2°
El criminal: Chase Young
Liceo Saint Hui. He oído que quienes asisten aquí es porque tienen algún problema. Bueno, el vecindario que visité es raro, con un niño raro que vive con un padre raro, con vecinos raros como la viejita que canta horrible. El edificio era blanco edificado de cemento, no se veía tan grande, elevándose sobre un enorme patio (con cacha deportiva), las ventanas están abiertas y las cortinas se sacuden a la velocidad del viento, en medio del patio está el asta de la bandera, hondeando frente al viento. Los niños pequeños corren, persiguiéndose los unos a los otros como perros y gatos. Unos son llevados a pie por sus padres o dejados en el colegio en coche. Otros vienen solos, caminando o en su propio medio de transporte, como ese chico que viene en su moto a reencontrarse con sus amigos. Admito que nunca entré al colegio. Sólo lo he visto de lejos y de cerca, como ahora que estoy en la otra banqueta. Bien me armo de paciencia y me preparo, suspirando profundamente y crucé la calle cuando el coche azul avanzó. Veo a las porristas ensayar su bailecito...
-¡Sí, sí, sí! ¡Vamos a ganar! Vamos chicas, ustedes pueden, sé que están exhaustas, pero la competición de nuestro colegio será este viernes y debemos apoyar el equipo. ¡Vamos, agiten esos pompones! Recuerden, como lo ensayaste ayer, Kimiko... –dijo la líder de las porristas a una menudita pelinegra, de ojos azules y piel nívea.
Las chicas se preparan para repetirlo otra vez, cantando, saltando, las chicas que son más desenvueltas en esta gimnasia efectúan los saltos y volteretas mortales, la tal Kimiko es la que dirige a las demás, la que se mueve más, salta y hace piruetas. Todas tienen las frentes perladas del sudor y las caras rojas, unas se pierden en la coreografía y siguen con desgana. No comen. Generalmente este tipo de chicas son anoréxicas y tienen problemas de bulimia. Pero debo admitir que en sí la coreografía es bonita con un final bonito. La chica me mira a los ojos fijamente y esboza una sonrisa pequeña. Sigo de largo. El balón de futbol me llega a los pies.
-¡Oiga! –me doy la vuelta, un moreno de ojos verdes, llega corriendo, chorreando de sudor, vestía con el uniforme del equipo de futbol de la escuela-. ¿Me podría pasar el balón, por favor? –hace tiempo que no he jugado futbol. A ver si no he perdido el toque, le pateo el balón lo más fuerte que pude y él lo ataja ágilmente. No, no he perdido el toque. Otra vez estoy orgulloso de mí mismo. Me agradece y se va a jugar con sus amigos. Pienso que sería mejor que hablara con la directora. Creo que está al mando del timón una mujer, no sé cuál es su nombre. No sé dónde está la dirección. Quiero detener algún estudiante, pero ninguno me hace caso. Pruebo con parar a uno, poniendo una mano en su hombro. Pesco a un albino pelirrojo, encaminándose a clase directamente.
-Oye, hijo, ¿sabes dónde queda la dirección?
El chico se quita el audífono donde ese heavy metal perforaba su tímpano y me señala su oído, arrugándome la cata. Dios, los jóvenes de hoy en día antes de cumplir treinta tendrán sordera, vuelvo a formular la pregunta. El pelirrojo, sin decir muchas palabras, me señala la dirección mientras me conduce por los pasillos.
-Muchas gracias.
-No hay de qué –me dice, la manera de caminar de este chico es rara. Inmediatamente que es separado de mí se encuentra con unos chicos y lo acosan. Diablos, creí que estos días los dejaría atrás. Toco la puerta de la dirección. Pido hablar con la directora, para eso muestro mi sonrisa más amable y con mucho tacto, lo pido. Me dejan pasar. Al parecer, la directora se llama Wuya, según leo en el membrete. Su despacho es grande, bonito, con un escritorio de los finos (no puedo evitar tocarlo), sus estantes están llenos de libro, al fondo tiene una vista perfecta del patio y decorando las paredes los premios que ha ganado el colegio y por supuesto, el manual de convivencia. Me siento a esperar. La directora no se tarda mucho en llegar. Es una mujer de tez blanca, ojos grandes y verdes, pelirroja (creo que teñida), viste un vestido negro por encima de las rodillas. Se nota que los años han caído sobre ella, pero a pesar de todo intenta conservarse joven. Cuando entra, me levanto y le estrecho la mano.
-Buenos días, ¿cómo está? Soy la directora Wuya, acaban de decirme que desea hablar conmigo. Lamento no haber estado antes, pero es que estaba resolviendo un problema con dos alumnos mientras llegaba –dio la vuelta y tomó asiento, con un ademán me invitó hacer lo mismo.
-Mucho gusto, señora directora, soy el detective Guan.
-Ah, me imagino que viene por el caso del alumno Maurice Antonio, ¿estoy en lo correcto? –me preguntó, adecentándose.
-Algo parecido –dije-, no trabajo directamente con la policía, solamente se me pidió que me incorporara al caso...
-Bien, Sr. Guan, se lo dije a los oficiales que vinieron y también se lo diré a usted. Lo que sucede fuera de estas paredes con los alumnos de nuestra institución no nos concierne ni es responsabilidad nuestra...
-Y nadie aquí está diciendo lo contrario, directora –interrumpí, al parecer esta conversación la inició en una postura a la defensiva-. Estoy buscando información sobre el desaparecido, nada más –le aclaré-, estuve hace unos instantes con el padre del chico y me dijo que tiene excelente promedio.
-Efectivamente, –la directora prendió su computadora y rápidamente tecleó- aquí tengo, por si desea verlo, las calificaciones de todos los alumnos desde primer grado hasta quinto año del lapso pasado, no perdemos ninguno de nuestros archivos, siempre están guardados con copia, cada uno de los alumnos tiene archivado en numerito sus hojas de vida y sus boletas. Maurice Antonio Gaulle salió en el cuadro de honor del lapso pasado, dentro del plantel es una tradición hacer reconocimiento público y entregar un certificado de mérito a quienes tienen un promedio excelente con el fin de estimular a los demás alumnos a que todos traten de alcanzar ese nivel de excelencia, ¿me comprende? Aquí está –la directora le dio una vuelta y media a la computadora, me incliné. En la pantalla figuraba el escaneo de ese certificado mérito, nombre del alumno, su promedio las firmas de la directora, subdirector y profesor guía-. Maurice Antonio ha estado con nosotros desde primer grado y siempre ha tenido el mérito de ser un buen niño y un estudiante aplicado. Aquí están todas las críticas de sus profesores de primaria, nosotros le pedimos que escriban una breve reseña de cada uno de sus alumnos y en cuanto a los profesores de secundaria, por supuesto, cada quien tiene una observación particular para cada alumno. En los consejos de curso siempre se sacan al aire, yo estoy presente en todos, Maurice es apreciado por todos sus profesores. ¿Quiere leer las críticas?
-No es necesario, señora, ¿cómo es la conducta de Maurice Antonio fuera de clases? ¿qué tal se la lleva con sus compañeros?
-Esporádicamente yo he visto a Maurice Antonio reunirse con su grupo de amiguitos de su mismo curso en los recesos, hablando y comiendo juntos, él es como popular... Ni se lleva mal con los chicos grandes, algunos profesores me han comentado que lo han visto charlar animadamente con alumnos de quinto año. Claro, esto es adentro de nuestra institución. Él vive rodeado de gente, no soporta estar solo y hasta tengo entendido que le llaman Ping Pong, creí que era para molestarlo, pero él insistió que lo llamaran así. La escuela lamenta mucho que esto esté pasando y no nos hemos negado en colaborar cuando se nos pide, de hecho sus compañeros han puesto de su parte y el pupitre donde él solía sentarse está lleno de cartas, regalos y con una velita que han puestos todos sus compañeros implorando su retorno. Si quiere puede pasar a verlo, aprovechando que las clases todavía no han iniciado –me dijo, echando una miradita al reloj de muñeca- ¿tiene alguna otra pregunta, Sr. Guan?
-No, señora directora -¿qué más iba a preguntar? ¿para seguir confirmando lo que ya sabía por boca del Sr. Gaulle? Todo me quedó muy claro, el chico no miente al padre.
-Bueno, muchas gracias por venir y fue un placer conocerlo –ella se levantó y me estrechó la mano- vuelva cuando guste –me dijo educadamente.
-Lo haré, gracias por atenderme Sra. Wuya –me levanté también-. Hasta entonces –sonreí, mi voz se quebró en la última palabra. Tengo la garganta seca, se me apetece beber agua. Y creo haber visto un bebedero cerca de uno de los salones, mejor paso por ahí. Salí rumbo al bebedero, di vuelta en la esquina de ese pasillo, lo encontré. Ay qué bien, vasos de plástico, agarré uno y me serví. Fui paseando con más calma. Observé los salones, estaban cerrados, pero a través de la ventanilla podrías ver lo ordenado y limpio que estaban. Bueno no todos estaban cerrados. Uno permanecía abierto, me pregunto si es el de Ping Pong. Entré. Tenía razón, vi el último pupitre arrinconado. Tenía una vela encendida, una foto del chico y unas cartas a montones. Había alguien ahí, dejó su carta. Se veía muy grande para ser un niño de primer año, por su contextura musculosa tiene que estudiar quinto año. ¿Y tan popular es para tener amigos en quinto año? ¿qué debería hacer? ¿me acerco o lo vigilo de lejos? Me acerco, tal vez me pueda dar información. Aclaro la garganta. Se voltea. Es un chico alto, con una construcción de buey, piel cobriza, de ojos azules y cabello rubio largo, las puntas le llegaba alrededor de los hombros.
-Ah, disculpe, no sabía que tenía compañía.
-No es molestia, solo... –miró la foto de Ping Pong- solo vine a dejar algo.
-No te excuses, está bien, ¿eras muy cercano a Ping Pong?
-No mucho, solamente hablaba con él algunas veces porque nos traía el mismo autobús y sabía que estudiaba séptimo año, que era querido por sus compañeros y destacado alumno. Es agradable y lo que le pasó no se lo deseo a nadie.
-Enternecedor, así que estás siendo solidario con el dolor de todos, ¿cómo te llamas, hijo?
-Clay.
-Perdón, no escuché el apellido.
-Bailey, Clay Bailey.
-Ah –vacilé, la voz de Bailey era gruesa y con un fino acento texano y a juzgar por sus músculos y tamaño, este chico dejó la pubertad hace meses y se encaminaba para enfrentar la vida como hombre, es posible que tuviera 17 o 18, estudiaría quinto año por lo que sería compañero del cumpleañero, primo de la compañera de clases que invitó a Ping Pong por lo que podría saber algo-, tengo entendido que él desapareció en una fiesta. ¿Tú estabas en esa fiesta?
-Sí, pero... Nunca estuve con él, me había ido de la fiesta un poco más temprano que él ya que mi padre no me permitió más tiempo, me enteré de su desaparición como todos al día siguiente.
-¿Lo llegaste a ver en algún momento?
-Un par de veces, entre las 8:25 y 9:45 cuando me iba, no hablé con él, lo vi rodeado entre sus amigos.
-¿Dijiste nueve y cuarenta y cinco? –según el testimonio de Gaulle, Ping Pong no contestó su mensaje a las nueve y quince y si era tan unido al padre solo por el hecho de que no contestara el mensaje podría inducir que tuvo algún percance o simplemente no contestó ya que le dio fastidio las llamadas de su padre sobreprotector.
-Sí, lo vi y me fui. Me parece que estaba con sus amigos todavía, no lo vi muy bien porque fue algo fugaz –se encogió de hombros. Bueno, en comparación a todo, fue más ayuda que cualquier otro.
-Entiendo –sonó el timbre, tanto Bailey como yo volteamos hacia arriba. Clay se apresuró a recoger su mochila, se la guindó en su hombro y se excusó conmigo:
-Disculpe, pero tengo que asistir a clases.
-Okey, no te detengo. Ve, suerte –me hice a un lado.
-Gracias.
Me fui tras él y tomamos caminos diferentes...
¡MALDICIÓN! Pateé una lata en el camino. Metí las manos en los bolsillos de mi chaqueta y bajé la cabeza. ¡No tengo nada! Y así pretendía decírselo en la cara a Fung cuando lo vea. Arrastré mi mano a mi rostro, tapándome para ocultar mi frustración. Era la primera vez en un caso que estaba tapado, sin idea de qué hacer. Todo parecía tan fácil y, todas y cada una de mis hipótesis han sido derrumbadas. No sé qué pensar. Mi mente está en blanco por más que estrujo mis sesos, no consigo disipar las corrientes en mi mente. Su madre, ¿ahora qué haré? Ir con Fung, eso es lo que viene. Sabía que no podía resistirme a quedarme sin poder resolver un caso, sabía lo que pasaría. Todo fue planificado intencionalmente. Él sabía lo de mis deudas, él me conoce. Tomé el camino más rápido para llegar con el departamento de policía mientras ensayaba lo que tenía que decir en el camino...
-¿Cómo es...? –Fung apenas levantó la mirada de su papeleo, se le escupí en la cara:
-¡NADA! ¡NO TENGO NADA!
-Okey, tranquilízate, amigo. Cálmate, toma asiento, respira hondo –Fung se quitó los lentes de lectura, tratando de ser comprensivo. Yo seguía caminando en círculos, descargando con mi frustración contra el piso.
-¡No quiero sentarme! ¡Es que no puede ser Fung, tiene que ser un error mío! ¡Sí, eso tiene que ser, tal vez no revisé algo o se me esté escapando algo, no sé...! ¡es imposible! ¡Ya sé, averiguaré la dirección y voy a ir a casa de los Spicer, hablaré con los residentes de la casa, con los sirvientes, alguien tuvo que haber visto a ese niño!
-Guan...
-No puede ser, no puede ser, esto jamás me había pasado en la vida. No señor, esto no se va a quedar así. ¡No se va a quedar así, lo juro por mi nombre!
-Guan...
-¡Sí, Fung, está bien, has ganado, yo perdí, yo estuve equivocado, tenías razón! ¡ni yo pude resolverlo! Si la pregunta es: ¿aceptas el caso?, pues bien: ¡Acepto el caso! Aunque busque debajo de cada piedra de esta ciudad, voy a encontrar a ese niño y resolveré este misterio, voy a mostrarles a todos de que no me quedaré con los brazos cruzados, no voy a permitir que el responsable siga burlándose en mi cara... ¡¿Entendiste, Fung?! –lo miré fijamente. Él ya me escuchaba con atención.
-Perfectamente, mi querido amigo –entrelazó los dedos-, soy admirador de tu persistencia y no dudo de qué lo harás, te conozco como la palma de mi mano. Solo puedo decir –Fung se levantó de su escritorio y me extendió la mano- bienvenido, amigo –por primera vez desde mi llegada a la oficina suspiré, miré su mano y la estreché con firmeza. Fung se sentó, quiso que yo también me sentara, pero le dije que no, permanecí mucho tiempo sentado- bien, si esa es tu decisión, pero conste que te lo advertí. Guan, esta medida la hemos estado dejado en observación durante estos meses, optándolo como último recurso, se me ocurrió antes de pensar en ti y en el período de estas circunstancias me temo que no tenemos otra salida –me miró con tristeza-. Lo acabo de consultar y todos están de acuerdo.
-Fung, ¿qué pasa? Me estás asustando –gruñí.
-Tráiganlo, por favor –le dijo Fung a una pared. Arqueé una ceja, incrédulo. Escuché unos pasos. Alguien venía hacia acá. Fung se frotó el puente de la nariz con aspereza. Me di la vuelta. Impaciente por saber quién venía. Las puertas se abrieron. Unos oficiales de policía escoltaban a un uniformado. No puede ser posible, yo te sepulté sólo como un mal recuerdo no puedes volver, tú no puedes hacerme esto. Me tambaleé, por un momento creí que mis piernas se habían vuelto gelatina. Conocía esa mirada. Los escoltas se encargaron de que el prisionero estuviera esposado. Le colocaron las esposas más resistentes e inquebrantables y lo van a sentar junto a mí, en frente de Fung. Fue entonces cuando tuvo el descaro de mirarme de reojo. Aparté la mirada. El hombre que iba acercándose era un joven adulto de piel pálida, el rostro demacrado y pálido como piedra, pelo liso y negro con unos hilos plateados sobresaliendo, le había crecido muchísimo estos últimos años, los ojos de color ámbar. A pesar de los años que han pasado, se ha conservado...
-Guan, me imagino que ya conoces a Chase Young, ¿verdad?
-¡¿Qué hace esta escoria fuera de la cárcel?! –ladré, inmediatamente le pego un empujón y lo arremeto contra la pared, el trofeo de Fung se tambalea y se hace añicos contra el piso. Trato de leer alguna expresión en esos fríos ojos, miedo, resentimiento; pero solo encuentro la misma mirada burlona con que me miró la última vez que lo vi atravesar las rejas de la prisión. Los escoltas rápidamente nos separan.
-¿Qué te pasa, Guan, así es cómo saludas a un viejo amigo? –se rió el majadero.
-Por favor, lleven al Sr. Young a la habitación donde acordamos –los guardias se llevan a la rata blanca fuera de este cuarto, de esa manera puedo respirar tranquilo. Me froto los ojos.
-¿Por qué, Fung? ¿por qué?
-Lo siento –se disculpó- creí que lo habías superado. Pero la mejor manera de entender a un psicópata demente es consultando a otro psicópata demente. Sabe entrar y leer a su mente, podría anticipar mucho mejor sus próximas jugadas, podría interpretar lo que quiere... Entre los asesinos se conocen ellos mismos.
-Ya lo sé, ¿pero por qué él precisamente?... –mi voz se quebró en la última palabra, parecía que estaba llorando.
-Porque al igual que nuestro objetivo, Young también mostró un patrón de conducta muy similar, es su mismo estilo.
-¡Pero Young secuestraba mujeres, no a críos en camino hacia la pubertad! Las secuestraba, las torturaba y las mataba.
-¿Niños o mujeres? ¿qué importa? Young las hacía desaparecer misteriosamente. Además, él fue también policía, se graduó en criminalística, conoce a los asesinos tanto como tú y yo quiero que los dos mejores cerebros en esta agencia trabajen en equipo para resolver este misterio, lamento mucho recordártelo: pero tú hiciste un trato con nosotros –maldita sea, no lo puedo creer...
-¿Qué le prometiste a cambio?
-Que si nos ayudaba le reduciríamos la sentencia –alcé la cabeza sin poder creerlo-, Young llegará a la tercera edad cuando su sentencia se termine, estará indefenso.
-¡Ese hombre no es indefenso ni sosteniendo una historieta japonesa, ese hombre aprendió a usar todo su entorno como un arma letal! No lo sé Fung, creo que voy a tener que pensarlo un poco... –tuve que salir de allí. Necesitaba pensar.
-¡Hola Guan! ¿cuánto tiempo?
Lo lamento, Raphael, pero no puedo hoy, me alejo mientras lo dejo con la mano extendida. Empieza a llover cuando pido un taxi. Estoy tan hundido por las deudas que hasta tuve que vender mi precioso auto para pagar parte de ellas. ¿Diablos, por qué hoy precisamente tiene que llover? Al menos, no paso mucho tiempo bajo la lluvia cuando consigo que un coche se detenga al fin. Me subo y le pido que me lleve a casa. Podría ir a un bar para desahogar mis penas en alcohol, empero, aprendí con el tiempo que si dolor se curaba con alcohol no sería necesario consumirlo tantas veces. Quiera o no quiera admitirlo (porque todavía no se han inventado las borras mágicas para borrar los momentos que uno quiere) al presidiario Chase Young y a mí nos conecta un pasado que tiene mucho que ver con el hecho de que no esté trabajando para la agencia de Fung y que haya tomado la dura decisión de no formar una familia (la profesión que tengo es quizá la profesión más difícil que existe). Conocí a Chase hace mucho, como dijo Fung él era policía, se graduó de criminalística y trabajó para Fung. Yo trabajé para Fung, también fui policía y me gradué de criminalística, es decir, que yo fui compañero de Chase Young antes que entrara en la cárcel, antes que me fuera de la agencia de Fung, antes de todo. Y sí, fuimos compañeros de trabajo, más que eso. Camaradas. Pero ya se imaginarán cómo fue el final de nuestra amistad. Él tuvo un complejo de Dark Side y el hombre al que creí mi amigo resultó ser otra persona totalmente distinta. Sin embargo, yo no soy el único que quedó con las heridas abiertas. Chase también me debe de guardar algo de rencor aunque sus ojos expresaran lo contrario en esta tarde, yo fui quien le obsequió ese boleto de cadena perpetua tras las rejas. Ya. Estoy en mi casa, el único sitio en donde puedo ser yo mismo. Me siento en el sofá y me froto la calva. Estar así de echado en el sofá un largo tiempo me hace remolonear, hace tiempo que ya dejé esos hábitos, estar así hace que vuelva atrás en el tiempo. No me siento con ánimos para recordar. Me obligo a levantarme y dirigirme a mí cama, me conozco a mí mismo y sé que si me permito seguir un segundo más no voy a levantarme y me dormiré allí, se me torcerá el cuello. Guan, Guan, analiza.
¿Qué fue lo primero que se te dijo en la academia en el primer día de clases? Piensa con la cabeza fría, no con el corazón en mano. Necesitas la paga. Chase pasará el santo día tras un vidrio reforzado, no correrás peligro que te metan en prisión por estrangular a un reo que bien merecido se lo tenía. Tú mismo te juraste resolver el caso a cualquier costo y bueno, lo tienes aquí. Estoy en la cama. Los párpados comienzan a pesarme. Creo que... bostezo... creo que mejor lo... bostezo... consultaré mañana. Me duermo.
-¡GUAAAAAAAAAAAAAAN!...
Al día siguiente, abro los ojos, ganándole al despertador un segundo antes. He tenido una pesadilla. Una de las que creí que no volvería. Quise tratar de olvidarlo todo, pero recuerdo vagamente a un chico de cabeza ovalada amarilla que está desaparecido y me pidieron que tratara de resolver el caso, pero que si trabajaba con ellos, me asignarían un compañero de equipo: Un rehén al que yo mismo metí tras las rejas hace más de diez años. Esta sería una oportunidad que ninguno de los dos podría desaprovechar y hasta temo que mi vida puede peligrar. Pero eso debí pensarlo mucho antes de decidir estudiar las mentes psicópatas. No tengo más remedio. Si vuelvo con Fung para retractarme de mi decisión, Young se burlará a carcajadas de mí, esta vez no se contendrá en hacerlo. Qué poco hombre, hasta yo mismo me doy lástima. No puedo huir como un cobarde. No, lo hice la última vez. Me juré que no lo volvería a hacer y así será. Me toma menos de diez minutos alistarme para salir. Apenas puedo probar un bocado, sé que no puedo comer cuando dejo asuntos sin resolver así que salgo directo a vestirme para salir. Son solo las seis de la mañana cuando cierro la puerta de mi apartamento y voy al departamento de policías a enfrentarme con Fung y Young. Con paso decidido estoy a un paso de entrar en la oficina de Fung. He despertado la atención de todos. Supongo, ayer salí como flecha y hoy sin mirar a nadie vuelvo a entrar. Me aseguro que esto no es un sueño y entro.
-Fung yo...
-No hace falta que digas nada, entiendo –Fung me estaba esperando-. Venga, olvidémonos de todo esto y sigamos...
-No solamente quiero seguir con el caso si no que acepto trabajar con Young, hicimos un trato y así lo cumpliré, no quiero que hagas más nada, pon a Young y a mí a trabajar y si él quiere cooperar, trabajaremos como equipo –Fung se me quedó viendo a los ojos fijamente.
-¿Estás completamente seguro de esto? –dijo pausadamente.
-Completamente, quiero ver a Young.
-Bien –vaciló él.
Prisionero número 374 del Condado para Criminales Peligrosos (y dementes, le agrego yo), Chase Young, edad 39 años (si bien, siempre le he envidiado que nunca ha aparentado su edad, siempre pensaban que él era más joven que yo cuando somos contemporáneos), alto, de cabello oscuro, ojos ámbar, piel clara. Lo pescamos haciendo ejercicios cuando fuimos a visitarlos en su habitación. Era un modelo exacto de su celda en el condado y con el vidrio reforzado además. Estaba ejercitando abdominales.
-Young, estamos aquí, puedes dejar de hacer eso –dijo Fung con voz amable. Entramos a su habitación. Fung me invitó a sentarme frente una mesa al lado suyo. Chase se incorporó de un salto. Hizo un repaso de mí a Fung y viceversa.
-Detective Fung, qué gusto volverlo a ver. ¡Ah, Guan! ¿ya te sientes mejor, terminaste de hacer la diligencia que tenías pendiente? Nuestro último encuentro fue algo, ¿cómo decirlo? ¿incómodo?
-Ahórrate tus comentarios personales, Young –ladré-. No estoy aquí porque eres la persona más encantadora del mundo si no por trabajo.
-Así es, Young, Guan –comenzó Fung-, de parte del departamento de policía hemos tomado la decisión de... –Fung pasó a hacer una breve explicación de por qué Young y yo estamos aquí reunidos, que era exactamente lo mismo que me explicó ayer en la tarde; ya me sabía el discurso de memoria, me volteé por el rabillo del ojo hacia el reo, lo vigilé. Young fingía escuchar atentamente las palabras de Fung, pero estoy casi seguro que está fingiendo, en la misma prisión le habrían dicho todo, Young sabía que lo miraba y me devolvió la mirada, la aparte inmediatamente- ...y es por ese motivo que ustedes dos están trabajando juntos de nuevo –Fung sacó de nuevo la carpeta que me mostró ayer, nos la echó encima, la que me dijo que compartiría conmigo-. El caso estudiado es una desaparición, la víctima: Maurice Antonio Rolf Jean-Pierre Gaulle LeGrand IV, de 11 años y de ocupación como estudiante; su padre es Dashi Gaulle, de profesión ingeniero, su madre: La Sra. Kayla de Gaulle, a tan solo 4 años de vida de Ping Pong se desapareció de sus vidas y es actualmente desconocido su paradero. Aquí la dirección del colegio y de la casa como otros datos de la víctima –sacó dos copias del expediente, dándoselas a Young y a mí. Fingí leer, daba igual que lo hiciera o no, ya Fung me avisó de antemano que no tenían nada. Young se atrasó más. A él le gusta mucho echársela. Presumido.
-Ya veo –sonrió él.
-Propongo que volvamos a esa casa, a la Mansión Spicer, interroguemos a los sirvientes, a los padres, a la niña esa compañera de clases de Ping Pong, al mismo cumpleañero. Es una casa de ricachones, deben de haber cámaras o micrófonos. Es ahí donde él desapareció, es el primer lugar que tendríamos que buscar.
-No, yo no estaría tan de acuerdo con eso –a Young le encanta contradecirme-, me imagino que nuestro amigo Fung nos hizo el trabajo sucio y el resultado fue esto –sacudió la carpeta y la colocó sobre la mesa de metal-. En esa casa no tenemos nada que hacer ahí, a menos que hallemos una pista y tengamos que exigir respuesta. No señores, lo que teníamos que hacer en esa casa, en el colegio y en el hogar del chico está hecho, debemos buscar lugares en donde no hemos buscado, creemos conocer a nuestra víctima, pero no es del todo cierto. Tan solo conocemos una cara de la moneda, debemos ver la otra cara.
-¿A qué te estás refiriendo exactamente?
-A simple vista, nuestra víctima parece ser un chico de buen promedio, buena familia con una estabilidad económica normal y es aceptado socialmente en su colegio, pero a veces el medio que rodea puede ser de más útil información. Cuando crees que nadie te mira, todos están tomando nota de lo que haces. Tenemos que ver con más profundidad lo que hacía la víctima, con quién se relacionaba...
-Mientras investigaba en casa de los Gaulle, entré al cuarto del chico, su padre me contó que él estaba trabajando en un horario de cinco a seis de la tarde vendiendo limonadas en su casa para comprarse una bicicleta –Young se echó a reír, proseguí con mi relato-: se veía un chico estudioso y bien ordenado, su recámara estaba impecable hasta cuando fui al colegio para comprobar si era cierto vi que sus compañeros le levantaron un altar en su honor. Fue lo que más me llamaba la atención porque era lo único durante toda la conversación en que el padre marcó algo de inseguridad, él en los fines de semana salía con sus amigos a pasear por ahí y en la semana hacía tareas, estudiaba, navegaba en el internet y veía un programa de televisión.
-Así que trabajaba vendiendo limonadas para comprarse una bicicleta, ¿eh? –repitió Young con cierto tono de ironía en su voz-. Quedémonos por ahora con eso, sería bueno que tú le echaras un vistazo a su lugar de trabajo, tal vez encuentres quienes eran sus clientes.
-Eso será un problema porque era una casita de madera que él ponía frente de su casa.
-¿En frente de su casa? Entonces me imagino que sus vecinos debieron haber visto algo.
-Cuando llegué a casa de los Gaulle, vi de lejos a una anciana que podaba el césped de su jardín disimuladamente para saber cuáles eran mis intenciones.
-Ja, típico, la anciana chismosa que no tiene más nada que hacer en la vida, deberías ir con ella y preguntarle. A lo mejor tiene información valiosa que compartirnos.
-No es mala idea –esta vez Fung me ganó en opinar- Guan irá con un oficial de los nuestros y posteriormente te comunicaremos los resultados.
-Perfecto, estoy totalmente de acuerdo –en el rostro de Young curvó una sonrisa de oreja a oreja, se inclina hacia mí-. Entonces... nos vemos al rato, socio...
Bueno, lo hice. Enfrenté a Young. Me controlé. Pudimos trabajar sin llegar a matarnos pues que Fung estaba ahí. Young también dedujo lo mismo que yo con respecto a la anciana y no niego sus habilidades como policía, es muy posible que tenga razón. Fung tiene razón. Él y yo hacemos un buen equipo. Y por eso lo odio...
A/N: Buenos días/tardes/noches chicos. Esto ha sido todo el capítulo de hoy. Yo espero sinceramente que les haya gustado tanto como a mí :D
Básicamente fue terminar de presentar al cuadro de los protagonistas principales del fic, o personajes importantes que debieron haberse percatado inmediatamente ya sea por el nombre o alguna característica física de ellos. ¿Liceo Saint Hui? En vista de que siempre marco a los fics escolares con el nombre de Xiaolin a las escuelas, quise probar con algo diferente y por eso el Saint Hui (de Christy Hui, la creadora de Duelo Xiaolin y las Crónicas Xiaolin). Se los he dicho antes, en aquellos fics lo que veían era una versión rosa y aquí palparán una realidad más cruda, lo que quiere decir que este fic corre peligro de que pase a Rating M. Estoy casi segura que más de uno se extrañó cuando leyó Directora Wuya, bueno, siempre he puesto a Dashi y cómo aquí él es el padre de la víctima, probé con una directora mujer y creo que no quedó tan horrible.
Ustedes bien saben que en nuestra querida serie quedaron muchos cabos sueltos, una de ellas es el origen de la relación amigos-enemigos entre Chase Young y el Maestro Monje Guan, que mantuvo una fuerte tensión en el transcurso del capítulo 24 y se han disparado a lo largo de la serie numerosas hipótesis puestas por fans sobre estos dos con su relación con Dashi. Aquí la vuelvo a retomar, pero a través de un AU desde el punto de vista de Guan. Chase... Tendremos que ver que nos dice. Francamente la idea me parece atractiva ya que es la primera vez en que Guan es el protagonista y Chase propiamente no es el villano, además de que nuestros monjes y Jack pasan a un panorama que los deja como en las sombras. Los comienzos de este fic se debe a que desde hace tiempo estaba pensando en hacer un fic donde un asesino y un policía trabajen juntos que sostienen una relación algo tormentosa con un pasado en común (y sabía desde el primer momento que Chase y Guan quedaban perfectos para dichos papeles, más adelante se revelarán los detalles sobre estos dos), pero yo no sabía cuál sería la trama que perseguiría. Posteriormente de investigar una serie policíaca para jóvenes titulada Pretty Little Layers a través de una compañera, me ayudó a armar el caso y a crear los perfiles de conducta de los sospechosos principales. Finalmente, la afamada telenovela estadounidense ¿Dónde está Elisa? inspirada en un caso de la vida real (que no tiene nada que ver) me inspiró a ajustar ciertas cosas como que en lugar de un asesinato, sería una desaparición inexplicable. ¿De acuerdo, chicos?
Les repito, chicos, que las actualizaciones no van a ser constantes porque no he podido adelantar nada. Este año para mí ha sido particularmente horrible. Me ha quitado mi vida social totalmente entre exámenes y tareas que ni me ha dado tiempo de pintarme mis uñitas :'( Ya tengo la idea de cómo se desarrollará el fic de principio a fin (y sé quien lo hizo por supuesto XD), pero me faltan algunas cosillas para llegar hasta allá como por ejemplo encontrar ciertas cosas para incriminar de sospechosos a mis sospechosos (válgame la redundancia) y pistas, pero no se preocupen. No pienso dejar la historia así que no te preocupes querida Adriana. Además de que el fic necesita cabeza para desarrollarse y ver que todo quede bien, esto es algo que no se puede tomar a la ligera.
Para quienes no lo saben, Ping Pong es un personaje auténtico, junto a los monjes es protagonista en esta nueva serie de Xiaolin Chronicles y es así casi de igualito que nuestro Omi. Ya que aquí escasean apellidos, Dashi toma el apellido real de Ping Pong en la serie. Ah por cierto, la anciana que canta horrible es el Ave del Paraíso quien está haciendo una actuación estelar, Megan es realmente la prima de Jack según lo mostrado en el episodio 22 y Kayla es la princesa que salió en el episodio 10 de Xiaolin Chronicles. A ver qué más... Ah sí, que sin lugar a dudas me puedo extender de narración en primer persona que en tercera, pero al mismo tiempo es muy problemático y que para antes del 15 de diciembre todos tienen que votar por Xiaolin Chronicles para quienes tengan tumblr o twitter en Nick and More. Bien chicos, sin más nada que decir, nos vemos en el capítulo que viene: Cuarto sospechoso: Jack Spicer. Cuídense mucho chicos, ¡besos!
PD: ¿Qué tal me salió mi imitación? Estoy segura que casi nadie notó que estaba imitando a una de mis profesoras. Esta profesora particularmente es de mi agrado, me gustan sus clases, sus trabajos (no se da mala vida por nada y sus exámenes son pan comido), me gusta cómo viste y es comprensiva también. Como sea, ¡nos vemos!
Escenas del capítulo que viene:
"-Tengo información que decirte...
-...Mucho antes de desaparecer, él solía hacer trabajos para mí como ayudarme a podar el césped a cambio de dinero, creo que estaba recolectando para comprarse una bicicleta.
-¿Lo hacía aún cuando trabajaba vendiendo limonadas? –inquirí, ella ladeó la cabeza.
-Lo de vender limonadas era tan solo un pretexto. Él hacía mucho más que eso –lo sabía.
-... En varias ocasiones creo haber visto a un chico pelirrojo entrar con él a su casa de madera y una sola vez a una chica de cabellos negros, los dos eran mayores que él porque eran más altos, me parece.
Young coincidió conmigo de tener que investigar a esos dos alumnos (especialmente al pelirrojo, no sería tan difícil encontrar a un estudiante de mata roja si sabíamos que estudiaba en la misma escuela que Ping Pong).
-Hola Jack, ¿me recuerdas?
-¿Usted otra vez?".
Próximo capítulo: Cuarto sospechoso: Jack Spicer
