Día de actualización, como ya saben, a este fic le va quedando muy poco,espero disfruten los últimos capítulos. Agradecimientos a todos ustedes quienes han disfrutado de esta historia y también a aquellos que han dejado algún comentario: Spencer Chamberlain (me pones en jaque con tus palabras no puedo prometerte nada, quizás un poco de esperanza u.u) Adele Melody (amiga que bueno que te hayas actualizado con la historia un gran abrazo que se te extraña harto :D ) Darkacuario (amiga tu cabeza trabaja demasiado espero no decepcionar u.u) Lars Baltazar (opino igual que tú *-* patear dioses sería lo más correcto, pero quizás Shun tarde un poquito en reaccionar...es demasiado pacífico el pobre) Tot12 ( cierto, a veces el amor es una hermosa ilusión que choca con algo frío llamado realidad :( ) y Tepucihuatl-Shun (sé que andas con harto trabajo, así que ánimo) lo mismo para InatZiggy-Stardust (también arriba esos ánimos)
Este fic es un Shun/June que contiene romance y drama, si no te gusta sencillamente no leas y nos evitamos problemas, por suerte en esta página hay mucha variedad y para todos los gustos. Los personajes pertenecen a Masami Kurumada, yo sólo los tomo prestados para que prueben mis ideas.
Errores que cuestan caro.
Por Mel-Gothic de Cáncer.
Capítulo XXVI.
Eros, el dios del amor.
Vincenzo estaba sólo, como siempre, en esa enorme mansión en Adís Abeba. Su padre era un prestigioso y acaudalado diplomático, pero jamás tenía mucho tiempo para él, se había casado tras la muerte de su madre al nacer y su nueva mamá intentaba ganarse su cariño, pero él sabía que sólo era para no tener problemas con su padre. Desde que tuvo la capacidad para razonar por sí mismo, desde muy pequeño, entendió que era diferente a los demás, casi todo el mundo, con algunas excepciones como su madrastra, se sentían atraídos por él, adultos, niños, animales e incluso plantas, las cuales marchitas revivían ante su sola presencia. Bastaba con que él dijera una sola palabra y el mundo entero fijaba su atención en él.
El pequeño estaba consciente de que era un dios, aquel que debía velar por el amor en la humanidad, pero se sentía muy sólo ya que su otra madre, Afrodita, vivía lejos de él y aún no era tiempo para ir con ella. Aquel día estaba jugando en el jardín, cuidando unas flores que el jardinero había plantado y que estaban secándose por el clima complicado. Su padre biológico le había prometido que vendría una persona especial para acompañarlo, por eso esperó pacientemente a la entrada de la mansión hasta que vio llegar un automóvil de la embajada de Italia, con curiosidad se escondió detrás de un árbol para ver de quién se trataba pero no logró distinguir con claridad a la persona bajita que acompañaba a su padre.
Sin que se dieran cuenta, entró por la cocina hasta llegar al despacho donde solían tratarse asuntos de suma importancia, y se escondió detrás de un sillón de cuero para ver quién había llegado a vivir con ellos, pero una vez más no logró saciar su curiosidad, ya que su padre había entrado en compañía de su madrastra y habían tenido una enorme discusión, sucedían a menudo, el pequeño sólo logró entender que su padre tenía una hija con otra mujer, que esta había muerto y que ahora la niña viviría con ellos mientras su madrastra gritaba histérica que jamás aceptaría a la bastarda como miembro de la familia.
- Tengo una hermana- pensó ilusionado, entendía los problemas por orgullo de los mortales, pero a él no le interesaban. Apenas los adultos abandonaron la habitación, el corrió hacia el jardín para fingir que estaba jugando, entonces vio a su padre acercarse con alguien que caminaba tímidamente tras él.
- Vincenzo, hijo ¿Recuerdas que te mencioné que vendría una personita a quedarse con nosotros?- escuchó que le decía y asintió con una enorme sonrisa- bien, ella está aquí conmigo, es tu hermana menor, sé bueno con ella.
- Sí papá- contestó obediente, tratando de mirar a la niña que estaba escondida tras las piernas de su padre- Hola, me llamo Vincenzo ¿Cuál es tu nombre?
- June, saluda a tu hermano- sonrió amablemente Justino, el padre de ambos, hablando a la pequeña- es muy tímida, sólo tiene tres años, no lo olvides hijo, debemos cuidarla y quererla mucho.
Uno de los hombres de la embajada apareció buscando a Justino para un asunto importante, y este despidiéndose tiernamente de sus hijos los dejó solos en el jardín. Vincenzo vio que su hermana era pequeña, delgada y tenía los mismos ojos azules y el cabello tan rubio como él, se veía asustada, era obvio, los gritos de su madrastra intimidaban a cualquiera, acercándose con un lánguido ramo de violetas puso su mano sobre la cabeza de la niña y la acarició con ternura.
- Eres demasiado chiquita, estás muy delgada te puedes quebrar, desde ahora yo te cuidaré pequeña June- sonrió hablándole con ternura tratando de imitar a su padre, y le obsequió el ramo de violetas el cual revivió debido a sus extraños poderes. La niña al ver el gesto amable de su hermanastro y la calidez que transmitía, le perdió el miedo, aceptó el ramillete y lo abrazó con fuerza mientras un par de lágrimas caían por sus rosáceas mejillas. Desde ese momento, ambos se convirtieron en buenos camaradas de juegos, travesuras y también se apoyaban en los momentos de tristeza. Vincenzo siempre protegió a June de la maldad de su madrastra, pero cuando cumplió ocho años fue llevado a Roma, no a estudiar a un internado como le explicó a su hermana, sino al templo escondido que estaba consagrado a Eros, allí sería educado como el dios que era.
- Hermana ¿Por qué las cosas se han dado de este modo? ¿Por qué te entregaste al habitáculo de Hades?- Vincenzo sanaba la herida en el brazo de June con su cosmos mientras la observaba con tristeza- después de tantos años, cuando al fin hay paz y pensé que podíamos volver a ser una familia sin esa mujer que fue nuestra madrastra, morirás, y a pesar de que es culpa de ese Caballero de Athena, aún así lo sigues amando, no sabes cómo quisiera tomar mi arco y lanzarle una flecha para matarlo de una buena vez, pero con eso te lastimaría y no podría perdonarme algo así, jamás, desde siempre ese maldito ha estado en tu destino.
June no podía escuchar a Vincenzo ya que aún permanecía inconsciente recostada en la cama del dios. Marín, quien estaba preocupada por la joven, observaba escondida desde el balcón y Eros se dio cuenta de ello.
- No te quedes en ese lugar Marín, sé que estás preocupada por mi hermana, pasa- dijo con amabilidad. La amazona de Águila obedeció y entró en la habitación con suma cautela- no pienso hacerte daño- sonrió con tristeza Vincenzo.
- Eros, hay una pregunta que deseo hacerle, por alguna razón siento como si le hubiera visto en otro lugar y además sabe mi nombre ¿Por qué?- Marín aún pensaba que todo aquello era demasiado extraño, pero el dios cubriendo a June con una manta, volteó hacia la amazona de Águila.
- Era muy niño cuando tú y yo nos conocimos, en ese entonces mi padre biológico había muerto y yo no deseaba que mi pequeña hermana se quedara sola con nuestra madrastra, acudí al Santuario de Athena porque me habían dicho que mi otro padre, Ares, se encontraba allí, esperaba que el pudiera ayudarme pero se negó, entonces escuché que te enviarían en una misión a Etiopía junto a Albiore de Cefeo-
- ¡Entonces tú eras ese muchacho!- Marín recordó todo de golpe, efectivamente su primera misión después de obtener la armadura de plata del Águila había sido en Etiopía junto a Albiore, allí un niño los interceptó cuando venían de regreso al Santuario y le dijo que muy cerca de ahí había una niña pequeña con todas las habilidades necesarias para servir a la diosa, ambos caballeros de plata se miraron desconcertados por el grado de información que aquel muchacho manejaba, pero cuando intentaron hacer preguntas había desaparecido sin dejar rastro. Así encontraron a June, y compadecidos la llevaron para que se convirtiera en amazona.
- Así es, en ese entonces pensé que si June sobrevivía al entrenamiento y se convertía en amazona, estaría a salvo de la crueldad del mundo y también sabría defenderse de los caprichos de los dioses, sólo deseaba protegerla para que no sufriera y algún día poder reencontrarme con ella y llevarla a mi templo para mantenerla a salvo de su destino, pero ahora eso es imposible- Eros apretó sus puños con fuerza ante la mirada entristecida de Marín tras la máscara, entendía al dios a la perfección, ella también hubiera deseado proteger a Touma como Eros a June.
En ese momento varios golpes en la puerta de la habitación interrumpieron la conversación. Se trataba de Shun quien a toda costa deseaba saber cómo estaba la amazona de Camaleón.
- ¿Cómo te atreves a venir hasta mis aposentos después de lo que has hecho Hades?- preguntó Vincenzo mirando con frialdad al Caballero de Andrómeda.
- Yo no soy Hades, y he venido aquí porque deseo saber cómo está mi mujer, te guste o no la desposé y no la dejaré sola- contestó Shun mirando al dios con una mezcla de tristeza y seriedad.
- Di lo que quieras insolente, pero Hades usó tu cuerpo para sus fines y aunque lo hayas rechazado sigues formando parte de su mundo, no expondré a mi hermana a un ser repugnante como tú-
- ¿Cómo es posible que siendo el dios del amor seas capaz de separar a June de quién ama?- El Caballero de Andrómeda no estaba dispuesto a aceptar un no por respuesta.
- ¡Tú eres quien separó a June de quien ama, yo soy su familia, la única que tiene y ahora por tu culpa jamás podré llevarla a mi templo para que viva en paz!- Eros estaba perdiendo la paciencia.
- Sé cuáles han sido mis errores, pero es Athena quien debe juzgarlos, tú sólo eres el ministro de fe enviado por Zeus para que se cumplan sus sentencias-
- Shun, Vincenzo- June había despertado y ayudada por Marín caminó hasta la puerta de la habitación.
- Hermana ¿Te encuentras bien?- Vincenzo volteó para sostener a la amazona- lamento haberte herido con mi flecha- dijo acariciando su brazo ya sanado.
- Contéstame ¿De verdad eres el dios Eros?- la joven hacía aquella pregunta llena de dolor en su corazón, odiaba a los dioses con todo su ser, sólo por Athena tenía un profundo respeto.
- Así es- contestó Vincenzo bajando la mirada- desde que nací y tengo memoria sabía que soy la reencarnación del dios del amor, no te lo dije antes, porque eras demasiado pequeña para entenderlo.
- Vincenzo- varias lágrimas rebeldes resbalaron por las mejillas de la joven, después de tantos años extrañándolo, al fin se habían reencontrado, pero él era uno de esos dioses malvados que hacían sufrir a los mortales, sin embargo, era su hermano, su amado hermano de quien recibió las primeras muestras de afecto en su vida, June no tuvo corazón para rechazarlo y con ternura lo abrazó fraternalmente- te extrañé tanto.
- Pequeña June- Vincenzo igual de conmovido por aquel encuentro acarició la cabeza de su hermana como solía hacerlo cuando eran niños. Shun los observaba apesadumbrado, las circunstancias de esa reunión no eran agradables, y al parecer Eros era su enemigo ya que había pedido su cabeza a Athena, con lentitud retrocedió para salir de la habitación pero June lo detuvo.
- Shun, no te vayas, tú eres mi esposo es tu derecho estar aquí conmigo- la joven avanzó hacia el Caballero de Andrómeda y lo tomó del brazo- Hermano, este es el hombre a quien elegí, decidí unirme a él y si debo morir lo aceptaré con gusto, te pido que te lleves bien con él aunque sea hasta el día de mi muerte.
- ¿Por qué me pides eso hermana? No puedo aceptarlo, cuando al fin podemos reunirnos te vas para siempre, si él no hubiera existido nada de esto habría pasado- insistió Eros enfadándose- lo mínimo que puede hacer es morir por haberte quitado tu honra.
- No, te equivocas Vincenzo, ambos decidimos que las cosas fueran así, por favor, si tú eres el dios del amor, entiéndenos, no contamines tu puro cosmos con la ira donde no la hay- suplicó June sosteniendo las manos de su hermano entre las suyas. Eros la miró con tristeza, siempre se sintió con el deber de protegerla y en secreto lo hizo muchas veces, cuando eran niños al verla tan pequeña y frágil siendo golpeada por su madrastra se juró a sí mismo que cada persona que lo rodeara encontraría el amor y la felicidad, en especial ella, pero no con ese hombre, por su culpa ahora tendría que verla morir por eso jamás lo perdonaría.
- Soy el dios del amor June, rijo sobre los sentimientos de los mortales, si lo deseo puedo hacer que trates a este hombre con la más perfecta indiferencia, puedo hacer que él se olvide de ti para siempre, o mejor aún, puedo anular toda emoción en ustedes y que vivan como dos seres que no puedan distinguir entre el amor o el odio, insensibles a todo lo que los rodea hasta el final de sus días - dijo haciendo aparecer su arco y apuntar hacia ellos con dos flechas de acero.
- Eros no te atrevas- Marín contemplaba la escena asustada, sentía compasión por June y Shun pero también por Vincenzo, al igual que ella, finalmente se había reencontrado con su hermana pero por las circunstancias ella moriría.
- No permitiré que lastimes a June, si quieres vengarte hazlo conmigo pero no con ella- Shun temblando abrazó a la amazona quien se aferró a él. Eros tensó la cuerda del arco, se disponía a lanzar sus flechas, el tiempo pareció detenerse al igual que sus respiraciones, finalmente el dios disparó pero cuando el ataque iba a alcanzar a sus víctimas las flechas desaparecieron.
- ¿Qué?- Shun miró en todas direcciones pensando que se trataba de alguna técnica al igual que June y Marín, pero la voz de Eros llamó nuevamente su atención.
- Pero no puedo lastimarte, porque a pesar de todo, yo también tengo sentimientos, no quiero que mueras hermana, supongo que en ese sentido soy igual a este mortal- Eros cayó de rodillas invadido por la pena, June caminó hasta él y lo abrazó con tristeza.
Shaina interrumpió aquel momento indicando que Athena había anunciado que la ley de la máscara fue abolida durante los tiempos de paz, desde ese instante todas podían exponer sus rostros sin ningún temor, y sólo cuando se avecinara una guerra santa deberían usarse obligatoriamente al igual que durante los entrenamientos. Pero había algo más, a la mañana siguiente se daría a conocer la sentencia del Olimpo para el caso particular de June y de ella misma.
Esa noticia golpeó fuertemente a los presentes, Shun observó asustado a June al igual que Eros, Marín y Shaina por su lado tuvieron algo de temor, ahora tendrían que enfrentar al mundo sin la máscara la cual formaba parte de sus vidas. Tratando de salir del estupor, la amazona de Ofiocus recordó además que Athena solicitaba la presencia de Shun y June en uno de los jardines del templo principal, ante sus palabras, ellos acataron la orden pero el miedo no los abandonaba.
Caminaron tomados de la mano hacia aquel lugar, tendrían que escuchar lo que Saori les diría por los actos cometidos, al verla bajaron la mirada con culpa dentro de sí, no sólo por haber escapado del claustro desobedeciendo sus órdenes, además, se habían unido sin su consentimiento. Pero en los ojos de la diosa sólo había cabida para el amor y la compasión, y decidida avanzó hacia ellos y los abrazó con ternura como si de sus hijos se tratase.
- Perdónenme por no poder protegerlos- varias lágrimas resbalaban por sus mejillas- yo sabía de sus sentimientos, pero esperaba que se dieran cuenta a tiempo, sólo así podría darles mi bendición, jamás imaginé que todo tomaría un rumbo tan triste.
- Athena- June no podía creer lo que escuchaba, su diosa siempre lo había sabido y les había dado una oportunidad, y ellos llegaron al límite y lo transgredieron temerosos del futuro.
- Saori, lo sentimos, si llegamos a esto fue porque desconocíamos lo que sucedería a nuestro regreso, temí que la sentencia de June fuera la muerte y decidimos vivir el ahora sin imaginar que con ello conseguiríamos aquello de lo que estábamos escapando- Shun habló con tristeza por él y su esposa.
- Comprendo, y a pesar de todo, hicieron sus votos bajo las estrellas y juraron por sus constelaciones como la tradición de mi orden lo ha impuesto desde tiempos inmemoriales, yo no soy quién para desconocer eso, por ello les daré mi bendición- Saori miró a su caballero y su amazona con ternura- no puedo liberarlos de algún castigo pero haré lo posible para librarlos de la muerte.
Las armaduras de Andrómeda y del Camaleón aparecieron llamadas por el cosmos de Athena, salieron de sus cajas de Pandora y se ajustaron en el cuerpo de sus portadores. La diosa tomó las manos de ambos y las unió.
- Desde hoy y por siempre, que mi bendición caiga sobre ustedes, que los una más allá de la muerte y que sus estrellas iluminen el camino que han decidido emprender juntos- el cálido cosmos de Athena los envolvió y sobre sus cabezas aparecieron coronas de flores, símbolo de pureza y castidad. Shun y June se observaron un poco avergonzados, no se sentían dignos de lucirlas pero Saori sonriendo los abrazó una vez más- No se sientan culpables, sólo se adelantaron un poco, en el fondo siempre se han amado, la castidad y la pureza no tienen nada que ver con la abstinencia.
Tras terminar esa breve ceremonia, Seiya, Hyoga, Marín y Shaina que estaban escondidos tras los pilares que rodeaban el jardín salieron alegres para felicitar a Shun y a June. Habían planeado aquello en secreto, porque deseaban la felicidad de su amigo aunque sea por un instante, Ikki también estaba presente, y con algo de timidez acudió también a abrazar a su hermano, hicieron un brindis por aquel enlace y luego se fueron a dormir, cada uno con profundas inquietudes dentro de su corazón.
- ¿Crees que Eros se haya dado cuenta de la bendición de Athena?- preguntó Shaina a Marín.
- Él estaba escondido al igual que nosotras, es tan astuto como Athena y no iba a perderse la boda de su hermana- explicó Marín quien lo vio entre uno de los pilares.
- ¿Qué va ser ahora de nosotras sin la máscara? Esto es realmente nuevo para mí, no sé si pueda acostumbrarme- la amazona de Ofiocus estaba preocupada, además, la sentencia del Olimpo estaba a la vuelta de la esquina.
- Tómalo como un nuevo desafío, así será menos incómodo- aconsejó Marín.
- ¿Y Shun y June? Me sorprende que esa mocosa haya sido capaz de llegar tan lejos, logró lo que nosotras no, me alegra que estén juntos pero su felicidad durará muy poco si Athena no logra negociar con Eros- Shaina pensó por un instante en aquella situación con nostalgia- Hyoga dijo que era buena idea que huyeran esta noche del Santuario, pero ese dios no les quita los ojos de encima.
- No creo que Eros permita que la maten, pero quizás el precio que deba pagar Athena por salvarla sea demasiado elevado- pensó Marín en voz alta- o quizás no sea ella quien deba pagar por la vida de June, después de todo él pidió la cabeza del hombre que le quitó la virginidad a su hermana.
- Shun- Ikki las estaba escuchando, como siempre escondido en las sombras. Decidido a intervenir en el asunto caminó en dirección a los aposentos de Eros, tenía algo muy importante que decirle.
Continuará…
Próxima actualización: Domingo 27 de Abril, hasta entonces :D
