Edward había quitado algunas cuerdas de mi cuerpo cuando desperté con una fina sabana encima de mí.

Había soñado, pero sueños en blanco. Y no recordaba nada más que blancura, supuse que no debí haberme impresionado. Así mismo era este frio cuarto.

-¿Cuánto tiempo llevo aquí? – me atreví a preguntar.

-Una semana con tres días. – Escribió algo en sus papeles, y presiono sus dedos contra mi frente, para volver a escribir.

-¿Qué escribes?

-Te estamos suministrando medicamentos de mi planeta de origen, solo escribo como reaccionan en ti, pero solo tienes un poco de fiebre y tus ojos están mas oscuros que nunca.

¿Por qué me lo ponía tan difícil? Yo quería odiarlo, solo llevaba poco tratando con el, y en ese poco tiempo hizo que le tomara cariño.

Un incomodo silencio lleno la sala.

-Tu amiga Alice ha estado preguntando por ti.

Oh dios, que no haya mencionado a mis padres por favor.

-¿Podre verla? – Casi grite, el pensar en solo verla de nuevo me hizo sentir feliz por un rato.

-Su operación será esta tarde. – Respondió con un tono de tristeza en su voz.

-Oh… - susurre, tan bajo que seguro el no me escucho. – No me recordara. – Coloque un dedo en mi labio inferior, que ya estaba temblando y sin previo aviso las lagrimas salían de mis ojos.

El se puso impaciente, y pensativo. Caminando lentamente de un lado al otro.

-Podría llevarte a ella. – dijo el – Solo si prometes que no intentaras escapar.

Asentí, respirando con agitación. No sabia si cumpliría mi palabra, pero tenia que ver a Lisa, y decirle lo mucho que la quería.


Edward, mi doctor llego a mi cuarto con una bata blanca como la que tenia el y los doctores, una carpeta de papeles y unos zapatos negros.

-Este es nuestro uniforme, saldré un instante para que te cambies. Tocas la puerta cuando termines. – Respire profundo y antes de que el saliera de la habitación me atreví a decirle:

-¿Edward? – El volteo a verme con los ojos bien abiertos – Te agradezco lo que haces.

-Esto es para que confíes un poco mas en tu doctor – Me guiño un ojo, y por un momento olvide que el es mi enemigo.

Asentí, de todas formas no sabia si huir era la mejor manera.

Me coloque la bata, y los zapatos. Como no tenia ropa normal como edward, la cerré con sus botones, peine mi cabello con mi mano y toque la puerta. El se asomo inquieto, y me miro de arriba abajo.

-Ahora, falta esto. – De su bolsillo saco unos lentes pequeños y cuadrados. – Ya pareces un doctor de los nuestros.

-¿Por qué los lentes?

-Acá los lentes te hacen ver más intelectual. – Sonrió. Y yo le devolví la sonrisa. – Bien, sal detrás de mí. Intenta actuar con normalidad, si te preguntan eres aprendiz mía. Sígueme sin inseguridad, trata de ser lo mas segura posible.

Segura, entendido. Asentí sin problemas.

Salimos de la habitación y me congele, No esperaba que este hospital fuera tan grande.

Gente se paseaba de un lado al otro, con batas blancas como la mía. Gente normal en camilla, con vendas arriba en sus cabezas, se me arrugo el corazón, seguro esa gente ya habían sido operadas.

Sin querer, tropecé con una mujer bajita con bata como yo. Ella sonrió en mi dirección y se disculpo en silencio.

¿Quiénes eran ellos? Que se disculpaban sin tener culpa?

¿Su planeta se llamaba PAZ?, ¿Eran una clase de Hippies de los 80's?

Edward se detuvo en una habitación, y mirando a los lados me indico que entrara en ella.

Era igual que la mía, solo que yo no estaba sobre la cama. Estaba Alice.

Un grito ahogado salió de mi garganta y corrí hacia ella.

-¿Alice? –Ella estaba con sus ojos cerrados, un poco pálida. – Oh… ¡Que le han hecho!

Edward se quedo viéndome inquieto.

-Bella, solo esta dormida.

Yo volví la vista a la cara de Alice, y ella seguía allí quieta y tranquila.

Yo me lance sobre ella y la abrace fuerte, bese su frente con dulzura mientras ella hacia una pequeña y juguetona mueca.

-Acostarme con los del otro mundo, no esta en mis planes. – Susurro bajo su aliento.

-¡ALICE! – Grite y ella inmediatamente abrió sus ojos.

-¿Bella? – Saco la jeringuilla que tenia en su brazo apuntando hacia Edward - ¡Aléjate feo bicho!

edward se sorprendió de sus palabras, y se echo hacia atrás. Pero mantuvo su postura.

-No nos hará daño – Le susurre.

-¿Te han lavado el cerebro chica? – Parpadeo hacia mí.

-No exactamente, el me trajo para verte. – La volví a abrazar besando sus mejillas y su frente. Me acerque a su oreja y susurre muy bajo. – No menciones que mis padres viven, ni los tuyos. Irán a por ellos. – Volví a su cara y seguí besándola sonriente.

Ella asintió cuidadosamente.

-Nena, estar con mujeres no es mi gusto. – Las dos sonreímos y nos abrazamos mutuamente.

-¿Me extrañaste?

-Me han pinchado el brazo siete veces, porque siempre los quiero atacar. – respondió bajo su aliento.

-No te han lavado el cerebro a ti. – La apreté contra mi pecho – Edward me dijo que después de la operación olvidaremos todo.

-¿Quién es Edward?

Le señale a mi doctor. Ella asintió.

-Serás mi mejor amiga así sea después de todo esto. – La abrace de nuevo. Edward hablo interrumpiéndonos.

-Bella el doctor Adjunto a Alice viene en camino para acá.

Mis lágrimas humedecieron mis mejillas.

-¿Alguna manera de escapar? – Me pregunto Alice.

-No lo creo, Ellos tienen poderes y podrían detenernos en segundos. – Mis lágrimas seguían cayendo. – Solo, mantén mi recuerdo. No me olvides, nunca.

Edward ya se acercaba a nosotras.

-No lo hare B, nunca. – Bese con fuerza su mejilla mientras Jackson me jalaba hacia el, me deje llevar. Mientras lloraba demás, viendo como a Alice se la llevaban para hacerle una estúpida operación que arruinaría nuestra amistad y su vida.

Edward me guio a mi habitación donde cerro la puerta detrás de nosotros.

-¿Algo que pueda hacer por ti?

-¿Puedes sacarnos de este lugar vivas a las dos? – el negó de inmediato. – Entonces, sal de mi habitación.

El asintió saliendo por la puerta y cerrándola detrás de el, Me quede en el mundo, sola y con mi dolor.

Me senté en mi cama a llorar como cuando me caí de un árbol y mi padre me sostuvo, solo que allí nadie podía sostenerme.


Después de tanto llorar, y dormir. Sentí la mano de mi Doctor extraterrestre tocando mi frente.

No había comido desde que llegue a este lugar, y no estaba para nada hambrienta. Debe ser suero, pensé.

Escuche atentamente como el lápiz raspaba la hoja de papel, y luego un suspiro de Edward.

-La operación salió bien – Solo dijo. Pequeñas lágrimas salieron de mis ojos haciendo mi dolor más fuerte. Ya Alice no existía, no mi Alice.

-¿Te hace sentir eso mejor? – Dije con mi voz cortada.

-No, ahora que lloras no. – Susurro. – Si pudiera ayudarte lo haría, pero no puedo.

-Bueno, intentare morir en la operación, fue un placer. Edward… - Recordé que no sabia su apellido. - ¿Cómo es tu apellido?

-En mi planeta no lo usamos. Solo somos EdwardE, Si tu fueras de mi planeta fueras IsabellaI. Todos los nombres terminan con la primera letra de tu nombre.

Asentí en silencio.

-¿Qué elemento le dieron a Alice?

-Fuego.

Excelente, podía decirle que me quemara y me hiciera una antorcha viviente.

-¿Cómo hacen para darle los elementos?

-Depende de la personalidad.

Debí imaginármelo, Ella era fogosa.

-Bueno.. ¿A que hora es mi funeral?

-Venia a decirte que ya los cirujanos estamos listos para tu operación.- Me miro con compasión.

-No hagas eso.

-¿Qué cosa?

-Mirarme como si te diera tristeza mi vida – Seque mi cara con la sabana que me arropaba.

-Bueno, espero que me recuerdes a mi cuando te operen. – y sin mas salió de la habitación.

Los doctores llegaron media hora o mas desde la visita de Edward, lo busque con la mirada pero el no estaba. Me desconectaron de mi maquina, y me quitaron todos los cables de encima.

Todos me sonreían, como si esto fuera un gran festín. Yo solo rodaba los ojos o decía malas palabras a la que ellos no le encontraban ningún sentido. Claro, no eran de este planeta.

-Bella, querida – Me susurro una doctora, tan cerca que me dio asco – te vamos a sedar y…

-Ya se, me volverán monstro como ustedes – Ella chillo de indignación pero no hicieron nada mas. La oscuridad me abrazo cuando ellos colocaron una mascarilla con aire entre mi boca y nariz.

Si mi familia estaba viva solo podía pedir que se escondieran. Y que nunca cayeran en manos de ellos. Mentalmente me despedí, y me entregue al sueño que me abrazaba y ahogaba cada vez más.


Abre los ojos.

Mi mente volvía a gritarme de nuevo. Sentía que me tocaban la cabeza, que introducían agujas sobre ella.

Me veía a mi misma en la oscuridad gritándome:

¡Bella abre los ojos!

Pero me sentía tan incapaz, y mi cabeza dolía, cada aguja dentro de ella dolía, como cuando las abejas insertan su pequeño aguijón dentro.

"Abre los ojos, tu familia te espera"

"No puedo"

Apreté mis ojos, e intente tocarme mi cara, pero mis manos estaban paralizadas.

"Solo ábrelos Bella"

Solo escuche a la gente de mi alrededor gritando cosas como ''Esta despertando''

La maquina que mostraba mi pulso se aceleraba.

Mis ojos se abrieron y todo estuvo en su lugar, muchos doctores estaban a mi alrededor. La furia entraba en mis venas, ¿Por qué nos hacen esto?

-Lárguense a su planeta – Grite.

Me levante en la camilla y arranque los cables que estaban pegados a mi cerebro.

Los jale con fuerza, y quite todos los cables que estaban a mi alrededor, aquello era un desastre. Todos gritaban cosas que yo no tenia intención de entender, porque estaba pendiente en otras cosas.

Mi Fuerza, Cuando vi los tubos que arranque de mi cabeza, me di cuenta que eran de acero inoxidable, y que debían pesar mucho por su tamaño.

Mi visión, la habitación estaba oscura pero lo veía todo muy claro.

Mi rapidez, me movía de un lado a otro quitando todo a mi paso.

Cuando me lanzaban fuego, que venia de algunos doctores, movía el agua que estaba a mi alrededor y lo apagaba.

¿Me dieron el agua? – pregunte mirando mis manos con sorpresa.

Pero entonces, antes de que alguien me contestara me lanzaron agua. Y con mi otra mano la volví vapor con el fuego.

¿Fuego también?

Moví mis pies con haciendo que la tierra se moviera de su lugar, mientras todos me miraban sorprendidos. Y supuse que me movía con el aire, por mi rapidez.

Todos estaban en el suelo entre sorprendidos y desmayados. Mientras yo me recolocaba mi bata, nada contenta de lo que había echo. Más bien sorprendida.

Mis padres.

Ese pensamiento me hizo sentir feliz, porque aun los recordaba. Busque a Edward con la mirada y moviéndolo con el elemento tierra lo traje hacia mi. El me miraba sorprendido.

-¿Dónde esta Alice?- pregunte. Un poco ruda tal vez.

-En su habitación – Contesto. Yo asentí y cuando fui a salir por la puerta el se levanto y corrió hacia mi tomándome del hombro, cuando fui a lanzar fuego el me detuvo con un pequeño gemido. – Iré contigo.

Asentí hacia el, y salimos de ese lugar.

Las alarmas ya sonaban, pero yo arrasaba a todo el mundo, por todo el hospital con cada uno de los elementos. Hice algo que me impresiono, los mezcle todos y así logre llegar sin un rasguño a la habitación de Alice.

Ella estaba dormida.

-No recuerda quien soy, debemos llevarla dormida. – El no me lo impidió. Cuando fui a tomar a Alice para sacarla de aquí, ella despertó. Sus ojos dorados como el fuego ardiente.

-¿Quién eres tu y porque me tocas?

-Alice, soy Bella.

Por un momento pude ver que el reconocimiento estaba por llegar, pero no. Se levanto y me lanzo fuego.

-¿No que eran pacíficos? – le gruñí a Edward.

-Solo esta confundida, todos se levantan así. – Apague su fuego con el agua de sus medicamentos, con el fuego y con el aire.

Ella me lanzaba fuego sin importar que fuera yo. No podía llorar ahora, pero tenía que llevármela de aquí.

Suspire, y le lance aire fuertemente que la lanzo contra la pared. Me acerque a ella que aun me miraba con odio, cerré mi puño y con el dolor de mi alma le di un golpe en la cara que la dejara inconsciente.

Cuando mire a Edward el estaba con su boca bien abierta, y con un tubo de medicamentos en la mano.

-Excelente manera de dormirla, no es que sea desagradecido, pero esta era una mejor manera. Y no dejaba marcas.

-Como sea, lo hecho ya esta echo. – Se me ocurrió una buena idea - ¿Dónde tienen los medicamentos? Mi familia podría estar herida.

-¿No están muertos?

-No. – Busque por toda la habitación hasta que llegue al pequeño cajón, donde habían muchos medicamentos. Tome la sabana de Alice y la volví un pequeño saco, alcanzando a meter todo lo que pude allí. El cajón quedo vacío. - ¿Podrías tomar a Alice? – le pregunte a Edward, el asintió. La tomo en brazos y salimos de allí, el problema real era, pelear con millones de guardias cuando no me sabía manejar bien. Pero eso era lo que iba a ocurrir ahorita.

Nos tenían rodeados por todos lados. Le lance el saco a Jackson y le grite:

-¡Sal de aquí! Llévala lejos, cuando despierte dale de tus medicamentos, no la golpees de nuevo.

El negó con la cabeza, pero no tuvo mas opción cuando todas las personas comenzaron a lanzarme de sus poderes, y gritando que era yo la que me había escapado de mi operación.

Me acorralaron en un rincón, pero vi que Edward y Alice salían ya del hospital. Nadie les prestaba atención, yo era la real amenaza.

Pero lo que ellos no sabían, era que yo tenía un gran as bajo la manga. Y que ese as, les traería Cuatro problemas.


Espero les guste.

G.