Capitulo 6:
Ginny intentó volver a sus brazos, pero él negó con la cabeza y la apartó con una expresión de disgusto.
El dolor y la confusión por su rechazo se mezclaron con el torbellino de emociones que le había provocado el beso. Se derrumbó contra la pared mientras Potter se apartaba de ella para responder al teléfono.
—¿Diga?
¿Cómo podía mostrarse tan frío después de lo que habían estado haciendo?
Escuchó en silencio unos segundos y luego se volvió hacia ella con el rostro impasible.
—¿La amenaza ha sido neutralizada? —Le preguntó a su interlocutor—. ¿Mi misión ha conchudo?
Volvió a guardar silencio mientras escuchaba la respuesta.
—El informe estará listo pasado mañana. Tengo algunas sugerencias para mejorar la seguridad.
Ginny estaba cada vez más confundida. No entendía lo que Harry estaba diciendo.
—De acuerdo, habla con mi secretaria para concertar una reunión y te presentaré el informe personalmente —otro breve silencio—. Tomaré el primer vuelo mañana.
Dijo algo más y cerró el móvil. Ginny tragó saliva. La garganta se le había secado, estaba temblando y sentía náuseas.
—¿Vuelo? ¿Adónde vas?
Él puso una mueca como si la conversación le resultara desagradable, pero ninguna otra emoción se reflejó en su rostro.
—Vuelvo a mi oficina mañana.
—¿A tu oficina? Creía que estabas estudiando un máster.
—No era más que una tapadera.
—¿Una tapadera? ¿Qué eres, un agente del FBI o algo así? —no sabía cómo podría llevar una relación con alguien que tuviera un trabajo semejante. Aunque aquello explicaría las reservas de Potter para profundizar en su incipiente relación.
—Algo así.
—¿Cómo dices?
Potter apretó los puños en los costados.
—Tengo una empresa internacional de seguridad, especializada en las clases altas.
A Ginny le dio un vuelco el estómago al tiempo que una sospecha empezaba a cobrar forma.
—¿Te refieres a la realeza?
—En parte. Los clientes de Potter Investigations son extremadamente ricos y poderosos.
—Entiendo —murmuró. Pero no entendía nada, y no estaba segura de querer entenderlo.
—¿En serio? —le preguntó él con sarcasmo.
—No lo sé —admitió.
—Tu familia recibió amenazas de muerte y se decidió reforzar tu seguridad. Fue idea de tu tío que, en vez de sacarte de la universidad hasta que pasara el peligro, se contratara una protección adicional.
—¿Alguien ha amenazado a mis tíos? —preguntó Ginny, horrorizada.
—No, fue tu padre quien recibió las amenazas… con los nombres de sus hijos como posibles víctimas si no cambiaba su postura en un determinado asunto político.
—¿Por qué nadie me ha dicho nada? ¿Por qué todo este secretismo?
—Puesto que tus estudios no se verían interrumpidos, se optó por mantenerte al margen ya que lo contrario sólo podría ocasionar más dificultades —la voz de Harry era fría y serena, desprovista de toda emoción.
¿Cómo podía permanecer tan impasible cuando ella se sentía como si le estuvieran atravesando el corazón con una daga?
—En otras palabras, mi padre cree que soy tan tonta e impresionable que si tuviera conocimiento de las amenazas no podría concentrarme en mis estudios —dijo en tono amargo.
—Su jefe de seguridad no me contó los detalles de dicha decisión. Sólo recalcó la necesidad de mantener la operación en secreto.
—Y tú haces lo que se te dice, ¿no? —ahora entendía por qué sus guardaespaldas le habían permitido pasar la noche en casa de Luna sin vigilancia. Sabían que ya estaba siendo vigilada.
—Es mi trabajo.
—Y siempre haces tu trabajo sin nada que decir al respecto, claro —le dijo en tono irónico. Se resistía a creer que Harry fuera el tipo de hombre que obedecía las órdenes sin rechistar, incluidas las de su padre.
—Estuve de acuerdo con lo estipulado. Si mis agentes y yo simplemente nos hubiéramos sumado a tu equipo de seguridad, no habríamos ganado más que unos cuantos cuerpos que se interpusieran entre tú y las amenazas, pero si manteníamos la apariencia de una amistad o si permanecíamos en la sombra podríamos vigilarte, no sólo a ti, sino también a tus guardaespaldas.
—¿Por qué? ¿Acaso crees que uno de ellos podría ser un traidor?
—No sería la primera vez que ocurriera.
Ginny no podía refutárselo. Ni siquiera quería hacerlo. No quería seguir pensando. El dolor era cada vez más insoportable.
—Entonces… todo ha sido un gran engaño. No eras mi amigo… no eras nada.
—El engaño era necesario.
—No, no lo era… Podrías haberme dicho la verdad.
Era evidente que Potter estaba de acuerdo con su familia en que ella no era lo bastante lista ni fuerte para saber lo que pasaba en su vida. Y realmente se sentía como una idiota, pero sólo por haber confiado en él. Tal vez su familia tuviera razón, después de todo. No había demostrado ser muy inteligente en el terreno emocional… Se había enamorado de un hombre que no tenía reparos en mentirle para hacer su trabajo.
—Me mentiste… —lo acusó en voz baja—. Me enamoré de ti y todo fue una mentira. Todo…
—¿Qué yo te mentí? —espetó él—. ¿Acaso tú has sido honesta conmigo… princesa?
Por primera vez, aquella palabra no le sonó como un apelativo cariñoso. Ginny lo miró y agradeció estar apoyada en la pared, porque no estaba segura de que sus piernas pudieran sostenerla.
—¿A qué venían todas esas preguntas sobre mi familia o si vivía sola? Debes de saber más sobre mi vida que yo misma —su tono de voz estaba alcanzando un nivel peligroso. Por primera vez en su vida, casi estaba gritando—. Creía que yo te gustaba por mí misma, no por la riqueza o el poder de mi familia. No puedo creer que haya sido tan estúpida…
—Deja de compadecerte, Ginny —dijo él con una voz fría como el hielo—. Dices que te enamoraste de mí, pero nunca me has contado la verdad sobre ti. Esta noche te di la posibilidad de sincerarte conmigo y no la has aprovechado. Igual que llevas haciendo desde que nos conocimos.
—No quería que tu opinión sobre mí se viera influida —exclamó ella—. Además, cuanta menos gente conozca mi verdadera identidad, menos riesgos habrá para mi seguridad. Tú mejor que nadie deberías entenderlo.
—Al comienzo, tal vez. Pero hace semanas que nos conocemos. Esta noche estabas dispuesta a ofrecerme tu cuerpo, pero sin compartir la verdad. Si sintieras algo por mí, no me verías como una amenaza ni un riesgo. No te importa saltarte otras medidas de seguridad cuando lo crees oportuno.
—No es lo mismo. Tú me has mentido en todo, mientras que yo… yo sentía algo por ti. Pero para ti no había nada. Sólo era un trabajo —¿por qué Potter no entendía el daño que le había hecho? Al parecer, creía que el fin justificaba los medios… igual que su padre.
Un destello de ira ardió en los ojos verdes de Potter.
—Eres como todas las mujeres que he conocido, princesa Ginny Weasley al Eversley. Tus declaraciones sentimentales son tan… sinceras como todas las verdades que has compartido conmigo hasta ahora.
—Eso no es justo, Harry. Yo tenía mis razones.
—Igual que tenías razones para mentir a tu familia y a tus guardaespaldas. ¿No te importa que esos hombres puedan perder su trabajo cuando yo haya presentado mi informe? ¿Pensabas en tu familia o en los pobres diablos encargados de tu seguridad cuando te dedicabas a mentirles para disfrutar de tu… libertad?
A Ginny le costaba respirar. Potter no la conocía en absoluto. Hasta ese momento había creído que la entendía, pero sólo había sido otro espejismo.
Sin embargo, no era aquel descubrimiento lo que le estaba desgarrando el corazón. Los responsables de su seguridad no eran malas personas. Tenían sus propias vidas, sus familias… Ginny no podría soportar que perdieran su trabajo.
—No puedes presentar un informe que los perjudique —su tono era suplicante, pero no le importaba. Nunca se rebajaría a suplicar por ella misma, pero no permitiría que su orgullo perjudicara a los hombres que dependían de su familia para ganarse la vida.
—Eso deberías haberlo pensado antes de saltarte las medidas de seguridad que puso tu familia.
—No sabía que me estaba vigilando un segundo equipo. De haberlo sabido, no habría hecho nada que pudiera poner en apuros a mis guardaespaldas.
—¿Y no se te ocurrió que si algo te sucedía en una de tus numerosas escapadas tus guardaespaldas podrían ser despedidos o algo peor?
—Aquí nadie sabe quién soy. No estoy en peligro.
—¿Cómo puedes ser tan ingenua?
La veía como una cría necia y descerebrada, igual que los demás hombres de su vida. Pero no era el momento de preocuparse por eso.
—Por favor, Harry… No puedes presentar ese informe.
—No tengo elección. Me tomo mi trabajo muy en serio.
Ella bajó la vista al suelo y se abrazó a sí misma, buscando un consuelo inexistente.
—¿Y si te prometo que no volveré a hacerlo?
—¿Qué no volverás a hacer, exactamente?
Ginny lo pensó rápidamente. Tendría que cumplir su promesa al pie de la letra, sin importar lo que él pensara de su honor.
—¿Y si te prometo que no volveré a zafarme de mis guardaespaldas?
Él soltó un bufido y ella levantó la cabeza bruscamente.
—¿Qué pasa? —le preguntó en tono acusatorio—. ¿No me crees capaz de cumplir una promesa?
—¿Cómo la promesa de ser honesta con tu equipo de seguridad?
—Yo nunca hice una promesa semejante. No es culpa mía que me vean como una chica dócil y obediente que no se atreve a perseguir su libertad.
Potter siguió sin parecer convencido. A Ginny no debería sorprenderle su escepticismo, pero sí le sorprendía… y le dolía.
—Mira, aunque nuestra supuesta amistad no haya sido más que una falsa ilusión, debes de conocerme lo bastante bien para saber que nunca le haría daño intencionadamente a nadie, y mucho menos a la gente que dependa de mí para vivir.
—Y sin embargo arriesgaste los empleos de tus guardaespaldas y de tu carabina, por no mencionar la situación tan comprometida en la que se vería tu tío ante tu padre cuando se descubriera lo que has estado haciendo bajo su tutela.
—¡Nunca pensé que me descubrirían!
Él negó con la cabeza.
—Por favor, Harry.
—Prométeme que no volverás a mentir a tus guardaespaldas ni a tu familia y que acatarás las nuevas medidas de seguridad, y yo consideraré la posibilidad de incluir las sugerencias en mi informe sin revelar por qué creo que son necesarias.
—Lo prometo —sabía que no volvería a ansiar la libertad en mucho tiempo. No quería volver a vivir una traición semejante—. Prometo que no engañaré a mi familia ni a los criados en lo que respecta a mi seguridad personal —aclaró.
No le estaba prometiendo que nunca más volvería ocultarle la verdad a su familia. Al fin y al cabo llevaba una vida que ellos nunca entenderían. Especialmente el pequeño detalle de su ciudadanía norteamericana.
Harry la miró con dureza, pero de todos modos asintió.
—De acuerdo.
Potter se negó a marcharse hasta que no regresó Luna y se hubiera avisado a otro guardaespaldas para vigilar el edificio.
A Ginny le costó un enorme esfuerzo no derrumbarse delante de él. La única manera para sobrellevar el dolor era fingir que estaba con su madre en vez de con Potter. Ginny nunca había llorado en presencia de su madre, o al menos en presencia de su recuerdo.
Bastaba con imaginarse a su madre presenciando su humillante rechazo para contener las lágrimas… pero no para aliviar la agonía. De hecho, la idea de que su madre tuviera conocimiento de la misión de Harry y de la forma que había tenido para acercarse a ella agudizaba aún más el sentimiento de traición. Tal vez no llorase por fuera, pero su corazón estaba derramando lágrimas de sangre.
La cuerda elástica de Ginny se tensó y sus manos rozaron el agua antes de que el rebote tirase de ella hacia arriba. Levantó el torso y empezó a desatarse el arnés sin esperar a que cesara el balanceo. Cayó al agua en el siguiente descenso y nadó rápidamente hacia la orilla. No podía creer que Harry hubiera vuelto.
Ya no sólo era el propietario de la agencia de detectives más importante del mundo, sino que también dirigía los negocios internacionales de su difunto padre y presidía muchos comités benéficos. A Ginny le costaba creer que hasta su propio padre pudiera conseguir que un magnate como Harry Potter se ocupara personalmente de un caso.
Lo que no le sorprendía en absoluto era que el rey de Eversley hubiera contratado los servicios de Potter Investigations cuando su díscola hija se esfumara antes que casarse con un hombre al que nunca había visto. Al fin y al cabo, la agencia había hecho un buen trabajo ocho años antes. Harry no sólo la había mantenido a salvo, sino que había hecho algunas recomendaciones para mejorar su seguridad que habían reducido drásticamente su libertad de movimientos.
Gracias a Dios que tenía a Luna. Sin ella, los años restantes de Ginny en la universidad habrían sido insoportables.
Al acabar los estudios, sin embargo, fueron aquellas medidas de seguridad las que provocaron el primer enfrentamiento con su familia. El resultado fue una relajación de las restricciones, pero también estuvo a punto de costar una ruptura entre sus padres y sus tíos. Los monarcas culpaban a sus parientes americanizados por la rebeldía de su hija, sin tener en cuenta la propia voluntad de ésta.
A pesar de sus reiteradas demandas de libertad e independencia, sus padres siguieron convencidos de que aceptaría casarse con el hombre que habían elegido pata ella. Tal arrogancia y despotismo le resultaban, y seguían insultándole, inaceptables.
Finalmente alcanzó la orilla.
—Un salto increíble, Ginny. ¿Lista para intentarlo de nuevo? —le preguntó Aaron mientras le daba una palmada en la espalda. ¿O era Adam? No podía estar segura. Lo único que sabía era que formaba parte del personal de tierra.
Negó con la cabeza.
—No más saltos por hoy. ¿Puede alguien llevarme di hotel? Eh… ¿Enseguida?
No era tan ingenua para creer que podía escapar de Harry, pero no quería verlo delante de un grupo de desconocidos.
—¿Estás bien? ¿Te has lastimado al saltar?
—No, estoy bien. Pero tengo que regresar al hotel.
—Ningún problema. Yo te llevaré —dijo él con una sonrisa seductora, y así se lo hizo saber al resto del personal de tierra.
El jeep se comía los kilómetros que separaban la zona de salto del hotel de Ginny. Adam… o Aaron cambió de marcha y tomó una curva cerrada para salir del cañón, haciendo rechinar los neumáticos.
—Así que vuelves al hotel… ¿Tiene algo que ver con el tipo del traje que gritaba como un loco en el puente?
—Harry no grita.
—Fred dijo que tenía unos buenos pulmones. Y a punto estuvo de saltar él mismo cuando le vio sacar el arma.
— ¿Sacó un arma? —preguntó Ginny, horrorizada.
—Sí, pero tú ya habías saltado. El tipo… Harry… maldecía mejor que cualquier sargento del ejército, según Fred.
—¿Cómo lo sabes?
—Fred me lo dijo desde el puente cuando el tipo se marchó en su coche. Dijo que tal vez viniera hacía nosotros.
—Tal vez —murmuró ella, pero ni siquiera Harry podría cubrir la distancia en coche tan rápido como ella había saltado.
Aun así, se sorprendió de que sus vehículos no se encontraran en el cruce a la salida del cañón.
—¿Ese Harry es tu novio o algo así?
—Algo así.
No dio más detalles y su rubio conductor se encogió de hombros, respetando su intimidad.
—¿Quieres que le diga a Fred que no aceptarás la oferta para unirte a nuestro equipo?
—Si no te importa… —dijo ella, sorprendida por su perspicacia.
—Claro que no. ¿Vas a necesitar transporte en la ciudad? —le preguntó mientras entraban su el aparcamiento del motel.
Ginny se puso rígida al ver un Jaguar negro aparcado frente a su habitación.
—No, no creo que sea necesario, pero gracias de todos modos.
El jeep se detuvo junto al Jaguar.
—Parece que tu «algo así» se nos ha adelantado. ¿Quieres que entre contigo?
Ginny no pudo evitar una sonrisa. Aun quedaba gente buena en el mundo, aunque su propia familia estuviera dispuesta a venderla por alguna especie tic alianza política.
Se giró hacia él y le puso la mano en el brazo.
—Gracias, Aaron…
—Adam.
—Lo siento —se disculpó ella con una mueca.
—No pasa nada.
—De verdad te lo agradezco, pero estaré bien, no le preocupes. Harry no está aquí para hacerme daño —al menos, no físicamente.
—De acuerdo. Buena suerte, Ginny. Y si alguna vez necesitas trabajo, no dudes en volver con nosotros. Fred se ha quedado impresionado contigo… Y yo también —el interés que brillaba en sus ojos era inconfundible, pero Ginny no sintió ninguna reacción femenina. No había sentido nada desde hacía ocho años, guando descubrió que no era más que un trabajo para ¡Harry Potter. Desde entonces lo había intentado con todo su empeño, pero era como si su libido se hubiera apagado y no encontrara el interruptor para volver a encenderla.
En algunos aspectos, la falta de atracción sexual por los hombres con los que había salido le había hecho la vida más fácil. No había vuelto a sufrir y había tenido mucho más tiempo y energía para dedicarse a otras cosas.
Se inclinó hacia Adam y Josué besó en la mejilla.
—Gracias.
Él giró la cabeza y le devolvió el beso… en los labios. No fue un gesto agresivo ni ella se sintió amenazada, pero tampoco sintió otra cosa. Le sonrió y agarró su bolsa del asiento trasero para salir del todoterreno.
Harry la estaba esperando en la puerta abierta de su habitación. Llevaba efectivamente un traje, o lo que quedaba de uno. Se había quitado la chaqueta y la corbata y se había arremangado la camisa blanca, revelando sus antebrazos fuertes y bronceados. Sus pantalones a medida se amoldaban perfectamente a sus esbeltas caderas y largas piernas.
A Ginny se le hizo la boca agua y sintió un picor en las manos.
¿Qué demonios le ocurría? Se había pasado ocho años sin el menor deseo sexual, y de repente volvía a tener las hormonas revolucionadas.
Le costó toda su fuerza de voluntad ocultar sus emociones y adoptar una expresión impasible frente al hombre que la había acosado en sueños durante casi una década.
—Hola, Harry.
Él arqueó una ceja.
—No parece que te sorprendas de verme. Ella se encogió de hombros, como si la imagen de Harry no la hubiera sacudido por dentro.
—Podría haber huido.
—Te habría alcanzado.
—Seguramente —su huida inicial no había estado muy bien planeada… había sido un acto de rebeldía más que otra cosa.
Harry entró en la habitación y ella lo siguió. ¿Por qué no? Necesitaba un poco de intimidad para la discusión inminente, y no le haría daño hacerle creer que era tan dócil como su familia pensaba.
Él cerró la puerta tras ella y echó el pestillo.
—Me alegra que seas razonable.
—¿Qué esperabas? —le preguntó Ginny, intentando no pensar en lo pequeña que le parecía la habitación ahora que Potter la llenaba con su presencia.
—Después de ver el poco respeto que te inspiran tu familia y la corona, admito que me esperaba una actitud más difícil por tu parte. Ni siquiera has intentado pedirle a tu novio que te rescate.
Sus palabras le dolieron, pero se negó a mostrarlo y se obligó a recordarse que la opinión de Harry no debería importarle. Por desgracia, no podía evitarlo.
—Tal vez no acepte que mis deberes como hija incluyan casarme con un hombre al que ni siquiera conozco, y menos aún con uno al que se conoce como el «príncipe playboy», Pero eso no significa que quiera involucrar a un testigo inocente en mi situación.
—Veo que los años no te han cambiado.
—¿En serio? ¿En qué sentido? —le preguntó, movida por un impulso masoquista.
—Sigues anteponiendo tu comodidad a las personas que dependen de ti.
—Oh, claro… la gente de Eversley será muy desgraciada si no me caso con el hijo de un reino vecino.
—Tu padre cree que es lo mejor para su país.
—Tal vez, pero Eversley dejó de ser mi país hace más de veinte años y no veo por qué debería sacrificar mi vida en pos de una conveniencia política.
—Sigues siendo princesa de Eversley.
Ella se encogió de hombros. No quería seguir hablando con una camiseta mojada y unos shorts sobre el bañador empapado.
—Por muy interesante que sea esta conversación, tengo que darme una ducha y ponerme ropa seca.
