Disclaimer: Hajime Isayama, este manga/anime no me pertenece, bla bla bla.

OK… ¡No puedo decirles mucho de este capítulo porque les haría spoilers! Pero supongo que sí puedo decirles que puse todo mi corazón en él y que acá está el flashback que les debía y que… ¡bueno, lo descubrirán pronto! xD

Vulnerable

Capítulo 11

Otoño en Dauper, año 836. Temporada de caza de conejos en el sur de la Muralla Rose. Un panorama perfecto para pasar unas últimas horas con mi padre antes de que él volviera al cuartel de la Legión de Reconocimiento luego de su semana de descanso – y sin que mis hermanos y yo lo supiéramos, las últimas horas que pasaríamos con él en la vida. Pero aunque a mis 12 años era muy consciente del riesgo que corrían los soldados que se aventuraban al exterior en cada misión, apenas pensaba en esa posibilidad inminente, admiraba a mi padre por poder salir y luchar contra los titanes y planeaba unirme a la Legión de Reconocimiento – para gran disgusto de mi madre. Además, durante una cacería familiar entre mi padre, Mason, Jules, Cedric, Finn y yo, esas cosas parecían muy distantes. Lo importante era disfrutar de la emoción y la adrenalina. Todavía lo es, cuando salgo a cazar con mis hermanos durante mis descansos para revivir esos momentos de nuestra infancia.

Mason, los mellizos Jules y Cedric y Finn tenían 15, 13 y 10 años respectivamente, y en esas ocasiones en familia, nuestros conflictos se reducían a una típica rivalidad fraternal en desvividos intentos de impresionar a nuestro padre, quien nos enseñó a los cinco a cazar, usar un arco y montar a caballo desde que tuvimos "suficiente edad" (según el criterio de mi madre). Sin ánimo de alardear, por lo general yo superaba a mis hermanos, y reconozco que disfrutaba viéndolos rabiar por haber perdido contra una chica. Finn llegó a confesar un par de veces que me admiraba por mi habilidad, aunque al parecer no lo suficiente como para no llamarme fea cada cinco minutos.

¡Ja! – me burlé de mi hermano mayor después de que él fallara un tiro y yo acertara en el mismo objetivo, cuando ya estábamos a punto de terminar con la cacería –. Yo tuve reflejos más rápidos y disparé antes que tú, y por lo tanto esa presa es mía. ¿Verdad, papá?

Fue sólo suerte, Kayla – gruñó Mason.

¿Ah, sí? – dije con una sonrisa pícara – ¿Es sólo suerte que tenga mejor puntería y sea más fuerte que ustedes cuatro? No es mi culpa si ustedes son malos perdedores.

¡Cállate, Kayla! ¡Eso no es cierto! – exclamó Jules.

¡Nos las pagarás la próxima vez! – añadió Cedric. Por respuesta señalé burlonamente a los pájaros que habían alzado vuelo debido al ruido que los mellizos habían hecho, causando que fruncieran el ceño aún más.

Papá, dile que no fastidie – dijo Finn en su habitual tono del menor de la familia, el que usaba tan a menudo a pesar de haber cumplido una década de vida.

En respuesta a todos: Mason, tu hermana tiene razón, la caza depende únicamente de la habilidad; Jules y Cedric, uno debe aprender a aceptar la derrota con dignidad; Kayla, es importante ser humilde, porque la arrogancia puede tener malas consecuencias; y Finn, si quieres que alguien no te moleste, tienes que enfrentar el problema tú mismo, ya no eres un niño pequeño – replicó mi padre con voz seria y un poco severa, pero sin perder su dejo paternal y cariñoso. A veces daría lo que sea por escuchar esa voz de nuevo.

Después de regresar a casa y un buen almuerzo preparado por mi madre con las mejores piezas de la cacería, mi padre nos anunció que era hora de regresar con sus compañeros y superiores. Había ocasiones en las que mi madre era capaz de tragarse su pesar y su miedo por la probabilidad de perder a su esposo y despedirse de él sin lágrimas, pero éste no fue el caso. Hasta hoy me pregunto si ella ya tenía algún mal presentimiento de lo que iba a suceder.

Tras haber logrado consolar a mi madre a medias, mi padre prosiguió a preguntarnos sobre lo cualquier cosa que nos inquietara o molestara y aconsejarnos para enfrentarlo. Siempre se despedía de nosotros con un consejo especial para cada uno, dependiendo de nuestros respectivos problemas, y siempre eran profundos y realmente sabios.

A Mason le recomendó continuar con su recientemente iniciado noviazgo con Gwen (y no podría haber resultado más correcto, porque ella acabó siendo su esposa); a Jules y Cedric, controlar mejor su carácter y su tendencia a irritarse, lo que con frecuencia causaba peleas entre nosotros; a Finn, perseverar en su objetivo de mejorar en su habilidad con el arco, en lo cual yo lo humillaba con diferencia notable. Pero sobre todo, jamás olvidaré las últimas palabras que me dijo.

Papá – dije con esfuerzo y tomando aliento. Me costaba decírselo incluso a él, sobre todo delante de mi madre y mis hermanos. Sólo se lo había contado a mis amigos –, he estado pensando en este asunto por mucho tiempo, y… aunque todos los habitantes de Dauper digan que es ridículo… quiero entrar a la siguiente Tropa de Reclutas para unirme a la Legión de Reconocimiento.

¿¡Qué!? – gritaron Mason, Jules, Cedric y Finn al unísono. Mi madre se cubrió la boca con las manos y mi padre se sorprendió, pero no se escandalizó, incluso sonrió después de la conmoción inicial.

Brandon, por favor, dile que no… – empezó a suplicar mi madre a mi padre. Yo odiaba cómo esa confesión afectaba a mi familia.

Angie, ya hablamos de esto una vez. Por favor, tienes que entender que las vidas de nuestros hijos no son nuestras – contestó él mientras la abrazaba, refiriéndose a cuando con cuatro años de edad anuncié por primera vez mi sueño de salir de las murallas con toda la inocencia del mundo y sin querer provoqué una amarga discusión entre mis padres, en la cual mi padre terminó concluyendo que yo lo decidiría por mí misma cuando fuera mayor. Pero ahora ya tenía edad para enlistarme, y podía tomar esa decisión; aunque no podría empezar el entrenamiento hasta cinco años más tarde debido a la crisis en mi familia y en toda mi región.

Cuando mi madre se calmó un poco, mi padre se volteó hacia mí, se arrodilló para estar a mi altura y mirarme a la cara, me puso una mano en el hombro y me dijo:

Hija mía, nadie tiene derecho a decirte qué hacer con tu vida, ni siquiera yo o tu madre. Si eso lo que quieres, eres libre de elegirlo, aunque te advierto que no es fácil. Sin embargo, no tengo dudas de que tú lo lograrías. Y necesito que me prometas algo.

Sí, papá – afirmé, enderezándome para intentar ser más alta.

Que jamás permitirás que nadie te convenza de que no puedes cumplir tus metas. Tienes una fuerza, una inteligencia, una valentía y una determinación capaces de lograr lo que sea que te propongas. No dejes que nadie te diga lo contrario. ¿Puedes prometerme eso?

Te lo prometo, papá – asentí con firmeza y completa convicción.

Ésa es mi chica – él sonrió y me abrazó. Luego se despidió de todos nosotros y lo observamos mientras cabalgaba de regreso al cuartel, sin saber que ésa sería la última vez que vería a mi padre con vida.

Una semana después, llegó uno de los miembros del equipo de Brandon Nakamura para darnos la noticia, incluyendo que habían conseguido recuperar parte de su cuerpo y que había muerto por una causa noble. Cuando lo oí, simplemente no lo pude creer por varios minutos. Mi padre, el hombre que me había criado, que siempre me protegía y al que admiraba más en el mundo, estaba muerto. Jamás volvería a darme consejos, a llevarme sobre sus hombros, a abrazarme, a contarme historias y a enseñarme todo tipo de cosas. Inconscientemente caminé hacia el bosque, donde hacía poco habíamos disfrutado de una excelente tarde de cacería juntos. Entonces me derrumbé contra el tronco de un árbol y dejé que mis ojos se inundaran.


– El último consejo y mi última promesa a mi padre tuvo un gran impacto en mi vida. Su figura paterna en general tuvo mucha influencia en mí – observé, pensativa al terminar de contar esta historia –. Probablemente porque entre mis hermanos y yo, soy la que más se parece a él en apariencia y en personalidad.

– Hay hechos y personas que marcan tu vida para bien o para mal, Kayla Nakamura. Le pasa a todo el mundo – dijo Levi por toda respuesta; sin embargo, era evidente que me había escuchado con atención y genuino interés.

– Incluido tú, intuyo – aventuré, y extendí la mano hacia él como lo hacía con mis amigos sin poder resistirme, aunque no sabía qué esperar de Levi. Pero él la tomó. Cuando lo hizo, sentí algo que nunca había sentido antes y que no supe cómo describir, ni identificar la razón. Yo había tomado de la mano a incontables amigos. ¿Por qué esto era, de alguna forma, diferente?

– Sí. No me excluyo – dijo el tercer comandante mirándome a los ojos al cabo de varios segundos –. Sin embargo, ya debería irme.

– ¿Por qué? – dije, perpleja. También ante mi reacción y ante el hecho de que realmente no quería que Levi se fuera.

– Mañana es la estúpida evaluación de la expedición de hoy, así que prefiero ir preparándome para la burocracia, los informes de las bajas, los resultados y cosas por el estilo. Una mierda, pero es la obligación – dijo mientras se levantaba y caminaba hacia la puerta –. Y tu amiga enfermera dijo que debías descansar. Vendré a verte mañana o pasado.

– Claro. Hasta entonces – murmuré con torpeza asintiendo débilmente con la cabeza antes de que el mejor soldado de la humanidad saliera, dejándome con un remolino de emociones en la cabeza que me hicieron pasar el resto de la noche en vela.

Sólo Samantha habría sido capaz de ayudarme a despejar mi mente en un momento así, pero estaba dormida y no iba a despertarla. De modo que me limité con recostarme de nuevo en la cama, intentando descifrar todas las cosas que me impedían pensar con claridad.

Era todo tan absurdo y tan ilógico. Nada tenía sentido. Mi pensamiento racional había establecido con más que suficiente claridad que como mucho, Levi llegaría a ser un amigo de confianza (si lo podía considerar algo así). Pero yo ya tenía varios, como Samantha, Breck y Will; y aun así, Levi no encajaba del todo en esa categoría.

¿Entonces en qué categoría encajaba, maldita sea? ¿Qué demonios significaba Levi para mí? Él había empezado siendo considerado uno de los seres más ruines de la Tierra por mí, superado sólo por los mismos titanes y la Policía Militar, más aún por lo que me dijo en mi primera expedición; y luego Hanji – bendita seas, Hanji – me hizo darme cuenta de que no podía estar más equivocada, que en verdad era yo quien había sido ruin al considerarlo un presumido frío y arrogante antes de siquiera molestarme en hablar con él o intentar conocerlo. Entonces me disculpé con él, sólo porque sentía que era lo correcto, y ese simple acto había conducido a múltiples encuentros que me hicieron descubrir que el tercer comandante en realidad sí tenía humanidad – mucha más de la que yo creía –, y noté las similitudes entre los dos, como nuestro sentido de la dignidad y el orgullo, nuestra tendencia a reflexionar sobre la vida y a veces carecer de tacto, nuestra voluntad fuerte, incluso nuestra forma mordaz de hablar (aunque él la tenía mucho más que yo).

Fue él quien me consoló cuando sentía que no tenía remedio, fue él a quien recurrí como confidente cuando ni siquiera me atrevía a contarles de mis problemas a mis amigos, fue él quien me enseñó aún más cosas acerca de la vida y el deber de un soldado. Más de una vez Levi me había enfurecido, pero lo había compensado con toda la ayuda y consejo que me había dado.

¿Quién era Levi, para empezar? Yo no comprendía del todo su pasado y su razón de ser como era y posiblemente nunca lo comprendería. Era sin duda el mayor misterio con el que me había topado en mi vida, a excepción de los titanes. Entonces, ¿por qué me había empeñado en acercarme a él después de la muerte de Erik Morzinger, cuando Hanji me advirtió que estaba más intratable que de costumbre? ¿Por qué tenía tanta confianza en él para hablarle de mis problemas personales, incluso de algo tan íntimo como el último día con mi padre, y de mis principios? ¿Por qué me había alterado tanto cuando intentó negar que yo le importara? ¿Por qué había sentido lo que sentí cuando tomó mi mano? ¿Por qué en ese mismo instante quería tenerlo de vuelta a mi lado?

Cuando los primeros rayos de sol empezaron a entrar por la ventana, súbitamente toda esa bruma en mi cabeza se despejó y todo estuvo claro como el agua. Tan insultantemente claro que me sentí estúpida. Considerando el tiempo que me tomó darme cuenta, quizá mi subconsciente lo había estado negando por semanas.

Estaba enamorada del soldado al que solía despreciar.

Estaba enamorada de Levi.


*chilla y colapsa en la silla* Sólo puedo decir que eso ha sido lo que más disfruté escribiendo hasta ahora, gente buena y fiel que ha llegado hasta acá. Sólo puedo pedir una cosa: reviews para saber qué tal me salió la parte a la que tanto ansiaba llegar :3

Los quiere,

Audrey-chan