DISCLAIMER: Ni Bleach, ni la historia de "The Academy", me pertenecen, todos los personajes así como la historia original son propiedad de sus creadores, Emmaline Andrews y Tite Kubo. Yo solo los utilizo sin ánimo de lucro.
Hola como andan? Aquí con un nuevo capítulo de esta historia ^^ Primero quiero agradecer a aquellos que me dejaron review ^^
Tifa19: Si, se vio un poco shaoi xDD Pero estuvo lindo no? Yo morí de ternura cuando lo leí *-* Tendrás que seguir leyendo para saber si Ichigo sospechaba o no sobre ella xD. Muchas Gracias :3
ninasifuentes: Muchas gracias yo también las extrañaba T.T También estoy recuperando de a poco lo que he perdido u.u Ese juramento tenia doble intenciones xDD Por eso estaba preocupado por si el tenia "novia" xD Ya verás lo que pasa más adelante cuando se entere de que es chica D: Saludos y gracias por comentar :3
azulaill: Para mí que eso del pacto de sangre solo son inventos de Ichigo para estar cerca de ella xDD Muchas gracias por tu review, se te aprecia :3
jailys-sama: jajajajaja si Rukia lo puso en un aprietos xD Y lo peor es que esta tan seguro de lo que está sintiendo xDD Ya verás más adelante esto xD Gracias por el review :3
Guest: Bueno que no te extrañe, siempre he actualizado los domingos o.O? Saludos.
ShioOn Misaki Ayuzawa: Lo se, me encanto el pacto de sangre y todas esas palabras :3 Ichigo fue muy lindo :3 Saludos y gracias por el review :3
Bueno, ahora si los dejo con el capitulo y abajo les dejare una noticia. Que disfruten la lectura ^^
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Capítulo 28
—¡Levántate y brilla, es hora de tu segunda lección de natación!
Gemí y traté de cubrirme la cabeza con la almohada pero Ichigo me la arrebató.
—Estamos de vacaciones —me quejé—. ¿Por qué no podemos dormir?
—Porque más tarde las olas serán demasiado altas. Vamos. —Me quitó las mantas de encima, dejándome temblando.
—Nunca pedí aprender a nadar —me quejé, levantándome al fin.
—Considéralo una ventaja. —Ichigo me alborotó el pelo corto, y luego me abrazó por los hombros.
—¿Qué estás haciendo? —pregunté, incómoda y emocionada cuando se acercó a mí, su aliento caliente contra el costado de mi cuello.
—Examinar la perforación. —Me tocó la oreja ligeramente, trazando la curva con sus dedos. La tierna caricia envió escalofríos por mi espina dorsal.
—¿Cómo... cómo se ve? —le pregunté, mi corazón latía con fuerza.
Se encogió de hombros y sonrió.
—Tiene buena pinta. No está mal para un trabajo a la mitad de la noche — Entonces, para mi sorpresa, me dio un beso rápido en la mejilla antes de enderezarse.
—¿Ichigo? —Miré hacia él, confundida. Mis dedos se deslizaron hasta tocar el lugar donde sentía el hormigueo de sus labios rozando mi piel.
—Se suele saludar a tu hermano de juramento con un beso —explicó bruscamente, volviéndose un poco rojo—. Es la tradición.
—¿Lo es? ¿Puedo... quiero decir, se supone que debo besarte también? —le pregunté, mi corazón martillando contra mis costillas.
Se encogió de hombros, aparentemente despreocupado, pero sus ojos brillaban.
—Si quieres.
—Sí —susurré. Vacilante, di un paso hacia adelante y extendí las manos para ponerlas sobre sus hombros. Era tan alto que tuve que ponerme de puntillas, pero me las arreglé igual.
Ichigo se quedó absolutamente inmóvil, sus ojos de color miel con una emoción que no podía leer, mientras me acercaba. Tuve el impulso terrible y muy poco femenino de darle un beso en la boca en vez de en la mejilla. Su olor picante, masculino, llenó mis sentidos y sus labios se veían tan cálidos y me invitaban tan deliciosamente que estuve a punto de sucumbir. En el último momento, sin embargo, el sentido común intervino y le di un beso suave y casto en la mejilla, cerca de la comisura de los labios.
Echándome hacia atrás, lo miré a los ojos.
—Buenos días, Ichigo —dije en voz baja, aunque mi pulso se aceleraba. Rozó mi mejilla caliente con el dorso de su mano y su toque envió una lluvia de chispas corriendo por mis venas.
—Buenas, Ruki —murmuró.
Nuestros ojos se encontraron y se mantuvieron y sentí algo entre nosotros, ¿Era realmente sólo afecto fraternal? Sabía que nunca había sentido así por mi propio hermano, pero Ichigo había dicho que el juramento de los lazos de hermandad superaba y sobrepasaba cualquier otra relación.
No estoy segura de lo que podría haber sucedido si la madre de Ichigo no hubiera elegido ese momento para tocar la puerta.
—¡Chicos! —tarareó ella—. Desayuno en cinco minutos ¿de acuerdo?
Ichigo dio un salto y miró hacia la puerta con aire de culpabilidad, como si se preguntara si su madre pudiera ver a través del panel de madera.
—Ya voy, mamá —gritó.
El momento extraño entre nosotros se había roto y no estaba segura de si estaba arrepentida de ello o no. Por un lado, estar tan cerca de Ichigo era peligroso, cuanto más nos acercábamos, más probable era que descubriera mi secreto. Por otro lado, su cercanía era como una droga para mí, de la que no podía conseguir suficiente. Sólo estar cerca de él hacía que mi corazón se acelerara y mi boca se secara. Y cuando me besó y me dejó darle un beso... Las sensaciones eran diferentes a cualquier cosa que hubiera experimentado antes. Quería más de esa euforia dulce, a pesar de que sabía que era peligroso.
oOo
El desayuno era unas galletas que la madre de Ichigo había horneado muy amablemente para nosotros. Ichigo la cubrió en almíbar dulce y pegajoso, pero yo preferí difundir mermelada púrpura oscura de hunnamora* en la mía. Fue un cambio delicioso de la triste comida de la cafetería que nos daban en la Academia y se lo dije a su madre con tanto entusiasmo.
—Estoy tan contenta de que te guste, querido. —Ella sonrió y vi sus ojos observar y mantenerse brevemente en el perno de plata y ónix en mi oreja derecha recientemente agujereada. Su sonrisa vaciló un poco, pero no dijo nada y volvió a hacer más galletas en el extraño dispositivo de dos caras que llamaba «Hierro».
Me llevé la mano a la oreja de forma automática y miré a Ichigo, pero él estaba concentrado en su desayuno. No podía decir si había visto la mirada preocupada de su madre o no. Intranquila, me concentré de nuevo en mi propio desayuno, aunque la mermelada de hunnamora ahora parecía empalagosa y dulce también en mi lengua.
¿Cómo se sentiría si su madre supiera lo que había estado ocurriendo entre Ichigo y yo?
Y para el caso, ¿lo que había estado sucediendo entre nosotros? ¿Había más que el juramento de hermanos de sangre? ¿Un profundo vínculo más íntimo que todavía tenía que explorar? La idea me hizo temblar de anticipación temerosa. ¿Cómo sería el resto de mi estancia entre Ichigo y su familia?
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Me olvidé de mis preocupaciones en el momento en que entramos al océano y las inquietas olas frescas me hicieron cosquillas en las piernas. El sol se levantaba sobre el mar azul, era un espectáculo deslumbrante y la enorme sombra de las nubes ahora en el cielo por encima de nosotros sólo añadía más a su gloria.
—Vamos, enano —dijo Ichigo, tirando de mi codo—. Puedes admirar la vista más tarde. Ahora mismo tenemos que trabajar en tu natación.
—Está bien. —De mala gana, dejé que me llevara más profundamente en las olas hasta que el agua casi me llegaba hasta la barbilla. Me estremecí hasta que finalmente me acostumbré a la temperatura más fría y después me encontré bien, bueno, lo bien que podía teniendo en cuenta que debía aferrarme al brazo de Ichigo, para que las olas no me llevaran.
Trabajamos en el flote para empezar, y luego Ichigo me indujo a meter la cabeza bajo el agua. Sólo un poco al principio, pero cuando me explicó cómo hacer burbujas a través de mi nariz, empecé a tomar el ritmo. Siempre y cuando sintiera sus fuertes manos en mi cuerpo, sabía que estaba a salvo y empecé a ser más valiente y más animosa. Al cabo de una hora, estaba nadando unas pocas brazadas, con Ichigo todavía sosteniéndome ligeramente por la cintura. Estaba emocionada y entusiasmada por el progreso que había hecho e Ichigo obviamente sentía lo mismo.
—Lo estás haciendo muy bien —dijo con aprobación, cuando aparecí por encima de las olas y sacudí mi cabeza para sacar el agua de los oídos—. Sigue así y harás las pruebas para el equipo de natación cuando volvamos para el semestre de primavera.
—Oh, no lo creo, Ichigo —dije, pensando en la ropa diminuta, que el escaso equipo de natación llevaba—. No hay manera de que pueda avanzar tanto. Pero es agradable que lo digas.
—Sigue trabajando en ello —dijo—. Vamos a nadar todos los días, por la mañana y por la tarde, te vas a sorprender de tus progresos. —Él miró hacia el cielo—. Sin embargo, parece que es el momento de salir por ahora. Las olas grandes vendrán pronto.
—¿Olas grandes? —le pregunté, mientras tomaba mi muñeca y me llevaba hacia la orilla.
—Olas realmente grandes, las mareas aquí son extremas debido a la atracción que ejerce la Luna sobre la tierra. Incluso los nadadores experimentados evitan salir durante las olas y aún eres un principiante.
—Está bien —le dije, accediendo a su conocimiento superior. De todos modos, estaba cansada de la larga lección y contenta por la oportunidad de descansar.
—Te llevaré de vuelta a la ciudad —dijo Ichigo a medida que nos secábamos y envolvíamos las toallas alrededor de nuestras cinturas—. Hay un montón de cosas turísticas para hacer, tiendas y monumentos y el acuario... —Él levantó una ceja—. ¿Te parece bien?
—Suena maravilloso. —Le sonreí. Honestamente, habría estado feliz de hacer cualquier cosa con él. Si hubiera sugerido que nos sentáramos y viéramos la pintura secarse lo habría consentido con entusiasmo.
—Fantástico. —Sonrió Ichigo de vuelta—. Vamos a ir a cambiarnos de ropa y conseguir un taxi. —Casualmente, él tomó mi mano, entrelazando nuestros dedos.
Mi corazón casi se detuvo en mi pecho. Nunca había sujetado mi mano antes y esta no era la forma en la que agarrabas a tu amigo o hermano, tampoco. Era la manera en la que los amantes se agarraban, por lo menos en otros lados.
—¿Ichigo? —le dije con incertidumbre, mirando los dedos entrelazados.
—Está bien —dijo casualmente—. Somos hermanos ahora, ¿recuerdas?
—Uh, seguro. —Asentí e Ichigo frunció el ceño.
—A no ser que te moleste. ¿Lo hace?
—No, no, por supuesto que no —dije apresuradamente. Apreté la mano—. Yo... me gusta —confesé tímidamente.
Ichigo devolvió la presión de mis dedos.
—A mí también —murmuró. Una mirada de preocupación revoloteaba por su cara y se fue tan rápido que me pregunté si lo había imaginado—. Vamos — dijo—. Te voy a llevar a mi lugar favorito para el almuerzo.
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Pensé más tarde que era el día más perfecto que podía recordar. Según lo prometido, Ichigo me llevó a la pintoresca ciudad costera de Sestri Levante, nos comimos un plato de marisco suculento para el almuerzo que era tan agrio y rico. La cena fue otra de las comidas de su madre hechas en casa, un plato vegetariano tan delicioso que anhelaba pedir la receta. Pero aunque ella había insistido en enseñar a sus hijos a cocinar, tenía miedo de si preguntar me haría parecer demasiado femenina. Me mordí la lengua y prometí que se la pediría a Ichigo más tarde.
Justo cuando estábamos terminando el postre, una fruta dulce cocinada en una concha de hojaldre, hubo un choque de rayos y truenos fuera y las luces de repente se apagaron.
—¡Oh! —jadeé.
El padre de Ichigo maldijo en la oscuridad.
—¡Malditas tormentas! Aparecen cuando menos te lo esperas.
—Está bien —murmuró Ichigo, buscando mi mano debajo de la mesa—. Sucede todo el tiempo.
Me apretó la mano con fuerza.
—¿En serio?
—Por supuesto. —Casi podía oír la risa en su voz—. No te preocupes, enano, no voy a dejar que los monstruos te atrapen.
Me reí débilmente.
—Muy gracioso. —No es que yo tuviera miedo de la oscuridad, era sólo que nunca ha pasado un corte repentino de energía antes. El tiempo en Japon era tan serio y tranquilo, como la sociedad. De hecho, algunos decían que no había tiempo, sólo un perpetuo estado de calma.
—No importa —dijo la madre de Ichigo reconfortante. La oí trajinar en la penumbra de la habitación y de repente un cálido resplandor pequeño, cobró vida. Me sorprendí al ver que tenía en la mano una vela con un verdadero fuego, buscando un poco mas con la vela encontró un foco de mano para alumbrar un poco todavía más.
—Mamá siempre tiene velas y focos cerca —dijo Ichigo, obviamente, al ver mi mirada de sorpresa—. Uno nunca puede saber cuándo empezará una tormenta por aquí.
—Una fría, podría apostar. Sólo escucha el viento. —La madre de Ichigo sacudió la cabeza por el aullante gemido de fuera de las ventanas. Frunció el ceño—. Será mejor que ustedes, muchachos, tomen un edredón. No quiero que se congelen esta noche.
—Gracias, mamá, pero puedo conseguir uno de los armario de la ropa —dijo Ichigo. Me apretó los dedos debajo de la mesa una vez más y luego soltó a regañadientes—. ¿Podemos tener una vela?
—Por supuesto. —Encendió otra vela blanca tan larga como la primera, la colocó en un soporte y se la entregó a Ichigo. Entonces ella encendió otra y me la dio a mí—. Tengan cuidado con ellas y asegúrense de apagarlas antes de ir a dormir.
Ichigo puso los ojos en blanco.
—Sí, mamá.
—Está bien. —Ella medio suspiró, medio rió—. Ya sé que eres un hombre adulto, o casi adulto, y te he permitido tener una vela en tu habitación desde que tenías diez. Pero todavía tengo que decírtelo.
—Por supuesto que sí. —Ichigo se levantó y le besó en la mejilla afectuosamente—. Buenas noches papá —le dijo a su padre, que había vuelto a su postre.
—Buenas noches, hijo —murmuró el señor Kurosaki. El viento aulló de nuevo y él negó con la cabeza—. En momentos como estos me alegro de haber construido en la subida de la montaña en lugar en la punta. Fue un dolor en el trasero hacerlo, pero al menos no tienes que preocuparte de que el temporal arranque la casa.
—Bueno, esa fue mi idea —dijo la madre de Ichigo, volviendo a sentarse con una sonrisa.
—No fue —dijo el Sr. Kurosaki indignado—. ¿Por qué? recuerdo claramente...
Ichigo y yo dejamos a sus padres discutiendo con buen humor y nos dirigimos a su habitación. Por mutuo consentimiento tácito nos íbamos a la cama temprano.
Sin energía, no podríamos ver un video o jugar a cualquiera de sus juegos de ordenador. Y, además, el largo día nos había agotado a los dos.
Fui a cambiarme y para mi sorpresa, cuando volví la temperatura en la habitación de Ichigo parecía haber bajado diez grados.
—¡Brrr! —me quejé mientras me metía en la cama junto a él y puse mi vela en la mesita de noche a mi lado—. Tu madre tenía razón, ¡está haciendo mucho frío!
—Sí, ese es el clima loco que tenemos por aquí. —Sonaba completamente imperturbable mientras apagaba su vela y se acurrucaba bajo la manta azul gruesa que había puesto en la cama—. ¿Crees que mañana hará el suficiente calor como para bañarnos?
—No, yo no lo haría. —Me acurruqué a su lado, deseando poder estar más cerca de su calor. Su grande, cuerpo musculoso parecía desprender calor como un horno.
—Sí, pero lo harás. Eso es lo que decimos sobre el clima aquí en el Italia, si no te gusta sólo tienes que esperar un minuto y cambiará. —Asintió con la cabeza hacia la vela—. Oye, no te olvides de apagarla.
—Oh, está bien. —Me senté en la cama el tiempo suficiente para soplar la vela, y luego volví a acurrucarme debajo de las mantas, mis dientes castañeteaban.
—Oye, tienes mucho frío, ¿verdad? —En la oscuridad, la voz de Ichigo sonó preocupada.
—Voy a calentarme en un minuto... Eso espero. —Estaba enterrada profundamente bajo las sábanas, tratando de encontrar alguna calidez.
De repente sentí la mano de Ichigo sobre mi brazo.
—Ven aquí —dijo, tirando de mí hacia él.
—¿Qué... qué estás haciendo? —le pregunté sin aliento mientras pasaba un brazo alrededor de mí y apoyaba mi cabeza sobre su pecho.
—Calentándote —dijo razonablemente—. No te preocupes, Kuchiki. No es como si estuviera tratando de meterte mano o algo así.
—No pensé que lo estuvieras haciendo —protesté con rigidez—. Sólo pensé... Yo no estaba seguro...
—Hermanos, ¿recuerdas? —Me recordó, como había hecho cuando tomó mi mano y entrelazó los dedos esa tarde.
—Oh. Por supuesto. —Poco a poco, me permití relajarme contra él. Me alegró que la camisa que había elegido para dormir fuera gruesa, con suerte lo suficientemente gruesa como para ocultar el hecho de que mis pechos no consolidados estaban presionando contra su costado. Ichigo no hizo ningún comentario, por lo que supuse que estaba a salvo.
Estar tan cerca de él, con nuestros cuerpos apretados de una manera tan íntima, me sentía increíblemente tabú y asombrosamente completa. Podía sentir partes de mí de las que apenas me había dado cuenta antes hormiguear y encenderse. Aspiré profundamente, disfrutando del delicioso aroma masculino, sintiendo el calor de su cuerpo grande contra el mío, calentándome de dentro a fuera.
Mal, esto está mal, susurró la parte de mi cerebro que aún persistía en Japón. Si alguien se enterara...
Nadie va a enterarse, me dije rápidamente. Nadie tiene que saberlo a parte de Ichigo y yo. Es nuestro secreto. Y además, no es como si estuviera haciendo nada malo. Sólo me está calentando por unos pocos minutos y luego volveré a mi lado de la cama.
—¿Ruki? —La voz profunda de Ichigo interrumpió mis pensamientos.
—¿Sí? —Miré hacia arriba. La habitación estaba casi a oscuras, pero había un poco de luz que venía de la ventana salpicada de lluvia. Apenas podía ver el brillo de sus ojos mientras me miraba.
—Yo sólo... quería decirte... no, necesitaba decirte…
Hizo una pausa durante tanto tiempo que tuve que preguntar:
—¿Qué?
Ichigo lanzó un profundo suspiro que pareció sacudirnos.
—Nada —dijo finalmente—. Sólo quería decir que lo he pasado muy bien contigo.
—Tuve un buen momento también —dije en voz baja—. Pero, Ichigo... —Me mordí el labio—. ¿Eso era lo que realmente querías decir? —No sé de dónde saqué el valor para preguntarle algo tan importante, simplemente salió. Mi corazón latía con paso inseguro en mi pecho mientras esperaba su respuesta.
Se movió, su ancho pecho moviéndose bajo mi mejilla.
—Eso es todo lo que puedo decir. Por ahora, de todos modos.
—¿Por ahora? —repetí, completamente confundida.
—Sí. —Se aclaró la garganta—. Todavía no...
—¿No qué? —pregunté de nuevo cuando se detuvo.
—Todavía no me conoces. Al verdadero yo. —Sonaba problemático—. Y no puedo decir... lo que quiero decir, hasta que lo hagas.
—No lo entiendo —dije—. ¿Qué es lo que necesitas que yo sepa? ¿Y cómo puedo saberlo si no me los dices?
—Esta noche no. —Escuché su susurro mientras negaba con la cabeza contra la almohada—. Te lo diré, lo prometo. Pero no ahora. Hoy ha sido demasiado perfecto para echarlo a perder.
Me moría de curiosidad, pero tenía que admitir que tenía razón. Había sido el más maravilloso, el día más feliz que yo pudiera recordar. No quería que nada lo arruinase.
—Está bien —dije al fin—. Pero no creo que puedas decirme algo que me hiciera… cambiar mi opinión sobre ti, Ichigo.
—Yo no estaría tan seguro de eso —dijo sombríamente, y volvió a suspirar. Luego me tiró más cerca y parecía hacer un esfuerzo por deshacerse de su mal humor—. Vamos a relajarnos y escuchar el viento soplar. Me encanta el sonido de una tormenta afuera cuando estoy a salvo y caliente en el interior con alguien que... —Se aclaró la garganta—. Alguien que me importa.
Sentí que se me calentaban las mejillas con un rubor agradable.
—Me gusta también. Esto es bueno... acogedor. Y es agradable poder estar cerca... ahora que somos hermanos de juramento —añadí apresuradamente, no quería que me malinterprete.
Se movió.
—Uh, sí. Es agradable. —Se aclaró la garganta—. Bueno... buenas noches, Ruki. —Tomé sus palabras como una señal de que debía volver a mi propio lado de la cama. Pero cuando empecé a moverme lejos, Ichigo se aferró a mí—. Oye, ¿a dónde vas? —exigió—. ¿Estás teniendo demasiado calor?
—No, todavía tengo frío —admití—. Pero pensé, no sé, que tal vez te has cansado de mí. Que querías que me fuera.
—No estoy cansado de ti, enano. —Él me instaló más firmemente contra él y sus dedos cardaron suavemente por el pelo—. No tienes que ir si no quieres. Podemos dormir así toda la noche... si quieres.
—Eso sería perfecto —le dije. Mi culpabilidad sobre dormir de una manera tan intima con un hombre que no fuera mi prometido se había ido. Desapareció mi temor de que alguien de Japón supiera sobre mis indiscreciones. Todo lo que quedó fue el placentero contacto de Ichigo, la sensación de su cuerpo apretado contra el mío y el conocimiento que él quería que me quedara con él, para tocarle toda la noche—. Perfecto —repetí en voz baja.
—Yo también lo creo. —Ichigo sonaba como si estuviera sonriendo. Luego bostezó—. Vamos a dormir un poco.
—Está bien. —Cerré los ojos y me relajé. Podía oír el aullido furioso de la tempestad en el exterior, pero el profundo y tranquilo tamborileo del corazón de Ichigo latiendo lo ahogaba. Saboreando la maravillosa sensación ilícita de estar en sus brazos, por fin me quedé dormida.
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*Hunna-mora: En inglés —hunna berry—, supongo que como una especie de zarzamora (Blackberry).
Que tal el capitulo eh? Cada vez estos se están demostrando más de lo que siente eh? A pesar de que Ichigo piensa que ella es chica xD Y cual será ese "verdadero yo" del cual Ichigo habla? Ufff algunos secretos de parte no solo de Rukia, al parecer Ichigo guarda algo también y tendrán que esperar hasta el próximo capitulo bwajajajajajaja *rio malvadamente* Ok ya ._.
Bueno, la noticia que quería darles es que no estoy segura de poder actualizar el capítulo el próximo domingo :/ Mi tía se está por mudar el próximo finde (desgraciadamente para mi cumpleaños T.T) Y yo tengo que ayudarla, así que no creo que me vaya a dar tiempo :/ Así que creo que o actualizare el viernes 14 o el lunes 17, así que estén muy pendientes de esto por favor tomen NOTA!
Bueno, eso quería decirles. Espero pasen un buen domingo y tengan un feliz inicio de semana ^^ Nos leemos luego, cuídense. Jane!
