III.
(Do I wanna know)
If this feeling flows both ways?
(Sad to see you go)
Was sort of hoping that you'd stay
(Baby we both know)
That the nights were mainly made for saying things that you can't say tomorrow day
Te despiertas cuando Thor te pasa por encima, golpeándote con su cola negra y ya algo dañada de todas las veces que se ha caído tratando de abusar de sus siete vidas. Te remueves al darte cuenta de que todavía no es de día y no pareces estar en tu cuarto; parpadeas tratando de ubicarte y te sientas en el sofá de la sala de La Madriguera dejando caer el auricular del teléfono por el cual Hugo ya no maldice. No te molestas en recogerlo y echas para atrás tu cabeza en un intento de masajearte la sien que parece martillearte como regaño por haberte fumado todos los porros que tenias para las dos semanas siguientes en menos de veinticuatro horas. Te regañas por que ese es el efecto que Hugo tiene sobre ti; un efecto destructivo que en vez de hacerte bien a veces parece que te va a dejar peor que la cola de tu gato.
Sabes que el amor no es así, o al menos no debería sentirse de la manera en la que te sientes en ese momento: tan cansada y abatida que no planeas moverte de ese sillón para acostarte en tu solitaria cama. Sabes que tu amor hacia Hugo es diferente al amor de tus padres o de tus abuelos por que los sentimientos que tienes con respecto a Hugo por más puros o románticos que sean, se encuentran teñidos con el color del incesto y como consecuencia la palabra "prohibido" esta implícita en todos tus sentimientos. Has vivido por siempre reprimiendo las ganas de besarlo o de decirlo que lo amas y aunque te quedaste dormida sabes perfectamente que estabas llamando a Hugo por que no usas el teléfono para molestar a nadie, solamente para molestarlo a él, a tu primo, al sujeto de tu amor.
—Joder! —maldices al tiempo que vuelves a marcar el número de Hugo por que no eres ninguna cobarde y vas a terminar lo que empezaste gracias a los humos de la marihuana. Esperas impacientemente al tiempo que el teléfono repica y supones que Hugo debe estar durmiendo o siendo atacado por una rubia que debe pensar que eres una pulga de lo alta que supones que es. Trancas y vuelves a marcar una y otra vez hasta que a la quinta va a la vencida. Escuchas su respiración al otro lado de la linea antes de espetarte un "Liliana deja de llamarme cuando estas drogada" que cae en tu mejilla como si de un escupitajo se tratara. Respiras de nuevo y dejas que el silencio se apodere de la linea telefónica, en parte por que no sabes que responder y por otra parte por que merece ser torturado. — Te amo, Hugo—terminas diciendo antes de que tranque el teléfono hastiado por tu comportamiento infantil. Las palabras terminan siendo como un caramelo agridulce en tu boca al tiempo que esperas la respuesta de Hugo al otro lado de la linea.
Lily había hecho acto de presencia cuando llegaste a tu casa con esa pelinegra de mirada exótica y mas tela de lo normal. Tu acompañante no tuvo que hacer nada para que recordaras a la pelirroja pecosa que se había robado su loco corazón; el simple hecho de que cada noche Hugo cubría el espacio vacío de la cama con mujeres que no eran Lily le herían el corazón profundamente. Al tiempo que se desvestían mutuamente pensaste cuan irónico era que te hería una decisión que habías tomado para protegerte de tus sentimientos incestuosos hacia Lily Luna. Atacaste los senos de la chica con mas violencia de lo normal, rogando que ella pensara que te dejabas llevar por la pasión del momento cuando la verdad es que buscas convencerte a ti también de que no estas pensando en Lily.
Cuando te dispones a buscar un condón en tus desordenadas gavetas Lily vuelve a hacer acto de presencia, pero esta vez rompe las barreras de tu mente y se materializa en el sonido de una llamada entrante al teléfono que tienes en tu cuarto. Cierras los ojos y aprietas el empaque del condón con fuerza, por que no necesitas levantar el auricular para saber que es Lily la que te llama y que lo mas seguro es que este drogada. Atiendes al tiempo que tu acompañante se viste y ni te molestas en mascullar en una disculpa entre dientes, te encargas de desahogarte con Lily quien no responde por que seguramente el humo de los porros la dejo noqueada. Trancas el teléfono con rabia y lo tiras al piso antes de maldecir repetidas veces mientras buscas tu encendedor para fumarte unos cuantos cigarros. "Maldita Lily Luna, maldita ella y su maldita belleza que me vuelve loco y hace que me den ganas de tirar todo por la borda y hundirme en sus labios carnosos". Las cenizas caen poco a poco con el pasar de las horas mientras tus pensamientos hacia ella se acumulan en tu cabeza.
Piensas que Lily se ha esfumado de nuevo pero de todas maneras no puedes dormir y te dedicas a mirar el techo intentando esquivar a tu vicio que poco tiene que ver con la nicotina. Tus párpados pesan y es en ese preciso instante en el que el teléfono vuelve a sonar. Le lanzas una almohada al teléfono que sigue sonando y no es hasta que te cansas del sonido que decides atender. No puedes sino repetir las mismas maldiciones que lanzaste la primera vez que llamo y cuando terminas de hacerlo te preguntas si de nuevo se ha quedado dormida pero escuchas su pausada respiración al otro lado de la linea y decides esperar a ver que tiene que decir. Nada te prepara para las tres palabras que salen de la boca de Lily; has pasado tanto tiempo apartándola, ignorándola y suplantándola con otras que por tu cabeza nunca cruzo la idea de que ella podía sentir lo mismo que tu sientes. La rabia se apodera de ti por que una vez mas Lily Luna Potter ha arruinado tus inútiles intentos de huir del amor que sientes hacia ella.
—Cállate Lily! Deja de decir estupideces cuando estas drogada—trancas y rompes el teléfono lanzándolo contra la pared al tiempo que las lagrimas caen por tus mejillas.
