según fuese el caso – para que entraran en una zona de confort y entrar en un sistemas de confianza que haría más fácil el manejo de emociones del enfermo. Y vaya que enfermo.

–Está bien – dije bajando la voz – ven aquí, por favor.

Adam alzó una ceja pensativo y se acercó a mí, sentándose completamente en la cama.

–¿Para qué quieres que esté cerca de ti? – preguntó desconcertado.

Apuñé los ojos.

Edward, te amo.

–Bésame – le pedí.

–¿Qué?

–Bésame por favor.

Se quedó helado por mi proposición, de verdad que estaba atónito pero sabía que estaba ansioso. Pasó saliva ruidosamente y parpadeo.

–¿Por qué me pides esto?

–Porque quiero – mentí.

–Oh amor.

Envolvió sus brazos alrededor de mi cintura alzándome ligeramente en el aire. Me miró a los ojos y estampo sus labios en los míos, al principio me fue difícil seguirle el ritmo pero lo besé "de buena gana". Pasó sus manos por mis cabellos y después hacia mi cuello, su lengua se metió con urgencia a mi boca que al principio, me reusé a aceptar. Sabía a vino sus labios, había estado tomando quizás mientras me veía dormir. Su pecho se agitó levemente y después con violencia por la intensidad del beso. Se separó de mí y me miró de nuevo, con los ojos abiertos al par, sus ojos cafés estaban centrados en cada gesto mío y aquello me asustó.

–Adam, detente por favor.

No obedeció, siguió un camino ligero desde la bases de mi clavícula, mis pechos, mi vientre y mis piernas. Subió de nuevo y se concentró en mi cuello. No pude más que apuñar mis ojos y mover urgentemente las manos.

–Adam, por favor, para.

–No puedo – comentó al fin – no puedo, te deseo ahora, aquí.

–¡PARA POR FAVOR! – grité asustada.

Mi grito desgarrador le hizo detenerse de golpe y se serenó por un segundo mientras regularizaba su respiración.

–¿Por qué me haces probar el cielo si no me darás la gloria?

–Te dije que me besaras, no que me hicieras tuya. Además – espeté aun jadeante – abusarías de mí, estoy atada. Por favor suéltame.

–No, me ha gustado la sensación de resistencia – comentó pervertido – es inigualablemente sensacional.

–Te he demostrado que puedo llegar a aceptarte – mentí de nuevo – te pedí un beso, ni cuando éramos novios lo había hecho, quiero que al menos me des esa libertad, Adam.

–No confió en ti, sé que querrás dejarme. Lo intuyo.

–No será así. Yo… Yo no tengo a nadie más que no seas tú allá afuera.

Dudó misterioso y se tocó el cabello de manera nerviosa.

–Tienes razón – dijo tragándose mis mentiras –ese idiota está muerto – dijo con alegría – y tu familia, no es realmente sangre tuya así que, podrás vivir sin ellos.

Quería golpearlo hasta que muriese el desgraciado.

–Tienes razón, creo que… Tendré que estar aquí, contigo…

Sonrió con saña y se sentó en la cama.

–Me gusta esa nueva forma de pensar de ti.

–¿Y qué piensas de lo que te pedí?

–Lo reconsideraré pero no prometo nada.

Se apartó de mi lado dejándome con duda, ¿realmente me dejaría libre?

Eran de mañana otra vez, desperté con sueño y un poco confundida, estiré los brazos y las piernas y desconcertada. No estaba atada más. Me paré de la cama y noté que tenía vendadas las heridas, de nuevo y una nota se movía perezosa sobre la cama.

"Espero que te agrade la ropa que traje para ti, te he dejado un libro nuevo sobre la repisa, comida y el baño listo. Eh aceptado tu condición si sigues comportándote de la misma manera, por favor no hagas que me arrepienta. Por cierto, cuando vuelva te tendré noticias.

Te amo, Adam"

Entorné los ojos en blanco y caminé hacia la puerta con mucha lentitud, era obvio que estaba cerrada, no era tan confiado. Quería al menos encender la televisión para saber algo de Edward, no habían pasado muchos días de… No quería ni decirlo.

Agradecida por el movimiento, me coloqué frente a la bandeja de comida y la devoré toda, después me di un refrescante baño y del botiquín que había ahí, me curé de nuevo las heridas. Caminé como una loca por la habitación, quería salir y ver el sol, de nuevo.

Leí o más bien dicho, hojee el libro de Jane Austen que me había traído Adam, Orgullo y prejuicio. Estaba desesperada, quería salir de aquella prisión… Quería ver a Edward.

–¡Levántate! – me ordenó despertándome de mi letargo– nos vamos.

–¿Qué?

–Nos vamos – dijo con las manos en la cintura.

–¿Por qué? ¿A dónde?

–No te diré, eso es más que obvio. Por favor, tómate esto – y me tendió unas pastillas.

Alcé una ceja desconcertada, estaba loco si pensaba que me iba a dejar drogar.

–No lo haré – espeté molesta cruzándome de brazos.

Adam se enfurruñó y pasó su mano derecha por delante de sus labios. Caminó hacia mi dirección con violencia a mi dirección y sacó un pañuelo de olor fuerte.

–No harás lo que digas siempre, eso entiéndelo – me lo colocó en la cara y me desmayé.

El sonido de la carretera me despertó a medias. Abrí los ojos mientras Adam conducía a toda velocidad, demonios estaba cansada, mareada y aturdida, ¿Cuánto tiempo llevaba durmiendo?

–A…dam.

–Tranquila hermosa, nadie te separará de mi lado – prometió tomándome de la mano y de nuevo me perdí en la inconciencia.

Desperté de nuevo y noté que íbamos a una velocidad media, me paré de nuevo del asiento y moví la cabeza tambaleándome.

–¿Dónde…?

–Lejos de aquí – contestó antes de terminar – ya no nos siguen.

–¿Siguen…?– pregunté atontada.

Él ni siquiera me contestó y siguió su camino y de nuevo caí en la inconsciencia de manera abrumadora.

Desperté acostada en una cama de madera. Las grandes piezas talladas a mano representaban ángeles desnudos. La habitación era blanca, con pequeños cuadros de flores, como si hubiese sido adornada por una mujer. Tenía un ventanal amplio que, peculiarmente no estaba forjado de madera para evitar que alguien escapara del lugar. Miré el techo y un gran abanico de cielo refrescaba la pieza. A mi derecha había una pequeña mesa de noche con una lámpara de cerámica antigua, sobre ella, se colocaban unas flores en un jarrón pequeño y un portarretratos. Con media vista borrosa e intentando acostumbrarme a la claridad de las paredes, parpadee intensamente para notar que en la fotografía se encontraban dos personas. El primero que noté con facilidad era Adam, vestía un traje elegante con una pajarita.

La segunda y si bien no me equivocaba, era una mujer, su cabello era rubio y portaba un vestido negro, también elegante. Traté de girarme para tomar la fotografía y me vi incómoda al querer hacerlo. Un grueso brazo me sujetaba celosamente por la cintura: Adam estaba dormido a mi lado. Me solté de su agarre con mucha delicadeza y por fin, el bochorno descendió paulatinamente por mi cuerpo, estaba sofocada. Me paré de la cama con toda la intención de caminar, pero un mareo me movió el suelo haciéndome sentar sordamente de nuevo en la cama. Caminé o más bien, intenté caminar pero un grillete atado a mi tobillo izquierdo me hacía esclava de una de las patas de la base de la cama.

Trastabillé levemente y mi cuerpo se resbaló hacía el suelo. Me sujeté de ambas piernas y apoyé mi cabeza en mis rodillas mientras las lágrimas amenazaban con salirme de las cuencas de mis ojos.

–Y ahora, ¿dónde estoy? – me pregunté sola.

Comencé a tocar levemente con el índice la suave caoba que acariciaba mis pies. Mis recuerdos se perdían en el ayer, en mi madre horneándome pastel de chocolate, la primera vez que Renée y yo habíamos cocinado juntas, mis juegos de infancia con Jacob, mi padre felicitándome en la graduación de mi preparatoria, cuando Charlie intentaba hacerme sentir en familia los primeros meses con ellos, cuando había conocido a Rosalie en la clase de Literatura, Alice y aquellas locas compras a las que me había llevado… Edward y el primer beso que nos dimos…

–Si estás ahí toda la mañana te vas a resfriar– comentó desde la cama con ambos brazos detrás de la nuca.

–¿Por qué me pusiste este grillete? Parezco una presa– comenté ignorándolo.

–Porque no confió en ti, mi amor.

–Te prometí que intentaría hacer la cosas como quisieras – dije tornando el gesto – no tienes porqué llegar a estos extremos.

–Solo es mi póliza de seguro, cariño– respondió riendo – además, los grilletes de van de maravilla.

Giré el rostro hacia él y suspiré, tenía tantas dudas.

–¿Por qué cambiamos de lugar?

Adam se tensó y resopló.

–Por seguridad – respondió – alguien estaba cerca, aunque no lo pude ver – se paró de la cama y se encaminó hasta mi lugar para arrodillarse – ahora que estamos aquí, formaremos un hogar, los dos. Pero solo hasta que las aguas se calmen, tú y yo saldremos del país.

Oh no, no. No quiero irme de aquí, estoy a la fuerza aguantando todo este caos lejos de mi familia como para que él me lleve lejos. Pobres de mis padres ¿cómo estarán? – pensé.

–¿Qué te parece? – preguntó rompiendo mis sufridos pensamientos.

–Suéltame– imploré.

Se rascó el cráneo y suspiró.

–Es tentador lo que me pides.

–¿Por qué?

–Porque, las cosas se tornan interesantes – comentó alzando una ceja – cuando quiero algo a cambio.

–Te daré lo que quieras– respondí de inmediato.

Hunter se mojó y mordió los labios al mismo tiempo. Sabía lo que su mente hacía y de qué manera. Apreté los ojos instintivamente, y pasé saliva en seco. Me tocó la mejilla con suavidad y bajó sus manos por mi cuello, mi clavícula, mi brazo, mi pecho y se detuvo antes de tocarme los senos. Ahí, comenzó a besarme las mejillas, como volviéndome a hacer sentir esa sensación y repitió el mismo camino. Justo antes de tocar mis senos, sacó una pequeña llave de su bolsillo izquierdo del pantalón. Noté como sus músculos se tensaban, ya que no traía camiseta y lentamente subió la mirada hasta mi rostro para desabrochar mi grillete.

Un sonoro clic se escuchó al destrabar el seguro. Lo miré a los ojos temblorosa y de nuevo pase saliva, me tomó del mechón grande de cabello que me rozaba la espalda e irguió mi cabeza hacia atrás para oler mi cuello. Mi pulso se aceleró y las manos comenzaron a sudarme. Me colocó un pequeño beso en la garganta y galante me cargó de un solo movimiento entre sus brazos. Sus zancadas se intensificaron para llevarme rápidamente hacia el lecho y ahí me depositó con ternura. Se subió de rodillas al colchón y ahí, se agazapó sobre mí, desde mis pies hasta la parte honda de mi clavícula.

–Tu piel es exquisita, mi amor – dijo subiendo por mi cintura hasta uno de mis pechos.

Lo estrujó suavemente haciendo gemir bajito, estaba jugando con mi propio cuerpo y este, respondía de manera involuntaria.

–No sabes cuánto te deseo – musitó halando suavemente para lograr su cometido.

Temblé y cerré los ojos mientras sentía la tela suave resbalar por mi pezón. La humedad de su lengua viajó de arriba hacia abajo haciéndome apretar los dientes de la rabia y el llanto que se atoraba en la garganta. Succionó con fuerza haciendo mucho ruido y aunque débil mis extremidades, traté de halarlo del cabello. Adam interpretó aquello como una respuesta pasional hacia sus actos, mientras mi boca estaba muda.

Reuní la fuerza necesaria y lo empujé con ambas piernas, haciéndolo trastabillar sobre sí. Tomé las llaves del auto y las apuñé con fuerza. Se sentó de golpe en la cama y me paré rumbo hacia la puerta. La abrí fácilmente agradecida de que no tuviese seguro.

–¡BELLA! ¡VUELVE! – gritó aun en la pieza.

Acomodé el suave camisón que apenas me cubría y que estaba segura que él había cambiado en mí. Miré hacia ambos lados del pasillo, notando que había dos opciones para ir. La primera sin lugar a dudas me adentraba más a la casa y la segunda me haría salir. Corrí hacia la derecha sin haberlo pensado, en realidad mis piernas cobraron vida de la nada haciendo que la rapidez por primera vez, fuese experimentada para mí.

Bajé las escaleras casi a trompicones y noté hacia una de las ventanas que iba por el camino correcto, abrí la puerta principal con mucha felicidad y decidida corrí hacia el patio, que más bien, era un lugar deshabitado y sin ningún camino civilizado a la vista. Noté que un coche estaba aparcado, tenía las puertas cerradas per tenía la seguridad que era el de Adam.

Metí la llave para quitarle el seguro y apenas coloqué un pie dentro, una mano me sujetó fuertemente por el cabello haciéndome chillar de dolor.

–¿DÓNDE MIERDAS CREES QUE VAS? – preguntó furioso sacándome la mitad del cuerpo del auto y tirándome al piso.

Puse mis manos sobre mi cabeza, pensando que de nuevo me lastimaría.

–¡¿QUIERES DEJARME?! ¿O TE GUSTARÍA QUE TE COGIERA DURO Y SIN CONTEMPLANCIONES?

Negué con los ojos al borde del llanto, perturbada por el dolor. Me tomó del brazo y me recostó de golpe en el pasto.

–¡A MI SE ME RESPETA! ¡ESO QUIERO QUE LO ENTIENDAS! – vociferó.

Yo lloraba descontroladamente mientras Adam se venía encima de mí y me abría las piernas con violencia, me abrió con solo un brazo y comenzó a desabrocharse el pantalón. Temblé y lo empujé un poco haciéndolo moverse de su posición autoritaria. Una sonora cachetada me escoció la piel de la mejilla, dejándome perpleja.

–¡MIERDA ISABELLA! ¡TE VOY A FOLLAR DURO PARA QUE APRENDAS!


Hola a todos, una enorme disculpa por no haber actualizado antes pero

con todo este rollo de la navidad y todo ello, anduve bastante ocupada, además de que ando también con lo

del otro fic que se llama: "Detrás de la bestia".

Bueno, el capítulo de hoy estuvo bastante fuerte, pobre de mi Bella, cuando no le llueve, le llovizna

pero creo que cualquiera hubiese tomado tal valor de enfrentarle a ese lunático.

ESPERO SU REVIEW Y DARLE FOLLOW/ FAVORITE A LA HISTORIA

¡GRACIAS Y FELICES FIESTAS!