Disclaimer: Nada de esto es mío, sino Snape estaría vivo y yo sería millonaria. Todo es de JK.
Este fic participa en el minirreto de noviembre para El Torneo de los Tres Magos del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
Poción Sonorus: Concede al que la bebe una gran capacidad de oír a una distancia grande.
Segunda generación: Vincent Crabbe.
Si no sabes, no bebas
Vincent hace tiempo que había dejado de escuchar a Draco. No lo necesitaba, ¿quién querría a un marica llorón? Más ahora que Vicent podía ir por Hogwarts repartiendo maldiciones con la aprobación de los maestros.
En eso pensaba cuando bajó a la sala común. Descubrió que debía de ser más tarde de lo que pensaba porque no había absolutamente nadie. Estaba apunto de salir hacia el comedor cuando un frasquito llamó su atención.
Sonorus, podía leerse claramente. ¿Sonorus? Se preguntó Vincent, tratando de recordar qué demonios era eso. Pensó en las clases de Snape, y su monótona voz, algo llegó a su mente.
Concede una asombrosa capacidad...
...quien la beba tiene el poder de…
¿Asombrosa capacidad? Sonoba justamente como algo que necesitaba. ¿Poder? Desde luego que sí. Sin pensarlo destapó el corcho y se bebió todo el contenido azulado. Cerro fuertemente los ojos, esperando absurdamente que de esa forma el efecto fuese más rápido. Pasado diez minutos comenzó a impacientarse, no sentía ningún cambio significativo.
Crabbe salió esa mañana de la mazmorra indignado porque la poción no había funcionado. Quizás no debió hacerlo. Cuando llegó al vestíbulo comenzó a oír voces, voces que murmuraban en su cabeza cosas que para él no tenían sentido. Una vez frente a las puertas del Gran Comedor volvió a cerrar los ojos fuertemente, quizás un poco de comida le vendría bien, y Crabbe, estúpidamente, las abrió de golpe. El mundo se le vino encima.
El resto del día para Vincent fue un los sonidos los escuchaba como gritos en sus oídos. La cabeza le daba vueltas, no podía separar las diferentes voces de alguien que estaba a su lado o quién estaba al otro extremo del comedor. No podía escuchar ni su propia voz, no sabía que estaba gritando.
Intento toda la tarde buscar algún rincón apartado. Se sentía cada vez más desorientado, y su cabeza lo estaba matando de dolor. Al principio pensó en esconderse a esperar que los efectos pasarán, pero ¿cuánto tiempo sería eso? Cuando sentía que se estaba muriendo y nada podría ser peor escuchó los gritos de alumnos que eran torturados en la clase de los Carrow, los vellos se le erizaron.
No sabía cuántas horas llevaba dando vueltas ni en qué parte del castillo estaba, pero sí que era tarde. Se veía el cielo nocturno por las ventanas. Aún sentía terrible, pero las voces ahora eran menos.
— Que bueno es el silencio —pensó antes de derrumbarse frente a una gran gárgola. Le pareció oír la voz del antiguo director junto con Snape.
— Si Voldemort le leyera la mente a Harry y te viera ayudándolo…
— Lo sé —decía Snape.
Luego, Crabbe no recordó más.
Fin. Es lo mejor que he podido hacer contra el tiempo. Si no fuese por MeriAnne Black no hubiese entregado nada. Lamento si hay muchas faltas. No he podido conseguir a alguien que beteara esto,y me gustaría explayarme sobre ese asunto, y quejarme bastante, pero dah. ¿A quién le importa?
En fin,
¡Saludos!
