Noviembre:
Bueno diario, que poco queda para acabar el año, además te quedan páginas justas para que escriba los dos meses que te quedan y uno extra. Me gusta contarte mucho de mi vida en todos los aspectos.
Este mes es mi cumpleaños, ¿habrá Sherlock preparado algo para celebrarlo? No creo, porque no habla de eso, solo mis amigos que me dicen que me van a llevar a cenar a un sitio elegante y luego a las discotecas más exclusivas de la ciudad y yo acepto. Así que acepto la ropa que me dicen que me ponga. Que sin ellos yo vestiría siempre igual.
Me acabo de arreglar el pelo, eso si me gusta llevarlo bien arreglado siempre que salgo a cualquier lado. Mis amigos no están en la limusina que se suponía que debía llevarnos a todos al restaurante y luego a las discotecas. El chofer, me abre la puerta, me tiende una nota plegada y luego me dice que entre que tenemos una noche larga.
Mientras conduce a donde sea, me recuesto en mi asiento y leo la nota.
Felicidades Chuck Watson, no hemos podido ir a celebrar tu cumpleaños, compromisos de última hora. Pero te hemos preparado un plan mejor, ya lo verás, te va a gustar más que lo que te habíamos planeado, confía en nosotros.
Firmado la pandilla de Chuck Watson.
Una vez leída la nota, la guardo en el bolsillo de mi chaqueta y miro por la ventana, nos estamos alejando de la ciudad un poco. Le pregunto al conductor de la limusina pero solo sonríe y me da algo de miedo.
Quiero irme de allí, pero si mis amigos han organizado esto, será mejor que acepte y deje ver hacia donde va toda esta locura de última hora que se han inventado.
Al cabo de unos cuarenta y cinco minutos la limusina se para enfrente de un pequeño castillo y me bajo una vez que el chófer me dice que lo haga. Escucho mi canción, la que tengo con Sherlock y pienso en él, pero se que él está trabajando y no puede estar aquí.
— Podría hacerme el favor de cerrar los ojos – me dice el conductor y yo asiento. Me pone una venda – no tenga miedo, esto es parte de su loca sorpresa o se me han dicho.
— Está bien – me lleva agarrado – suena la canción que es la que comparto con mi novio, nuestra canción y huele genial, a mi plato favorito.
Se que me suelta cuando paramos y me quedo allí con la venda puesta esperando a ver que pasa. Me impaciento y eso no es bueno, porque no deja de sonar nuestra canción y no quiero llorar por él, por no tenerle a mi lado celebrando mi 33º cumpleaños.
— Bueno, veo que la pareja ya está – no entiendo a que viene eso – William Sherlock Scott Holmes, ¿quieres a John Hamish Watson como tu esposo, en la salud, en la enfermedad, en la riqueza y la pobreza? - ¿Me estoy casando? No puede ser, no y no.
— Si quiero casarme con John Hamish Watson – la voz de Sherlock me hace sentirme protegido en parte y su mano en mi mejilla me hace sentirme querido – Hasta Plutón iría por ti.
— John Hamish Watson, ¿quieres a William Sherlock Scott Holmes como tu esposo, en la salud, en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza? – me pregunta el cura, no veo nada, todavía tengo la venda en los ojos.
— Esto es muy raro, nunca había vivido algo así, pero que diablos, claro que quiero – digo intentando tocar a Sherlock.
Cuando me besa, después de ponerme el anillo, me quita la venda, todo el mundo presente grita lleno de felicidad. Esta boda improvisada es más mi estilo, es más o menos como la había programado en mi carpeta de la boda, me alegro que Sherlock la llevara a cabo con sus modificaciones. Me encanta ver lo espontáneo que puede llegar a ser mi querido marido, si, ahora le puedo llamar así.
— Una cosa que se me olvidaba – aquello me devuelve a la realidad – feliz cumpleaños querido marido mío – y me vuelve a besar mientras nuestros amigos nos tiran arroz.
Entramos en el pequeño castillo que si ya por fuera era perfecto, por dentro lo era aún más, deberías haber visto diario como estaba todo colocado, parecía un cuento de hadas hecho para hombres gays y que no parecen tan gays. Era como me lo había imaginado.
Lo mejor de la noche a parte del perfecto discurso de bodas de Sherlock, el que tenemos grabado, tenemos toda la boda, desde que me vendan hasta que nos vamos, el vídeo debe durar 3 horas, pero no me importa, he pedido varias copias tanto en físico como en digital para no perder ninguna; es el baile, Sherlock me llevaba como una pluma. Ha aprendido a bailar y me encanta.
— I love you – me dice y me besa mientras nuestros amigos gritan de la emoción. Yo le digo que le adoro por todo lo que ha hecho y sonríe encantado.
La noche de bodas me la salto, porque es privada, incluso para ti querido diario. Solo decirte que fue única en la suite del pequeño castillo. El día de mi cumpleaños fue único y el mejor que pude tener o puedo llegar a tener. Que bonito es ahora contemplar a mi marido, si, ya le puedo llamar así.
Que bonito me ha quedado el cumpleaños de John, por eso me merezco alguna que otra review, tanto positiva y constructiva. Quedan dos capítulos, si, solo dos y se acaba y no creo que haga tercera parte, ni acabé el libro de lo fumada que es.
