Disclaimer: Dos palabras típicas: Hajime Isayama. Eso lo dice todo.

OK, les permitiría pegarme por lo que me demorado, de no ser porque estoy coja desde el lunes pasado y por eso no pude ir al OtakuFest este fin de semana. Bueno, al menos estoy más o menos como nuestro sexy Heichou después de pelear contra la Mujer Titán… sólo que Levi se lesionó el pie en una batalla épica y no simplemente corriendo… ¡MALDITA ZAPATILLA GASTADA! ToT :(

Un pequeño aviso antes de este capítulo: he modificado ligeramente los sucesos del manga y anime, pero espero que no afecten mucho a la historia y que, como siempre, disfruten leyendo :)

Vulnerable

Capítulo 13

Nadie hubiera pensado que ese fatídico día la humanidad retrocedería todavía más ante los titanes. Ninguno de nosotros tuvo un mal presentimiento, ni un sueño sombrío, ni nada por el estilo. Al contrario, empezó como un día perfectamente común. Sólo que a menudo, las apariencias engañan.

Poco después del almuerzo, yo estaba en el patio de prácticas de combate cuerpo a cuerpo con Terry, quien me había pedido que le enseñara algunas técnicas de defensa personal. Para ser honesta, me costaba controlar mi entusiasmo, sobre todo después de haberme pasado casi tres meses sin poder entrenar debido a mis lesiones y haber vuelto a ser la de antes del accidente hacía apenas un mes, por lo cual lo había derribado varias veces de forma humillante.

– ¡Te dije que siempre tienes que mantener los ojos abiertos por todos los lados, Terry! – le repetí después de su milésima derrota.

– ¡Es inútil! ¡Y no es justo! – rezongó él. A veces, todos los hombres son malos perdedores –. Yo no tuve lecciones en esto desde los dos años.

– Mi primera pelea de verdad fue a los cuatro – corregí –, y lo que sí es inútil es darte por vencido – Le di una palmada amistosa en el hombro –. No te desanimes. ¿Crees que yo obtuve victorias de la noche a la mañana? Con paciencia y perseverancia se puede todo, eso es lo que decía mi padre.

– De acuerdo, Kayla, pero si me rompes un hueso, quiero ver cómo se lo explicas a nuestros respectivos líderes – bromeó él antes de levantarse y ponerse de nuevo en posición de combate.

Apenas habíamos comenzado de nuevo, cuando Bess y Maia (quienes habían estado conversando justo a las afueras del castillo, por lo cual habían podido enterarse de primera mano) interrumpieron en el patio a toda prisa. Ambas parecían muy impactadas y alarmadas, por lo cual de inmediato supe que era un asunto de urgencia y me preparé para oír malas noticias, como que los estúpidos congresistas nos habían recortado el presupuesto otra vez o atrasado nuestra siguiente expedición – para variar. Sin embargo, ni en mis peores pesadillas podría haber predicho lo que escuché a continuación.

– Terry, Kayla – dijo Bess con voz trémula – ha llegado un soldado de las Tropas Estacionarias. Dice que…

– El distrito de Shiganshina está bajo asedio. Se ha abierto una brecha en el muro. Los titanes han entrado – completó Maia, con su voz y sus ojos color ámbar reflejando el mismo terror e incredulidad.

El mismo sentimiento que en un instante se contagió a Terry y a mí. Los cuatro nos quedamos paralizados en ese mismo lugar por varios segundos, sin poder ni querer creerlo. Eso significaba que en vez de hacer el más mínimo avance contra el enemigo, éramos nosotros los que estábamos retrocediendo. Me sentí completamente inútil e impotente, hasta que las campanas del castillo empezaron a repicar, devolviéndonos a una realidad que no queríamos enfrentar. La señal de alerta. Francamente yo había llegado a creer que nunca las utilizaríamos, pero ese día demostró que me equivocaba. En muchas cosas.

– Deberíamos ir con nuestros equipos y empezar a prepararnos para la batalla – yo fui la primera en lograr reaccionar –. Dudo mucho que seamos sólo espectadores en esto – dije con determinación, intentado darles valor a mis amigos.

Ellos asintieron, reuniendo toda su fortaleza (que no era poca) y corrimos a buscar a Samantha, Breck, Will y Judson, quienes ya estaban con Dita Ness y por lo tanto ya se habían enterado, mientras Bess y Terry iban con su líder, Darius Baer-Varbrun, y el resto de su equipo. Comprobamos que yo había acertado: la Legión de Reconocimiento también tendría que luchar para contener a los titanes que invadían nuestro territorio y salvar a los civiles. Por una vez en la vida, yo odiaba tener razón.

El cuartel quedaba a unos kilómetros de la puerta interior a Shiganshina (pues siempre salíamos y entrábamos por este distrito en misiones al exterior), en el extremo sur de la Muralla María, lo que equivalía a poco menos de dos horas a caballo. Mientras mi equipo y yo cabalgábamos junto con prácticamente toda la Legión de Reconocimiento hacia el lugar de los sucesos, nuestros superiores nos revelaron la información que el miembro de las Tropas Estacionarias había traído.

– El soldado dijo que el mayor titán que nadie jamás ha visto apareció de la nada frente a la puerta exterior de Shiganshina – nos explicó Dita Ness –, tan enorme que su cabeza quedaba a unos diez metros por encima de la cima de la pared, y de una sola patada destrozó la entrada, permitiéndoles al resto de titanes penetrar en territorio humano.

Un escalofrío me recorrió la columna. Los muros que constituían nuestra protección y nuestra jaula medían cincuenta metros, más del triple del tamaño de los titanes más altos. El hecho de que hubiera uno aún más grande era tan increíble como si mi queridísima cuñada Gwen me dijera que me consideraba su mejor amiga.

– Ese titán sólo fue visto por unos segundos – continuó nuestro líder –. Tras destruir la puerta, se esfumó tan repentinamente como apareció. No es como ninguno que hayamos encontrado antes. Ni siquiera los anormales pueden desaparecer así.

– ¿No existe ningún registro de algún titán similar? – preguntó Will.

– Por más que odie decirlo, no – respondió Dita con un tono sombrío, en contraste con su habitual actitud seria pero amistosa –. No tenemos ni la más remota idea sobre sus orígenes o naturaleza, lo cual nos coloca un paso más atrás de los titanes de lo que ya estábamos.

– Lo que importa ahora es detener a los titanes como podamos, ¿verdad? – dijo Breck, tan decidido como siempre.

– Para ser honesto, con una brecha en la muralla por donde pueden seguir entrando, es imposible que logremos frenar su avance por completo – contestó Dita –. Tampoco es una opción viable sellar el agujero en la muralla con estas circunstancias, así que lo único que podemos hacer es evacuar a la población.

– Por lo menos atacó sólo el distrito de Shiganshina – observó Maia, tratando de darle un enfoque positivo a la situación –. Si evacuamos esa área, el resto de la Muralla María estará a salvo. Podríamos reducir las bajas al mínimo si evacuamos a los civiles y luego nos retiramos lo antes posible para trazar un plan concreto para recuperar el territorio perdido, en vez de ir en una situación límite como ésta.

Me permití tener esperanza. Maia tenía razón. La humanidad no estaba perdida y tampoco nosotros. Si habíamos sobrevivido en más de media docena de expediciones, podíamos hacer esto.

Demonios, cómo me arrepentí de ser optimista ese día.


¿Que cómo fue la batalla? En tres palabras, el mismo infierno. Apostaría cualquier cosa a que cualquier sobreviviente de Shiganshina en su sano juicio la describiría así, sea soldado o civil. Yo siempre había querido salir de las murallas porque sabía que no nos protegerían eternamente, pero en el fondo siempre había querido creer que yo no viviría para verlo. Y ahora lo estaba viviendo y luchando para que no sucediera.

Se sentía extraño pelear en la ciudad, al tener que usar edificios como soporte para los ganchos del equipo de maniobras, cuando antes éstos siempre habían sido árboles. Además, por primera vez en décadas, la Legión de Reconocimiento luchaba junto a las Tropas Estacionarias, quienes normalmente sólo se encargaban de vigilar el muro y como policía local, excepto en la Muralla Sina (donde se habían quedado todos los cobardes de la Policía Militar, quienes para variar, no ayudaban en lo más mínimo). También era una nueva – y no precisamente buena – experiencia tener como público a todos los habitantes del distrito, algunos quedándose observándonos como si fuera el más inofensivo de los espectáculos. Más de una vez les grité a varias personas que mis compañeros y yo estábamos arriesgando nuestras vidas por ellos y que corrieran hacia el interior si querían vivir, incluso llegué a insultarlos a causa de la frustración. No me arrepiento de haberlo hecho, porque de lo contrario, habrían sido devorados sólo por culpa de su jodida curiosidad.

Varias veces distinguí a Levi entre el frenesí, junto con su escuadrón. Aunque se notaba que como de costumbre, él no perdía la calma y mataba a cada titán que se le ponía por delante con sorprendente frialdad, me sorprendí al descubrir que estaba preocupada por él. No tenía sentido: incluso en esta situación, su habilidad lo convertía en uno de los miembros de la milicia con más probabilidades de sobrevivir. Asumí que era parte de enamorarse, y de nuevo maldije esos sentimientos por hacerme ser tan tonta. Pero por suerte o por desgracia éste no era el momento de pensar en eso. Concentrarse en los objetivos y no sucumbir al pánico era cuestión de vida o muerte.

Comprobé una vez más que Dita Ness era un excelente líder. A pesar de que obviamente temía por las vidas que estaban en nuestras manos y las de las Tropas Estacionarias, fue capaz de organizarnos y mantener la serenidad en el grupo. Nos subdividimos en dúos para eliminar un titán a la vez con un trabajo entre dos y Dita nos ayudaba cuando alguno fallaba. Yo formé pareja con Samantha, Breck con Will y Judson con Maia.

Sin ánimo de alardear, por horas fuimos realmente efectivos. Trabajando en dúos organizados y con la ayuda de un veterano, eliminamos a todos los titanes que amenazaban con devorar a los ciudadanos o a otros soldados, nos salvamos la vida mutuamente en incontables ocasiones y no sufrimos ninguna baja en nuestro grupo, incluso evitamos salir heridos, excepto por unos cuantos moretones y rasguños. De verdad pensé que lo lograríamos, que había esperanza para la humanidad y para nosotros después de todo. Sin embargo, son las falsas esperanzas las que resultan en mayor decepción. Y yo aprendí eso por las malas.

El sol ya empezaba a descender cuando vimos al Titán Acorazado. Para ese momento, horas después de la aparición y desaparición del Titán Colosal, ya prácticamente todos los civiles habían entrado a la muralla interna, por lo cual esperábamos con ansiedad el momento en el que nos dieran la orden de retirada para poder salir de ese infierno. Pero fue entonces cuando los gritos de pánico de miembros de las Tropas Estacionarias y pisadas que hacían retumbar la tierra nos alertaron de que algo realmente malo estaba pasando.

– ¿Qué pasa? ¿Los titanes han entrado al muro interior? – pregunté a Samantha, quien estaba mirando a la lejanía y no me contestó, horrorizada. Cuando miré en la misma dirección, comprendí la razón.

Durante la batalla, mi grupo y yo habíamos alejado bastante de la puerta interna a Shiganshina y nos habíamos ubicado en los tejados de las casas del área central, donde Dita consideró que era una buena posición, ya que podíamos mantener una línea de defensa lo suficientemente lejos de la puerta como para permitir la evacuación sin poner en peligro a los civiles. Desafortunadamente, también nos daba un asiento de primera fila para ver cómo un titán de 15 metros con piel endurecida corría a toda velocidad hacia la pared, con la clara intención de destruirla.

Por ese acto nos dimos cuenta de que era inteligente, al igual que el Titán Colosal, cuyo objetivo era obviamente derribar la puerta. Y ahora estaba éste, de tamaño más o menos normal pero con una fuerza y resistencia capaces de hacer el mismo daño. Y por si fuera poco, inteligencia. Si hubiera sido como los estúpidos titanes comunes, lo habríamos eliminado como a cualquier otro.

El caso es que el maldito Titán Acorazado arremetió contra la puerta interna a una rapidez sólo vista en titanes anormales; y nosotros estábamos justo en su camino. Por un segundo estuve a punto de proponerle a Dita que a lo mejor era posible acabar con él si nos uníamos con otros equipos, pero mi idea se desbarató cuando vi que los cañones de las Tropas Estacionarias ni siquiera lograban frenarlo. Pero para ese momento, ya estaba corriendo tan rápido que Dita no tuvo tiempo de organizarnos y lo único que pudimos hacer fue quitarnos de en medio en cuanto pudimos reaccionar para evitar que nos aplastara.

Nos dispersamos frenéticamente por el miedo natural a morir, perdiendo el orden que nos había permitido sobrevivir por tanto rato. Hasta hoy, de vez en cuando reflexiono sobre eso y me pregunto qué habría pasado si hubiéramos mantenido la formación, aunque luego lo justifico diciéndome a mí misma que era lo que cualquiera hubiera hecho, quizá incluso Levi y el resto de nuestros superiores.

Claro que si hubiera sabido de antemano las futuras consecuencias de ese acto, las cosas habrían sido muy distintas. Eso es algo sobre lo que no tengo dudas.


¡Cliffhanger de nuevo! Ok, lo siento muchísimo, pero ¡es que tenía que parar allí mismo! Ahora mismo estoy cargada de cosas que hacer, así que les ruego paciencia, pero les prometo compensarlo con mi mejor esfuerzo, lisiada y todo ;)

Gracias a todos los lectores y por favor dejen reviews para saber qué tal me salió y seguir mejorando.

Los quiere,

Audrey-chan