Hola queridos lectores, aquí como siempre cumpliendo con las fechas de actualización...lástima que no pueda ser así de responsable con mis otros fics cof cof cof...sólo quiero comentarles que el contenido de este capítulo en particular debería calificar como M, después de revisarlo mucho aunque tiene un intento de lemon, creo que no califica como tal, me quedó demasiado tierno :3 les recomiendo que se inyecten insulina o algo así porque creo que es el cap más rosa que he escrito en mi vida pero me gustó como quedo, estaba escuchando la bellísima canción Ai no hikari to kage de uno de mis animé favoritos Lady Oscar, Versailles no Bara o Rose of Versalles en fin, (Fabiola Brambila nadie mejor que tú entenderá la escena con esa canción) cuando escribí este capítulo, se las recomiendo sobretodo subtitulada al español, la cantante es Hiroko Suzuki (animé clásico, de ese que ya no sale T-T) No subiré el ranking del fic por sólo una escena por eso ya están advertidos.

Agradecimientos a todos ustedes por seguir esta historia, también por sus comentarios: Spencer Chamberlain (No adelantaré mucho mejor disfrutar los tiempos de paz), Alyshaluz (jajajajaja aquí viene la escena M pero creo que no es tan M de ahí me dices si califica o nop), darkacuario (querías más de Shun y June...aquí hay más), Tot12 (creo que el final feliz aún es una rotunda incertidumbre), Tapucihuatl-SHun (amiga por suerte no me cortaron internet :p )

Este fic es un Shun/June si no te gusta no leas. Los personajes pertenecen a Masami Kurumada, yo no lucro con esta historia, sólo tomo a los personajes y les doy a probar otras realidades.

Errores que cuestan caro.

Por Mel-Gothic de Cáncer.

Capítulo XXIV.

Un hombre frente a una mujer.

Las aguas del mar Egeo verdaderamente eran como Shun las había descrito. Aquella isla donde estaban era realmente hermosa, aunque diferente a lo que June pensaba, en algunos aspectos era similar a su amada Isla Andrómeda, con un suelo rocoso característico de zonas volcánicas, pero el clima mediterráneo permitía que en medio de la poca tierra fértil que había brotaran vides, naranjos y olivos que mejoraban el paisaje considerablemente.

En un solo lugar existían muchos escenarios diferentes, playas con blancas arenas y otras totalmente rocosas, cavernas y grutas de diversos tamaños, pequeños poblados donde se desarrollaba la pesca artesanal y también un poco la agricultura, el toque pintoresco era agradable a la vista de la amazona de Camaleón, quien al fin sentía que podía respirar tranquila por un instante después de tanto tiempo. Esperaba a Shun en una playa cercana al puerto al que habían llegado hace unas horas. Después de ser liberada del Caballero sombrío del Fénix, continuaron su viaje hasta ese lugar, faltaban cuatro días para el regreso de Athena, pero el cuarto día se estaba extinguiendo. Luego de bajar de la montaña caminaron en dirección a un puerto donde abordaron una barcaza rumbo a una de las islas que conformaban el archipiélago de las Cícladas.

- ¡June, he conseguido alquilar una cabaña cerca de este lugar!- Shun la abrazó por la espalda y besó con ternura su mejilla- y también compré un poco de ropa y comida.

- ¿Cómo conseguiste dinero?- preguntó ella con inquietud.

- No quería usarlo a menos que fuera necesario, no olvides que trabajo en la Fundación Graude-

- La comida está bien pero no era necesario que compraras ropa- la joven dio la vuelta para quedar frente al peliverde.

- La que traemos está sucia, no podemos andar con manchas de sangre la gente nos mira raro- explicó él tomándola de la mano mientras caminaban por la playa- vamos, un señor nos espera para llevarnos a la cabaña.

- ¿Podemos confiar en él?- preguntó ella con algo de preocupación.

- Tranquila, Ikki ya no nos perseguirá además la gente de esta isla parece buena-

Un par de horas después, estaban en una pequeña cabaña cercana a una playa de blancas arenas.

- Tenemos luz eléctrica y agua potable, además hay una cocinilla a gas, no nos moriremos de hambre ni de sed- comentó Shun entusiasmado recorriendo el lugar y después sacando la comida que había comprado para guardarla en una alacena y una nevera- él único problema es que hay sólo una habitación en el segundo piso ¿No te molesta si dormimos juntos?

- Shun, hemos dormido juntos durante todo el viaje desde el Santuario, esa pregunta está fuera de lugar- June estaba ruborizada, no sólo por la pregunta del Caballero de Andrómeda. Mientras él preparaba la cena le pidió que se duchara y que se cambiara de ropa, verla aún con algo de sangre en su cuerpo le recordaba a la June del pre consciente herida en el hombro, y a la June del inconsciente con la mortal herida en el pecho. La amazona accedió, en parte porque ansiaba una ducha pero también porque quería verse linda para él, por ello se había puesto el vestido azul que Shun había comprado para ella.

- Te ves hermosa- dijo él con sinceridad mientras se acercaba, la observaba en detalle lo cual no pasó desapercibido para June, esa situación la ponía nerviosa y se sintió como una tonta adolescente- Tenía dudas sobre si sería de tu talla pero quería que fuera una sorpresa.

- Gracias- murmuró casi en susurros, la mirada de Shun la traspasaba, por un instante creyó sentirse desnuda frente a él, y rápidamente intentó cambiar el tema- ¿Vas a cenar así?

- ¡No, claro que no! Puedes empezar a comer si así lo quieres, yo también debo ducharme- el Caballero de Andrómeda rió un poco forzado, también estaba algo nervioso viendo a June como una chica normal, recordando lo sucedido en la montaña, no quería incomodarla nuevamente, pero en el fondo la deseaba como nunca antes. El agua fría de la ducha cayendo sobre su cuerpo logró aplacar momentáneamente el ardor que sentía dentro de sí, pero no dejaba de pensar en todo lo sucedido, en lo mucho que la amaba, en que no estaba dispuesto a alejarse de su lado nunca más, pero toda esa maraña de emociones eran nuevas, en especial para ella quien tuvo que reprimir su lado femenino hasta la noche anterior.

- ¿Hasta dónde llegaré si no reprimo el deseo que tengo dentro de mí?- pensó preocupado, pero sólo imaginarla durmiendo a su lado, con su cuerpo cálido y desnudo junto al suyo, sólo imaginar un futuro donde estarían juntos y si Athena lo permitía poder formar su propia familia sembraban en el fondo de su corazón una pequeña ilusión que poco a poco comenzaba a crecer, pero entonces recordó algo que era demasiado importante- Si Athena fracasa en el Olimpo, June morirá.

El agua pareció correr demasiado helada por su cuerpo, Shun la detuvo y salió de la ducha para ponerse la ropa que había comprado, un pantalón de tela delgada y una camisa de mangas cortas. El haber vivido en una isla con temperaturas extremas les permitía a ambos resistir mejor el frío del otoño, aunque en ese lugar parecía no llegar aún. Afligido por sus pensamientos se vistió con lentitud y caminó hacia la mesa donde June lo esperaba.

- ¿Aún no has comido? No cocino tan mal- dijo con algo de pesar observándola con ternura.

- Quería que cenáramos juntos, sola me parece muy triste- explicó ella tomando un plato de plástico que Shun había comprado y en él puso algo de arroz y pollo para su acompañante- por favor siéntate.

El caballero de Andrómeda hizo caso a la joven y acomodó un taburete junto a ella, probaron el arroz que había preparado y luego bebieron un poco de té. La conversación fue amena, recordaron con nostalgia los buenos tiempos cuando entrenaban en Isla Andrómeda y Shun narraba historias sobre sus aventuras en las guerras santas, June también hacía comentarios sobre cómo algunos dioses intentaron tomar Isla Andrómeda creyendo que así lograrían derrotar a Athena, las horas transcurrieron con lentitud y un bostezo escapó del peliverde.

- Deberías ir a dormir, ya es muy tarde- ella se puso de pie, tomó los platos y las tazas y las lavó con rapidez. Shun la abrazó por su cintura y murmuró con ternura en su oído.

- Ven conmigo- June volvió a ruborizarse y ambos caminaron con torpeza, entre besos, hasta la habitación que la joven había preparado mientras él se duchaba. Al abrir la puerta, todo estaba oscuro pero Shun se negó a iluminar aquel lugar, acariciando la espalda de June, besándola con pasión logró recostarla sobre la cama, esa sensación de "mariposas en el estómago" volvió a aparecer en ella, su respiración se agitó y cuando él mordió su cuello con delicadeza su piel se erizó y los nervios impidieron que pudiera disfrutar de aquel momento.

- Shun- murmuró, y él se detuvo.

- Lo sé, no debo seguir- sonrió con calma y se abrazó aún más a ella- no haré nada sin tu consentimiento.

El aspirar la fragancia de su cuerpo, de su cabello, el sentir la suavidad de su piel era más que suficiente para el Caballero de Andrómeda, no pasó mucho antes de que se quedara dormido. June sentía su corazón latir con fuerza, jamás había imaginado estar con Shun de esa manera, abrazados en una habitación, alguna vez en el pasado habían dormido juntos pero eran unos niños, ahora las cosas eran diferentes. El insomnio se hizo presente, y mientras contemplaba el sereno rostro del peliverde dormido junto a ella, tan cerca, estrechando su cuerpo, la zona entre sus piernas volvió a humedecerse. Algo avergonzada por eso, deshizo el abrazo de Shun con delicadeza para no despertarlo y salió a caminar a la playa, sentía un ardor enorme en todo su ser y no sabía si aquello estaba bien.

"Los hombres son inferiores a nosotras. Jamás debes dejar que vean tu rostro. Debes matar o amar. No permitas que te toquen ahí. Si lo permites quedarás sucia y manchada para siempre. Serás una vergüenza para Athena, morirás y sufrirás eternamente siendo castigada en el Tártaro".

"¿Qué sucederá si Athena logra cambiar la ley de la máscara y perdona tu vida? ¿Qué pasaría si él se retractara y se diera cuenta que te ama tanto como tú a él? ¿Seguirías huyendo como lo has hecho hasta ahora?"

Esos viejos discursos que le dijeron cuando fue entrenada como amazona resonaban en su cabeza al igual que las preguntas de Marín. Aunque Shun no lo decía abiertamente ella sabía que la amaba, sólo que dentro de su timidez le era un poco difícil explicarlo, pero con sus acciones le demostraba todo aquello que con palabras no podía. Al llegar a la playa el calor de su cuerpo era insoportable, sin pensarlo demasiado, se quitó el vestido que llevaba puesto y quedó desnuda ante la inmensidad del cielo nocturno, la fría arena, las aguas del mar Mediterráneo y la Luna llena. Con algo de timidez tocó cada parte de su cuerpo, casi como reconociéndose a sí misma, los cambios por los que había pasado de niña a mujer eran muchos, algunos físicos y otros dentro de su mente, pero no se sentía preparada para asumir un rol para el cual no había sido entrenada, sabía que era una guerrera y pensar en otro tipo de vida que no sea vivir y morir por Athena no debía estar considerado.

- No es suficiente con sólo amarlo, hay mucho más que ser correspondida, mucho más que ser besada o dormir juntos en una misma cama, va más allá del sexo, hay todo un futuro que deseo tener junto a él, pero y si no hay futuro, si todo esto no es más que un hermoso sueño que termine con mi muerte en tres días ¿Qué será de Shun si le entrego todo de mi y después se queda sólo con el amargo recuerdo de lo que pudimos llegar a ser? No es justo para él- varias lágrimas cayeron por sus mejillas y buscando algo de paz, se sumergió en el mar por unos momentos, nadar siempre había ayudado a calmarla en el pasado, sabía por experiencia que en la oscuridad las aguas no eran tan frías y al contacto con ellas, se sintió completamente renovada.

Pero al salir, encontró a Shun observándola con melancolía desde la playa, de inmediato con torpeza intentó cubrir sus pechos pero él la detuvo.

- No deberías avergonzarte, no es la primera vez que te veo así ¿Lo recuerdas? Cuando éramos niños solíamos bañarnos juntos a escondidas de los demás, la única diferencia es que en ese entonces llevabas tu máscara puesta en todo momento y las diferencias entre un niño y una niña no nos importaban- sin dejar de mirar su pálida figura mojada, sus redondeados senos, su estrecha cintura, Shun abrazó a June con desesperación- escuché lo que dijiste hace un momento, yo también tengo miedo de lo que pueda suceder dentro de tres días, la única certeza que poseo en este instante es lo que siento por ti.

- Shun- June acarició la espalda del peliverde y él la besó con tristeza.

- ¿Podríamos sólo por estos tres días fingir que el Santuario no existe? ¿Será posible que podamos vivir por un instante sin miedo a que el otro se marche para siempre? Yo deseo que seas mía, pero no sólo por una noche, sino por siempre- murmuró mientras no dejaba de besarla.

- En aquel momento, cuando la máscara dejó de cubrir mi rostro y tú lo viste por primera vez, decidí que te amaría para siempre, desde entonces aunque no tenías la menor idea he sido completamente tuya- June acarició las mejillas húmedas por las lágrimas del caballero de Andrómeda y este volvió a besarla con pasión y con la fuerte necesidad de unirse a ella más allá de sus mentes y de sus cosmos.

Mientras la marea subía y sus pies eran enterrados en la arena por el oleaje, Shun acariciaba y recorría con sus manos cada parte del cuerpo de June, la besaba con desesperación, como si esa fuera la última vez que podría estar junto a ella. La joven también había sido atrapada por ese momento de deseo y con delicadeza le quitó la camisa y el pantalón, él la miró en silencio, apreciando su desnudez así como ella lo hacía con él. Tomándola entre sus brazos la condujo a la orilla donde el agua no los alcanzara, y se recostaron sobre la arena mirando hacia el firmamento invadido por millones de estrellas que brillaban con intensidad.

- Son hermosas, siempre están ahí observándonos y protegiéndonos, es una pena que las personas no conozcan ese secreto- murmuró Shun mientras acariciaba la espalda de June y besaba con ternura su hombro, en el mismo lugar donde había clavado desesperadamente la flecha en el combate que sostuvo con la amazona en su pre consciente- La galaxia de Andrómeda dentro de tres millones de años se acercará tanto a nuestra galaxia que terminarán fusionándose, con ello quizás la Tierra desaparezca, pero hoy he decidido que no es la Tierra con quién quiero unirme, sino contigo June ¿De verdad es esto lo que deseas? ¿Me aceptarías como el hombre que desde este día y para siempre esté a tu lado? Juro que jamás te abandonaré, no volveré a hacerte daño, por Andrómeda que nos mira desde el firmamento.

- Lo acepto sólo si permites que yo sea quien te acompañe hasta el final de nuestros días, juro por el Camaleón que desde hoy en adelante seré tu mujer y cada día de mi vida velaré por tu bienestar- June tomó las manos de Shun y las puso sobre sus senos en señal clara de que estaba dispuesta a llegar hasta el final, había perdido el miedo a lo que le enseñaron cuando la entrenaron como amazona, si la persona que la amaba era quien la tocaba donde nadie más podía no existía pecado alguno ni mancha que la condenara a la desdicha. Sus bocas se unieron nuevamente y sus manos comenzaron a experimentar nuevas caricias a través de sus cuerpos, caricias que jamás habían recibido de ningún otro ser, que sólo ellos podían entregarse en ese instante. Sus rostros estaban ruborizados al igual que su piel, los latidos del corazón iban en aumento, Shun sintió la calidez en el cuerpo de June así como sus pezones endurecidos rozaban su pecho, eso le excitaba y con algo de osadía bajó a hasta sus senos, los acarició pensando en la herida que el Ikki sombrío había hecho con su ataque cuando June estaba en su contra, los besó tratando de olvidar aquel amargo momento y los mordió con delicadeza. Un gemido de placer escapó de ella, en vista de que le gustaba él decidió explorar mucho más, disfrutaba de ella a través de cada uno de sus sentidos.

June también notaba cambios en Shun, no sólo su respiración agitada, los latidos de su corazón, o la intensidad de sus caricias y sus besos, aunque había entrenado con hombres en Isla Andrómeda, al único que había visto completamente desnudo era al peliverde y en medio de su delirio lo observaba con curiosidad, su pecho, sus músculos bien desarrollados por tantas batallas, cada cicatriz, recuerdo de enemigos poderosos, sus ojos esmeralda que no paraban de verla con deseo y lujuria, buscando conocer en ella cada detalle de su cuerpo.

- ¿Qué es esto?- escuchó que le preguntaba mientras con su mano acariciaba una horrible cicatriz que ella tenía a la altura de sus costillas.

- El recuerdo que me dejó la visita de Milo de Escorpión- contestó entristecida, pero Shun comprendiendo cuan doloroso era aquello besó la cicatriz y continuó descendiendo por su vientre, hasta tocar con la punta de su lengua su centro, aquel que le esperaba ansioso y humedecido.

- ¡Shun!- gimió ella con una enorme sensación electrizante que la recorrió de pies a cabeza mientras él no pensaba en detenerse, disfrutaba verla así, con su cuerpo sonrosado, jadeante y con sus ojos azules mirándolo de una forma muy especial y seductora.

¿Qué debía hacer? ¿Cómo debía continuar? Era lo que ambos se preguntaban, nunca habían imaginado llegar a algo así, claro que era fácil saber lo que seguía, pero vivirlo era muy diferente a escucharlo e incluso leerlo, esa experiencia era única y sólo de ellos, de nadie más, porque sólo en ese momento Shun y June se unían por primera vez en sus vidas, incluso aunque después vinieran otras situaciones similares. Él, en un intento por conocer el camino introdujo sus dedos con delicadeza en el orificio de la joven y un respingo de ella le hizo detenerse.

- ¿Te dolió?- preguntó con preocupación, había escuchado que la primera vez era doloroso y él no quería que ella sufriera más de la cuenta, con ternura volvió a acercarse a su rostro y la besó para serenarla. June pudo sentir el cuerpo tenso de su inexperto amante, y también su sexo endurecido y húmedo frotándose involuntariamente contra su vientre. Con timidez lo miró ante un Shun ruborizado, y con algo de nerviosismo lo tomó entre sus manos.

- ¡June!- la sensación de placer invadió al peliverde quién emitió con voz ronca un gemido profundo lo cual agradó a la joven.

- Es algo diferente a lo que imaginé- dijo sin querer en voz alta pero suave.

- Ahí abajo tampoco es como yo lo imaginé- sonrió Shun con timidez mientras mordía con un poco de brusquedad el cuello de June.

- Quiero que sigas, he pasado por dolores peores que este- dijo ella completamente decidida- quiero de verdad unirme a ti, ya entraste a mi mente y a mi corazón, también quiero que entres en mi cuerpo, puedo soportarlo, las personas normales lo hacen, creo que nosotros también podemos.

- June- Shun la observó con algo de sorpresa, pero era lo que él deseaba y también ella, en ese paraíso temporal, bajo la Luna y las estrellas, acariciados por la blanca arena y arrullados por las olas del mar, ya no existía el peso de las reglas del Santuario ni de la máscara, tampoco el de guerras santas y de deberes de amazona y caballero. Sólo eran Shun y June. Tras escucharla Shun decidió terminar lo que habían comenzado, con delicadeza acomodó las piernas de la joven y se acomodó en medio de ellas, un poco de nerviosismo le invadió mientras puso su miembro donde antes había intentado llegar con sus dedos, y miró fijamente a la joven sosteniéndola por la espalda con uno de sus brazos mientras ella lo rodeaba con los suyos- Si te duele mucho, sólo dilo y me detengo, no dejes de mirarme.

- Lo haré- sonrió ella tan nerviosa como él, apoyando su frente sobre la del Caballero de Andrómeda. Sus ojos azules se posaron sobre las esmeraldas de Shun, se besaron y abrazaron con fuerza, mientras él rompía la barrera que impedía que entrara en el santuario del cuerpo de la que desde ese instante se convertía en su mujer. June sintió un horrible dolor punzante entre sus piernas, pero tal como había dicho, a lo largo de su vida había soportado dolores mucho peores que ese.

- ¿Por qué cuando alguien hace el amor por primera vez debe sufrir así?- pensó pero luego se percató que el rostro de Shun también manifestaba algo de incomodidad- ¿Estás bien?

- Sólo me arde un poco- explicó pero parecía estar más preocupado de ella, porque apenas vio las lágrimas en sus ojos salió de su cuerpo notando que había un poco de sangre alrededor de su masculinidad- Te lastimé.

- No, no lo has hecho- dijo ella acariciando sus mejillas las cuales ardían- continúa, si algo malo sucede te lo diré.

Shun algo intranquilo volvió a entrar en el cuerpo de June, esta vez el dolor se había atenuado, y mientras él se movía con lentitud hacia adelante y hacia aquella nueva sensación regresó a sus cuerpos con nuevos bríos, las caricias se volvieron más intensas, los gemidos y los cuerpos acalorados iban en aumento. Pronto experimentaron algo muy diferente a todo lo que habían vivido, en ese instante sintieron que eran sólo ellos dos tratando físicamente de ser uno, Shun estaba descontrolándose, ya no se trataba de movimientos suaves sino de embestidas cargadas de pasión, cuyas consecuencias eran unas enormes olas de placer que recorrían ambos cuerpos. June se sintió algo mareada por todo aquello, pero no quería desistir, el hecho de que Shun, a quién siempre amó, fuera la persona que la llevara hasta esos límites le llenaba de dicha.

En medio de una danza frenética de pasión y amor, acompañada de ternura y compañerismo, una electrizante oleada de calor seguido de sensaciones extremadamente agradables invadió sus cuerpos, June creyó por un instante haber perdido el aire, para luego sentir dentro de ella una humedad placentera y cálida. Shun por su lado tuvo la sensación de estar completamente lleno, para luego derramar su esencia dentro de ella, eso le producía satisfacción, al fin estaban unidos en todo sentido, aquel orgasmo, el primero de muchos significaba en lo más profundo de sus corazones que habían consumado la llama del amor y el deseo que inocentemente se había gestado en ellos desde que se habían conocido y que había perdurado hasta aparecer como las estrellas en el cosmos para brillar con luz propia, esa luz que desde ese instante era su nueva razón de vivir.

Con calma abandonaron la playa para regresar a la cabaña, pero aún ansiosos por lo sucedido continuaron en su habitación, explorándose y conociéndose en esa nueva faceta, guardaban dentro de sí una enorme dicha que opacó por completo cualquier atisbo de desgracia e incluso el futuro que se les avecinaba si la respuesta del Olimpo era desfavorable, ambos en medio de su pasional burbuja olvidaron que incluso hasta las estrellas que brillan en el firmamento algún día debían extinguirse.

Continuará…

Próxima actualización: será sorpresa muajajajajajajaja sólo les puedo adelantar que ya esta historia llegará a su fin, le quedan 4 capítulos, 3 más un epílogo, así que nos estamos leyendo ;)