Disclaimer: Hajime Isayama, este manga/anime no me pertenece, bla bla bla.
Bien, tengo que reconocer que el capítulo de esta semana es muy cortito comparado con los anteriores, porque mi instinto de escritora me gritaba que tenía que cortarlo ahí. Pero les prometo que lo compensaré colgando el siguiente (que será mucho más largo) en menos de una semana; además, éste contiene el flashback que se quedó pendiente la última vez y que espero les guste tanto como a mí.
Vulnerable
Capítulo 5
Era mi primer día en la Tropa de Reclutas Nº 98, con 17 años de edad y sólo 3 amigos. Esperaba hacer algunos más (lo cual en efecto logré, como lo podían demostrar Maia, Bess, Hazel, Terry, Rover, Judson, Molly, Jesse y Rowan, entre otros), pues allí había gente que probablemente compartían mis ideas, o al menos me dejarían en paz. Estábamos alineados como en el auténtico ejército, mientras el instructor – un tipo alto, musculoso y de cara avinagrada apellidado Dremain – se paseaba entre nosotros, gritándole toda clase de cosas a todo el mundo uno por uno; según nos explicaron después, eso era cosa de todos los años, con el propósito de hacernos dejar atrás nuestra antigua vida y empezar de nuevo como soldados.
La mayoría estaban completamente aterrorizados, algunos incluso rompían a llorar ante la presión. Para mí, no era tan diferente a mi vida anterior. Sin embargo, estaba un poco preocupada, porque cuando alguien me decía algo así, nunca me quedaba callada; y si no me controlaba aquí, probablemente me expulsarían. Recé para que simplemente me ignorara, como a los pocos quienes se veían duros y curtidos, pero con la suerte que tenía, Dremain se plantó delante de mí.
Lo miré directamente a sus pequeños ojos de color marrón opaco. Había sucedido. Ahora tenía que plantarle cara; de ser posible, con dignidad y sin descaro.
– ¿Y tú quién eres, mocosa? – Su vozarrón retumbó en mis oídos. Fue difícil no encogerme o mostrar temor, pero lo conseguí y contesté sin que me temblara la voz:
– Me llamo Kayla Nakamura, señor. No mocosa.
– ¿Nakamura, eh? Me suena familiar.
– Soy hija de Brandon Nakamura. Probablemente usted lo conocía.
– Sí, y tú me recuerdas mucho a él, en el mal sentido. ¿Por qué decidiste unirte al ejército? ¿Para matarte y ver a tu padre de nuevo?
Golpe bajo. Este tipo realmente comenzaba a enojarme. Ahora apenas podía contener mi enojo para evitar responderle como usualmente hacía y ser expulsada.
– Al contrario, señor. Sé que mi padre quiere que viva, y no voy a darle el disgusto de morir tan joven. Quiero unirme a la Legión de Reconocimiento para honrar su recuerdo y ver el mundo.
– ¡Ja! – Esa simple palabra se sintió como una cuchillada –. ¡Debes estar bromeando! Se nota que eres tonta y débil. Dudo que llegues siquiera a graduarte.
Todo mi miedo se esfumó en ese momento, reemplazado por ira y determinación. No iba a permitir que Dremain me insultara a mí y a la memoria de mi padre sin más sólo porque era mi superior. Si quería amedrentarme, al menos yo no cedería. Así que repliqué, ahora con todo el atrevimiento del mundo:
– Señor, si conocía a mi padre, sabrá que era increíblemente decidido y testarudo. Y le advierto que yo soy tan o más terca que él, y no pienso rendirme hasta probar que usted se equivoca respecto a lo que acaba de decir.
Dremain pareció impactado. Era obvio que no estaba acostumbrado a que una simple cadete le contestara así, sobre todo en el primer día. Entonces me dijo:
– Por muy terca que seas, no dejas de ser una estúpida y una…
– ¿Por qué? ¿Por querer luchar por la libertad de la humanidad? ¿Eso no era a lo que usted mismo se dedicaba hace unos años? Déjeme decirle que resulta hipócrita.
El instructor ya estaba echando humo y la tensión en el resto de mis compañeros era cada vez más intensa. No me importaba. Al diablo con el protocolo, incluso con el riesgo de expulsión. Quería vengarme dejándolo sin palabras. ¿Para qué tenía agilidad mental si no la utilizaba?
– Te crees muy fuerte, ¿no? ¡Pues esa arrogancia acabará matándote, si…!
– No soy arrogante, señor. Sólo muy testaruda, como le digo. Sé que soy muy débil en comparación a los soldados experimentados. Por eso estoy aquí en primer lugar. ¿No lo pensó?
Dremain ya ni siquiera podía responderme. Y yo no me iba a detener. Añadí:
– Mire, sé que usted busca intimidarnos. Pues si le interesa saber algo de mí, crecí con cuatro hermanos y otros veinte chicos que se dedicaban a fastidiarme. Así que le aseguro que ya tengo una respuesta para cualquier cosa que quiera decirme – Y era cierto. Sus insultos no eran tan difíciles de rebatir para alguien como yo.
El instructor no pudo reaccionar por casi un minuto entero, incrédulo y furioso. Yo, por mi parte, seguía mirándolo desafiante.
– ¡Mocosa insolente! – consiguió gritarme, y me abofeteó con tanta fuerza que me tiró al suelo y me hizo sangrar los labios. Hubo una exclamación y estupor general entre el resto de cadetes.
– ¡Déjela en paz! – exclamó Breck. Dremain lo ignoró, incluso dudo que lo hubiera oído. Todos sus sentidos estaban enfocados en mí.
Sabía que no podía dar marcha atrás, y tampoco entonces iba a callarme, cuando ese sujeto se había rebajado a golpearme. Me puse de pie, lo miré de nuevo a los ojos y le dije con descaro absoluto:
– ¿Se me está permitido defenderme si mi superior me golpea?
– ¡SI TE ATREVES A SIQUIERA PENSARLO, TE EXPULSARÉ, NAKAMURA! – rugió Dremain, iracundo.
Bien. Ya me llamaba por mi nombre, o al menos por mi apellido. No pude reprimir una pequeña sonrisa ante aquel avance.
– Pues qué pena, porque mi padre decía que pegarle a alguien que no puede defenderse es cobardía – Gran final. La victoria era mía.
Estuve a punto de estallar en carcajadas en su cara. El instructor Dremain, ex líder de escuadrón y subcomandante de la Legión de Reconocimiento, quien hacía unos minutos había estado insultándonos implacablemente y con toda seguridad, silenciado por una chica provinciana de 17 años. ¿Quién lo diría?
Al final del día, Dremain me castigó mandándome a correr 15 vueltas al campo de entrenamiento, las cuales completé sin mucho esfuerzo, gracias a mi experiencia como cazadora. A pesar de que no me expulsó, desde ese día me odió como si su vida dependiera de ello, y obtuve opiniones variadas de mis compañeros. Unos llegaron a ser mis amigos, como los ya nombrados, otros me admiraban o envidiaban, algunos me detestaban o al menos no les caía bien – y por desgracia, ese grupo incluía al chico del que me enamoré, Trevor –, y el resto se mantenían neutrales. Hice unos cuantos enemigos, pero también muchos amigos.
Debo admitir que los siguientes tres años le di unos cuantos problemas al instructor. Lleno de resentimiento, intentaba por todos los medios castigarme por cualquier cosa, hasta la más ridícula, como tropezarme con la raíz de un árbol durante los retos físicos o golpear a un compañero en prácticas de combate cuerpo a cuerpo. Sin embargo, yo sabía que en ese tipo de peleas, mi propia lengua podía ser la llave de mi derrota, por lo cual me mantenía bien informada sobre todo; y apenas Dremain amenazaba con castigarme por alguna tontería así, yo contestaba:
– Si su intención es vengarse de mí, permítame decirle que sé que si considero que si estoy siendo tratada injustamente estoy en mi derecho al presentar una queja. Usted es mi superior, pero todos jugamos bajo las mismas reglas aquí. Y no hay ninguna que me impida hablar – Entonces Dremain se limitaba a mirarme con odio infinito y maldecirme entre dientes.
Cuando nos graduamos, quedé en el 2º puesto. En ese momento, Dremain se dirigió a mí, tal como en el primer día, y me dijo:
– Eres la cadete más insolente que jamás he conocido, Nakamura. De no ser por eso, que puede dificultar tu rendimiento como soldado, habrías quedado primera. Pero no te expulsé porque tu potencial está en que no te dejas intimidar. Tienes futuro.
– Gracias, señor. Eso a mí me basta – dije, honestamente agradecida. Pensé que si nos volvíamos a encontrar años más tarde, Dremain quizá me ignoraría, sería sutilmente hostil conmigo o me saludaría como a una vieja amiga y olvidaría los rencores. Ninguna era realmente mala.
– Y bueno, ése es el fin de la historia – terminé de contar. Levi parecía ligera pero sin duda alguna impresionado –. Te he dicho toda la verdad. Si no me crees, pregúntale a cualquier miembro de la Tropa de Reclutas Nº 98 – añadí.
Levi hizo una pausa antes de decir:
– No conocí a tu padre por mucho tiempo, pero se notaba que él era similar, sólo que a juzgar por tu relato, tú eres mucho más atrevida, incluso descarada.
– Eso también me lo enseñaron mis hermanos. Los cuatro se han dedicado devotamente a burlarse de mí por 20 años. Por eso tuve que aprender a pelear y a tener respuestas sagaces para todo lo que me decían para hacerme respetar; poco antes de enlistarme, podía con los cuatro al mismo tiempo yo sola. Honestamente, no me llevo muy bien con mi familia; a duras penas logro pasar unas horas en mi casa sin discutir, porque les disgusta que esté en el ejército. La última vez que los visité, acabé golpeando a Cedric. De nuevo.
– ¿Los odias? – preguntó Levi.
– ¡Claro que no! ¿Tú serías capaz de odiar a tu propio hermano? – contesté inmediata y furiosamente, sorprendida ante la pregunta y ante mi propia reacción.
– Un vínculo familiar no siempre significa amor, Kayla Nakamura. No les debes afecto sólo por ser tus parientes – señaló. Estaba comenzando a hacerme enfadar.
– Sabes, por mucho tiempo creí que los odiaba – dije, casi en tono cínico –. Odiaba haber nacido mujer y también no tener una hermana. Sin embargo, sé que me quieren a pesar de todo, y yo también. Sí, son complicados y me han hecho pasar malos ratos, pero son mis hermanos y los quiero.
– ¿Morirías por ellos?
– Sin dudarlo – respondí en tono desafiante y decidido.
– ¿Ah, sí? ¿Qué han hecho ellos por ti?
Pensé en las muchas cosas por las que mis hermanos me habían hecho pasar: Mason rompiendo mi primer arco, Jules culpándome de romper un plato que él había dejado caer, Cedric diciéndome que era una egoísta, Finn llamándome fea apenas aprendió a hablar. Los cuatro se unían contra mí sólo por ser una chica y yo les respondía de una manera similar. Sin embargo, me sorprendí al descubrir que podía pensar en muchos buenos momentos con ellos. Recordé a Mason corriendo a ayudarme cuando me rompí la pierna, a Jules y Cedric consolándome y haciéndome reír después de que Trevor me rechazara, a Finn confesándome que le gustaría ser como yo tras haber fallado en su primera cacería. Esos recuerdos me hicieron sonreír.
– En realidad han hecho mucho por mí, Levi – contesté con una sonrisa –. No son tan malos. Además, pronto seré tía. De hecho, te diré que creo que un vínculo familiar sí implica amor, porque si los viera en peligro, no vacilaría en arriesgar la vida para salvarlos. ¿Tú no harías lo mismo?
– Supongo – replicó el soldado más fuerte de la humanidad, posando su vista en la lejanía. Su rostro permanecía impasible, aunque ahora con un aire nostálgico. Me pregunté la razón.
Al mirar al cielo, caí en la cuenta de que había pasado casi dos horas allí. Mis amigos deberían de estar despertando y se preguntarían dónde estaba.
– Tengo que irme – dije, levantándome apresuradamente –. Ya es casi hora de desayunar, debería volver con mis amigos. Y asumo que tu escuadrón y el resto de los superiores también te necesitarán, ¿no?
Asintió, poniéndose de pie.
Estaba por salir, mientras Levi se iba por su propio lado, cuando sentí que tenía que decir algo.
– Levi – El tercer comandante se volteó. Me armé de valor y continué –, gracias por tu pregunta.
– ¿Cuál? – inquirió él. Tomé aliento y dije reflexivamente:
– Cuando me preguntaste si odiaba a mis hermanos, me hiciste darme cuenta de que en realidad los quiero más de lo que creía. Gracias.
Dicho esto, suspiré y me fui. No estaba mintiendo. Levi realmente me había puesto a prueba con esa pregunta. Y se lo agradecía, porque por primera vez en mucho tiempo, quería ver a mi familia.
Ese deseo se cumplió muy pronto. Sólo que no con los resultados que esperaba.
No sé ustedes, pero personalmente, ésta es una de mis partes favoritas de toda la historia. Me divertí mucho escribiéndola y espero que ustedes también lo hayan disfrutado.
P.D: Los reviews me alientan a actualizar más rápido :)
Los quiere,
Audrey-chan
