Domus 3

-Firmar-

'Gracias.'

Ése fue el mensaje de texto que recibiste a los dos minutos de haberle dicho a Camus que aceptabas las condiciones del contrato.

Te iba a dar taquicardia, no sabías qué más esperar o qué iba a suceder ahora que habías aceptado el famoso contrato.

Tu teléfono volvió a vibrar. Leíste:

'Voy para allá. Te veo en veinte.'

Una ola de alegría se deslizó por tu piel, ibas a verlo otra vez, te sentiste feliz, emocionado, como un niño chiquito. Quizá no habías tomado una decisión incorrecta después de todo. Sólo tenías veinte minutos para arreglarte, así que dejaste de pensar y te apresuraste.

o-x-o

El interfono sonó, el portero te dijo que tenías visitas, le dijiste que lo dejara subir.

El timbre de tu departamento sonó a los tres minutos. Abriste la puerta.

—Hola —dijo, estaba sonriendo.

Te faltaron las palabras un instante, ¿qué tenía este chico que te ponía tan mal? Se veía estupendo, inmaculado, elegante, precioso. Usaba un pantalón de vestir gris obscuro, camisa blanca y un suéter verde agua con pequeños puntos grises. Limpiaste tu garganta y respondiste:

—Hola.

Y sin previo aviso, se acercó y te besó en los labios, un beso de saludo, ya no más el saludo de manos que habían compartido. Le diste gracias internas a todos los responsables en el universo que habían confeccionado esos labios tan suaves. Sonreíste con descaro.

Te moviste a un lado para dejarlo entrar.

—Disculpa el desorden —le advertiste.

Camus entró y le señalaste la sala de tu departamento.

o-x-o

—¿Tienes el contrato? —preguntó cuando estuvieron sentados.

Iban a ir al grano. Lo sacaste de la bolsa de tu pantalón. Aún no lo habías firmado.

—Aquí está. —Se lo entregaste—. Sólo tengo una duda y una petición antes de firmar.

Te miró con extrañeza.

—¿Cuáles son?

Tomaste aire y dijiste:

—Quiero saber qué pasa después de esto. ¿Qué pasa después de los siete días?

—Se decidirá si se renueva el contrato —te informó, su tono neutro.

—¿Por otros siete días?

—No lo sé, podría ser un mes, tres meses, no sé.

—¿Qué ha pasado con las otras personas que han cumplido los siete días? —Porque seguramente había habido más gente, ¿no? Otros sumisos.

—No he hecho ninguna renovación de contrato —contestó.

—¿Por?

—No me ha interesado renovar ningún contrato y recuerda que todo esto es de mutuo acuerdo.

Está bien, tenías que considerar el riesgo muy alto que después de siete días él podía dejarte.

—Quiero hacerte una petición —dijiste, prosiguiendo con el tema.

—El contrato no es negociable —respondió, adelantándose a lo que tenías que decir.

Te sorprendió lo tajante de sus palabras.

—No quiero negociar lo que viene ahí escrito. Lo cumpliré al pie de la letra siempre y cuando tú aceptes mi petición.

—¿De qué se trata?

Tenías toda su atención. Tomaste aire de nuevo y dijiste:

—En el contrato hablas de siete días, voy a dártelos, pero yo quiero el octavo día.

Entrecerró los ojos.

—No entiendo —dijo.

—Sí, el octavo día tú cumplirás mis órdenes.

Camus se quedó en silencio.

—¿Y si no acepto? —preguntó.

—No firmaré el contrato. —No sabías si él aceptaría, pero tenías que saber que él también se podía entregar a ti, ¿no se trataba esto de confianza?—. Piénsalo y si quieres después me avisas —repetiste lo que él te había dicho la noche anterior.

Te miró un instante antes de decir:

—Trato hecho.

Alzaste una ceja, estaba decidido a empezar "su relación" a como diera lugar, al parecer.

Desdobló el contrato y te lo regresó en señal de que lo firmaras. Te levantaste del sillón y te acercaste al teléfono que estaba a lado de la televisión por una pluma, regresaste a sentarte y lo miraste de nuevo antes de firmar el contrato, recargando la hoja sobre tu rodilla.

Le regresaste la hoja.

—Eres mío —dijo, con una sonrisa en sus labios. —Empezamos a partir de este instante.