Disclaimer: Ya saben la rutina.

De acuerdo, admito que les debo una GRAN disculpa por demorarme, pero deberían ver la cantidad de trabajo que nos dan en el cole... ¡Nos están explotando! :( Aparte de que el anterior capítulo sólo tuvo 1 review ¡y no tienen idea de cómo me desmotiva! Pero hoy es viernes y fin de semana largo (¡ALELUYA!), y aunque tengo tareas hasta para decir basta, primero lo primero. Ustedes definitivamente valen mi tiempo :D

Vulnerable

Capítulo 6

La semana siguiente, me llegó una carta de mi madre, anunciándome que Mason y Gwen acababan de tener a su bebé, una niña llamada Helga. Apenas me enteré, solicité permiso para visitarlos por sólo un día, y antes de que Irvin Smith terminara de decir "tienes permiso", ya estaba montada en el caballo y dirigiéndome a Dauper. Estaba muy ilusionada por tener una sobrina y ansiosa por verla. De alguna forma, todos los niños me recordaban a Gemma, mi hermanita adoptiva fallecida. Salí tan apresurada que me olvidé de cambiarme el uniforme, un error que lamentaría.

Tan pronto como llegué a mi casa y mi madre me abrió la puerta, corrí a ver a mi sobrina. Era una niña hermosa, con el pelo castaño de Mason y los ojos azules y rasgos faciales de Gwen – aunque no me cayera muy bien, debía admitir que era linda. Probablemente por eso mi hermano se había fijado en ella. Yo, por mi parte, sabía que nunca nadie se fijaría en mí por mi apariencia, pero no me importaba. De hecho, era mejor así. La belleza física se desvanecía con el tiempo; en cambio, la inteligencia y los méritos duraban más. Si alguien se enamoraba de mí, quería que fuera por eso.

Estaba tan entusiasmada cargando y jugando con Helga – no había tenido un bebé en brazos desde los dos años, cuando nació Finn – que apenas advertí que toda mi familia tenía la vista fija en mi uniforme. Era evidente que no les agradaba.

– Vine a toda prisa y sólo puedo quedarme hasta la tarde – expliqué –. No tuve tiempo de cambiarme ni de nada.

– Ya veo – dijo Gwen con un tono que era de todo menos simpático. Por el momento, no me importó; sólo tenía ojos para mi sobrina.

Un par de horas después, estaba forzosamente a solas con Gwen (según mi madre, en un intento de llevarnos mejor) nuevamente cargando a Helga, cuando de repente la niña extendió una de sus diminutas manos y tocó el emblema grabado en el pecho de mi chaqueta: un par de alas desplegadas, una blanca y la otra azul. El símbolo de la Legión de Reconocimiento. Las alas de la libertad. Me hizo aún más feliz.

– Deja eso, Helga – interrumpió Gwen tomando a su hija en brazos, casi arrebatándomela. Ella estaba en estado visiblemente delicado, recostada en una silla, pero se levantó para apartarla de mí como si yo fuera peligrosa. Me indignó.

– Sólo tocó mi chaqueta – dije –. No es para tanto.

– ¡Sí, sí es para tanto, Kayla! – me espetó mi cuñada, mientras dejaba a la bebé en su cuna –. No quiero que mi hija tenga ningún contacto con cualquier cosa relacionada al ejército.

– ¿Y eso me incluye a mí? – pregunté, cada vez más incrédula y enojada. Aunque habíamos empezado el día relativamente bien, las peleas siempre parecían hallar una forma de surgir y arruinarlo.

Gwen se volteó y me fulminó con la mirada. Yo se lo devolví, pero no estaba preparada para lo que me dijo a continuación:

– Te advierto que si te atreves a contarle, o peor aún, inculcarle a mi hija tu afición por la milicia y ese maldito mundo exterior, lo cual considero suicidio, te prohibiré hablarle, hasta verla. Mírate. Vienes aquí con nosotros, llevando tu uniforme orgullosamente, como una burla, y pretendes acercarte a ella, así sin más – Negó con la cabeza –. No te lo permitiré, Kayla.

Quise golpearla o derrumbarme en el suelo y romper en lágrimas, o las dos cosas. Eso era lo más horrible e insultante que nadie jamás me había dicho en la vida, incluso peor que cuando Levi me llamó idiota suicida, cuando Cedric me tachó de egoísta y cuando Dremain me preguntó si quería entrar a la Legión de Reconocimiento para irme con mi padre. No hay palabras para describir cómo me hizo sentir. Era como recibir un golpe con un mazo de hierro en plena cara. Había estado dispuesta a soportar los problemas con mi familia que unirme al ejército me traería, pero esto era demasiado.

Sin embargo, fue precisamente ese último pensamiento lo que me hizo recuperar mi estoicismo y compostura habitual en esas situaciones. No había cedido ante ningún adversario en dos décadas y no iba a hacerlo ahora, costara lo que costara. De modo que mi lado más cínico (oscuro, si lo prefieres más melodramático) surgió para amortiguar el dolor, logré pensar en una respuesta ingeniosa para salirme con la mía, y en vez de llorar me eché a reír.

– Oh, Gwen – dije entre carcajadas falsas y con una sonrisa socarrona –. ¿De verdad crees que puedes cortarme así? Te conozco por tanto tiempo como tú conoces a mi hermano. Eres frívola y francamente estrecha de mente, te importa mucho tu imagen, el qué dirán. Así que dime, ¿cómo se vería, ante cualquier sociedad, una mujer que intenta enajenar a su cuñada sólo porque ésta última es soldado?

– No le agradas a la mitad de Dauper, Kayla – contestó ella, pero ya estaba flaqueando, obviamente intimidada por mi actitud. Bien.

– No tengo que agradarles para que me respeten – dije con tono arrogante, caminando lentamente alrededor de la sala –. Me he forjado una buena reputación a lo largo de los años. ¿Qué hay de la otra mitad, además? Y te olvidas de nuestras respectivas familias. No creo que Mason te deje expulsar a su hermana de sus vidas. Soy importante para él, ¿sabes?

– ¡No tanto como yo y nuestra hija! – gritó, pero su voz estaba llena de miedo, ella incluso estaba retrocediendo. Justo como yo quería. Me encogí de hombros.

– Di lo que quieras, Mason nunca lo aprobaría. Incluso si lo hiciera, cosa que dudo, aún quedan Jules, Cedric y Finn. Créelo o no, pero son bastante protectores conmigo. Sin contar a mi madre y tus padres, por supuesto. ¿Qué pensarían de ti? En resumen, no puedes cortarme de tu vida aunque quieras, y si me sigues guardando rencor por lo de hace ocho años, te aguantas. ¿Crees que tú me agradas? El sentimiento es mutuo, pero desgraciadamente, mi hermano nos obligó a las dos a soportarnos la una a la otra cuando se casó contigo. Por cierto, más te vale que realmente lo ames, porque si no, todo esto no valdrá un comino, por no decir una palabrota. Volviendo al punto original, cada vez que me den un descanso vendré a ver a Helga y le contaré todo acerca de cualquier cosa que me pregunte, te guste o no. ¿Quedó claro?

Gwen asintió lentamente con la cabeza. Parecía al borde de las lágrimas. Era irónico pensar que yo había estado a punto de hacer lo mismo hacía apenas unos minutos. Ahora quería vengarme. Quería que ella sintiera lo mismo que yo sentí. Como de costumbre, mi agilidad mental no me decepcionó.

– Sabes, en esta situación nunca tuviste oportunidad de ganar. Primero, nunca conseguirías prohibirme ver a Helga, y segundo, quedarías mal con todos los demás. En cualquier caso, tenías las de perder – Tomé aliento –. Y todavía las tienes, porque se lo contaré a mi familia, por ahora. Si intentas cambiar la historia, lo sabré y me aseguraré de que todo el pueblo lo sepa. Incluso lo poco de cerebro que tienes debería haber bastado como para pensar en eso desde el principio – dije sin mentir.

Estaba por salir cuando Gwen se aferró a mi hombro, temblando.

– Kayla – rogó –, por favor…

Me reí en su cara. Claro, ahora yo era la mala.

– ¿Tú me amenazaste primero y luego te rebajas a suplicar para mantener tu maldita buena imagen? – reí con sorna –. No sé si llamarlo hipocresía, ironía o simplemente estupidez.

Dicho esto, salí y le conté a mi madre y a Jules un breve resumen sin adjetivos de lo que había pasado. Ninguno de los dos pronunció una palabra, pero nos miraron a ambas, perplejos.

– Asumo que ya no me necesitan. Y ya debería irme – dije fríamente, echando un vistazo al reloj tras unos segundos tensos.


Me despedí rápidamente y sin mucha calidez, me monté en el caballo y me fui. No derramé una sola lágrima durante todo el camino. No podía pensar en nada. En esta discusión, mi lado insensible y desalmado se había apoderado por completo de mí, y me costó recobrarme a mí misma.

Al llegar, en un principio me dirigí a la enfermería, ya que Samantha todavía estaría allí por una semana más; sin duda alguna Breck y Will estarían allí con ella, a lo mejor también Maia, Bess, Judson y Terry. Sin embargo, en el camino me paré en seco cuando la realidad cayó sobre mí abruptamente: nunca en mi vida había sido tan cruel con alguien. Supe que no podía contárselo ni siquiera a ellos, no sabría cómo explicarlo o justificarme.

Me quedé en blanco de nuevo, y de alguna forma mi subconsciente me condujo al patio de técnicas marciales, donde podría estar en paz. Me derrumbé y me permití llorar, incluso sollozar como una niña, no sólo por lo que Gwen me había dicho, sino por lo que yo había hecho ante ello. Me había perdido a mí misma en mi afán de vengarme y salirme con la mía. Desesperada y furiosa, golpeé un maniquí de práctica repetidas veces, sin dejar de llorar y sin levantarme del suelo, sintiéndome totalmente impotente.

– Hasta donde sé, ésa no es ninguna táctica, Kayla Nakamura – Mis pensamientos se vieron interrumpidos por una voz fría y cortante que sólo podía pertenecer a una persona en este mundo: Levi.

Me mordí el labio. Lo último que quería en ese momento, aparte de confrontar a mi familia, era otra discusión. Tenía la cara empapada de lágrimas, y me apresuré en secarlas con mi manga y detenerlas como fuera lo antes posible. No me gustaba llorar delante de nadie, y que Levi me encontrara así me avergonzaba terriblemente.

– No estoy de humor para una pelea – dije sin voltear.

– El hecho de que estés golpeando un maniquí mientras lloriqueas sugiere lo contrario.

– Sólo quiero golpear algo inanimado que no sienta nada, Levi, no a una persona real – contesté, mientras me ponía de pie, le plantaba cara y me esforzaba en recuperar mi dignidad –. ¿Y tú por qué viniste?

– Estaba pasando por aquí y escuché tu gimoteo.

– ¿Viniste a consolarme? – dije, escéptica y algo molesta. Levi ya no me trataba mal, pero dudaba mucho que alguien como él pudiera hacer algo así. Como mucho, podía esperar que fuera neutral conmigo.

– Te lo dejo a tu criterio de cómo definas consolar. Sólo me interesa la razón. Nadie gimotea así por nada.

– Y a mí me interesa la razón por la cual eres así, pero me he resignado a ignorarlo. Esta vez no hemos hecho ninguna clase de trato. ¿Por qué debería decírtelo a ti?

– Porque estás desesperada por decírselo a alguien – Eso sí que me tomó por sorpresa –. Asumo que ni siquiera se lo has dicho a tus amigos, porque si lo supieran, ellos serían los que te consolaran. Eso es lo que te está destruyendo por dentro. Adelante, suéltalo. He oído toda clase de confesiones, la tuya entre ellas. Una vez tú admitiste odiarme. No puede ser de tal magnitud.

Me quedé desconcertada ante esa afirmación. Por unos momentos en los que me quedé sin palabras, pensé en pegarle o decirle algo; sin embargo (aparte de no tener fuerzas ni ganas para ninguna de las dos cosas) descubrí que era cierto.

– Para una persona que apenas demuestra alguna emoción, pareces saber analizarlas bien – dije sorprendida.

– No me sobreestimes, Kayla Nakamura. Era una conclusión obvia.

Consideré seriamente la opción de contárselo. En el transcurso de esas semanas, me había vuelto amiga de Hanji, y según ella, Levi era sincero y sabía guardar secretos; y al fin y al cabo, ¿qué daño podría causar?

– Mi cuñada quiere prohibirme ver a mi sobrina – solté tras tomar aliento –. Fui a visitar mi pueblo por el nacimiento de la primera hija de mi hermano mayor, y la infeliz me espetó que no me quiere cerca de su niña sólo por ser parte del ejército.

Silencio por unos segundos. Levi apenas hizo alguna expresión, pero se notaba que estaba interesado. Continué:

– Así que yo traté de devolvérselo, y en mi intento de ganar me perdí a mí misma. La amenacé con hacerla quedar mal con todo el mundo en Dauper, sabiendo que es el mayor miedo de Gwen, y de una forma realmente cruel. Como tú en un mal día, supongo. La presioné hasta hacerla suplicar, y eso es lo que quería. Ésa es la famosa maldita razón. ¿Es suficiente motivo para llorar?

Breve silencio de nuevo. Contemplé esos gélidos ojos grises, clavados en los míos. No era la primera ocasión, pero me parecían extraordinarios, aunque no sabía si en el buen o en el mal sentido.

– ¿Odias a tu cuñada? – preguntó Levi, al igual que cuando le conté sobre mis hermanos. Sin embargo, esta vez la respuesta no fue tan inmediata ni tan segura.

– Tú ganas, Levi – admití riendo sarcásticamente. Suspiré –. Sí, la odio. Al menos desde hoy, porque antes sólo no me caía bien.

– No odias a tus hermanos, pero a ella sí – observó Levi.

– Para aclarar algo, no los odio a ellos porque puedo pensar en buenos momentos con ellos, en los cuales me demostraron que me querían, y yo a ellos. Pero sólo tengo malos recuerdos con Gwen, neutrales a lo mucho. A ella no le debo nada, excepto una especie de hermana a la que detesto y una sobrina de la cual quiere alejarme. Sólo la tolero a medias porque, por algún motivo fuera de mi entendimiento, mi hermano parece ser feliz con ella. La única ocasión en la que nos llevamos casi bien fue en su boda, y fue porque yo le había prometido a mi madre que no armaría ninguna pelea ese día. Antes de los eventos de hoy, sólo no nos caíamos bien. Aunque, ahora que lo pienso, estoy segura de que ella ya me odiaba desde hace ocho años.

– ¿Cuando murió tu padre?

– Sí – asentí, sorprendida de que lo recordara. Bueno, tenía sentido, mi padre había sido un hombre memorable –. Yo tenía doce años y ella quince. Hacía una semana habíamos recibido las malas noticias y yo solía cazar y pasear en el bosque para distraerme, y a esa estúpida se le ocurrió que era una buena idea ir a molestarme, aun cuando lo sabía, siendo la novia de Mason. Podrás imaginar que no reaccioné precisamente bien – Me mordí el labio de nuevo –. Me enfurecí tanto que la agarré por el pelo y la estrellé de cara contra un árbol, dejándola con una cicatriz en la boca de por vida. Gwen es bastante vanidosa con su apariencia, así que ella tampoco se lo tomó muy bien. Nunca me perdonó por haberle "arruinado" su lindo rostro – Tomé aliento –. Hasta hoy, siempre había lamentado haberme dejado llevar por la rabia en ese momento. Ahora francamente creo que se lo merecía, y si por mí fuera, en este mismo instante le aplastaría la cara contra una pared de ladrillos para que ella sintiera la mitad de lo que yo sentí – Me di cuenta de lo que estaba diciendo y pensando y casi me puse a llorar otra vez – ¡Maldición! – grité asestándole un golpe al maniquí, furiosa y asqueada conmigo misma –. ¿Por qué mi cuñada me obliga a convertirme en esto?

– A veces, para poder derrotar a un monstruo, tienes que dejar de lado tu propia humanidad – dijo Levi, fría pero serenamente, sin flaquear en absoluto ante mi estado emocional.

Esa afirmación fue mi mayor sorpresa de todo el día, más aún que el asunto con Gwen. Levanté la vista hacia su rostro, sin importarme los restos del llanto. Levi prosiguió, impasible:

– No puedo creer que te tomara tantos años darte cuenta de eso, Kayla Nakamura. Si tu vida ha sido así, tú más que nadie deberías haberlo aprendido hace tiempo. No es algo de lo que arrepentirse. Tenías que ponerte a su altura para vencerla. Apostaría que casi todo el mundo lo ha hecho alguna vez, aunque sea sin darse cuenta, excepto esos insoportables a quienes les gusta ser mártires y lamebotas. Y tú eres cualquier cosa menos una víctima, porque tú te defiendes. Así que déjame decirte que en realidad no tienes motivo para llorar.

Sus palabras, aunque rudas, eran ciertamente reconfortantes. Además, me hicieron darme cuenta de algo.

– Mi padre me lo dijo una vez – murmuré, sonriendo mientras caía en la cuenta.

– Nunca se lo dije a él – aclaró Levi, arqueando una ceja. Estaba asombrado.

– De niña, todo el mundo en mi pueblo se burlaba de mí por mi sueño de libertad. Un día, cuando mi padre vino a visitarnos en sus días libres y se enteró, me abrazó y me dijo: "Las personas pueden ser bastardos, Kayla, tanto ellos como tú y como yo, por diferentes motivos. Yo mismo he hecho cosas de las que no me enorgullezco. Es una característica básica de la condición humana, y no nos queda más que aceptarlo".

– Entonces Brandon Nakamura lo sabía – concluyó el tercer comandante.

– Sólo que en otras palabras, sí – dije –. Es una de las muchas cosas de la vida que me enseñó. Algunas, como ésa, eran duras, pero no me puedo quejar. De hecho, le agradezco por habérmelo dicho – suspiré mientras me levantaba y me dirigía a la puerta –. Y ahora te agradezco a ti, porque respecto a tu pregunta, yo defino consolar como hacer sentir mejor a alguien, y sí me hiciste sentir mejor, incluso si no era tu objetivo – Sonreí ligeramente –. Gracias. De verdad.

– De nada, supongo – dijo Levi ásperamente, y se fue por su propia dirección, mientras yo me dirigía a la enfermería a reunirme con mis amigos, sintiendo que me había quitado un gran peso de encima. Pude confesarles cada detalle a Samantha, Breck, Will, Maia, Bess, Terry y Judson, quienes me levantaron el ánimo.

Odié reconocerlo, pero no hubiera podido hacerlo de no ser por Levi. Al parecer, él era capaz de consolar, a su manera. Pero no fue hasta mi tercera misión, un mes después de ese incidente, que noté algo verdaderamente extraordinario en el interior del mejor soldado de la humanidad.


Este capítulo lo escribí unos días que tuve un ataque de inspiración y no dormí casi nada por terminar de escribirlo. Espero que haya valido la pena :D Dependiendo de cómo esté el cole, estaré colgando el siguiente capítulo en máximo dos semanas. Recuerden, los reviews me alientan a actualizar.

Los quiere,

Audrey-chan