Capitulo 5:
Harry llegó un minuto después de que Luna se hubiera marchado. Gracias a Dios, porque la ansiedad de Ginny no le permitiría soportar una larga espera. Sus golpes en la puerta fueron firmes y seguros, como él mismo.
Ginny lo recibió con una sonrisa forzada.
—Hola, Harry.
Él no le devolvió la sonrisa, pero a ella no le importó. Sabía que Potter era una persona seria y que reservaba para ella sus escasas sonrisas. Además, la expresión que puso al ver su atuendo no fue precisamente fría. Las compras habían merecido la pena…
—Hola —respondió, recorriendo el pequeño apartamento con la mirada—. ¿Dónde está Luna?
—No está.
—Creía que íbamos a cenar.
—Y así es.
Potter entornó la mirada.
—¿Sin Jennifer?
—Eh… sí. Se me ocurrió que podríamos pasar un poco de tiempo a solas.
Un destello asomó en sus ojos verdes.
—No es necesario, Ginny.
Ella se mordió el labio, respiró hondo y se afianzó en su determinación.
—Yo creo que sí lo es.
Potter olisqueó el aire.
—Huele muy bien. ¿Qué vamos a cenar?
—He preparado pástela, ensalada oriental, pollo con albaricoques, cuscús con verduras, kebab de ternera y mango fresco de postre.
—Vaya… No sabía que fueras una cocinera profesional —dijo él, impresionado.
Ginny se relajó un poco. Mientras recitaba el menú había temido dar una imagen exagerada.
—No lo soy, pero me gusta cocinar para la gente por la que siento afecto.
Nunca había cocinado para sus padres, pero sí para sus tíos y su hermano cuando iba a visitarla. Una vez incluso hizo pastela para su hermana cuando estaba en Eversley. Pero entrar en las cocinas de palacio era aún más difícil que eludir a sus guardaespaldas.
La expresión de Harry se tornó aún más recelosa, y fue entonces cuando Ginny se dio cuenta de que aquél había sido su semblante desde que le abriera la puerta. ¿Por qué estaba tan inquieto? ¿Se habría confundido ella al presuponer que la deseaba? Era difícil sacar conclusiones erróneas después de que la hubiera tocado como nadie la había tocado nunca. No, la razón de su malestar debía de ser otra.
O eso, o ella se había equivocado por completo.
— ¿Quieres beber algo antes de cenar? —le preguntó para aliviar un poco la tensión.
Potter hizo un visible esfuerzo por relajar los hombros.
—Claro —respondió con voz tirante.
No eran imaginaciones suyas, pensó Ginny. Pero de todos modos asintió y fue a servirle un vaso del Absolut que le había encargado a Luna que comprara.
—¿Por qué no te sientas y te relajas mientras sirvo la comida?
—De acuerdo —aceptó él, y miró los grandes cojines que Ginny había colocado en el suelo, frente a la mesita baja—. ¿Aquí?
—Sí.
—Va a ser una auténtica cena oriental, por lo que veo.
—Sí. Espero que no te importe.
—En absoluto.
Ginny esperó que siguiera sin importarle cuando viera que iban a comer con las manos, como se acostumbraba en Eversley.
Potter tomó un sorbo del vodka y abrió los ojos como platos.
—Es muy fuerte.
—Sí. Mi tío dice que comparados con éste los otros vodkas son agua del grifo.
—¿Tú no bebes? —le preguntó, aunque su mueca de desagrado insinuaba que no le hacía gracia que lo hiciera.
—Pues claro que no —no le gustaba el alcohol, y además había sido educada para dar un buen ejemplo a los demás, incluso siendo una princesa de incógnito.
—Bien.
—Gracias, señor.
Potter tuvo el detalle de parecer avergonzado.
—Lo siento. No pretendía parecerme a tu padre.
—A mi padre jamás se le ocurriría que a mí se me pasara por la cabeza beber una bebida de hombres, pero mi hermano no estaría tan seguro.
Una pequeña sonrisa arrugó los rasgos de Harry.
—En ese caso, pido disculpas por parecerme a tu hermano.
—Tranquilo, Harry. No me recuerdas a mi hermano… para nada —dijo, y se retiró rápidamente a la cocina para no ver su reacción.
Cuando regresó con la pastela, él estaba dejando el vaso después de haber tomado lo que parecía un largo trago. Ginny dejó en la mesa la pasta azucarada con huevo, cordero y verduras, se acomodó en el cojín junto a Harry y levantó el cuenco plateado para lavarse los dedos.
Él debía de haber estado en Oriente, o al menos debía de haber cenado en algún restaurante oriental, porque extendió las manos sin dudarlo para que Ginny le vertiera el agua. A continuación, hizo lo mismo con ella y los dos se secaron las manos con los trapos de cocina dispuestos a cada lado del cuenco.
Ginny agarró una porción de pástela y se la puso a Potter en los labios.
—Prueba.
Una sombra fugaz pasó por sus ojos, pero separó los labios y su lengua rozó los dedos de Ginny al aceptar la ofrenda.
Una especie de descarga eléctrica recorrió el brazo de Ginny. Ahogó un gemido y lo miró fijamente a los ojos.
—Está delicioso —dijo él.
—Gracias.
Le ofreció otro bocado. Al principio pareció que iba a rechazarlo, pero volvió a abrir la boca y una vez más Ginny sintió la punta aterciopelada de su lengua. Dios… con razón Luna le había recomendado que se dieran de comer el uno al otro. Era increíblemente erótico.
—Puedo hacerlo yo solo —dijo él cuando acabó de masticar.
—Pero a mí me gusta hacerlo —y lo decía en serio. Nunca le había dado de comer a un hombre, y le gustaba tanto como las otras cosas que había descubierto con Potter. Le parecía un acto maravillosamente íntimo, como sí su lugar estuviera con él…
Potter parecía estar librando una batalla consigo mismo. Tomó otro sorbo de vodka y agarró su pedazo de pastela.
—Tendrás que dejarme que haga lo mismo. Ella asintió. De repente le resultaba imposible hablar.
Él le puso la pástela en los labios y Ginny paladeó con deleite el sabor salado de sus dedos mezclado con el gusto azucarado de la pasta, Le chupó la punta de los dedos mientras él los retiraba lentamente de su boca, arrancándole un gemido ronco.
—No sabes lo que me estás haciendo, Ginny.
—Espero que sí —susurró ella.
Él pareció afligido, pero volvió a ofrecerle otra porción de pástela. Ella hizo lo mismo a su vez.
—No debería estar haciendo esto —dijo él con voz agonizante después del tercer bocado.
—No pasa nada, Harry —respondió ella, acariciándole el labio con el dedo—. De verdad.
Él sacudió la cabeza, pero no dijo nada.
—¿Quieres más vodka? —Le ofreció Ginny en voz baja.
—No, no podría beber más de ese brebaje. Ella soltó una risita.
—Mi tío se ofendería mucho si te oyera…
—¿Vas a decírselo?
—No.
—Aún no he conocido a tu familia —dijo él en tono despreocupado.
—¿Quieres conocerlos?
—Simplemente digo que me parece curioso no haber conocido a nadie de tu familia en el tiempo que hemos pasado juntos. Por mi parte, sólo tengo a mi padre y vive en la Costa Este. Pero tú has hablado de tus hermanos, padres y tíos.
—Ninguno de ellos vive cerca de la universidad.
—¿Vives sola?
—Eh… no. Tengo una compañera de piso. Es muy cotilla, y por eso estamos cenando aquí y no en mi apartamento.
—Entiendo.
Ginny dudaba que lo entendiera. Pocas personas tenían que soportar una intromisión semejante en su vida privada, pero aquél era el precio por pertenecer a la realeza. O al menos eso le habían repetido sin cesar desde que nació.
Apartó aquel pensamiento y esbozó una animada sonrisa.
—¿Listo para la ensalada?
—Perfecto.
Ginny se llevó la pastela sobrante y volvió con la ensalada y una pequeña panera. Volvieron a darse de comer mutuamente, pero con la ensalada era mucho más difícil y acabaron riendo más que otra cosa. Ginny sirvió el plato principal en una fuente rectangular, con la carne a cada lado y el cuscús en el centro.
El pollo con albaricoque tenía un sabor dulce y penetrante, y por primera vez en las muchas que lo había probado en su vida a Ginny le supo extrañamente… afrodisíaco. Porque cuando las gotas de salsa chorrearon por la barbilla de Potter sintió el impulso de limpiárselas con la lengua, no de echarse a reír.
Y a él pareció afectarle de igual manera, porque se inclinó hacia cita y le apartó algo de la comisura de los labios con el pulgar.
—Ésta es mi comida favorita, pero nunca la había disfrutado tanto como ahora —admitió ella, sin preocuparle que él viera hasta qué punto la había afectado.
La mirada voraz de Potter la hizo estremecerse de arriba abajo. Vio cómo apretaba la mandíbula, pero permaneció callado.
—Es la compañía —aclaró Ginny, inclinándose un poco hacia delante.
Potter emitió un sonido ahogado y se puso en pie de un salto.
—Tengo que… —dejó la frase sin terminar y se dirigió hacia el cuarto de baño.
Abatida, Ginny se derrumbó en el cojín. Tal vez se había equivocado y Harry no la deseaba. O tal vez había dejado de desearla. ¿Le habría desagradado su reacción en el lago pero había sido lo bastante cortés para no decírselo? Pero sí así fuera, ¿por qué había parecido que se esforzaba tanto por provocarle precisamente aquella reacción?
Los sermones de su madre y su tía resonaron en sus oídos, censurando su recién descubierta sensualidad. Se miró la ropa y vio que la parte superior de sus pechos quedaba a la vista. Rápidamente se tiró del escote hacia arriba. Podía sentir las miradas reprobatorias de su madre y su tía, a pesar de que estaban a kilómetros de distancia.
Se puso torpemente en pie, aún sintiendo los efectos de la excitación, y recogió rápidamente la mesa mientras se reprendía en silencio por ser tan estúpida. ¿Cómo había podido creer que había algo especial entre Harry y ella?
Él salió del cuarto de baño mientras ella dejaba el postre en la mesa… con tenedores. No iba a arriesgarse a hacer de nuevo el ridículo. Sirvió dos vasos de té con menta y los colocó junto a los cuencos mientras Harry se sentaba. Esta vez, en vez de sentarse junto a él, se sentó en el sofá al otro lado de la mesa.
Él la miró con expresión interrogativa, pero ella ignoró la pregunta tácita. Si Potter quería una respuesta, tendría que pedírsela en voz alta.
— ¿Estás bien, Ginny?
—Muy bien —respondió ella, y tomó un bocado de mango que le supo a serrín.
—¿Por qué te has sentado ahí?
Como si él no lo supiera…
—Porque me apetecía —dijo con el ceño fruncido, y bajó la mirada a su cuenco—. ¿Prefieres café en vez de té?
—Prefiero que vuelvas a sentarte a mi lado.
—Claro.
—Maldita sea, Ginny.
Ella levantó la cabeza y vio el fuego que despedían sus ojos.
—¿Qué? He captado el mensaje, ¿de acuerdo? Necesito poner distancias entre ambos, y sería muy considerado por tu parte que dejaras el tema. Te aseguro que no volverá a pasar.
—¿Qué no volverá a pasar? —parecía realmente confuso—. No ha pasado nada.
¿Nada? ¿Su intento de seducirlo no era nada? Aquella idea la desmoralizó aún más de lo que pensaría su familia de su comportamiento.
—Eso es. No ha pasado nada importante esta noche…
Potter masculló una palabrota y ella se estremeció al oírla.
—Lo siento —so disculpó el rápidamente.
Siguieron comiendo en silencio, pero ninguno de los dos acabó el postre y Ginny recogió los cuencos sin preocuparse por repetir el ritual higiénico después de comer. Era obvio que él ya se había lavado las manos cuando fue al baño, y ella había hecho lo propio en el fregadero de la cocina. Al usar tenedores para el postre no tenían por qué volver a hacerlo, y ella quería evitar cualquier atisbo de intimidad.
Eran tantos los pensamientos y sentimientos que se arremolinaban en su interior que no podía encontrarle sentido a ninguno de ellos. No sabía si la precipitada huida de Potter al cuarto de baño era un rechazo en toda regla o qué.
Harry se levantó y la ayudó a llevar los platos a la cocina. Ginny llenó el fregadero de agua y jabón para lavarlos. Su intención había sido hacerlo más tarde, pero en esos momentos necesitaba tener las manos ocupadas en algo. Él se acercó a ella y empezó a enjuagar los platos a medida que Ginny los dejaba en la segunda pileta.
—No tienes por qué ayudarme —le dijo—. Sólo tardaré un minuto.
—No me importa —repuso él.
Ginny reprimió un murmullo de irritación. Necesitaba descansar de su presencia, pero él no parecía darse cuenta.
—Es una vajilla muy bonita —observó él—. ¿Es tuya?
—Sí —formaban parte del juego de porcelana tradicional que su tía le había regalado cuando se instaló en el apartamento con su carabina.
—¿Una reliquia familiar?
—No creo que sea una reliquia, pero sí es de mi país natal.
—¿Cuál es ese país?
— Eversley.
—Sí.
—Interesante…
—Supongo —no iba a contarle todos sus secretos, y mucho menos aquella noche.
—¿Es un nombre común en tu país?
—No mucho.
—¿Significa eso que eres alguien especial en tu país?
—Mi país es éste, pero si te refieres a Eversley… No, no soy nadie especial allí —no era del todo una mentira. Al fin y al cabo, para su familia no era especial.
—¿Estás enfadada?
—No —triste y decepcionada tal vez, pero no enfaldada. Ya no.
Él le uso las manos en los hombros y la hizo girarse.
—Mírame.
Ginny sacudió la cabeza y mantuvo la vista fija en su pecho. No era lo más recomendable para su tranquilidad mental, pero al menos era mejor que mirarlo a los ojos.
Potter le puso un dedo en la barbilla para levantarle suavemente el rostro.
—Ginny.
—¿Qué?
—Dime que es lo que tanto te molesta.
—Por favor, Harry. Déjalo.
Él le acarició los labios con el pulgar.
—No puedo.
—Ya sé que no me deseas —dijo ella, reprimiendo el temblor que le provocaba su tacto—. Y no pasa nada. En serio. Simplemente me siento como una estúpida.
—¿Estúpida? Nada de eso, princesa. Eres demasiado inteligente.
Ginny no se creyó el cumplido y se limitó a encogerse de hombros, Al hacerlo se dio cuenta de que él se había acercado tanto que sus pechos entraron en contacto. Los pezones se le endurecieron al instante contra el suéter de seda. Si Potter bajaba la mirada vería la prueba palpable de su debilidad… Rezó porque no lo hiciera.
—¿Por qué piensas que no te deseo?
—No me puedo creer que me estés preguntando eso. ¿De verdad tenemos que hablar de esto, Harry? Puede que no sientas nada especial por mí, pero creía que al menos éramos amigos. ¿Por qué quieres humillarme? —le preguntó, incapaz de contener las lágrimas.
Él le apretó el hombro con fuerza.
—Lo último que quiero es humillarte.
—Entonces deberías irte —tragó saliva—. Antes de que me humille a mí misma.
—Tú me deseas —no era una pregunta.
—Eso lo dejé bien claro aquella tarde en el lago.
—Yo podría decir lo mismo.
—No soy yo la que se ha ido al cuarto de baño cuando casi nos estábamos besando… Y desde la excursión al lago no has hecho nada. Al principio creí que me estabas dejando espacio para familiarizarme con mis sentimientos, pero ahora veo que no quieres nada más de mí… que ya no me deseas.
Potter cerró los ojos.
—No llores, princesa.
—No estoy llorando —protestó ella, aunque las lágrimas seguían resbalando por sus mejillas.
Él volvió a abrir los ojos y la miró fijamente.
—¿De verdad piensas que no te deseo?
Ella sorbió por la nariz y parpadeó con fuerza para contener el torrente de lágrimas.
—Está clarísimo. ¿Podemos dejar de hablar de esto?
—Sí, podemos —respondió él. Y con un gemido que sonó como una presa al resquebrajarse se lanzó a tomar posesión de su boca con una pasión furiosa y desesperada, pero por encima de todo… sincera.
El beso, aunque intenso, fue de corta duración. Potter despegó los labios y apoyó la frente contra la suya, respirando entre jadeos.
—No quiero hacerte daño, princesa.
—¿Deseándome me haces daño? —preguntó ella perdida y confusa.
—Lo que hay entre nosotros no puede llegar a ninguna parte… por varias razones.
—¿Qué razones? —Quiso saber Ginny, pero no esperó la respuesta—. No, no te creo. Toda mi vida he estado oyendo que hay razones por las que no puedo perseguir mis sueños, pero siempre me he rebelado contra esas razones y ahora estoy dispuesta a hacerlo otra vez. A luchar por nosotros.
—No puedes estar siempre luchando.
—Sí puedo… a no ser que… ¿estás casado?
Él dejó escapar una áspera carcajada.
—No.
—¿Comprometido?
—No.
—¿Tienes novia o estás saliendo con alguien?
—No.
—Entonces, sean cuales sean los obstáculos, podemos superarlos.
—No lo entiendes…
—Pues ayúdame a entenderlo… después —y sin decir más, lo besó para acallar las razones que pudiera tener Potter contra el deseo que se profesaban mutuamente. Se deseaban, y eso bastaba.
Él era perfecto para ella, y Ginny lo convencería de que era igualmente perfecta para él.
Si el primer beso le había parecido vehemente, no pudo compararse a la respuesta de Potter. La levantó literalmente del suelo, presionando su cuerpo contra el suyo mientras la devoraba con una pasión tan ardiente y voraz que Ginny sentía los labios en llamas.
Se estaba moviendo, pero a Ginny no le importaba adonde fueran. Cuando su espalda chocó con la pared se aferró con fuerza a sus hombros y sus piernas se abrieron como si tuvieran voluntad propia, invitándolo con un descaro inaudito en ella, pero que en esos momentos le resultaba totalmente natural. Él no vaciló en aceptar y se colocó de tal manera que su durísima erección se apretara contra la unión de los muslos de Ginny, haciéndola gemir de placer.
—Me estás matando —le gruñó él al oído, antes de morderle el lóbulo de la oreja y lamerlo con avidez.
Ginny no conseguía articular palabra, de modo que dejó que su cuerpo respondiera por ella y se contoneó cuanto le permitía su posición entre el cuerpo de Potter y la pared.
Él empezó a lamerle el cuello, provocándole estremecimientos por todo el cuerpo.
—Sabes muy bien…
—¿Mejor que la cena? —consiguió bromear con un hilo de voz.
—Mejor que todo —respondió él, muy serio y con la voz cargada de deseo salvaje.
¿Cómo era posible que nunca hubiera sentido nada igual?, se preguntó Ginny. Pero la respuesta no podía ser más clara: porque hasta entonces no había conocido a Harry Potter, y ningún otro hombre podría haberle hecho sentir algo semejante.
Al igual que le había pasado en el lago, sintió cómo la tensión crecía en su interior y cómo una incontenible corriente de placer la llevaba hasta el límite. Pero no estaba lista para alcanzar el clímax. Era demasiado pronto, y quería que Harry también lo experimentara. Sabía que había explotado de placer en el lago, o al menos eso le había hecho creer con su grito, pero ahora quería verlo. Quería ver su rostro contraído por una pasión descontrolada.
Un molesto pitido intentaba invadir su conciencia, pero ella lo ignoró y siguió recorriendo con las manos el cuello y la espalda de Harry, memorizando el contorno de su poderosa musculatura.
Pero entonces él la soltó al tiempo que maldecía entre dientes y se apartó de ella mientras sacaba el móvil del bolsillo.
preguntas Reviews
actualizo los viernes (solo por hoy actualizo el capilos 5)
si harry ya esta enamorada de ginny
y doy gracias a todos los lee estas historias y que me mandan Reviews
bbs
