Hola, mis pequeños y adorables cupcakes :)
Como lo prometido es más que deuda, tengo que pagar justo como se debe, y eso es trayendo el segundo capitulo de mi pequeño relato. Esta vez se trata de una participación en el Reto #49: "Celebrando 50,000 post" del foro Alas Negras, Palabras Negras. Yo escogí la categoría de cita literaria y me tocó una que caía perfecto con el bueno de Kevan, así que disfruten.
Nada me pertenece, el mundo y los personajes son propiedad de George R. R. Martin y la cita literaria de la Ilíada, escrita por Homero.
II
...
Son los cobardes los únicos que en la refriega retroceden. El valiente, por el contrario, lucha a pie firme, ya hiera o ya sea herido
...
Genna parecía tomárselo mejor que él, paseaba por Puerto Noble y todo Pyke con la seguridad de cualquier otra mujer del lugar, y no se apuraba en nada para intervenir cuando le daba la gana en las sesiones que Aeron Greyjoy sostenía con su pueblo. Kevan por su parte, inquieto y bastante preocupado, sentía que su estancia en la isla no servía de nada. Estaba necesitado de noticias sobre la guerra contra los Nueve, por derecho debería haberse encontrado al lado de su hermano en la batalla, no esperando el regreso de un hombre del hierro para que desposara a Genna.
—No te preocupes, hermanito. —El cercano decimoquinto día del nombre se hacía notar en toda la anatomía de su hermana, era un capullo de flor a punto de abrirse—. Este lugar puede ser muy interesante si no te sigues agobiando.
—¿Interesante? ¿Cómo vas a pensar tú en las cosas interesantes de este lugar cuando no puedes asegurar que seguirás aquí? ¿O al menos cómo es que puedes olvidarte que Tywin se encuentra en la guerra?
—No es el fin del mundo, Kevan, todos los hombres van alguna vez a la guerra, es tan inevitable como el cambio de estaciones.
La sonrisa de su hermana debilitó de a poco el mal humor que llevó durante los dos últimos meses. Era verdad que Tywin estaba presentado batalla, pero desde su posición no podía hacer nada, ni siquiera ir hasta Roca Casterly por noticias. Debía tomarse todo de la mejor manera posible y aprovechar el tiempo, a ver si le sacaba buen partido de su situación.
—Sí, ya sé que soy la última de tus hermanos con quien desearías quedar varado en una isla, pero aprovecha que la isla no está desierta. Hay gente que podría ser de provecho aquí y Lord Quellon antes de irse rodeó a su hijo de señores muy capaces; para ser piratas y saqueadores, claro.
—Está bien, Genna. —En su repertorio de frases caducan todas las que tienen que ver con ser malo con una chica no le ayudaban, pues lo que buscaba su hermana no era más que huir de una penosa situación—. No es tan malo que seas mi hermana y tenga que cuidarte mientras defines tu situación; y sí, puede que siga tu consejo. ¿Contenta?
—Cómo si hubieses dicho que no debo escoger entre un calamar y el hijo de un bufón.
Sí, él podía sentirse desanimado en todo aspecto, pero podía dar gracias a que no se encontraba en la posición de su hermana. Destinada a casarse con uno de los hijos de Walder Frey (Kevan había olvidado su nombre nada más escucharlo), la única solución que pudo ofrecerle su hermano Tywin, era el casarse antes con otro señor, en este caso Balon Greyjoy.
Todos estaban participando en la guerra, ella debía permanecer en las Islas del Hierro hasta que regresaran y el heredero del Señor de Pyke aceptara su peso en oro y las dos galeras que venían junto a Genna. Lo malo era que Kevan estaba con ella, y como encargado de su protección no podía dejarla sola sin la certeza de que el matrimonio iba a llevarse a cabo.
«Al menos ella ha hecho más que solo lamentarse desde que llegó aquí. Tal vez su consejo sea apropiado».
Comenzó por sociabilizar con los pocos hombres que se habían quedado atrás durante la guerra, entre ellos Rodrik Harlaw, quien le contó acerca del compromiso entre su hermana y Balon, el heredero de Lord Quellon, situación que hizo temer a Kevan sobre por el destino final de Genna. Si el chico ya se había comprometido, era muy probable que Genna fuese nuevamente designada a un segundo hijo. «Al menos esta vez será el segundo hijo de una Casa Mayor».
Por fin llegaron noticias verídicas acerca de la guerra. El bando ponienti ya aseguraba buena parte de los Peldaños de Piedra y el enemigo estaba pronto a ser derrotado.
El buen auspicio de la carta llegada desde la Ciudadela le cambió el semblante y le permitió un respiro, así que pudo dejarse guiar con mayor facilidad por las Islas de Hierro por los nuevos amigos que había cosechado, como Aeron, el menor de los Greyjoy. Conoció gran parte de las casas principales y de los lugares más divertidos, excepto la Luz Solitaria, que por su distancia todos trataban de evitar en la travesía.
—Se dice que algunos de sus hombres se acuestan con las focas. —Le contó Aeron, mientras capitaneaba el barco de Harlaw.
—Antes prefiero que uno de tus hermanos me la meta por el culo —comentó el heredero de la mencionada isla, nuevo acompañante de su travesía marítima. Gylbert estaba de visita con sus parientes en Wyk y Aeron se había sentido en la responsabilidad de socializarlo.
La risa del Greyjoy resonó en la cubierta del barco con diversión. A pesar de lo que Kevan esperaba no se sentía muy ofendido.
—Por el único por el que puedo hablar en ese tema es por Euron, y Euron los prefiere más altos y menos feos, tu olor a foca lo espantaría.
—No es nada —comentó Genna al día siguiente, cuando la acompañaba a pasear por los altos puentes de Pyke, continuamente azotados por el viento—, imagina a esos pobres hombres alejados del mundo durante meses en el mar. Debe ser muy aburrido para ellos no tener donde clavarla.
En cualquier otra situación hubiese regañado a su hermana por el vocabulario tan soez, solo que, viendo cómo veía las cosas.
—Te alteras demasiado, hermano. Estas con este tema como con la guerra, déjalo pasar, no es nada. Ve el lado bueno, ninguno de tus amigos hasta ahora ha buscado que muerdas la almohada.
—No es chistoso, Genna.
—Ni intento que lo sea. Es la verdad.
—¿Si tu prometido resultara ser… ya sabes, no sería un problema para ti?
—Ninguno. Mucho mejor si tiene sus propios asuntos y no se mete en los míos, y hay que verle el lado amable, no habría posibilidad de bastardos.
—Hermana, no quiero preguntar, pero me asalta la duda acerca de tu virtud.
Los ojos de la chica Lannister relampaguearon con descaro ante la pregunta, luego se limitó a sonreír.
—Mi honor esta tan a salvo como cuando salí del vientre de mi madre, eso no me impide preguntar y observar para instruirme.
Kevan pasó eso último por alto, anonadado por la practicidad de su hermana ante la vida, parecía que empezaba a amoldarse con extrema soltura a las inhóspitas islas de las que Tywin pretendía volverla señora. Si no fuera por su piel de seda y sus manos suaves, Kevan hubiese supuesto que ese lugar la había visto nacer y la preparaba para hacer grandes cosas.
...
—Tu hermana ha resultado ser una mujer excepcional. —El tono en la voz de Balon Greyjoy era una burla contundente. Sí, Genna no era una mujer fácil.
—Los tuyos han sido muy amables durante todo este tiempo, supongo que es una forma de pago.
El matrimonio de su hermana era ahora una verdad irrefutable, un pequeño kraken empezaba a crecer en vientre. Kevan no sabía si en realidad había sido buena idea lo de haberla ayudado a escapar de Roca Casterly, Lord Tytos no se había enojado mucho, pero la lengua afilada de su nuevo cuñado le causaba tanto malestar como es estilete que insistía en cargar a todos los lugares. Eso y que él había tenido que ser invitado forzoso por mucho más tiempo del que consideraba racional, estaba de acuerdo en que una alianza con su hermano era un peligro, solo que ya rallaba en lo excéntrico la cantidad de medidas que tomaban para con él.
No es que no le agradase Balon, todo lo contrario, era el más tolerable entre todos los hermanos Greyjoy, solo que su presencia le intimidaba un poco. Más de lo que debería, en realidad. Tal vez era por su forma de hablar, sin quitarle ni un segundo la vista de encima, siguiendo cada pequeño gesto que el interlocutor pudiera realizar.
Dio un par de pasos inquietos, podía sentir el poder de esos ojos negros midiendo cada movimiento, por sutil que fuese.
—Sabes, deberíamos irnos de aquí —dijo como modo de escape—. El estar todo el día aquí arriba me dificulta mucho la perspectiva.
Puerto Noble era lo más parecido que podía encontrar a una cuidad en las Islas del Hierro, Kevan lo odiaba por su olor a pescado, pero era mejor que quedarse en el castillo, con tan poca gente a su alrededor y la abrumadora presencia de Balon empecinada en estar cerca suyo.
Estuvieron dando vueltas por el lugar durante un par de horas, serpenteando entre la taberna al lado del puerto y los callejones que se desprendían desde allí. Los lugareños ya lo conocían por lo que no le prestaban mayor atención, comparado con los primeros días de su visita, donde todos se le quedaban viendo fijamente mientras caminaba, aunque el encontrarlo cerca del hijo mayor de su señor si parecía causar cierto alboroto. Cuando se trataba de Aeron únicamente ellos platicaban y se reían con los vendedores y comerciantes, se halaban un par de prostitutas y no era nada raro que chistes jocosos surgieran a su alrededor por eso, pero eso había sido durante la guerra. A su nuevo compañero nadie le tomaba del pelo ni le faltaba al respeto, no parecían temerle, simplemente guardaban una distancia prudente en sus relaciones.
Lo que hicieron no fue de mucha importancia, al menos para Kevan, eran temas relacionados con el pago de impuestos y las noticias que llegaban desde diferentes partes del continente, y más allá. Después bebieron cerveza, oscura y espesa cerveza, mucho mejor que la de tabernas de paso cerca de Lannisport.
—¿Por qué la cara larga, señor Lannister? —Señor Lannister era la manera educada de llamarlo niño tonto—. Las encantadoras diversiones de mi gran ciudad no son suficientes para usted, ¿verdad?
—No me fastidies, Balon.
Una carcajada profunda y seductora fue la respuesta que obtuvo, seguida de un empujón rápido para salir de la taberna. Su anfitrión parecía intrigado, de alguna manera disconforme con algo… algo que Kevan intuía que debía tratarse con él. Lo sabía por la forma en que esos ojos lo veían cuando él no estaba viendo y porque, a pesar de las intenciones iniciales, su estadía en ese lugar empezaba a parecer más el capricho de un amo que quiere desea a su perro cerca, que las estrategias de guerra de un pirata experimentado.
Bajaron hasta el puerto, donde las grandes galeras de los Hijos del Hierro se mecían suavemente al son de la brisa. El Lannister había encontrado disfrutable esa sinfonía, igual que el sonido estruendoso e inimaginablemente cautivador de las olas rompiendo en los acantilados, según su propia convicción, cada lugar poseía una belleza particular y la de esas islas era el inquebrantable poder del mar. Del mar, pero también de la gente que vivía junto a él y la manera en que interpretaban sus cambios, convirtiéndose en extensiones de su carácter. Balon era así, indomable, terco, intempestivo, duro y tentador.
—¿Cuál es el maldito problema? —preguntó cuándo ya hervía en bochorno. Sus pensamientos estaban tomando un rumbo extraño y el paseo por el puerto se hacía demasiado silencioso.
Los cargamentos iban y venían por los barcos, gente corriendo hacia todos lados para bajar la mercancía, los tablones de la pasarela del Gran Kraken temblaban mientras subían por ellos,
—No hay ningún problema, Kevan. ¿Tendría que haberlo?
«Sí, empiezo a desquiciarme por estar en este lugar».
Abajo, en el muelle, alguien gritaba ordenes en lengua común y otro le respondía en un idioma gutural muy áspero.
—No he podido marcharme a casa. No me permites hacer nada más que hablar con mi hermana, vagar de aquí para allá por los salones de tu padre e ir tras de ti cuando consideras que es divertido ¿Qué planeas?
—Yo, mucho. Tú hermana, mucho más. Y tu hermano, el chiquillo que exterminó a toda una Casa hace una luna, planea tantas cosas que me hace pensar en cuando podré yo formar parte de eso.
—Es absurdo. —Le molestaba, le molestaba mucho que todo se tratara de los demás y no de él. Amaba a Tywin, era su hermano mayor y había jurado obedecerle y ayudarle, pero era excesivo que por su culpa debiera aguantar a ese... —. Pirata estúpido, hijo de puta.
—No, no, no. Mi madre era una Sunderly, por lo que no podía ser puta. Lo de pirata si no puedo quitármelo de encima, viene con el barco, el mar y los ancestros. —Deliberadamente estaba contra su cuerpo, los labios rozando tentadoramente su oído—. No desesperes, Kevan, hay panes, muchos planes. Quizás quieras irte, pero yo no quiero que lo hagas. Te quedaras conmigo y ayudarás a tu hermana sirviendo a tu querido Tywin, pero desde aquí, donde pueda verte.
…
«¿Qué estás haciendo, Kevan? ¿Qué estás haciendo, Kevan? ¡¿Qué estás haciendo, Kevan?!» La bilis se le agolpaba en la boca del estómago, luchando por convertir todo su enojo y frustración en vomito. El barco iba tan rápido como podía, el viento era favorable en esa época del año, Kevan solo rezaba porque se detuviera, para no ver el risco y las costas de las tierras en que había crecido. No quería llegar, no deseaba ver a Tywin, solo esperaba que el tiempo parara y salir corriendo en alguna dirección que no lo involucrara en el estúpido juego de poder que se gestaba a su alrededor.
—Dile a tu hermano que quiero una parte. —Había dicho Balon unas semanas atrás, cuando las lluvias se agitaban fuerte aún y el olor a humedad permanecía pegado a uno durante días—. Dile que como familia debemos apoyarnos, él tiene un plan y yo deseo ser parte de él. Sé muy consecuente, háblale de su amigo Stark y de su amigo Tully.
Eran instrucciones precisas que Kevan vacilaba en seguir. Durante años había sido la mano derecha de su hermano, pero también el peón y el amante del iracundo heredero de las Islas del Hierro. Tenía su esposa en Roca Casterly, sus barcos en Pyke y su cabeza perdida entre el mar que los separaba a ambos. Balon era un idiota.
Y Genna, ella se mostraba fiera e intocable, incluso había volteado la vista cuando se enteró de lo que sucedía entre su hermano y su esposo.
—Ya te lo dije una vez, Kevan, siempre será mejor si él tiene sus propios asuntos.
Ella tenía tres hijos. Un heredero para su esposo, una muchachita que empezaba a imitar su carácter y un niño que le recordaba un poco a Aeron. Sus sobrinos eran todo lo que cabía esperar de ellos, aguerridos como cualquier Hombre del Hierro y calculadores cual Lannister amenazado. Su hermana se había encargado de que todo fuese así, que nadie se atreviera a cuestionar ni una sola de las sugerencias que susurraba a su marido. Balon nunca lo hubiese dicho en público, quizá porque él mismo no se daba cuenta de ello, pero aunque sus planes eran muy buenos, las ideas de su esposa eran las que facilitaban todo.
¿Qué tramaba Tywin? ¿Esperaba en realidad, como sugería Balon, sublevarse contra el Rey Loco y coronar al chiquillo amante del arpa? Kevan no había asistido, pero dos meses atrás, en el Torneo de Harrenhal, las cosas habían salido un poco mal para el príncipe, el rey y los norteños. Su hermano había renunciado al cargo de Mano y esperaba pacientemente en la cima de la Roca, sin realizar presiones. ¿Y qué planeaba Genna? Kevan ya no lo sabía, rogaba porque no fuese algo que atentara contra todos ellos.
¿Y él? Kevan en realidad no sabía que quería él. Dorna seguramente esperaba por él en algún lugar del puerto o de la cuidad, vistiendo siempre con sus trajes sencillos de faldas poco esponjosas hacía el papel de un muchachito, cosa que Kevan siempre había encontrado encantadora. La amaba. Pero él también estaba casado con su deber, uno que desde muy joven había jurado a su hermano mayor.
Supo de inmediato que esa no había sido nunca una decisión, y con la misma templanza con que aceptó en el pasado quedarse en las Islas del Hierro para cuidar de Genna, optó por respirar hondo y organizar adecuadamente las palabras con las que diría a Tywin que su idea de emparentar con los Greyjoy había terminado por ser insulsa. Debía decirle que entre todos sus deberes como espía había encontrado tiempo para divertirse con el esposo de su hermana y que, lo perdonara o no por eso, las cosas que ahora sabía gracias a eso podían ser de provecho.
Balon estaba ansioso, Balon solo quería poder. Lo único que lo detenía para realizar una idiotez era Genna, su hermana, cuyos planes se cocinaban con lentitud.
Debían adelantarse, tomar ventaja de esas ansias de poder. Si era verdad que Tywin y los demás señores estaban tramando algo, entonces Balon Greyjoy sería sin duda una pieza estratégica de sus tableros.
«Sí, Kevan, en el fondo le aprecias. No ha estado mal todo lo que ha hecho por ti, solo que no puedes vivir con la constante de saberlo loco de poder, con sus ojos negros bailoteando sobre ti».
¿Algún error? ¿Una propuesta de matrimonio? ¿Bola de cristal para saber cuando saldrá Vientos de Invierno? Todo en los comentarios.
