Disclaimer: Dos palabras típicas: Hajime Isayama. Eso lo dice todo.
Muy bien, ahora que el cole por fin se ha terminado y puedo dedicarme las 24 horas del día a ver anime y escribir como si mi vida dependiera de ello hasta las 2 de la mañana (cualquier cosa por ustedes, lectores), qué mejor manera de celebrar que colgando este capítulo. ¡Espero que les guste! :)
Vulnerable
Capítulo 15
La única ventaja de retirarnos de Shiganshina a la puesta de sol fue que los titanes son inactivos durante la noche, lo cual nos daba bastante tiempo para evacuar el cuartel e ir al castillo de la Legión de Reconocimiento en la Muralla Rose, abandonado por muchos años. Yo había llegado a pensar que jamás sería utilizado. Otro error más de ese día.
Por lo demás, habíamos tenido casi 40% de bajas, entre muertos, desaparecidos y heridos; y yo sabía quiénes se contaban entre los primeros. Por más que sólo quisiera quedarme junto a lo que quedaba de Samantha y Breck y llorar en privado, no podía permitírmelo en este momento. Ahora lo principal era cargar nuestras provisiones y equipo indispensable que pudiéramos llevar en las carretas, según ordenó Irvin Smith.
Todos los que no teníamos heridas graves ayudamos en el proceso, pero recuerdo muy poco el haberlo hecho; estaba en una especie de trance debido a la conmoción. Sólo cuando nos pusimos en marcha hacia la Muralla Rose pude derrumbarme en una carreta, abrazar a Will y llorar como nunca antes lo había hecho en mi vida. Fuera de eso, lo demás tampoco está muy claro.
A la mañana siguiente, me desperté rodeada de mis amigos sobrevivientes, tendida en un delgado colchón en la enfermería de nuestro nuevo cuartel, al que habíamos llegado después de la medianoche. Recordaba vagamente haber acompañado a los heridos y tratar mis propias lesiones, aunque eran muy leves, y luego quedarme allí toda la noche. Pero las imágenes que sí habían quedado grabadas en mi memoria para siempre eran la de Samantha con la columna partida y tosiendo sangre, muriéndose delante de mí sin que yo pudiera hacer nada para impedirlo; y la de Breck yaciendo en la carreta con todo el cuerpo quebrado y su vida desvaneciéndose, con Will y yo como testigos.
Esos pensamientos me golpearon como una bofetada. Era todo tan injusto. Ambos tenían 21 años, una familia esperándolos en Dauper, un montón de amigos, una pareja y toda una vida por delante. Me abrumaba la misma sensación de completa impotencia ante la injusticia que sentí a los ocho años por la muerte de mi hermanita adoptiva, Gemma, por culpa de una enfermedad. No era justo, y lo peor era que yo no podía hacer nada contra eso. Entre dientes murmuré todas las palabrotas que se me ocurrieron y apreté tanto los puños que me clavaba las uñas en las palmas hasta hacerlas sangrar, pero no me bastaba con eso. De nuevo volví a enfurecerme; mi único objetivo en mente era matar a cada titán y hacerlo trizas con mis propias manos. Y esa meta perduró por mucho tiempo. Debo admitir que en el presente, a menudo vuelvo a desear venganza con toda mi alma; sólo que actualmente ya aprendí a no "suicidarme" en momentos así, como dice Levi.
Bien podría describir los dos días que le siguieron a Shiganshina como los peores de mi vida. En el primero fue el recuento de bajas y análisis de la situación con nuestros superiores, lo cual supuso noticias de mal en peor: la alta concentración de refugiados de la Muralla María (evacuada por las Tropas Estacionarias la noche anterior), nuestro cambio de objetivo, ahora enfocado en retomar el territorio perdido, y obviamente nuestras bajas, las cuales superaban a las de cualquier misión común. Cada nombre que leían era como un golpe en plena cara, y cuando leyeron los nombres de Samantha Reid y Breck Finch no pude luchar más con las lágrimas.
En el segundo, nos dejaron visitar a nuestras familias para informarles de la situación. Bueno, a los que teníamos suficiente suerte de vivir en la Muralla Rose; los que tenían su hogar en la Muralla María, incluyendo a Judson, Bess, Maia y Terry, fueron a buscar a sus parientes entre los refugiados, aunque no tenían ninguna garantía de que siguieran vivos; aun con los titanes inactivos, varios civiles se habían extraviado en la oscuridad. Al menos Will y yo sabíamos que nuestros familiares nunca habían corrido peligro en Dauper.
Tampoco recuerdo mucho del viaje a caballo (ahora mucho más corto) hacia nuestro pueblo natal. Sólo sé que llegué y en cuanto abrí la puerta de mi casa mi madre me abrazó con toda su fuerza, gesto que fue recíproco. También con Mason, Jules, Cedric y Finn, quienes se lanzaron sobre mí apenas me vieron. Entre los cinco, casi me asfixiaron; pero también me sentí feliz de que todavía los tuviera a ellos y porque eso era otra prueba de que me querían y se preocupaban por mí.
– Kayla, mi niña… escuchamos que la Legión de Reconocimiento estuvo en Shinganshina. Supe por instinto que tú también habías ido a luchar ahí, y… ¡Kayla, no vuelvas a asustarme así nunca más! – exclamó mi madre sin soltarme y casi llorando.
– Por increíble que suene… te quiero, hermanita. De verdad temí por ti – confesó Mason. Jamás había oído esas palabras de ninguno de mis hermanos, y eran un verdadero consuelo en esos tiempos difíciles.
– Todos lo hicimos, fea – dijo Finn en una voz que intentaba ser burlona pero que contenía genuino afecto.
– Yo también, cuarteto de idiotas – contesté en el mismo tono.
Gwen no se alegró tanto de verme – por no decir nada – como ellos y Helga, para quien yo simplemente me había ido y había vuelto una vez más, y me recibió con la misma calidez y su distintiva inocencia. Malva y Lena sí llegaron a darme un abrazo breve y a decirme que era un alivio que estuviera bien. Por una vez, tenía un encuentro realmente cariñoso con mi familia.
Sin embargo, ese bienestar desapareció cuando les conté de la situación en la que estaba la milicia y por supuesto, Samantha y Breck. Resumiendo, todos ellos se disculparon e intentaron consolarme, pero para mí, no era una disculpa sincera. Incluso aunque mi madre y mis hermanos habían perdido a mi padre, ellos no entendían lo que era luchar allí mismo y no poder salvar la vida de un amigo. Ni ellos ni las respectivas familias de Samantha y Breck, quienes aún no dejan de culparnos a Will y a mí por sus muertes. Nadie podría entender ese sentimiento.
O eso creía.
Sería redundante hablar con detalle de todo el mes que le siguió a los eventos de Shiganshina. Para dar una idea general, el día de hoy me resulta deprimente pensar en mi propia depresión durante ese período.
Había mañanas en las que literalmente despertaba furiosa o llorando, la mayoría de veces por pesadillas en las que veía a Samantha ante mí, con una mirada que parecía decir: "¿Por qué no me salvaste, Kayla? ¿Por qué me dejaste morir así?", y cuando intentaba disculparme y ayudarla, ella desaparecía. Otras veces era Breck, yaciendo en la carreta herido y ensangrentado, cuya expresión reflejaba el dolor de alguien traicionado y me culpaba de no haber estado allí para ayudarlo, y apenas yo trataba de alcanzarlo, un titán le caía encima. Esas visiones en sueños hacían que la pena y la culpa se volvieran insoportables.
Yo ya no tenía ganas de nada. Había abandonado la práctica de técnicas marciales y con el equipo de maniobras, había dejado de hablar con Levi y el resto de mis amigos, incluso había olvidado mi meta inicial de libertad; ¿qué punto tenía, ahora que la humanidad había perdido abiertamente contra los titanes? Me sentía totalmente impotente, inútil y derrotada. Habría buscado consuelo en Will, mi único amigo de la infancia sobreviviente, pero parecía otro. Era como si una parte de él hubiera muerto junto con Samantha y Breck. Ya nunca reía, sonreía ni hacía bromas. Su rostro era sombrío, triste, amargo y carente de su antigua vitalidad. No quería ver a nadie, ni siquiera a Maia o a mí. Lo único que hacía todos los días era tumbarse en su cama y quedarse horas enteras mirando al techo, excepto cuando teníamos algún deber, durante los cuales no pronunciaba palabra y su mente parecía estar en otro lugar. Will Dermot era apenas una sombra de la persona que había sido hasta la batalla de Shiganshina.
Por mi parte, yo pasaba las horas libres en soledad absoluta, sentada en el jardín, el balcón o mi habitación – y ahora estos tres lugares me parecían tan ajenos. No eran los mismos donde había pasado tantos momentos buenos y malos en el anterior cuartel, que de alguna manera, se había convertido en una especie de hogar para mí. No podía ni quería aceptar los cambios que habían ocurrido inevitablemente. No tenía ganas de ver ni hablar con nadie, y así fue como cumplí deprimentemente los 22 años, sin ninguna emoción ni compañía.
Una tarde, terminé sentada en una banca en el jardín, con los ojos cerrados y miles de cosas en la cabeza. Me negaba a llorar más, pues sabía que lamentarme no haría ninguna diferencia. De hecho, no sabía cómo debería sentirme. ¿Culpable porque no logré evitarlo, o decirme a mí misma que hice todo lo que pude? ¿Triste por sus muertes o furiosa y sedienta de venganza contra los titanes? No lo sabía. Así que sólo me quedé allí, sintiendo el sol poniente en la cara y pensando que Samantha y Breck nunca más lo sentirían.
– Más te vale tener una buena razón para deprimirte así en la situación en la que estamos, Kayla Nakamura – Oí a alguien detrás de mí. Una voz que ya conocía, pero que después de tantos días sin vernos ni hablar, ahora sonaba extraña. El soldado más fuerte de la humanidad. O en palabras más románticas, mi amor secreto y no correspondido.
Volteé hacia él y lo que vi me sorprendió. Levi estaba apoyado en la pared de brazos cruzados, sin su capa verde ni la usual dureza en su rostro. Se veía cansado y harto de pelear una batalla que estábamos perdiendo, no sólo contra los malditos titanes, sino también contra los insoportables políticos de la Muralla Sina; hasta se rumoreaba que planeaban cerrar la Legión de Reconocimiento si no hacíamos nada "útil" pronto, por lo que nuestros superiores, entre ellos Levi, estaban luchando para impedírselo, aunque debíamos estar preparados para lo peor. Además, recordé que cuando habían hecho la lista de bajas de Shiganshina, casi todo el escuadrón de Levi formaba parte de ella, a excepción de dos (y a uno de ellos le había costado una pierna). La actitud, el porte y la mirada del tercer comandante reflejaban esos sucesos. Lo hacían parecer aún más vulnerable. Otra prueba de que también era un humano después de todo.
– Hemos perdido casi un tercio de nuestro territorio, la humanidad va tres pasos detrás de los titanes y no hemos podido hacer nada al respecto, dos de mis mejores amigos han muerto delante de mis narices, sus familias me odian, la mía no me entiende y mi mejor amigo sobreviviente no me habla y no parece él mismo – contesté con mi voz quebrándose en algunas palabras –. Espero que sea suficiente razón según tu criterio.
– Lamento decepcionarte, pero no vale la pena renunciar a todo en tu vida y mucho menos suicidarte por eso – replicó, acercándose a mí. A pesar de la firmeza en su voz, noté empatía sincera –. No voy a negar que es un golpe duro; sin embargo, sería absurdo rendirte del todo. Sería admitir que las vidas de tus amigos, las de todos los soldados caídos y la tuya no valen un comino.
En ese momento, en lugar de enfurecerme como habría hecho hacía un mes, me rompí. Me puse a llorar y sollozar como una niña delante de él, olvidando mi sentido de la dignidad, sin espacio para la vergüenza. Era la tercera vez que Levi me veía llorar, y en esta ocasión, no me importaba en lo más mínimo; lo único que quería y necesitaba era consuelo de cualquier tipo.
– Yo… había creído que podía hacerlo todo, que podía protegerlos. ¡Pero estaba allí y no pude hacer nada para salvarlos! – exclamé entre lágrimas y ocultando mi cara entre las manos –. Si tan sólo no hubiera dejado que mi estúpido orgullo me cegara, si tan sólo no me hubiera separado de ellos, si tan sólo hubiera sido un poco más rápida, si tan sólo hubiera visto…
– Jamás digas "si tan sólo", Kayla Nakamura – me interrumpió Levi –. Es inútil arrepentirte de decisiones que ya no puedes revertir, excepto para torturarte, lo cual no cambia nada de todas formas. Así que deja de jugar a la víctima.
Era curioso cómo Levi me hacía sentir mejor con palabras rudas y groseras. Por algún incomprensible impulso dentro de mí, me puse de pie y lo rodeé con mis brazos. Él se tensó por unos instantes, pero lo devolvió. En cuestión de contacto físico, nunca había pasado de tomarle la mano. Aunque extraño, se sentía ciertamente bien abrazar al hombre del que estaba enamorada y que éste no me rechazara y ni siquiera se quejara de que estaba llorando sobre él, a pesar de que odiaba ensuciarse.
– Si quieres vengar a tus amigos, lucha por lo que has perdido y por lo que no quieres perder – dijo en tono reflexivo –. Ni eso ni nada te hará olvidar, pero al menos puede darte una razón para no rendirte, Kayla Nakamura.
Con toda honestidad, ése fue el mejor consuelo que nadie podría haberme dado. Era como si Levi me comprendiera de verdad.
Y lo hacía. Demonios, me entendía a la perfección. Esas palabras terminaron de unir las piezas; involuntariamente, Levi me había revelado algo de su pasado. Súbitamente dejé de llorar y lo miré a la cara.
– Eso fue lo que te ocurrió, ¿verdad? – murmuré, casi inconsciente de lo que decía y lo que podía causar –. Perdiste a un amigo en una batalla de cualquier tipo. Y sientes que fue tu culpa, o al menos en parte – Moví la cabeza, atónita –. Es muy lógico.
Sus ojos grises se ensancharon, su boca se abrió ligeramente y alzó las cejas, lo cual interpreté como la máxima señal de sorpresa e incredulidad. Ya había aprendido a descifrar los más mínimos gestos en su rostro por lo general pétreo, por lo que eso era bastante obvio.
Sin embargo, jamás habría podido predecir lo que Levi hizo tras unos segundos de estupor: me tomó por la muñeca con fuerza, se dio media vuelta y me arrastró con él en silencio por los pasadizos del castillo, sin contestar a mis preguntas:
– ¿Qué sucede? ¿Estás molesto conmigo? – cuestioné una y otra vez mientras caminaba tras él, esforzándome para seguirle el paso. Ahora era él el que me tenía pasmada –. ¡Levi, por favor, no me trates así! ¡Si me odias por lo que acabo de decir, sólo…!
En ese momento, Levi se detuvo ante una puerta, la abrió con brusquedad y prácticamente me arrojó dentro. Era la oficina del segundo mejor soldado y líder de escuadrón, Mike Zakarius, al que Levi se había referido una vez como "el gigante con nariz de perro". No era para menos: tenía un olfato tan agudo que podía reconocer a las personas y detectar titanes por su olor, y con casi dos metros de estatura, era el miembro más alto de la Legión de Reconocimiento. A su lado, Levi y yo parecíamos peones de ajedrez.
– Cuéntale toda la maldita historia – dijo Levi antes de que Mike tuviera tiempo de preguntar nada –. Con cada jodido detalle. Esta idiota suicida tiene mi permiso para saberlo – Dicho esto, salió y dio un portazo, dejándome tan confundida y sorprendida como Mike.
Por lo general, el segundo mejor soldado era muy serio y calmado (excepto cuando olfateaba a alguien y luego sonreía), pero ahora se quedó sin palabras por casi un minuto entero.
– De acuerdo, las cosas definitivamente están cabeza abajo – opinó. Él ya me conocía a medias, aunque en parte sólo por ser hija de Brandon Nakamura.
– ¿Qué quieres decir con eso? – pregunté mientras me sentaba junto al escritorio delante de él.
– Kayla, ¿verdad? Bueno, Levi siempre ha sido muy reservado con su pasado, incluso con los miembros de confianza de su escuadrón. El hecho de que acabe de pedirme que te cuente de todo eso es como si la Policía Militar dejara de ser corrupta – Al notar mi confusión, agregó –. Lo entenderás dentro de poco. Lo primero y lo más importante que debes saber de la historia del soldado más fuerte de la humanidad son dos nombres: Isabel Magnolia y Farlan Church.
Inmediatamente, intuí – y adiviné – dos cosas: una, que ellos habían sido importantes para Levi, y dos, que no seguían en este mundo.
*gritito* ¡POR FIN! ¡KUINAKI SENTAKU (el ova de Levi)! Me moría de ganas de llegar a esta parte. Lo siento de todo corazón por el cliffhanger, pero les prometo que trabajaré como loca para darles lo que se merecen, gente increíble.
Los quiere,
Audrey-chan
