Quitando tu sed de amor.
POV Edward
¿Qué puedo decir de mí? A mis 27 años tengo una carrera fructuosa y un camino lleno de posibilidades de cualquier índole. Siempre creí que hacer el amor era una cosa de idiotas ilusos, Dios ¡Que equivocado estaba! Cuando estaba dentro de Bella y hacíamos el amor como locos, me di cuenta de que las ganas de estar enamorados eran como la sed en el desierto. Nunca en mi vida me había sentido más fascinado con una mujer que como con ella. Isabella tenía la mezcla exacta de los sabores, olores y texturas que hacían de su cuerpo mi droga perfecta. Aún recordaba el primer día que la vi, su cuerpo adornado en ese color azul y su melena enorme llegándole a la espalda, si supiera lo que en realidad había sentido, puedo jurar que fue amor a primera vista.
Nunca había pensado que después de todo, terminaría comprometido con esa bella mujer, sabrá Dios que hice bien para merecerla. Yo, era un hijo de puta mujeriego que le jodía la vida a cuanta mujer conocía y ahora, estaba felizmente, a solo poco tiempo de estar desposado de esa bella mujer. Recordaré ese día por siempre…
Habíamos salido del Aston Martín después de haber hecho el amor en el asiento trasero. Me sentía enojado aún recordando la mirada de todos los hombres que la veían con su bello vestido negro y escotado. Yo estaba orgulloso de mi chica, pero en cuanto me percaté de ello, sentí ganas de matarlos a todos los que habían tenido el atrevimiento de mirarla siquiera un poco, ella era mía de pies a cabeza, Isabella Swan me pertenecía al completo quisiera o no. Pero estaba tan enfadada conmigo que me dejó con cara de Póker después de nuestra intimidad, que tuve que correr detrás para alcanzarla. Si yo era terco, Bella lo era aún más.
—Oye... Oye… ¿qué pasa? —Le pregunté tomándola del brazo
—Nada— Respondió incómoda.
—Bella… Lo siento, soy un imbécil celoso… Yo… — Y bajé la mirada avergonzado por decir la cruda verdad—. Me emputa que los demás te miren como yo, como si te desearan.
—¿Y qué pretendes? ¿Matar a quién me mire? — Preguntó molesta.
—Eso suena bien…—Y me sentí orgulloso de decirlo—. Pero si no quieres puedo enviar a alguien.
—¡Edward! —Me regañó con su voz cantarina y hermosa.
—Nena, este animal te ama…—Y acaricié su cara con ternura—. Solo te protejo— Le confesé.
Y me abrazó por el cuello con amor, mirándome fijamente y haciendo que mi respiración se calmara.
—Deberías entender que te amo solo a ti.
—Te creo pero, quiero estar contigo siempre, Bella.
—Y lo estaremos.
—Entonces, ¿si te casarás conmigo?
—Yo quiero casarme contigo…
Y me sonrió para luego besarme.
—Siempre juntos, Swan.
—Es lo que más deseo.
Y la alcé en el aire por la cintura haciéndola girar. Bella chilló de risa y pegó su frente a la mía.
—Te amo.
—Te amo— Respondió haciendo girar mi mundo.
—Nos casamos este sábado, nena.
—Pero Edward… Hoy es viernes…—Y abrió los ojos de golpe.
—Exacto— Y le besé los labios con ternura. Sabía que se resistía porque deseaba hablar pero yo no se lo permití. Apenas y se había casado Alice esa misma tarde, por lo que era una completa y total locura el hecho de pensar que Bella aceptaría casarse tan pronto, aunque en realidad no me importaba lo que dijesen los demás, la opinión de ella si.
—Es demasiado pronto— Comentó respirando cerca de mi boca.
—¿No deseas hacerlo?
—Claro que si — Respondió —. Es solo que es demasiado pronto… Yo ni siquiera tengo un vestido de novia.
—¿Importa eso demasiado? — Pregunté bruscamente.
Bella bajó la mirada y sabía que la había lastimado. Claro que importaba, claro que si. Mi mujer era una romántica, mi chica sabía que deseaba a un príncipe y no a un animal. Quería vestido blanco, champán, un vals bajo las estrellas, y una luna de miel tan dulce que jamás olvidaría. Que animal era.
—De acuerdo, nena— Dije besándole los labios—. Esperaremos lo que sea necesario.
—Quiero casarme contigo mi amor. Pero antes deseo hacer las cosas de modo correcto.
—Entonces, ¿Cuándo?
—Dos semanas— Dictaminó—. Solo eso necesito para hacerlo correctamente.
—Es demasiado, mi amor— Comenté—. No puedo esperar más.
—¿A qué tienes miedo? ¿Por qué no quieres esperar más?— Preguntó insegura.
—Porque temo que descubras que no soy perfecto para ti y te marches.
Mi mujer tomó mi cara entre sus manos y me sonrió con ternura, me besó los labios y me miró a los ojos.
—Jamás me iré de tu lado, Edward. Jamás, a menos que tú me lo pidas.
—Entonces… Estarás conmigo siempre, hermosa.
—Siempre.
Pero fruncí el ceño inconforme.
—Me sigue pareciendo demasiado tiempo.
—Dos semanas no es tanto.
—Soy impaciente, Swan— Dije tocándola por los muslos y ella se mordió la boca.
—Lo sé. ¿Cuánto tiempo crees que sea mejor?
—Dos días — Respondí de inmediato.
—Edward… Necesito más tiempo.
—¿Cinco?
—Ni tú ni yo, que sea una semana, ¿te parece?
Y le sonreí. Me parecía justo y posiblemente fácil de soportar.
—De acuerdo, una semana, mi amor.
—Te amo.
—Te amo más, mi Bella.
Y sonrió.
—Deberíamos ir con los demás a anunciarles la noticia— Dijo emocionada.
—De acuerdo — Contesté caminando tras ella y me detuve de golpe—. Espera, ¿no quieres tu ropa interior?
—Oh señor Cullen, yo también sé jugar sucio— Y movió su hermoso trasero enfrente de mí haciéndome gruñir.
—Malvada.
—Pero tuya— Y me guiñó un ojo.
La venganza de Bella consistía en que yo sabía que no llevaba bragas y que eso causaba en mí una erección mayúscula, ¿Cómo demonios se supone que estaría en un lugar público, más duro que una maldita roca? ¿Y si alguien me decía que tenía que pararme? ¡Oh Swan malévola!
Caminó contoneandose frente a mí. El estacionamiento estaba solo, la verdad, yo no me había percatado de aquello, sin embargo, cuando salimos, noté que varias parejas nos miraban de manera inusual y entonces sonreí. Ellos nos habían escuchado. Me sentía un maldito animal orgulloso, aunque exponer a Bella no me ponía del todo feliz, al menos en mi fuero interno, reclamaba y gritaba que la mujer que tomaba mi mano era mía, mía y de nadie más.
Cuando llegamos a las mesas que nos habían asignado, nuestras familias charlaban animosamente. Charlie brindaba con Jacob, mientras Renée platicaba muy animosamente con Rosalie, Laia y Esme, mientras Carlisle y Emmet discutían animosamente algunos negocios. Este último, al verme llegar con Bella de la mano, se sonrió de manera ladina, no podía leerle el pensamiento pero sabía lo que quería decirme.
—Vaya, ¿ya terminaron? — Y soltó una risotada escandalosa que hizo que Charlie se incomodara.
Bella se sentó al lado de su madre, la cual, acalorada comenzó a beber champán frío.
—Emmet… No— Dije con voz firme, ayudando a mi prometida a sentarse.
—¿Dónde estaban, hijo? — Preguntó Carlisle tratando de romper la tensión, pero su pregunta no había ayudado demasiado.
Miré a Bella de soslayo y noté como se ruborizaba.
—Fuimos a caminar.
—Necesitabamos hablar— Completó ella.
Jacob se sonrió sobando el vientre abultado de su esposa y después miró a Charlie el cual me veía con cierto tono asesino.
Me acerqué al oído de Bella y susurré cerca.
—Deberíamos decírselos ya.
—¿No crees que es muy pronto, amor? — Dijo distrayéndose levemente al notar que los camareros comenzaban a servir la cena.
—Nunca es demasiado pronto, Bella. He esperado mucho tiempo para casarme contigo— Y besé su mejilla con dulzura.
Ella me sonrió y entonces, cuando todos estaban comenzando a comer, la tomé de la mano con fuerza, la suficiente como para que ella entendiese que yo estaba ahí para apoyarla y nos paramos. Mi madre sonrió, me conocía lo suficiente como para deducir lo que en realidad pasaba, mi padre dejo de comer y codeó a Emmet el cual, hablaba discretamente con Rosalie. Jacob y su esposa nos miraban sincronizados y Renée casi lloraba de la emoción por una noticia que ni siquiera había escuchado. Y era Charlie, el único que no nos prestaba atención.
—Quisiera dar un anuncio— Dije golpeando levemente la copa de la mesa con el cuchillo.
Y fue entonces cuando obtuve la atención de los presentes. Bella me sonrió con dulzura.
—Todos saben de mis sentimientos por Bella. Siento que, ha pasado el suficiente tiempo como para decidir el futuro de mi vida y tras 27 años de soledad, hoy con ella, mi flor; siento que lo tengo todo, incluso más de lo que debería merecer. No deseo opacar la felicidad de los novios, pero estoy tan feliz que me es simplemente imposible el hecho de guardarme esta maravillosa noticia: Padres, amigos, suegros— Dije con respeto, haciendo enfásis en la palabra mientras miraba un Charlie ceñudo—. Bella y yo nos casaremos en una semana, y quiero que todos aquí, en especial señores Black, papá, mamá; nos den su bendición.
La cara de pocos amigos del padre de Bella no tenía precio, sin embargo su mirada se dulcifíco en cuanto los demás se pararon de sus asientos para abrazarnos. Todos estaban felices por la noticia, incluso, noté como Charlie se acercaba a Bella para hablarle al oído.
—Me alegra que estés feliz con ella, hijo— Dijo mi madre apretándome entre sus brazos—. Sé que ella te hará feliz.
—Lo sé— Contesté mirándola.
—Ella es una buena mujer, Edward. Sabrá hacerte dichoso.
—Gracias papá.
Y Emmet se acercó apretándome con fuerza.
—Felicidades Cullen, espero que sean muy felices como yo lo soy con mi Rose— Y miró a la mujer que se sobaba la barriga con ternura. Ella me miró con dulzura, no había rastros de deseo, ni de obseción, solo amistad.
Incluso, Jacob y Laia me dieron sus felicitaciones. Pero cuando fue el turno de Renée, me abrazó tan fuerte que casi me quedé sin aire.
—Estoy tan feliz por los dos, Edward.
—Gracias, Señora Black.
—Sé que cuidarás a mi niña.
—Con mi vida si es necesario— Prometí.
Y una lágrima de felicidad se resbaló por su rostro.
—Sé que la amas, Edward. Con todo lo que pasó, sé que jamás la dejarías sola.
—Jamás— Contesté notando que mi hermosa mujer me hablaba para charlar en privado y que Charlie caminaba hacia un lugar apartado. Me disculpé con Renée y de los demás mientras brindaban y me encontré con ella.
—¿Qué ocurre?
—Es Charlie, desea hablar contigo.
—¿Pasa algo malo?
—Me dijo que solo quería hablar contigo.
—Creo que no le gusta la idea que nos casemos— Comenté con las manos en mis bolsillos.
—No lo sé, amor. ¿Por qué no hablas con él? — Me pidió besándome los labios—. Ve y charla con tranquilidad.
—Eso haré— Prometí socarrón y le apreté el trasero—. Pero si lo hago…— Susurré cerca de su oído—. Me debes algo…
—Oh Cullen, no cambias— Y me lamió el lóbulo de la oreja haciéndome jadear—. Cuando lleguemos a casa, tal vez te tenga una sorpresa — Y me guiñó un ojo haciéndome gruñir.
Yo la seguí con la mirada hasta notar su hermoso y redondo trasero. Se veía exquisita con su vestido negro y sin ropa interior. Traté de tranquilizar mis pensamientos y tomé dos copas de champán helada, caminé hacia donde me había indicado mi mujer y encontré un Charlie pensativo, serio, que mantenía las manos en sus bolsillos y que me daba la espalda. Debía quitarme la imagen de Bella sin ropa interior o mi suegro me fusilaría.
— Señor Black— Y se giró para verme—. ¿Champán?
—Oh, Gracias, Edward— Y la tomó dándole un trago.
—Bella me dijo que quería hablar conmigo.
—La verdad es que si.
—Pues lo escucho— Lo animé.
—Seré directo contigo, hijo.
—Claro— Dije metiendo mis manos en mis bolsillos.
—No me agrada la idea de que Bella y tú se casen tras haberse comprometido en tan poco tiempo—. Y yo torcí la boca por el disgusto pero no dije nada—. Me gustaría que esperacen más.
—No queremos esperar más.
—Pero, ¿una semana? — Y alzó su voz alarmado—. Tal parece que la quieres arrancar de mi lado.
Así que eso era todo, Charlie era un hombre celoso, un hombre que cuidaba lo que de verdad le importaba. Pensándolo bien, yo hubiese estado igual o peor.
—Ella y yo nos conocemos tras dos años de haber estado… Juntos. Nos amamos— y lo miré con seriedad— La amo.
Pero Charlie aun no estaba convencido del todo.
—Lo sé, Edward.
—Entonces, ¿nos darás tu bendición? —Pregunté enarcando una ceja.
Charlie Black sacó el aire pesadamente de sus pulmones, bebió de la sidra cara y se colocó rígido.
—Bella es una mujer adulta. Cuando se quedó con nosotros tenía diecíseis años y ahora, se quiere casar. Siempre amé a esa niña como si hubiese sido mía. Bella logró ser independiente en todos los sentidos, sin embargo, siento que es mi nena aún— se sinceró—. Sin embargo — Y me miró seriamente para después sonreírme—. Creo que mereces el amor de mi hija. Cuídala Edward, ella es mi tesoro.
Y yo sonreí.
—Gracias, la cuidaré con mi vida— Prometí.
—Sé que serás un buen esposo, Edward. Solo no olvides algo…
—¿Qué?
—Sé usar un arma.
Yo me quedé serio y de la nada, el padre de Bella, soltó una risotada. Traté de sentirme cómodo pero después lo dejé pasar todo. Caminamos entonces juntos hasta dónde estaban los demás y las cosas fueron dadas tal y cómo esperaba. La mirada de Bella era de sumo cuidado sin embargo, yo traté de hacerle saber que las cosas iban de lo mejor.
—¿Qué ocurrió ahí? — Preguntó con nerviosismo.
—Nada, hermosa. Solo parece que me he ganado a tu padre — Y le guiñé un ojo de manera cómplice.
Antes de volver a nuestras casas, nos despedimos de los novios y los conocidos, aunque mi mujer alegó que yo me quedaría en casa de mis padres después de que "vivir juntos antes del matrimonio" fuese prohibido.
—Oh Isabella, no estarás jugando, ¿cierto?
—Cariño — dijo acomodando mi saco con mucha paciencia— mi padre es muy… Ya sabes… Anticuado.
—Alguien tiene que decirle a Charlie que estamos juntos ya, ¿no nos vamos a casar? Además — comenté pegándola a mi cuerpo— Me dijiste que tenías una sorpresa para mí.
Y la cara de mi nena se frunció de pena.
—Lo sé, Edward pero, ¿qué quieres qué haga? Estoy hatada de manos y pies.
Y sonreí pícaramente pensando en tal posibilidad. Bella atada a la cama y vendada, a mi merced. Que apetecible idea.
—¿Qué estás pensando Edward Anthony Cullen?
—Creo que el término "atada" me está comenzando a gustar.
—Pervertido— Dijo besando mis labios con una sonrisa.
—Tu pervertido— y le acaricié el trasero sin que nadie lo viese pero Bella se tensó y sonrojó.
—Oye, mis padres están cerca.
—Me gusta el peligro— Respondí.
—Ya lo creo, pero no quiero que mueras a causa de una bala en la cabeza — Dijo pegándome con su dedo índice.
—¿Estarás sola en casa?
Ella negó.
—Quizás te robe esta noche, mi amor— Casi prometí.
—No juegues conmigo, Cullen. Aún no nos casamos y mis padres se quedarán conmigo esta noche.
—Eres mía.
—Tuya— Repitió con las manos alrededor de mi cuello y me besó—. Mañana debo despertar temprano para comenzar con los preparativos de la boda.
—Lo único que no me gusta es que casi no te veré— Dije apretándola de la cintura.
—Lo sé y debo hablar a la oficina para poder dejar a cargo a alguien. No quiero que todo se vaya al borde por mi luna de miel.
—Oye… — Comenté en fingida molestia— La luna de miel valdrá la pena, hermosa. Además, te dije que no tienes necesidad de trabajar, serás mi mujer y lo mío es tuyo.
Y sus cejas formaron una hermosa y traviesa 'V'. Yo solamente estaba jugando con ella, a sabiendas que su trabajo era su segundo amor, posteriormente y miles de veces, después de mí, claro estaba.
—¿Bromeas?
—Claro que si, mi amor— Y la alcé haciéndola girar en el aire mientras reía.
—Entonces, no juegues con ello.
—Hasta ahora no hemos tenido sexo por reconciliación, Bella. Dicen que si te lo propones, hasta las peleas tontas valen la pena— Y le guiñé un ojo.
—No cambias, Cullen— Sonrió besándome.
Y la voz de Charlie se escuchó de fondo.
—Hija, nos vamos— Casi gritó como si estuviese recogiendo a su niña de quince años de su primera fiesta de amigos de la secundaria.
—Ya voy papá— Respondió ella con cierto tono de fastidio y me miró a los ojos—. Tengo que irme, o Papá 'Oso' Black me castigará. ¿Te llamo esta noche?
—De acuerdo — Respondí con cierto enojo.
—No te enojes, después de esta semana — Y se acercó a mí con cierto tono de lujuria— seré toda tuya.
—Mía — Gruñí.
—Tuya— Repitió y me besó con pasión para después marcharse.
Como bien había dicho ella, no me había quedado más remedio que quedarme en casa de mis padres. Esme estaba completamente fascinada con la idea de que volviese toda esa semana. El tiempo que estuve antes de dormir, lo aproveché para hacer unas llamadas a Francia y así poder dejar todo completamente en orden, tras la semana que me esperaba.
Día uno: La tortura comienza.
Mi semana comenzó bastante inusual. Después de telefonear un par de veces desde Nueva York a París, me dediqué por entero a resolver un pequeño percance acerca de unos inversionistas. Después de casi dos horas al teléfono, me dejé caer rendido en el recargadero de un sillón amplio que estaba en la casa de mis padres.
—Deberías tomarte un descanso, hijo. No soportarás esta semana si vas a ese paso— Comentó mi madre desde el umbral.
—Voy tan "normal" como puedo, madre— Y coloqué mis dedos en el puente de mi nariz. —Es solo que simplemente, todo es completamente…
—Nuevo— Completó sonriendo y entrando a la habitación— simplemente estás nervioso, Edward. Esta es una nueva etapa para ti.
—Lo sé.
—¿Ella te hace feliz? — Preguntó de la nada.
—Más que nada en el mundo.
—Entonces, tranquilízate. Siempre deberás tener un tiempo para tu esposa, hijo. A veces sentirás mucha más presión que nunca, sin embargo, podrás lograrlo.
La tomé de la mano y sonreí.
—Gracias, mamá.
—De nada, Ed. Te dejaré para que continues— Y salió con paso firme pero al instante se detuvo. —Por cierto, llamó Emmet hace un rato, dijo que a las 3:30 pasaría por ti para buscar el smoquín.
—Gracias— Dije con desanimo y ella sonrió de nuevo saliendo de mi pieza.
No tenía la más mínima intención de buscar todas esas cosas. Honestamente no me importaban hasta cierto punto porque simplemente, yo quería casarme solamente con Bella, hacerla mía para siempre y demostrarle cuanto era que verdaderamente me importaba. Pero tenía que ser paciente, cada bendito segundo de espera sabía que valdría la pena, la quería conmigo, juntos siempre.
Hice lo primero que me vino a la mente y esperé lo suficiente hasta que la calma inundara mi ansioso cuerpo.
—¿Hola? — Preguntó su voz dulce a través del auricular.
—Buen día, futura señora Cullen.
—Hola mi amor, buen día— Respondió con una segura sonrisa en el rostro— ¿estabas trabajando?
—No me lo recuerdes, nena. Estoy que ni siquiera quepo en casa— Y contuve mi aliento. —Te extraño.
—Edward… También yo. Pero falta menos.
—Estoy contando las horas para que el momento llegue.
—Te amo — Respondió con seguridad — te amo como a nada en este mundo, Edward.
—Me haces tan feliz, mi bella americana— Dije con ternura. —No sabes cuan dichoso soy al saber que te haré mi esposa.
Y hubo un pequeño silencio.
—Edward…
—Dime— Comenté.
—No puedo estar sin ti.
Y mi burbuja de felicidad se extendió aun más.
—Ni yo, mi Bella.
Y la música angelical de su risa hizo eco rítmico en mi interior. Ella era feliz y eso me hacía feliz también.
—¿Qué harás hoy? — Inquirí con total aburrimiento mirando mi reloj.
—Ser la esclava de Renée y tu madre. Quieren que vaya a buscar el vestido— Resopló con cierto desgane.
—No estás muy contenta al respecto— Dije como lanzando el comentario al aire.
—No me gusta que se presionen demasiado por mí, me siento como la mandataria de una empresa que trabaja sin paga.
—Lo hacen porque te aman, mi amor.
—Y yo me casaré contigo porque te amo también.
—No me hagas bajar al estacionamiento, Isabella— amenacé dulcemente.
—¿Cómo para qué, Edward? — Preguntó confundida.
—No me cuesta nada tomar la autopista, viajar hasta tu departamento y raptarte.
—¡No se atrevería, señor Cullen! — Rió con aire falso y ofendido.
—No me rete, señorita Swan.
Ella sonrió por aquello y suspiró.
—Te extraño — Dijo con el aire suspendido.
—Igual yo — Respondí. — Me estoy volviendo loco por hacerte el amor.
Bella rió, ni siquiera había pasado un día y ya estaba de maniaco pero no me importó.
—Sólo… Piensa en nuestra luna de miel y lo hermosa que será…
—¿Quieres que explote acaso? ¡Oh malvada mujer!
—Cullen, deberías ducharte con agua fría.
No pude evitar reír mientras tapaba la bocina del teléfono.
—Solo me bañaré si tú entras conmigo y me dejas tallarte el cuerpo.
—¿Acaso pretendes tener sexo telefónico conmigo?
—¿Qué llevas puesto? — Pregunté ladino.
—Edward— Me regañó riendo, amaba escucharla reír. — Basta ya, o la que irá a raptarte seré yo.
—Dejaré la ventana abierta por si acaso.
—Te amo.
—También te amo, Bella.
—Debo irme o me matarán. Aun tengo cosas que resolver— Dijo con pesadez.
—Cuídate mi vida…— Le pedí con el corazón.
—Y tú también, mi amor.
—Hasta luego — Prometió.
—Hasta luego, amor de mi vida — Y la llamada terminó.
Cuando colgué me di un baño para esperar la llegada de Emmet. No tardó demasiado cuando la hora había llegado y honestamente no estaba tan emocionado con aquello. Mi madre me había pedido que diera mi mejor esfuerzo al soportar las bromas de mi mejor amigo. Cuando menos me di cuenta, terminé en una tienda de Hugo Boss con un diseñador amanerado que le fascinaba tomarme medidas por cualquier razón.
Emmet se partía de risa internamente mientras yo trataba de mantener la compostura y cuando el hombre se fue, perdí la razón.
—Si vuelves a reírte, te juro que le diré al sujeto que me mandaste a pedir su número telefónico.
—Ya cálmate hombre — Me pidió Emmet. — ¿No estás feliz por tu matrimonio?
—Mucho— Confesé.
—Entonces relájate. Alguna vez estuve en tu lugar, Edward. No puede ser tan malo ser el centro de atención.
—Lo es cuando tú te bufas de las manías extrañas del diseñador.
—Tengo que cuidar de ti — Dijo cual guardían. — ¿Creías que me iba a permitir Bella que te toqueteara una mujer? ¡Es como una despedida de soltero para ti, hermano!
—Cállate, Emmet— Respondí tratando de no reírme. — La próxima vez que escojamos un traje, seré yo el que decida quién nos atienda.
Salimos del lugar casi dos horas después. No tenía el más mínimo humor de ir por un trago porque sabía que las bromas de Emmet solo me harían perder la cordura en algún punto del día. Así que me dispuse a ocuparme el resto de la tarde en mi habitación. Entré a una página de Internet sobre asesoramientos de viajes Internacionales. Lo que más me disgustó es que todos creían que ir a París era el lugar perfecto para pasar una estupenda luna de miel, aunque en algo no se equivocaban, esa ciudad ya habíamos pasado Bella y yo por visitada, así que no me parecía el mejor regalo.
Pensé también en la idea de llevarla a algunas zonas tropicales donde pudiese mantenerla desnuda la mayor parte del tiempo por el calor. Tuve que centrarme para poder continuar con mi búsqueda o terminaría enloqueciendo. Después de algunas horas frente al computador, decidí posponer la búsqueda para el siguiente día. Miré el reloj de mi muñeca y marcaban las 11:10 pm, por lo que supuse que Bella ya debía estar dormida o por acostarse. Tomé mi celular y comencé a textearle un mensaje.
Bella:
No sabes cuanto te extraño, ni cuanta falta me has hecho. Este día sin ti me ha parecido una locura, tengo tantas ganas de un beso… Ojalá pudiera estar contigo, nena. Sin ti mi cama es enorme.
Sueña hermoso princesa, conmigo en ti si es preciso ;)
Te amo por siempre, futura señora Cullen.
E.
Y dejé mi celular de lado mientras me recostaba. A los pocos minutos, comenzó a vibrar con un mensaje de respuesta.
Edward:
Creo que eres verdaderamente impaciente como yo, ¿qué vamos a hacer amor mío? Sabes que también te extraño y que pensé todo el día en ti. Me hacen falta tus besos, tu calor e increíblemente la cama es tan espaciosa y fría sin ti… Hace falta que juguemos un poco ;)
Y solo para que tú también sueñes lindo, dormiré desnuda. :$
Te ama por siempre, futura señora Cullen.
B.
—Oh malvada mujer— Susurré entre dientes y sonreí.
Entonces con una enorme erección amenazante entre mis pantalones, decidí dormir esperando que ella apareciera en mis sueños.
Día dos, la paciencia no es mi fuerte.
Como había prometido, me había mantenido al margen con respecto a la boda. Le había explicado a mi madre que no tenía la más mínima necesidad de incluirme en todo, porque no sabía hacer absolutamente nada. Honestamente yo seguía empeñado en que lo mejor que podíamos hacer era viajar a las Vegas y casarnos pero conforme los días pasaban, me daba cuenta del enorme esfuerzo que ambas familias ponían en aquella celebración. Cuando por fin me di por vencido, acompañé a mi madre a la única cosa en la cual sabía exactamente qué hacer: seleccionar los vinos.
Fuimos a la tienda a beber un par de copas. No importaba cuánta precisión ni cuantos expertos hubiese en el lugar, si uno no me gustaba, simplemente no seguía siquiera ahí.
—Deberías ser más paciente, hijo— Resopló mi madre.
—Mamá, me caso en cinco días. La paciencia no es mi fuerte.
—Nunca me sorprendí por ello, Edward — Y sonrió.
—Cada vez me es más duro saber que falta mucho tiempo— Y coloqué las manos en mis bolsillos.
—Nunca pensé verte de este modo por una mujer, Bella de verdad es importante.
—Daría mi vida por ella— Respondí con el corazón.
Mi madre probó un vino y lo degustó, yo estaba ausente mientras leía las etiquetas de las cosechas.
—¿Ya pensaste dónde la llevarás? — Preguntó de la nada.
—La luna de miel aún no está resuelta. No quiero llevarla un lugar donde ya haya estado.
—No la lleves a París, hijo. Ahí ya vivió por más de un año.
—Lo sé — Contesté inseguro. — Sin embargo, hasta cierto punto no me importa a dónde vayamos, solo quiero estar con ella.
—Eso es muy romántico, pero tienes que darle un lindo regalo de bodas.
—A veces es malo no tener hermanas — Resoplé y ambos reímos en unísono.
Hice la misma rutina que el día anterior. Un par de llamadas para verificar los negocios, varias horas tras el computador y unas cuantas tazas de café, porque había decidido que el alcohol no era precisamente un reanimante a mi sistema. La extrañaba mucho, por lo que decidí que quería mandarle un mensaje de texto para saber cómo estaba.
Mi bella flor:
No he sabido nada de usted en mucho tiempo. Solo quería saber cómo estabas. Mi madre y yo hemos ido a verificar algunos vinos para la ceremonia, está tan entusiasmada que no creo que haya poder humano que la detenga.
Te extraño hermosa, debería raptarte ahora mismo.
Te desea y ama con todas sus fuerzas.
Este loco enamorado.
Tal como lo sabía, ella respondió apenas unos minutos después.
Amor mío:
La mañana se me ha ido entre los dedos como la misma agua. Me he encontrado con Renée verificando los platillos y algunas cosas para la recepción. Me estoy volviendo loca, sin embargo creo que esto la hace indudablemente feliz.
Deberías raptarme corazón, más no sería bueno para un hombre que tiene a un futuro suegro que maneja un arma a la perfección.
Besos.
Tu mujer.
No pude evitar reír y comencé a textear la respuesta.
Mi adorada y hermosa prometida:
Podría fugarme hasta al fin del mundo y no me importaría. Sabes que Charlie me adora, además, si te sientes estresada, podría contratar personal que hiciera todo por ti.
No quiero que estés agotada para la luna de miel :$ tengo muchas sorpresas para ti, por estos días de espera en que no hemos estado juntos.
Te adora como un loco.
E.
Parecía juegos sensuales a través del móvil, uno excitante y divertido.
Cariño:
¿Sabes que es malo hacer que tu prometida jadee enfrente de los demás? Las expectativas de mi luna de miel salieron volando por los cielos. Deberías ser más considerado. Y no quiero que contrates personal que haga todo por mí, aunque es cansado, me gusta estar con mi madre. Nos hacemos más cercanas cada segundo que pasa y eso lo adoro.
Por cierto, mis padres harán una cena de ensayo mañana en mi casa, a las 8:30. Habla con tus padres y a quien desees invitar.
Y prepárate, Cullen porque haré que el lugar donde estemos tiemble ;)
:*
B.
—A la mierda el pudor — Sonreí ladino. — Mi mujer es la mejor.
Y de nuevo respondí.
Diosa del amor:
Hablaré con mis padres al respecto y mañana mismo en la cena, te haré mía sin importarme qué pase ¿Entendiste? Malvada mujer, solo provocarás una enorme combustión que me haga perder el control.
Tendré que ducharme con agua fría para poder soportarlo todo.
Grrr.
Te desea en su cama.
E.
Sabía que le fascinaba provocarme por lo que no dudó en enviarme una foto provocativamente semi desnuda. Mis manos y mis ojos estaban absortos por la imagen y un pequeño mensaje de texto que de forma burlesca y sensual decía:
Espero que pases una excelente noche, mi amor. Yo no lo sé porque aquí hace un endemoniado calor que me provoca 'mojarme' y desnudarme. Te amo Edward ;)
Descansa, adiós.
—Adiós a mi cordura — Dije soltando mi móvil y cayendo de espaldas entre las almohadas.
Día 3, la cena de ensayo.
Me sentía un adolescente de nuevo. Por las mañanas era un ritual que me hacía sentir extraño porque era ya casual que despertara con una mayúscula erección entre mis piernas. Me habría sentido avergonzado en algún punto si de haber sido Esme que entrase en la mañana para despertarme. Afortunadamente, jamás fue así porque siempre tenía que correr a la ducha a refrescarme los pensamientos y a dispersar las hormonas.
Me ejercitaba en el gimnasio personal que teníamos y después me bañaba de nuevo para bajar a desayunar. Ahí me encontraba a mi padre usualmente leyendo el periódico mientras mi madre le servía el café.
—Buenos días, hijo— Saludaron en unísono.
—Buenos días, papá y mamá— Respondí.
Saqué un cuenco de cereales y leche como cuando era niño y comencé a comer.
—¿Estás listo para la cena?
Suspiré, yo solo quería ver a Bella.
—Eso creo.
—Deberías estar feliz. Ya faltan menos días— Apuntó mi padre.
—Cada día es un fastidio— Concluí.
—Te veo incluso más estresado que cuando trabajas. ¿Estás bien?
—Sí y ¿qué llevaremos a la casa de los Black?
—Renée no me permitió ayudarle — Dijo mi madre. —Dice que quiere participar en la boda de su hija.
—Ha participado mucho — Sonrió mi padre.
—Lo sé.
—Le dije a Bella que si quería que le ayudara con algunos empleados pero me dijo que no. Ellas desean esto porque las ha unido más— Comenté y bebí de mi jugo.
—En eso tienes razón, Edward. Renée crió a Bella desde los 16 por lo que quiere sentirse como si fuese su madre biológica— Explicó Esme. — Me parece muy hermoso.
Y hubo un silencio en la sala.
—¿Elegiste un lugar para viajar, Edward? — Preguntó mi padre.
—Tengo la idea, más aún no he llamado.
—¿Es secreto? — Inquirió mi madre aplaudiendo cual niña pequeña y yo reí.
—Algo así.
La hora de la cena había llegado. En resumen, yo estaba desesperado por verla y lo primero que haría era llevarla a un lugar apartado para comérmela a besos. El coche se estacionó frente a la morada de los Black. Mi padre llevó una botella de vino italiana de la cosecha del 89 y la familia de mi prometida nos recibió con los brazos abiertos. Ahí estaban también Jacob y su esposa Laia, también Emmet y Rose los cuales no dejaban de besarse en ningún momento. Bella estaba al fondo con las manos enfrente, vestía un hermoso vestido de color rosa que la hacía ver como una muñeca, tuve que aguantar la necesidad de apretarla entre mis brazos y besarla locamente.
—Bienvenidos a mi casa— Dijo Charlie sonriente.
Nos saludamos entre todos y yo me acerqué a mi bella novia.
—Hola — Me saludó.
—Hola, estás hermosa— Dije sin más.
—Gracias — Se sonrojó — Y me tomó de las solapas del saco. — Te he extrañado mucho.
—También yo, mi vida. Deberíamos fugarnos a tu departamento mi amor— Ronrroneé.
Ella rio y se apegó más a mí, sabía que los demás estaban absortos en sus propias platicas.
—Eso sería bueno, y podemos… — Comentó pero antes de que terminara, la voz de Renée sonó al fondo.
—Podemos pasar al comedor, la mesa está servida.
Bella se sonrió en seguida y me tomó de la mano con suavidad. Me sentía ansioso con su mero toque, por lo que me fue difícil no tomarla y besarle pasionalmente los labios.
A la cabeza de la mesa, estaba Charlie y a su derecha su esposa, a la derecha de él, estaba primero Bella y después yo, seguido de Jacob y su esposa Laia. Al otro extremo de la cabeza estaba mi padre y mi madre ocupando su derecha, los lugares consecutivos los ocupaban Emmet y Rose, los cuales estaban absortos en sus propias conversaciones. La cena estuvo compuesta por un jugoso filete con espagueti y salsa Alfredo, el vino que había traído mi padre y pastel de chocolate que había preparado mi hermosa mujer.
Todos hablaban de la boda, pequeños detalles que la componían y evidentes anécdotas que hasta la fecha llevaban. Yo estaba ansioso sobando la pierna de mi prometida por debajo de la mesa, sentía su tersa piel descendiendo bajo mis palmas y un escalofrió descendiendo por ella.
—Edward— Me interrumpió Charlie. — ¿Cómo te ha ido en los negocios?
Carraspee y suspiré tratando de centrarme.
—Bastante bien, señor Black. Afortunadamente podré despegarme de ellos por el tiempo que sea necesario para estar con Bella.
—Eso es muy dulce de tu parte — Murmuró Renée.
Bella sonrió y me besó la mejilla.
—Ya le había dicho a mi hijo — Comentó Carlisle — que a veces es necesario despegarse de la oficina un tiempo, la familia es primero.
Emmet soltó una risotada que nos desconcertó a todos, tomó su copa y bebió.
—Como si eso fuese posible — Se bufó y todos rieron también.
Y como sab+ia, mi chica me defendió.
—Déjalo en paz, Emmet… Ama su trabajo y eso lo hace maravilloso para mí.
La mujer de Jacob sollozó como si fuesen las palabras más románticas del mundo mientras Jacob le besaba la mejilla. Yo no pude evitar besarle dulcemente los labios y entonces, Charlie rompió el momento.
—Brindemos por la unión de estas familias, por los amigos que nos acompañan y por las nuevas generaciones — Y miró a las parejas jóvenes que esperaban bebés.
—¡Salud! — Dijimos en unísono y bebimos de las copas.
Al terminar la cena, estaba completamente decidido a dejar a Bella a su departamento y poder pasar la noche juntos, pero parecía que Charlie estaba decidido a fastidiarme la noche porque, había mandado a mi mujer con Jacob y su esposa en el mismo auto.
—No deberías permitir que él me separe de ti — Bufé como niño molesto.
—Creo que sabe que no eres fácil de controlar — Dijo halando mi camisa.
Y la besé en los labios con suavidad.
—Te deseo, nena.
—También yo… — Susurró.
Y la apreté contra mi pelvis hasta que la voz de Laia nos interrumpió.
—Omm Bella… Jacob te está buscando para irnos.
—Sí… Gracias… — Y se separó de mí. — Voy en seguida.
—Claro — Comentó con una sonrisa.
Yo estaba a punto de tomarla y raptarla definitivamente.
—Ten paciencia, falta menos — Prometió.
—Lo sé — Y la besé como a mí me plació la gana.
Nuestras lenguas jugaron un buen rato, hasta que sentí como comenzó a jadear levemente sobre mi respiración fragmentada, no importaba cuanto tiempo pasara, siempre estaría sediento de ella.
—Te amo.
—Yo te amo a ti — Le juré con el alma.
—Hasta mañana, mi amor.
—Dulces sueños, mi hermosa flor.
Ella sonrió para después besarme los labios y se subió al auto de su hermano.
Día 4, la planeación.
—¿Tiene algún vuelo para este sábado?... — Y esperé la respuesta mientras la mujer me explicaba en un acento bastante conocido. — Está bien, quiero la reservación del hotel en zona céntrica por favor… El mejor… Así es. Grazie— Y colgué.
Mi padre tocó la puerta y yo le di el acceso.
—¿Estás ocupado, hijo?
—No, ya no papá.
Él se sentó a mi lado mientras yo estiraba los brazos.
—¿Estabas planeando el viaje de bodas?
—Sí, ya reservé el hotel y algunas cosas más — Y mi mente pícara sonrió.
Carlisle palmeó mi hombro y sonrió.
—Espero que todo salga como planeas, Edward.
—Gracias, papá. También yo lo espero.
Día 5, el almuerzo. Un momento de paz.
Mientras conducía en el Mercedes, me detuve un segundo a pensar que estaría haciendo mi dulce Bella. Hacía días que no teníamos tiempo para los dos, por lo que no dudé en llamarla.
—Hola nena— Saludé.
—Hola, mi amor. ¿Cómo estás?
—Bien. Me preguntaba si tenías tiempo libre para ir a almorzar conmigo.
Ella dudó un segundo pero respondió en seguida.
—La verdad es que no tengo tiempo, pero quiero verte. ¿Dónde nos vemos?
Esa era mi chica.
—Paso por ti mi amor. ¿Dónde estás?
—En la oficina.
—Estoy ahí en 20 minutos, mi vida.
—De acuerdo, amor— Respondió.
Suspiré y sonreí.
—Eit…
—Dime.
—Te amo.
Un suspiro de alegría sonó a través del auricular.
—También te amo, Edward… Con todo mi corazón.
—Voy para allá hermosa, adiós.
—Adiós…— Y colgó.
Cuando llegué hasta donde ella, no fue necesario esperarla demasiado. Me bajé para abrirle la puerta y la besé antes de entrar. Encendí el auto y comenzamos a andar.
—¿Cómo estás? — Le pregunté.
—Bien ahora que estoy aquí, contigo.
—Si estás muy estresada, ya te dije cuál es la mejor solución.
Ella sonrió y acarició mi rodilla.
—Estoy bien, amor. Cuando esté a cargo de más cosas, no podrás solucionarlo todo.
—No me tientes, Swan — Respondí.
—Oh Cullen, siempre queriendo tener el control.
Yo solo reí y seguí conduciendo. Le había preguntando que quería hacer, Bella me había dicho que solo quería ir a almorzar no importaba el lugar, fue entonces que viajé hacia Central Park, donde había unos lindos restaurantes que de seguro le gustaría. Se llamaba "Jonhy's Bowl" y era más como un especie de bufet.
Yo no estaba muy acostumbrado a la comida americana, por lo que decidí algún sándwich igual que mi linda acompañante.
—Vaya, si que andas muy temerario.
—Tengo que probar lo que mi chica prueba.
La comida era bastante buena, así que comimos entre risas y charlas banales, justo como si fuésemos dos adolescentes en primera cita.
—Es muy gratificante tener un momento contigo.
—Yo también lo pienso — Respondí.
—¿Y qué has hecho estos días? — Me preguntó quizás con la intención de hacer una conversación, sin embargo, si comenzaba a hablar diría muchas cosas que no debía.
—He estado ocupado.
—Aja, ocupado — Comentó sonriendo. — ¿Qué has hecho Cullen?
—Cosas, mi amor… Nada sin importancia.
—Malvado — Dijo bebiendo de su jugo y reímos juntos.
Día 6, el regalo y el último día.
Mis pensamientos estaban centrados un poco más en las cosas que faltaban por hacer. Honestamente estaba completamente ansioso por que era el último día que pasaba como soltero a la historia y Dios, que agradecido estaba con ello. No me hacía falta absolutamente nada, excepto por la compañía de Bella, me sentía solo. Me quedé abosrto mirando un par de fotografías suyas. E día de la boda de Emmet, se había tomado un par de fotos conmigo y los novios y se veía esplendorosamente atractiva, jamás olvidaría aquella fecha. También recordaba precisamente la manera en que le había entregado el anillo de compromiso, después de haber hecho el amor como locos.
Mi madre tocó la puerta distrayendo mis pensamientos y entonces, su clara cabellera se asomó por el umbral, secundada de mi padre.
—Hijo ¿estás ocupado?
—Está bien, pasen— Dije guardando la foto y sentándome derecho en el mueble.
Ellos se sentaron. Esme traía las manos posicionadas en la espalda mientras Carlisle sonreía como un cómplice.
—¿Qué ocurre? —Pregunté a manera de sospecha.
—Tenemos algo para ti — Anunció Esme. — Es más bien para Bella.
Y mi padre se acomodó en el asiento.
—Esta tiara de novia, pasó por generaciones por nuestra familia, Edward. Mi abuela y mi madre la usaron.
—Y yo la usé también — Completó mamá.
La prenda era muy hermosa, tenía incrustraciones de diamantes en la parte alta y tiras de plata a los costados, se veía bastante delicada pero era irónicamente muy dura quizás por el tiempo de su existencia. Yo no sabía qué decir y aunque alguna vez había visto aquella prenda adornando el cabello de mi madre en su foto de boda, jamás me había pasado por la mente la idea de que algún día, sería usada por alguien más de la familia, y es que nunca había planeado casarme.
—Vaya— Comenté sorprendido. — Bella se verá hermosa con ella, gracias.
—Siempre creímos que la idea del matrimonio te aborrecía, hijo — Dijo Carlisle. — Pero cuando fuiste a buscar a Bella tras todas las cosas que sucedieron, nos dimos cuenta de que verdaderamente estabas enamorado.
Esme casi llora de la alegría.
—No estuve completamente de acuerdo al principio, hijo. Tú sabes que temí muchas veces, pero sé que esa muchacha te hace verdaderamente feliz y que ahora, te toca hacer tu vida junto a ella.
—Gracias — Repetí de nuevo. — Es muy importante para mí sentir su apoyo, porque mañana me casaré con la mujer que amo con todo el corazón.
—¿Tuviste la oportunidad de verla? — Preguntó mi madre.
—No, ella se quedó en casa de los Black. Al parecer, Renée no quiere dejarla sola en su departamento y eso me tranquiliza un poco — Expliqué honesto.
—Bueno, quizás sea lo mejor por ahora — Respondió mi padre — Además, ya deberías dormir. Mañana será tu boda, Edward.
Y las manos de Esme tomaron las mías.
—Mañana le entregaremos la tiara por ti, hijo. Será nuestro regalo.
—Gracias papá y mamá. No saben cuan agradecido estoy.
Esme me besó las mejillas y mi padre me abrazó. Después de despedirse de mí, me tumbé de nuevo en la silla y cerré los ojos. En el fondo, en un perchero, estaba mi traje de novio, mis zapatos en el clóset y la corbata reposando en una silla. Quería dormir, pero antes, también quería escucharla a ella. Marqué su número telefónico y esperé.
—¿Hola? — Preguntó su dulce voz adormilada.
—Hola hermosa, ¿estabas dormida?
—Estaba en proceso de hacerlo, pero me alegra que hayas llamado — Respondió seguro con esa hermosa sonrisa en sus labios rosas.
—Sólo quería desearte linda noche, preciosa.
—Gracias mi amor, espero que tú también tengas una linda noche.
Y me sentí nervioso, esto era incluso más preocupante que el primer día que me presenté a las oficinas de International, solo que yo jamás lo demostré.
—¿Estás segura que quieres casarte conmigo? — Pregunté sin pensarlo y hubo un enorme silencio tras la línea.
—Edward… Claro que estoy segura de ti, mi amor. Tú siempre serás el indicado en mi corazón, a veces me pregunto por qué tienes esa duda. Yo no he dudado de lo que siento. ¿Tú si?
—No — Respondí honesto — pero no quiero que te sientas presionada. Sabes que hicimos esto en una semana apenas y no tomé en cuenta lo que tú deseabas.
Ella rió y aquel sonido músical me refrescó el alma.
—Nunca he esperado tanto, como para casarme contigo, Edward Cullen.
Suspiré de alivio.
—Te amo, nena.
—Yo a ti, mi amor.
—Debes dormir… — Susurré. — Tienes que estar lista para la nueva vida conmigo.
—Lo sé — Comentó orgullosa y entusiaste. — Siempre estaré lista para ti.
—Duerme y sueña lindo, mi vida.
—Tu también corazón, adiós.
—Adiós, preciosa.
Me deslicé por las sábanas y metí mi cabeza entre las almohadas. Era el último día en que estaríamos separados. Me sentía bien haber rechazado a Emmet para cancelar la despedida de soltero con algunos otros amigos que tenía, yo no tenía ganas de festejar lo que ya me urgía por dejar de ser, un hombre sin compromisos.
El gran día, la felicidad de Edward Cullen e Isabella Swan comienza.
Así que ahí estaba yo. Me había levantado con la alarme de las 7:30 am para ducharme y hacer ejercicio y así lograr que mis pensamientos se disiparan. Tenía bastante en claro que la ceremonia se llevaría a cabo en la casa que tenían mis padres a las afueras de New York. Los empleados comenzaron a adornar el jardín, había un largo camino de flores a los costados que componían los asientos de los invitados, la recepción estaba a espaldas del altar y que estaba apenas acomodado.
—Edward — llamó mi padre. — ¿Puedo pasar?
—Claro — Respondí acomodándome los botones de los puños de mi camisa
—Está todo listo para la ceremonia, hijo. Tu madre nos está esperando.
—¿Bella está lista?
Él asintió.
Me acomodé mi corbata con eficaces movimientos de manos y mi padre palmeó mi hombro con una sonrisa. En el pasillo nos esperaba Esme, ella vestía un hermoso vestido de color plata y el cabello recogido por un lado, le tendí el brazo para escoltarla mientras mi padre hacía lo mismo desde su brazo opuesto.
—Mis hombres favoritos — Murmuró casi con lágrimas en los ojos.
Él y yo sonreímos y entramos hacia la sala. Esme me escoltó hasta la entrada, como madre que era al acompñarme hasta el día de mi casamiento. Las bancas estaban ocupadas por muchos de nuestros conocidos míos, de mis padres y de la familia de los Black. Caminé a paso lento por el pasaje y fue ahí donde mis amigos me sonrieron con entusiastas ganas, Emmet abrazaba a Rosalie por la cintura mientras le daba un beso en la mejilla, Jacob y Laia estaban en la misma posición y para mi sorpresa, Alice y Peter estaban también posicionados en su lugar.
Me acomodó en mi lugar, dejando a mi madre con mi padre, donde después coloqué mis manos en posición de descanso y esperé a que la marcha nupcial comenzara. Hoy en día especial para Bella y para mí, definitivamente sería uno inovidable.
Y entonces, la música comenzó.
Renée lloraba con una pañuelo sedoso de color beige, mientras casi aupladía de la euforia. Los invitados se pararon de sus lugares y la marcha comenzó. Charlie sujetaba a la más hermosa novia del universo de su brazo derecho, mi chica se veía estupendamente bonita tras su precioso vestido y su velo fino color nieve. Tenía razón, ella siempre la había tenido, porque la espera definitivamente había valido la pena.
Cuando yo estaba empeñado en poseerla como un animal y Bella me había detenido, supe que lo mejor de mi vida me esperaba tras un par de noches de pasión y locura erróneas. ¿Cuántas veces me había levantado con un inmenso dolor de cabeza y la culpa arrastrándome junto con los pies? Pero con mi hermosa flor, todo había sido distinto, desde el inicio y para siempre. Incluso, fue virginal casi la entrega que le di la primera noche de amor, de amor verdadero.
Nos habíamos complementado en muchas y diferentes formas de cariño. Ambos habíamos hecho el amor al mismo tiempo, tanto físico como espiritualmente, si era eso posible. Fue entonces cuando entendí que mi vida tenía dos puntas, dos donde verdaderamente se sujetaba mi destino y las razones de mi vivir. La primera, era mis padres. Sin ellos definitivamente no habría logrado estar hasta este punto y jamás habría estado preparado para la vida y después e igualmente importante, estaba Isabella. No importaba si había llegado tarde o temprano a mi vida, lo importante era que la había conocido y que el algún punto de todo lo malo que viví gracias a Tanya, me sentía enormemente agradecido con todas las cosas malas que me había hecho.
De haberme casado con esa mujer, habría sido realmente infeliz.
Por eso y de algún modo, la felicidad para mí en esos instantes, vestía un hermoso vestido de novia color blanco, entallado y lo portaba la más bella de las mujeres en el mundo. Incluso, su olor dulce me hipnotizaba, fresas y vainilla.
Sonreí de pura felicidad y pude jurar que en algún momento, quise llorar de felicidad. No importaba nada ahora, solo ella y yo.
Charlie llegó com Bella, le alzó su velo muy lentamente y su hermosa mirada quedó al descubierto. El padre besó la mejilla de su hija y me entregó su mano asintiendo solamente, como si me pidiese jurar algún tipo de promesa que no había necesidad de decir.
—Hola — murmuró sonriente mientras yo le correspondía.
Charlie se nota triste y palmea mi hombro conneducación y entonces ella y yo subimos al estrado tomados de la mano y ella se acomoda el ramo de rosas escarlatas entre las manos. También estoy un poco sorprendido de que lleve puesta la tiara de Esme, ella definitivamente había hablado con mi madre antes de entrar y eso me hizo sentir feliz. Se veía hermosa, como la diosa que de verdad era y sus cabellos castaños con rulos.
El sacerdote hizo el ademán para que los invitados se sentaran en sus lugares y ella y yo nos quedamos lo más cerca posible, como si de alguna manera, fuésemos a aliviar el deseo y la necesidad de la última semana.
—Hermanos, estamos aquí reunidos para llevar a cabo la ceremonia religiosa del señor Edward Anthony Cullen Masen y la señorita Isabella Marie Swan. Señor Cullen, por favor, diga sus votos matrimoniales.
Yo había pensado que el día en que me desposara con Bella, habría de ser especial y hacía ese tipo de aclaración, porque honestamente no me sentía capaz de haberme casado con alguien más que no fuese ella. La tomé de la mano y le sonreí, tratando de que con ese gesto ella supiera que me hacía el hombre más feliz del universo.
—Yo, Edward Cullen, te tomo a ti, Bella Swan para amarte y respetarte todos los días de mi existencia. Prometo estar contigo, en las buenas y en las malas, en cada etapa de tu vida e inflamar tus sueños cuando sea necesario. Tendrás mi apoyo incondicional en cada etapa de tu vida porque formaras parte de la mía. Siempre estaré para ti, no importa que pase entre nosotros y te amaré para siempre, por siempre mi amor. Jamás estuve tan feliz hasta que te conocí, el mejor día de mi vida comenzó el día en que te conocí, Bella… Juntos, hasta que la muerte nos separe y después de eso. Te amo.
Pude escuchar como a nuestras espaldas las personas suspiraban, hasta yo me sentía sorprendido, yo no era romántico hasta ella. Y entonces, deslicé el anillo por su dedo corazón y besé su mano.
—Señorita Swan, su turno.
Ella tomó el anillo y me miró a los ojos. Los chocolates más hermosos del universo.
—Yo Bella Swan, te tomo a ti, Edward Cullen para amarte y respetarte todos los días de mi existencia. Estaré contigo para ser tu compañera y confidente, no importa que pase, porque siempre nos volveremos a unir. Eres todo lo que alguna vez quise y más de lo que pensé merecer, siempre estaré contigo, haciendo que nuestro amor sea eterno, duradero, dulce y feliz… Siempre como la primera vez, juntos, hasta que la muerte nos separe y aún después de eso.
Y deslizó el anillo.
—Si hay alguien que se oponga a este matrimonio, que hable ahora o que calle para siempre — Y hubo un silencio sepulcral en el estrado. — Si no hay nada que lo impida, por el poder que me confiere la iglesia, yo los declaro, marido y mujer.
Todos en el lugar se pararon, noté como mis padres se abrazaban, nuestros amigos e incluso los padres de Bella.
—Puede besar a la novia.
La tomé entre mis brazos y besé dulcemente sus delicados labios. Tornee con mi boca la suya, haciendo de esto casi una glorificación del momento, el momento más feliz de nuestra existencia, ella jaló de la solapas de mi camisa, sabía perfectamente que tenía tanta necesidad como yo de estar así, conmigo. Hacía tanto tiempo que no me sentía completamente feliz y satisfecho, era el mejor de los días y sobre todo, siempre había valido la pena.
Como bien sabía o más bien, no nos habíamos percatado, una ova de aplausos reventóa nuestras espaldas mientras todos celebraban nuestra unión. Fue entonce cuando la miré a los ojos y ella sonrió cerca de mi boca.
—Te amo.
—Yo te amo a ti.
—Señoras y señores — Habló el sacerdote — Les presento al señor y la señora Cullen.
Caminamos lentamente por el pasillo. Nuestros padres nos esperaban por el lugar para abrazarnos y cuando menos nos dimos cuenta, todos los demás estaban cerca de nosotros.
—Felicidades, hijo — Felicitó Carlisle. — Espero que seas muy feliz.
—Lo soy papá.
Bella estaba con sus familiares y después una eufórica Alice la abrazó por la cintura.
—Eres una tramposa, mira que casarte así. Aún estoy un poco irritada porque no me dijiste nada.
—¡Alice! No puedo creer que estés aquí. Y todo fue un poco apresurado — Respondió mi esposa.
Mi esposa, que bien se sentía decir eso.
La tomé de la mano, mientras algunos seguían parloteando al fondo.
—Bueno, aquí estoy— Dijo Alice. — Tu marido nos trajo, dijo que quería que estuviésemos aquí el día de su casamiento. ¡Me sorprendí totalmente!
Peter, su esposo no dejaba de reír y yo tampoco pude evitar hacerlo.
—¿No hay problema por tu luna de miel? — Inquirió Bella culpable.
—No te preocupes por ello, Peter y yo hablamos de eso. Lo que importa aquí eres tú — Y se abrazaron.
Después de un rato, subí a un auto junto con mi esposa. Quería tener un momento a solas con ella, por lo que nos despedimos un momento para volver juntos a la recepción.
Ahí, ella me atrapó entre sus brazos o más bien, lo hice yo, no lo supe y comenzamos a besarnos con necesidad.
—Te amo.
—Yo también te amo, Bella… Por fin eres mía.
—Edward… — Se quejó con un dulce puchero. — Siempre he sido tuya, mi amor.
—Pero ahora lo eres oficialmente. Además, Charlie ya no puede separarnos.
—Ni nadie, amor. Nadie puede separarnos.
Yo le acaricié el rostro y ella sonrió.
—¿Qué quieres hacer ahora?, ¿Dónde quieres vivir?
—Solo quiero estar donde tú estés… Nada más que eso me importa.
Yo no pude más que besarle los hombros, el cuello, las mejillas, las manos, y por supuesto los labios…
—Siempre te amaré… Amor de mi vida— Casi juré.
—Y yo a ti, Edward… En las buenas… En las malas… Y en las mejores… — Y su sonrisa provocadora apareció mientras me desabrochaba los pantalones.
—Bella, ¿Qué haces?
—¿Qué hago? — Preguntó mientras mi zipper bajaba de un solo movimiento lo que me provocó un jadeo que defintivamente no pude controlar. — Estoy comenzando mi luna de miel, mi amor.
—No sabes en qué te has metido, Bella…
Y la comencé a desnudar dentro del auto para hacerle el amor como un loco, desquitando aquella semana en que ni siquiera tuvimos el suficiente tiempo de vernos.
La luna de miel… Y otras cuestiones.
—Ah… Edward por favor…. Por favor… —Jadeaba mi mujer mientras besaba sus dulces pechos.
—Dime, nena. ¿Qué quieres? — pregunté al fin cuando despegué mi boca de su piel.
—A ti… A ti… — Gimió.
Sonreí ladino y abrí sus piernas lentamente para poder colocarme y entonces apreté sus labios con mi boca y entré de golpe en su interior haciendo que su espalda se arqueara por mi recibimiento. Me sentí ligeramente culpable por aquella situación ya que sentí que de alguna manera la había lastimado y me detuve.
—¿Estás bien? — pregunté con la frente bañada en sudor.
Ella pidió mi boca y enrolló sus piernas a mis caderas y empezó a moverse por cuenta propia, activando el estado más bestia de mi cuerpo.
—Estoy bien — Murmuró al fin.
Los brazos me temblaban, solo quise estrechar su menudo cuerpo contra el mío y provocar el mayor de los éxtasis. Bella se retorció más pidiéndome que acelerara, era la manera de decirme que ella quería mucho más de lo que estábamos haciendo. Su cabello largo y castaño estaba desatado bajo mis palmas y me encantaba sentirlo así de ese modo, me daba la libertad de hacerla gemir incluso por sus propios medios. Levanté las caderas, era la segunda vez que hacíamos el amor esa noche por lo que ya éramos unos "expertos" en lo de saber que nos gustaba uno acerca del otro.
Mientras subía y bajaba por su exquisito cuerpo no pude evitar apretarle las muñecas y creo que mi preciosa mujer no pudo evitar morderme. Gruñí en cuanto sentí la marca de sus dientes en mi hombro derecho, se sentía excepcionalmente bien y sobre todo placentero.
Me giré sobre mi propia espalda y ella se quedó encima de mí y comenzó a cabalgarme, sus hermosos pechos se veían esplendorosos desde esa fascinante posición.
—Bella… Eres tan hermosa — murmuré tomándolos entre mis manos y succionandolos sutilmente. Ella arqueo la espalda hacia atrás y el movimiento de sus caderas se intensificó, lo maravilloso apenas comenzaba. Me senté y Bella enrolló sus piernas a mis caderas donde sus uñas se clavaron en su espalda.
—Edward… —Gemía sofocadamente.
—Te amo, preciosa. Te amo…
—Te amo — Apenas pudo decir.
La dulce tortura comenzó cuando mi esposa se separó de mi cuerpo lentamente y bajó traviesamente desde mi pecho, mi abdomen y mis caderas. Ahí, hizo un camino hecho de un centenar de besos y como bien me supuse, bajó hasta mi sexo y succionó como si fuera un dulce preferido.
—Oh… — Gruñí — Bella… Detente.
Pero ella no me escuchaba. La tomé de la cara y sensualmente comenzó a mirarme mientras lo hacía. Sus labios rellenos se veían apasionadamente sensuales cuando estaban ocupados y la muy coqueta, me comenzó a mirar mientras lo hacía.
—Para mi amor, por favor — Le supliqué aunque era lo que menos quería.
—Me gusta — Murmuró besando mi intimidad. — Me fascinas.
Y eso me hizo sentir un animal, desató las más bajas, placenteras y trogloditas pasiones y lo único que hice fue tomarla de ambos brazos y llevarla hasta la bases de la cama y mirarla a los ojos fijamente. Mi erección casi dolía por no terminar, por no estar dentro de ella. Con una sonrisa traviesa, me miró a los ojos y se mordió los labios, pasando la lengua como si estuviese manchada de su comida favorita.
—Oh, nena. Te has portado muy traviesa…
Ella rió y me atrapó con las piernas.
—Te amo — Juró.
—Yo también te amo… — Y alcé sus rodillas al aire y entré de golpe en su cálido y delicioso interior.
Ella gimió conmigo, éramos como animales en celo, el hacer el amor era algo meramente terrenal puesto que mi mujer y yo, nos hacíamos uno como los mismos dioses.
Sentí llegar al climax y su hermoso cuerpo también tembló conmigo.
—Bella… Bella… — Alabé su nombre como si fuera mi religión.
—Edward… Te amo… Oh… Te amo cariño…
—¿Mía? — pregunté como sino supiese la maldita respuesta.
Ella jadeo moviéndose debajo de mi cuerpo y le propine una embestida que la hizo temblar.
—Ahhh… Edward... Soy tuya… Tuya…
—Mierda, nena… No pares… — Gruñí como un animal mientras los músculos de mi espalda se ensachaban.
—¡Tuya!
Nos miramos a los ojos y atrapé su cara entre mis manos y ella estalló como volcán en erupción y yo no pude evitar gritar como una bestia cuando me derramé dentro de ella.
Me tumbé encima, evitando que ella cargara mi peso y nos giramos frente a frente, aun sin despegarnos, sin salir de su precioso cuerpo. Ella se acomodó en mi regazó y alzó las piernas encima de las mías, cuando eso ocurrió, sentí como se removía por el ligero pero obvio roce placentero.
—Te amo — Dije murmurando sobre su sonrisa.
—Yo también te amo, mi hombre enmascarado.
—Dijiste que extrañabas a ese sujeto tras el antifaz… — Murmuré un poco celoso. — No le veo lo malo cumplirle una fantasía a mi mujer.
Ella rió quitándome el antifazde color negro.
—Parecías Antonio Banderas* cuando entraste a la habitación. Casi grito ¡Oh mi Dios! El Zorro.
No pude evitar reír y besarle los labios.
—¿De verdad te gustaba cuando te iba a visitar a la casa en París?
—Bueno, la semana pasada estuvimos en Londres y ahora en España y queda muy acorde a la situación… Y es muy placentero que hagas eso por mí — Confesó cariñosa. — Y si, me encantaba.
—Eres una diosa, mujer. Mi diosa del sexo.
—Tuya.
Ella se levantó de la cama y me dejó a la vista su exquisito cuerpo desnudo.
—Eres hermosa, Bella.
Bella movió sus hombros coquetamente, se mordió la boca y me guiñó un ojo.
—Espero jamás perder el encanto, señor Cullen.
—Jamás, señora Cullen — Respondí con las manos en la nuca mientras mi mujer se ponía una bata satinada y bebía una copa de vino. Me ofreció un poco y yo bebí, mejor de sus labios.
Yo me paré enfundandome unos pantalones y después la seguí hasta el balcón. La abracé por la espalda y le besé la mejilla.
—¿Estás feliz?
—Demasiado — Respondió sonriente. — ¿Y tú?
—Como en el mismo cielo.
Y entonces suspiró al viento.
—No quiero volver… Esto es demasiado glorioso como para volver a la realidad.
—Podemos quedarnos si eso prefieres, mi bella flor — y la apreté contra mi cuerpo. — Aún estamos a buen tiempo.
—¿Podemos quedarnos?
—El tiempo que desees.
Y me besó los labios.
—Gracias — Dijo feliz.
Nos sentamos en un sillón de mimbre que ahía había, ella sobre mis piernas, se recostó en mi regazo y cerró los ojos. Después de ese momento de amor físico, nos abrazamos dulcemente y se acercó a mi cuello depositando millares de besos.
—Soy feliz, Edward… Honestamente… Muy feliz.
—Ese es mi único propósito en la vida, señora Cullen.
Y me besó con descontrolada pasión, logrando que mi respiración se agitara y mis dormidas pasiones despertaran.
—Bella… Estás jugando con fuego…
Enredó sus dedos entre mi cabello y sonrió.
—Quiero jugar de nuevo.
Yo sonreí y la tomé entre mis brazos haciéndola chillar de risa.
—Sus deseos son órdenes, señora Cullen.
Y entramos a la habitación para volver a hacer el amor como los dioses.
Había pasado un mes después de la boda y yo seguía realmente fascinado por la burbuja de amor en la que me habían depositado y honestamente no me quería salir de ella. Estabamos en un restaurante español e invité a Bella a bailar una balada. Llevaba un hermoso vestido rojo que combinaba muy bien con su labial y su cabello semirecogido. La balancee entre mis brazos y acerqué su cara a la mía con las manos firmemente pegadas a su cintura.
—¿Cómo se siente, señora Cullen?
—Enamorada, señor Cullen— Respondió feliz.
—Te ves hermosa.
Bella rió y la hice girar.
—Siempre me dices lo mismo.
—Entonces… Siempre estás encantadora.
—Soy un verdadero afortunado.
—Tú eres el premio, Edward — Comentó como si aquello le incomodara un poco y supe que la Bella modesta estaba tras aquella mujer exitosa sobresalía, su escencia estaba intacta y yo amaba eso.
Y la besé sin pudor.
—Siempre te amaré…
—Siempre, amor de mi vida…
Y la música cesó. Bella me miró a los ojos y se mordió los labios como si algo se atorara en su pecho.
—¿Estás bien? — inquirí preocupado.
Ella se sonrojó y bajó su cabeza.
—No me asustes, mujer.
—Tranquilizate, Edward… Estamos bien…
Abrí los ojos y moví la cabeza, estaba desconcertado.
—¿Estamos?
Ella sonrió y me besó los labios.
—Estoy embarazada, Edward… Vamos a ser papás…
La sorpresa me invadió el cuerpo y ahí no pude más que alzarla en brazos. En la pista de baile, la alcé entre mis brazos y todos nos miraron con sorpresa…
—Bella… Mi hermosa Bella…
—Edward… Me estoy mareando — Chilló riendo aun mientras giraba y la deposité en el piso.
Yo comencé a besarla dulcemente.
—Te amo…
—Te amo… — Correspondió.
—¿Hace cuánto que lo sabes?
—Apenas hoy lo confirmé — Dijo apenada. — No sabía porque tenía ese retraso menstrual e hice una prueba.
—Eso explica porque tus hormonas estaban desatadas — Comenté alzando una ceja, como si todo encajara y en verdad así era.
Y ella rió.
—Sí, eso creo — Explicó sonrojada.
—Esme se pondrá feliz y Renée. ¿Imaginas a Carlisle?
—¿Imaginas a Charlie? — Preguntó sonriente. — Se volverá loco.
—¿Tu padre quería ser abuelo joven? — Inquirí abrazándola y la deliciosa música de su risa fluyó en el lugar junto con la canción de nuestro primer vals, la misma del día de nuestra boda y comenzamos a bailar de nuevo.
—Edward… Estoy bien — Refunfuñó mientras le acomodaba el cojin de su espalda.
—Carlisle dijo que debías mantenerte cómoda para que el embarazo se desarrollara bien.
Bella cruzó los brazos como niña pequeña y después acomodó su hermoso cuerpo con 4 meses de embarazo en el sillón del balcón.
—¿Crees que les guste París? — Pregunté rascándome la cabeza y sentándome a su lado.
—Bueno, dicen que los niños vienen de París — rió. — Así que… Es posible.
—¿Crees que me amarán los gemelos?
Ella besó mis labios y se acomodó mejor, me tomó de las manos para que me sentara más cerca y solo porque no quería llevarle la contraria, lo hice.
—Ellos te amarán como yo, mi amor.
—¿Te gusta la casa?
—Siempre me gusto, cariño. Desde el primer día que entré aquí.
Sonreí. Tras nuestra luna de miel, volvimos a París con nuestros padres para darles la noticia, además de que estaba ansioso de que mi papá revisara el progreso del embarazo. Esme lloró de la alegría y los gritos de felicidad por parte de la familia Black podían, sin exagerar, atravesar todo el océano después de la llamada que les hicimos. Redecoramos la casa que habíamos rentado para vivir cuando ella había llegado, puesto que era mía y ahora de Bella y decidimos que sería el lugar perfecto para comenzar nuestra familia. Además me sentía feliz de que mi mujer no pusiera una rabieta tras decirle que transportara la gerencia de su empresa hasta Francia, no quería dejarla sola en New York, pero si ella era testaruda, yo era peor. Por lo que al final, ella cedió.
—¿Y qué quieres hacer?
—Por ahora, los geme y yo solo queremos descansar contigo.
Sonreí y besé su cabello y acaricié su barriga. El dulce olor de fresas con vainilla seguía intacto en su fresca piel.
—Te amo… — Suspiró cerca de mi boca.
Y así nos quedamos juntos, cerca de la torre Eiffel, abrazados mientras mirábamos el ocaso y los pequeños Cullen se removían en el vientre mi esposa. Ella sonrió colocando mi mano en su barriga y yo la besé.
—Y yo te amo, Bella de mi corazón… Y te amo más por darme esta maravillosa familia que nos espera— Dije acariciándole el vientre y acurrucándola a mi lado.
Ella me miró sonrojada cuando de la nada, escuchamos voces abajo.
—¿Esperabamos visitas? —Pregunta Bella.
—No que yo sepa— Le besé la mano y le sonreí.
Bajé hacia la sala principal, puesto que no teníamos empleados excepto para los quehaceres pesados de la casa. Cuando me dispuse a abrir la puerta, 4 personas estaban instaladas en el umbral de la casa, con un montón de regalos en las manos, pastel y en apariencia mucha comida.
—¡Sorpresa! — Gritaron las dos mujeres, mi madre y Renée.
—Vaya — Dije sorprendido. —Qué sorpresa que estén aquí. Pasen por favor — Los invité.
Charlie y Carlisle venían cargados en más bolsas por lo que me fue necesario ayudarlos un poco.
—Vaya — Comentó mi suegra. — Tu casa es muy bonita.
—Gracias — Respondí. — Bella y yo la reedecoramos.
—Es muy espaciosa para los niños — Dijo mi madre. — Y el jardín es hermoso.
Y de repente una dulce voz me llama.
—¿Edward?
—Es Bella— Expliqué. — Se quedó arriba esperándome. Entremos. Ya voy, amor — Grité para anunciarle.
Mis padres y los Black subieron detrás de mí, las escaleras de estilo caracol blancas se hacíann largas para llegar hasta ella y tan pronto como subimos todos, su hermosa cara se iluminó de la felicidad.
—¡SORPRESA! — Gritaron en unísono.
—Oh, no puedo creer que estén aquí — Dijo parándose y casi corriendo a abrazarlos a todos.
Mi cara es de evidente preocupación, sin embargo, no quería darle drama al asunto porque sabía que ella estaba en perfectas condiciones.
—Hija, estás hermosa — Sollozó Renée.
—Gracias mamá.
—Mira a esos peques, te ves muy linda, hija — Se enorgulleció Charlie.
Mis padres abrazaron a mi esposa y después le entregaron muchos regalos para ella, como para los bebés. Después de un rato, nos instalamos en el comedor y comenzamos a platicar. Mis padres habían explicado que les habían propuesto a los padres de mi mujer, que querían darnos una sorpresa, ya que ella no podía viajar más por avión. También explicaron que el bebé de Rosalie y Emmet ya había nacido. Había sido un varón al cual habían llamado Emmet Nicholas MacCarty y que estaba enorme, justo como su padre. El bebé de Jacob y Laía aún no nacía, ellos estaban en Londres pasando un tiempo de espera del alumbramiento, ya que Laía estaba en la última semana de su embarazo.
—La familia se está expandiendo — Comentó Charlie bebiendo jugo de frutas.
—Ya lo creo — Respondió Carlisle. — Es gratificante saber que habrá niños en el hogar.
Todos reímos y la madre de Bella intervino.
—¿Y cómo se enteraron de los geme?
—Bueno — Comentó Bella sobándose el vientre. — Edward y yo lo hablamos cuando estuvimos en España, de hecho, ahí fue donde le dije que íbamos a hacer papás.
Yo sonreí pícaramente, puesto que después de ese día, habíamos hecho el amor incontrolablemente en cualquier lugar del hotel, de la casa e inclusive, el avión.
—Entonces — Continuó mi esposa — decidimos volver a París para que "el bebé" — Dijo con una sonrisa y comillas al aire — creciera en un ambiente tranquilo. Al cabo de un siguiente mes, quisimos comprobar que todo estuviese completamente perfecto y aunque Edward quería que Carlisle me revisara primero, decidimos consultarlo antes puesto que no queríamos que todo fuese una falsa alarma. Por lo que fuimos ir con el ginecólogo y nos dijo que había dos bebés en mi vientre — Y comenzó a reír de alegría. — Fue hermosamente perfecto.
Yo estaba tan conmovido que lo único que pude fue besarla en la frente.
Y era cierto, fue hermosamente perfecto saber que la vida nos bendecía, no solo una, sino dos veces al mismo tiempo. Tras todo lo que habíamos vivido, no había nada mejor que esto.
Llegamos con el ginecólogo, me sentía ansioso. Quería comprobar que la salud de los dos amores de mi vida estuviese perfecta.
—Edward… ¿De verdad quieres hacer esto?
—Necesito saber que estamos bien.
—Eres un preocupón, mi amor — Dijo sonriendo.
La secretaria encargada se alzó y se acercó a nosotros.
—Señora Cullen, el doctor Fillberth está esperándola.
—Ok — Dijo ella tomándome de la mano.
—Está bien, mi amor. Pasemos— la animé.
En el lugar, había una camilla y muchos aparatos dignos de estremecimientos por miedo. No quería ponerla nerviosa a ella, por lo que me armé de valor… Así que la tomé de la mano y ella se quedó en el umbral.
—Señora Cullen, pase por favor — La invitó el doctor. — Señor Cullen — Saludo — pase también por favor.
—Gracias — Dijimos al mismo tiempo.
El doctor Fillberth era un hombre de edad avanzada, amplios bigotes y uno de los mejores de la Francia. Él, se comenzó a preparar y le pidió a mi mujer que se cambiara de ropa y se recostara en la camilla. Bella me pidió que me quedase junto a ella en todo momento y le tomé la mano. Sentí su estremecimiento al ponerle el gel frío sobre su vientre y entonces, el doctor comenzó.
—Aquí vamos.
Honestamente, yo no era bueno para esa clase de cosas pero mientras tomaba la mano de Bella, sentía la seguridad de que todos estaríamos perfectamente bien.
—Bien señora Cullen, usted tiene aproximadamente 8 semanas de embarazo y todo se muestra perfectamente — Y de la nada se detuvo. — ¿Pero qué tenemos aquí?
Ella y yo nos tensamos.
—¿Edward? ¿Qué ocurre? — Preguntó ella nerviosa.
— Tranquila, mi amor… Todo está bien — Dije tratando de darle mi total apoyo. — ¿Verdad doctor?
El ginecólogo seguía bastante concentrado y después una sonrisa se instaló en su rostro.
—Todo está perfectamente, señora Cullen… Sus gemelos están en perfectas condiciones.
—¿¡GEMELOS!? — Casi gritamos estupefactos.
—Felicidades señores Cullen, tendrán dos perfectos bebés que se desarrollan normalmente.
Las lágrimas de Bella no podían ser más que de felicidad y me besó dulcemente los labios.
—Te amo, Edward…
—Te amo, mi amor… Te amo.
—Vaya, eso debió ser un susto — Dijo mi madre. — El doctor debió decirles que ocurría.
—Bueno — Comenté yo — al final supimos que fue lo ejor de nuestra existencia.
—Pues no hay más qué hacer, ¡celebremos!
Y todos los presentes comenzamos a festejar su visita.
Los meses consecutivos fueron maravillosos en todo aspecto. Por mi parte estaba realmente asombrado de cómo mi esposa se veía incluso más hermosa de lo que recordaba y sobre todo, sabía que el sexo era incluso más maravilloso ya que sus hormonas estaban insaciables. Yo disfrutaba de asaltos en la cocina, en la sala, la ducha, la recámara principal, el balcón e incluso en el pasillo que daba hacia la habitación de los gemelos.
—Debí embarazarte hace mucho tiempo — Dije riendo mientras ella descansaba a mi lado.
—Eres un pervertido — Se bufó con la mano apoyada en mi cintura.
—Tu perevertido — Expliqué.
—Mío — Y me besó los labios.
Me sonreí y me quedé quieto un momento.
—¿Has pensado en los nombres?
—¿Nombres? — Repitió ella.
—Ya sabes, para los bebés…
—No realmente, mi amor… ¿A ti te gusta uno?
Yo sonreí.
—Si hay una niña, quiero que se Marie… Marie Anne Cullen.
—Marie — Repitió mi mujer fascinada. — Es como yo. Me gusta — Dijo feliz — ¿Y si hay un niño?
—¿Cómo te gustaría a ti? — Le pregunté.
Bella dudó un segundo y después suspiró.
—Quiero que se llame Anthony James Cullen…
—¿De verdad quieres que lleve mi nombre?
—Por supuesto, mi amor…
—¿Y si son un par? — Inquirí medio preocupado.
—Si son un par de niñas tú elegirás el segundo y yo si son niños.
Ella estaba ilusionada y yo más que feliz.
—De acuerdo, señora Cullen… ¿Y sabe algo?
—¿Qué, mi amor?
—La amo con locura.
—Y yo a usted, señor Cullen.
Nos quedamos abrazados y besándonos un rato, ahí durante un pequeño silencio y entonces, el maldito celular rompió el momento de paz de nuestra burbuja. A regañadientes contesté aunque honestamente no me sentía del todo bien hacerlo porque era un momento en el que estaba con mi esposa.
—Deberías contestar, mi amor. Puede ser algo importante.
—Bella, ahora estoy contigo. Casi vivo en la oficina y quiero recuperar el tiempo entre los dos.
—Cariño — Dijo acariciando mi rostro — estoy aquí contigo. ¿Quieres que baje por un poco de té y emparedados?
Y ella se separó para ponerse una bata satinada y mostrando su redonda barriga de 7 meses.
—¿Se te antoja eso? — Pregunté sonriendo.
Ella asintió mordiéndose la boca y se ató el lazo de la misma.
—De acuerdo, hermosa. Hazlo pero sé cuidadosa.
—Estaré bien sargento Cullen — Dijo frunciendo el ceño de forma graciosa y haciendo un saludo militar.
Yo no pude evitar reír y entonces contesté cuando ella ya se había marchado.
—Aquí Cullen — Respondí.
—Señor, soy Bridget — Dijo la nueva secretaria de reemplazo que cubría a Alice por su incapacidad maternal. —Lo llamaron desde Abu Dabhi. La directora de la empresa Isaid, dijo que…
—Bridget, estoy con mi esposa. ¿Podemos discutir esto después?
—Perdóneme, señor. No creí ser tan impertinente.
—No te preocupes, pero de ahora en adelante cualquier cosa de la oficina me lo haces saber allá.
—Claro, señor Cullen.
—¿Hay algo más?
—Emmm, sí. Llamaron desde un número desconocido y preguntaron si era su empresa. Yo les respondí que si y en seguida colgaron.
—¿Número desconocido?
—Sí, señor. EL mismo que ha estado insistiendo.
Suspiré molesto. Hacía algunos meses que la hacían la misma maldita llamada y no duraba lo suficiente como para rastrearla, pronto mis agentes — los cuales ponían nerviosa a mi mujer y que no permití tenerlos cerca para su tranquilidad— dieron por hecho que no se trataba más que de un estúpido bromista.
—No le des importancia, Bridget. Quizás solo son paparazzis que quieren saber del embarazo de mi esposa. No pases llamadas que no importen y mantenme al tanto solo cuando esté allá.
—Entendido, señor. Que tenga un buen día. — Y colgué.
Saber que le atraía a mi secrectaria de reemplazo, no era nada nuevo e incluso Bella lo sabí embargo, mi esposa y yo habíamos hablado de aquello con anterioridad y le había explicado que no tenía nada que preocuparse, y era la verdad, porque nadie más que mi mujer me interesaba. Me enfundé los pantalones más cercanos que tenía y pensé en bajar a la cocina para vigilar como estaba mi esposa, no sin antes darme una buena ducha. Me metí al baño y abrí el agua templada. Me sentía cómodamente bajo el agua que me quedé en la regadera mientras cerraba los ojos.
Yo Edward Cullen, era un hombre completamente afortunado. Mi familia y mi empresa seguían manteniendo un enorme equilibrio aunque la balanza se iba siempre hacia el lado de Bella. Nuestros sueños se estaban cumpliendo desde el inicio y las ilusiones comenzaron a crecer en cuanto nos dedicamos a redecorar el cuarto de los bebés en luego de las consecutivas ecografías.
Los geme estaban siendo mucho más inquietos de lo que alguna vez pensamos. Podía quedarme toda la noche sintiendo los movimientos del vientre de mi esposa y yo estaría completamente emocionado con ello. No queríamos averiguar que sexo era cada uno, sabíamos que lo averiguaríamos al final y como siempre, las sorpresas nos encantaban. Yo estaba completamente enamorado y feliz con Bella, nunca me cansaría de estar con ella.
—Debo decirle más cuanto la amo — Dije para mi mismo y sonreí.
Pero en ese minúsculo momento de paz, todo se rompió. El grito desgarrador de mi mujer me hizo abrir los ojos de golpe y como pude, me enfundé los desgraciados pantalones que tenía al lado y cerré la llave tan rápido que ni siquiera me percaté si lo había logrado o no. En mi carrera de tiempo, resbalé por el vitropiso húmedo y golpee fuertemente mi pierna izquierda haciéndome sangrar y rompiéndome parte de la ceja. No me importó el dolor, así que continue cojeando hasta la salida.
—¡BELLA! — Grité desesperado.
Un estruendoso ruidoso de vajillas partidas al piso se escucharon y yo resbalé en el piso por la desesperación.
—¡BELLA! — Grité de nuevo.
—¡NO! — Clamó ella desde algún punto de la cocina.
Bajé las escaleras tan rápido como pude aun con la pierna lastimada y los malditos escalones me parecieron malditamente demasiados para aquella situación. Sentía el latir de mi corazón al cien por ciento, mi mujer estaba en peligro algo me lo decía. Temía tanto por ella, que no me importó atravesar casi la maldita pared para estar con ella.
—¡NO! — Exclamó de nuevo.
—¡Sí! — Reclamó alguien, una voz desconocida pero extrañamente familiar y entonces, cuando llegué hasta la pieza, mi cuerpo se petrificó.
Adam Hunter estaba con mi esposa entre sus brazos, tratando de forcejearla mientras en su espalda, mantenía firmemente un arma de fuego.
—¡SUELTALA! — Grité tomándolo de la camisa y alejándola de ella.
El sujeto estaba enloquecido. Su mirada estaba perdida con una media sonrisa de histeria en los labios y se veía descuidado en cualquier aspecto. Me acerqué a Bella para cubrirla con mi cuerpo, mi pierna aún sangraba y la cabeza me latía por la adrenalina mientras mi esposa temblaba de miedo a mi espalda.
—¡Tú! — Me gritó como si fuese un fastidio mi presencia. — Siempre estás fastidiándome la vida.
—¿Cómo llegaste aquí, Adam? — Pregunté tratando de tranquilizar mi respiración.
Él comenzó a dar pequeñas vueltas sobre su propio lugar como desquiciado y después tapó su boca con la mano.
—Bella… — Comentó ignorándome al completo. — Sabes que todavía te amo, aunque estés preñada de esos bastardos. Ven conmigo, seremos muy felices.
—Hijo de puta — Gruñó ella con lágrimas. — ¡No iré a ningún lado contigo!
—¡ERES MÍA! — Gritó sacando el arma de la pretina de su cinturón y apuntándome al pecho. —¿Quieres que este perro hijo de puta muera?
—Baja el arma, Adam — Hablé tratando de tranquilizarlo.
—Bajaré la puta arma cuando ella esté de mi lado — Y entonces miró a mi esposa con lágrimas. —Yo te amaré aunque esos niños no sean míos, Bella… Los querré también. Por favor, ven conmigo… Yo… Yo… Vine hasta aquí por ti.
Mi mujer no decía nada, pero su mano estaba completamente sujeta a la mía.
—Por favor, Adam — Respondió al fin — déjanos en paz. Déjame ser feliz.
Él hombre comenzó a negar con la cabeza y a apuntarse en la sien.
—¿Te das cuenta de lo que me pides, mi amor? — Pregunté Hunter mientras yo protegía a Bella aún más con mi cuerpo y me sentía malditamente arrepentido por no tener guardaespaldas conmigo.
—Baja el arma, Adam.
—¡NO! — Y me apuntó de nuevo. — ¿Tienes idea de lo que sentí cuando me enteré que se habían casado? — Y las lágrimas lo traicionaron. — Solo habría huido con Bella y la habría sacado del país para ser felices juntos en alguna parte del mundo y ahora quiero matarte. ¡QUIERO MATARTE CULLEN!
—Te amo— Le susurré a mi mujer con una media sonrisa y su ceño triste parecía confundido.
—¿Qué?
Me solté de su mano y me abalancé sobre Adam para quitarle el arma. Aunque la pierna me dolía como un demonio, pude tumbarlo y forcejeamos.
—¡Edward! — Gritó mi mujer aterrorizada.
—¡Déjame en paz, hijo de perra! — Me fulminó Adam e hizo un movimiento rápido colocando el arma cerca de mi cuerpo.
Tenía que luchar, por mi esposa y mis preciosos bebés. Ellos eran lo más importante de mi vida, si algo ocurría para mí, lo más preferible y seguro era que me enterraron junto a ellos. Si mi vida servía de sacrificio por la de ellos, gustoso la pagaría y entonces, el dolor se instaló en algún punto de mi cuerpo que no pude detectar y el casquillo de una bala cayó al suelo.
—¡No! — Escuché a Bella mientra su voz se desgarraba mientras cubría su boca y eso me hizo tomar fuerzas desde algún punto, que golpee a Adam con todas mis fuerzas y lo derribé.
El cuerpo inconsciente de Adam Hunter cayó a mi costado y mi mujer de rodillas lloraba cerca de mí.
—¡Edward! — Gritó Bella. — ¿Estás bien?
Yo asentí. Quería hablarle y decirle que todo estaba perfectamente bien pero el dolor me impedía hacerlo, un dolor tan intenso que se ahogaba justamente debajo de mi estómago desnudo. Ella palpó la herida y las lágrimas calleron.
—Llamaré por ayuda — Dijo ella corriendo.
Una parte de mí, quería seguir sujetándole la mano, decirle que no quería que se apartara de mi lado y que solo quisiera ver su hermoso rostro. Mis ojos comenzaron a pesar demasiado, me sentía fastidiosamente rendido y los párpados se me comezaron a cerrar.
¿Así que todo acaba en ese instante? ¿Qué iba a pasar con los geme? ¿Qué pasaría con mi mujer? Y mis padres… Esme especialmente… ¿Cuidarían de Bella? Mis manos se sentían pesadas, los minutos pasaron hasta que me percaté de que el sonido de varias sirenas inundó la casa. La voz preocupada de Bella llenaba mis oídos. ¿Tan mal me veía? Y entonces cerré mis ojos y mi cuerpo se elevó sobre una especie de tela.
—Llevénselo a la comisaría — Dijo la voz grave de un hombre. — Al señor Cullen llévenlo al hospital.
—¿Él estará bien? — Bella se escuchaba realmente mal. —¡Ahh! Dios — Y de la nada, ella quejó.
—¡Señora Cullen!
Sí, estoy bien, quise decirle. No te preocupes mi amor, estaré bien. Pero ¿Qué tienes preciosa? ¿Te pasó algo malo? ¡Alguien que me diga qué le ocurre a mi mujer! Pero mi voz no salía de mi boca. Entonces sentí el movimiento dentro de un auto o una camioneta fría y un dolor punzante de una aguja en mi mano izquiera. También sentí la dificultad que tenía para respirar pero gracias al cielo, alguien me ayudó. Aún me sentía ansioso. Yo quería saber qué pasaba, más mis ojos estaban ya cerrados. Me quería levantar de la maldita cama como diese lugar, sabía que mi lugar estaba junto a Bella, ella y los bebés eran lo que realmente me importaban. Cuando menos me di cuenta, el barullo de demás gente se escuchaba. Al parecer, me bajaron de la camioneta o la ambulancia donde venía porque sentía el desliz de las llantas de la camilla donde me transportaban. También sentí frío, no sabía si era por el dichoso "frío de la muerte" o porque el lugar estaba climatizado, pero tuve miedo.
—Su pulso cardiaco está disminuyendo— Anunció alguien.
—Llevenlo a quirófano de emergencia, de inmediato — Ordenó otro que tampoco reconocí. — ¿Qué le pasó?
—Herida de bala en el abdomen— Respondió una mujer joven. — Al parecer un maniaco se metió a su casa y este hombre defendió a su mujer embarazada.
¡Que alguien me diga cómo está Bella!
—¿Será la misma que también llegó al hospital?
¿Hospital? ¿Mi esposa está en el hospital? ¡Carlisle, cuida a Bella!
—Administren sedante, la cirugía de emergencia comenzará.
Sentí como un líquido frío me inundaba las venas y entonces, sentí aun más cansancio de lo que pude imaginar. Mi cuerpo ya no sentía nada, solo una inmesna pesadez de la cual no pude más que resignarme a caer. Mis pensamientos se centraron en la voz de mi mujer, del dulce amor de mi vida… Su rostro hermoso, el primer día en que nos vimos, cuando la tuve entre mis brazos y la primera vez que hicimos el amor. Un sinfín de palabras suyas me vino al pensamiento en ese instante, aunque sabía que no era del todo consciente de mi propio estado.
—"Te amo, Edward" — Su voz era tan dulce que parecía que ella estaba ahí. —"Los geme te amarán tanto como yo, mi amor". "No puedo vivir sin ti, cariño. Siempre serás la mitad de mi ser" — Ella es tan dulce que me muero si ella llora por mi culpa. —"Jamás te alejes de mi lado, Edward." — No quiero alejarme de tu lado, Bella. Eres todo lo que soy, lo que amo y tengo. —"Si quiero casarme contigo" — ¿Recuerdas esa hermosa respuesta? —"Deberíamos perdernos, solo tú y yo", "Ojala mis hijos se parezcan a ti, mi amor. Amaría esta vida tres veces más de lo que ya la amo." — Y yo te amaría tres veces más, mi Bella. —"¿Ves a nuestros niños, Edward? Ya falta poco para que nazcan". — "Bésame", "Hasta que la muerte nos separe y aún después de eso".
—El pulso está inestable — Gritó alguien.
—Doctor, está perdiendo mucha sangre.
—Preparen el desfribador.
Te amo, Bella. Te amo y siempre te amaré.
Y algo, quizás su recuerdo… Me ató de nuevo a la vida…
—Está volviendo, doctor. Lo recuperamos.
—Comiencen a suturar — Y un hombre de voz pesada comentó muy cerca de mi oído — que suerte tiene, señor Cullen o usted tiene muchas ganas de vivir, se ha salvado.
—Edward… — Me llamó una voz dulce. — Edward… Despierta.
Traté de abrir los ojos lentamente pero me fue muy difícil al principio. Mis pupilas absorbieron la luz de golpe y yo parpadee enérgicamente repetidas veces. Una figura borrosa estaba sentada al costado de mi cama y tenía los brazos ocupados. Traté de moverme pero el dolor de mi herida me dolía tanto y me dificultaba la respiración. Apuñé mi vista por un segundo, mientras trataba de no marearme seguro por la maldita anestecia.
—¿Te sientes bien?
—Yo…
—¿Quieres que llame a un doctor?
Cuando menos me di cuenta, mi vista se enfocó al completo. Ahí estaba ella, sonriente, hermosa y cargaba a dos pequeños entre sus brazos. Miré mi piernas vendada y sentí un parche en la ceja que me había roto. Me sonrió maravillada, como si estuviese viendo el sol por vez primera en su vida y yo le correspondí.
—Hola — Me saludó.
—Bella… ¿Estás…?
—Lo estoy mi amor… Lo estoy… Pero hay unas lindas personitas que desean conocerte…
De nuevo parpadee asombrado, mi esposa había dado a luz ya.
—¿Nuestros bebés…?
Mi esposa asintió ligeramente.
—Pero… ¿Cuándo?
—Cuando te internaron en el hospital mi amor. Tenías además un esguince de segundo grado en la pierna también. Y bueno, el parto se aceleró y di a luz. Pero no hablemos de eso ahora, mejor conoce a tus bebés, te han extrañado mucho.
Ella se acercó lentamente y se sentó a mi lado. Me colocó primero a un bebé en mi regazo.
—Él es tu hijo… — Dijo con orgullo… — Nuestro Anthony.
La cara de un ángel dormida estaba entre la sábana blanca. Tenía la piel blanca y pequeñas motas de cabello castaño como el de Bella, chupaba su dedo dormido y de la nada bostezó haciendo una perfecta 'O' en sus pequeñas y rosadas mejillas.
—Y ella es tu nena, Edward… Nuestra Anne…
La misma cara de ángel estaba ahí, solo que con un toque más femenino. Sus largas pestañas descansaban perezosamente y sus mejillas y labios rosados se veían como dos pequeños pétalos de rosa en su linda y redonda carita. Su cabello era castaño también y entonces, mi hermosa niña, me sonrió…
—Hola, mis bebés…— Saludé sin importarme el maldito dolor. Los besé en la frente y sonreí. — Son perfectos, Bella… Son iguales a ti.
Mi hermosa mujer me besó los labios y apoyó su frente con la mía.
—Pensé que te había perdido, mi amor — Y las lágrimas cayeron.
—Shhh… Shhh. Tranquila, mi bella flor. Yo jamás te dejaría.
—¿Lo prometes? — Preguntó con nostalgia.
—Lo juro, mi amor… Anne, Anthony y tú… Es la razón de mí existir, Bella.
—Te amo, no puedo vivir sin ti Edward…
—Ni yo, mi amor… Y ahora, después de todo lo que ocurrió… Adam tendrá que pasar el resto de sus malditos días en la cárcel y jamás nadie podrá dañarnos.
—Ya no hablemos más de eso, por favor… — Me pidió. — Ahora seamos felices…
Y los pequeños bebés se removieron entre mis brazos, pidiéndome el calor.
—Seremos felices, Bella… Lo seremos.
Y nos besamos de nuevo, entregándonos el amor y la necesidad que sentíamos el uno por el otro.
Dos meses después.
—Por fin se durmieron los niños — Dije entrando a la habitación mientras Bella colgaba el teléfono. — No sé que haré el día en que puedan caminar.
—Tranquilo, mi amor… Aun falta un poco para eso. Por cierto, llamó Esme. Quiere que les dejemos a los geme el fin de semana.
Yo me senté a su lado, la herida de mi abdomen estaba mucho mejor.
—¿Y le preguntaste si estaba en sus cinco sentidos?
Ella golpeó mi brazo juguetonamente y rió.
—Tus niños son unos angelitos de ojos verdes — Me regañó.
—Lo sé, Bella… Son perfectos… Como tú. Es solo que no quiero perturbar a mi padre cuando esté en el trabajo. Ya sabes que el bebé de Emmet y Rose visita la casa y la pequeña Lily de Alice y Pete también, son demasiado bebés…
—Tu madre está fascinada y Carlisle también— Respondió ella sobándome los hombros. — Además… No solo ellos irán… Jake y Laia traerán a la pequeña Susan de visita junto con mis padres este fin de semana también.
—Vaya, reunión familiar.
—Mmm no preciosamente — Dijo Bella besándome los labios de manera provocadora. — Nosotros no nos uniremos…
Me comenzó a desnudar de los pantalones y yo solo no pude resistirme.
—La señora Cullen está deseosa está noche — Comenté entre besos.
—La señora Cullen tiene necesidades también — Respondió mientras yo le quitaba la blusa y el sostén.
—Pues no hay que permitir que esas necesidades no se cumplan — Y la tumbé sobre la cama.
Comencé a besarle los pechos, jalé de ellos con la boca mientras Bella se retorcía de placer. Con mi mano derecha, le comencé a quitar los pantalones y la desnudé tan rápido como pude, no podía creer que hacerle eso a mi mujer me hiciera sentir completamente excitado.
Sin preámbulos, me desnudé al completo y abrí sus hermosas piernas para poscionarme sobre ella. Le besé los labios y se los remojé con la lengua una y otra vez mientras acariciaba sus pechos.
—Te amo…
—Te amo — Respondió y entonces, entré de golpe en su interior.
Bella jadeó mientras la colmaba ahora de manera lenta. No quería lastimarla así que me tomé toda la delicadeza de entrar en su interior con lentitud, saliendo y entrando en repetidas ocasiones. Sus ojos chocolates se iluminaban en cada movimiento, su mirada se clavó en la mía y se mordió los labios mientras me enterraba en su sexo. Ella asintió como si me estuviese dando un permiso y las embestidas duras comenzaron.
Su piel olía a fresas y vainilla mientras sudaba bajo mis palmas. Mi cuerpo como una bestia se clavaba en su interior, teniendo la necesidad de alzarle las piernas para enterrarme más en su bendito cuerpo de diosa. Jugué con mi lengua sobre sus hermosos pechos, hermosos y bendecidos por la maravillosa maternidad.
—Arggg Bella… Eres perfecta…
—Mmm… Más mi amor… Te amo…
La tomé de las manos y apreté mi frente contra la suya.
—Te amo, Bella… Te amo… Hermosa, eres mi vida.
—Edward te amo, te amo… — Jadeó.
—Vente conmigo, Bella... — Le pedí al borde el climax mientras me mordía los labios y la embestia duramente.
—¡Ahh! — Respiró cerca de mi oído.
Y sentí como mi sexo se sacudió dentro de ella, yo dándole un bombardeo de orgasmos y placer y ella dándomelos a mí. La apreté contra mi cuerpo, adentrándome más en ella sin dejar de moverme y dándole mi alma en ese segundo, multiplicando las sensaciones y gruñendo como animal, gritando nuestros nombres.
Nos besamos intensamente, hasta que no pudimos más y las sensaciones nos arrasaron. La apreté contra mi pecho y ella sonrió.
—Te amo, Edward…
—Jet' aime mon amour… — Susurré con ella recargada y enredada entre mis piernas y brazos. —Siempre te he amado…
—Y yo a a ti… Por siempre tú y yo — Comentó acariciando mi pecho.
—Por siempre — Juré besándole los labios y sellando esa bendita promesa, que duraría más que nuestras propias vidas y que definitivamente saciaba nuestra sed de amor…
Fin.
*Antonio Banderas es un actor español que interpretó las películas de "El zorro", "El pistolero" y "Érase una vez en México", con Salma Hayek, en las tres películas y en la primera, usaba antifaz.
ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO, ESTO ES TODO POR HOY DE ESTA HISTORIA.
GRACIAS POR EL APOYO, LAS AMO Y ADORO.
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