COMIDA

-Creo que deberíamos hacer una pausa para comer- propuso Hestia. Todos se mostraron de acuerdo y se dirigieron al comedor…

En el comedor los dioses aprovecharon para hablar con sus hijos y poder unir lazos familiares.

En la mesa de Hermes, el dios y sus hijos compartían bromas y chistes, aunque cierto bromista estaba un poco distraído mirando de reojo la mesa de Deméter.

En esta mesa la charla general era una sola: cereales. Los hermanos debatían como era mejor el cereal, como se podía cultivar de forma especial, etc…

En la mesa de Apolo se oían canciones, poemas y haikus, estos últimos normalmente contados por el mismísimo Apolo. Todos parecían divertirse menos el augur, que murmuraba maldiciones contra los "graecus"

Al lado, estaba la mesa de su gemela, Artemisa, que comía con sus cazadoras mientras se quejaban de los hombre y comentaban técnicas de caza. Fue la primera vez que las cazadoras llegaron a conocer a la nueva teniente, y no tardaron en darse cuenta que era bastante diferente a su actual líder. Mientras Zoe era calmada y formal, Thalia tenía una actitud rebelde y un aura despreocupada, pero igualmente a las cazadoras les cayó bien.

En la mesa de Afrodita, habían empezado a hablar sobre belleza, ropa, maquillaje, etc.… Pero al ver a Piper, que estaba como si la torturasen, decidieron intercambiar datos sobre las parejas de ambos campamentos. Eso Piper era capaz de soportarlo.

En la mesa de Hefesto se construían maquinas o herramientas con lo que sus hijos encontraban. Al final acabó siendo una especie de juego, en plan "¿Quién puede construir más con menos?". Hefesto sonreía, más o menos, y daba consejos a sus hijos para mejorar.

En la mesa de Ares, el dios y sus hijos gritaban/hablaban sobre la guerra y mil maneras de matar un monstruo. Frank no dejaba de mirar en otras mesas, con esperanza de que alguien lo rescatase de los locos de sus hermanos y su padre.

En la mesa de Dioniso, el susodicho intentaba hacer una pequeña charla con sus hijos y, sin que Zeus lo viese, beber un poco de vino.

En la mesa de Atenea, sus hijos debatían y mostraban a su madre planos o estrategias. Esta estaba rebosante de orgullo, aunque no podía dejar de fijarse que Annabeth, de vez en cuando, miraba la mesa donde estaban sentados los hijos de "los tres grandes" y compartía una sonrisa con el hijo de Barba Percebe.

En la última mesa estaban "Los tres grandes", donde la conversación se había vuelto un poco incomoda. Zeus no sabía cómo actuar con su hijo, que no dejaba de envidiar a su hermana por haber huido con las cazadoras. Hades no sabía tratar con personas vivas, además que les iba a decir a sus hijos" Hey Nico, ¿Por qué estas fuera del Lotus Casino, el lugar donde os encerré por más de 70 años a ti y a tu hermana? Hablando de Bianca, ¿Dónde está?" ¡No podía decirle eso! Y luego estaba Hazel, eso era todavía peor "Hola Hazel, perdón que lo pregunte pero… ¿No tendrías que estar muerta?" Por ultimo Poseidón no sabía cómo hablar con Percy. Este no parecía enfadado, pero Poseidón no estaba seguro de que hacer después de leer su vida y la de su madre. Además tampoco parecía demasiado interesado en hablar con él. No paraba de mirar a la hija de Cara Búho y sonreír.

Una vez terminada la comida, los semidioses y los dioses se dirigieron a la sala para poder seguir leyendo.

Cuando se acomodaron, Deméter cogió el libro para leer:

-El capítulo se llama Juego al pinacle con un caballo…- Leyó

-Creo que ese eres tú, Quirón- dijo Connor.

Tuve sueños rarísimos, llenos de animales de granja. La mayoría de ellos quería matarme,; el resto quería comida.

Los mestizos se rieron.

Debí de despertarme varias veces, pero lo que oía y veía no tenía sentido, así que volvía a quedarme grogui. Me recuerdo descansando en una cama suave, alguien dándome cucharadas de algo que sabía a palomitas de maíz con mantequilla pero era pudin.

-Ambrosia- dijeron los hijos de Atenea y Apolo

La chica de cabello rizado y rubio me sonría cuando me enjugaba los restos de la barbilla.

-Uy Annabeth, ¿Qué hacías ahí?- dijeron los Stoll

La hija de Atenea se sonrojo- Solo lo vigilaba

-Y entonces ¿Por qué sonreías?- pregunto Leo

Annabeth lanzo una mirada fulminante a Leo y este se calló.

-¡Que va a pasar en el solsticio de verano?- me pregunto al verme con los ojos abiertos.

-Eso queremos saber- exclamaron los dioses

-¿Qué- masculle.

-Respuesta universal de Percy- dijo Thalia, causando que todos se rieran. Percy le golpeo el hombro "juguetonamente".

Miro alrededor como si temiera que alguien la oyera.

-¿Qué esta pasando?¿Que es lo que han robado?¡Solo tenemos unas semanas!

-¿Robado?- repitieron los dioses y los romanos.

Atenea recordó el título "El ladrón del rayo" y no tardó en hacer las conexiones. Miro a su padre y luego a Annabeth para que confirmase sus sospechas. Esta asintió levemente, dejando a su madre preocupada y haciendo teoría sobre quien podría haberlo robarlo.

-Lo siento- murmure-, no se…

Alguien llamo a la puerta, y la chica me lleno la boca rápidamente de pudin.

-La mejor forma de callar a un hombre- afirmo Artemisa. Sus cazadoras y algunas chicas asintieron.

-Muy cariñosa- se rio Leo, ignorando el comentario de la diosa de la caza- ¿Todavía eres así?

Annabeth sonrió pícaramente- No, he encontrado una forma más eficaz de callarlo.

-¡Hey! Ni que fuera un perro…

Annabeth le dio un beso rápido en los labios, cortando la protesta de Percy. Afrodita se rio:

-En realidad, creo que esa forma es más eficaz- corrigió la diosa del amor a Artemisa

La siguiente vez que desperté, la chica se había ido.

-Ohhh, ya te echa de menos- dijeron los Stoll, causando que Percy se sonrojara

Un tipo rubio y fornido, con aspecto de surfero, estaba de pie en una esquina, vigilándome. Tenia ojos azules- por lo menos una docena de ellos- en las mejillas en la frente y en el dorso de las manos.

-Argus- dijo Hera sonriendo

Cuando por fin recobre la conciencia plenamente, no había nada raro alrededor, salvo que era más bonito de lo normal. Estaba sentado en una tumbona en un espacioso porche, contemplando un prado de verdes colinas. La brisa olía a fresas. Tenía una manta encima de las piernas y una almohada detrás de l a cabeza. Todo aquello estaba muy bien, pero sentía como la boca como si un escorpión hubiera anidado en ella. Tenía la lengua seca y estropajosa y me dolían los dientes.

En la mesa a mi lado había una bebida en un vaso alto. Parecía zumo de manzana helado, con una pajita verde y una sombrillita de papel pinchada en una guinda.

-Néctar- dijeron automáticamente todos los mestizos

Tenía la mano tan débil que el vaso casi se me cae cuando por fin conseguí rodearlo con los dedos.

Cuidado —dijo una voz familiar. Grover estaba recostado contra la barandilla del porche, con aspecto de no haber dormido en una semana.

Grover se ruborizo cuando todos se giraron para mirarlo.

-Estaba preocupado-se defendió ás, solo fueron dos días.

-Gracias- le dijo Percy sinceramente. El sátiro se encogió de hombros.

-Eres un gran amigo.- lo elogio Hestia y varios le dieron la razón.

Debajo del brazo llevaba una caja de zapatos. Vestía vaqueros, zapatillas altas Converse y una camiseta naranja con la leyenda «CAMPAMENTO mestizo».

Por reflejo todos los campistas griegos agarraron su camiseta.

El Grover de siempre, no el chico cabra.

Algunos soltaron risitas mientras Grover fruncía el ceño.

Así que quizá había tenido una pesadilla. Igual mi madre estaba sana y salva. Tal vez seguíamos de vacaciones y habíamos parado en esa gran casa por algún motivo. Y…

La tensión volvió a caer en la sala. Poseidón bajo la mirada pensando en Sally.

Me has salvado la vida —dijo Grover—. Y yo… bueno, lo mínimo que podía hacer era… volver a la colina y recoger esto. Pensé que querrías conservarlo.

Dejó la caja de zapatos en mi regazo con gran reverencia. Contenía un cuerno de toro blanquinegro, astillado por la base, donde se había partido. La punta estaba manchada de sangre reseca. No había sido una pesadilla.

El Minotauro… —dije, recordando

-No es prudente pronunciar su nombre- advirtió Reyna.

.—No pronuncies su nombre, Percy…

Reyna asintió de acuerdo.

Así es como lo llaman en los mitos griegos, ¿verdad? El Minotauro. Mitad hombre, mitad toro.

-Y como siempre Percy me ignora- suspiro Grover exageradamente.

Grover se removió incómodo.

Has estado inconsciente dos días. ¿Qué recuerdas?

Dime qué sabes de mi madre. ¿De verdad ella ha…?

Percy se estremeció ligeramente.

Bajó la cabeza. Yo volví a contemplar el prado. Había arboledas, un arroyo serpenteante y hectáreas de campos de fresas que se extendían bajo el cielo azul. El valle estaba rodeado de colinas ondulantes, la más alta de las cuales, justo enfrente de nosotros, era la que tenía el enorme pino en la cumbre. Incluso aquello era bonito a la luz del día.

-¡¿Perdón?!¡¿Qué quiere decir "incluso"?!- exclamo Thalia mirando enfadad a Percy. Este balbuceo una disculpa. Los griegos se rieron, siendo los únicos que entendían su arrebato. Zeus, Artemisa y sus cazadoras se preguntaron porque la nueva lugarteniente tenía ese "vinculo" con el pino.

Pero mi madre se había ido y el mundo entero tendría que ser negro y frío. Nada debería resultarme bonito.

-Está bien, te perdono.- murmuró Thalia. Percy negó con la cabeza y le dio una pequeña sonrisa.

Lo siento —sollozó Grover—. Soy un fracaso. Soy… soy el peor sátiro del mundo.

-¡Por supuesto que no!- gritaron Annabeth, Thalia, Nico y Percy

Gimió y pateó tan fuerte el suelo que se le salió el pie, bueno, la zapatilla Converse: el interior estaba relleno de polis pan, salvo el hueco para la pezuña.

¡Oh, Estige! —rezongó.

Un trueno retumbó en el cielo despejado. Mientras pugnaba por meter su pezuña en el pie falso pensé: «Bueno, esto lo aclara todo.» Grover era un sátiro. Si le afeitaba el pelo rizado, seguramente encontraría cuernecitos en su cabeza.

-Ni lo penséis- advirtió Katie y Piper mirando a los Stoll y a Leo.

Pero estaba demasiado triste para que me importara la existencia de sátiros, o incluso de minotauros. Todo aquello sólo significaba que mi madre había sido realmente reducida a lanada, que se había disuelto en aquel resplandor dorado. Estaba solo. Me había quedado completamente huérfano. Tendría que vivir con… ¿Gabe el Apestoso?

-Por encima de mi cadáver- gruño Poseidón.

-Eres inmortal- le recordó Hades.

-Por eso.

-No te abríamos dejado, hubieras vivido en el campamento- dijo Quirón con determinación.

No, eso nunca. Antes viviría en las calles, o fingiría tener diecisiete años para alistarme en el ejército.

-Por los dioses Prissy, eras un enano, jamás hubieras aparentado diecisiete- se burló Clarisse-. Apenas aparentabas los doce.

Haría algo, cualquier cosa. Grover seguía sollozando. El pobre chico —o pobre cabra, sátiro, lo que fuera— parecía estar esperando un castigo.

No ha sido culpa tuya —le dije.

Sí, sí que lo ha sido. Se suponía que yo tenía que protegerte.

-¡Y lo estaba haciendo! Como iba a evitar que les callera un rayo, es imposible- lo defendió Jason, mirando con reproche a su padre.

¿Te pidió mi madre que me protegieras?

No, pero es mi trabajo. Soy un guardián. Al menos… lo era.

Pero ¿por qué…? —De repente me sentí mareado, la vista se me nubló.

No te esfuerces más de la cuenta. Toma.

Me ayudó a sostener el vaso y me puso la pajita en la sabor me sorprendió, porque esperaba zumo de manzana. No lo era. Sabía a galletas con trocitos de chocolate, galletas líquidas. Y no cualquier galleta, sino las que mi madre preparaba en casa, con sabor a mantequilla y calientes, con los trocitos de chocolate derritiéndose.

A a Nico le sonaron las tripas.

-¿Hambre, Di Ángelo?- se rio Will, que estaba a su lado

Nico se sonrojo y dijo: - Si la probaras tú también tendrías, Solace.

Al bebérmelo, sentí un calor intenso y una recarga de energía en todo el cuerpo. No desapareció la pena, pero me sentí como si mi madre acabara de acariciarme la mejilla y darme una galleta como hacía cuando era pequeño, como si acabara de decirme que todo iba a salir bien. Antes de darme cuenta había vaciado el vaso. Lo miré fijamente, convencido de que había tomado una bebida caliente, pero los cubitos de hielo ni siquiera se habían derretido.

¿Estaba bueno? —Preguntó Grover. Asentí. — ¿A qué sabía? —Sonó tan compungido que me sentí culpable.

-Tú siempre te sientes culpable- dijeron sus amigos

Perdona —le contesté—. Debí dejar que lo probaras

-NO- chillaron varios mestizos.

-Ahora lo sé- protesto Percy-. Dioses, que fue casi hace 5 años.

¡No! No quería decir eso. Sólo… sólo era curiosidad.

Galletas de chocolate. Las de mamá. Hechas en casa.

-Las mejores- aseguraron todos las que las habían probado

Suspiró.—¿Y cómo te sientes?

Podría arrojar a Nancy Bobofit a cien metros de distancia.

La gente se rio.

Eso está muy bien —dijo—. Pero no debes arriesgarte a beber más.

¿Qué quieres decir?

Me retiró el vaso con cuidado, como si fuera dinamita, y lo dejó de nuevo en la mesa

-Estas exagerando Gregor- dijo el Sr. D

.—Vamos. Quirón y el señor D están esperándote. La galería del porche rodeaba toda aquella casa, llamada Casa Grande. Al recorrer una distancia tan larga, las piernas me flaquearon. Grover se ofreció a transportar la caja con el cuerno del Minotauro, pero yo me empeñen llevarla.

Las cazadoras levantaron una ceja…

Aquel recuerdo me había salido caro. No iba a desprenderme de éltan fácilmente.

Y volvieron a bajarla sorprendidas. Al parecer no quería presumir de sus hazañas.

Cuando giramos en la esquina de la casa, inspiré hondo.

Los romanos se inclinaron para escuchar con atención.

Debíamos de estar en la orilla norte de Long Island, porque a ese lado dela casa el valle se fundía con el agua, que destellaba a lo largo de la costa. Lloque vi me sorprendió sobremanera. El paisaje estaba moteado de edificios que parecían arquitectura griega antigua

-Es- susurro Annabeth

un pabellón al aire libre, un anfiteatro, un ruedo de arena—, pero con aspecto de recién construidos, con las columnas de mármol blanco relucientes al sol. En una pista de arena cercana había una docena de chicos y sátiros jugando al voleibol. Más allá, unas canoas se deslizaban por un lago cercano. Había niños vestidos con camisetas naranja como la de Grover, persiguiéndose unos a otros alrededor de un grupo de cabañas entre los árboles. Algunos disparaban con arco a unas dianas. Otros montaban a caballo por un sendero boscoso y, a menos que estuviera alucinando, algunas monturas tenían alas.

Reyna abrió los ojos e intento disimular su entusiasmo. Ella amaba los pegados.

Al final del porche había dos hombres sentados a una mesa jugando a las cartas. La chica rubia que me había alimentado con el pudín sabor a palomitas estaba recostada en la balaustrada, detrás de ellos.

-Vaya, vaya parece que alguien no puede pasar mucho tiempo separada de ti, Percy- dijo sonriendo Apolo.

El hombre que estaba de cara a mí era pequeño pero gordo.

Los dioses rieron suavemente. Los griegos también.

De nariz enrojecida y ojos acuosos, su pelo rizado era negro azabache. Me recordó aunó de esos cuadros de ángeles bebé… ¿cómo se llaman? ¿Parvulines? No, querubines. Eso es. Parecía un querubín llegado a la mediana edad en encampan de caravanas.

Ahora las risas eran carcajadas. Incluso los romanos tuvieron que cubrir alguna risa con tos.

-Te describe muy bien, hermano- se rio Hermes. Dioniso se había vuelto morado y miraba amenazadoramente a Percy.

Vestía una camisa hawaiana con estampado atigrado, y habría encajado perfectamente en una de las partidas de póquer de Gabe, salvo que me daba la sensación de que aquel tipo habría desplumado incluso a mi padrastro.

-Por supuesto que podría- refunfuño el dios del vino.

Ese es el señor D —me susurró Grover—, el director del campamento.

La mandíbula de los romanos llego hasta el suelo.

-¿Tenéis un dios como director?- exclamo Hazel.

Los griegos se encogieron de hombros – Es lo que ahí.

Sé cortés. La chica es Annabeth Chase; sólo es campista,

-¿Solo una campista?- dijo Annabeth cruzándose de brazos.

-¿Lo siento?-La hija de Atenea resoplo, pero luego sonrió al sátiro.

pero lleva más tiempo aquí que ningún otro.

Atenea miro a su hija y guardo esa información para más adelante.

Y ya conoces a Quirón. —Me señaló al jugador que estaba de espaldas a mí. Reparé en que iba en silla de ruedas y luego reconocí la chaqueta de tweed, el pelo castaño y ralo, la barba espesa…—¡Señor Brunner! —exclamé.

-Te acaba de decir que se llama Quirón- se burló Nico

-Cállate Aliento de Muerte- dijo empujándolo levemente. Nico se sonrojo.

El profesor de latín se volvió y me sonrió. Sus ojos tenían el brillo travieso que le aparecía a veces en clase, cuando hacía una prueba sorpresa y todas las respuestas coincidían con la opción B.

-Eso es una gran idea- aprobó Atena.

Ah, Percy, qué bien —dijo—. Ya somos cuatro para el pinacle.

Me ofreció una silla a la derecha del señor D, que me miró con los ojos inyectados en sangre y soltó un resoplido.

Bueno, supongo que tendré que decirlo: bienvenido al Campamento Mestizo. Ya está. Ahora no esperes que me alegre de verte.

Poseidón miro a dagas a Dioniso que se encogió en su asiento. Los campistas, en cambio, sonrieron con añoranza. Esa era la bienvenida oficial cuando llegabas al campamento.

Vaya, gracias. —Me aparté un poco de él, porque si algo había aprendido de vivir con Gabe era a distinguir si alguien habia empinado el codo.

Poseidón y Annabeth fruncieron el ceño, preocupados. La última se acercó más al hijo de Poseidón.

Si el señor D no era amigo de la botella, yo era un sátiro.

-Percy ¿Eres un sátiro?- preguntaron "sorprendidos" lo Stoll, causando risas a su alrededor.

¿Annabeth? —llamó el señor Brunner a la chica rubia, y nos presentó—.Annabeth cuidó de ti mientras estabas enfermo, Percy. Annabeth, querida, ¿por qué no vas a ver si está lista la litera de Percy? De momento opondremos en la cabaña once.

Claro, Quirón —contestó ella.

Aparentaba mi edad, medio palmo más alta, y desde luego su aspecto era mucho más atlético. Tan morena y con el pelo rizado y rubio, era casi exactamente lo que yo consideraba la típica chica californiana. Pero sus ojos deslucían un poco la imagen:

-¿Qué pasa con mis ojos?

Percy hizo un gesto a Deméter para que continuara leyendo

eran de un gris tormenta; bonitos,

Annabeth se ruborizó y Percy soltó un suspiro de alivio.

Pero también intimidatorios,

Ahora la hija de Atenea tenía una expresión divertida

-¿Te intimido, sesos de alga?

-Mucho- dijo, causando que la chica se riera.

-¿A quién no?- susurro Leo a Jason y a Piper. Estos rieron sabiendo el miedo que le tenía su amigo a Annabeth.

Como si estuviera analizando la mejor manera de tumbarte en una pelea.

-Estaba- reconoció. Algunos la miraron incrédulos. Su hermano Malcolm la defendió:

-¿Qué? Somos hijos de la diosa de la estrategia, nos viene en la sangre.

Echó un vistazo a mi cuerno de minotauro y me miró a los ojos.

Afrodita sonrió.

Supuse que iba a decir algo como: «¡Vaya, has matado un minotauro!», o «¡Uau, eres un fenómeno!».

Los que conocían a la rubia (es decir, todo el campamento junto con Quirón) se rieron.

-Sí, seguro que Annie dirá eso- se rio Thalia.

Pero sólo dijo: —Cuando duermes babeas.

Ahora todos se reían en toda regla. Las cazadoras no podían cabían en sí de orgullo.

-Es, probablemente, el comienzo más raro en una relación que haya visto nunca- dijo Afrodita.

-Todavía babeas, por cierto- comentó Annabeth.

-¿Y cómo sabes eso?- dijo pícaramente Leo.

Ambos se sonrojaron- Cállate- espetaron al unísono, aumentando la risa de los que los habían escuchado.

Y salió corriendo hacia el campo, con el pelo suelto ondeando a su espalda.

-Alguien se está enamorando- canturrearon la cabaña 10 junto con todos lo inmaduros, mortales e inmortales.

Bueno —comenté para cambiar de tema—, ¿trabaja aquí, señor Brunner?

No soy el señor Brunner —dijo el ex señor Brunner

Volvieron a reír mientras Percy se sonrojaba y maldecía entre dientes sus pensamientos pasados.

. Mucho me temo que no era más que un seudónimo. Puedes llamarme Quirón. —Vale. —Perplejo, miré al director—. ¿Y el señor D…? ¿La D significa algo?

-¿Tu qué crees Peter?

El señor D dejó de barajar los naipes y me miró como si yo acabara de decir una grosería.—Jovencito, los nombres son poderosos. No se va por ahí usándolos sin motivo.

Ah, ya. Perdón.

Debo decir, Percy —intervino Quirón—Brunner

Risitas se escucharon en la sala del trono.

, que me alegro de verte sano y salvo. Hacía mucho tiempo que no hacía una visita a domicilio a un campista potencial. Detestaba la idea de haber perdido el tiempo.

¿Visita a domicilio?

Mi año en la academia Yancy, para instruirte. Obviamente tenemos sátiros en la mayoría de las escuelas,

Reyna se preguntó si sería capaz de hacer que los faunos colaborasen como los sátiros.

para estar alerta, pero Grover me avisó en cuanto te conoció. Presentía que en ti había algo especial, así que decidí subir al norte. Convencí al otro profesor de latín de que… bueno, de que pidiera una baja.

-¿Qué hiciste?-preguntaron varios campistas y los dioses. Quirón se limitó a sonreír con el mismo brillo travieso que describían en el libro.

Intenté recordar el principio del curso. Parecía haber pasado tanto… pero sí, tenía un recuerdo vago de otro profesor de latín durante mi primera semana en Yancy. Había desaparecido sin explicación alguna y en su lugar llegó el señor Brunner.

¿Fue a Yancy sólo para enseñarme a mí? —pregunté. Quirón asintió.

Francamente, al principio no estaba muy seguro de ti. Nos pusimos en contacto con tu madre, le hicimos saber que estábamos vigilándote por si demostrabas preparado para el Campamento Mestizo. Pero todavía te quedaba mucho por aprender. No obstante, has llegado aquí vivo, y ésa es siempre la primera prueba a superar.

-Bueno, obviamente- dijo un hijo de Marte. Thalia y Hazel bajaron la vista. Ninguna de las dos paso la prueba, exactamente.

Grover —dijo el señor D con impaciencia—, ¿vas a jugar o no?

¡Sí, señor! —Grover tembló al sentarse a la mesa, aunque no sé qué veía de tan temible en un hombrecillo regordete con una camisa de tela atigrada.—Supongo que sabes jugar al pinacle. —El señor D me observó con recelo.

Me temo que no —respondí.

Me temo que no, señor —puntualizó él.

Señor —repetí. Cada vez me gustaba menos el director del campamento.

-El sentimiento es mutuo- masculló el dios del vino.

Bueno —me dijo—, junto con la lucha de gladiadores y el Comecocos, es uno de los mejores pasatiempos inventados por los humanos. Todos los jóvenes civilizados deberían saber jugarlo.

Estoy seguro de que el chico aprenderá —intervino Quirón.

Por favor —dije—, ¿qué es este lugar? ¿Qué estoy haciendo aquí? SeñorBrun… Quirón, ¿por qué fue a la academia Yancy sólo para enseñarme?

E l señor D resopló y dijo:—Yo hice la misma pregunta.

El director del campamento repartía. Grover se estremecía cada vez que recibía una carta. Como hacía en la clase de latín, Quirón me sonrió con aire comprensivo, como dándome a entender que no importaba mi nota media, pues yo era su estudiante estrella.

Quirón y Percy intercambiaron sonrisas.

Esperaba de mí la respuesta correcta. —Percy, ¿es que tu madre no te contó nada? —preguntó.

Dijo que… —Recordé sus ojos tristes al mirar el mar—

Poseidón suspiro tristemente.

. Me dijo que le daba miedo enviarme aquí, aunque mi padre quería que lo hiciera. Dijo que en cuanto estuviera aquí, probablemente no podría marcharme. Quería tenerme cerca.

Lo típico —intervino el señor D—. Así es como los matan. Jovencito, ¿vasa apostar o no?—¿Qué? —pregunté. Me explicó, con impaciencia, cómo se apostaba en el pinacle, y eso hice.

Me temo que hay demasiado que contar —repuso Quirón—. Diría que nuestra película de orientación habitual no será suficiente.

-Bueno, ahora tiene sentido el que no entendieras nada- dijo Annabeth.

¿Película de orientación? —pregunté.

Olvídalo —dijo Quirón—. Bueno, Percy, sabes que tu amigo Grover es un sátiro y también sabes —señaló el cuerno en la caja de zapatos— que has matado al Minotauro. Y ésa no es una gesta menor, muchacho.

Poseidón inflo el pecho de orgullo.

Lo que puede que no sepas es que grandes poderes actúan en tu vida. Los dioses, las fuerzas que tú llamas dioses griegos, están vivitos y coleando.

Miré a los demás. Esperaba que alguien exclamara: «¡Se equivoca, eso es imposible!» Pero la única exclamación provino del señor D:

¡Ah, matrimonio real! ¡Mano! ¡Mano! —Y rio mientras se apuntaba los puntos.

Señor D —preguntó Grover tímidamente—, si no se la va a comer, ¿puedo quedarme su lata de Coca—Cola light?

¿Eh? Ah, vale.

Grover dio un buen mordisco a la lata vacía de aluminio y la masticó lastimeramente.—Espere —le dije a Quirón—. ¿Me está diciendo que existe un ser llamadoDios?

-Oye, si existen los dioses griegos y romanos… ¿Existe también Dios?- pregunto Annabeth.

-Bueno… Todo depende en aquello que tu creas- dijo Atenea cuidadosamente-. Pero en cualquier caso las deidades no solemos mezclarnos entre nosotras. La última vez que se intento fue Ptolomeo y la cosa no… no acabo del todo bien.

-Griegos y Egipcios- recordó Annabeth-. Vale, pero eso quiere decir que…

-No nos mezclamos- sentencio Zeus-. Deméter, sigue leyendo.

Bueno, veamos —repuso Quirón—. Dios, con D mayúscula, Dios… En fin, eso es otra cuestión. No vamos a entrar en lo metafísico.

¿Lo metafísico? Pero si acaba de decir que…

He dicho dioses, en plural. Me refería a seres extraordinarios que controlan las fuerzas de la naturaleza y los comportamientos humanos: los dioses inmortales del Olimpo. Es una cuestión menor.

-¿Menor?- dijeron todos los dioses

¿Menor?

Sí, bastante. Los dioses de los que hablábamos en la clase de latín.

Zeus —dije—, Hera,

Annabeth soltó un gruñido inaudible.

Apolo… ¿Se refiere a ésos?

-Nombra a la mitad y no a su padre- se rio Will

Y allí estaba otra vez: un trueno lejano en un día sin nubes.

Jovencito —intervino el señor D—, yo de ti me plantearía en serio dejar de decir esos nombres tan a la ligera.

Pero son historias —dije—. Mitos… para explicar los rayos, las estaciones esas cosas. Son lo que la gente pensaba antes de que llegara la ciencia.

-Mal movimiento- declararon la mayoría de los mestizos. Más de uno había dicho lo mismo en su primer día.

¡La ciencia! —se burló el señor D—. Y dime, Perseus Jackson —

Los Stoll soltaron un grito ahogado mientras los campistas parecían en estado de schock. Los romanos y los dioses los miraron extrañados antes de que Chris exclamara:

-¡Te ha llamado correctamente por tu nombre!

Los Stoll se abrazaron y gritaron – ¡ESTO ES EL FIN! ¿Qué será lo próximo? ¿Percy inteligente? ¿Annabeth tonta? ¿Clarisse pacifista?

La sala estallo en risas junto a un Dioniso muy sonrojado. Cuando se calmaron Deméter continuo la lectura.

me estremecí al oír mi auténtico nombre, que jamás daba a nadie—, ¿qué pensarla gente de tu «ciencia» dentro de dos mil años? Pues la llamarán paparruchas primitivas. Así la llamarán. Oh, adoro a los mortales: no tienen ningún sentido de la perspectiva.

-Hey- protesto Rachel.

-Déjalo RED, tú eres especial- le dijo Will

Creen que han llegado taaaaaan lejos. ¿Es cierto o no, Quirón? Mira a este chico y dímelo.

El señor D no me caía del todo mal, pero hubo algo en la manera en que me llamó mortal, como si… él no lo fuera.

-Noticia de última hora Pedro, no lo soy.

Fue suficiente para hacerme cerrar la boca, para saber por qué Grover se concentraba con tanto ahínco en sus cartas, masticando su lata de refrescos y no diciendo ni pío.

Percy —dijo Quirón—, puedes creértelo o no, pero lo cierto es que inmortal significa precisamente eso, inmortal. ¿Puedes imaginar lo que significa no morir nunca?¿No desvanecerte jamás? ¿Existir, como eres, para toda la eternidad?

-Y pensar que te lo ofrecieron- le susurro su novia al oído.

Percy le sonrió, esa sonrisa que la volvía loca, y dijo. – Para que quiero toda la eternidad si tú no estás conmigo.

Annabeth noto un calor en todo el cuerpo y lo beso profundamente.

Iba a responder que sonaba muy bien, pero el tono de Quirón me hizo vacilar.—¿Quiere decir independientemente de que la gente crea en uno? —inquirí.

Así es —asintió Quirón—. Si fueras un dios, ¿qué te parecería que te llamaran mito, una vieja historia para explicar el rayo? ¿Y si yo te dijera, Perseus Jackson, que algún día te considerarán un mito sólo creado para explicar cómo los niños superan la muerte de sus madres?

-Eso fue duro- le reprocho Deméter auto irrumpiéndose.

-Lo siento Percy.

Me dio un vuelco el corazón. Por algún motivo, intentaba que me enfadara,pero no iba a darle la satisfacción.

No me gustaría. Pero yo no creo en los dioses —respondí.

Zeus carraspeo.

-Tenía doce años- se defendió el hijo de Poseidón

Pues más te vale que empieces a creer —murmuró el señor D—. Antes de que alguno te calcine.

P… por favor, señor —intervino Grover—. Acaba de perder a su madre. Aún sigue conmocionado.

-Gracias Grover.

El sátiro sonrió a su mejor amigo.

Menuda suerte la mía —gruñó el señor D mientras jugaba una carta—.Ya es bastante malo estar confinado en este triste empleo, ¡para encima tener que trabajar con chicos que ni siquiera creen!

Hizo un ademán con la mano y apareció una copa en la mesa, como si la luz del sol hubiera convertido un poco de aire en cristal. La copa se llenó sola de vino tinto.

-Dioniso…- dijo peligrosamente Zeus.

Me quedé boquiabierto, pero Quirón apenas levantó la vista.—Señor D, sus restricciones —le recordó. El señor D miró el vino y fingió sorpresa.—Madre mía. —Elevó los ojos al cielo y gritó—: ¡Es la costumbre! ¡Perdón!

-La costumbre, si ya- se burló el rey de los dioses-. ¿Sabes? Vas a tener suerte y voy a fingir que me lo creo. Pero la próxima vez…

Dioniso asintió rápidamente.

Volvió a mover la mano, y la copa de vino se convirtió en una lata fresca de Coca—Cola light. Suspiró resignado, abrió la lata y volvió a centrarse en sus cartas. Quirón me guiñó un ojo.—El señor D ofendió a su padre hace algún tiempo, se encaprichó con una ninfa del bosque que había sido declarada de acceso prohibido.

Una ninfa del bosque —repetí, aun mirando la lata como si procediera del espacio.

Sí —reconoció el señor D—. A Padre le encanta castigarme. La primera vez, prohibición. ¡Horrible! ¡Pasé diez años absolutamente espantosos! La segunda vez… bueno, la chica era una preciosidad, y no pude resistirme. La segunda vez me envió aquí. A la colina Mestiza. Un campamento de verano para mocosos como tú. «Será mejor influencia. Trabajarás con jóvenes en lugar de despedazarlos», me dijo. ¡Ja! Es totalmente injusto.

El señor D hablaba como si tuviera seis años, como un crío protesten.

Los dioses se rieron.

Y… y —balbuceé— su padre es…

Di immortales, Quirón —repuso él—. Pensaba que le habías enseñado a este chico lo básico. Mi padre es Zeus, por supuesto.

Repasé los nombres mitológicos griegos que empezaban por la letra D. Vino. La piel de un tigre. Todos los sátiros que parecían trabajar allí. Lamanera en que Grover se encogía, como si el señor D fuera su amo…

Usted es Dioniso —dije—. El dios del vino.

Los mestizos aplaudieron con ironía.

-Muy bien Percy, pensé que tardarías más- lo "elogio" Thalia.

El señor D puso los ojos en blanco.—¿Cómo se dice en esta época, Grover? ¿Dicen los niños «menuda lumbrera»?

S—sí, señor D.

Pues menuda lumbrera, Percy Jackson.

-OTRA VEZ- exclamaron los hijos de Hermes. Algunos fingieron desmayarse.

¿Quién creías que era? ¿Afrodita, quizá?

-Más querrías- dijo Afrodita con suficiencia mientras se acicalaba el pelo.

¿Usted es un dios?

Sí, niño.

¿Un dios? ¿Usted?

-Si, para nosotros también es increíble- dijeron al unisono Hermes, Apolo y Ares, arrancando risitas de los semidioses.

Me miró directamente a los ojos, y vi una especie de fuego morado en su mirada, una leve señal de que aquel regordete protestón

Los dioses más inmaduros tuvieron que hacer esfuerzos para no reír.

Estaba sólo enseñándome una minúscula parte de su auténtica naturaleza. Vi vides estrangulando a los no creyentes hasta la muerte, guerreros borrachos enloquecidos por la lujuria de la batalla, marinos que gritaban al convertirse sus manos en aletas y sus rostros prolongarse hasta volverse hocicos de delfín. Supe que si lo presionaba, el señor D me enseñaría cosas peores. Me plantaría una enfermedad en el cerebro que me enviaría para el resto de mi vida a una habitación acolchada, con camisa de fuerza.

Poseidón miro al dios del vino y apretó su tridente.

¿Quieres comprobarlo, niño? —preguntó con ceño.

No. No, señor.

El fuego se atenuó un poco y él volvió a la partida.—Me parece que he ganado —dijo.

Dioniso levanto la cabeza emocionado…

Un momento, señor D —repuso Quirón. Mostró una escalera, contó los puntos y dijo—: El juego es para mí.

Y su emoción se evaporo con la misma velocidad que había aparecido. Dejo caer la cabeza hacia un lado.

-Nunca- murmuro-. Nunca voy a ganarle.

Hefesto se rio entre dientes- Animo D., esta vez estuviste apunto.

Pensé que el señor D iba a pulverizar a Quirón y librarlo de la silla de ruedas, pero se limitó a rebufar, como si estuviera acostumbrado a que ganara el profesor de latín.

-Lo está- dijo el campamento mestizo a la vez. Lupa le dirigió una mirada divertida a su colega.

Se levantó, y Grover lo imitó.

Estoy cansado —comentó el señor D—. Creo que voy a echarme una siestecita antes de la fiesta de esta noche. Pero primero, Grover, tendremos que hablar otra vez de tus fallos.

La cara de Grover se perló de sudor.

S—sí, señor.

El señor D se volvió hacia mí.—Cabaña once, Percy Jackson. Y ojo con tus modales.

Se metió en la casa, seguido de un tristísimo Grover.

Los amigos del sátiro le dirigieron una mirada preocupada.

¿Estará bien Grover? —le pregunté a Quirón, que asintió, aunque parecía algo preocupado.—El bueno de Dioniso no está loco de verdad. Es sólo que detesta su trabajo. Lo han… bueno, castigado, supongo que dirías tú, y no soporta tener que esperar un siglo más para que le permitan volver al Olimpo.

El monte Olimpo —dije—. ¿Me está diciendo que realmente hay un palacio allí arriba?

Veamos, está el monte Olimpo en Grecia. Y está el hogar de los dioses, el punto de convergencia de sus poderes, que de hecho antes estaba en el monte Olimpo. Se le sigue llamando monte Olimpo por respeto a las tradiciones, pero el palacio se mueve, Percy, como los dioses.

¿Quiere decir que los dioses griegos están aquí? ¿En… Estados Unidos?

Desde luego. Los dioses se mueven con el corazón de Occidente.

¿El qué?

Venga, Percy, despierta. ¿Crees que la civilización occidental es un concepto abstracto? No; es una fuerza viva. Una conciencia colectiva que sigue brillando con fuerza tras miles de años. Los dioses forman parte de ella. Incluso podría decirse que son la fuente, o por lo menos que están tan ligados ella que no pueden desvanecerse. No a menos que se acabe la civilización occidental. El fuego empezó en Grecia.

Los griegos sonrieron arrogantes.

Después, como bien sabes (o eso espero porque te he aprobado), el corazón del fuego se trasladó a Roma,

Ahora fue el turno de sonreír con arrogancia de los romanos. En especial el augur.

y asilo hicieron los dioses. Sí, con distintos nombres quizá (Júpiter para Zeus, Venus para Afrodita, y así), pero eran las mismas fuerzas, los mismos dioses.

Y después murieron.

Hermes y Apolo se miraron alarmados

-¡Estamos muertos!- pero antes de que pudieran moverse o decir cualquier estupidez, dos flechas plateadas se clavaron en sus tronos.

-Hombres- dijo Artemisa, todavía con el arco tensado.

-Sabes que nos amas, hermanita.

-¡No me llames hermanita! Yo soy la mayor- Apolo fue a replicar pero Deméter se le adelanto leyendo para evitar volver a tener la misma discusión de siempre

¿Murieron? No. ¿Ha muerto Occidente? Los dioses sencillamente se fueron trasladando, a Alemania, Francia, España, Gran Bretaña… Dondequiera que brillara la llama con más fuerza, allí estaban los dioses. Pasaron varios siglos en Inglaterra. Sólo tienes que mirar la arquitectura. La gente no se olvida de los dioses. En todas las naciones predominantes en los últimos tres mil años puedes verlos en cuadros, en estatuas, en los edificios más importantes. Y sí, Percy, por supuesto que están ahora en tus Estados Unidos. Mira vuestro símbolo, el águila de Zeus. Mira la estatua de Prometeo en el Rockefeller Center, las fachadas griegas de los edificios de tu gobierno en Washington. Te reto a que encuentres una ciudad estadounidense en la que los Olímpicos no estén vistosamente representados en múltiples lugares. Guste, no guste (y créeme, te aseguro que tampoco demasiada gente apreciaba Roma), Estados Unidos es ahora el corazón de la llama, el gran poder de Occidente. Así que el Olimpo está aquí. Y por tanto también nosotros.

Era demasiado, especialmente el hecho de que yo parecía estar incluido en el «nosotros» de Quirón, como si formase parte de un club.

-Tendríamos que hacer un club- dijo Leo. La cabaña de Hermes y Apolo asintieron junto con otros semidioses, tanto griegos como romanos.

¿Quién es usted, Quirón? ¿Quién… quién soy yo?

-Eres Percy Jackson- dijo Nico, poniendo los ojos en blanco-. Pensaba que por lo menos hasta ahí sí que llegabas.

Quirón sonrió. Desplazó el peso de su cuerpo, como si fuera a levantarse de la silla de ruedas, pero yo sabía que eso era imposible. Estaba paralizado de cintura para abajo.—¿Quién soy? —murmuró—. Bueno, ésa es la pregunta que todos queremos que nos respondan, ¿verdad? Pero ahora deberíamos buscarte una litera en la cabaña once. Tienes nuevos amigos que conocer, mañana podremos seguir con más lecciones. Además, esta noche vamos a preparar junto a la hoguera bocadillos de galleta, chocolate y malvaviscos, y a mí me pierde el chocolate.

-Eso es un eufemismo- dijo Annabeth, riéndose con todo el campamento. El centauro se sonrojo, pero sonrió igualmente.

Y entonces se levantó de la silla, pero de una manera muy rara. Le resbaló la manta de las piernas, pero éstas no se movieron, sino que la cintura le crecía por encima de los pantalones. Al principio pensé que llevaba unos calzoncillos de terciopelo blancos muy largos,

Algunos se atragantaron al oír la frase, para luego empezar a reír con los demás.

pero cuando siguió elevándose, más alto que ningún hombre, reparé en que los calzoncillos de terciopelo eran en realidad la parte frontal de un animal, músculos y tendones bajo un espeso pelaje blanco. Y la silla de ruedas tampoco era una silla, sino una especie de contenedor, una caja con ruedas, y debía de ser mágica, porque no había manera humana de que aquello hubiera cabido entero allí dentro. Sacó una pata, larga y nudosa, con una pezuña brillante, luego la otra pata delantera, y por último los cuartos traseros. La caja quedó vacía, nada más que un cascarón metálico con unas piernas falsas pegadas por delante. Miré la criatura que acababa de salir de aquella cosa: un enorme semental blanco. Pero donde tendría que haber estado el cuello, sólo vi a mi profesor de latín, graciosamente injertado de cintura para arriba en el tronco del caballo.

¡Qué alivio! —Exclamó el centauro—. Llevaba tanto tiempo ahí dentro que se me habían dormido las pezuñas. Bueno, venga, Percy Jackson. Vamos a conocer a los demás campistas.

-Lo haces sonar tan normal todo- dijo Jason

-Fin del capítulo- dijo Deméter- ¿A quién le toca?

Un brillo apareció en los ojos de Percy- Creo que el próximo capítulo lo tendría que leer Ares.

El dios lo miro extrañamente, sin entenderlo, como la mayoría, pero acepto el libro y leyó: Me convierto en el señor supremo de los lavabos…

Antes que nada, lo siento por no actualizar antes, pero he tenido un montón de problemas. Para empezar se rompió el ordenador, luego me castigaron durante meses y además tuve algunos problemas personales. Pero En fin… Ya estoy de vuelta y esta vez intentare actualizar más a menudo.

Bueno espero que os guste el capítulo y que dejéis algún comentario, me animan mucho para seguir.

Un abrazo

Listilla22