Feliz día de San Valentín a todos mis lectores, sé que no en todos los países representa con exactitud lo mismo, pero sé que en algunos también se celebra la amistad, :D y en ese contexto les deseo como siempre mucha alegría y felicidad a todos ustedes. Gracias por seguir esta historia. También agradezco sus reviews, especialmente a: Konan Akatsuki, Alyshaluz (créeme que me estoy pensando lo de la llave xD) Tepucihuatl-Shun e InatZiggy-Stardust (aguante al gran maestro jijiji), darkacuario, Abel The Titan, i-will-love-you-recklessly, geminisnocris (qué bueno que tuviste tiempito libre :D) Fabiola Brambila y Tot12.

Espero este capítulo les guste tiene un poco de romance y peleas, lo sé, no puedo vivir sin ellas soy un alma belicosa u.u.

Antes de que lean quiero aclarar para los que no saben que una cimitarra es un sable curvo de origen musulmán u oriental, existen clasificaciones especiales de cimitarras que no quise agregar, pero si les interesa el tema hay bastante material circulando por internet, para este fic sólo basta que entiendan que los sables son curvos y no rectos como las espadas.

Este fic es una romántica historia de SHun y June, los personajes pertenecen al asesino del amor Masami Kurumada claramente por ser un shounen se entiende que no hay tiempo para que ni siquiera se tomen de la mano muy a pesar (cierto hay relaciones implícitas pero a veces se agradecería un poquito más de demostración hasta el pesado de Shiryu me parece un marido frío con la pobre Shunrei pero esa es mi impresión a lo mejor estoy mega equivocada), pero de todas formas amo Saint Seiya. Esta historia no persigue fines de lucro, sólo compartir mis ideas con personas que las aprecian.

Errores que cuestan caro.

Por Mel-Gothic de Cáncer.

Capitulo XVI.

Protegiendo nuestro hogar.

Cuatro días transcurrieron desde que Shun había entrado en el inconsciente de June, faltaba menos para que Athena regresara del Olimpo. Sin embargo, ambos jóvenes se divertían en su recorrido por los campos griegos, se sentían normales por primera vez en sus vidas, sin mayores responsabilidades que huir de Ikki y los demás caballeros del Santuario, y por supuesto la misión personal del Caballero de Andrómeda de restablecer la salud psíquica de quien hasta hace poco era su mejor amiga y de quién se había enamorado perdidamente.

- ¿Qué es eso?- preguntó June observando desde la colina por la que estaban caminando una enorme masa amarilla que se movía como las aguas del mar.

- Es un campo de trigo, deben estar un poco atrasados en la cosecha- explicó Shun pero antes de que pudiera decir más la amazona iba corriendo colina abajo para ir a ese lugar.

- ¡Yo llegaré primero!-

- ¡Espérame, eso es trampa saliste antes que yo!- gritó Shun corriendo tras ella. El aire fresco del otoño que recién iniciaba, los coloridos campos, todo era un deleite para ellos en ese instante, después de tantas batallas y tanto dolor era inevitable que contemplaran el mundo como a través de los ojos de un niño recién nacido que descubre todo a su alrededor- ¿June dónde estás?

- ¡Aquí!- escuchó su risa y su voz, pero ella no aparecía por ningún lado.

- ¡Deja de esconderte!- se quejó el Caballero de Andrómeda buscándola en medio de las altas espigas del campo.

- ¡Estoy aquí!- continuaba gritando June quien a saltos asomaba su cabeza por encima de las espigas y luego volvía a esconderse bajo ellas.

- ¡No uses tu técnica conmigo!- Shun intentaba encontrarla sin ningún resultado.

- ¡No serían escondidillas si logro que me encuentres!- se burló June asomando su cabeza una vez más en la distancia.

- ¿Así que ese es tu juego? Pues te arrepentirás, no necesito cosmos ni nada para encontrarte- Shun animado continuó con su búsqueda. Pero localizar a una chica rubia en medio de un campo de trigo era algo difícil, en especial si su constelación era el Camaleón.

- ¿Ya te diste por vencido Shun?- gritó June empinándose con sus pies en medio del campo, lo suficiente para ver al peliverde sin que él se diera cuenta donde estaba- ¿Shun? ¿Estás ahí?

Pero el joven no respondía, algo preocupada, June comenzó a buscarlo y para su sorpresa sintió que la empujaban por detrás hasta verse en el suelo aplastando varias espigas que amortiguaron su caída, encima de ella a sólo centímetros de su nariz estaba Shun, tratando de sostenerse con sus manos para que el peso de su cuerpo no recayera sobre la joven.

- Te atrape- sonrió con inocencia- debiste haber visto tu cara cuando no me encontrabas, no sé si esa era más graciosa que la que pusiste al caer- Pero June no salía de su estupor al tenerlo tan cerca, sus ojos verdes se posaban en los de ella, su suave aliento cubría su faz, y aunque él se esforzaba en no cargar su peso, podía sentir las piernas de Shun sobre las suyas. Sus mejillas se encendieron por la situación y su respiración se agitó un poco, esto no era indiferente para él, quien al tenerla a esa distancia había fijado toda su atención en su rostro, sus ojos azules, sus arqueadas cejas, sus mejillas enrojecidas, su fina nariz, su rubio cabello que se confundía con el dorado de las espigas, la fragancia de su piel similar a la de los girasoles y sus delicados labios sonrosados los cuales en ese momento deseaba tener entre los suyos. Su respiración así como su corazón también comenzaron a agitarse, cada segundo que pasaba acercaba su rostro más al de ella, el viento hizo que las espigas se mecieran como las olas alrededor de ellos, pero el chillido estridente de un águila rompió el hechizo regresándolos a la realidad.

- Debemos continuar con el viaje…pronto anochecerá- dijo June con el corazón en un hilo casi en murmullos, deseaba que Shun se negara, que posara sus labios sobre los de ella, él también lo quería pero por un instante pensó dentro de sí hasta dónde sería capaz de llegar junto a ella, si Athena no lograba que su sentencia de muerte cambiara entonces la perdería para siempre.

- Tienes razón, debemos encontrar un refugio donde pasar la noche- Shun se puso de pie con algo de pesar, y ayudó a la joven a levantarse también- ya me siento con más energías, entraré en tu inconsciente de nuevo.

- Entiendo- June estaba algo triste por ese casi beso frustrado, pero el hecho de que él entrara en lo más profundo de su ser espantó aquel pensamiento- Shun, tengo miedo de lo que puedas encontrar ahí dentro yo…-

-No debes temer June, voy a protegerte, todo saldrá bien- sonrió él con su eterna amabilidad.

- No es justo que tú pelees esta batalla por mí, agradezco lo que haces pero no quiero que te arriesgues y también es mi deber velar por mí misma, eso es lo que nos enseñó el maestro ¿Lo recuerdas?- Un par de lágrimas resbalaron por sus mejillas mientras bajaba el rostro avergonzado, Shun lo levantó con suavidad y fijó su mirada esmeralda sobre ella.

- Lo recuerdo, pero él también nos enseñó que no podemos cargar con el peso del mundo como Atlas, y que si alguna vez tenemos un grave problema que no podemos manejar por sí solos jamás será una humillación pedir ayuda a alguien más- Shun secó las lágrimas en el rostro de June y la observó con seriedad- No voy a permitir que mueras.

El resto del camino lo hicieron en silencio, Shun se maldecía a sí mismo por no poder decir frente a June que la amaba, y ella aún estaba confundida respecto a los sentimientos de Shun, a lo largo de ese viaje le había demostrado muchas veces un cariño enorme pero él era así de amable con todo el mundo, jamás hacía distinciones, comprendía que no le era indiferente pero tampoco entendía hasta qué punto ella era importante para Shun, tal vez estaba ayudándole porque la quería como una hermana ¿o tal vez había algo más?.

Al anochecer encontraron las ruinas de lo que alguna vez pareció ser un pequeño templo, ¿hacia qué dios estaría consagrado? Con toda seguridad a Deméter, estaban en medio de los campos y lo más lógico era que alguna vez se le adorara a ella en ese lugar. Al centro, en el deteriorado altar, June y Shun pusieron en ofrenda siete espigas y tres girasoles que habían cortado sin imaginar que encontrarían ese lugar. Albiore les había enseñado que si alguna vez se cobijaban en el templo de algún dios ajeno a Athena debían dejar ofrendas, eso era una muestra de respeto hacia su anfitrión o anfitriona.

- Por favor Deméter, señora de los dones de la tierra, permítenos quedarnos en tu templo, nos iremos dentro de poco y no molestaremos- dijo Shun poniendo sus manos en postura de oración- Hemos traídos estos obsequios, esperamos te sientas complacida, protégenos mientras estemos en tus dominios.

Después de esa pequeña plegaria, June hizo una fogata mientras Shun acomodaba unas mantas en el suelo, y traía agua y frutas que habían sacado de algunos árboles aquella tarde. Luego de la cena, recostó a la joven en las mantas y se dispuso a ingresar en su mente otra vez.

- ¿Estás lista?- dijo a June mientras la sostenía fuertemente contra su pecho.

- ¿Qué debo hacer?- preguntó ella con timidez mientras escuchaba los acelerados latidos del corazón del Caballero de Andrómeda.

- Sólo descansa- susurró él mientras encendía su cosmos, esto tranquilizó a la joven quien rápidamente se quedó dormida, entonces él inició el viaje a lo profundo de su mente. Una vez más la June del lado consciente lo recibió en aquel enorme y bello jardín dentro de alfa Chamaeleontis, las heridas en su cuello habían sanado, pero los grilletes de sus manos y pies seguían lastimándola. Shun se dispuso inmediatamente a entrar por el espejo a su pre consciente, tenía poco tiempo antes de que en el Santuario pudieran volver a sentir el cosmos de la amazona de Camaleón y el suyo.

- De nuevo aquí, te estaba esperando- dijo la June del espacio pre consciente apuntando con una lanza directo al cuello de Shun cuando entró a sus dominios.

- June, déjame pasar no quiero hacerte daño- dijo él confundido por la actitud de la amazona, pensaba que después de su primera visita el rencor que ella le guardaba había sido borrado pero al parecer estaba equivocado.

- Lo sé, vienes a ayudarme, pero es divertido pelear contigo, que jamás se te olvide que soy una guerrera antes que una niña- la joven atacó a Shun con la lanza, este esquivaba sus movimientos pero cada vez eran más difíciles de ver.

- Detente, no puedo perder el tiempo contigo- insistió mientras la lanza lograba rasguñar su cuello.

- Entiende que no puedo permitir que cualquiera entre a mi inconsciente, soy la barrera que lo protege- sonrió June probando con su lengua la sangre de Shun en la punta de la lanza para continuar con su ataque, pero el Caballero de Andrómeda no estaba dispuesto a soportar más ese asedio impuesto por la amazona. Apenas pudo evitarla, saltó por encima de ella y entró al templo que contenía el espejo hacia el inconsciente, pero la amazona rápidamente logró darle alcance, lo cual le obligó a tomar una de las lanzas que estaban dentro de ese lugar y comenzó a hacerle frente.

- No quiero pelear contigo, deja de portarte como una necia- dijo bloqueando todos los lanzazos que le propinaba la guerrera, pero ella estaba muy alegre con esa situación, y no cesaba en su ataque hasta que Shun deslizó la lanza entre sus piernas provocando que cayera, acto seguido condujo la punta de la lanza hacia su yugular- ¿Estás satisfecha ahora?

- Nunca estaré satisfecha hasta derrotarte, pero ha sido suficiente por hoy, puedes pasar- sonrió ella poniéndose de pie.

- Si eres así de belicosa ¿Cómo es posible que mi hermano haya entrado a tu inconsciente?- preguntó Shun desconcertado por la actitud de la amazona.

- Bueno, él entró de una forma más desprevenida y agresiva que tú- en ese momento Shun vio a través de las hombreras de la armadura de June una profunda cicatriz que aún permanecía sin cerrase definitivamente.

- Ikki hizo esto- dijo con tristeza intentando tocar la herida.

- ¡Déjame! Sanará en cuanto logres ayudar a mi inconsciente, ahora vete- Shun hizo caso a la amazona y entró en el espejo hacia el inconsciente pensando en lo destructiva que era la técnica de su hermano.

Una vez más se vio obligado a recorrer ese enorme vacío lleno de puertas y ventanas, no quería tardar demasiado en encontrar una quizás similar a la de bronce de la vez anterior, pero todo estaba cambiado, como si el escenario se hubiera revuelto de nuevo para hacerle más difícil la búsqueda.

- Las personas cambian constantemente ¿El inconsciente también lo hará?- pensó, caminó un poco más y de pronto una puerta de plata con la máscara de June labrada en ella apareció- ¡Esta debe ser la puerta que estoy buscando!

Sin pensarlo demasiado Shun la abrió y entró en el escenario tras ella. Lo que vio a continuación era algo desolador.

- Este lugar es…Isla Andrómeda- dijo mientras contemplaba el caos a su alrededor, todo estaba destruido, había fuego en diversas zonas consumiendo las cabañas de todos los que moraban en ese lugar, muy cerca se alzaban unos túmulos de piedra y junto a ellos se encontraba una figura muy familiar para él.

- ¡June!- gritó corriendo hacia ella.

- ¡No puede ser! ¿Eres Shun? ¿Qué haces aquí?- contestó la joven quien llevaba su máscara puesta, su cuerpo tenía muchas heridas y su armadura estaba deteriorada por la batalla que había sostenido algunas horas atrás.

- ¿Qué sucedió aquí? ¿Te encuentras bien?- preguntó Shun tomándola por los hombros, lo cual extrañó a la joven, eran buenos amigos pero jamás habían sido así de afectuosos.

- Fuimos atacados por el Santuario- contestó June apartando a Shun con sus manos- El patriarca le ordenó muchas veces a nuestro maestro que viajara a Japón para eliminarte por traicionar a Athena, pero él creía firmemente en ti…

- Entonces envió a Milo de Escorpión para que lo asesinara- dijo Shun recordando aquella vez en que la propia June le había contado aquella tragedia.

- ¿Cómo lo sabes?- la joven amazona se alejó de Shun con desconfianza- ¿De verdad eres Shun? ¡Responde!

- Claro que soy yo, June mírame- pero la amazona asustada y sin saber en quien confiar atacó a Shun con su látigo.

- ¡No mientas! ¡Deja de imitar a Shun y muéstrame en verdad quién eres! ¡Vienes del Santuario! ¿Verdad? ¡Contéstame!- la joven llena de ira y de tristeza se abalanzó sobre el Caballero de Andrómeda dispuesta a matarlo.

- June no hagas esto, soy Shun- intentó convencerla pero ella se negaba a creerle, enrolló su látigo en el brazo de su contrincante y tras hacerle una llave e inmovilizarlo, tironeó su cabello para que el rostro de Shun mirara hacia los túmulos.

- ¡Júrame delante de la tumba de mi maestro y de mis compañeros de entrenamiento de que eres quién dice ser!- dijo con fiereza- si descubro que mientes te mataré.

- Maestro, tú sabes que soy Shun, y que estoy en este lugar porque vine a rescatar a June, también sabes que tu verdadero asesino fue Afrodita de Piscis y no Milo de Escorpión, por eso junto a tu cuerpo había una rosa roja, quiero que sepas que logré vengarte y pido perdón a todos ustedes por no haber protegido esta isla, mi hogar, como era mi deber- varias lágrimas se deslizaron por las mejillas de Shun, siempre había tenido miedo de decir aquellas palabras, era una de las razones por las que evitaba Isla Andrómeda en el mundo real, el sabía que no tenía sentido que salieran de su boca porque los muertos no regresarían, pero al oírlo, June se dio cuenta que él decía la verdad, él era Shun la persona a quien más amaba en el mundo.

- Shun, eres tú, perdóname- el amargo y silencioso llanto emergió del rostro escondido tras la máscara mientras liberaba al Caballero de Andrómeda de su látigo y de su agarre. Algo adolorido, él se puso de pie y abrazó a la amazona con fuerzas.

- Tranquila, sé por lo que estás pasando, perdóname a mí por haber llegado tan tarde- Mientras la estrechaba, por su mente pasaban las imágenes vívidas de los horrores que ella había vivido cuando Milo de Escorpión atacó la isla. Podía sentir en carne propia las heridas, el dolor por las torturas, el olor de la sangre derramada por su maestro y sus compañeros injustamente, June se aferró a él llorando desconsoladamente, nunca se había sentido tan sola y desvalida hasta ese momento, Shun intentó quitarle la máscara para asegurarse de que estaba bien pero ella se negó.

- ¿Qué estás intentando? No puedes hacer eso- dijo algo consternada por su actitud. El reaccionó y se dio cuenta que en ese entonces aún no había visto su rostro, por eso ella no comprendía la autoridad con la cual deseaba quitarle la máscara. El había sido el primero en contemplar su faz, desde entonces siempre que podía sentía que tenía el derecho para poder verla cuando lo deseara.

- Hasta este momento de nuestras vidas ninguno de los dos imaginábamos lo que nos sucedería- pensó observándola con ternura- Lo siento, sólo fue por los nervios del momento ¿Te encuentras bien?- intentó excusarse.

- Aún hay heridas que duelen…pero Shun, estabas en oriente buscando una armadura dorada y después nos dijiste que Athena estaba contigo y no en el Santuario ¿Por qué has venido a Andrómeda tan de repente?- preguntó June algo incómoda con la situación.

- Vine para sacarte de la isla, ven iremos a un lugar seguro- dijo Shun tomándola de la mano para llevarla al puerto y ver el modo de salir de ahí.

- No podemos, Andrómeda está tomada por guardias del Santuario, están por todos lados es casi imposible escapar, además hay uno con armadura que es su líder, es muy poderoso, tuve que sepultar a nuestro maestro y amigos a escondidas para que no me sorprendieran- dijo con pesar la amazona.

- Entonces hay que vencer a ese hombre para poder salir- Shun sostuvo la mano de la joven y sonrió para transmitirle seguridad- pero no puedo hacerlo solo, te necesito, limpiaremos esta isla que fue nuestro hogar, la protegeremos para que nuestro maestro y amigos puedan descansar en paz.

June observó a Shun tras la máscara, notaba que había algo diferente en él, aún así decidió seguirlo, lo había amado desde siempre y lo seguiría hasta el final.

Varios guardias se encontraban en el puerto de Isla Andrómeda. Obedeciendo las órdenes del Patriarca estaban erigiendo un monumento en su honor que quedara como ejemplo para quienes osaran desafiar su autoridad como habían intentado hacer alguna vez en Siberia. Algunos bebían a destajo vino que habían conseguido saqueando barcos que pasaban cerca de la isla, algunos sencillamente se divertían a costa de los más ebrios, y otros se repartían los bienes de Albiore y los jóvenes caballeros y amazonas muertos.

En medio de aquella fiesta aparecieron Shun y June, todos los presentes se quedaron observándolos intrigados.

- ¿Quiénes son ustedes? ¿Vienen por órdenes del Patriarca?- preguntó uno con voz gruesa.

- Acérquense entonces, beban con nosotros y celebren la victoria sobre los traidores de Isla Andrómeda- sonrió otro mirando lascivamente a June mientras le ofrecía una copa de vino en el cáliz dorado de Albiore.

- ¡Aleja tus asquerosas manos de ese cáliz!- la joven cogió el brazo del guardia y lo apretó hasta quebrarlo. Mientras este aullaba de dolor, los demás se lanzaron sobre Shun y June.

Era demasiados, pero ambos, espalda con espalda les hicieron frente, uno tras otro caían ante sus puños deseosos de justicia y en el caso de June de venganza. Pero a cada momento aparecían más como si estuvieran dentro de un hormiguero.

- Son demasiados ¿Qué haremos?- preguntó June mientras le partía el cráneo a un guardia.

- ¿Recuerdas lo que nos decía el maestro cuando teníamos a demasiados oponentes?- preguntó Shun golpeando en el estómago a otro dejándolo inconsciente.

- ¿Correr?- dijo June con inseguridad dando latigazos a diestra y siniestra.

- ¡Así es!- Shun cogió a un guardia y lo arrojó contra los demás, así ambos salieron corriendo a un lugar más descampado. En el camino encontraron lo que quedaba de la bodega de armas y cogieron las que estaban en mejores condiciones, un par de cimitarras. Fueron perseguidos por todos y en la medida que se acercaban de uno por uno, eran derribados por Shun y June, pero al llegar al risco frente a la roca del sacrificio se vieron rodeados por una multitud de guardias sedientos de sangre. Sin siquiera mirarse, tomaron posición de defensa con las cimitarras, nuevamente estaban espalda con espalda cubriéndose para que ninguno saliera lastimado.

- Esto es como en los entrenamientos- sonrió Shun recordando aquellos momentos.

- Espero que esta vez te atrevas a pelear- se burló June.

- Créeme que te sorprenderás- dijo él alardeando mientras el primer valiente abandonaba la muchedumbre para matarlos, pero se vio completamente frustrado cuando Shun lo atacó con la empuñadura de la cimitarra, con la cual lo golpeó en la mandíbula tirándole varios dientes y dejándolo tendido en el suelo. Los demás se arrojaron sobre ellos en una turba furiosa que poco a poco era liquidada por el filo de la cimitarra y los golpes del látigo de June y por la empuñadura de la cimitarra de Shun, quien a pesar de todo seguía con su filosofía de no matar.

La victoria parecía sonreír para el Caballero de Andrómeda y la Amazona de Camaleón, pero cuando quedaban pocos guardias dispuestos a hacerles frente un terrible cosmos hizo remecer a la isla completa.

- ¡Es él!- dijo June poniéndose en guardia después de limpiar la sangre de su cimitarra con el pañuelo que colgaba de su cintura, recordando el consejo de Albiore de limpiar las armas después de usarlas- es el caballero que envió el Patriarca a cargo de todos estos rufianes.

Shun se puso en posición de defensa, esperando que pronto apareciera la persona de la que June le había hablado y ante sus ojos pudo distinguir con dolor la inconfundible figura de Ikki.

Continuará…

A partir de hoy cambio las actualizaciones para los días viernes, así que nos leemos el 21 de Febrero :D