DISCLAIMER: Ni Bleach, ni la historia de "The Academy", me pertenecen, todos los personajes así como la historia original son propiedad de sus creadores, Emmaline Andrews y Tite Kubo. Yo solo los utilizo sin ánimo de lucro.

Bueno aquí les dejo la continuación ^^ La próxima actualización será el domingo y pues ya la cosa se esta poniendo interesante ^^ Espero les guste el capitulo y nos leemos abajo ^^

.

.

.

Capítulo 32

Estoy segura de que me hubiese ahogado si no fuera por el rompeolas. La enorme ola me arrastró de arriba abajo y me empujó contra él. Fue un impacto apaleador y sentí algo puntiagudo perforar mi costado. Grité al golpearme, un dolor penetrante me ganó otro sofocante trago de agua salada.

Fui arrojada afuera y di una bocanada de aire cuando la traidora corriente me arrastró, intentando tragarme otra vez. Pero a pesar de que mis piernas se sentían como si estuvieran siendo sacudidas por una gran mano, de alguna manera me mantuve donde estaba.

—¡Ruki! ¡Ruki! —Ichigo de repente estuvo justo encima de mí, con su rostro blanco de miedo en las oscuras aguas—. ¿Estás bien? —exigió. Las olas lo empujaban arriba y abajo, él luchaba por quedarse cerca de mí sin dar contra la muralla.

—Yo… creo que sí. —Tosí y escupí más agua.

—¡Gracias a Dios! Vi que la ola te llevó abajo y que te golpeaste contra el muro… Creí que te habías ido.

—Aún estoy aquí —conseguí decir y tosí otra vez.

—Tenemos que irnos. —Miró atrás de nosotros, inspeccionando el mar abierto—. Hay otra viniendo. Está lejos en el horizonte pero las olas se mueven rápido. ¿Aún puedes nadar? Si no, puedo llevarte.

—Eso… eso creo. —Intenté moverme hacia él pero por alguna razón no podía conseguir más de unas pocas pulgadas lejos del rompeolas—. No puedo moverme —dije intentando no entrar en pánico—. Estoy atascado, Ichigo.

Ichigo nadó hacia mí, mucho más cerca del rompeolas de lo que era seguro.

—Tu camiseta está atascada en una espina de mar —dijo, después de una rápida inspección—. No sé cómo conseguirlo sin ser atravesado en el proceso, ése es el problema. —Comenzó a tirar de la tela empapada, intentando sacarla sobre mi cabeza—. Vamos… quítatela.

—¿Qué? ¡No! —jadeé, tirándola de vuelta.

Ichigo frunció el ceño.

—No es tiempo para ser modesto, Ruki. Esa ola está viniendo muy rápido. ¡Quítatela ahora!

—¡No! —Forcejeé en su contra, intentando tener mi empapada camiseta fuera de sus manos—. Puedo desengancharla, sólo dame un minuto.

—Demonios, Ruki, ¡no tenemos un minuto! —gritó Ichigo por encima de las olas—. Tenemos que irnos ahora.

Estábamos en una guerra de tirones ahora, con Ichigo intentado sacar mi camiseta sobre mi cabeza y yo intentando bajarla tercamente, determinada a no dejarlo exponer el secreto de mi pecho vendado. De repente, con un maravilloso leve sonido, la camiseta se rasgó libre de las espinas de mar y yo estaba hundiéndome bajo las olas. Escuché a Ichigo gritar mi nombre y entonces un fuerte brazo estaba enganchado alrededor de mi cuello.

—No forcejees —me instruyó—. Sólo relájate y déjame llevarte.

Quise discutir que podía nadar por mi propia cuenta pero para ser honesta, yo no creía que podía. Nadamos lejos e intenté mantener mi cabeza sobre el agua mientras luchaba con la embravecida corriente que debilitaba mi fuerza. Me preocupaba que estuviera ralentizando a Ichigo pero también estaba asustada de que si me dejaba ir podría hundirme como una piedra. Entonces intenté quedarme quieta y estar relajada en su agarre mientras él nadaba por ambos de vuelta a la orilla.

Fue difícil relajarse, sin embargo… miré el océano abierto y pude ver la próxima ola venir. Estaba avanzando con más lentitud que la que nos había agobiado más temprano pero podía verla moverse, como un montaña creciente de cristal verde azulado acercándose, cada vez más cerca.

—Ichigo —dije, dudosa de si pudo oírme—. Ichigo, está viniendo.

—Lo sé. —Su voz era lúgubre.

—¿Nosotros… nosotros lo lograremos? —No podía ayudar a la voz trémula de miedo en mi cabeza.

Hasta ahora, no había experimentado nada más que el tranquilo océano cuando nadábamos. He visto al agua como una gigante y amistosa mano que quiere sostenerme. Ahora estaba viendo otra cara del océano… Un hambriento monstruo que más bien quiere arrastrarme abajo y comerme.

—No lo sé. No lo creo. —Sonó tan calmado que yo no podía creerlo.

—¿Qué? —Comencé a forcejear en su agarre.

—¡No te muevas! —bramó, mirando atrás brevemente para darme una severa mirada—. Estaremos bien incluso si la ola nos atrapa. Siempre te empujan primero, después intentan arrastrarte de vuelta. Cuando nos empujen, iremos con ellas… intentaremos agarrarnos en la orilla.

—¿Agarrarnos? —chillé, aun no creyendo lo que estaba diciendo. La ola crecía más y más grande, por encima de nosotros, cerca de quebrarse.

—Agarrarnos —repitió Ichigo—. Entonces agarras algo de arena y te aferras a mí… no voy a dejarte ir.

—Yo… —comencé, pero entonces la masiva ola se quebró sobre nosotros, aporreándonos y empujándonos cerca de la orilla como Ichigo había dicho que sería.

De alguna manera me torcí del agarre de Ichigo pero él me asió fuerte, justo como había prometido. Intenté mantener la respiración pero el agua salada bajó por mi garganta y subió por mi nariz de todas maneras. Por un segundo estuve asustada de que llenaría mis pulmones y me ahogaría después de todo.

Entonces sentí a Ichigo y a mí misma ser levantados y empujados hacia adelante con increíble fuerza. De repente las morenas arenas de la playa corrían hacia nosotros de una manera increíble.

La ola se rompió, tomándonos con ella. El lado de mi cara se estrelló en la arena y siguió el resto de mí. El violento impacto sacó el poco de aire que tenía en mis pulmones, pero aún recordaba lo que Ichigo había dicho. Buscando adelante, cavé con mi mano en la morena arena mojada, intentando resistir y no ser arrastrada otra vez.

Sentí el tirón de la corriente y mi débil agarre en la arena no hubiese sido suficiente para salvarme si Ichigo no me hubiese agarrado también. Él había logrado tomar una piedra medio enterrada que sobresalía en la arena con una mano y con la otra, sostenía mi brazo como la muerte sombría. Por fin la rápida ola amainó, dejándonos a ambos jadeando.

Ichigo no gastó tiempo recuperándose.

—Vamos… levántate. —Se puso de pie y tiró de mi brazo. Yo, sin embargo, continuaba cabeza abajo en la arena.

—Duele, Ichigo —gemí—. Todo duele. Necesito… necesito tomar un respiro.

—Puedes tomarlo desde tierra alta. —Tiró de mi brazo otra vez—. Vamos, hay otra viniendo rápido. A no ser que de repente hayas aprendido a respirar bajo el agua, necesitas levantarte.

Gimiendo, me puse de pie tambaleante. Mi costado izquierdo —el lado que había sido embestido contra el rompeolas— dolía y ardía al mismo tiempo. Mis pulmones aún se sentían medio llenos de agua y estaba tan exhausta que apenas podía moverme. Ichigo no podía estar sintiéndose mucho mejor que yo. Después de todo, había ocupado un montón de energía más que yo, arrastrándome. Pero tiró de mí incansablemente a través de las cambiantes arenas hasta las empinadas escaleras talladas en las rocas.

Era una escalada que había hecho docenas de veces desde que estaba con él y ahora apenas podía poner un pie en frente de otro por mí misma. Dos veces tropecé y hubiera caído si Ichigo no me hubiese sostenido y estabilizado. Una vez tuve que parar y vomitar, pero sólo vino un poco de agua de mar. Estaba agradecida de que no nos hubiésemos detenido por desayuno antes de nuestro baño matutino. No podía imaginar atravesar lo que habíamos acabado de experimentar con un incómodo estómago lleno. No sé cómo, pero de alguna manera nosotros finalmente logramos llegar a la cima.

—Está bien —dijo Ichigo—. Esto es seguro. La corriente nunca alcanza esta altura.

—Bien —susurré y colapsé.

Ichigo estuvo a mi lado de inmediato, sosteniendo mi cabeza en su regazo y mirándome con ansiedad.

—¿Ruki? ¿Estás bien?

—Bien. —Hice un esfuerzo por levantarme pero realmente no pude conseguirlo y tuve que contentarme con sólo tumbarme ahí, con mi cabeza descansando en sus piernas—. Quiero decir, lo estaré… en un minuto —agregué y tosí un poco más de agua.

—Lo siento tanto. —Ichigo tenía una expresión de arrepentimiento en su cara—. Fui tan estúpido, insistiendo en que fuéramos a nadar. Pensé que teníamos como mínimo una hora antes de que las olas vinieran.

Moví mi cabeza.

—No debí haber nadado tan lejos. Tú intentaste advertirme pero yo no quería escuchar.

—Yo no debí haberte permitido nadar tan lejos. —Ichigo obviamente aún estaba intentando tomar la culpa—. Pero nunca había visto a las olas venir tan temprano antes. O tan grandes… ¡estas olas eran monstruosas!

—No estás bromeando —susurré y tosí otra vez. Era una profunda, y desgarradora tos que parecía venir desde la raíz de mis pulmones. El violento movimiento desagarró mi costado herido, grité y me agarré a mí misma, intentando evitar que mi cuerpo se rompiera en miles de fragmentos de dolor.

—Estás herido, ¿no? —Ichigo estaba inclinado sobre mí, con su rostro preocupado—. ¿Este es el lado que te golpeaste contra el rompeolas?

Asentí y tosí otra vez, aun agarrando mi costado. Dios, ¿esto nunca acabaría?

—Déjame ver. —Los dedos de Ichigo tantearon delicadamente mi costado, como buscando huesos rotos—. ¿Sientes algo agudo punzar desde adentro? — preguntó ansiosamente—. Porque eso podría significar una costilla rota.

Moví mi cabeza.

—Tuve un agudo… agudo dolor cuando me golpeé por primera vez en la muralla. Pero ahora sólo quema.

—¿Quema? ¿Qué quieres decir? —Sus dedos comenzaron a acercarse sigilosamente, bajo mi camiseta mojada—. ¿Dónde quema?

—¡Detente! —De repente encontré fuerza para alejarme de él. No había arriesgado mi vida manteniendo mi secreto, mientras me aferraba contra el rompeolas, sólo para que él lo descubriera ahora.

—¿Por qué debería detenerme? Necesitas dejarme ver —insistió Ichigo.

—¡Estoy bien! —Me moví a un lado lejos de él.

—Tú no estás… ¡Mira! —Tendió su mano hacia mí y vi que las yemas de sus dedos tenían sangre. Mi sangre, pensé nauseabunda. Estoy sangrando.

—Estás sangrando —dijo Ichigo, haciendo eco de mis pensamientos—. Ahora quítate esa estúpida camiseta y déjame echar un vistazo, Ruki.

—No. —Sacudí mi cabeza enfáticamente y me moví lejos de él.

Ichigo primero me miró herido, luego enojado.

—¿No crees que estás llevando esta cosa de la modestia japonesa demasiado lejos? ¿O es sólo que estás avergonzado de dejarme verte?

Crucé mis brazos sobre mi pecho protectoramente.

—Ninguna. Yo sólo… puedo mirarlo por mí mismo. Cuando estemos de vuelta en la casa.

—Pienso que estás avergonzado de algo —dijo Ichigo delicadamente—. Mira, Ruki, después de que Hanatarô muriera, su cuerpo estaba tan torcido por el cáncer, que he visto algunas cosas muy malas.

—¿Qué estás diciendo? —dije, aun manteniendo mi distancia.

—Estoy diciendo que no importa lo que estés escondiendo bajo esa camiseta, no tienes que estar avergonzado por dejarme verlo. —La voz de Ichigo era suave y engatusadora—. No me hará sentirme diferente acerca de ti, lo juro. Por favor, Ruki… confía en mí.

¡Cómo desearía poder! Pero el sueño aún estaba allí —la figura de Rukichi con los ojos vacíos y un muñón sangriento delante de mí— y no pude.

—Lo siento, Ichigo —dije—. Quiero pero no puedo.

La mirada tierna en sus ojos descoloridos fue remplazada por un frío y duro destello.

—¿Realmente es así como te sientes? ¿Después de todo lo que te dije ayer? ¿Después de todo lo que hemos pasado juntos? Confié en ti, ya sabes. Diablos confié en ti un montón.

—Lo sé y lo siento —dije otra vez, sintiéndome miserable. Esto era tristemente insuficiente pero no sabía que más decir. Ichigo se puso de pie y pasó su mano a través de su mojado cabello.

—Quizá todo esto fue un error.

—¿Qué cosa? —Mi corazón latía en mi garganta, haciendo difícil tragar o hablar.

—Esto… todo esto. Nosotros. —Hizo un ademán hacia mí—. ¿Tienes alguna idea de cuán difícil fue para mí decirte todo lo que te dije ayer, Ruki? No sólo acerca de Hanatarô. ¿Acerca de cómo me siento por ti… por otro chico? —Movió su cabeza—. Tenía miedo de que pudieras tirar mis palabras de vuelta a mi cara. Pero no. Tú dijiste… —Bajó su voz y me miró—. Tú dijiste que sentías lo mismo.

—Lo hice —susurré, sofocándome por las palabras—. Lo hago. Oh, Ichigo…

—Si realmente sintieras por mí lo que yo siento por ti, habrías confiado en mí. Yo… —Pasó una mano a través de su cabello—. Demonios, desnudé mi alma ante ti ayer, Ruki. Dos veces. Y justo ahora nosotros casi morimos allá afuera en el rompeolas porque no podías incluso quitarte tu camiseta en frente de mí. ¿Estás viendo la diferencia?

Lo veía todo bien. Pero no había nada que yo pudiera hacer acerca de ello.

Miserablemente, asentí.

Ichigo tomó una respiración profunda, como armándose de valor a sí mismo para decir algo difícil.

—Lo siento, Ruki, pero hasta que puedas mostrarme lo que estás escondiendo, hasta que puedas confiar en mí de la manera en que yo confío en ti, no creo que pueda hacer esto. Creo que quizá… quizá deberíamos sólo volver a ser amigos y compañeros de cuarto y nada más.

Esto era exactamente lo que he estado buscando… Las palabras que había sido demasiado cobarde de decir por mí misma. Y aun así, escuchándolas de sus labios sentí como si acuchillaran mi estómago.

—Está bien —me escuché a mí misma susurrar, aunque no sé dónde conseguí la fuerza para formar las palabras.

Ichigo me miró triste.

—¿Realmente no vas a decirme o mostrarme? ¿Te vas a dar por vencido con nosotros… sólo así?

—Tú eres el que está renunciado —dije débilmente—. No te culpo. — Torpemente toqué mi oreja, la perforada con su arete de plata y ónix—. Toma, te daré esto de vuelta.

—No, quédatelo. —La boca de Ichigo estrechó en una pálida línea y movió su cabeza—. Quiero que lo tengas… para recordarme.

—Como si pudiera olvidarte.

Ichigo me dio una larga mirada.

—Vamos. Tenemos que regresar a la casa, entonces podrás examinar tus lesiones en privado. —La palabra sonó helada viniendo de sus labios—. Aunque te advierto —continuó—, si te desmayas y comienzas con hemorragias por todas partes, voy a quitarte la maldita camiseta y te examinaré. Así que será mejor que estés alerta si quieres guardar lo que sea que estás escondiendo para ti mismo.

Asentí, sin tener nada más que decir.

Ichigo aparentemente trataba de convencerse a sí mismo también. Doblando, él avanzó por el camino bajando por el sendero rocoso a su casa. Agarrando mi costado herido con mis brazos, fui detrás de él.

Lo perdí. Lo he perdido, susurró una voz en mi cabeza y supe que era verdad.

Aunque mi costado dolía y palpitaba a cada paso, no dolía ni cerca de lo mucho que lo hacía mi corazón.

.

.

.

Que tal les pareció el capitulo? Al parecer Rukia llevo esto demasiado lejos solo para proteger a su hermano y por tal dejo que Ichigo se alejase de ella. Tal vez fue muy cobarde de su parte, pero deben entender que también es el secreto de su hermano y teme que Ichigo no pueda entenderla y piensa que Ichigo vaya a traicionarla y decirle a todo el mundo sobre su secreto (que seguro no será el caso) Pero igual piensa que Ichigo (a pesar de que dijo lo contrario) no vaya a comprender la gravedad del asunto.

Espero hayan disfrutado de estos capítulos y que no se enojen con Rukia, compréndanla un poco x3 Bueno, me despido de ustedes, no me he sentido bien desde ayer x3 Y a pesar de eso debo terminar algunas cosas de mi cosplay x3

En fin, que tengan una feliz noche, pasen feliz jueves, cuídense ^^ Jane!