Disclaimer: Tokyo Ghoul le pertenece (por desgracia) a Sui Ishida.

¡Feliz Navidad atrasada y feliz 2016 a todo el mundo! Como no les pude dar este capítulo como regalo en Navidad ni ayer por el cansancio con el que las celebraciones me habían dejado, se los doy ahora para celebrar el inicio del 2016. Aunque últimamente el manga de :re me tiene muy preocupada y (¡ALERTA DE SPOILERS!) ¡estoy MUY MOLESTA con Kaneki! Y por supuesto con Sui Ishida… Lo juro, si nos mete otra troleada más de la magnitud de las de los recientes capítulos del manga, estoy dispuesta a cruzar todo el Océano Pacífico nadando para lincharlo, como casi hice después de leer el capítulo 55. Pero bueno, al menos puedo desquitarme escribiendo.

Por cierto, ansiaba llegar a este capítulo porque aquí es cuando hago mi teoría sobre Amon en toda regla. Espero que les guste y que tenga sentido. Si tienen alguna sugerencia, no duden en hacérmela ;)

Reencuentro

Capítulo 3

Akira despertó por la madrugada, antes de la salida del sol, tras haberse quedado dormida en el suelo la noche pasada. Vio a Maris Stella a unos pocos metros de la ventana, mirando el cielo que aún no aclaraba y meneando la cola. A su dueña eso siempre la ponía de mejor humor.

Sin embargo, su sonrisa inminente se borró cuando miró su cama y vio que Amon no estaba allí. Y oyó gemidos, jadeos y hasta gritos contenidos que venían desde el pasillo.

Era el mismo lugar donde hacía tres años lo había encontrado haciendo lagartijas toda la noche mientras ella estaba ebria, lo cual la había divertido, pero lo que vio esta vez la sacudió de horror y angustia.

Su antiguo compañero estaba agazapado como podía en el reducido espacio, retorciéndose de dolor en posturas inhumanas. Su bastón y los restos de su armadura estaban a un lado y él apretaba los puños y los dientes en un intento de no gritar.

– ¡ALÉJATE DE MÍ, AKIRA! – exclamó cuando notó que ella intentaba ayudarlo, apartándola bruscamente con un empujón. Trató de arrastrarse lejos de ella, pero el dolor y la tensión se lo impidieron, junto con la kagune que emergió de sus omóplatos en forma de dos grandes alas de color rojo sangre y las placas grisáceas y negras que empezaban a expandirse por todo su cuerpo y formar dos hojas sobre sus hombros.

Una jodida kakuja. Por supuesto. Amon llevaba años alimentándose de otros ghouls. Y el canibalismo continuo era lo que un ghoul necesitaba para transformarse en un kakuja.

No obstante, la suya no estaba completa; aunque no le faltaba mucho, ésta no había terminado de desarrollarse. Por no mencionar que activarla era un suplicio. Cuando la hija de su mentor dio un paso hacia él, el medio ghoul extendió su mano de tres dedos.

– No te acerques – musitó con voz queda –. Por favor. No quiero hacerte daño.

Su kakuja comenzó a desvanecerse poco a poco y su kagune se contrajo hasta desaparecer, y Amon Kotaro se desplomó en el suelo, jadeando y temblando. Akira corrió a la cocina y regresó con un paño húmedo. Con gran esfuerzo lo ayudó a incorporarse y sentarse contra la pared y le humedeció la frente cubierta de sudor, sin importarle que su ojo derecho hubiera vuelto a tornarse negro y rojo.

– Lo siento mucho, Akira – murmuró él al cabo de un rato –. Lo último que quería era transformarme aquí, créeme. Mi maldita kakuja se activó involuntariamente. Ya me ha pasado antes.

– ¿Cómo te sientes? – preguntó ella, notando la tensión en sus músculos y viendo el dolor reflejado en su rostro.

– No te preocupes. Ha habido peores – contestó –. Las primeras veces fueron un verdadero martirio. Ahora ya ha mejorado. Pero aún no puedo controlarla. Ni siquiera logro terminar de desarrollarla. Ya me tomó meses aprender a usar bien mi kagune – Exhaló con pesadez –. Supongo que es por… – Se quedó callado de pronto. A ella le dio muy mala espina.

– ¿Kanou? – aventuró. Él negó con la cabeza débilmente y dijo:

– Yo… en realidad fui, o soy, un experimento fallido.

– ¿Qué…? – Akira dijo, intrigada y pasmada.

– Supongo que sabes que Aogiri secuestró a decenas de investigadores en Anteiku. Recuerdo haber oído decir a Kanou que ellos tienen cuerpos más resistentes que los humanos normales. Y habían perdido a su primer donante de kakuhou base para experimentos de ghouls de un ojo. Así que en esa operación, consiguieron una nueva base. El Búho falso.

Silencio por algunos segundos, mientras ella luchaba por procesarlo. Eso explicaba la kagune Ukaku que tenían Amon y Takizawa.

– Sin embargo, aun usando investigadores, las posibilidades de convertir a un humano en un ghoul de un ojo "exitoso" (según el criterio de ese bastardo) son absurdamente bajas. El único experimento que funcionó fue Takizawa. El resto fueron considerados "fracasos" – Tomó aliento –. Incluido yo.

– ¿En qué sentido? – preguntó su anterior compañera lo más calmadamente que pudo.

– En… esto – contestó él, levantando su mano de tres dedos –. Parece que algo falló en la regeneración de este brazo. Cuando salgo herido, no curo tan rápido como otros ghouls. Y si no me equivoco, también tiene que ver con el hecho de que me cuesta tanto desarrollar la kakuja – La miró a los ojos –. Puedo decirte con total honestidad que nunca he matado a un humano, Akira. Me rehusaba a matar a alguien aunque me muriera de hambre. Pero además opté por lo otro porque tenía… no, tengo que volverme más fuerte.

– ¡Ya eres fuerte! ¡No tienes por qué soportar eso! – exclamó ella, entre atónita, compadecida y furiosa, porque le había dolido en el alma verlo en esa agonía.

Si no hubiera estado tan debilitado, Amon se habría puesto de pie y se habría apartado de ella. En lugar de eso, sólo cerró los ojos y volteó la cara.

– Tú no los conoces, Akira – dijo tras un momento –. Tú has visto que yo estaba igualado con Takizawa, pero dentro de Aogiri hay otros mucho más poderosos. Y la única razón por la cual pude sobrevivir todas las veces que peleé con él fue por lo que quedaba de mi armadura y por mi quinque – Señaló el bastón.

– ¿De dónde la sacaste? – preguntó ella, tomándola. Era pesada, sólida y compacta: sin duda alguna de tipo Koukaku, como las que usaba Amon en sus días en la CCG.

– Era de un miembro de Aogiri, Hakatori – replicó –. Tiene toda una colección de quinques que les quita a investigadores muertos, porque usar su kagune consume demasiada energía. Se la robé cuando… – Vaciló por un momento – cuando finalmente trataron de deshacerse de mí.

– ¿Por qué?

– Porque yo era el único de los experimentos fallidos de Kanou que podía oponer cierta resistencia.

– ¿Resistencia contra qué? – insistió la investigadora, cada vez más horrorizada.

– En el laboratorio de Kanou quedan decenas, si no cientos, de medio ghouls defectuosos – contestó Amon ásperamente –. Yo me libré sólo porque tuve la suerte de recobrar la conciencia antes y tener suficiente fuerza como para preocupar ligeramente a los mandos superiores de Aogiri. Así que me retuvieron cerca de un mes – Ante esas palabras, Akira se estremeció y prefirió no preguntar su significado – y luego resolvieron eliminarme. Como ves, fallaron y escapé, con una quinque y lo que quedaba de mi armadura Arata – Rió sin alegría –. Lo irónico es que en su intento por descartar una posible amenaza, o sea yo, me ayudaron a convertirme en una auténtica piedra en el zapato para ellos.

La hija de su mentor no pudo evitar alegrarse al oírlo. A Aogiri se le había salido el tiro por la culata.

– Volviendo a mi punto original – prosiguió él al cabo de un rato –, Takizawa no era el miembro más peligroso de Aogiri, ni mucho menos. Yo quería volverme más fuerte, acabar con él, y luego…

– ¿Con el resto de ejecutivos y eventualmente los líderes? – intuyó ella.

– Algo así – asintió él –. En Anteiku llegué a enfrentarme con dos de los líderes superiores, Tatara y Noro. Le grité a Takizawa que se fuera, que yo los contendría todo el tiempo posible aunque ya había perdido el brazo derecho y mi Doujima estaba dañada. Asumí que de todas formas iba a morir, y prefería hacerlo para que él se salvara – Frunció el ceño y apretó los puños –. Pero el muy estúpido no huyó cuando pudo.

Akira se estremeció. Entonces así era cómo esos hijos de puta habían raptado a su rival, a su interés romántico y a muchos otros investigadores.

– Por eso Takizawa era mi principal prioridad – continuó Amon tras una pausa sombría –. Cuando vi en qué lo habían transformado, en lo que todo su ser había degenerado, supe que tenía que matarlo para ahorrarle más sufrimiento. Después… quería vengarme de esos dos a toda costa, debo admitirlo. Y también… quería un pez aún más gordo. Mucho más gordo.

– ¿El Búho de un Ojo? ¿Kanou? – ella musitó.

Amon se mordió el labio.

– No puedo decírtelo. No todavía. Akira – La miró a los ojos –, no sólo me quieren muerto porque he matado a varios de sus miembros. Yo he estado dentro. He investigado todo de ellos los últimos meses. Me atrevería a decir que los conozco mejor que ellos mismos.

– ¿Por qué no se lo dijiste a nadie? – cuestionó ella en cuanto comprendió lo que eso significaba. Frente a ella podría estar la llave de la derrota de Aogiri.

– No lo entiendes. Decírtelo sería exponerte a un peligro mortal. Si ellos lo supieran, te convertirías en un blanco más. Aparte de que ¿cómo iba a volver a la CCG y esperar que me creyeran, o que siquiera me escucharan? Pensarían que es una trampa, que soy como Takizawa sólo que un poco más cuerdo, y no los culparía… – Agachó la cabeza con los ojos cerrados. Se incorporó tras unos segundos –. Pero en mi huida, logré obtener algo muy valioso, quizá lo más valioso de todo lo que obtuve. Una placa de uno de los investigadores secuestrados.

El rompecabezas continuaba armándose. Desde hacía mucho tiempo había habido rumores sobre un ghoul que usó una placa de investigador para infiltrarse en la CCG y acceder a su base de datos; de hecho, ni siquiera estaban seguros sobre si ese individuo era un ghoul o no, pues según decían, cuando había entrado no había activado la alarma.

– El detector RC no funciona con los medio ghouls – explicó Amon –. Fue por eso que Sen Ta… – Volvió a callar de repente. Akira no insistió. Ahora entendía que él en realidad estaba tratando de protegerla al ocultarle esa información –. El caso es que así es cómo le he estado siguiendo el rastro a Aogiri todo este tiempo para saber dónde y cuándo atacarlos, como en la Subasta. No podía tener ojos y oídos sobre ellos en todas partes yo solo. Necesitaba información fiable de parte de alguien que estuviera tras el mismo enemigo. Pero no podía permitirme dejarles pistas acerca de lo que yo sabía sin arriesgarme a que me descubrieran. Excepto alguien de confianza – La miró y esbozó una sonrisa tenue pero sincera. Ella la devolvió y le acarició la mejilla. Sin embargo, pronto su semblante se oscureció –. Pero es precisamente por esa razón que… Akira, lo siento muchísimo… no tienes idea de cómo quisiera… pero, no puedo quedarme contigo.

Los ojos de la investigadora se abrieron y sintió algo romperse dentro de ella. Pero aunque por un segundo ella estuvo a punto de enojarse con él, pronto comprendió que tenía razón. Era demasiado riesgoso, para ambos. No le haría ningún bien a nadie. Sin embargo…

– Volveré – le aseguró Amon, tomando su mano –. Tengo asuntos pendientes y todavía no puedo confiarte todo lo que sé, pero te prometo que en cuanto lo logre…

– Sé que volverás – asintió ella con firmeza. A pesar de su frustración y su miedo de perderlo de nuevo, ella lo comprendía. Y sobre todo confiaba en él. Su instinto le decía que tarde o temprano su antiguo compañero regresaría a su lado.

Amon se puso de pie, recogió su quinque y se puso su armadura. Justo cuando estaba por voltearse, Akira lo retuvo cogiendo su manga, lo jaló de la túnica para hacerlo agacharse y lo besó. A diferencia de su último encuentro antes de Anteiku, él no se lo impidió. Ninguno de los dos sabía cuánto tiempo tendrían que esperar para hacer eso de nuevo, y Amon no iba a desperdiciar esa oportunidad tan tontamente como lo había hecho hacía tres años.

Cuando se separaron tras un largo rato, Amon se dirigió hacia la ventana para partir. Sin embargo, antes la miró una última vez.

– Akira – le dijo –, durante todo este tiempo, lo único que me ha motivado a seguir adelante ha sido la venganza, pero me has dado una razón más importante. Tú.

Con estas palabras, rápidamente huyó a través de la oscuridad que empezaba a aclarar, para no prolongar su despedida y no arrepentirse. Aunque ella contempló cómo se forma física desaparecía entre las sombras que quedaban sobre Tokio, un pedazo de él había quedado con ella y viceversa.


– ¡AKIRA-SAN! – exclamó todo su escuadrón (excepto Kuki Urie, tan frío como de costumbre) apenas la vieron entrar a la base de la CCG esa misma mañana, como si nada hubiera pasado el día anterior. Haise, Shirazu y Mutsuki se adelantaron y corrieron hacia ella.

– ¡Akira-san, creíamos que habías muerto o te habían secuestrado o algo! – dijo Shirazu.

– Pero cuando regresamos vimos el cadáver de Takizawa y… ¡¿Akira-san, pudiste tú sola contra él?! – expresó Mutsuki.

– Claro que no – contestó ella con una sonrisa –. Recibí ayuda de un ghoul que al parecer estaba en contra de Aogiri. Perdí la conciencia y desperté por la madrugada en otro lugar. Me tomó un buen rato ubicarme, sobre todo porque había perdido mi comunicador. Lamento haberlos asustado.

– Lo importante es que ahora estás bien. Ya después habrá tiempo para hacer el informe oficial sobre lo que pasó ayer – dijo Haise amistosamente a su "madre sustituta", quien sintió una punzada apenas recordó a quién estaba investigando ese joven y a quien ella había vuelto a ver ese mismo día y estaba encubriendo.

Sin embargo decidió no decirle nada. Todo a su tiempo. Por supuesto, más tarde tuvo que dar una larga, tediosa y obviamente falsa explicación y disculpa a sus superiores y al mismísimo Yoshitoki Washuu, lo cual la preocupó un poco. Pero ahora tenía algo más que su instinto para decirle que todo estaría bien. Tenía fe en Amon Kotaro. Y la seguridad de que él reaparecería una vez más.


Muy bien, esto es lo que mi cerebro logró procesar y canalizar en este capítulo tras leer todas las teorías sobre "Floppy" en tumblr y ver todas las evidencias de que Amon es Floppy. Espero con todo mi corazón de otaku que le hayan encontrado sentido y que se cumpla en el canon. Y si no… ¡friégate, Ishida!

Los quiere,

Audrey-chan