Disclaimer: Shingeki no Kyojin y todos sus personajes pertenecen a Hajime Isayama, no a mí, bla bla bla, lo de siempre.

Bien, antes de empezar, tengo que decir ¡mil gracias desde el fondo de mi corazón a todos los que han reseñado y me han motivado para continuar! Éste es mi primer fanfic y estaba muy nerviosa acerca de la recepción que tendría, razón por la cual me he tardado tanto en publicarlo, pero ahora me alegro realmente de que les haya gustado el primer capítulo. Así que, a pedido de ustedes (y la presión de varios amigos), ¡aquí tienen el segundo!

Vulnerable

Capítulo 2

Por al menos medio minuto no pude moverme y sólo permanecí allí, tirada en el suelo, avergonzada y conmocionada, mientras Levi me observaba fija y fríamente con sus impasibles ojos grises. Finalmente dijo:

– Si no quieres ser el almuerzo de un titán, te sugiero que me sigas – y dicho esto usó su equipo para regresar rápidamente hacia donde estaba el resto de la tropa.

Ésas fueron las primeras palabras que Levi me dijo específicamente a mí.

Por supuesto, lo seguí; por mucho que lo despreciara, acababa de salvarme la vida, (y eso hacía que lo detestara todavía más, pues ahora estaba en deuda con él) y además tenía que reunirme de nuevo con los demás. Mientras me desplazaba a través del aire, me sentí como la mayor estúpida sobre la faz de la Tierra. Hacía apenas unos minutos estaba tan orgullosa de mí misma, y ahora en mi vida había estado tan avergonzada. Había jurado que les demostraría a todos los que alguna vez se habían burlado de mí – y sobre todo a Levi – que podía ser útil en la batalla y que se acordarían de mi fortaleza; y en cambio, precisamente él había contemplado mi debilidad en su máximo esplendor. ¿En qué estaba pensando? ¿Qué opinarían mis compañeros y mis superiores? ¿Qué habría dicho mi padre?

Cuando llegamos, Levi explicó lo que había pasado delante de todo el mundo, sin usar adjetivos, y luego se apartó sin más y regresó con su escuadrón. Sentí que mi cara se enrojecía. No sabía cómo iba a confrontar a los demás. Sin embargo, al contrario de lo que yo creía, todos ellos – incluyendo a Irvin, Hanji, Mike, Dita, mis amigos y el resto – se mostraron muy compresivos y dijeron que era un alivio que estuviera viva. Dita sí me regañó por ser tan temeraria, pero luego me halagó por mi iniciativa y voluntad de luchar. Eso me consoló, a pesar de que la gélida mirada de Levi aún seguía posada en mí, implacable.

Horas más tarde, a la puesta de sol, Irvin dio la orden de retirada para regresar de la muralla, después de una expedición razonablemente fructífera, pero no sin pérdidas. Habíamos perdido cerca de una cuarta parte de los soldados, y casi un tercio era del grupo de novatos. Algunos de ellos habían sido mis amigos: Molly, Jesse, Rowan, y tantos más que no podía contar. Irvin decía que eso era el promedio de bajas en casi todas las expediciones. Me costó procesar la realidad. Varios de mis compañeros reclutas, con quienes había entrenado y a los que había conocido por años, estaban muertos y no volverían.

Afortunadamente, Samantha, Breck y Will seguían vivos, aunque este último se había hecho una herida en la cabeza y roto varias costillas al estrellarse contra un árbol y luego caer al suelo mientras evadía a un titán. Me sentía terriblemente culpable por él y por todos los que habían fallecido, por no haber podido salvarlos, pero al menos sabía que su sacrificio no había sido en vano; ellos habían muerto cumpliendo con su deber con gran responsabilidad y valentía. Además, como yo misma había dicho antes, ya eran héroes por haber estado dispuestos a dar sus vidas por la humanidad, y no habían terminado sus días sin ver el exterior; por lo menos habían podido ver un mundo sin ningún muro delante antes de morir, no como otros que estarían confinados para siempre.

Y en cambio, yo estaba viva sólo porque Levi, probablemente el miembro de la milicia a quien más detestaba (excepto tal vez los de la Policía Militar), había intervenido justo a tiempo y me había salvado. Yo había sido una imbécil impulsiva y había sobrevivido por pura suerte. Estuve a punto de ponerme a llorar de la frustración y la impotencia, pero no quería mostrar debilidad otra vez, aunque al final no pude evitarlo y lloré unas cuantas lágrimas silenciosas, sin saber qué les diríamos a sus familias, cómo podríamos justificar sus muertes. Me prometí a mí misma que, ya que seguía viva, era mi deber hacer todo lo posible para vengarlos, y el recuerdo de todos ellos me infundiría aún más determinación para pelear. De eso estaba segura.


En el regreso al muro, Will iba tendido en una de las carretas para heridos, con la cabeza vendada y sus costillas rotas (sujetas por unas tablillas) apoyadas en su capa verde de Reconocimiento doblada. Breck lo estaba cuidando, mientras Samantha y yo nos manteníamos cerca, montadas en nuestros respectivos caballos.

De repente Mike empezó a olfatear el aire de nuevo, en plan "titanes" dicho en tono melodramático, y nos advirtió que uno se acercaba a gran velocidad. Eso quería decir que era un titán anormal, es decir, los que ignoran a los humanos, demuestran alguna clase de inteligencia (como atacar en lugares estratégicos), corren, saltan, etcétera; por lo cual es más difícil matarlos. Y para colmo, ahora ya estábamos fuera del bosque, en terreno plano. Pero cuando apareció y la formación amenazó con dispersarse a medida que algunos empezaban a sucumbir al pánico, Levi hizo a su caballo dar la vuelta, cabalgó hasta el objetivo, y lo aniquiló de lo más tranquilo.

Yo no había cambiado de opinión acerca de él, pero cuando lo vi en acción una vez más, súbitamente recordé que le debía la vida, por lo que decidí darle las gracias. Aunque lo despreciara, estaba genuinamente agradecida con él, y por otro lado, mis padres siempre me habían inculcado el sentido de la responsabilidad y la gratitud. Así que les dije a mis amigos que volvería enseguida y antes de que Levi retornara con su escuadrón, aceleré hasta llegar junto a él.

– ¿Qué quieres, mocosa? – preguntó Levi en su habitual tono frío cuando notó mi presencia y aminoró la marcha para escucharme. Evidentemente, tampoco iba a ser muy cálido en este asunto.

– Bueno, sólo quería darte las gracias por salvarme – nos permitían tutear a nuestros superiores, varios incluso lo preferían así. Lo dije cortésmente, pero sin mucha simpatía, sólo el debido agradecimiento.

– Eres un soldado y yo estaba lo suficientemente cerca como para salvarte. Sólo era mi deber. Y no me gustan las muertes sin sentido – dijo casi sin mirarme a la cara. Hizo una pausa –. ¿Cómo te llamas?

– Kayla Nakamura – respondí, sin saber por qué quería saber mi nombre.

– Eres una idiota suicida, Kayla Nakamura.

Eso sí que me enfureció.

– ¿Qué? ¿Por qué? – exclamé cuando recuperé el habla.

– Porque, siendo una novata, pensaste que podías vencer a dos titanes tú sola y no te molestaste en avisar a los demás para pedir ayuda. Eso es lo que yo llamo suicida.

– No sabía que eran dos – contesté con los dientes apretados, tratando de calmar mi ira –. Olvidé que los titanes como ése no suelen andar solos. Nunca tuve la intención de enfrentarme a dos al mismo tiempo.

– Imagino que olvidaste ese importante detalle porque querías lucirte, enseñar tus habilidades. En mi humilde opinión, lucirse es sólo una forma tonta de obtener gloria. El entusiasmo puede ser bueno, pero también puede hacerte descuidar tu vida. Sigue así y muy pronto acabarás devorada, porque yo no siempre puedo estar allí para proteger a mis subordinados. Ni yo ni nadie. Si fuera así, tendríamos muchas menos bajas. No puedes esperar tener tanta suerte la próxima vez. Lo que nos devuelve a mi punto original: eres una idiota suicida.

Por un instante, simplemente no pude reaccionar. Jamás había sentido tanta rabia, humillación e indignación juntas. De niña solía pelearme con quienes se burlaban de mis sueños de libertad (que eran muchos, entre ellos mis hermanos). A menudo, después de eso, tenía que salir corriendo y no regresar hasta después de varias horas; así, cuando apareciera, mis padres se sentirían tan aliviados de que estuviera bien que no se molestarían conmigo, o al menos no tanto. Por eso – y por la caza, principal actividad de Dauper, a la que yo siempre fui muy aficionada – adquirí destreza en combate cuerpo a cuerpo, defensa personal, tiro con arco (mi arma predilecta aparte del Equipo de Maniobras Tridimensionales), equitación, fuerza, velocidad y resistencia física. Y si eso no funcionaba, mi ingenio, sagacidad y audacia (herencia de mi padre) eran también una buena técnica para que me dejaran en paz. Pero aquí no podía hacer lo mismo, porque Levi no sólo era mi superior, sino porque era innegablemente más fuerte y habilidoso debido a su experiencia.

Aun así, tenía toda la intención de defenderme, como lo había hecho toda mi vida. Así que decidí ponerme a la altura de mi adversario.

– Entonces, dime – dije intentando imitar su frialdad, aunque no tan bien –, si soy una idiota suicida, ¿eso en qué te convierte a ti, si no en un presumido? ¿Por qué fuiste tras el titán que me atacó? Es obvio que yo soy sólo eso para ti, una más entre decenas, así que intuyo que tú también querías lucirte, lo cual resulta hipócrita. Quizá eres mejor que yo para pelear y quizá moriré sin ser recordada por muchos, al contrario de ti, pero eso no te hace mejor persona, ¿sabes? Yo me enlisté para conocer el mundo exterior y honrar el recuerdo de mi padre. A lo mejor tú lo conocías. Se llamaba Brandon Nakamura. Llegó al rango de líder de equipo en la Legión de Reconocimiento, antes de morir en una misión hace ocho años. Ésa fue mi razón para entrar al ejército. ¿Por qué tú lo hiciste?

Levi arqueó ligeramente una ceja – un enorme gesto para él – y replicó:

– Desde mi punto de vista, un presumido es quien subestima a sus adversarios, cosa que tú hiciste cuando intentaste derrotar a un titán tú sola, lo que te hace a ti la hipócrita. No negaré que tienes alma de guerrera, Kayla Nakamura, pero admiraría tu iniciativa si no fuera porque probablemente te matará si no aprendes a ser prudente.

– ¿Y lo que tú comentaste en tu discurso de "bienvenida"? – Ahora apenas lograba ocultar mi rabia –. Hace unas horas, destrozaste la moral de mis compañeros, de los cuales ahora tantos están muertos. Dijiste que ni siquiera tú eres totalmente invulnerable. ¿Por qué lo dijiste, si no como otra forma de jactarte?

– Porque no lo soy, mocosa estúpida. No hace falta ser un genio para estar perfectamente consciente de que ningún humano es inmune a los titanes. Por otro lado, en esas ocasiones que mencionas, sólo estaba diciendo la verdad, y lo sabes. Era mejor abrirles los ojos de una vez, aunque sea dura, que dejarlos vivir en la mentira de que serán recordados como héroes y que en sus últimos momentos, se decepcionen terriblemente cuando se den cuenta de la cruda realidad.

– ¡Ellos ya lo son, y yo nunca los olvidaré! – grité, sin poder contenerme por más tiempo –. ¡Todos los que cayeron…!

– No te molestes en explicármelo, oí esa arenga tuya que declaraste ante tus compañeros novatos antes de avistar al primer titán – Levi me interrumpió fría pero firmemente –. Y como dije hace unos momentos, si sigues igual que hoy, tu confianza acabará matándote. A lo mejor tus palabras alentadoras les sirvieron de algo a tu grupo en cuestión de iniciativa; sin embargo, las palabras no pueden evitar muertes. Tienes espíritu y determinación, Kayla Nakamura, pero también eres temeraria e impulsiva, lo que te puede costar la vida o las de otros. Si quieres ser comida de titán, adelante; pero no arriesgues a nadie más.

Dicho esto, apresuró el paso de su caballo y volvió con su escuadrón, dejándome atrás, sola con mi ira, mi humillación y mi orgullo herido.

– ¡No contestaste todas mis preguntas! – grité como último recurso, pero sabía que ya había perdido. De modo que no me quedó más remedio que tragarme la rabia, el orgullo y las lágrimas y volver con mis amigos, quienes supieron de inmediato que no estaba de humor para explicarlo y no preguntaron nada. El resto del camino de regreso al muro, estuve maldiciendo sin parar al mejor soldado de la humanidad para mis adentros mientras lo miraba con odio, pero él no se daba cuenta. Aunque de alguna manera yo intuía que eso le hubiera dado igual.


En cuanto entramos de nuevo y las puertas se cerraron detrás de nosotros, supe que ya estábamos a salvo. Al menos de los titanes, pero no de los habitantes de la Muralla María, que se habían acercado al portón en cuanto oyeron las campanas que anunciaban las partidas y llegadas de la Legión de Reconocimiento. Ahora sentía como si hubieran pasado años desde esa misma mañana, cuando salí al mundo de afuera por primera vez.

Los civiles no nos dejaban en paz. Todo el tiempo que pasamos por delante de ellos para regresar al cuartel (como una penosa caravana) estuvieron cuchicheando – o exclamando para que todos los oyéramos – de todo, desde aclamaciones y halagos en plan arenga (muy mala, por cierto) hasta frases como "Han regresado muchos menos de los que salieron, ¿por qué no hacen más que ofrecerse como comida gratis y no logran nada?" y otras de inocentes niños para quienes éramos lo mejor de este mundo. Frases de quienes creían que matar titanes era fácil. Al igual que mis amigos, quise bajarme del caballo, golpearlos para hacerlos entrar en razón y gritarles lo duro que era en verdad y que me gustaría verlos a ellos en la misma situación. Pero no podía, así que tuve que controlarme.

Miré a mi alrededor. Vi, además de reencuentros, numerosos familiares de los caídos lamentándose y llorando ante la noticia de la muerte de sus seres queridos, hasta insultándonos. Una mujer, probablemente la madre de algún soldado fallecido, llegó a intentar golpear a Darius Baer-Varbrun, otro de los líderes de equipo, culpándolo de la muerte de su hijo.

Súbitamente me acordé de mi familia y me pregunté cómo reaccionaría si mi madre y mis hermanos estuvieran allí para recibirme. Casi me alegré de su ausencia, porque lo más probable era que no supiera qué decir y simplemente los abrazara y me echara a llorar en brazos de mi madre disculpándome sin parar. Ninguno de ellos nunca aprobó que me uniera al ejército, incluso tuve una pelea con mi madre cuando les anuncié mi decisión, en la que ella acabó jurando que no volvería a hablarme si lo hacía; aunque al final nos reconciliamos antes de que me fuera. Me dijo que se había alterado porque no quería perderme. Ella consiguió que no me enlistara hasta los 17 años, pero no disuadirme. Si en ese momento me hubiera encontrado con mi padre, a lo mejor yo hubiera sido capaz de mirarlo a los ojos y hasta hablarle de mi experiencia cercana a la muerte y mi discusión con Levi. Como los dos compartíamos el mismo sueño, siempre fui su hija favorita y me entendía mejor con él. Casi rompí en lágrimas de nuevo ante tales recuerdos.

Muchos soldados parecían furiosos por la actitud de los civiles, y otros, como Irvin, bajaban la cabeza como avergonzados. Levi y Mike eran dos de los pocos que mantenían la frente en alto, aunque este último lo lograba sólo a medias, y el primero, como siempre, no daba muestras de ningún sentimiento en absoluto. Y si algún ciudadano ignorante iba a decirle algo, tanto como un halago fuera de lugar como un regaño, él los mandaba de paseo incluso peor que a mí. Tenía – tiene – un ingenio increíble y el mayor talento para insultar que jamás he visto. Lo cual también contribuía a mi desprecio por él.

Cuando por fin llegamos al castillo, lejos de los civiles, atendieron a los heridos y los que se habían quedado en la muralla se encargaron de la cena. Samantha, Breck y yo no cenamos con el resto, ya que fuimos a cuidar a Will y comimos con él. De todas formas fue mejor, porque Levi estaría allí, y no lo quería ver por el resto del día. En cuanto di un bocado, me di cuenta de que me moría de hambre. Apenas habíamos tenido tiempo de comer durante la expedición. Devoré tres panes antes de acordarme de respirar.

Ya de noche, Will no podía dormir, de modo que Breck (su mejor amigo) se quedó cuidando de él. Samantha y yo nos fuimos a dormir después de unas horas. Ella estaba muy cansada y se durmió enseguida. Yo también estaba exhausta, pero aun así, me costó mucho conciliar el sueño por la conmoción de los sucesos de ese día. Mi último pensamiento antes de caer rendida fue "Ese presumido me las va a pagar…"


Al día siguiente, a pesar de haber dormido como un tronco, me desperté muy temprano, cuando el sol recién había empezado a alzarse. Mis amigos aún dormían, así que salí a caminar afuera y me senté en el suelo, observando el amanecer mientras reflexionaba que era afortunada en haber vivido para ver otro día, a diferencia de una buena parte del resto de la tropa de reclutas a la que pertenecía. Y todo por Levi, a quien ahora conocía personalmente y detestaba todavía más.

– ¡Oh, veo que tú también te levantaste temprano! – La voz alegre de Hanji Zoe me sobresaltó y me hizo perder el hilo de mis pensamientos, pero no me molestó. Al contrario, necesitaba compañía, y de alguien agradable como ella.

– Sí, anoche no pude dormir hasta muy tarde y aun así, hoy madrugué involuntariamente, y vine aquí. Me llamo Kayla Nakamura, por cierto – contesté estrechándole la mano –. Y tú, ¿qué haces despierta?

– Es algo que a veces me paso el día después de una expedición. Sobre todo cuando fue la primera y la última de algunos miembros recientes – Se sentó a mi lado –. A propósito… creo que conozco tu apellido. ¿Estás emparentada con Brandon Nakamura?

– Es mi padre – dije orgullosamente, complacida de que fuera recordado –. ¿Tú lo conocías?

– ¡Claro que sí! Lo recuerdo perfectamente. Por eso me resultaste familiar cuando te vi: te pareces mucho a él – Me enorgullecí aún más –. Era un soldado y un hombre extraordinario. Mencionó varias veces que estaba casado y tenía cinco hijos. Lo siento mucho por su muerte. Se sacrificó para salvar al resto de su equipo, ¿sabes? Por eso lo respeto y lo admiro.

– Yo también. Era un buen padre. Yo tenía doce años cuando murió, pero siempre lo recordaré. Me enlisté para honrar su memoria y la de mi abuelo, quien fue soldado de Reconocimiento antes que él. Mis hermanos no compartían las mismas ideas, así que en mí recayó la "tradición", por decirlo de alguna manera.

Estuvimos hablando amigablemente por un largo rato, hasta que Hanji mencionó los sucesos del día anterior.

– Tienes una voluntad admirable y lo que hiciste fue muy valiente, pero debes aprender a tener cuidado. De lo contrario, podría volverse un defecto mortal – dijo en un tono comprensivo, tan distinto al de cierto líder de escuadrón –. Aunque tu arenga estuvo sorprendente para una novata, debo admitir.

– Gracias. Levi no opinó lo mismo. Me llamó idiota suicida – Apreté los puños al recordarlo.

– Lo sé, escuché tu discusión con él. Eres increíblemente perspicaz, pero sin ánimo de ofender, no lo suficiente como para ganarle a Levi. Y créeme, eso no es nada comparado con todo lo que puede decir. Si quieres ver una buena demostración, deberías venir con nosotros la próxima vez que tengamos que lidiar con los mercaderes, esos insoportables y codiciosos burócratas que no hacen más que dificultar nuestro trabajo, argumentando que es "poco práctico" y que "causa significativas pérdidas económicas" y a quienes lo único que les importa es su propio capital. Levi siempre tiene preparados unos cuantos insultos especialmente para ellos. Eso sí es un espectáculo digno de ver.

– Vaya. Y yo creía que lo que me dijo a mí y a esos civiles ayer eran sus mejores insultos y argumentos – suspiré, intentando imaginar qué les diría a esos comerciantes. No lo logré –. Tú lo has conocido por mucho tiempo, ¿verdad?

Ella asintió.

– Llegué poco antes que Levi, y él se unió hace ocho años. ¡Claro que lo conozco! Sin alardear, creo que quienes lo conocen mejor somos Irvin, Mike y yo. Los tres ya éramos miembros cuando él fue reclutado.

– ¿Cómo lo describirías en términos de personalidad? – pregunté. Tenía que averiguar si los demás opinaban lo mismo que yo, y sobre todo, lo máximo posible sobre él; así, seguramente encontraría un punto débil en alguna parte, lo cual me permitiría ganar la siguiente discusión.

– Bueno, en una palabra, Levi es… peculiar – replicó Hanji tras varios momentos de indecisión –. Como ya has podido apreciar, su cara raras veces cambia de expresión (o mejor dicho, inexpresión), por lo que casi nunca, por no decir nunca, puedes saber qué piensa o siente. Es inteligente, analítico, estoico, ingenioso, directo, sarcástico, mordaz y de una agilidad mental extraordinaria; de ahí su talento para las discusiones y los insultos. Puede ser algo sádico y vengativo con los titanes, y los asesina a todos con fría indiferencia. Jamás sucumbe al pánico ni pierde la calma y sabe tomar decisiones bajo presión en situaciones extremas, lo que lo hace un excelente líder. Es un maniático de la limpieza, al punto que se queja de la más mínima suciedad, incluyendo la sangre de titán que le salpica durante la batalla, aunque luego se evapore, y las pocas veces en las que sonríe es cuando ve un nuevo producto de limpieza. Es bueno en todo, menos cocinando; hace unos años, en una ocasión se encargó de la cena y hasta ahora decimos que sus obras culinarias podrían matar a más titanes que todos nuestros sables y todos los cañones de las Tropas Estacionarias. Todavía consideramos seriamente la posibilidad de usarlas como arma – Se rió. Yo también –. Pero no es mala persona en absoluto. Es total e indudablemente leal a sus compañeros y a la humanidad, y trata de evitar las bajas tanto como puede. Sé que a veces parece que no tiene sentimientos, pero en verdad sí los tiene; sólo no los demuestra.

– Yo pensaba que era frío, huraño y arrogante – dije, casi sin poder dar crédito a cómo Hanji lo describía. Quizá me había equivocado acerca de él, a pesar de que todavía no lo perdonaba por lo que me había dicho.

– Frío y huraño, tal vez; arrogante, no. Uno de sus lemas preferidos es "jamás subestimes a tu enemigo". Es perfectamente consciente de que es el mejor soldado de todo el ejército, pero nunca lo he oído jactarse o hacer el menor indicio de superioridad. Sin embargo, te comprendo. Yo solía pensar más o menos lo mismo de él, aunque no llegué a ser capaz de confrontarlo como tú lo hiciste ayer – Hizo una pausa –. De hecho, creo que está interesado en ti.

Eso sí que me agarró desprevenida. Ya antes de entrar en la milicia, en mi vida algún muchacho se había fijado en mí; al contrario, yo parecía tener un don especial para ahuyentarlos, a pesar de que, como toda niña, fantaseaba con el amor verdadero. Breck y Will eran mis amigos, pero jamás pensé en ellos de ninguna otra manera, y estoy segura que ellos tampoco. Mi madre empezaba a preocuparse por casarme, aunque cuando llegué a la adolescencia, no me importaba mucho y ya había aceptado la posibilidad de que muriera soltera. De todos modos, los chicos de Dauper no me interesaban. Además, todavía tenía el corazón roto: en el entrenamiento, a los 17 años, me enamoré de otro cadete, Trevor, que resultó ser un amor no correspondido. Era la única vez que me había enamorado.

Por otro lado, jamás me consideré muy atractiva. Supongo que no soy fea (a pesar de lo que mi hermano Finn solía repetir todo el día desde su más tierna infancia), pero tampoco hermosísima: 1.60 metros (lo único en lo que era distinta de mi padre, ya que él medía 1.83), figura delgada, cabello castaño lacio, recogido en una trenza hasta media espalda, ojos castaños y facciones marcadas. Nada fuera de lo común. Aunque francamente me alegraba de no ser guapa, porque no quería que se fijaran en mí sólo por apariencia. Aparte de que según todo el mundo en mi aldea, excepto mis amigos y mi padre, yo tenía ideas ridículas y suicidas. Por no mencionar mi personalidad emocional, rebelde, testaruda e impulsiva, y el hecho de que era particularmente entusiasta de la caza y que frecuentemente me enzarzaba en peleas de todo tipo, por lo cual era considerada una chica poco femenina. No por nada me había ganado una buena reputación en Dauper para que no se metieran conmigo. En resumen, era la antítesis de una "dama" en todos los sentidos, por fuera y por dentro.

– ¿Por qué estaría interesado en mí? – conseguí decir después de varios segundos de aturdimiento.

– Como dije hace poco, al principio Levi tampoco me agradaba mucho, pero jamás pude confrontarlo como tú lo hiciste. Ni siquiera ahora. Tú eres la primera novata y la primera persona que ha sido capaz de responderle tan intrépida y sagazmente ante un insulto. A pesar de que al final perdiste, no se lo pusiste tan fácil. ¿Hizo algún gesto?

– Bueno… sí. Levantó un poco una ceja – dije, cada vez más desconcertada y confundida –. Imagino que es una enorme expresión para él.

– En efecto – replicó Hanji alegremente –. ¿Lo ves? ¡De verdad lo impresionaste!

Yo no entendía casi nada. Pero para comprender, debía averiguar más sobre él.

– Hanji, ¿tú sabes acerca del pasado de Levi? Quiero decir, ¿antes de unirse al ejército, cómo y por qué lo hizo?

La expresión de la subcomandante se tornó súbitamente seria.

– Sí – dijo cuidadosamente, como temiendo decir algo que no quería revelar –. Yo, Irvin, Mike y otros veteranos de hace al menos ocho años. Pero jamás me perdonaría si te lo digo sin su permiso. Levi no quiere que nadie a quien no conoce bien se entere de su pasado. Sin embargo, piensa en esto: muchas veces, la razón de la frialdad de una persona es porque ya experimentó suficientes emociones en su vida.

En ese momento, apareció Moblit Berner, segundo al mando del escuadrón de Hanji, quien estaba buscándola con aspecto nervioso e inquieto, y cuando la vio, desde lejos le hizo una seña para que volviera.

– Bueno, parece que tengo que irme. Moblit siempre está preocupado, por más que yo le repita todo el tiempo que debería darle un respiro a sus nervios – suspiró ella mientras se ponía de pie –. Tú también deberías volver con tus amigos. A lo mejor hablamos otro día. Me caes bien.

Se despidió y siguió a su compañero. Sólo pude decirle adiós con la mano. No lograba articular palabras, ni siquiera levantarme del suelo. Me sentía tan estúpida, incluso más que el día anterior, cuando estuve a punto de ser comida porque mi orgullo me cegó y canté victoria antes de tiempo. Nunca lo había pensado de esa manera. Me avergoncé de mí misma al darme cuenta que había concluido que Levi era frío, insensible y presumido sin siquiera conocerlo, y el sentimiento de culpabilidad y que era el ser más despreciable que hubiera pisado la Tierra (excepto los titanes, claro) me abrumó por completo.

Eventualmente, luego de varios minutos de confusión, decidí empezar desde cero con Levi. De todas formas, yo lo había prejuzgado y él me había llamado idiota suicida, así que supuse que estábamos a mano. Decidí que ya no lo detestaba.


Nota: Bueno, creo que eso es todo por ahora. Espero que se hayan entretenido tanto leyéndolo como yo mientras lo escribía. El tercer capítulo estará colgado la próxima semana, eso se los puedo prometer.

Gracias de nuevo y no dejen de dejar reviews.

Audrey-chan