Matando a un asesino

¡OH NO!, meneé sus frágiles hombros con tanta fuerza que pude romperle el cuello. Mis manos convulsionaban, mis ojos estaban desorbitados del horror, dolor, negación y culpa. Apreté el cuerpo sin vida de Ping Pong, desesperado como si mi vida dependiera de ello, como si aquello lo traería devuelto a la vida. Tú no puedes abandonarme. Los doctores me obligaron a separarme del niño. No dejaría que lo hicieran.

-Guan por favor, escucha, ya es tarde –dijo con voz apagada Fung- no podemos hacer nada, deja al chico para que los señores se lo lleve... –su voz se quebró al final.

-¡No, todavía podemos hacer algo, yo lo sé! –grité. Fung me puso una mano en el hombro, también trató que me separara del niño. Me resistí tercamente a los dos primeros intentos, pero él me jaló con una fuerza desconocida para mí entonces y agarrándome fuertemente de los hombros, me obligó a mirarlo a los ojos.

-¡GUAN MÍRAME, POR FAVOR! ¡ACÉPTALO! ¡PING PONG ESTÁ MUERTO! –rugió el anciano. Negué con la cabeza. Fung me miró con tristeza. Mirando sus ojos fijamente, vi como un hombre me devolvía la mirada: sus ojos estaban llorosos, su nariz estaba roja, su labio inferior temblaba, vi como su firmeza "sólida" lo abandonó. Era yo y lo repudié. Miré cómo los doctores cerraban sus ojos, cubría su pequeño cuerpo totalmente con la cobija y se lo llevaban lejos de mí alcance por esas puertas.

-Fung... Yo... le fallé –sollocé-. Le fallé... yo le fallé, prometí que lo rescataría sano y salvo, es mí culpa, ¡por mí culpa él está muerto! Yo fui quien debí haber muerto en ese tiroteo, él debió haberse salvado ¡YO DEBÍA HABER MUERTO Y NO ÉL! ¡Fung no es justo! –rugí desgarradoramente.

-A veces... a veces las verdaderas buenas personas mueren primero quizás para no seguir en el mundo de los hombres, sufriendo. Míralo de esta manera, ahora su vida puede ser mejor.

-Fung, bien sabes que me hice la promesa que no iba a fallarle a nadie más, no puedo darme el lujo de no demostrarlo o si no lo que dije en esa vez será tan solo palabras bellas. Y te digo que esto no va a quedarse así, no señor. Young tenía razón solamente porque hemos encontrado el cuerpo del niño no signifique que este caso está resuelto, pase lo que pase yo voy a resolver el caso y enviaré al verdadero culpable a la prisión, le daré la paz que merece el alma de Ping Pong, juro que su muerte no será en vano...

-Está bien, hazlo, no solo traerás paz a su alma sino que también a la tuya –dijo en un hilo de voz. Asentí con la cabeza.

Messier Dashi Gaulle llegó a los pocos minutos de que Fung y yo saliéramos del quirófano, enterarse la muerte de un hijo destrozó su corazón. No fui capaz de ser el portador de una funesta noticia y preferí que Dojo o Fung se lo dijera, a la final fue Fung. Messier Gaulle no pudo aguantar el dolor y estalló a llanto, a moco tendido, suplicó ver a su hijo antes que se lo llevaran. No tuvo valor de destaparle la sábana, que pidió a uno de los enfermeros que lo hiciera y apenas reconoció el rostro de su niño con los ojos cerrados. El padre se echó sobre el cuerpo de su hijo y abrazándose fuertemente, el horror sufrido y el agotamiento (dijo que había una cola que le impidió seguir avanzando, dejó el coche con un amigo y cruzó todo el tráfico a pie) lo hacía aferrarse contra el cuerpo de su hijo. Oía chillidos y gritos ahogados, el pobre hombre bamboleaba, sus fuerzas se esfumaron, las piernas de gelatina no seguirían soportando su peso. Alguien de nosotros se derrumbó finalmente y dejó salir sus lágrimas contra un hombre compasivo, pronto más lágrimas se les unieron.

-¡NO, MI HIJO NO! ¡ES MI HIJO! ¡NOOOOOOOOO! ¡NOOOOOOOO! ¡MI PEQUEÑO PING PONG NO! ¡ES MI MUCHACHO, ES MI VIDA! ¡NO, ÉL, NO! ¡NOOOOOOOO!

Messier Gaulle lloraba histéricamente. Fue más difícil para él que para mí, separarlo de él. Me temí por un momento que el padre de la víctima nos echara la culpa a nosotros porque no pudimos rescatarle sano y salvo o a los doctores porque no pudieron hacer nada para que siguiera viviendo (muchas veces sucede ese tipo de negación). Pero él estaba tan adolorido que no tenía fuerzas para levantar acusaciones. No lo culpo. La pérdida más grande para un padre es perder un hijo. Ping Pong ni siquiera cumplió los trece años para comenzar a vivir su adolescencia. Regresamos al departamento de policía, después de llevar a messier Gaulle a su casa, queríamos evitar que cometiera una locura en el camino. Nos dijo que trataría de llamar a su ex esposa para decirle y su abuelo Barkey, se le rompería el corazón apenas se enteraría, nos dijo que quería celebrar un funeral privado, quería mantener fuera a la prensa y a los mirones lejos. Y por supuesto, nos permitiría entrar...

-Ah, hola, ¿qué ocurrió?

-No te hagas, Young, lo sabes bien.

-¿Qué sé bien?

-¡Ping Pong! Él... murió.

-¿En serio? Vaya.

-¿Eso es todo lo qué dirás?

-Creo que sí… –dijo con voz apagada. No tenía ganas para escuchar las provocaciones de Young. Entregué el isótopo lleno de sangre a laboratorios, aunque después de ver al padre de la víctima llorar como magdalena, lo estoy dudando.

Cumo falleció, en un intento frustrado de huir. Se escapó en una ambulancia, pero como me dijo Dojo, interceptaron la ambulancia y Cumo se vio obligado a bajarse del vehículo, tirar su fusil de asalto y alzó las manos. Le dispararon cuarenta y dos balazos. Eso sí, no me pregunten cuál de todos ellos lo mató. Los fugitivos que no sufrieron lesiones graves serían enviados a prisión, entre ellos, está la hermana de Bailey, Jesse. Directamente no estaba al tanto de los crimines, sino que simplemente obedecía órdenes de Cumo si quería seguir ganando dinero (de esa manera o volver a prostíbulo) y mantenerse con vida (quizás en su juicio se suavicen). Algún que otro alegaba que jamás disparó en los asaltos producidos, a pesar de ir armada y estar enredada amorosamente con uno de los secuaces de Cumo, que le duplicaba en edad. Aún así no se le podía quitar que era cómplice en los múltiples actos delictivos.

Pero mientras tanto pasaría unos años en el reformatorio de jóvenes mujeres delincuentes. Apenas la policía se entere de que su hermano también está implicado, él tendría que rendir cuentas claras con la ley. Si bien nadie sabe a ciencia cierta (tal vez Cumo, pero ahora no está para contarnos) cómo fue que exactamente que Jesse se mezcló con esta gente, aunque a juzgar por la edad que ella tenía entonces cuando desapareció y los negocios de Cumo, es posible que haya pasado con él más de la mitad de su corta vida. La teoría con más fuerza sería que ella misma escapó, pasó hambre y trabajo. Él la encontró y una vez que tomó su mano, quedó atrapada en ese mundo ruin y asqueroso. A lo mejor, ella me podría dar la razón o no, pero como sea, no han conseguido que abriera la boca desde que la metieron presa. Regresé a casa más temprano de lo usual. No para dormirme más temprano, si no a meditar todos los acontecimientos del día. A sentarme en el sofá y no hacer nada, era como un estado de trance. Durante los tres primeros días, en mis pesadillas reviví la muerte de Ping Pong desde la manera en que murió realmente frente a mis ojos hasta quemado vivo.

Esta vez no tenía que salvar a mi ex novia del loco de Young si no a Ping Pong y también le fallé, no solamente se quemó las manos, si no él mismo y todo era mi culpa. Estuvimos estancados, sin saber qué hacer. Creo que únicamente iba al departamento de policía para que me miraran la cara. Habíamos encontrado a Ping Pong, sabíamos quien lo tenía todo este tiempo, pero habían preguntas sueltas sin responder. Interrogamos a los hombres de Cumo, fui el encargado de ir a la prisión haciendo las preguntas. Cada uno sabía menos que el otro cuando íbamos de celda en celda preguntando. Ellos admitieron que fueron quienes raptaron a Ping Pong el día de la fiesta. Ingresaron como invitados y apenas el niño estuvo solo, lo secuestraron y se lo llevaron sin que nadie se diera cuenta. Le preguntamos por qué razón lo hicieron. Dijeron que simplemente obedecían órdenes de Cumo, esporádicamente se reservaba algunas cosas para sí mismo, incluso el celular de él continuaba desaparecido, ¿haciendo qué cosa? ¿negociaba con él o cómo rayos llegó a mezclarse con él? Ninguno me supo responder.

Oh cielos. Llegó el día negro. No, en serio, el cielo estuvo cubierto de nubarrones negros en todo el sacrosanto día. No recordé haber visto el sol en todo el día. Saqué del armario un conjunto negro. Las mangas me quedan holgadas y largas, el pantalón suelto, ahora que lo recuerdo esto lo compré en Japón hace unos años cuando estaba resolviendo un caso por allá. No importa. No tengo mucha ropa negra así que me la llevaré. El entierro se efectuaría en el cementerio del sur. Fui con Fung y Dojo, los dos llevaba sus ropas de luto en un vehículo normal para no llamar tanto la atención.

Llegamos justo a tiempo, lo iban a enterrar. Allí estaba el padre de Ping Pong, había una mujer que llevaba una mantilla al lado supuse que era la madre y junto a ellos estaba un hombre más anciano, Barkey Le Bois deduzco. Otras personas que ni conocía y más atrás, los cuatro sospechosos. Los cuatro vinieron vestidos de negro acorde con la ocasión. Era la primera vez que veía a Pedrosa, Bailey y Spicer vestidos formalmente. Tohomiko llevaba un vestido. Pedrosa escondía sus ojos tras unos lentes negros por lo que no sabía si estaba llorando o no quería que nadie viese sus ojos rojos e hinchados por beber aguardiente e ingerir droga. Spicer y Tohomiko lloraban como magdalenas (qué buenos actores). Bailey estaba tan estupefacto que ni podía llorar. Suspiré profundamente. Los ojos enrojecidos y las caras de sufrimiento de los presentes, no apartaron la atención del pequeño ataúd que depositaron a no sé cuántos metros bajo suelo.

-Ahora, hermanos, nos desconsolaremos leyendo el evangelio según San Marcos, capítulo 18: "En aquel tiempo, los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en el medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe". Palabra del señor...

Serpenteé desde mi posición actual hacia donde estaban los sospechosos rezagados y con la mirada gacha.

-¿No tienen ni un céntimo de vergüenza estar aquí? Ping Pong murió, deberían respetar el luto de su familia o dejar descansar en paz al muerto, es claro que uno de ustedes fue quien entregó a Ping Pong a esos desgraciados.

-No tiene ni sentido volver a repetirle que ninguno de nosotros fue quién lo hizo… –espetó Pedrosa-. Oiga, nosotros fuimos amigos del muerto en vida y sería una descortesía que no viniéramos a honrar la memoria del muerto.

-Como sea les he venido a traerles un mensaje que dejó Ping Pong antes de morir: "Diles a todos ellos que os perdono", ¿alguno de ustedes tiene idea de lo que significa? –disintieron con la cabeza, se encogieron de hombros o no dijeron nada. Pedrosa me miró:

-Creo que esta vez Ping Pong sí está equivocado, detective Guan, que el perdón no se hizo para todos los hombres en la tierra –sentenció él. Sonó un celular, rompiendo la tensión. Tohomiko giró y sacó el suyo.

-Ups, es el mío, necesito contestar. Ya vuelvo... –Tohomiko se giró y se fue.

-No podría estar más de acuerdo contigo, hijo –me iba dando la espalda cuando me volteo, acordándome de algo-. Casi se me olvida, dese por muerto quien sea el responsable y que la próxima vez se ajuste los pantalones y sea valiente para poner sobres bajo mi puerta, en vez de enviar a críos a que haga su trabajo, ¿les quedó claro? ¿Spicer? ¿Pedrosa? ¿Bailey?...

No contestaron y me retiré. Y no solo me refiero con alejarme de los sospechosos si no del entierro mismo. Todo esto me produce alergia. Pasaron cuatro días desde que Ping Pong está a cuatro metros bajo tierra y seguimos en blanco, cero. Encontramos al muchacho, pero seguimos varados. Nosotros decidimos mantenerlo oculto ante los ojos del mundo, vamos a hacer como si seguimos investigaciones, no daremos ninguna declaración a la prensa, poco a poco el mundo se olvidará de Ping Pong. Aún tenía la pregunta de cómo el chico llegó a mezclarse con esa gente pegada a la punta de la lengua. Young volvió a solicitarnos a Fung y a mí que nos dejara hablar con los sospechosos.

-Los voy a interrogar nada más, ¿no era que para resolver este caso pidieron mi ayuda?

-¿Y qué les dirás?

-Voy a provocarlos, es una táctica infalible que nunca falla a la hora de buscar asesinos en serie, a lo mejor si tengo un encuentro con ellos pueda determinar si son culpables o si son inocentes, les sacaré el asesino que llevan dentro si me entienden,

Fung y yo lo conversamos por una hora. Fung estaba de acuerdo en que los sospechosos conocieran a Young. Yo no, me parecía un tanto estúpido y otro arriesgado. Pero Young alegó que teníamos cámaras y micrófonos en su celda así que podríamos vigilarlos a él y a los sospechosos. A la larga, accedí. Establecimos día y hora para cada los sospechosos para fijar una "cita". Todos en el mismo día. Todos a diferente hora. Young leyó otra vez todos los expedientes y se preparó. Son las dos de la tarde. La primera fue Tohomiko. Ya todos están advertidos. Fung y yo veríamos lo que sucedía a través de la pantalla, teníamos ambos puestos los audífonos para escuchar lo mismo que Young. Tohomiko se sentó frente a él, se notaba que estaba nerviosa por encimita. Young estaba encadenado a la mesa, pero aun así, ni un monje estaba a salvo con él en esas condiciones.

-Hola...

-Hola Kimiko Tohomiko –dijo Young con dulzura- no te intimides por favor, puedes hablar conmigo con toda seguridad, de asesino a asesino guardaremos nuestros secretos…

-Yo no soy ninguna asesina, no tuve nada que ver con la muerte de Ping Pong.

-Perdona, ¿qué? Aguarda, te dije que estamos en confianza plena, si me confías tu secreto y luego me asesinas para que no lo divulgue, no hay problema, de hecho, me estás haciendo un favor. Morir es tan solo una oferta de perdón, el verdadero infierno está en la cárcel, por eso muchos criminales prefieren morir que pasar un día en estas cuatro paredes.

-Sí estoy consciente, pero yo no soy culpable de nada. No tengo ni la menor idea de por qué Ping Pong estaba con esos sujetos ni soy responsable de su muerte, lo único que vine hacer aquí es demostrar mi inocente porque como dice el dicho: Los inocentes no tienen nada que temer –aseguró con firmeza. Young sonrió.

-Te propongo algo, si me confieres los detalles de cómo hiciste para deshacerte de ese niño sin manchar tus blancas y delicadas manos; yo te contaré el mío, que no es tan secreto, pero al menos quedaremos a manos, ¿no te parece? ¿sabes quién soy yo, verdad?

-Por supuesto, leo noticias. Eres Chase Young, El Cazador, asesinaste a catorce mujeres inocentes… –Young puso una mueca- apenas era una niña cuando hiciste esas cosas, pero nadie ha podido olvidarte. Lamento decirte que pierdes tu tiempo, yo no hice nada.

-Bueno, eso de "inocentes" no es tan cierto, Kim, esas mujeres eran unas ateas inmorales que merecían la muerte. También habrás leído que todas esas mujeres eran madres solteras, mujeres exitosas, solteras, jóvenes y hermosas, desde grandes empresarias hasta candorosas universitarias, nadie se salvaba de la perdición de quién dejaba a sus hijitos de lado (aunque hubo una que se salvó, me prometió que se desaparecería de la vista sin decirle nada a la policía y de mera lástima por cómo me suplicaba por su patética vida, la dejé, empezando porque ni siquiera era madre, pero me había visto deshacerme de uno de los cuerpos aún sin verme la cara), ¿cuántos años tenías cuando tu madre te abandonó a ti y a tu hermana?

-¿Por qué metes a mí madre en esto? –masculló entre dientes.

-Estoy probando un punto nada más, quizá no tuviste todo en la vida como le dijiste a Guan en tu primera entrevista, te faltó una madre porque un padre a veces no puede entender unas cositas como lo puede entender una madre y mujeres como tu madre eras las que castigaba. Yo conozco a las chicas de tu tipo, Kim, tu hermana te sofoca ¿cierto? Dice que nunca vas a conseguir un novio o algún chico que te ame porque eres muy... muy apretada, no sé, muy tú y por eso serás virgen a los cuarenta.

-No sé de qué hablas.

-Oh no, sí lo sabes perfectamente, tu hermana te atosiga, tus amigas te atosigan. Las ves a todas ellas felices porque tienen un novio a su lado, cuando se reúnen les gusta jugar a ser perras, lo cual es irónico porque a ninguna mujer le gusta que le llamen prostituta ni a las mismas prostitutas y entre ustedes se cuentan los detalles de cómo les fue en sus relaciones íntimas, de cómo se masturban, etc. Claro, para no quedar rayada porque sabes las críticas nefastas que le hacen a las chicas que no han vivido, les habrás dicho una que otra mentira: "Ayer fui al bar que fuimos a la última vez y un chico me invitó una copa, sé que no debí aceptarla, pero estaba tan ardiente que no pude evitar hacerlo, quedamos charlando y nos enamoramos al instante que decidimos liarnos en el baño" –Young adoptó una voz chillona, para alcanzar el timbre femenino-, no me vas a negar que no les dijiste eso.

-¡¿Y qué si les dije eso?! –saltó como fiera Tohomiko.

-¿Entonces lo admites? ¿te avergüenza ser virgen? Jesucristo, qué fácil fue eso... –Young se echó a reír.

-No he dicho eso.

-Pero al menos admites que te sientes frustrada contigo misma y tus deseos sexuales. Por lo que veo, "tus amigas" se han tragado tus historias falsas, desde luego que tú no estás de acuerdo con algunas decisiones que toman. Tu hermana no, porque te conoce de pequeña y compartes piso con ella, a cambio, se burla de ti y temes que tus amigas y medio instituto se entere de "tu secreto", temes al rechazo y a la crítica porque indudablemente esas putas que crees que son tus amigas te podrían convertir en una marginada así como pudieron hacerte popular en tu colegio, entonces la amistad no sería tan recíproca como creías. Tu grupo de amigas también son mujeres ateas inmorales que merecen morir, sin embargo, ignoré algo en esta historia. En vista de que estás bajo la sombra de tu insoportable hermana, decidiste acostarte con su novio, con el que también es sospechoso, ¿no es así?

-¡Claro que no! ¡no es así! –chilló Tohomiko.

-Jugaste un arma de doble filo porque al acostarte con él estarías vengándote de tu hermana atea inmoral y al mismo tiempo, saldrías de ese círculo vicioso que te ha atormentado por años, no tendrías que estar mintiendo si eres virgen o no con tus amigas porque por fin eres gente, ¿no? Compartirías el credo con tus amigas de quien no haya tenido un orgasmo no ha vivido, ¿tengo razón, sí o sí? ¿sexo, eso es lo que estás pensando en este momento, no? ¿del placer que sentiste cuando te revolcaste en la cama con Raimundo? ¿esa vez que Guan entró al cuarto de él, te escondiste en el baño? Porque la venganza es un plato que se come crudo y si es con sexo, mejor.

-¡NO! –Tohomiko se levantó.

-Te acostaste con él por venganza contra tu hermana atea y lo sabes. No finjas conmigo que sientes lástima por tu hermana porque no veo en qué parte sufres tú cuando has mantenido relaciones sexuales con él una y otra vez voluntariamente. Buena idea las clases de tutoría, eso prueba que tu hermana es tan bruta que ni percibe que su propia hermana lo traiciona acostándose con su novio.

-¡Yo no me acosté con Raimundo! ¡estás demente! Yo soy una persona decente, se nota que no tienes nada que hacer en estos muros para inventar historias ridículas sobre nosotros y es una total falta de respeto levantar acusaciones sin tener pruebas, además que no eres nadie para entrometerte en la vida ajena y por eso mismo, tú no puedes exigirme explicaciones al respecto –Tohomiko lo miró a los ojos fijamente, retándolo. Young amaba los retos, pude ver cómo se divertía a través de la pantalla.

-Así mismo cómo te da placer vengarte de tu hermana, creo que habrás sentido un placer, no creo que más enorme que el placer de desquitarte de tu hermana, cuando desapareciste a Ping Pong para que no dijera ninguna palabra al respecto, ¿es eso, sentiste un placer sexual al haberlo desaparecido? Su ropa no tenía su teléfono, ¿qué hiciste con él? ¿te deshiciste de él para que no viéramos tus amenazas de muerte?... –Tohomiko se rió, pero no era una risa real si no una forzada y ronca. Young tenía razón, podías sacarle el demonio a cualquiera.

-De verdad que tú no vas a parar con este tema –dijo más seria, recogiéndose un mechón de cabello detrás de la oreja-. No, es que yo ya no voy a perder mi tiempo dando explicaciones a estos policías, es demasiado valioso como para desbaratarlo con ustedes –Tohomiko tomó su bolsito y se largó. Se le veía algo perturbada, aún no se le han bajado los humos. Esta entrevista duró exactamente media hora. Bailey llegaría aquí a las tres de la tarde. Eso le da tiempo a Young de tomarse un vasito de agua y preparar su próximo monólogo. De verdad, que no me hubiera molestado ver a Tohomiko despedazar a Young. Creo que sería entretenido y educativo.

Bailey llegó unos minutos tarde, pero acudió a su cita con el psicópata. Tohomiko es un barrilito de pólvora, Spicer es demasiado susceptible y Pedrosa se deja llevar rápidamente por sus emociones. Bailey es más calmado, me pregunto cómo hará Young para pervertirlo, sea como sea, es un experto en la materia. Bailey se sentó frente a nuestro asesino en serie.

-Buenas tardes.

-Hola, Clay, primero que nada quiero pedirte tu autógrafo...

-¿Mi autógrafo?

-Sí, sí, es que estoy plenamente maravillado. Te deshiciste de una persona sin necesidad de mancharte las manos, ni yo he podido hacerlo, este caso del niño desaparecido es lo más parecido que tenemos al crimen perfecto, ¿cómo lo hiciste? Me gustaría saber los detalles.

-Estás en un completo error, yo no tengo nada que ver con la desaparición de Ping Pong.

-¿Y quién dice que no puedas ser el culpable, Clay? Reúnes las cualidades para completar el perfil de un asesino, antes que me arrestaran, trabajaba para la policía, hacía equipo con Guan y resolvimos un caso en que el asesino era quien menos lo pensaba cualquiera, era un tipo inseguro, le tenía miedo a todo y lloraba porque se creía que su padre era culpable pero todo el tiempo era él, demostró ser un asesino letal. Cuando apareciste como sospechoso, nadie creía que tú eras el culpable por tu cara de "chico afligido", pero eres uno de los que las evidencias apuntan más, empezando por tu hermana, Jesse, ¿estabas consciente de que formaba parte de la banda de Salvador Cumo?

-No, no sabía, me vine a enterar el mismo día que encontraron a Ping Pong.

-Mientes –respondió cortante Young- lo sabías antes que todos nosotros, quién sabe cómo volviste a saber de ella y supiste que estaba acá así que convenciste a tu familia de volver acá cuando lo único que querías era hacerte el héroe, te infiltraste en ese mundo y acabaste siendo otra marioneta de Cumo –se inclinó- no sé en qué mundo crees que estás, pero tienes suerte de que la policía haya puesto a esos hombres en la prisión o sería muy tarde para ti. Tu conmovedora historia del bullying no me convence, no vas a tomarme por tonto, no soy Guan... –canalla. Bailey puso los ojos en blanco.

-Lo que dije ese día no fue ninguna conmovedora historia, decía la verdad. A veces se tiene que enfrentar aquellos a que tememos para crecer y yo jamás he trabajado para Cumo.

-No, eso no es cierto –Young sacudió la cabeza-, después de que Ping Pong falleciera en el hospital, interrogamos a los criminales para saber qué razones tendría para estar allí y nos dijeron que te han visto, no veo que motivos tenían para mentir... –Bailey enmudeció, no se esperó aquella jugada. Eso obviamente lo está inventando Young para medir la expresión de Bailey.

-Pues están mintiendo.

-¿Y cómo era que sabían tu nombre completo?

-¡Son criminales! Lo pudieron haber averiguado si Jesse es mi hermana... –gimió Bailey.

-No lo creo, tu hermana usaba otro nombre, sabes que cuando estas con criminales debe de ser rebautizado: Anne Bonnie Bedingfield… ¿si ella tenía otro nombre cómo pudieron dar contigo si no se relacionaban?

-No sé... –sollozó Bailey.

-No, sí lo sabes, es que tú trabajaste para Salvador Cumo. Vendías drogas, creo, Raimundo y tú tenían una relación de comerciante y cliente –Bailey soltó un bufido-. Tienes dieciocho años, apenas conoces la vida y eso que hiciste te costará algunos años tras las rejas, ¿puedes verte a ti mismo en una prisión rodeado de asesinos, violadores y ladrones? Allá reciben a la carne fresca calurosamente, tengo entendido que violan a los nuevos, los evalúan en la ducha y si les gustan, llegará un momento en que lo pillen desprevenido y ¡zas! Lo hacen… –en el rostro de Bailey se dibujó el horror, pero trató de mantener la serenidad- cuando yo llegué, nadie se atrevió a hacerme nada porque sabían que por las noches les mutilaría las bolas.

-Pero si en las prisiones no hay…

-No seas tonto, querido muchacho, en una cárcel prevalece una única ley la del más fuerte. Ahí pasa de todo, créeme –dijo Young-. Entonces, por un descuido tuyo Ping Pong supo de tus redadas sucias con Salvador y para callarlo, lo echaste a los cocodrilos, no hace falta ni decir que estoy en lo correcto. Entre cielo, tierra y drogas no hay secretos.

-Por favor, señor, por enésima vez yo no soy el culpable –gruñó Bailey.

-Sí, sí lo eres, no es necesario que finjas conmigo, ambos sabemos la verdad. No podrás engañarme con esa cara de niño bueno, no puedes seguir fingiendo para siempre, puedes decírmelo sin miedo.

-Se lo repetiré una vez más: No-soy-el-culpable.

-Creí que habíamos quedado que no nos seguiremos mintiendo. Si no mal recuerdo, dijiste que Ping Pong era para ti un hermano, parte de la investigación reveló que el niño mantuvo negocios con Salvador, a lo mejor era para rescatar a Jesse dependerá de ti si estabas o no al tanto de su sacrificio, pero ya era tarde, no pudiste soportar dos pérdidas y fuiste tras él, te pusiste a vender drogas como una manera para llegar hasta él y ahora que lo sabes, tienes un terrible sentimiento de culpa por tu completa falta de competencia.

-Ya basta, no sé si Ping Pong se inmiscuyó con él, pero tenga por seguro que yo no.

-No sabes mentir, chico. Sabes que tengo razón.

-Oh por Dios, escuche, yo le juro que no tengo idea qué hacía Ping Pong allí y no estamos llegando a ninguna parte haciéndome estas preguntas, tengo cosas que hacer...

-Tal vez para ti, quedé convencido de que eres el culpable.

-No sabe lo que dice.

Bailey se fue tras decir esas palabras. Lucía normal, pero estaba distraído. Atrapado por sus pensamientos. Creo que quedó algo trastornado por esa charla sobre las cárceles imprevista. A las cuatro de la tarde, era el turno de Pedrosa. Llegó un cuarto de hora tarde. Da igual, su excusa y lo que opine Young, para mí, el culpable de todo es Pedrosa. Es quien tiene más interés para que Ping Pong desapareciera, tiene antecedentes y bajo los efectos de la droga, ocurren todas las cosas. Sin aludir que es el más cínico de los cuatro. Él es el responsable y punto. Pedrosa no tenía puesto sus lentes de sol de la otra vez. Se encerró en el cuarto con Young. Se sentó al frente. Fung y yo nos preparamos para oír.

-Hola.

-Así que tú eres Raimundo Pedrosa, no eres como te imaginé ciertamente ¿sabes? –admitió Young, soltando una risita entre dientes- no sé si lo sabes, pero las pruebas gritan tu nombre y eres el principal sospechoso de la desaparición de Ping Pong. Fuiste un poco descuidado, pero aún se puede reparar, en mis tiempos para que se dieran cuenta que yo era el asesino en serie que buscaban tardaron meses, un poco lentos, si quieres te puedo dar unas clases...

-Eres muy amable, pero no gracias, no estoy interesado.

-No hace falta que finjas conmigo, muchacho. Yo no soy Guan. La evidencia habla por sí sola...

-Las evidencias también puede mentir.

-Sí, tienes razón. Puede que seas inocente o puede que sí seas el culpable, no sé. Escucha, a tu edad yo cometí mi primer asesinato, en realidad fueron dos, jamás lo planifiqué, sucedió inesperadamente. Yo soy de las personas que no afloran sus emociones, aprendí a guardar todo dentro de mí, desde niño fui abusado por mi padrastro a consciencia de mi madre, ¿se oye difícil que un ser humano pueda soportar tanto tiempo una cosa tan atroz como esa? Yo lo hice, pero hasta yo mismo tuve un límite y ese odio que acumulé por tantos años lo dejé salir una vez y descargó doce puñaladas en mi madre. Créeme que no quería lastimarla, yo únicamente quería que sintiera exactamente lo que sentía yo, le pregunté entre lágrimas y sollozos: dónde está tu amor de madre, por qué no me defiendes, tienes alguna idea de lo que me hiciste –Young se detuvo, parecía que lo estaba recordando en carne viva, sus ojos veían un punto fijo del cuarto, pero no sé a qué-. Mi padrastro me descubrió, me gritó y me acusó de que era un monstruo, ¡me iba a denunciar a la policía! Tenía miedo y lo asesiné a él también, una puñalada profunda en el corazón... hasta creí por un momento que todo esto era un lindo sueño y cuando abriría los ojos, ellos seguirían ahí, pero no fue así. Cuando yo abrí los ojos, mis manos estaban llenas de sangre, mi ropa también, las paredes igualmente, los enseres y mis padres yacían muertos en el piso, ¿qué crees que hice en ese momento? –le cuestionó- grité, estaba loco de furia, pensé en entregarme a la policía, ¡había asesinado, eran vidas humanas por muy desgraciados que fueran! Pero desistí y fue cuando monté una escena paralela: Mi madre fue asesinada por mi padrastro, violencia doméstica, y antes que entregarse, prefirió suicidarse para castigarse... ¿no te parece romántico?

-¿Romántico o enfermo? ¿quieres que abra una encuesta? –preguntó Pedrosa iracundo.

-No obstante, a diferencia de otras personas que quedan perturbadas por su primer asesinato y ven por doquier a la persona que mató. Continué mi vida como si nada ha pasado, como si no me importara que mi madre estuviera muerta y eso me preocupó y a la vez no, cuando asesinaba sentía una sensación de libertad, era una adrenalina intensa que sólo lo sienten los asesinos veteranos cuando se sienten atrapados, sentía que en mis manos sopesaba la vida de quienes tenía al frente, era casi como un dios, podía determinar si seguía o no viviendo; comprendí que asesinar era tan solo un perdón. Pronto se convirtió en una marca de heroína personal, una potente droga, deberías entender de qué hablo... –Young lo miró a los ojos- tú me recuerdas un poquito a mí cuando era joven y alocado.

-Yo no seré como tú y si voy a la cárcel por posesión de drogas, al menos tengo quien me visite y me llore cuando me muera a diferencia de otros...

-Eso piensas ahora, empero llegará un momento en que no habrá droga que te satisfaga más que asesinar. Ese niño fue tu primera víctima y a raíz de esto le seguirá una cadena de niños larga, aunque las víctimas que escogiste son molestas y ruidosas, pensándolo bien también las mujeres que secuestraba eran molestas y ruidosas. Todos empezamos así, Raimundo, de niño tenía un pasatiempo extraño, me gustaba ir al pantano o al jardín y atrapar insectos en frascos de cristales, recuerdo que les echaba un líquido verde, las disecaba, lo saqué de mi madre porque ella era científica y le gustaba experimentar con insectos. Adoraba como esas criaturas encogían las patas, se retorcían, balanceándose de un lado a otro, esperando que profirieran un grito, se estremecían y sacudían más violentamente... Oh sí, te juro que ni vi la diferencia entre mis insectos disecados y las mujeres que torturaba...

-No he asesinado a nadie, no cargo culpa de que Ping esté muerto y créeme que si yo fuera el asesino, más me divertiría verlos tropezar entre ustedes mismos sin llegar a ninguna parte que despedazarlos en trocitos –Young ladeó la cabeza, Pedrosa se inclinó hacia él-. Viejo, memorízate esto: No tengo nada que ver en esto –recostó la espalda en la silla.

-No, si la tienes y lo sabes. Tus ansias por tomar droga fortuitamente coinciden en la época en que Ping Pong desaparece, lo que te dije. Ping Pong lo sabía, estaba consciente de que tú y Clay trabajaban para Cumo...

-Eso no es verdad.

-Y encima a Kimiko, has estado saliendo con su hermana más de cuatro meses y la estás engañando con su hermana, jugando con dos amores, con dos hermanas, ¿qué, no te puedes decidir?...

-No metas a Kimiko en esto, mi vida amorosa no te concierne.

-Mi recomendación sería que te decidieras por una o a no ser que quisieras quedarte solo, porque francamente si me preguntas no estás demostrándole que la amas lo suficiente lo que sería un acto de plena cobardía.

-¡No soy un cobarde! –gritó fuera de sí- ni tengo que elegir una, yo ya tengo a una novia.

-Ejerciendo el peso adecuado como para querer escaparte en un mundo de fantasía. Te lo voy a volver a preguntar de buena manera, espero tu cooperación, ¿eres el responsable de la desaparición de Ping Pong, tú lo entregaste a esos desalmados? ¿fue él o él, qué me dices de él? –Young señaló a la mesa de metal fría, donde Pedrosa vería su rostro-. Hay tantos sospechosos en esta mesa y una única verdad: Ping Pong y tú riñeron, él sabía que estabas hasta las orejas metido en ese mundo, fumando droga, jurándole a Kimiko villas y castillos cuando jugabas con su corazón que Ping Pong se obstinó de cubrirte y pensaba abrir la boca –relató- y tú lo mandaste a dormir con los peces, entregándoselo a tu amigo Cumo, ¿qué más se podría esperar de un socio de él? Seguro que te enseñó todo lo que sabes, tú nos mentiste, eras su mano derecha... O lo hiciste por envidia, sí también puede ser, él tenía una vida casi perfecta...

-Jesucristo –Pedrosa se tapó el rostro con la mano, sonriendo entre dientes-. Le dije que no soy el culpable, Ping Pong y yo éramos los mejores amigos.

-Querrás decir que un Judas cualquiera vendería a su buen amigo por tres bolsas de cocaína a los soldados romanos, que en este caso serían los criminales.

-No traicioné a Ping Pong tan vilmente como traicionaste tú a Guan... –Pedrosa le revirtió la jugada. Young vaciló, soltó una risita entre dientes, recostó la espalda del respaldo de la silla. Me sorprende que Young no haya intentado estrangular a Pedrosa, cuando se pone histérico, en verdad sale de control.

-La relación entre el señor Guan y yo pasó hace muchísimo tiempo, quizá ni siquiera habías nacido o eras muy joven. Por ahora, sólo es un gentil caballero con el que no comparto una buena relación y en un tiempo la única persona que pudo volverme bueno una vez, pero ya dejamos de mirar al pasado y lo hecho, hecho está. Está bien, chico, puedes retirarte –dijo. Pedrosa se levantó de su asiento y se fue, pisando fuerte. Estaba en shock, ¿había dicho qué yo era la única persona por un tiempo que pude hacerlo bueno? ¿qué debería interpretar por eso? ¿qué a Young aunque sea un meñique si le importó nuestra amistad?- ¡No te ilusiones, Guan, todavía no he perdido la cabeza! –sí, ese sí sonó al Young que conozco.


A/N:

Y así cerramos con broche de oro el capítulo de hoy, muchachos. Buenos días, el capítulo empieza con dramático giro: Ping Pong muere, el funeral se lleva a cabo, sin embargo, seguimos sin saber quién lo hizo. Se cortó las entrevistas de Chase porque el capítulo me salió extenso y bueno, mientras más capítulos mejor para ustedes, ¿no es así, muchachos? En el que viene terminamos con Jack y con algo sumamente inesperado, una sorpresa que nadie se imagina que dará un vuelco total. Me gustó todas y cada una de las entrevista, se planteaban hipótesis interesantes, en serio Chase si sabe cómo mentar la madre. El título del capítulo reconozco que es escalofriante, se me ocurrió mientras pensaba en Higurashi No Naku Koro Ni. Lo que se dijo sobre las amigas de Kim, lamentablemente cierto, así piensan muchos cocos secos el día de hoy (de hecho ese credo: Sexy, naughty, bitchy; lo saqué de una de mis compañeras que se lo dijo a otra y me enteré por otra boca, mi cara fue de "Ah, okey"). Lo del evangelio, porque casualmente mamá estaba viendo un programa donde estaban enterrando a un niño y ese fue el evangelio que se leyó. Me pareció perfecto. Pobre Dashi. Como se dijo, el mayor tesoro es el amor de una madre y la peor pérdida es perder a un hijo. Si bueno, un hijo es mucha responsabilidad y como me dijo un profesor que me guarda aprecio, los hijos cargan con las frustraciones de los padres, pura verdad (¿no ven que por eso hay un montón de niños desadaptados y estamos como estamos?) y es por eso mismo que me dije que no iba a tener hijos y me ocuparía de mí principalmente.

Vimos brevemente a la madre de Ping Pong y al abuelo, en el capítulo que viene se va a tener una charla demasiado interesante con él. Y por lo visto, muchachos, los criminales fueron los responsables de que Ping Pong desapareciera en el día de la fiesta y al parecer sostenía una relación con Salvador Cumo, lamentablemente ninguno de los dos está para comentárnoslo. Ustedes deciden. El capítulo de hoy, el final fue profundo y porque vimos una perspectiva de Chase, él nos contó desde su punto de vista la muerte de sus padres (no sé por qué, pero su historia salió similar a la que tengo planeada en La Traición Conoce Mi Nombre) y lo de que él se parece a Raimundo cuando era joven. Bueno, cuando Chase era bueno, su personalidad era similar a una mezcla entre Omi y Raimundo, según la Xiaolinpedia y yo.

Y Salvador murió, en unas condiciones brutales. Jesse, una reseña breve de lo que fue su vida. Cada vez más nos acercamos al turbulento final de Lie To Me. Las mentiras crecen y crecen. Una vez alguien me preguntó por qué yo había puesto a la historia con este título singular. Me imagino que a estas alturas se habrán dado cuenta y si no, espérense hasta el final del fic. Y quizá lo más contundente fueron esas palabras de Raimundo, la saqué del slogan de una película de suspense cuando leía el periódico. Hoy particularmente no estoy muy conversadora, jóvenes. Esperando que les haya gustado el capítulo de hoy. ¿Reviews? Recuerden que un review puede estimular a los autores como pueden destruir una ilusión y cortar la inspiración, ¿no les parece tremendo el poder de los reviews? A mí sí. ¡Nos leemos, muchachitos!

PD: Esta profesora me cae súper chévere, ¿a quién engaño? Estoy loca por su materia aunque muchos la ven muy aburrida (básicamente porque es una señora de la tercera edad) y se han desatado discordias abruptas, pero ella me tiene mucho aprecio y es recíproco. La coletilla de hoy fue: "Muchachos".

Escenas del próximo capítulo:

"-Muy bien, Young, hicimos lo que nos pediste y estuviste conversando con cada uno de los sospechosos. ¿Qué dicta tu veredicto?

-¿Además de descubrir que Raimundo es un adicto al sexo y un metrosexual de primera categoría? –solté un bramido, Young se rió-. Espérate, mi conversación con Spicer me dejó exhausto –se sirvió un tercer vaso de agua y se lo tomó con toda tranquilidad del mundo.

-Si tomas mucha agua, te dan ganas de ir al baño y no voy a esperar que te desocupes con el retrete, o hablas o hablas, ¿cuál de mis dos opciones te gusta más?... –Young sonrió y se me quedó mirando a los ojos fijamente- ¿y bien?...

-¿Quieres saber mi opinión en serio?...

Todos parecían felices... Pero había alguien a quién no conocía en esta foto familiar. Al lado del padre, había un niño de cabeza amarilla redonda, ojos rasgados negros brillantes, con un chaleco rasgado azul, debajo una camiseta blanca, llevaba pantalones con miles de cierres (bolsillos) y zapatos deportivos. A juzgar el parecido que llevaba con messier Gaulle y Ping Pong, tiene que ser pariente...

-¿Quién es él? –le pregunté a messier Le Bois. Él se acercó y tomó entre manos la foto.

-Él es el hermano mayor de Ping Pong, Omi."

Próximo capítulo: Miénteme