Domus

-Modificar-

No sabías a qué atribuirle con exactitud el haber despertado: un ruido en la calle, el calor que se acumuló entre sus cuerpos, un movimiento mal hecho dentro del sueño; pero algo los había despertado.

Abriste los ojos y te encontraste con un Camus parpadeando con lentitud, despertando también enfrente tuyo. Estabas boca abajo a un lado de él, el cuerpo de Camus estaba hacia arriba, su mirada recorrió tu habitación y después giró su cabeza y te miró.

—Hola. —Su voz ronca, rasposa, masculina. Una sonrisa amaneció en sus labios.

Sonreíste también, habían dormido un buen rato juntos, se sentía como estar en cierta parte del cielo.

—Hola —respondiste, contento, tu voz también gruesa.

¿Por qué era tan bonito él incluso al despertar?

—¿Qué hora es? —preguntó de pronto, alarmado.

Te moviste para ver el reloj en tu buró a lado de la cama. 12:23 de la madrugada. Era miércoles ya. El día cinco había llegado.

—Casi doce treinta —dijiste.

—Dormimos toda la tarde y casi toda la noche —comentó, sacó aire de sus pulmones.

Y sí, habían dormido la mayor parte del día, quizá habían sido todas las emociones del día anterior, y que habían perdido una noche entera de sueño entre lágrimas y helicópteros.

—¿Descansaste? —preguntaste.

—Mucho. Tenía mucho tiempo sin dormir tantas horas. ¿Y tú?

Algo dentro de ti se contrajo al escucharlo, ¿había dormido tan bien porque estaba contigo?, después de todo lo que había sucedido, al fin habían tenido un poco de calma.

—Dormí muy bien. —Era la verdad, te sentías descansado, rejuvenecido… ¿enamorado?

Camus miró hacia el techo, un suspiro abandonó sus labios.

—Necesito preparar varias cosas para una junta de mañana que habrá a primera hora —dijo.

Una despedida se vislumbraba en tu futuro inmediato. No, no querías que se fuera, querías seguir a su lado, seguir hablando, seguir viéndolo, seguir durmiendo incluso. Camus agregó:

—Además, necesitas terminar de descansar.

Afirmaste con la cabeza, no muy convencido de que era la mejor opción, pero era cierto, mañana los dos trabajaban ya en horario normal y lo mejor era estar listos, sobre todo Camus, quien era el CEO de una gran empresa, que parecía estar en problemas últimamente, y que tenía una reunión temprano.

—Mañana voy a verte, ¿cierto? —preguntaste.

—Por supuesto. —La respuesta fue inmediata.

Camus se sentó en la cama para levantarse y cuando tú estuviste a punto de hacer lo mismo, te detuvo.

—No te levantes, Milo, descansa, sé el camino hacia la salida.

Te recostaste de nuevo en la cama. Lo viste ponerse la ropa a un lado de la cama; verlo seguía siendo un espectáculo, se movía con gracia, elocuencia, belleza. Al estar vestido, te dijo:

—Mañana vendrá… —Se detuvo y volvió a empezar—: Mañana puede venir Kiki a ayudarte con la limpieza.

Te quedaste callado, notaste de inmediato lo que sucedió: dejó de darte una orden y preguntó si estabas de acuerdo con lo que él estaba pensando, era una dinámica totalmente distinta a la que venían desarrollando, se sentía extraño que considerara tus deseos antes de darte una orden.

—Sí, gracias, me sería de mucha ayuda.

—Bien. Lo enviaré temprano con Shura.

Rodeó la cama para llegar a tu lado donde estabas recostado, se sentó sobre el colchón a lado de tu cuerpo y dijo:

—Gracias por ir a buscarme a Gelum ayer… no lo esperaba.

Te levantaste sobre tus codos. Tu intención de ir a Gelum había sido distinta, querías reclamarle, pero al final te enteraste de cosas que cambiaron por completo tu visión de ustedes dos y la conversación había servido para otro propósito, para reconciliar.

—Fue una buena decisión después de todo —dijiste.

Camus afirmó con la cabeza, se quedaron un momento en silencio.

—Tienes un contrato que modificar —te recordó.

Cierto, era el siguiente paso, modificar el contrato y adaptarlo a tus necesidades, tenías mucho que pensar y decidir.

—Te avisaré cuando lo tenga, Camus.

—Bien. No quisiera irme, pero… el deber me llama. Nos vemos en unas horas.

Camus se quedó viendo tus ojos, no podías leer qué sentía, había muchas miradas que aún desconocías de él; sin embargo, sería una mirada que se quedaría grabada en tu memoria por largo tiempo: después de mirarte de esa manera, se lanzó a tus brazos como tú generalmente lo hacías cuando él se iba, te rodeó con sus brazos y te abrazó con fuerza, estrujándote casi, y no pudiste evitar reír un poco dentro del abrazo. Al separarse de ti, aprovechó para dejar un beso sobre tus labios.

—Cuídate —dijo con una sonrisa al notar tu alegría.

—Maneja con cuidado y avísame cuando llegues —dijiste.

Camus se levantó de la cama y se marchó.

o-x-o

Despertaste de nuevo cuando tu alarma te despertó, eran ya las siete de la mañana. Tomaste tu celular y había un mensaje esperándote, Camus te avisaba que había llegado bien, te habías quedado profundamente dormido cuando él se marchó y ya no habías escuchado llegar su mensaje de aviso.

Miraste tu celular, debatiste entre mandarle el acostumbrado mensaje de la hora en que te habías levantado cada mañana, como te lo había solicitado. ¿Debías seguir las instrucciones todavía?, ¿tenías que seguir el contrato o ya no era necesario?

Pensaste entonces que lo que él te había pedido eran cosas que a Camus le gustaba que hicieras… y querías seguir dándoselas, querías complacerlo, hacer que se sintiera bien. Y lo más importante, es que a ti también te gustaba hacerlas, ¿por qué detenerse entonces? Había órdenes que te habían causado conflicto, sí, pero las indicaciones sencillas, no te causaban problema alguno. Tomaste una decisión respecto a las instrucciones simples y tecleaste:

'Buenos días, señor Krest. Qué bueno que llegó con bien. 7:07 am. Desayunaré un emparedado de jamón con verdura y jugo de naranja.'

Estabas nervioso. Con ese mensaje estabas diciéndole que aún ibas a seguir las órdenes pactadas. Te levantaste de la cama y fuiste a la cocina de tu departamento. Abriste la nevera y hasta que depositaste un hielo en tu boca te diste cuenta que habías ido en automático.

Cerraste los ojos al contacto helado, habías extrañado tanto esta sensación y el lugar al que te transportaba en tu mente. Tu cuerpo despertó y entró en ese curioso estado que Camus te había enseñado: dispuesto a recibir placer, pero sabiendo que no sería en ese momento, sería más tarde, sin saber con exactitud cuándo.

Llegó la respuesta a tu celular:

'Buen día, bello durmiente. Me da gusto que siguieras durmiendo y descansando. Buena elección para el desayuno.'

Camus ya estaba despierto y de buen humor, amabas recibir sus mensajes. Hasta ese momento miraste a la sala y notaste que Camus se había llevado los regalos que le habías dado en la cena de Noche Buena. Contestaste:

'Si es que soy el bello durmiente, ¿vendrá un príncipe azul a despertarme de la maldición?'

Seguías jugando con el hielo en tu boca. Empezaste a sacar los utensilios para preparar tu desayuno. Llegó otro mensaje:

'Kiki y Shura van hacia tu departamento, pero ellos definitivamente no serán los que te despierten de la maldición, sólo sobre mi cadáver.'

Reíste a su mensaje. Te ponía tan de buen humor hablar con él, estar en contacto con él, saber de él. Comenzaste a preparar tu desayuno con una sonrisa en los labios.

o-x-o

Cuando Kiki llegó con Shura, éste último te dijo que el señor Krest le había dicho que te preguntara si querías que te llevara al trabajo, a lo cual dudaste en contestar, pero después le respondiste que sí, la verdad es que era agradable que alguien te llevara al trabajo en lugar de tomar el tren.

Agradeciste que Camus hubiera mandado a Shura con la pregunta y no la orden de que te llevara al trabajo.

o-x-o

Al llegar a tu trabajo, conectaste tu hielera y comiste un hielo. Revisaste tu correo y había un mensaje de Camus Krest, enviado a las 6:45 am. El correo no decía nada, sólo traía un archivo adjunto y en el Asunto decía: Para tu corrección.

Era el contrato.

Tu teléfono sonó.

—¿Hola?

—Hola, Milo. ¿Cómo llegaste al trabajo?

¿Cómo sabía que habías llegado?, ¿Shura le había avisado que ya estabas en la oficina?

—Bien, sin novedad. Acepté tu oferta y Shura me trajo al trabajo, Kiki se quedó limpiando, gracias por mandarlos a mi casa.

—No me agradezcas; de hecho, Shura puede pasar por ti diario si así lo quieres, puedes disponer de él y de Kiki las veinticuatro horas.

Agradecías su ofrecimiento, pero no era tu intención robarle su personal.

—Gracias, pero con lo que me ayudaron hoy es suficiente.

Escuchaste una voz femenina en el fondo de la línea telefónica. Quizá la voz era de su secretaria, lo cual indicaba que ya estaba en su trabajo también.

—Milo, estoy por entrar a la junta, pero quería preguntarte si quieres acompañarme a un evento que se realizará hoy en la noche.

—¿Un evento? —¿Qué tipo de evento?

—Es una fiesta a la que asisto cada año para participar en la recaudación de recursos para caridad. Había olvidado que era hoy, hasta que mi asistente me lo recordó.

—¿Vas como representante de Gelum?

—No, es personal. ¿Te interesaría ir?

Como si tuviera que preguntarte, obvio ibas a ir a donde él estuviera.

—Claro. Sólo dime qué tengo que llevar.

—Te lo mando por correo electrónico.

Mhn, instrucciones, te gustaba que te mandara indicaciones, curiosamente extrañabas recibir sus órdenes.

—Perfecto, señor Krest. Revisaré mi correo.

—Bien.

—Suerte en tu junta, Camus.

—En verdad necesito suerte, no sabes lo difícil que es para mí concentrarme en el trabajo.

—¿Por qué?

—Por ti. ¿Algún día te dignaras en dejar mi cabeza?

Sonreíste, tu corazón latía fuerte en tu pecho, primero la emoción de escuchar su voz y segundo, sus palabras.

—…ya quiero verte —confesaste en voz baja.

—Yo igual, ya falta menos. Gracias por querer ir en la noche.

—Será un placer —respondiste.

—Hasta luego, señor Antares.

—Hasta luego, señor Krest.

o-x-o

Una hora después, llegó un correo.

De: Camus Krest [mailto:ckrest[arroba]gelum[punto]com]

Enviado el: miércoles, 26 de diciembre de 2012 10:09

Para: Milo Antares [mailto:milo08[arroba] ]

Asunto: Sobre el evento caritativo

Estimado, querido y apreciado señor Antares:

Como le comentaba por teléfono, el día de hoy acostumbro asistir a un evento privado para ayudar a recaudar fondos para distintas instituciones benéficas. Sería para mí también un placer que me acompañara.

Si usted está de acuerdo, podríamos organizarnos para vernos en el lugar como a las ocho de la noche.

Ahí podría entregarme las modificaciones del contrato.

Quedo en espera de sus comentarios.

Saludos.

Camus Krest

CEO Gelum Inc.

Recordaste los primeros correos que intercambiaron al conocerse, la formalidad, el trato respetuoso, pero en verdad extrañabas el tono en que te enviaba las instrucciones. Te había pedido que reflexionaras sobre el contrato y la verdad era que te gustaba recibir órdenes de él, había algo erótico en seguir al pie de la letra sus deseos.

En la mañana habías decidido que no tenías problemas con las órdenes sencillas, ahora sabías que incluso te gustaba recibir órdenes y que una parte de ti quería seguir recibiéndolas. Aprendiste a querer a la parte dominante de Camus, si lo pensabas así. Habías descubierto en este proceso también tu parte sumisa. Tu conflicto había sido, si lo pensabas, que te fueran negadas cosas cuando las necesitabas, eso quizá era lo que tenías que modificar.

Con estos pensamientos en mente, respondiste:

De: Milo Antares [mailto:milo08[arroba]gmail[punto]com]

Enviado el: miércoles, 26 de diciembre de 2012 10:15

Para: Camus Krest [mailto:ckrest ]

Asunto: Re: Sobre el evento caritativo

Querido y estimado Camus:

Aunque te lo agradezco, no es necesaria la formalidad en tus correos. Aprecio que me hables de usted como en los viejos tiempos, pero la verdad es que extraño tus instrucciones. Quizá todo esto de modificar el contrato, se trate solamente de un ajuste para llegar a un equilibro entre tú y yo, no un cambio de 180 grados.

A las ocho me parece perfecto. No me has dicho aún qué tengo que llevar.

M. Antares.

Había algo de trabajo por hacer, así que estuviste las siguientes horas ocupado sin poder revisar tu correo. A medio día, al fin pudiste abrir tu bandeja de entrada.

De: Camus Krest [mailto:ckrest[arroba]gelum[punto]com]

Enviado el: miércoles, 26 de diciembre de 2012 10:23

Para: Milo Antares [mailto:milo08[arroba] ]

Asunto: INSTRUCCIONES

Querido Milo:

1. Avísame qué vas a comer.

2. Shura pasará por ti a las seis de la tarde a tu trabajo y te llevará a tu departamento para que puedas arreglarte.

3. Usa el traje de color gris de la casa de bijan que compramos el sábado.

4. No cenes nada, cenaremos en el evento.

5. Shura te llevará al evento para que nos veamos a las ocho de la noche. Te estaré esperando en la entrada.

6. No necesitas llevar nada, sólo el contrato con las modificaciones. Yo me haré cargo de lo demás.

7. Regresaremos a tu casa antes de las once para que puedas dormir ocho horas.

Cada una de estas instrucciones tiene que ser cumplida al pie de la letra.

¿Mejor?

Saludos.

Camus Krest

CEO Gelum Inc.

Sonreías como idiota al monitor de tu computadora. Tomaste otro hielo de la hielera portátil.

De: Milo Antares [mailto:milo08[arroba]gmail[punto]com]

Enviado el: miércoles, 26 de diciembre de 2012 12:36

Para: Camus Krest [mailto:ckrest ]

Asunto: Re: Sobre el evento caritativo

Mucho mejor. Me gusta que te pongas mandón.

Entendido, señor Krest.

M. Antares

Después de la hora de la comida, en donde le habías mandado a Camus el respectivo mensaje describiendo tu comida, y al cual recibiste un mensaje que decía 'aprobado', te quedaste un buen rato mirando el monitor de tu computadora, pensando.

¿Qué le ibas a modificar al contrato?

Estaban en el día cinco. Faltaban dos días para que terminara el contrato. Camus te había explicado ayer que la intención del contrato era cumplir cierto proceso, el cual había perdido su curso porque tú habías querido experimentarlo a destiempo. Aunque también Camus te confesó que contigo el contrato se aplicó de distinta manera a los demás sumisos desde el inicio.

Los otros. Te generaba una enorme curiosidad saber cómo habían sido los otros. Eras el quinto de la lista. ¿Qué número había sido Aioros?

Recordaste la plática con Aioros, recordaste su rostro y la música de ese día. Te metiste a internet y buscaste el grupo que había dicho él: Kazaky. Te pusiste tus audífonos y empezaste a escuchar la canción.

Estaban ahí las palabras de la canción que describían tan bien a Camus: amor, odio, deseo. Habías vivido y atravesado una etapa extraña de cada uno. Lo llegaste a odiar cuando no te daba lo que necesitabas. Eso era lo que querías modificar, querías tener alguna especie de participación en el proceso, en la relación. Podías obedecerlo, sí, pero querías poder detenerlo cuando fuera demasiado, es decir, querías que tus necesidades fueran tomadas en cuenta.

Él te preguntaba cómo te sentías después de realizar alguna instrucción difícil, pero no querías esperar a que te preguntara, quizá si era demasiado para ti, querías poder decirlo en el momento, querías expresar tu desacuerdo.

Entraste a tu correo e imprimiste el contrato que Camus te había enviado. Le diste una leída y después con pluma, hiciste las siguientes anotaciones:

En el punto 2, que decía "el sumiso acepta cumplir y someterse a las órdenes del amo por un lapso de siete días", escribiste a un lado: ¿se va a extender la vigencia?, ¿por cuánto tiempo?

En el punto 4, que decía "durante el transcurso del día, el sumiso recibirá instrucciones del amo ya sea por correo, correo electrónico o mensaje de texto, las cuales deberán ser cumplidas al pie de la letra sin cuestionamientos", tachaste la frase que decía 'sin cuestionamientos' y escribiste a un lado: el sumiso podrá cuestionar las instrucciones y estar en desacuerdo con las mismas.

Tachaste completamente el punto 9, que empezaba con "el amo cubrirá los gastos del sumiso, para lo cual se le entregará al sumiso una tarjeta…" No querías tener una tarjeta sin límite de crédito, podías cubrir tus propios gastos.

Agregaste un punto 11, escribiste: el sumiso podrá expresar lo que siente o necesita en el momento que lo considere necesario para la consideración del amo.

El contrato estaba listo.

o-x-o

Cuando saliste de trabajar, Shura ya estaba esperándote. Te llevó a tu departamento, donde Kiki había hecho un estupendo trabajo, todo estaba limpio y recogido. Shura te esperó en la sala, viendo la tele, mientras te bañabas y arreglabas. Te pusiste el traje gris que Camus te había pedido. Te veías bien, tenías que reconocer. Shura después te llevó en el auto a la dirección que Camus le había indicado. Llevabas el contrato en la bolsa del pantalón, guardado en tu cartera.

o-x-o

Llegaron a un gran salón casi a las afueras de la ciudad. El lugar era inmenso, tenía una entrada espectacular con grandes columnas y ventanales. Descendiste del coche y subiste unas escaleras para llegar a la puerta de entrada.

Camus estaba ya en la puerta, esperándote. Se veía… espectacular: traía puesto un esmoquin y el cabello recogido, se veía impecable, majestuoso, irreal.

Sonrió al verte. Había gente llegando y platicando en la puerta, pero esto no evitó que Camus se acercara y dejara un beso de saludo en tus labios.

—Buenas noches, señor Antares —dijo.

No podías creer lo bien que se veía, este ser humano no era real, no era de carne y hueso, era de otra especie superior, otra especie cósmica.

—Buenas noches. —Tu voz temblaba, te había robado el aliento por completo.

—¿Listo para entrar?

Afirmaste con la cabeza porque no podías emitir un enunciado coherente.

El salón era enorme, había un candelabro gigante colgando del techo, había alrededor de cincuenta mesas circulares alrededor de lo que supiste sería la pista de baile, había mucha gente, vestidos de noche, muchas luces, mucha opulencia.

Camus te guió hacia una de las mesas, al llegar a ella, había ya unas seis personas sentadas platicando. Camus saludó a las personas con un 'buenas noches' de manera general y después te presentó con las personas por tu nombre completo, te inclinaste para saludarlos y también dijiste buenas noches.

Se sentaron uno al lado del otro. El arreglo de la mesa era espectacular: jamás habías comido en una vajilla tan lujosa, incluso el arreglo en el centro de la mesa se veía carísimo. Se acercó un mesero a ofrecerles algo de tomar y después se acercó a Camus a decirle algo.

—Están ofreciendo champagne, ¿quieres una copa? —preguntó Camus.

—Sí, está bien. Y me podría traer un vaso con hielos, por favor —le respondiste al mesero, quien se retiró después de escucharte.

Cuando regresaste tu mirada a Camus, él te veía con una mirada tenebrosa, obscura.

—¿Has estado comiendo hielos?

Te sonrojaste de inmediato, mordiste tu labio para evitar sonreír.

—Desde que desperté —confesaste.

La mirada de Camus fue más penetrante, viste sus ojos más azules que de costumbre, si eso fuera posible. ¿Qué pasaría por su cabeza?, ¿había pensado que habías dejado los hielos por completo?, él bien sabía el estado en el que estabas al comer hielos, él te dijo que era su forma de penetrarte, ¿cierto?

Alguien en la mesa dijo el nombre de Camus y ambos voltearon. Una chica le preguntó cómo le estaba yendo a Gelum, Camus tardó unos tres segundos en contestarle, pero le respondió una respuesta breve, a lo que surgieron más preguntas en la mesa dirigidas hacia él, pasaron unos cinco minutos de plática.

El mesero regresó con sus bebidas y los hielos, después les indicó a todos tus compañeros de mesa que la fiesta estaba por comenzar.

En ese momento, la intensidad de la luz del salón disminuyó y un reflector se centró en un sujeto que comenzó a hablar a la mitad de la pista de baile. La gente guardó silencio y puso atención a la pista.

Aprovechaste para tomar uno de los hielos pequeños con una cuchara y comerlo. El hielo te transportó a otro lugar, de inmediato se desencadenó por tu cuerpo una ola de deseo.

Camus notó tu movimiento porque volteó a verte y suspiró. Negó con la cabeza en desaprobación. Se inclinó un poco hacia ti y dijo:

—No me gusta que me hagas perder el control.

—No estoy haciendo nada malo —dijiste también en voz baja, sólo para que él pudiera escucharte.

—No puedo resistirme… —dijo sin acabar la oración, pero su tono era serio, no de juego, como si realmente estuviera afectado por ti.

—No quiero que te resistas —contestaste. Te gustaba su parte dominante, pero también te encantaba hacerlo perder el control.

Se separó de ti y miró tus ojos por un largo rato, parecía contemplarte, los compañeros de mesa y el anfitrión pasaron a segundo plano para ustedes. El hielo seguía bailando en tu boca, querías que Camus hiciera lo que tuviera en mente, lo extrañabas, habías esperado todo el día para verlo.

Él pareció leer tus ojos con claridad porque se levantó de su lugar y se puso detrás de ti para jalar también tu silla para que pudieras levantarte. No dijo nada a las miradas de confusión de sus compañeros de mesa, solamente te guió lejos de ellos, hacia el fondo del salón, pudiste notar que se dirigían a los baños.

Entraron al lujoso y gigantesco baño de hombres. Cuando ustedes entraron, un hombre iba saliendo por la puerta y dentro del baño no había nadie más. Camus tomó tu mano entonces y te jaló hacia uno de los compartimientos de los baños. Los compartimientos eran lo suficientemente grandes para que los dos entraran sin problemas, aunque no podían moverse con demasiada libertad. Cerró la puerta detrás de ustedes, afortunadamente la puerta llegaba al piso y no podía notarse que estaban dos personas dentro.

En un segundo, tenías a Camus devorando tu boca con desesperación, te besaba con descaro y entrega, te dejaste besar por largos minutos. Después Camus dejó de besarte y giró tu cuerpo para que le dieras la espalda. Iba a suceder de nuevo. Sólo había pasado un día sin que estuvieran juntos y se sentía como una eternidad. Te bajó los pantalones y la ropa interior. Cerraste los ojos cuando lo sentiste detrás de ti, mordiste tu labio para evitar hacer ruido cuando por fin entró en ti.

Estabas embelesado, quizá era la espera, el deseo apaciguado que habías mantenido en tu vientre a lo largo del día, la mezcla de alegría y emoción por estar con él, por haber dormido a su lado, verlo tan elegante en su esmoquin, pero lo sentías llenarte con una intensidad que no habías sentido nunca en tu vida. Sobrepasaba cualquier sentimiento que hubieras tenido en estos días, querías llorar de tanta excitación.

Camus siguió entrando una y otra vez, y estabas perdido, completamente intoxicado y ahogado en lo que estabas sintiendo. Te había pedido que te entregaras desde el primer segundo que habían empezado esta relación y justo en ese momento, sentiste que efectivamente le estabas dando el cien por ciento de ti; tu cuerpo, tu mente, tu corazón estaban abiertos a él por completo, sin dudas, sin obstáculos, incluso más fuerte que la primera vez que estuvieron en la sala de tu departamento y te vendó los ojos. Éste era otro nivel de entrega.

Camus seguía y seguía, y no podías más…

Un orgasmo repentino te rompió las entrañas, te reventó el espíritu, un sonido gutural abandonó tu boca sin que pudieras controlarte, estabas cayendo en un abismo infinito de placer. Te veniste como jamás lo habías hecho, con una potencia e intensidad que te causaron mareo y desconcierto.

—Está bien, aquí estoy. —No te habías dado cuenta que Camus había rodeado tu cuerpo con sus brazos, abrazándote por atrás, sosteniéndote. Te sujetó hasta que tu cuerpo disminuyó las diminutas convulsiones que lo atacaron.

Recargaste tus manos sobre la pared del baño frente a ti, componiéndote, buscando balance. La pared estaba llena de tu semen, era un desastre.

Ni siquiera notaste que Camus ya no estaba dentro de tu cuerpo, seguramente por la violencia con la que te habías venido, él había salido de ti.

Giraste tu cuerpo para verlo de frente y tu cuerpo volvió a encenderse con tan solo mirarlo, era tan hermoso, era incomprensible, sus labios estaban rojos, sus ojos se veían grandes, demasiado azules.

Camus tomó tu mano derecha y la llevó a su erección. Lo tomaste, entendiendo el mensaje. Empezaste la cadencia de arriba a abajo. Te acercaste a sus labios y recargaste los tuyos sobre su labio inferior. Después de dos minutos de rápidos movimientos, terminó también en tu mano en silencio.

Cuando te separaste un poco de él para verlo, tenía los ojos cerrados y un semblante pacífico, estaba satisfecho, igual que tú. Cuando abrió los ojos, te regaló una diminuta sonrisa, se acercó para dejar un beso en tus labios.

Después tomó papel del baño y limpió tu mano, su cuerpo y las evidencias de la pared. Tiró los papeles al bote de basura.

—¿Cómo te sientes? —preguntó en voz muy baja, casi un susurro.

No podías ya parar la palabra que nació desde tu corazón y viajó por tu garganta hasta llegar a la entrada de tus labios. No podías suprimirla más, ya no, habías sentido algo muy poderoso, y ya no podías negarlo de ninguna manera, tenías a Camus aquí enfrente y era inevitable decirlo.

—Enamorado —respondiste en un murmullo, entregando todo lo que había debajo de tu piel, dentro de tu alma, todo lo que eras.

Se escuchaba gente afuera, había gente en el baño con ustedes, pero eso no impidió que Camus te acercara a él y te rodeara con sus brazos en un abrazo cálido, suave, tierno.

—Eres mío —dijo Camus en un susurro cerca de tu oído. Esas palabras las había dicho después de que habías firmado el contrato, ahora las repetía—. Y yo soy tuyo, Milo, todo tuyo.

Cerraste los ojos al escucharlo. ¿Era cierto?, ¿estaba también enamorado de ti? Abrazaste muy fuerte su cuerpo, no querías dejarlo ir. Estabas completa y estúpidamente enamorado de Camus.

La manija del baño se movió, los dos rompieron el abrazo, alguien quería entrar. Arreglaron sus ropas mientras esperaban que la persona se fuera, era momento de salir.

o-x-o

Regresaron a la mesa cuando ya estaban sirviendo la cena en el salón.

Estabas emocionado por esta noche, por lo que acababa de suceder y por la fiesta en sí.

o-x-o

Cenaron y la conversación se volvió grupal en la mesa, participaste tres veces en la plática, te sentías bien, era muy notorio que los presentes eran directivos de importantes empresas, hablaron de negocios, finanzas, mercados.

Después de cenar, intervino de nuevo el anfitrión en la pista de baile, explicó que habría una urna en una de las esquinas del salón donde la gente podría dejar sus donativos y mencionó las asociaciones que se verían beneficiadas con la ayuda, terminó agradeciéndoles a todos su cooperación y los invitó a pasar a la pista de baile para seguir con la diversión de la noche. La gente empezó a levantarse para bailar las canciones que empezaron a sonar por las grandes bocinas del recinto.

Dos personas se acercaron de otra mesa para saludar a Camus, más gente importante, supusiste, estuvo hablando con ellos como diez minutos.

Cuando las personas se fueron, Camus te dijo que se sentía ya un poco cansado, que si estabas listo para irte, a lo cual le respondiste que sí.

Antes de marcharse, fueron a la esquina del lugar y Camus sacó un sobre de la bolsa interna de su esmoquin y lo depositó en la urna de donativos. Te preguntaste cuánto habría donado y si alguien más sabía que lo hacía cada año.

o-x-o

Salieron del lugar y el valet parking les llevó el Camaro a la puerta del lugar.

Camus manejó hacia tu departamento, en el trayecto fueron en silencio, en uno de los semáforos cuando les tocó el alto, Camus descansó su mano derecha sobre el muslo de tu pierna. Sonreíste al contacto y descansaste tu mano izquierda sobre su mano.

o-x-o

Camus subió a tu departamento y ya estando en la puerta, empezó a decir:

—Gracias por acompañarme esta velada.

—¿No va a servir de mucho si te pido que te quedes, verdad?

—No podría soportar que no durmieras ocho horas por mi culpa, es la única razón por la que no me quedo contigo.

Tu Camus controlador. Suspiraste. Sólo aceptabas porque él también necesitaba descansar.

—Está bien, entiendo.

—¿Tienes el contrato? —preguntó.

El contrato, cierto, se te había escapado que tenías que dárselo. Lo sacaste de tu cartera y se lo entregaste. Camus lo tomó y lo guardó en la bolsa interna del esmoquin sin verlo.

—Lo revisaré y te lo regresaré firmado. Sólo hay una cuestión que no hemos aclarado.

Frunciste el ceño.

—¿Cuál? —preguntaste.

—Estamos por empezar un nuevo contrato con las modificaciones que hiciste, así que antes de comenzar con las nuevas reglas, quisiera darte el octavo día que me pediste.

El octavo día, habías olvidado por completo el octavo día que habías solicitado para ti, en el que él iba a cumplir tus órdenes. ¿Quería dártelo? No sabías que esa parte de su acuerdo estaba vigente con todo lo que había sucedido, pero… sí, sí querías tener tu octavo día. Te sorprendía que él lo tuviera presente y más que quisiera llevarlo a cabo.

—¿Sería mañana? —preguntaste.

—Si así lo decides, sí, mañana.

Entonces el octavo día se iba a convertir en el sexto día. Interesante.

—¿A qué hora sales de trabajar? —preguntaste.

—Estaré disponible todo el día para ti, no tienes que preocuparte por mi trabajo, no tengo que pedir permiso para salir.

Correcto, él era el mismísimo presidente, sutil detalle. Brotó una sonrisa en tus labios, una infinidad de ideas explotaron en tu cabeza.

—De acuerdo, Camus, acepto, entonces a partir de mañana cambiamos papeles —dijiste.

Camus afirmó con la cabeza.

—Trato hecho —respondió, las mismas palabras con que habían sellado el contrato por primera vez.

—Gracias por invitarme a la fiesta, Camus, la pasé muy bien. —Te acercaste a su cuerpo y lo abrazaste para despedirte, no ibas a meterte a tu departamento sin tu abrazo respectivo de despido.

Camus te abrazó de vuelta y estuvieron en esa posición un momento.

—Descansa —dijo.

—Tú también. —Rompiste el abrazo.

Camus se acercó a tus labios y comenzó a besarte, no el típico y fugaz beso de despedida, esta vez se quedó besándote unos minutos, disfrutaste la caricia de sus labios en los tuyos.

—Hasta mañana, señor Antares —dijo al separarse de ti.

—Hasta mañana, señor Krest.

Entraste a tu departamento y Camus se marchó.

o-x-o

Recibiste un mensaje media hora después, que decía:

'Estoy en casa. Haré cualquier cosa para convertirme en tu príncipe azul y despertarte de la maldición. Buenas noches.'

Camus hacía referencia al mensaje que le enviaste en la mañana. Respondiste:

'Algo me dice que lo fuiste desde el día uno. Buenas noches. Espera mis indicaciones.'

Dejaste el celular en el buró a lado de tu cama. Ibas a aprovechar el sexto día al máximo.