DISCLAIMER: Ni Bleach, ni la historia de "The Academy", me pertenecen, todos los personajes así como la historia original son propiedad de sus creadores: Emmaline Andrews y Tite Kubo. Yo solo los utilizo sin ánimo de lucro.
Respondiendo reviews:
ninasifuentes: Bueno como dije en capítulos anteriores aun falta para que alguien sepa su secreto, es cierto que Yumichika estará siempre con ella, pero aun falta para eso n_n Gracias por seguir mi historia :3
antonia. : Inocente e ingenua, siempre habrá algo por lo que se sonroje XD Bueno, siendo así, creo que no hay mucho por hacer :/
Guest: Acertaste en una persona quién la va a descubrir, pero no diré quien es, hasta que el momento llegue XD y en serio falta bastante para eso :/
Cabe: Hola, mucho gusto y gracias por seguir la historia n_n Para que se sepa la verdad y como dije antes, falta mucho, pero Ichigo actuara de una manera que no les gustara, pero en el fondo tiene sus motivos, sigue leyendo para descubrirlo n_n
rukiruki16: Aquí está tu respuesta sobre educación física y sobre lo que le hará Grimmjow a Rukia, vas a odiarlo como yo ¬¬
Ana-Friky-chan: Gracias por leer Anita, aquí la conti :3
Muchas gracias por sus reviews, que disfruten de la lectura…
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Capítulo 11
La clase de fitness fue tan mala como me temía que sería.
Para empezar, yo era la más pequeña de los estudiantes en el grupo de chicos de Tercera y Cuarta Formación, y la más pequeña en general de lejos. Y me di cuenta por las miradas poco amistosas que recibí de los otros cadetes que el rumor que Jaegerjaquez había extendido sobre mí, me había precedido. Cualquier esperanza que pudiera haber tenido de hacer amigos había terminado antes de empezar.
—Oye, novato —llamó Jaegerjaquez cuando entré en el gimnasio grande, generando ecos—. ¿Por qué tardaste tanto en vestirte? ¿Tuviste que ir al edificio de administración para probar tu ropa de gimnasia?
En realidad lo que me había llevado tanto tiempo era que esperé hasta que él y su séquito salieran del vestidor. Tan pronto como se fueron, me había vestido tan rápido como era posible, agradecida de que la ropa de gimnasia que había estado esperando en mi armario fuese un poco ancha. La delgada camiseta de material no cubría tanto como mi chaqueta gruesa del uniforme mis vendas del pecho, aunque aún así parecía estar bien escondido.
No respondí a la provocación, sólo mantuve alta la cabeza y seguí caminando porque no había nada más que pudiera hacer. Sin embargo, podía sentir el ardor en mis mejillas y supe que mis compañeros de clase tomarían mi rubor avergonzado como una señal de que Jaegerjaquez decía la verdad. Hubo algunas risas crueles cuando tomé mi lugar en la fila, pero nadie hablaba en voz alta porque en ese momento el instructor, el entrenador Kenpachi, entró e hizo sonar su silbato.
—Muy bien, señoritas, cálmense. —Era un hombre corpulento, una cicatriz vertical en su rostro desde la frente al cuello. Había una expresión sin sentido en sus ojos color marrón oscuro. No era el tipo de maestro que querías hacer enojar, decidí mientras él continuaba—. Hoy continuamos nuestra serie de deportes, con un juego popular llamado el quemado.
Hubo gemidos de varios de los allí reunidos cadetes, pero Jaegerjaquez tenía una sonrisa desagradable en su rostro tonto que me preocupaba. ¿Que era el "quemado" y cómo se jugaba? Temía que estaba a punto de descubrirlo de la forma difícil.
—Bueno, ahora, a formar dos equipos —continuó el entrenador Kenpachi—. Jaegerjaquez, eres el capitán del equipo A y Starrk, eres del B. Organícense mientras traigo el equipo.
—Grandioso. — Jaegerjaquez se adelantó junto con otro estudiante de Cuarta Formación que no había visto antes—. Me quedo con Edorad.
Starrk asintió.
—Yo con Tesla.
Y así siguió. Como era de esperar, me eligieron última y con muchas protestas por parte de los otros miembros del equipo B, donde terminé quedando. Traté de no sentirme herida y me recordé que mi baja estatura no era mi culpa.
Después de todo, era una chica. Incluso si nadie más en la habitación aparte de mí lo sabía, tenía perfecto derecho a ser pequeña. Pero no importaba lo mucho que me lo dijese a mí misma, aún picaba ser llamada "enano" y mantenida en la parte de atrás de la línea.
Muy pronto el Entrenador Kenpachi regresó, empujando un carro grande lleno de pelotas de goma duras de color rojo del tamaño de la cabeza de alguien.
—Está bien, señoritas —gritó—. Vengan por ellas. Vamos, no tenemos todo el día.
Los cadetes de ambos equipos corrieron hacia adelante, agarraron la mayor cantidad de bolas que podían llevar, y regresaron a la línea divisoria negra en el centro del gimnasio. Me quedé allí, sin querer involucrarme demasiado. Yo estaba bien con los juegos uno vs. uno como esgrima o el ajedrez, pero gracias a mi educación y mi sexo, nunca había jugado un deporte de equipo en mi vida.
—Vamos, chico nuevo, ¿cuál es tu nombre? —Levanté la mirada y me di cuenta de que el entrenador Kenpachi me miraba.
—Kuchiki, señor —le contesté.
—Bueno, no seas tímido, Kenpachi, levántate y agarra algunas pelotas.
—No se preocupe, entrenador, Kuchiki está bien así —gritó Jaegerjaquez. Él y sus amigos seguían merodeando alrededor del carrito de las pelotas. Rugieron a carcajadas y el resto de los cadetes los siguieron mientras me acercaba para recoger la última pelota remanente de goma dura bola en la parte inferior del carro. La apreté contra mi pecho, su superficie fría y dura y nudosa bajo mis dedos. Me sentí como si estuviera a punto de estallar.
—¿Qué quieres decir, Jaegerjaquez? —dije, mientras el entrenador daba la vuelta.
—Creo que ya sabes, novato —se burló.
Puse mi cara tan inocente como fue posible.
—Si estás diciendo que tengo algún tipo de habilidad especial con este equipo, no lo hago. No puedo dejar de notar, sin embargo, que tú pareces saber manejarlo muy bien. —Asentí con la cabeza a la manera en que se aferraba a dos de las bolas en las manos—. ¿Esa es una habilidad que se adquiere con el tiempo o simplemente eres naturalmente bueno para sostener, quiero decir manosear las pelotas?
El rostro de Jaegerjaquez se ensombreció.
—¡Tú, pequeño...!
—Eso es suficiente, señoritas. —El entrenador Kenpachi había girado y estaba frunciendo el ceño, tanto a Jaegerjaquez como a mí—. Vamos a la línea. Vamos, ahora.
Jaegerjaquez apuntó con un dedo.
—Ese comentario te va a costar caro, novato. —Luego se volvió y se dirigió a la línea gruesa negra pintada en el suelo de plástico que dividía el gimnasio. Todos los otros cadetes ya estaban allí de pie y yo sabía que habían escuchado nuestro intercambio.
Mientras caminaba a la línea, mentalmente me di una patada. ¿Por qué había salido de mi camino para irritarlo así? Como si no tuviera suficientes problemas como estaba.
Mi angustia se vio agravada por el hecho de que me había sorprendido un poco a mí misma, hablando de manera cruda. Una broma como la que había hecho a costa de Jaegerjaquez nunca habría salido de mis labios en Tokio. Pero aquí me había parecido natural combatir fuego con fuego, el devolver lo que el agresor repartía. Me preguntaba con inquietud si estaría maldiciendo y escupiendo y arañándome a mí misma como el resto de los cadetes en el momento en que saliese de la Academia—si salía con vida, obviamente. Y por la expresión del rostro feo de Jaegerjaquez, cada vez era menos probable.
El entrenador Kenpachi sopló el silbato de plata que llevaba al cuello.
—Pelotas en la línea, damas —gritó sin dejar rastro de ironía—. Luego cinco pasos atrás.
Todos los cadetes colocaron sus pelotas de goma dura a lo largo de la línea negra y dieron cinco pasos hacia atrás.
—Bien. —El entrenador Kenpachi asintió con la cabeza—. Ahora, a mi silbato, corren y las agarran. Recuerden las reglas, si reciben un golpe con una pelota, están fuera. Si pasan sobre la línea, están fuera. Si alguien toma la pelota que lanzaron, están fuera. Y sólo golpes al cuerpo, nada a la cabeza ni a la cara. ¿Entendido?
Murmuramos nuestro asentimiento, incluida yo, pero no podía evitar sentir la tensión en el aire.
Los chicos a mí alrededor estaban tensos con anticipación, inclinándose hacia las bolas, listos para lanzarse y agarrarlas y empezar a arrojarlas unos a otros. Me hubiera gustado correr en la otra dirección, pero sabía que no iba a funcionar. Sombríamente, me dispuse a correr junto con los otros.
El silbido estridente resonó en el gimnasio y luego el aire se llenó con el sonido de los cadetes gritando, chillando zapatos deportivos y golpes fuertes, y los golpes suficientemente lentos para esquivarlos fueron recogidos uno a uno. Por suerte, yo no era uno de ellos. Para mi sorpresa, había encontrado finalmente una situación en la que mi tamaño jugaba a mi favor.
Me acercaba y alejaba de los cadetes mayores, girando y agachándome mientras Jaegerjaquez y su equipo lanzaban más y más bolas en mi dirección. Agarré varias, enviando a los que las habían arrojado fuera del juego. De hecho, lo estaba haciendo tan bien, que mi propio equipo finalmente comenzó a notarme.
—¡Mira eso! —Un cadete con el pelo rizado de color marrón y gafas me señaló—. El enano es rápido.
Mi capitán del equipo, Starrk, me hizo un gesto de aprobación.
—¡Muy bien, pequeñín!
—Gracias. —Agarré otra pelota lanzada por Edorad, y se la pase a él—. Ser pequeño tiene sus ventajas a veces.
—No va a ser una ventaja si te atrapa Jaegerjaquez después del partido. —Starrk esquivó una pelota con facilidad mientras hablaba. Su capacidad atlética natural hacía fácil ver por qué el entrenador Kenpachi lo había elegido como capitán—. Harías mejor en mantenerte al margen de él.
—Lo estoy intentando. —Esquivé otra bola—. Él no está haciéndolo fácil.
—Mala suerte para ti, entonces. —Starrk me dio una mirada de lástima y corrió para atrapar una pelota al otro lado de la cancha.
Al otro lado de la línea negra, Jaegerjaquez estaba poniéndose más y más furioso. Me di cuenta por la forma en que su cara se puso roja, púrpura. Su equipo le pasaba bolas para tirarme a mí pero fallaba cada intento.
Sabía que debería dejar que me golpease y todo terminaría. Tal vez ganándome podría airear su ira. Pero mi orgullo se levantó y no me lo permitió. Siempre había tenido una vena competitiva fuerte en mí y me negaba a perder el partido a propósito, sin importar las consecuencias.
Antes de darme cuenta, Jaegerjaquez y yo éramos los únicos que quedábamos en pie.
—Vamos, nuevo. —Él me hizo una seña, dos bolas en cada mano—. Ven aquí y toma tu medicina.
—No lo creo. —Esquivé uno de los balones con facilidad. Podría haberlo atrapado y enviado fuera, ganando el juego para mi equipo, pero no importaba lo orgullosa que fuese, no era estúpida. Hacer a Jaegerjaquez perder delante de los otros cadetes era demasiado peligroso. Así que seguí esquivando las bolas mientras las tiraba hasta que finalmente el entrenador Kenpachi hizo sonar su silbato y declaró el partido un empate.
Sentí una sensación de alivio mientras caminaba hacia adelante con los otros para poner las bolas de vuelta en el carro.
Algunos de mis compañeros de equipo parecían irritados de que no hubiese ganado la partida, pero en general, recibí más miradas de admiración que enojadas. Starrk me sonrió y me dio un puñetazo en el hombro ligeramente.
—Buen juego, Kuchiki. —Asintió con la cabeza al todavía ceñudo Jaegerjaquez —. Y buena decisión.
—Gracias. —Le devolví la sonrisa, contenta de que entendiese por qué no había sido capaz de ganar.
—Muy bien, señoritas. —El entrenador Kenpachi nos hizo un gesto aburrido—. Los veré mañana misma hora, mismo lugar.
Se dirigió a su oficina y yo estaba a punto de comenzar a caminar hacia los vestuarios, sin pasar por las duchas, cuando oí que alguien me llamaba. Me volví justo a tiempo para ver a un gran objeto volador rojo viniendo hacia mi cabeza. No había tiempo para esquivar al balón, y me golpeó de lleno en la nariz y me caí al suelo, los picos de dolor agudo exquisitamente explotando hacia el exterior a través de mi cara.
Di un grito ahogado y puse mi mano sobre mi nariz, que ya estaba inundada de sangre.
—Oigan, miren eso, chicos. — Jaegerjaquez se acercó a mí, sus gruesos labios curvados en una mueca desagradable.
—Parece que no es tan rápido después de todo. —Me señaló—. Estás fuera, novato. —Por alguna razón, esto hizo que sus compinches rugieran de la risa. Lágrimas de rabia y de dolor me llenaron los ojos, pero no había nada que pudiera hacer. El entrenador Kenpachi no había visto el incidente ya que había desaparecido en su oficina y el resto de mis compañeros ya se encontraban en la ducha y no es que me fuesen a ayudar. Podían admirar mi velocidad en la cancha, pero estaba bastante segura de que ninguno de ellos estaba dispuesto a recibir una paliza por mí.
—Aww, pobre bebé. — Jaegerjaquez hizo una mueca de simpatía fingida—. Miren chicos, está llorando.
—Tú, malvado —le dije, mi voz saliendo espesa y ronca—. ¿Por qué no me dejas en paz?
—Déjame en paz —imitaba Edorad en voz alta y Di Roy se hacía eco:
—Sí, Jaegerjaquez, solo déjame en paz.
Los tres se reían mientras iban a las duchas, dejándome mientras acariciaba mi nariz sangrante y contemplaba la herida en mi palma.
Miré fijamente la espalda de Jaegerjaquez, y algo oscuro y nuevo se agitó en mi corazón. Era el odio que sentía; creciendo dentro de mí un odio tan negro y virulento como la vid de la flor de la Sangre y del Honor. Me hizo apretar mi mano libre en un puño y murmurar una maldición poco propia de una dama en voz baja—palabras que nunca me había atrevido a decir antes. Yo nunca habría dejado pasar tal epitafio por mis labios mientras vivía en Japón pero aquí parecía encajar perfectamente en la situación. Ni siquiera me ruboricé al decirlo.
A medida que fui poco a poco poniéndome de pie, todavía ahuecando mi nariz herida, una cosa quedó clara: estar en la Academia me estaba cambiando. Quedaba por ver si se trataba de un cambio para bien o para mal, pero yo sabía que nunca volvería a ser la misma.
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Bueno, hoy en decidido a subir dos capítulos, siento que esto va demasiado lento, así que pues esperen el siguiente capítulo y al final del capítulo 12 (ósea el siguiente capítulo) les quiero hacer una sugerencia y ojala y me respondan ya que es muy importante n_n
Nos leemos después :3
