Disclaimer: Tokyo Ghoul le pertenece (por desgracia) a Sui Ishida.
Si han leído el capítulo 55 de :re, una advertencia antes de que me linchen por la demora: estoy de luto por (¡ALERTA DE SPOILERS!)
Ginshi Shirazu TT-TT (al igual que todo el fandom)
Así que por favor les ruego su comprensión con una coja doliente a quien el maldito de Sui Ishida le ha arrancado su corazoncito, lo ha hecho pedazos y se ha reído en su cara (otra vez, ¡¿CUÁNTAS MÁS, ISHIDA?!). Mis últimas esperanzas de vida radican en que disfruten de este capítulo.
Reencuentro
Capítulo 2
Tras tres largos años de haber desaparecido y sido declarado muerto, el jodido Amon Kotaro se aparecía delante de su antigua compañera una vez más.
Excepto que esta versión de Amon Kotaro era un ghoul de un ojo.
Las piezas del rompecabezas terminaron de unirse en ese instante, y Akira intuyó de inmediato cómo había terminado así. Si era posible odiar más a Kanou, ella lo hizo en ese momento.
Sin embargo, algo en Amon era diferente. No tenía la demencia en sus ojos que Takizawa tenía. No la había atacado – al menos no hasta el momento – como el otro sí lo había hecho. Y además, aparte de su ojo derecho, su atuendo y su mano derecha (la cual, como Akira observó con horror, sólo tenía tres dedos), Amon no había cambiado mucho. Su cabello, uñas y rostro habían permanecido prácticamente iguales; en realidad, tan apuesto como antes.
Salvo por el hecho de que sus fuertes y atractivas facciones estaban contorsionadas de dolor y de vergüenza.
Y Akira comprendió que era por reencontrarse con ella en su condición actual. Por tener que soportar que ella lo viera convertido en un monstruo.
Pero no lo era. Amon no era un monstruo. A pesar de poseer una kagune, un kakugan en su ojo derecho y una mano derecha de sólo tres dedos, Amon Kotaro seguía siendo un humano, aunque no del todo en el sentido físico. Era como Haise.
De hecho, Amon había seguido apoyando a la CCG desde afuera, en lugar de pasarse al enemigo como Takizawa. Akira adivinó por instinto que era él quien había asesinado y canibalizado a decenas de miembros de Aogiri que huían de la Subasta al final de la operación. Era él quien llevaba un largo tiempo causándole problemas a Aogiri. Era él quien había salvado a Saiko Yonebayashi durante una emboscada de Aogiri, y ahora a ella de Takizawa. Y nunca le había puesto una mano encima a un investigador. Incluso había recurrido al canibalismo (¿se podía considerar canibalismo si él era sólo mitad ghoul?) antes que comer humanos.
Amon Kotaro seguía allí. No se había perdido a sí mismo. Aogiri no había conseguido quebrarlo. Tan típico del jodido Amon Kotaro.
Akira notó que Amon todavía tenía su mano en la suya, de lo cual se alegró mucho. Lo tenía decidido: no iba a perderlo de vista nunca más.
Fue por eso que apenas ambos oyeron acercarse a los refuerzos de la CCG que habían sido llamados durante la batalla con Takizawa y Amon hizo una mueca de dolor y el ademán de escapar y dejarla de nuevo, ella lo sujetó con fuerza.
– No te vayas – le rogó, negándose a soltarlo.
– Akira… – musitó él, con el ceño fruncido, los ojos cerrados y los dientes apretados, cubriéndose su ojo derecho con su mano derecha mutilada y luchando por no liberar las lágrimas que había contenido por tres años.
La amaba. La amaba de verdad. Habría dado cualquier cosa por retroceder en el tiempo hasta antes de la redada a Anteiku y no haber desperdiciado la oportunidad de estar con ella cuando pudo. Pero ahora no podía permitirse el lujo de llevarla con él y ponerla en peligro a ella también, con Aogiri tras sus talones y la CCG investigándolo. Jamás se perdonaría a sí mismo si Akira Mado era acusada de ayudar a un ghoul – a él.
– No me importa – la hija de su mentor interrumpió sus pensamientos, al parecer leyéndole la mente con esa intuición que él mismo había visto tanto en ella como en Kureo Mado.
– Si me encuentran… Y si te quedas conmigo… – Amon intentó explicarle.
– No. Yo no lo permitiré – le prometió ella con firmeza, sujetando el rostro de él entre sus manos y mirándolo directamente, sin hacerle el más mínimo asco a su kakugan –. Sólo quédate conmigo. Por favor.
No les quedaba mucho tiempo; los otros investigadores se acercaban cada vez más. Y Amon Kotaro se mordió el labio y tomó su decisión cuando su corazón fue más fuerte que la prudencia y la lógica.
Recogió el bastón, tomó a Akira en sus brazos y huyó a toda velocidad, trepando por las paredes y ventanas ayudándose de su kagune y su agilidad y fuerza sobrehumanas.
A Akira apenas le dio tiempo para recoger su quinque (un preciado recuerdo de su padre que por nada del mundo dejaría atrás) y su maletín vacío en cuanto notó que Amon tampoco estaba dispuesto a alejarse de su lado otra vez. En los siguientes segundos se sintió sacudida de un lado a otro y algo confundida y sobresaltada, pero los fuertes brazos que la sostenían y a los que ella se aferraba le dieron la extraña sensación de que todo estaba bien.
Antes de que se diera cuenta, estaba con Amon en el tejado del edificio. En sus brazos. En contraste con la prisa anterior por escapar, él la bajó con toda la delicadeza y cuidado del mundo y se arrodilló junto a ella.
Olvidando todo lo que estaba pasando y el futuro que se presentaba incierto, Akira aprovechó que en ese preciso instante no tenía que hacer un esfuerzo titánico para superar la abismal diferencia de 27 centímetros de altura entre ellos y rápidamente lo agarró por la nuca y juntó sus labios con los de Amon Kotaro.
La respuesta fue inmediata. Y ferviente. Akira sintió cómo él le pasaba ambas manos por su cabello rubio, deshaciendo su moño mientras ella hacía otro tanto y le suplicaba en su mente a Dios o a quienquiera que la estuviera escuchando que detuviera el tiempo. Que este momento durara para siempre y que en el mundo sólo quedaran ella y su anterior compañero. Juntos. Tan cerca el uno del otro. Con sus labios unidos y sus mentes en blanco, sin ninguna preocupación, sin ningún miedo.
Pero la realidad era cruel. Amon se separó de ella cuando oyó a otros investigadores debajo de ellos, examinando el cadáver de Seidou Takizawa y los de quienes éste había matado y buscando a la investigadora de Clase Especial Asociada Akira Mado, quien acababa de esfumarse sin dejar rastros en una misión. Y él se dio cuenta del problema en el que se habían metido. En el que él la había metido.
– Lo siento – murmuró apretando los puños y apartándose de ella –. Debería haberme ido apenas maté a Takizawa. La CCG… Aogiri… No podré mantenerte a salvo… Te buscarán… A mí ya me siguen… Y acabo de arrastrarte a todo esto. Lo siento tanto, Akira. Soy un…
Bajó la cabeza, ocultó la cara entre los ocho dedos que le quedaban en las manos y se echó a llorar. Sus sollozos eran tan profundos y tan dolidos que a Akira le dolió físicamente. Le costaba creer que estaba viendo a un (¿antiguo?) investigador veterano y una de las personas más fuertes que había conocido llorar como un niño delante de ella. Pero obviamente, quién sabía todo por lo que había pasado por esos tres años en los que todos creyeron que estaba muerto.
Ella lo abrazó y sus propias lágrimas cayeron. Por Amon. Por Takizawa. Por cómo tenían que ser las cosas en este mundo.
Dos horas más tarde, cuando la noche caía sobre Tokio, Amon Kotaro yacía dormido en la cama de Akira Mado en el apartamento de ésta (*). A pesar de que él había insistido mil veces en que Aogiri lo seguía y que no era seguro para nadie estar cerca de él, ella apenas le había permitido cualquier excusa.
– Si has podido defenderte por tu cuenta por tanto tiempo, podrás hacerlo conmigo. Juntos derrotamos a Takizawa. No tienes que preocuparte por mí.
Él negó con la cabeza.
– No puedes imaginarte los intentos de Aogiri por eliminarme. Me seguirán a donde sea. Tarde o temprano siempre se aparecen. Si te identifican aunque sea a unos metros de mí, también te convertirás en su objetivo. No hay lugar adonde ir.
– Hay uno. Al menos por ahora – replicó ella.
Y allí estaban, juntos en el apartamento de Akira una vez más. Amon estaba desfalleciendo de cansancio por la batalla y por los eventos de ese día, por lo que ella le cedió su cama y él se quedó dormido casi en el acto, pero aferrando su bastón con la mano izquierda y la de su anterior compañera con la derecha – su mano de tres dedos. A ella no le molestaba en absoluto. Ella tampoco quería separarse de él.
La rubia contempló el rostro del ghoul de un ojo apoyado en la almohada. Hasta en sueños, Amon Kotaro llevaba una expresión adusta y preocupada, y sujetaba el bastón como si su vida dependiera de ello, en una actitud casi paranoica. Ella sólo podía suponer que se había acostumbrado a dormir (y básicamente a vivir) en estado de alerta.
Akira examinó la mano que sostenía en las suyas. Observó que no había ninguna marca donde faltaban los otros dos dedos; era como si la mano hubiera crecido con esa deformidad. Recordó que la CCG había reportado un brazo mutilado donde el investigador había desaparecido en Anteiku. Sin duda alguna eso tenía algo que ver.
Para comprobarlo, con mucho cuidado removió la manga derecha de la túnica harapienta, descubriendo los pedazos que quedaban de una armadura prototipo Arata y una enorme cicatriz pálida y brillante alrededor de todo el hombro derecho. Allí donde el ghoul de rango SS, apodado Ojo Parchado y luego Ciempiés debido a la forma de su kakuja incompleta, le había arrancado el brazo derecho de cuajo cuando pelearon en la redada a Anteiku.
De hecho un medio ghoul artificial, otro de los experimentos de Kanou, derrotado por Arima durante esa misma operación y capturado por la CCG.
Y luego "convertido" en Haise Sasaki, investigador de Primera Clase, actual compañero de Akira Mado y mentor del Escuadrón Quinx. Un medio ghoul, pero tan humano como cualquier humano.
Como Amon, incluso ahora.
La investigadora se preguntó si Amon recodaría a Haise – o mejor dicho, Kaneki Ken, el nombre de Haise en ese entonces. Bueno, lo más probable era que sí. Uno no olvida fácilmente a alguien que le hizo perder una extremidad.
¿Cómo reaccionaría Amon si volviera a ver a Haise en el presente? ¿Haise recordaría algo de su pasado si esto sucediera? Recientemente el joven se había mostrado interesado en los archivos concernientes al investigador desaparecido y dado por muerto. ¿Sus memorias de él estaban regresando?
Akira no quería pensar en eso por el momento. Su mente ya había pasado por suficientes cosas por hoy. El mundo había cambiado demasiado en sólo tres años, maldita sea. Y por desgracia, ella y Amon también formaban parte de ese mundo.
En ese instante, ella sólo sabía una cosa: defendería a Amon Kotaro a cualquier precio.
Perdón por el drama en todo este capítulo, pero los últimos capítulos me han dejado un poco (o bastante) trastornada. Al menos déjenme un review para saber si quedó bien, por favor. Sería un gran consuelo ahora mismo.
P.D: Planeaba hacer un chiste diciendo que si pensaron lo que me imagino que pensaron aquí (*) son unos pervertidos, pero ahora no tengo ánimo. Discúlpenme. *vuelve a llorar* ¡MALDITO SEAS, SUI ISHIDA!
Los quiere (a pesar de su dolor en su luto),
Audrey-chan
