DISCLAIMER: Ni Bleach, ni la historia de "The Academy", me pertenecen, todos los personajes así como la historia original son propiedad de sus creadores: Emmaline Andrews y Tite Kubo. Yo solo los utilizo sin ánimo de lucro.

Agradecimientos a: Adrii Kyouyama, Inu Ookami aka, Ana-Friky-chan, ninasifuentes y ICGIRO :3 Sin sus reviews ya me hubiera dado por vencida en verdad me alegra que sigan el fic n.n

Bueno ahora sí, disfruten de la lectura y nos leemos a bajo.

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Capítulo 5

Nunca toqué el suelo. Alguien me agarró y lo siguiente que supe fue que estaba siendo colgada de un ancho hombro y llevada como un saco de grano fuera del baño y por el pasillo.

—¡Oye, bájame! —Golpeé débilmente en la ancha espalda de Kurosaki a pesar de que el movimiento me hizo sentir como si estuviera a punto de vomitar.

—Tómalo con calma, renacuajo. Estamos casi en la habitación. —Retumbó su voz profunda a través de mí mientras hablaba.

Quise protestar un poco más, pero el mundo empezó a girar otra vez en ese punto. Cerré mis ojos y quedé inerte en su hombro. No parecía haber nada más que pudiera hacer. Cuando volvimos a la habitación me puso en mi cama con sorprendente delicadeza y se fue. Me preguntaba dónde había ido cuando volvió y puso algo frío y mojado en mi punzante mejilla. Gemí y traté de empujarlo pero apartó mi mano.

—No te muevas, eres un desastre. —Empujó una pajilla a mis labios—. Toma, bebe esto.

No quería nada de beber pero tomé un pequeño sorbo para apaciguarlo. Algo frío, dulce y burbujeante corrió por mi garganta, haciéndome toser y jadear. La pajilla fue abruptamente retirada.

—Es sólo una bebida carbonatada. ¿No puedes manejar nada? —Mi nuevo compañero de cuarto sonó impaciente.

Volví a toser.

—So... sólo la he tomado una vez. No me esperaba... las burbujas. —Mi voz sonaba ronca e incierta, incluso a mis oídos.

—Toma otro sorbo ahora que sabes lo que es. Necesitas un poco de azúcar en tu sistema. —Presionó la pajilla en mis labios de nuevo y esta vez tuve la oportunidad de beber sin toser.

Para mi sorpresa, él tenía razón, la dulzura azucarada de la bebida efervescente me hizo empezar a sentirme mejor casi al instante. Mi mejilla seguía dolorida pero al menos el mundo ya no giraba.

—Gracias —le dije, después de terminar la bebida.

—De nada. —Estaba sentado en el borde de mi cama, mirándome críticamente, de la forma en que alguien podría estudiar a un bicho medio aplastado—. Creo que estás bien. Tienes sangre en la cara, pero no parece haber una hemorragia.

Me limpié la boca.

—Es de Jaegerjaquez. Lo mordí.

—Lo mordiste, ¿eh? —Me dio una mirada de respeto a regañadientes—. Eres un pequeño chico luchador, te daré eso.

—Muchas gracias —le dije con amargura—. Eso significa mucho viniendo de un tontorrón como tú. —Mi pequeña estatura realmente resultaba ser una desventaja.

—De nada —dijo de nuevo, tomando el recipiente vacío de bebida y poniéndolo abajo en la mesita de noche.

—¿Por qué? —le pregunté, mirándolo.

—¿Por qué, que?

—¿Por qué me ayudaste? —Traté de sentarme, pero me empujó hacia abajo.

—Es mejor esperar un minuto antes de levantarse. Vine a ver de qué se trataba todo el alboroto. ¿Gritas como una niña, lo sabes, camarón?

—Tenía miedo —le dije con frialdad—. Y no me llames así. Mi nombre es...

—Lo sé, Rukichi Kuchiki—suspiró—. Kyoraku me dijo cuando fui a preguntar por la situación de los cuartos.

—¿Qué te dijo sobre eso? —le pregunté.

Kurosaki se pasó una mano por su pelo naranja, con cara de frustración.

—Me dijo que sólo tendría que lidiar con ello. Mira… —Me señaló—. Iba en serio cuando dije que tenía que estudiar. No quiero música fuerte o fiestas aquí, lo digo en serio.

—No quiero eso tampoco —le dije, frunciendo el ceño—. Sólo estoy aquí para aprender, así puedo conseguir mi licencia de pilotaje. No estoy interesado en ninguna de las actividades sociales que vi en los pasillos en mi camino hasta aquí.

¿Actividades sociales? —Levantó una ceja y se echó a reír—. Tienes una muy extraña manera de hablar, Kuchiki. ¿De qué país eres, de todos modos?

—Shibuya —le dije con frialdad—. De la Ciudad de Tokio, Japón.

Kurosaki frunció el ceño.

—Soy de Italia. He oído hablar de Tokio, pero nunca he estado allí. ¿No es la ciudad donde todo el mundo es tan rígido y formal que ni siquiera pueden estornudar sin disculparse mil veces?

—Es civilizado —le corregí—. Qué es más de lo que puedo decir por la forma en que la gente actúa por aquí.

Él negó con la cabeza.

—No debes haber estado afuera de la escuela antes. La Academia es bastante estándar.

—Si ser amenazado y golpeado dos veces en el mismo día es normal no sé cómo alguien se gradúa —espeté—. Ni siquiera he estado aquí dos horas y ya he sido asaltado.

—¿Asaltado? Vamos. —Me golpeó el hombro—. Recibiste un golpe, no seas como una niña al respecto.

Abrí la boca para dar una respuesta airada y volví a cerrarla. Al parecer ser un hombre involucraba estoicismo ante el dolor y en este momento yo hacía un trabajo bastante pobre en ello.

—Me dolió —señalé finalmente.

—Ser golpeado en la cara por lo general lo hace. Vamos a ver cómo se ve. —Se inclinó hacia delante, levantó el paño húmedo y frío que había puesto en mi mejilla herida y frunció el ceño, pensativo.

—Bueno, vas a tener un tremendo moretón, pero no creo que nada esté roto. Sin embargo, podemos ir a la enfermería para una radiografía si lo deseas.

—No, gracias —le dije, tratando de sentarme de nuevo. Esta vez me ayudó.

—¿Mejor?

—Sí. —Finalmente fui capaz de mirar alrededor sin sentir como si estuviera en una calesita en la feria, lo que era una gran mejora.

—¿Y qué hiciste para ganar eso, de todos modos? —Kurosaki hizo un gesto a mi mejilla herida—. ¿O Jaegerjaquez sólo estaba con su encanto habitual?

—Vi algo... en el edificio de administración. —Fruncí el ceño hacia mis manos—. No estoy seguro si debo decirte.

—Si es algo que tiene que ver con Kyoraku, todo el mundo ya lo sabe. Aunque no creí que Jaegerjaquez fuera de esa manera.

—¿Qué quieres decir? ¿De qué manera? —le pregunté.

—Ya sabes. —Kurosaki hizo un movimiento de lado a lado con una mano grande y bien formada—. Gay.

Sólo había oído esa palabra una o dos veces antes, pero tenía una idea general de lo que significaba.

—¿Crees que vi… a Jaegerjaquez y Kyoraku... haciendo algo inmoral juntos? —Mi voz se alzó ligeramente—. Pero los dos son varones. ¿Eso es normal en la Academia también?

Kurosaki se encogió de hombros.

—En realidad no, pero se oye de eso de vez en cuando. Ya sabes cómo es, demasiados chicos calientes sin chicas admitidas.

Tuve un súbito pensamiento perturbador.

—¿Eres ... de esa manera?

—¿Gay? ¿Yo? —Rió con sorpresa, como si la idea fuera totalmente absurda—. No, absolutamente no. Hay demasiadas chicas guapas en el mundo como para perder mi tiempo en otro tipo. Pero Kyoraku definitivamente lo es. No me digas que no intento la vieja rutina de "vamos a ver cómo te queda tu uniforme" contigo.

Podía sentir mis mejillas calentándose.

—Sí, lo hizo —admití—. Yo, uh, logré escapar, sin embargo. ¿Habría realmente tratado de... de...? —No pude terminar.

Kurosaki rió con incredulidad.

—No lo puedo creer, en realidad estás sonrojado.

—Él... yo... —Me llevé las manos a las mejillas calientes y me estremecí cuando toqué la herida. ¿Cómo podía decirle que no hablábamos de cuestiones sexuales de cualquier tipo en Shibuya? ¿Y por qué hablar de esto con él hacía que mi corazón latiera tan fuerte?

—No importa. —Negó con la cabeza, un rastro de una sonrisa aún permanecía en sus labios—. Kyoraku es bastante inofensivo, en realidad, sólo le gusta mirar. Se sale con la suya porque tiene una especie de entrada con las autoridades de por aquí. ¿Y qué pasó con él y Jaegerjaquez?

—Nada de eso —le aseguré—. En realidad, nada que tuviera que ver con Kyoraku en absoluto. Era el director.

Sus cejas se alzaron.

¿El director?

Rápidamente, antes de que pudiera tener una idea equivocada, le puse al corriente de todo lo que había visto y oído mientras esperaba en la oficina del director. Cuando terminé, Kurosaki se echó hacia atrás y dio un silbido largo y bajo.

—¿Y Jaegerjaquez te atrapó mirándolo mientras recibía el castigo? No me extraña que esté detrás de ti, Kuchiki. Quiere que todos piensen que es invencible porque su padre está en la Junta Directiva. Si se corre la voz de que en realidad fue castigado y que eligió el remo sobre el bastón, su reputación sería mandada al infierno.

—No iba a decirle a nadie —protesté—. ¿Y qué más da qué eligió?

—El remo es para los cobardes. —Kurosaki agitó una mano con desdén—. Ni siquiera rompe la piel. El bastón duele mucho más y puede dejar cicatrices permanentes.

Me estremecí ante la idea de algo peor que el castigo que había presenciado más temprano ese día.

Aunque padre nos habló rudamente a Rukichi y a mí, nunca había puesto una mano encima a cualquiera de los dos o se lo permitió a alguien más tampoco. ¿Me golpearía con el bastón el director Yamamoto si mi secreto fuera descubierto? No podía dejar que eso sucediera.

—Parece que vas a tener que estar pendiente de Jaegerjaquez por un buen tiempo —dijo Kurosaki, sacándome de mis pensamientos tristes—. ¿Cuál es tu horario de clase? Voy a tratar de decirte la mejor manera de evitarlo.

—Está ahí. —Señalé la tablet disponible sobre el escritorio y él se levantó de la cama para conseguirla.

Hmm. —Frunció el ceño mientras hojeaba el horario—. Parece que tú y yo tenemos una gran cantidad de las mismas clases. Cálculo y navegación uno detrás del otro. Desafortunadamente Jaegerjaquez está en la clase de cálculo también.

—Al menos tú y yo estamos juntos en esa —le dije, sin pensar.

Kurosaki frunció el ceño.

—No te hagas ilusiones, camarón. Soy tu compañero de cuarto, no tu guardaespaldas. No tengo tiempo para venir corriendo al rescate cada vez que tropieces con tu dedo del pie.

—Por supuesto que no —le dije con frialdad—. No esperaría que lo hagas.

Kurosaki me señaló.

—Vas a tener que aprender a cuidar de ti mismo. Especialmente en tu última clase del día, educación física obligatoria. Jaegerjaquez está en esa también y yo no estoy.

—Entiendo… Estoy por mi cuenta. —Traté de sonar tranquila y serena.

—Así es. —Parecía satisfecho, como si por fin hubiera mostrado su punto.

—Pero ¿cómo podemos tener las mismas clases si tu y Jaegerjaquez son de la Cuarta Formación y yo estoy en la Tercera? —le pregunté, extendiendo mi mano para tomar la tablet. Kurosaki me la entregó.

—En el caso de Jaegerjaquez es porque reprobó los cursos y los está tomando otra vez.

—¿Qué hay de ti? —Miré hacia arriba con curiosidad. No parecía el tipo de fallar en algo.

—Perdí la mayor parte del año pasado. —Miró lejos, una mirada de preocupación pasó por sus fuertes rasgos por un momento—. Por… motivos personales.

—¿Motivos personales? —le dije—. ¿Qué…?

—Personales significa privados. ¿De verdad tengo que deletrearlo para ti? —Su voz, anteriormente casi amistosa, se había vuelto enojada y había una mirada indescifrable en sus penetrantes ojos mieles.

—Está bien, está bien. Lo siento. —Levanté mis manos en un gesto de paz—. No fue mi intención entrometerme.

—Mantente fuera de mis asuntos. —Kurosaki me miró con frialdad—. Puede que tenga que compartir la habitación contigo, pero eso no nos hace amigos.

—Bien. —Traté de hacer mi voz tan fría y distante como la suya—. No tengo ningún interés en tu vida o en nada que ver contigo. —Levanté mi barbilla, tratando de parecer superior, pero justo en ese momento, mí estómago gorgoteó de la manera menos femenina—. ¡Oh! —Olvidando que tenía que ser un hombre que no se preocupaba por esas cosas, puse una mano sobre mi estómago y otra en mi mejilla—. ¡Por favor, discúlpame!

Kurosaki negó con la cabeza.

—Te avergüenzas con mucha facilidad, ¿verdad? ¿Y qué si tienes hambre? Es la hora de comer de todos modos.

—¿Dónde comemos aquí? —le pregunté, bajando de la cama.

Me miró especulativamente.

—Está bien, sólo por esta vez puedes venir conmigo al comedor. Sin embargo, vas a tener que sentarte con los cadetes de Tercera Formación, no puedes sentarte conmigo.

—No me hagas ningún favor —le dije, sin molestarme en mantener la ira fuera de mi voz.

—Las formaciones no se mezclan. —Se encogió de hombros—. Es sólo la forma en que es en la Academia. Es estándar. No es que quiera que un camarón como tú se siente conmigo de todos modos.

Suspiré.

—No me llames "camarón". Y estoy empezando a pensar que hay un montón de cosas "estándarʺ que no me van a gustar de este lugar.

—Bueno, te guste o no, estás atrapado aquí ahora. —Hizo un gesto con la cabeza hacia la puerta—. Vamos, bajito, vámonos.

Crucé los brazos sobre mi pecho.

—Es Kuchiki, no bajito o camarón o enano o insignificante o cualquier otro término despectivo con el que puedas salir. O puedes sólo llamarme Ruki. — Levanté una ceja—. Entonces, ¿Cómo te digo?

—Simplemente Kurosaki —dijo en breve—. Te lo dije, Kuchiki, somos compañeros, no amigos.

Se dirigió hacia la puerta sin mirar a ver si le seguía. Por un momento me quedé allí echando humo, entonces me acordé de que Jaegerjaquez estaba probablemente a mi acecho en alguna parte cerca y corrí a alcanzarlo. A pesar de que hizo una gran cosa de no ser mi amigo o mi guardaespaldas, no pensé que Kurosaki daría un paso atrás y permitiría que el matón grande me diera una paliza.

Al menos, esperaba que no lo hiciera.

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Que tal les pareció el capitulo eh? Cada vez se pone más emocionante no? :3 No sé porque siempre piensan que Ichigo es gay xD Pero como él lo dijo, es una academia donde solo hay un montón de chicos calenturientos sin una chica alrededor (excepto Rukia xD)

Pero ya verán más adelante como soportara todo esto Rukia, muy valiente la verdad :/ yo ya habría salido corriendo de ese lugar x3

Bueno, espero les haya gustado el capitulo, lo quise subir antes, ya que me sentía aburrida y mi lap quiso cooperar conmigo ya que me ah estado fallando un poco T-T Bueno, me despido de ustedes y veré si mas tarde les traigo otro capítulo (ya me emocione xD) Ahora tengo sueño e.e Jane!