DISCLAIMER: Ni Bleach, ni la historia de "The Academy", me pertenecen, todos los personajes así como la historia original son propiedad de sus creadores, Emmaline Andrews y Tite Kubo. Yo solo los utilizo sin ánimo de lucro.
Hola a todos, que tal de fin de semana? Espero que bien, aunque ya se acabo xD Bueno primero creo que es la primera o segunda vez que actualizo muy tarde :/ Pero además de que estaba ocupada que se los explicare mejor abajo, me quede si inter :/ Y mucho no se podía hacer :/
Tambien quiero agradecer a:
ninasifuentes: Bueno en cuanto a lo que Ichigo oculta hoy se sabra que es ^^ Tambien pienso igual, como que lo sabe, como que no, como que tiene idea pero no quiere salir de su burbuja xD Mas adelante sabras lo que el pensaba en ese momento ^^ Gracias por comentar ^^
Guest1: Muchas gracias, trato de hacer lo mejor para que se les haga fácil al leerlo ^^ Saludos
Annie3: Que carajos, te cambiaste de nombre? o.O Bueno aquí está el capitulo y gracias por esperar, ojala te guste ^^
Guest2: etto Hola (? o.O
jailys-sama: Yo creo que tiene sus sospechas pero aun no está del todo seguro xD
Guest3: WOW Es todo un halago con que me compares con "ámame sensei" n/n En serio si mi fic es tan bueno como dices, creo que es el mejor regalo de cumpleaños que me han dado TT-TT Gracias xD mmm cómprate el libro te lo recomiendo mucho y no dejaras de soñar con el prota del libro, él es tan lindo *-*
Anne grandchester Andrew: Oh muchas gracias, como lo eh dicho muchas veces nunca pensé en que este fic gustaría a la gente, tal vez porque el sumary no llamaba mucho la atención, pero cuando te adentras en el fic no quieres dejar de leerlo, saludos y gracias por leerme :3
1: etto (no tengo idea del porque no me sale tu nombre completo :/) Pero, si eres la Yura Afrody que conozco del fb (? Te mandare un imbox con los datos del libro ^^ Ah si~ y deja de spoilear a los demás xDD Saludos y gracias por leerme :3
Ahora si, los dejo con el capitulo ^^ Espero disfruten de la lectura y nos leemos abajo ^^
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Capítulo 29
El resto de mi estancia fue mágica para mí. Ichigo realmente parecía disfrutar de mostrarme su ciudad y yo era feliz con sólo estar en su compañía. Ahora que éramos hermanos de juramento la barrera invisible que parecía existir entre nosotros, entre dos hombres, supuse, se hizo añicos. Ichigo me tomaba la mano a menudo, aunque nunca en presencia de sus padres, y yo dormía en sus brazos cada noche. No hubo más tormentas, pero ya no necesitamos excusas. Cuando ambos nos deslizábamos bajo las sábanas, él me acercaba hacia él y yo ponía mi cabeza en su pecho, llena de felicidad de estar lo más cerca posible de él sin revelarle mi secreto.
Por las mañanas nos saludábamos con besos cada vez más persistentes. No era lo suficientemente valiente más que para besarle en la mejilla, pero una vez volvió la cabeza demasiado rápido y mis labios se encontraron brevemente con los suyos. Me aparté de inmediato, roja, pero a Ichigo no pareció importarle. Sólo sonrió y me besó de nuevo, un suave beso en la comisura de mi boca que aceleró mi corazón. Íbamos a dar largos paseos por la arena plateada y muchas veces cuando estábamos cansados, nos sentábamos e Ichigo utilizaba mi regazo como almohada.
La primera vez que hizo esto, no estaba segura de qué hacer. Pero su pelo anaranjado se veía tan suave y acogedor, que no pude resistir pasar mis dedos a través de él. Ichigo parecía disfrutar de mi tacto tanto como a mí me gustaba tocarlo, y pronto se convirtió en un hábito regular entre nosotros.
No había dicho nada más sobre sus palabras crípticas de la noche de la tormenta y no le presioné aunque mi curiosidad me molestaba como una picadura que deseas rascarte. No fue hasta el último día de las vacaciones de invierno que volvió a nuestra conversación anterior.
Estábamos sentados en la parte más alta de la playa mirando las olas grandes ir y venir e Ichigo tenía la cabeza en mi regazo, como siempre. También, como de costumbre, estaba jugando con su pelo, peinando mis dedos a través de los filamentos gruesos y naranjas y disfrutando de los sonidos suaves y profundos de placer que hacía cuando lo tocaba. Me hizo sentir poderosa y hermosa tener al divino Ichigo tan feliz y vulnerable en mis manos.
Ichigo giró su cabeza en mi regazo y me sonrió mientras acariciaba el pelo.
—Mmm... Se siente bien.
—¿Sí? —Envalentonada, repetí la caricia. Me encantaba tocarlo y ahora que me estaba invitando a hacerlo, no me pude resistir.
—Mmm. —Suspiró satisfecho, con los ojos cerrados mientras disfrutaba de la luz del sol—. Nunca pensé que podía sentirme tan feliz otra vez, ¿sabes?
—¿Quieres decir... después de que tu hermano...? —Dejé la oración suelta.
Aunque Ichigo mencionara a Hanatarō a menudo, aún tenía que revelar detalles de su muerte.
—Sí, después de eso. —Abrió los ojos por un momento y dirigió la mirada hacia mí—. ¿Puedo decirte algo, Ruki? ¿Algo que nunca he contado a nadie antes?
Mi corazón comenzó a golpear.
—Sí. Sí, por supuesto —me las arreglé para responder.
—Se trata de Hanatarō —dijo.
Mi pulso se redujo considerablemente, pero la curiosidad cosquilleó por mis venas. Estaba tan feliz como no había estado nunca en mi vida y, sin embargo, a veces sentía como si el fantasma del hermano menor del Ichigo nos estuviera rondando, rondando como una sombra que no podían o no querían disipar.
—¿Sí? —dije con cuidado.
—Eso... podría cambiar tu opinión sobre mí. Acerca de... ¿cómo te sientes acerca de mí? —Se sentó bruscamente y se miró las manos, sin mirarme a los ojos.
—Ichigo —dije en voz baja—. Nada podría cambiar mi opinión. Nada me haría dejar de sentir... lo que siento por ti.
Él me miró con rapidez, un destello de esperanza en sus ojos.
—¿En serio?
—En serio. —Tomé su mano cuando tomó la mía, entrelazando nuestros dedos en una dulce forma que se estaba volviendo peligrosamente familiar—. No hace falta que me digas nada. Nada en absoluto. —Sólo deseaba poder hacer lo mismo por él. Todos los días, mi propio secreto se hacía más difícil de soportar, pero aun así no me sentía lista para revelarlo.
Ichigo hundió los pies descalzos en la arena y se encogió de hombros.
—Hanatarō se suicidó —dijo en voz baja.
—¡Oh! —Puse mi mano libre a la boca—. ¿Estás seguro?
—Claro que estoy seguro. —Entrecerró los ojos hacia el sol por un momento y luego se volvió hacia mí—. Estoy seguro porque le ayudé —dijo en voz baja.
Durante un buen rato no hubo más que silencio entre nosotros. El calor del sol sobre mis hombros, esa luz del sol brillante haciendo la arena aún más caliente y el pelo de Ichigo aún más dorado. Un millón de preguntas subieron a mis labios. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Dónde? Pero de alguna manera cuando abrí la boca, sólo salió una palabra.
—Cuéntame.
Suspiró profundamente.
—Hanatarō tenía un cáncer incurable que afectaba a los huesos, especialmente a su columna vertebral. El cáncer lo torció. Es por eso que no se ve muy bien en las fotos que tengo de él.
Me acordé de las fotos del hermano menor del Ichigo, su cuerpo deformado de una manera que era difícil de entender, y asentí.
—Adelante.
—El cáncer le estaba consumiendo por dentro, estaba en constante dolor. — Sacó su mano de la mía y se pasó los dedos por el pelo—. Cerca del final se puso peor, ó de mantenerse fuerte alrededor nuestros padres, pero por la noche lo podía oír a través de la pared… Llorando. —Se pellizcó el puente de la nariz, como si tratara de hacer retroceder el dolor de cabeza—. Era por eso que ponía la música tan alta. Así podría ceder ante el dolor sin que nadie lo supiera. Pero yo lo sabía.
—¿Lo sabías? —pregunté en voz baja—. ¿Sabías que le dolía?
Ichigo asintió.
—Sí, estoy bastante seguro de que lo sabía. Es por eso que me pidió... me pidió ayuda.
Dejó de hablar y se quedó en silencio por un largo tiempo.
—¿Quieres contarme cómo le ayudaste? —pregunté por fin.
—No, no lo creo —dijo en voz baja—. Pero... tengo que hacerlo. —Me miró brevemente—. ¿Eso tiene sentido?
—No tiene que tener sentido —dije en voz baja—. Dime, Ichigo. Dime lo que quieras. Todo lo que necesites.
—Está bien. —Miró hacia abajo a sus manos, torciendo sus dedos sin descanso—. Ya era tarde, una noche cuando mamá y papá se habían ido a la cama. Hanatarō estaba con su música como de costumbre, pero luego de repente la apagó y le oí... —Se aclaró la garganta—. Le oí llamarme por mi nombre. Fui donde él, por supuesto. Y me di cuenta tan pronto como entré en la puerta de su habitación que estaba mal, muy mal. Peor de lo que jamás lo había visto.
Ichigo cerró los ojos, sus rasgos fuertes contorsionados por el doloroso recuerdo.
—No estaba llorando, pero la agonía en sus ojos... —Él sacudió la cabeza—. El sufrimiento... Bueno, era de un millón veces peor que los azotes que el director me dio. Te lo puedo asegurar. Y entonces él dijo... dijo: Ichi... ayúdame.
—¿Qué hiciste? —pregunté en voz baja cuando se detuvo de nuevo.
—Fui a su cama y le pregunté en qué necesitaba ayuda. —Ichigo tragó saliva—. Tendió la mano y vi que tenía un puñado entero de las pastillas blancas para el dolor que su médico le había recetado. Se suponía que tenía que tomar tres al día, una en la mañana y dos a la hora de acostarse. "Yo he estado ahorrando" dijo. "Sólo me he tomado una a la noche por semanas". "¿Por qué?" pregunté. Y él dijo: "¿Sabes por qué? Me duele mucho, Ichi, no puedo soportarlo nunca más."
Ichigo apretó la mandíbula y me pareció que tenía que obligarse a sí mismo a seguir hablando.
—Traté de decirle que iba a mejorar, que sólo debía aferrarse pero él negó con la cabeza y dijo: "Ichi, me estoy muriendo. Yo lo sé y tú lo sabes, es por eso que te has tomado este año en la escuela. Para estar conmigo antes de que muera."
—¿Era eso cierto? —pregunté en voz baja.
Ichigo asintió.
—Sí. Era cierto, y tuve que admitirlo. Entonces le pregunté qué quería de mí. Él dijo: "Sólo que estés conmigo. Para ayudarme en caso..."
—¿En caso de que? —pregunté en voz baja.
—En caso de que... —Ichigo negó con la cabeza—. En caso de que las pastillas no fueran suficientes.
Sentí mi estómago torcerse en un nudo, esto no era lo que yo me había esperado. Aun así, me había comprometido a escuchar la historia entera.
—¿Y lo fueron? —pregunté, tratando de prepararme para lo peor—. ¿Fueron suficientes?
Ichigo negó con la cabeza.
—No del todo. —Su voz profunda sonó estrangulada—. Hanatarō estaba... realmente cansado, tanto que podíamos decir que sería capaz de dormir la mona*. Tenía tolerancia hacia ellas, las pastillas para el dolor. Después de tomarlas durante tanto tiempo. Y fue entonces cuando me preguntó... —Él se miró las manos durante un largo rato—. Dios, esto es difícil de decir.
—Sólo dilo —insistí, aunque mi estómago se sentía como si me hubiera tragado un trozo de hielo del tamaño del puño.
Ichigo me miró, sus penetrantes ojos mieles completamente secos pero llenos de un terrible dolor.
—Me pidió que le ayudara a terminar.
—¿Y lo hiciste? —susurré, tomándolo de la mano.
—Sí. —Él me apretó los dedos con tanta fuerza que me dolía, pero no hice ningún movimiento para escapar—. Utilicé la almohada —susurró con voz ronca—. Se la puse en la cara y la mantuve allí hasta que... hasta que dejó de moverse. —Ichigo me miró y la desesperación en sus ojos era terrible de ver—. Él me sonrió... justo antes de que lo hiciera. Y dijo... dijo: "Gracias, Ichi. Te quiero." Y eso fue todo. Yo... sostuve su mano durante horas. Y luego me fui a la cama y me quedé allí, sabiendo que mi madre lo encontraría por la mañana.
—Oh, Ichigo —susurré, incapaz de decir nada más. Él negó con la cabeza y hundió el rostro entre las manos. Nunca lo había visto llorar antes, pero ahora las lágrimas, los sollozos profundos, roncos me desgarraban el corazón. Le froté los hombros temblorosos sin poder hacer nada, deseando que hubiera alguna manera de poder consolarlo.
—Me odio a mí mismo por ello —dijo al fin, con voz ahogada—. Me odio, Ruki. Pero yo no... No sabía que otra cosa hacer. Le dolía tanto.
—Hiciste lo correcto —le dije—. Ayudaste a tu hermano cuando nadie más lo haría. Le ayudaste de la única manera que podías.
—Pero mis padres... —Ichigo negó con la cabeza—. Eso casi los mató, especialmente a mi madre. Quiero decir, Hanatarō había estado muriéndose durante años, pero iba tan lento, creo... creo que ella pensaba que nunca lo haría al final. Que siempre estaría allí cuando se levantara para comprobar por la mañana. —Abatido pestañeó con enojo—. Y soy la razón por la que no está.
—Tú eres la razón por la que por fin está en paz —dije con fiereza—. No te odio por eso, Ichigo. No creo que tus padres lo hicieran, si lo supieran, y yo tampoco.
—¿No lo haces? —Me miró con incertidumbre.
—No. —Sacudí mi cabeza con decisión—. No lo hago. Creo que tenías una elección difícil que hacer y la hiciste. Hiciste lo que tu hermano te pidió.
Suspiró profundamente.
—Trato de decirme eso, pero a veces... a veces este secreto me come por dentro, de la misma manera que el cáncer estaba comiendo a Hanatarō. Nunca pensé que sería capaz de decírselo a nadie... hasta que llegaste.
—Sé de secretos —dije en voz baja—. Y sobre decisiones difíciles. Me alegro... me alegra que hayas confiado en mí.
—Yo también. —Tomó mi mano y la llevó a su cara. Al presionar un beso en mi mano, susurró—: Gracias, Ruki. Gracias por no odiarme.
—Yo nunca podría odiarte —murmuré, mi corazón se hinchó con su gesto de ternura—. De hecho, yo… Tengo algo que decirte, también.
—¿Tú? —Me miró con los ojos brillantes—. ¿Un secreto?
—Sí, yo... —Abrí la boca, dispuesta a contarle todo. Después de todo lo que me había revelado, después de todo, él había confiado en mí, sentí que debía ser capaz de confiar en él con mi verdad también. Mi secreto, mi mentira y el vergonzoso engaño vergonzoso, tembló en mis labios.
Pero no era sólo mi secreto.
—¿Y bien? —dijo Ichigo con avidez.
—Yo... —Sacudí mi cabeza—. No puedo...
—Está bien. —Negó con la cabeza—. No hace falta que lo digas. Ahora no.
—Está bien. —Yo estaba aliviada y decepcionada. Cómo quería desnudarle mi alma, ¡decirle todo de principio a fin! Pero de alguna manera no podía.
—Más tarde, tal vez. —Ichigo se levantó y me ofreció una mano—. Vamos. Es nuestro último día antes de que terminen las vacaciones. Vamos a hacer que sea inolvidable.
Le di la mano y le dejé levantarme. Cuando empezamos a subir por la ladera que conducía a su casa, pude ver por la expresión pacífica de su rostro que se sentía más ligero, era como si una carga terrible hubiera sido levantada de sus hombros. Yo sólo deseaba que alguien pudiera levantar mi propia carga, pero era la única que podía hacerlo. Y mis manos estaban atadas, el secreto que estaba guardando con mi vida no era mío para decirlo.
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*Se originó a partir de la expresión ʺque marcharseʺ, a dormir la mona es cuando usted duerme para deshacerse del dolor físico cuando te despiertas.
Bueno, el gran secreto fue revelado por fin, mas Rukia no tuvo el valor o más bien, no podía porque ese secreto también depende de su hermano y de lo que Ichigo pueda pensar de ella :/
Por otro lado mil disculpas por actualizar tan tarde x3 He estado súper ocupada desde el viernes con eso de la mudanza como les dije entre otras cosas que no tienen mucha importancia x3 Pero no quería dejarlos sin capitulo así que bueno, como dicen: "Más vale tarde que nunca" (? xDD
Espero les haya gustado el capitulo y sin falta el próximo domingo x3 No les actualizo durante la semana ya que estoy súper ocupada con mi pagina en facebook "Adaptaciones al Ichiruki" entre otras cosas :/ Así que espero tengan un buen inicio de semana y feliz Lunes ^^ Jane!
