Hola, cupcakes ;D

Medio millón de años luego de la última actualización llega otro trozo de este bebé que en un principio era solo un two-shot y según mis cálculos serán más o menos cinco capítulos (de los cuales no puedo hablar por el momento).

Disfruten de este desvarío.


Nada, nada es mío. Todo es propiedad del asesino serial más buscado de la literatura, George R. R. Martin.


Posdata 1

El dolor era incesante, la criatura que se arrastraba fuera de su vientre estaba causando estragos a cada centímetro que se acercaba al mundo. Genna empezaba a delirar, llevaba dos horas pujando por conocer a su nuevo descendiente y ansiaba terriblemente que ese suplicio acabara. El dolor se asemejaba de alguna manera a una quemadura, como si al desgarrar su carne la cauterizara de inmediato y las dos sensaciones se fundieran en un fondo negro al que se precipitaba sin poder evitarlo.

Por un estúpido capricho había hecho subir sus pertenencias a la habitación más alta de la torre, donde compartía el despejado sol de la mañana con la gaviotas y pelicanos, y el mar no era más que un sonido apagado.

En ese momento odiaba sus decisiones. El lugar era demasiado pequeño, demasiado caluroso, demasiado soleado para el dolor que subía y bajaba por su cuerpo cada vez que sentía una contracción.

—Tengo su cabeza —dijo la comadrona, instándola a que hiciera un poco más de fuerza. Obedeció con un gruñido, pujando con desgana y por simple reflejo. Dolía, dolía mucho. Era su segundo hijo y se sentía con el primero, un buen augurio, seguro, pero uno que le costaba el mantener entera su cabeza. Pujó una vez más, aferrándose a las sabanas y mordiendo el trapo que alguien había puesto en su boca, hubo un tirón seco seguido de un repentino vacío y el llanto agudo de un bebé.

El dolor incrementó en un segundo y el fondo negro del vacío la llamó de inmediato.

Perdió el conocimiento por un cuarto de hora. Unos largos y agonizantes minutos que para ella fueron un parpadeo involuntario.

Al abrir los ojos, se encontró con Aeron bailoteando por la habitación con un bulto en brazos, cantaba una vieja canción de marineros. No tenía mucho donde bailar con la cantidad de tinajas y baúles que se mantenían en el lugar para tener a mano lo necesario; un armario, una cama y un par de mesas auxiliares se perdían entre los tarros de ungüento para el dolor, tiras de lino para el sangrado y la limpieza del bebé y las cortinas que habían quitado de las ventanas con el objetivo de permitirle respirar.

Cuando su cuñado se enteró de que le observaban sonrió con dulzura y se acercó al lecho.

—Tenemos ahora una pequeña capitana —dijo con alegría—. Le regalaré una galera para cuando tenga diez días del nombre, va a ser temida de aquí hasta Asshai.

Genna tenía una muy buena relación con el menor de los Greyjoy, era un chico alegre, de risa fácil, que por única preocupación tenía la botella medio vacía que escondía siempre en su bota derecha. Victarion también se portaba muy amable con ella, sobre todo desde que había llevado una chica al castillo anunciando que se iba a casar con ella en el menor tiempo posible y quería que Genna le ayudará con esas cosas. Solo Euron le era antipático.

—¿Qué nombre le pondrás a la futura Capitana de los Hijos del hierro? —El peso de la niña en sus brazos era extraño. Cuando Maron nació, ella no se sintió para nada de esa manera, casi como si presenciará un acontecimiento definitorio. Era menuda, más que la mayoría de los niños recién nacidos, y una pequeña mata de pelo castaño crecía sobre su frente.

Pensó en Alannys Harlaw y en lo que le había dicho una luna atrás, cuando ella misma la había visitado para conocer al bastardo de su esposo y ofrecerle a la madre ser educado en Lannisport si ella quería. «Si tienes una hija —había dicho la mujer—, has el favor de llamarla Asha. Que suene como el mar y sepa amarlo».

—Se va a llamar Asha. Asha Greyjoy.

—Suena bien. Un tanto rudo para ser un chica, pero es bueno —declaró con ternura, jugando con la nariz de la recién nacida—. Le anunciaré a Balon y a Kevan que pueden venir a conocerla.

Con su característica gracia, llena de elevadas dotes de energía, Aeron desapareció de la habitación dejando un coro de pesados taconazos tras de sí. Genna deseó encontrar una manera de detenerlo para que no les llamara, prefería quedarse sola con su niña a ver como entre su hermano y su esposo se repartían su cariño, igual que lo hacían con sus demás hijos. El pensamiento era infantil, por lo que sonrió, abrazando un poco más a su bebé. Esa pequeña era la única cosa suya entre la húmeda tierra de los Hijos del Hierro, su esperanza de juego y gobierno estaba puesta en el potencial que esa criatura podía traerle, así como la notable influencia que tenía sobre su esposo.

Las Islas de Hierro tenían dos dirigentes en ese momento, el viejo y sabio Lord Quellon y su joven y aristocrática nuera, Genna Lannister; gracias a ese bipartidismo el comercio y las relaciones mejoraban con cada barco que zarpaba. Dentro del castillo de Pyke las cosas no eran tan armoniosas, al menos no a largo plazo. Genna podía amar a su hermano y tolerar a su marido, verlos juntos le propiciaba sentimientos irreconciliables acerca de lo que estaba bien para ella y su causa y lo que estaría bien dentro de los estatutos de la moralidad y el buen deber. Ella más que nadie conocía el juego de Balon Greyjoy y rezaba con vehemencia, aun sabiendo que a ningún dios le funcionaba el oído, para que Kevan pudiera notarlo antes de que fuera demasiado tarde.

Dando pecho a su hija, viendo cómo se alimentaba con gula sin abrir los ojos, trataba de imaginar el futuro de ese triángulo amoroso en el que la peor parte se rotaba conforme los días pasaban. Su pequeña Asha crecería sabiendo que su padre tomaba de su tío lo que le daba la gana y que su madre se hacía de la vista gorda. Como primera medida debería enseñarle que a veces las situaciones complicadas —y las complicadas emociones de los hombres— protegen intereses mayores que a todos convienen. Imaginó como sería poder darle a esa chica toda su sabiduría, transmitirle todos esos actos protocolarios que podrían salvarle la vida en algún momento y además regalarle todos los secretos con los que pudiera dominar la voluntad de los hombres, hombres como Balon, que abarcan más de lo que apretaban.

—Serás recordada en todo los mares de la tierra —prometió, jugueteando con las pequeñas manos de su hija—, serás temida y amada por cualquiera que observe la vela de tu barco. Eres Asha de la Casa Greyjoy, pero tu madre, una Lannister, te prestará las garras de león.

—¿Estás seguro de que no es nada? —Su hermano había partido una luna atrás para hablar en nombre de Balon por los asuntos que se llevaban a cabo en el continente. Su marido se encontraba tan preocupado e incómodo con la situación como ella en sus primeros días por Pyke.

—Joder, Genna.

Las cámaras que compartían, en la torre que estaba destinada al uso exclusivo de ellos y sus tres hijos, resultaban ese inusual día cálido de invierno, un marco perfecto para la racha de buen humor que ella destilaba. Se daba perfecta cuenta de que su esposo no había pasado tanto tiempo lejos de Kevan desde los primeros días de su arreglo de vida entre las islas y Lannisport. Donde cualquier otra hubiese encontrado un inapropiado comportamiento y una razón más que obvia para el escándalo, ella solo veía a dos adultos comportándose como chiquillos. De forma inmadura, pensaba ella, su hermano y su esposo batallaban sin cansancio por huir uno del otro, solo para encontrarse en la siguiente salida cual balada de trovador pendenciero.

—Vamos, Balon, seguramente Kevan está cumpliendo como es debido con su esposa para apaciguarla los siguientes meses. Tywin también lo tendrá ocupado con los asuntos de aduana y comercio, y preguntándole que tanto han compartido juntos el último medio año. —Una sonrisa pícara cruzó su rostro cuando fue a sentarse en el brazo de la silla donde descansaba Balon—. Con seguridad todos tus secretos de alcoba están siendo discutidos con mi hermano mayor frente a un desayuno de panceta, pan y miel.

El heredero de las Islas del Hierro iba a levantar la mano contra su esposa, un golpe rápido y seguro para que recordara su posición. Ésta lo detuvo con un manotazo lánguido, como el que se da a una mosca para espantarla.

—Ay, que poco aprecias mi buen humor.

—Tu buen humor me está mareando, Genna. Te comportas con más impropiedad que de costumbre, y ya se lo que vas a decir sobre Kevan y yo… y si, tienes razón.

Sonrió con picardía y volvió a pasearse sin precipitación por el lugar, un recinto circular con pequeñas ventanas que dejaban entrar la briza y profundizaban más el eco de las olas. En los días corrientes, Genna pasaba la mayor parte del tiempo en el salón principal con su suegro, aprendiendo sobre barcos y poniendo en funcionamiento el poder que iba contramarcado a su apellido. Ese día en especial había decidido evitar los protocolos para ver a su esposo consumirse con lentitud por la angustia y la necesidad.

—En verdad no es por eso que estoy enfadado, Genna —dijo Balon, como si le preocupara escucharla callada—. Es Euron, todo es culpa de Euron.

De pronto los ojos negros del heredero de las Islas de Hierro se transformaron en un espejo de los siete infiernos, una hoguera capaz de extinguir dragones y levantar las aguas para apagar los mil fuegos de Asshai. Genna ya conocía el carácter de su marido, sabía que ciertos temas debían ser dejados de lado en su presencia y que algunos errores eran imperdonables para él. Con un amalgama absurdo de miedo y descanso, supo que esa rabia era por el segundo motivo y que aun siendo su hermano, Euron iba a pagar caro lo que hubiese hecho.

Tragó saliva y se dio cuenta de que tal vez debió haber ido a la corte esa mañana.

—¿Qué hizo Euron? —preguntó con suavidad, evitando sonar ansiosa.

—Violó a la esposa de Victarion… luego Victarion se enfureció, le reclamó y la mató. —Una extraña impresión cruzó la mirada de Balon, un parpadeo al que Genna no le dio mayor importancia—. Mi padre los tiene abajo a ambos. Euron va a recibir un castigo.

Eso último fue dicho con placer, un placer ante el que Genna enmudeció. Ante ella se alzaba un misterio indescifrable ¿por qué Balon estaba enojado? ¿Por qué la miraba de esa manera hambrienta?

—Euron la atacó porque se robaba la atención de Victarion. Es un hombre bastante posesivo, cuando cree que algo le pertenece es mejor dejarle seguir creyendo que es así. Meterse entre él y algo que quiere es suicidio.

—¿Tanto se aman tus hermanos? —Algo en esa frase le hizo esbozar una sonrisa.

—Mis hermanos no se aman. Victarion no vive sino para servir y Euron solo quiere el mundo a sus pies, ¿ves cómo esas dos cosas se complementan bien? Para tener poder se necesita sirvientes… ¿qué hace un señor cuando le roban a su perro?

Genna encontró entonces la respuesta a su pregunta.

—¿También amenazó a Kevan?

—Euron es una amenaza para todos. Pero quien amenazó a Kevan fui yo —pareció no exaltarse demasiado con lo que tenía por decir—. Tu hermano mayor, ese perro que se cree león, está levantando una rebelión, planea sentar en el trono al estúpido hijo de Aerys. Si Kevan no consigue que me incluyan en sus planes voy a arrasarlo todo, Genna. Todo.

El corazón de la joven señora se encogió con rapidez, pensó en su pequeña Asha y es su aún más joven Theon. Si Kevan o Balon equivocaban en un poco sus pasos Tywin no se detendría en exterminarlos a todos. Maron podría huir, pero sus niños…

«Hará con ellos lo mismo que con los Reyne. Los matará y pisará sus cadáveres». Su hermano no era un hombre, era una estatua que contemplaba en destino de los hombres sin pestañear. Ni siquiera gozaba con el poder, o las matanzas, pero tampoco le afectaba el dolor ajeno.

«Los matará y luego dirá que yo no era su hermana.»

La isla se había convertido en una prisión. La guerra no llegaba a sus costas, el horizonte limpio impedía vislumbrar el horror que se acrecentaba en el continente y aun así, Genna miraba copiosamente hacia la ventana. Tenía las mejillas empapadas de llanto y en un ataque de ira había rasgado la parte delantera de su vestido.

Afuera se oía el chocar del mar contra los ricos y las costas, el fragor intenso de la batalla entre la permanencia de la tierra y el voluble cambio del agua. Un espejo de mil interpretaciones que reflejaba la pena que se escurría por el corazón de la señora.

—Madre, ¿me vas a decir que pasa? —Theon estaba en la puerta, rascándose los ojos debido al sueño. Era un pequeño de seis años, poco sabía acerca de la masacre en la que se veía envuelto el reino, para él solo existía el infinito mundo de las fantasías donde cada hombre es un héroe y en cada batalla hay un ganador.

—Pasa que se han vuelto locos. Todos. Theon, los hombres de este reino están locos —respondió a su hijo, dejando de mirar hacia el mar y concentrándose en la habitación—. Se están matando, cariño, y hacen que tu hermano se mate con ellos.

—¿Maron o Rodrik? —La mención del bastardo terminó por descolocarle. Alannys había ido a vivir hacía mucho a una casa del Dominio, como segunda esposa de un lord menor, tendría que escribirle una carta ¿Pero cómo escribe una madre a otra para contarle que sus hijos han muerto en el mar por el capricho de un niño de las tierras verdes? ¿Cómo se le dice que ya no guarde esperanzas sobre el futuro?

—Ambos, nene, ambos.

Su hijo no hizo más que mirarla un momento con los ojos bien abiertos, descolocado por la noticia. Antes de que ella misma pudiera darse cuenta, él estaba haciendo un puchero suave, uno de esos que reservaba para cuando ni ella ni Balon le prestaban mayor atención y él necesitaba ser observado.

—No ellos, porque no Asha. Asha es mala, Maron y Rodrik jamás son malos conmigo.

Genna dejó el lugar que había conservado durante las últimas dos horas y abrazó a su pequeño Theon con la misma fuerza con que el mar, incansable como siempre, golpeaba la torre con sus olas inclementes.

—No digas eso, no lo digas.

—Pero es la verdad, Asha es mala. —El balbuce que continuó se perdió entre el llanto de ambos, que cegó los oídos a las quejas.

Genna se sintió un tanto culpable. Permitió que enviarán a su hija a Lannisport poco antes de que el pequeño Targaryen huyera con la hija de lord Stark y fuese emboscado por Tywin. Sabía que ella estaría bien entre los hijos mayores de Kevan, que la quería como si fuese suya. Aun así la preferiría entre sus brazos, con su hermano, acompañándole a llorar a sus dos hermanos caídos, a rogar por el buen término de todo.

«Para que Balon no muera, para que Kevan regrese.» Había estado sola, dirigiendo las islas mientras los demás tomaban sus barcoluengos y partían a morir, ella en cambio había tenido que resistir y encontrar la manera de evitar la escasez de comida y las represalias por la guerra. No los quería porque estuviese sola, sino porque una vez se apaciguara todo Tywin volvería sus ojos a ella y le haría preguntas, preguntas a las que no podía responder. Sus únicas fichas en el tablero eran su esposo y su hermano. Una pregunta ya había llegado con el cuervo que avisó de la muerte de Maron.

Kevan no había dicho nunca nada a Tywin sobre la naturaleza de su relación con Balon, y éste empezaba a notar pequeñas cosas. Si eso era verdad, entonces muchas de sus decisiones en Pyke habían sido más ilegales de lo que suponía.

Y su pobre Asha encerrada en la Roca.

—¿Va a volver mi hermana? —preguntó Theon una vez se hubo repuesto del susto, estrechándose contra el corpiño desecho de su madre.

—Espero que la dejen volver —respondió, depositando un beso suave en la frente del niño—. Pero mientras tanto vas a tener que comenzar a entrenar, eres el heredero de tu padre ahora.