11º
Resolución de los hechos
No podía creerlo. Después de tanto insistir e insistir, viene voluntariamente un sospechoso a contarme toda la verdad y quién menos lo pensé. Es la primera vez que experimento algo parecido. Me tuve que pellizcar el brazo para comprobar si no estaba soñando. No lo estoy. Spicer está en el despacho de Fung y yo también, con los brazos extendidos. Me senté.
-¿Cómo? ¿has venido personalmente a entregarte y a confesarnos?
-Sí, así es. Fui yo quien envió a Ping Pong a su tumba, le explico: la cinta que escuchó no fue ningún montaje si no en realidad pasó, le juro que ninguno de nosotros cuatro fue quien la envió acá ni tengo idea de quién es. Soy cristiano y lo juro por mi Dios –alzó una mano-; estos eran los antecedentes previos a esa reunión, iba a mi encuentro con Ping Pong para mi cita de las cinco cuando lo veo desmontar la casita de madera infantil que colocó como una oficinita de guarda-secretos y me dice que tiene pensado cerrar el negocio para siempre. Me alarmé, pregunto por qué y demás, pero Ping Pong no es únicamente un chico popular si no también muy misterioso, dijo muchas cosas raras y acto seguido, fui a casa de Raimundo y él fue quien organizó la reunión. Después de comprobar que no había nadie espiándonos, quedamos que averiguaríamos primero antes de actuar, pero todo apuntaba que enviaríamos a Ping Pong a su corte marcial. Escogimos a Clay para hacerlo porque de todos era el más tranquilo y bueno, usted ya sabe lo lento y simplón que puede ser él a veces y nos dijo que Ping Pong canceló sus planes, o no sé qué rayos dijo, creo que eso le entendí porque Clay también habla medio raro.
-No habla medio raro, utiliza metáforas vaqueras. Él es de Texas, a lo mejor es costumbre de los lugareños, ¿no estuviste satisfecho entonces?
-Correcto, la respuesta de Clay no me convenció. Veía a Ping Pong como una amenaza, no podía permitir que mis secretos salieran a la luz, sería mi fin puesto que a diferencia de los otros, soy una figura pública: Soy gay, mi aventura con mi amigo secreto y los rumores de la empresa de papá destruiría en un trinar de dedos mi reputación. Quería que pareciera que fue por culpa del hampa y contacté con Salvador Cumo y compañía...
-¿Cómo lo hiciste?
-Soy Jackson Spicer, tengo buenos contactos, ya sabe, me entremezclo con gente de un bar y ese lugar no restringe la entrada a una clase exclusiva. Oí de Salvador, llegué a dar con él luego de una investigación minuciosa, le dije que si me hacía ese favor sería recompensado, le dije que se trataba de un niño y su negocio era de niños. Pero no estaba satisfecho así que le di dinero y accedió a mi orden, ni yo te vi ni tú me viste.
-¿Por qué decidiste confesar?
-Porque descubrieron el vídeo, no iban a tardar en descubrir el resto. Os subestimé, nadie lo hizo, fui yo y solo yo sabía de esto. Termine con esto y espósame, he llevado varios meses cargando con el fantasma de Ping Pong en mi consciencia y ya no puedo más, acabaré mi martirio ahora mismo, ¿mire mis ojos? ¡son ojeras! Voy a suministrar morfina a mi dolor.
Obviamente está mintiendo, no sé. Esta declaración es tan trillada. Pero le tomaré la palabra a Spicer, nunca se ha visto a alguien tan deseoso de entrar a la cárcel. Silbé fuertemente y le dije a los hombres que cerraran a Spicer en la prisión. Ambos oficiales lo escoltaron fuera del despacho. Okey, eso fue raro. Ya creía que había visto todo. Me equivoqué.
Día viernes. Bailey está preso, Spicer también, Tohomiko embarazada, Pedrosa quién sabe, un hermano que podría estar vivo cuyo paradero actual es desconocido y el otro enterrado a no sé cuántos metros, muerto. Messier Gaulle llamó para notificar por si teníamos noticias de Ping Pong u Omi. Construí varias teorías. No estoy seguro ninguno de ellas, necesito un indicio que me defina. Estoy sentado, organizando, leyendo y revisando pistas, informes de laboratorio y datos de sospechosos. Creo que estoy tan cerca de la verdad que me niego a bajar la retaguardia, casi puedo apostar que estoy a punto de resolver el caso. Hay una pieza que me falta en este rompecabezas tan poco usual.
-¿Otra vez revisando pieza por pieza? No sabía que usabas lentes –es Dojo, levanto la vista.
-Eh sí, comencé a necesitarlos hace algunos años, creo que estamos más cerca que antes.
-Oh sí, ¿sabías que hablas contigo mismo algunas veces?
-¿En serio? Ni me di cuenta que mis líneas de narrador las digo en voz alta –me encogí de hombros-. Dicen que hablar con uno mismo son síntomas de locura, pero a veces ayudan el doble, por ejemplo recordar cosas o reconstruir hechos en mi opinión. Bueno, me voy a ver al loquero, ayer conseguí una cita, al consultorio donde voy es quién llega primero, no seré el último turno. Nos vemos, Dojo –me colgué mí amada gabardina del brazo y le di algunas palmaditas en el brazo. Voy caminando. Se podría decir que canturreaba en voz baja. Pero algo me detiene. Se trata de Raphael, preguntaba desesperado si alguien había conseguido o visto su arma. Recordaba que ayer él la guardó como todas las noches, las guardaba en un cajón de la casa especial a la que únicamente tenía acceso y en la mañana no la encontró. Quería saber si alguien la ha visto.
-¿Tus hijos habían ido a la escuela cuando despertaste?
-Mi esposa lleva los niños al colegio, pero Raimundo siempre se adelanta como es el mayor puede ir solo a cualquier lado, cuando desperté hoy ya se había marchado...
Ay no, tengo un mal presentimiento con respecto a ese niño. Vamos a Saint Hui en patrulla. Debería ir armado, pero creo que hoy no habrá necesidad de armas y si muero da lo mismo. Derribamos la puerta, al intentar entrar por las buenas, Pedrosa la trancó. Los pasillos están solos y resbalosos, casi me caigo de una pirueta si no me sostengo de un compañero. Aj, huele asquerosamente. ¿Qué es ese olor? No se escucha ni a un alma caminar. Simplemente hay silencio total. Tanto silencio nunca me gustó. Tenemos que ir avanzando con cuidado. Les digo a los policías que debíamos dirigirnos al salón de clases de quinto año. Ahí estaba él... arremetiendo contra sus compañeros de clase y a una profesora pelirroja hacia la pared. Pedrosa vertía un tanque entero de gasolina en el piso. El arma de su padre descansaba en el escritorio de la profesora. ¡¿Gasolina?! Eso explica la fetidez en los pasillos. Llenó toda la escuela con gasolina.
-¡¿PEDROSA POR AMOR DE CRISTO, QUÉ ESTÁS HACIENDO, ES QUE POR FIN ENLOQUECISTE?!... -rugí. Pedrosa agarró el arma y me apuntó. Alcé los brazos y reculé, los demás también se echaron para atrás. Los ojos de Pedrosa estaban hinchados, llorosos y rojos, su rostro estaba enrojecido, sus manos temblaban y apenas podía mantenerse en pie o mantener la pistola a cierta altura. No vestía como escolar si no con ropa de calle. Pedrosa me temo que te sobreexcediste con tu dosis diaria de cocaína. Tiró el tanque completamente vacío. Con el dorso de la mano derecha se limpió la nariz, sin bajar un centímetro la pistola.
-¡ATRÁS, NO SE ME ACERQUE O TIRO DEL GATILLO! –me gritó.
-¡Hijo! ¡hijo mío!
-¡USTED TAMPOCO SE ME ACERQUE! –Pedrosa redirigió el arma contra su padre.
-Pedrosa, no hay necesidad de este show. Hagamos un trato, ¿sí? Tiraremos nuestras armas, si tiras la tuya, podemos hablar.
-¡No me importa! Aún si me disparan, eso no desactivará la bomba casera que instalé en la noche.
-¿Qué?
-Cómo lo oye, anoche escondí una bomba casera en algún lugar de este liceo y de la que yo únicamente sé dónde está, está programada para activarse a las nueve en punto exactamente –dijo.
Está loco, nunca lo vi tan inestable ni tan indefenso al mismo tiempo. ¿Qué intentas hacer, Pedrosa? Aún no lo entiendo. ¿Por qué buscas asesinar a todas estas personas? ¿si los ibas a matar de todos modos, por qué hubo la necesidad de robar el arma de tu padre, a sabiendas que traería un batallón de policías consigo, si tenías una bomba casera? ¿qué te han hecho estas personas para qué de pronto tengas deseos repentinos de asesinarlas? Con un ademán, indiqué a los hombres que bajaran sus armas. No debíamos echar más leña al fuego, aunque no lo pareciera. Pedrosa era muy capaz de disparar a cualquiera de los rehenes o a nosotros. Lo que sí es seguro es que debíamos encontrar esa bomba casera y desactivarla antes que el edificio vuele en miles de pedacitos. Activando un botón en el cinturón, invoqué refuerzos.
-Despacho, aquí C47 Guan necesito refuerzos para mí en Saint Hui, rápido -se ocuparían de desactivarla, mientras tanto debo encontrar una manera de detenerlo, las bombas caseras no son tan potentes como una real, pero son lo suficiente letales como para despedazar este salón de clases con todos adentro y la gasolina esparcida en los corredores, cualquiera que eche combustión destruirá todo, en serio el sospechoso es astuto, lo aprendió seguramente de Cumo. Pedrosa me miró con desdén, tal vez pueda sacarle más información-. ¿Una bomba casera? Qué inteligente, Young tenía razón cuando dijo que veía en ti un pequeño asesino, ¿cómo fue que lo hiciste? –Pedrosa sonrió con más ganas.
-Un temporizador de cocina, un poco de gasolina, una pelota de béisbol, una extensión de cables y manipulando a Spicer pueden hacer mil maravillas.
-¿Spicer te dio la fórmula? Así que sabías que él estaba interesado en ti desde el principio...
-No soy tan imbécil como todos piensan... la bomba que he preparado sirve para matarnos a todos a las nueve y son las ocho y cincuenta –con la pistola señaló al reloj colgado encima del pizarrón verde.
-No le hagan caso –dijo uno de los estudiantes, riéndose- no es real, son balas de salva. Tú nos dijiste eso la otra vez –se rió caminando hacia su compañero armado.
-Chico, te recomiendo que retrocedas lento, no lo provoques –dije.
-¿Eso crees? –preguntó Pedrosa, tirando el gatillo un minuto después. El estudiante rebotó contra el suelo, trató de agarrarse de uno de los pupitres, pero resbaló y se desplomó. No lo mató, la bala alcanzó su pierna derecha. Sus compañeros de clases se conglomeraron torno al muchacho malherido que deliraba y aullaba del dolor, agarrándose su pierna.
-¡JERMAINE! –chillaron los alumnos. Pedrosa disparó al suelo y los estudiantes recularon, aterrorizados y chillando. La maestra dio unas señas, se abrazó a los alumnos. Los oficiales volvieron apuntar sus armas hacia Pedrosa. No tiene ninguna oportunidad, es un crío con un revólver en manos inexpertas y aquí hay más de un hombre experimentado en las armas de fuego. Recibí una llamada, la recepté. Aún Pedrosa apuntaba hacia sus rehenes, pero tenía puesta su mirada en mí. Era Dojo, quería tener una perspectiva de la situación. Le dije que Pedrosa estaba armado, con su locura llevada al máximo mantenía cautivos a sus amigos, a compañeros de toda la escuela y a policías, incluyéndome a mí, el sospechoso amenazaba con asesinarlos con una bomba que tenía escondida en la escuela. Ellos debían encontrarla y desactivarla, pero les advertí tener cuidado porque los pasillos están cubiertos de gasolina y son muy resbaladizos, también les participé los materiales que usó Pedrosa para preparar la bomba. Enterado C47, cambio y fuera, fueron sus últimas palabras antes de trancar. Me parece un tanto raro que Pedrosa me dejó hacer mi llamada y estuviera tan tranquilo. Él se adelantó y me quitó mi celular especial, lo puso sobre el escritorio y me volvió amenazar con el arma. Si disparábamos, es posible que Pedrosa matara a cualquiera de los rehenes.
-Ha habido una toma de rehenes en el liceo Saint Hui, se requiere a todo el personal frente al colegio. El secuestrador fue identificado como Raimundo Pedrosa.
-No sé si me escuchaste, pero no sirve mucho que mantengas a los rehenes inmovilizados. Están buscando la bomba, la encontrarán y desactivarán, irán a por ti posteriormente y será peor.
-¡Perfecto! Quiero que lo hagan, déjenles que la encuentren y apaguen. Que me encuentren –me desafió a punta de pistola hacia mí. Recibo otra llamada. Pedrosa mira de quién es y me dice simplemente: Es para ti. Él me ordena que conteste, que actuara con normalidad, a pesar de que dejo que suene y suene. Le hago caso, me lo llevo a la oreja, él me apunta la pistola contra la sien y con un hilo de voz, le contesto a Dojo.
Me informa que ya están en Saint Hui, cercaron la zona, pero que es peligroso para todos por culpa de los vapores que expide la gasolina, un grupo ingresó a la escuela portando las mascarillas para evitar respirar aquel humo tóxico. Se han subdivido en dos grupos, unos fueron por el corredor de la izquierda y otro por el de la derecha. Inspeccionan de pies a cabeza el instituto. Registraron cubos de basura, debajo de mesas y bancos, detrás de los anuncios, casilleros y no hay nada. Han llegado a los vestidores masculinos en el gimnasio, cerca de la cancha de futbol, atravesando el patio trasero completo. Del otro equipo, están revisando los baños. Todavía nada. Reportaron haber encontrado extensiones de cable por los pasillos y le siguen el rastro. Se sospecha que Pedrosa utilizó un temporizador de cocina eléctrico así que están revisando los enchufes de todos los cuartos a donde van. El rastro los conduce al armario de limpieza, sobre un estante ven el temporizador de cocina (pero no está la bomba), el cable está adherido al reverso del temporizador con cinta adhesiva. Dojo decide ir a la azotea, es posible que Pedrosa quiera ocasionar una demolición de su escuela. Pisadas, ruidos. Pedrosa allanó el terror en las aulas con gasolina. Intento leer nuevamente en sus ojos. ¿Por qué tan tranquilo? No hay rastros de miedo, sorpresa, ira, tristeza, no hay nada. Solo veo a un drogadicto con una inestabilidad emocional y mental al extremo. Si soy rápido podría taclear a Pedrosa desviándome por ese ángulo e inmovilizarlo, desarmarlo y hasta quizá matarlo... ¿se da cuenta de eso? ¿si su plan no era realmente explotar la escuela, si hay un trasfondo en este show montado? ¿habrá predicho cada movimiento de la policía? Creo que sí y él sabe que me estoy dando cuenta de ello, de otra forma no me sonreiría con malicia como ahora. Y entiendo su plan. ¡Diablos! Dojo vuelve a hablar. Pedrosa hace un ademán y atiendo. Otra vez siendo el frío del metal tocándome la sien.
Aquí C47 Guan, C13 Kanojo Cho te escucho. Yahan llegado a la azotea, el equipo que tomó la ala derecha, han encontrado la bomba casera en la azotea. Ha metido la pelota en el agujero del canalón y luego ha vertido la gasolina en el canalón del tejado del segundo piso, resumiendo está en el tejado. Ahora a desactivarla. Únicamente tienen que apagarla. Restan tres minutos nada más para hacerlo. Dojo apaga la bomba. Ha sido un éxito. Qué alivio. El secuestrador me arrebata el celular de las manos.
-Bien, oficial Kanojo Cho, pudo detener a mi bomba y podrá rescatar al resto del alumnado y personal docente y administrativo de las aulas de clase, pero no en donde estoy yo. Ellos corren el riesgo de morir con una bala en la cabeza igual que sus colegas, lo reto a usted a venir hasta acá y enfrentarme, ¿no le gustaría escuchar mis demandas? –Pedrosa colgó y lo volvió a poner sobre la mesa-. Bien, señores, contemos los minutos que tardan en acceder a mi petición.
Los policías que fueron al corredor de la izquierda desalojan a los rehenes de otras aulas, atrapados (a Pedrosa no le importa, lo que mi teoría se refuerza a cada segundo). Sus vidas están a salvo, menos las nuestras. Algunas alumnas rompen a llanto. Otros suplican su vida. La profesora ordena mantener la calma. Escuchamos unas pisadas. Vienen para acá. Sonríe.
-¡Alto, no disparen! ¡eso es lo que quiere! ¡¿no lo ven?! –les grité, interponiéndome entre la policía y el secuestrador, me volteé- ¡Ra-i-Raimundo, no lo hagas, todo en la vida tiene una solución, excepto la muerte! Si alguna vez quieres morir, piensa en aquellos que murieron sin desearlo.
-¡Lo siento, detective! ¡la decisión está tomada!
-¡Piensa en Ping Pong! ¡él no quiso morir y murió, ¿qué crees que te diría si te viera así?! ¡Piensa en Tohomiko, tu novia! ¡¿cómo crees que se sentiría si le llevara tu cadáver?! ¡¿aún la amas, te importa lo que piense todavía?! –Pedrosa gimió, dijo su nombre, pero no salió ningún sonido de su boca-. Reconozco que la vida no es más que un sufrimiento silencioso, puedes hacerte el ciego a tus problemas, pero cuando abras los ojos seguirán ahí. Enfrentar a la muerte no es ningún acto de valor, enfrentar la vida sí requiere valor, cualquier lugar puede ser un paraíso con voluntad de vivir y esfuerzo, hijo; tira el arma, yo te prometo que no te van a sentenciar, saldrás de inmediato, te prometo que luego de este episodio tu vida va a ser diferente... Te ofrezco mi ayuda.
-¡Basta! ¡basta! ¡BASTA! ¡No quiero seguir escuchando palabras hermosas!... –chilló- si no lo hago, él me seguirá torturando –sacó un celular de su bolsillo trasero y me los mostró.
-¡¿Él?! ¡¿se puede saber de quién hablas?! –se apuntó la cabeza con el arma.
-¿Usted cree en Dios? –preguntó Pedrosa de la nada, no supe que decir, si seguir insistiendo o contestar a su pregunta-. Eso creí, siempre he tratado de vivir con todas mis fuerzas, pero viene algo que lo estropea y es entonces cuando busco una fe a quien me auxilie, una voz que me oriente o mejor dicho, una esperanza para seguir adelante, hoy sentí que las fuerzas me abandonaron, que fui abandonado –miró hacia arriba-, al morir yo solo habré justificado mi existencia ¡si ustedes no me ayudarán, con un disparo pondré el remedio, arrancándome la vida!
-¡NO, DETENTE!
Pedrosa se llevó el dedo al gatillo. Me lancé hacia el chico para detenerlo que cometiera la locura más grande su vida. Y tiró del gatillo...
Los dos caímos al piso. Seguía vivo. Escuchaba los latidos de mi corazón, que retumban en el hueco entre mis pulmones y por un momento en el aula de clases, las sienes me palpitan. Jadeaba. Pero tenía que comprobar si el chico al que me lancé como si deseara protegerlo. Estoy hiperventilando, no puedo evitarlo. Animado por la idea de que pude salvar una vida levanto la cabeza para ver si Pedrosa continuaba vivo. Tenía los ojos cerrados, pero todavía respira. ¡Lo logré! Lo salvé. El orificio de la bala quedó grabado en la pared. Intervine justo en el momento. Qué alivio. El corazón latía fuertemente, la respiración del chico a mi lado, pisadas que se acercan, son muchas cosas por asimilar y ni siquiera es mediodía. A pesar de mi promesa, los oficiales al mando se llevan a Pedrosa. Nos separan y a él lo esposan. Sigo ileso, pero sé que tengo que cumplir una promesa. Salimos de la escuela. Pedrosa primero en compañía de unos policías, lo meten en la patrulla y esa fue la última vez que lo vi en la mañana. El resto de la policía termina por evacuar a la escuela. No paro de toser, el hedor de la gasolina me aturde un rato. Creo que pasé más tiempo del que pensé. En algún lugar de mi mente, las ideas se conectan. Recupero el sentido lentamente. Me siento a esperar que mi cabeza deje de dar vueltas. Al parecer estaban en clases con la Srta. Dyris, profesora de biología cuando Pedrosa entró abruptamente al aula en medio de la clase. Ella le preguntó por qué llegaba tan tarde y por qué no vestía con el uniforme de la institución, él solo sacó el arma y disparó al techo. Ordenó a todos que se pusieran de pie, al ver que no le hicieron caso, le dijo a la profesora que lo mandaran a ella siendo la maestra o si no dispararía. Ellos estuvieron así desde las siete cuarenta y cinco esperando "un milagro que los salvara" como decía Pedrosa. O a nosotros como digo yo. Tal vez la escuela tomaría cargos por esto más adelante por este atentado, pero créanme que lo que piense Wuya o cualquiera pasa a otro plano. Iba hacia la cárcel donde estaba recluido Pedrosa Jr., iba a hacerle una visita. Y me encontré con su padre, sentado con la cabeza baja, triste.
-Hola Raphael –dije, después de vacilar un rato. Como dije, no soy bueno socializando.
-Ah, hola Guan –apenas me miró, me quedé esperando. Levantó la cabeza- oye, lo siento.
-¿Por qué lo sientes?
-Porque cuando iba arrastrando mis problemas al departamento, vi que ibas saliendo y tal vez tenías cosas más importantes que hacer. Mi hijo, o bueno, ya no sé quién es él, ya ni lo reconozco, te causó muchísimos problemas y créeme que en su nombre, lo lamento tanto.
-Para nada, esto era más importante, jamás me perdonaría si me hiciera el loco cuando me necesiten, él es tu hijo y tú un casi, casi amigo mío –arqueé una ceja-. Escucha Raphael, sé que él hizo cosas bastante malas y quizá le falte un tornillo, pero no lo castigues, solucionar el problema con violencia o ignorar su existencia agravara las cosas y créeme que este es el momento que más le necesita. Oíste a Young, él no lo cree un asesino, no es culpable de la desaparición de Ping Pong...
-Pero tú dijiste...
-Lo que yo dije puede ser un error, soy un ser humano, me equivoco también como usted y su hijo –me excusé-. Él saldrá, se lo prometo, haré lo que esté mi alcance para sacarlo, pero solo quiero pedirte que no seas rudo con él (intenté ese método y ya ve a qué límites llegó) si no compasivo y paciente, sé que suena dificultoso y lo que hizo no será fácil de olvidar. Confío que sabrás que hacer, nos vemos –me despedí. Él asintió con la cabeza como señal de promesa.
Oh la cárcel. Siempre vengo aquí, aunque sea una vez. De alguna manera estas celdas están repletas por mí culpa y sé que no soy bien recibido aquí. Dije que quería ver al prisionero Raimundo Pedrosa. Añadí ser parte del departamento de la policía y me llevaron a su celda. La tercera vez que veo a Pedrosa de naranja. No sé si el color le queda bien. Está sobre una cama, abrazado a sus piernas. El oficial le dice que tiene visita y por primera vez levanta la cabeza. Bien, creo que los efectos de la droga ya le han pasado. Nomás los secundarios. No estaba muy feliz de verme. Entré a su celda y me senté en una butaca algo incómoda.
-Ay no usted otra vez...
-No seas bobo, chico, hablas con el salvador de tu vida, sé agradecido –gruñí.
-¡¿Bobo?! –replicó claramente indignado.
-Sí, bobo, dime ¿tú detestas a la policía? –sacudió la cabeza- ¿seguro? Pues no parece, es la tercera vez que te meten preso tantas veces seguidas, aparecerás en el Récord Guiners. Mis felicitaciones.
-¿Y vino solamente para eso? ¿para felicitarme y burlarse en mi cara?
-Eh no, vine a ver cómo estabas.
-Oh por favor, no se haga, usted me odia. Fue muy claro la primera vez que nos conocimos.
-Te juzgué mal, que es distinto. Además, si te odiara como dijiste, no tiene sentido haberte salvado, ¿qué ganaría con eso?
-No lo sé, ¿por qué me salvó? De todas las personas en el mundo, usted sería el último.
-Porque hice una promesa, hijo, me prometí que no iba a perder a nadie más y seas culpable o inocente, no eres la excepción. Me lo agradecerás algún día –Pedrosa, incrédulo, soltó un bufido- está bien, no me creas ahora –dije, él sigue abrazado a sus piernas. No sé qué mira. No nos dijimos nada por un largo tiempo.
-¿Él me odia, verdad?
-Si te refieres a tu padre, yo diría que si todavía te ama porque eres su hijo, no tiene por qué odiarte –vaciló, inconforme con mi respuesta-. Ven acá, hijo, te voy a contar la historia de mi vida –conseguí que me mirara por el rabillo del ojo, suspicaz- no te quejes, aunque no lo parezca, es interesante... –garanticé. Pedrosa ladeó la cabeza, dispuesto a escucharme, tengo su atención-. Cuando tenía más o menos cinco, seis, siete, ocho, nueve... Diez años de edad, una tarde normal el autobús me trajo a casa como siempre, vivía lejos de dónde estudiaba y mis padres no tenían tiempo para traerme de la escuela, ellos eran policías, se conocieron y se enamoraron en el trabajo. A los diez, tenía un hermano menor, un bebé... Cuando yo nací mamá tenía veintinueve y a mi hermano lo tuvo a los treinta y nueve, se retiró durando unos meses para cuidarse porque a esa edad los embarazos son peligrosos; lo cuidaba una niñera. Saqué de mi mochila las llaves y entré a casa, escuché la televisión encendida y pensé que se trataba de papá porque prende el televisor cada vez que llega del trabajo a ver el futbol...
-Ah, es otro fanático –sonrió Pedrosa.
-Sí –suspiré, medio sonriente-. No me equivoqué, cuando fui a la sala, la televisión está en el canal de deportes y mi padre tendido en el sofá, una daga estaba clavada a 30 centímetros de su cráneo. Corrí con mi madre para avisarle, pero una daga había atravesado su espalda, su cadáver se apoyaba contra el fregadero, lavaba los platos. La niñera estaba muerta, tirada en la escalera, el mismo puñal que mató a mis padres la hirió de muerte en el estómago. En el cuarto del bebé, mi hermano, la canción de cuna seguía sonando, pero cuando me asomé a la cuna. Él también estaba muerto –mi voz se quebró en la última palabra, sollocé, llevé la mano a mi corazón- lo apuñalaron aquí. Salí de la casa desesperado, a pedir ayuda y lo que vi fue al maldito asesino de mi familia, lamerse asquerosamente los labios y huir. Después de socorrer a los vecinos, la policía intervino y me enviaron a un hospicio, me prometieron que iban a hacer justicia a tan valientes oficiales y no les creí. Ese día marcó mi mala suerte –refunfuñé- frente a la tumba de mis padres y hermano, en un día lluvioso, les juré que me haría policía y encerraría al culpable. Se convirtió en mi motivo de vida desde entonces, tal vez suene cómico, pero hasta ese día se acabaron mis sueños de ser cura –lo miré, Pedrosa arqueó las cejas- quería ser cura, quería ayudar a los demás a encontrar su camino. Nací en una familia religiosa y admiraba al cura que daba la misa, tan amado por quienes ni siquiera eran su familia, es el trabajo más humilde del planeta tal vez... Con el tiempo, una familia me adoptó, el hombre era estéril y no podía engendrar hijos, pero querían hacer una familia. No tengo idea por qué me escogieron a mí, era una familia de clase media así que no sufrí el mayor de los cambios y mi padre adoptivo era teniente, me mandó a la escuela militar.
-¿Eras muy indisciplinado o lo hizo porque quería que su hijo adoptivo fuera como él?
-Posiblemente un poco de ambas. A mí nunca me gustó mostrar qué era un débil antes los demás, me guiaba por mi propia brújula moral. Mi familia adoptiva fue buena conmigo, me llevaba de vacaciones a un campo donde estaba al contacto con el aire libre; me enseñaron a pescar y cazar, una vez mi caña de pescar se averió y me las ingenié para armar una lanza y con ella pesqué cinco peces. Quería muchísimo a mis padres y ellos también a pesar que no era de su sangre.
-¿Qué pasó con ellos?
-Los años, hijo, mi padre tuvo que retirarse por cuestiones de salud, sufría de enfermedades cardiovasculares y murió de un infarto hace cuatro años de anciano y mamá lo siguió a los tres años siguientes, muerte natural aunque creo que la soledad la mató porque ella era hija única, sus padres estaban muertos y la familia que le quedaba vivía fuera del país. Jamás les conocí y de papá, ni idea con esa gente. Mi adolescencia la viví en la escuela militar, en ese lugar aprendí a defenderme, además de lo que normalmente hacen las escuelas. Si yo quería ser policía y poner orgullosos a mis padres, me esforcé por ser el mejor, reconozco que de muchacho tal vez era un poco arrogante y cabeza terca, era rodeado por amigos, recuerdo lo muy energético que era, se podría decir que sí tuve una adolescencia normal, a contraste de mi traumática niñez. En medio de todo, conocí a otro niño llamado Chase Young, ese niño era raro para mí: era antisocial, frío, serio y para molestarlo decía que era un ente de otro planeta porque casualmente se le veía por las noches, en el patio, tratando de cazar insectos, Young de niño tenía una colección de insectos. Al igual que yo destacaba en los deportes y en los estudios, su dormitorio quedaba junto al mío, seguramente pensarás que debíamos llevarnos bien, pues no... Entre nosotros surgió una rivalidad, queríamos superar al otro, nos declarábamos la guerra. Cuando uno sacaba más nota que él otro se contentaba y empieza un nuevo reto. Una vez nos pescaron a los dos en una confrontación física y nos levantaron un castigo, haríamos de conserjes, esa vez nos permitió que nos acercáramos más y llegamos a una conclusión, él me dijo: No eres tan gorila como creí, y yo a su vez le respondí: Para ser raro, me caes bien.
-¿Entonces conociste a Chase en la escuela militar?
-Sí, asimismo fue, nos hicimos los mejores amigos o hermanos. En vez de seguir peleando, nos ayudábamos para ser mejores cada día. Nunca fui a su casa, Young siempre iba a la mía a pasar la navidad y el año nuevo, ahora que lo pienso jamás me habló de su familia, quería que le hablara de la mía. Llegué a contarle del asunto de mis padres y por lo que me estaba preparando cada día cuando una noche estábamos despiertos y no podíamos dormir. Yo le pregunté por qué quería ser el mejor y me contestó fríamente que no tenía nada mejor que hacer, en su familia le habían inculcado que debía ser el mejor y me revirtió la pregunta. Él me dijo que eso era mentira, de que me quedé solo, tenía a mi familia adoptiva... Sustituye a mi falta de padres, pero no de hermano, y Young me propuso que él podía ser el hermano que me faltaba. Tal vez no podría sustituir su pérdida, pero podía ofrecerme ese apoyo que se veía a leguas que necesitaba y acepté, juramos que nada de lo que pasara destruiría esta amistad. Teníamos como dieciséis años, imagínate, tres años de incordia nada más a eso. Y llegó la graduación, le pregunté a Young que quería ser, él me dijo que no tenía ni la menor idea, todavía no se había definido y le propuse que se viniera conmigo porque las amistades de secundaria raramente sobreviven cuando llega la universidad. Young aceptó. Teníamos dieciocho. Nos hicimos policía los dos y fuimos un dúo dinámico, el crimen no se escapaba de nuestras narices. Young era el de la mente fría analítica y yo el racional, quizá. Entre los dos logramos encerrar al maldito que mató a mis padres, acabamos el caso que mis padres no pudieron terminar, ese y muchísimos más. Además de mis padres adoptivos, la amistad de Young era todo para mí, quizá fue eso lo que me cegó del verdadero monstruo.
-¿Qué arruinó esa amistad?
-Corría otro año para nosotros, cuando nos asignaron el caso de El Cazador, un hombre que destripaba a mujeres solteras hermosas, jóvenes y madres. Un asesino en serie, yo me había comprometido con una mujer, era hermana de un hombre al que fue asesinado y encerré en las rejas al responsable; ella era artista. Estábamos enamorados el uno del otro y nos íbamos a casar en seis meses.
-¿Chase no tuvo nunca una novia?
-Amores. Young podía conquistar a cualquier mujer con su mirada, su físico o con palabras –razoné-, no sé cómo le hacía para estar siempre plagado de mujeres y de cierta forma, me sentí un poco celoso. Él decía que no quería comprometerse con alguien, el matrimonio no iba consigo, tuvo varias novias, pero como no cuestionaba mucho su vida amorosa ni era su tema favorito para presumirme, no hablábamos mucho de eso. El Cazador mostró ser un asesino altamente letal e inteligente, sabía perfectamente como burlar a la policía y cometer sus crimines desapercibido, pero sabía que tenía que atraparlo, asesinó a catorce mujeres y dos de ellas estaban a punto de descubrir la verdad, hubo una tercera que testificó cómo El Cazador se deshacía de un cuerpo, pero curiosamente la dejó ir, es posible que la amenazó porque nunca pudimos localizarla, creemos que luego de eso se mudó de vecindario y hasta se cambió de nombre. Su paradero actual es desconocido.
-Chase me mencionó algo parecido. ¿Qué pasó luego? ¿Cómo fue que lo descubrieron?
-Una cámara de un estacionamiento mostró, posicionada en un mal ángulo, a Young raptando a una de ellas. Dojo lo vio, entró en sospechas que él podría ser el asesino y trató de advertirme, pero no hice caso, investigó y lo confirmó, apunto de decírmelo fue raptado en la fiesta de compromiso. La policía pudo ubicarlo en su guarida, él se escondía en un almacén de carpintería abandonado, no sé si te acuerdas o has escuchado sobre la plaza fantasma, prometí demostrar su inocencia y fui allá donde lo descubrí a punto de desmembrar una pierna de Dojo. Para mí eso fue un shock. Mi mejor amigo era completamente otra persona, no lo reconocí cuando amenazó con matarme si daba otro paso. Mi visión de la amistad se distorsionó, ya ni sabía distinguir qué era falso y qué era verdad. Fue un milagro que no nos mataran en esa oportunidad, Dojo fue enviado al hospital, yo tenía varios sentimientos encontrados y Young estuvo prófugo, ya todos en el país sabíamos quién era realmente ese señor. A pesar de que Fung me recomendó que no siguiera con el caso porque no iba a poder, no le hice caso, esto se volvió personal cuando mi amigo se volvió asesino y mi "novia" era su rehén. Dejó una serie de pistas, supe dónde se escondía, en una gasolinera a treinta y cinco kilómetros de CosmosXiaolin, desobedecí las órdenes de mi jefe y fui para allá...
-¿Ahí si capturaste a Young? ¿pero qué pasó con tu novia? No recuerdo haber visto que tú eras casado...
-Sí, me enfrenté a él. Luchamos cuerpo a cuerpo, Young me confesó lo muy frustrante que era para él ver cómo todo se me hacía fácil: obtener un ascenso, ganarme la confianza de mi entorno, me casaría en quince días, cómo perdí una familia y conseguí que me adoptaran y tuve la bendita suerte que crecí en el seno de una familia amorosa; y él tenía que esforzarse el doble de las prácticas para estar a mi altura, no podía cumplir sus objetivos si descuidaba su tiempo en cosas inútiles, me contó la desgracia de su familia que Young te relató cuando acudiste a tu entrevista con él. Sentí una profunda decepción porque pensé que durante esos años me había mentido, que vendí mi amistad a una persona que ni existía, esos instantes que pasamos juntos, lo que me dijo esa noche... Le cuestioné dónde quedaban esas palabras o qué pasó con nuestra amistad, él me confesó que no podía creer en todo lo que me decían, que me engañó, me manipuló, me utilizó para sus viles propósitos y caí como un ingenuo, las palabras se las lleva el viento, se rió en mí cara y aprovechando que era incapaz de herir a mi amigo, me apuñaló y caí inconsciente. Young me roció con gasolina, quería quemarme vivo y estuvo a punto de hacerlo de no ser por las sirenas de las patrullas. Huiría, se cargó a cuestas de sus hombros a mi novia cuando desperté, lo volví a enfrentar, acepté la realidad: Young se convirtió en un chico malo y mi deber era encerrarlo, entre nosotros ya no puede existir más que una rivalidad, nada podía ser como antes. Fui tras él, pero accidentalmente la gasolinera se encendió en fuego y quedamos atrapados en el fuego, pudimos salir al final, se llevaron a Young. Ni a él ni yo nos pasó nada serio, empero, a mi novia sí, se quemó las manos y tuvo que renunciar al arte indefinidamente; eso y el trauma de la experiencia de ser torturada por un asesino en serie le costó su cordura y la interné en un psiquiátrico, jamás me lo perdonó y ella me odia a partir de entonces... No sé qué hay de su vida, no hay una vez en que pueda hablar con ella sin que intente estrangularme literalmente.
-Qué pena, lo siendo mucho.
-No tienes la culpa ni estabas enterado cuando pasó. Pese que el departamento de policía me perdonó por mi desobediencia y me recibió con los brazos abiertos como si yo fuera un héroe, no podía con eso, juré que la protegería y no lo hice. No podía volver luego de haber tratado a los agentes como una escoria y anteponer los sentimientos de la razón, no merecía estar allí y me retiré, la mejor opción que he hecho y no me arrepiento. Hice un juramento nuevo y fue el que no iba a perder a nadie más, ya tenía suficiente con perder a mi familia verdadera, a mi novia y a mi amigo, pero ya ves que no pude salvar a Ping Pong y cuando supe que ibas a suicidarte, no podía dejar que lo hicieras. También lo hice porque me traumaticé, no porque Young me torturó si no que mi mejor amigo, mi hermano fuera capaz de hacerme eso, decidí no casarme, ni formar una familia y aislarme del mundo porque no quería que las personas que apreciaba sufrieran por mí culpa, por eso me desentendí de mi familia adoptiva y mis colegas policías, es la razón por la que mis padres perecieron y no sé por qué, pero siempre me he preguntado porque el asesino si sabía que lo había visto nunca me asesinó, tal vez mi sufrimiento valía más que ver mi cadáver tirado en el suelo y Young evitó que le cayera a piña en el interrogatorio, cuando lo tenía frente mío, fue lo primero que quería hacer. Sin embargo, creo que exageré un poco, estuve en tratamiento una larga temporada, lidiando con pesadillas, el pasado me envolvía en sus frías garras como titanio... ¿te recuerda a alguien? Rai-Raimundo, cuando escuché tu historia me conmovió porque me recordaste un poco a mí, quizá eso contribuyó a que te odiara porque veía en ti la debilidad que tenía en mí.
-¿Y Chase?
-Lo vi entrar en la cárcel, su mirada era burlona y me sonreía tontamente. Lo sentenciaron a una condena perpetua, dirás que estoy loco, pero lo visité en los primeros meses y lo único que hacía era provocarme, admito que actué bastante masoquista. No sé qué buscaba con él. No obstante, algo dentro de mí me aseguraba que en el fondo de ese monstruo las palabras que intercambiamos una vez en realidad cobraron valor, que para Chase nuestra amistad le importó si bien fuera un tantito, era eso o quería ver eso en él como si tuviera la esperanza de que podía rescatar a mi amigo y que volviera a la "senda del bien" –me reí de la idea.
-Tal vez sí y si no, al menos para ti lo fue, primera vez que pronunciaste su nombre –señaló Pedrosa- y el mío… –ladeó la cabeza, pues vaya, lo logré, pude decir su nombre sin que me diera tortícolis o algo parecido.
-Tohomiko está preocupada, me confesó que te ama todavía y está dispuesta a estar contigo pase lo que pase, pero ella siente que estás ocultándole algo y yo también, ¿me vas a decir si o no? –pregunté. Pedrosa suspiró y me devolvió la mirada...
-Está bien...
A/N: ¡BUENOS DÍAS/TARDES/NOCHES, JÓVENES! Mmmmm, aquí como que me huele a raspados. Quiero que a partir de ahora se vayan acostumbrando a la idea de ser conocida entre vosotros como Su Excelentísima Altísima Suprema Y Majestad AliceXS, o para ponerlo más corto porque sé que las neuronas se les quema cuando se sobrecargan: Señorita Alice, comentario que no se me dirija como se debe, comentario que no respondo. Comentario que tenga un error ortográfico, comentario que no voy a responder. Ustedes deberían sentirse honrados, afortunados de que tengan entre ustedes a esta maravillosa escritora. Bien, en el capítulo que viene este fic se despide y este es el momento exacto para que describan DETALLADAMENTE sus hipótesis, de quién lo hizo. No acepto mamarrachadas. QUIERO OBRAS DE ARTE, DE MUSEO, MÁGICOS, SUBLIMES, ESPECTACULARES. Si antes han resuelto misterios conmigo en otros fics, pues quiero que sus hipótesis de ahora sean el doble de mejores que la última vez. Si no se han dado cuenta acabo de soltar la pista que resuelve el caso, es por eso que titulé este capítulo como Resolución de los hechos. Si ustedes no encuentran esa pista olvídense que van a resolver el caso, pero ya, hablando en serio, yo sé que ustedes pueden resolver este misterio por más complejo que parezca porque mi intención no es fastidiar a nadie... El problema es que ustedes no se lo creen.
Seguimos la continuación de donde se quedó y Jack finalmente fue preso. No lo tenía previsto, pero el capítulo se acaparó con lo de Raimundo y blablablá. No solamente por qué quería añadir drama al fic (que tiene de sobra) si no porque quería que Guan nos contara sobre su pasado. Ya sabíamos casi todo, excepto algunas cosillas y el por qué decidió hacerse policía. Originalmente Raimundo moría, pero a la larga decidí que no por preservar el mensaje de que todo es posible, salir la droga no es imposible, aunque en la realidad si lo hubiera hecho y además que Raimundo ha muerto en otras ocasiones en Koizora al estilo Duelo Xiaolin y El Escritor Fantasma, se disparó en la boca, fue prácticamente un suicidio y una de las mejores muertes que he escrito, salvo el suicidio de Omi en El Camino a Casa, acuchillándose la cabeza hasta la muerte. El punto es que no quería recaer en el cliché. Y la escena de Guan platicándole sobre su pasado, pasaría antes. Quizá este ha sido el pasado más turbulento que he escrito, aunque el de Jack en Yo Contra El Mundo tal vez es más dramático y obscuro, torturado horriblemente desde que era niño. No era abusado sexualmente como su padre, pero tenía su lado trágico, ¿saben que es apagar un cigarrillo en tu piel? Yo no, Jack lo sabe y arde muchísimo.
Lo de la bomba, lo saqué de Higurashi No Naku Koro Ni. Dios mío, les he dicho como volar la escuela en pedazos. Bien, yo no tengo la culpa de lo que cometan a partir de ahora en adelante. ¿Están emocionados?... El fic se acaba en el próximo capítulo, van por fin a saber quién es el culpable y sabrán cuál final alternativo os tocó con comentarios activados para cada página y demás. Esto ha sido todo por hoy. Nos vemos en la otra semana, en la semana que viene seguirán con Hurricane y no olviden que la AliceXS de ese fic es más chévere que la AliceXS de Lie To Me. ¿Sugerencias, comentarios, acotaciones, dudas, traumas o complejos con su persona?...
PD: Bien, y esa fue la última. Se podría decir que todo el comentario en sí fue una coletilla. Todo lo que leyeron va muy en serio, ella es así en persona, no lo inventé y lo de Señorita Alice y sus instrucciones también se aplica en este capítulo hasta lo de esta AliceXS es más chévere que yo, es porque me imparte dos cosas y nos dice eso, a menudo le gusta compararse con Miss Universo literalmente. ¿Es todo un personaje, cierto? Lamento haberlos hecho esperar, pero es que no tuve tiempo en esta semana porque estuve haciendo trabajos... ¡¿Les he contado que hice un juego sobre Duelo Xiaolin?!
-¡NOOOOOOOOOO!
Ah pues bien, es un jueguito de mesa que me evaluarán mañana. Deséenme suerte porque en esta semana me pasaron muchas cosas, como poniendo una nota que no es hasta el maldito bullying... ¿Cómo fue el resultado? Pregúntenle a mi dedo medio hinchado, le dará muy claros los detalles de lo que puede pasar cuando un muchacho hijo de ***** se mete con una muchachita como yo y otra tipa viene a apoyarlo y te acusa de lesbiana y de loca cuando ella es bisexual. Te tiran tus cosas. Y se ríen... Pero como yo no me dejo, le tiro sus cuatro cosas en la cara a esa bisexual y le meto su ******** a ese desgraciado, y esa fue la historia de cómo mi dedo quedó hinchado. Voy aprovechar en escribir el próximo capi para Hurricane en esta semana y lo actualizaré en esta semana. ¡Ahora sí, nos leemos en el final!
ESCENAS DEL PRÓXIMO CAPÍTULO:
"Tengo un secreto
¿puedes guardarlo?
Júrame que lo guardarás
Mejor lo encierras, en tu pequeño bolsillo
Llevándotelo a tu tumba
Si te lo muestro, entonces te conozco
No digas a nadie lo que diré
Porque dos pueden guardar un secreto
Si uno de ellos está muerto…"
Próximo capítulo: Y el culpable es...
