¨Soy gordo bebe que puede bailar como un hombre, quiero mover mi bote, quiero mover cabus..¨ Hola gente! Ya volvi! Rapido ¿no? Seguro que les alegra que lo escriba tan rapido y es que tenia la idea incluso antes de escribir el anterior asi que ya veran ustedes lo que salio de mi mente otakera(?) ¡Toritoooossss! Aqui esta!
Capítulo 4: Gatenmaru y sus secuaces
Cuando ya estaba a pocos metros de la aldea, se detuvo en uno árbol que tenía diversas marcas en su troco y movió con mucho esfuerzo una gran piedra dejando al descubierto un arco y un carcaj con unas cuantas flechas.
Saya, escúchame. — tomó con delicadeza el hocico de la asustada yegua y la obligó a mirarla. — quédate aquí, no quiero que nada te pase así que no te muevas de aquí hasta que regrese por ti. — Saya aplastó las orejas hacia atrás mostrando el descuerdo con respecto a la decisión y resopló. — Saya por favor. — suplicó.
El equino resopló sonoramente por segunda vez, dándose por vencida rodeó a Kagome y se recostó del árbol. La azabache le agradeció con la mirada y salió corriendo en dirección a la aldea.
En el momento en el que llego al pueblo, su corazón dio un vuelvo y empezó a palpitar frenéticamente. Todo estaba destrozado y envuelto en llamas, llevo una mano a su boca para reprimir un sollozo al ver varios cuerpos calcinados por toda la aldea y los gritos de las personas que estaban siendo consumidas por el implacable fuego.
¡Ka-Kaede! ¡¿Kaede, donde estás?!— grito desesperada mientras entraba rápidamente en la cabaña que compartía con la Miko principal del pueblo. Soltó un grito ahogado al ver el cuerpo pálido de la anciana con una gran herida en el hombro derecho. — Kaede, vamos Kaede, despierta. — susurro en el momento en el que llegó al cuerpo inerte de la mujer pero cuando ya habían pasado unos minutos de ver el cuerpo sin respirar, lo acomodo delicadamente en un futón que estaba manchado con su sangre y la recostó en él. — Adiós Kaede, lamento no haber estado hay cuando realmente me necesitabas. —murmuró con lágrimas en los ojos y salió de la cabaña.
De repente sintió algo caliente recorrer su muñeca y miró sorprendida la herida sangrante de su muñeca.—¿Co-como paso esto?— rompió otro poco más de su camisa y envolvió la tela alrededor de su muñeca formando un torniquete y dejo de prestarle atención llegando a la conclusión de que se la había hecho al correr por el bosque. Empezó a correr por toda la aldea buscando algún superviviente pero al entrar a las casas lo único que conseguía eran los cuerpos de hombres degollados, otros con heridas en el pecho y algunos calcinados, a pesar de la oscuridad de la noche notó, gracias a las ardientes llamas, que durante todo su recorrido no había encontrado ni a una sola mujer a excepción de la anciana Kaede y los cuerpos de algunas mujeres mayores.
Camino un poco hacia los límites de la aldea y se escondió velozmente detrás de un árbol que la cubría perfectamente y observo detenidamente un par de bandidos sobre unos caballos.
Esta vez sí que nos hemos divertido ¿no?— preguntó un hombre robusto con cabellos castaños despeinados mientras limpiaba su espada de sangre.
¡Claro que sí! ¡me encanta cuando piden por piedad!— carcajeó uno pelirrojo de ojos negros dándole algo de hierba a su caballo.
El señor Gatenmaru debe estar disfrutando de nuestro asalto, debo admitir que las de esta aldea eran muy hermosas. — comentó el castaño.
Lástima que era pocas, había demasiadas ancianas. — replicó el más joven.
¿Pues qué esperabas de un lugar tan pobre, Daisuke? ¡A penas si conseguimos varias telas de gran valor y unos cuantos sacos de arroz!— exclamó el mayor.
Bueno… ¿vas a dejar de criticar a la pobre aldea? Tenemos que ir con el jefe.
Por muy joven que seas nunca dejaras de ser un aguafiestas. — burló el de melena despeinada. Daisuke se montó rápidamente en su caballo y ambos equinos trotaron hasta llegar a una cabaña que estaba totalmente intacta. Kagome siempre los siguió desde lejos cuidando ser lo más silenciosa posible sin sospechar de que alguien observaba atento sus movimientos.
Ambos hombres dejaron sus caballos junto con otros que se encontraban durmiendo luego de la larga noche de trabajo, se sentaron cerca de una fogata que habían armado sus compañeros y empezaron a emborracharse con el sake que habían robado en aldeas anteriores. Por muy ebrio que estuviera y con todo el ruido presente causado por las bromas de sus camaradas, un rubio de ojos grises con su cabello atado en una colita escucho el sonido del crujir de varias ramas a unos pocos metros.
Tomo a varios por los hombros formando un círculo y hablo en voz baja de forma que solo ellos escucharan. — Escuchen me bien idiotas, hay alguien en los alrededores, así que más les vale callarse si quieren que lo encuentre. — los bandidos al ver la seriedad con la que hablo el rubio asintieron frenéticamente y se encargaron de callar a sus otros compañeros.
Hiseki se acercó a su caballo negro y, de un bolso que reposaba en uno de sus costados, tomo una vaina con su espada y se la puso en el obi. Camino lentamente hacia el espeso bosque cuidando de que el sonido del contacto con la tierra y sus sandalias fuera mínimo para no alertar al intruso. La azabache se golpeó mentalmente, ¨ ¡Estúpida! ¡Ahora ellos me encontraran!¨ pensó angustiada.
¿Así que creías que si te escondías no te íbamos a encontrar? ¡Que ilusa!— burlo a la par del árbol, sin mirarla, ya sabiendo que era una mujer.
¨ ¡Es imposible!¨
¿Hi-Hiseki?— pregunto nerviosa temiendo que no fuera él.
¡¿Cómo demonios sabes mi nom…?! Kagome… ¿Cómo es que tu…?— murmuró sorprendido viendo a la azabache recordando la vez que la había conocido.
Hacía dos años, luego de que su madre muriera Hiseki se había adentrado al bosque queriendo olvidar todo lo que tuviera que ver con su progenitora, se había alejado mucho de la aldea luego de dos días de vagar por los alrededores. Después de unos pocos días de haberse establecido en una cueva cercana tuvo que salir a reponer sus provisiones pero no contaba con que un demonio menor lo hiriera aunque gracias a una espada que cargaba con él puedo matar al demonio.
Herido y desorientad, el rubio camino sin rumbo fijo hasta que se acercó a una aldea y empezó a gritar por ayuda siendo auxiliado por una joven azabache de 16 años en el momento que caía en la inconsciencia.
¡No!— gritó abrumado luego de una pesadilla mientras se levantaba rápidamente del futón donde estaba recostado, desorientado, miro hacia todos lados tratando de ubicarse pero su memoria parecía no querer ayudarle.
¡¿Estas bien?!— pregunto Kagome apresuradamente mientras entraba corriendo en la pequeña cabaña, al ver al chico levantado lo obligo a sentarse y descansar aunque este se mostrara reacio a cumplir la orden.
¿Quién eres?— murmuro el oji- gris molesto luego de un rato de silencio.
Soy Kagome, ¿tú eres…?— exclamo con una sonrisa la joven mientras extendía su mano hacia el rubio.
Hiseki. — dijo respondiendo al saludo y ruborizado por la hermosa sonrisa de la joven Miko.
¡Hiseki! ¡¿Por qué tardas tanto?!— preguntó impaciente uno de sus compañeros mientras llegaba a él.
Yo... — se quedó sin palabras al ver como su compañero pasaba un brazo por su hombro y se quedaba embelesado viendo a la chica.
¡Vaya amigo, le has conseguido una buena al jefe!— felicito el castaño robusto.
Kenta… Sí, eso…— murmuró desanimado. Antes de que su amigo tomara bruscamente a la joven Miko, el agarro su antebrazo y lo tomó de forma que pareciera que no lo hacía con nada de delicadeza. Kagome lo miró decepcionada con lágrimas acumuladas en los ojos temiendo lo que pudiera pasarle.
Hubiera preferido que la mataran en lo profundo del bosque a tener que soportar las asquerosas e indecorosas proposiciones y comentarios que le hacían la docena de borrachos a la asustada muchacha y eran cosas que quería borrar de su memoria, era demasiado para su orgullo. El cuerpo le dolía como si la hubieran apedreado y el vacío en su estómago solo la debilitaba más, había sido sometida a mucho ese estrés ese día y sin contar la pérdida de sangre causada por la herida, que había tenido al llegar a la aldea, la cual había empapado la pobre venda en liquido carmesí.
Hiseki, aun sin mirar al frente, abrió la cortina que servía de puerta. — Señor Gatenmaru aquí le…— no puedo seguir hablando a causa de la sorpresa y la asquerosidad que le provocaba la escena. Todos, absolutamente todos los cuerpos de la mujeres que habían recolectado para él se hallaban en un rincón y tenían un aspecto deplorable, la piel seca y grisácea junto con la extremada delgadez le causo repugnancia. Dirigió la vista hacia su señor y contempló anonadado como su larga lengua se encontraba incrustada en el pecho de una de las chicas, y este solo succionaba la vitalidad de la mujer mientras que una vez hubo acabado tiraba el cuerpo inerte junto con el resto.
Vaya muchacho… al parecer no eras tan educado como pensé, mira que entrar sin siquiera anunciarte. — la voz del hombre le causo un escalofrió, Gatenmaru se paró del tronco donde estaba sentado y se dirigió hacia la entrada. — sígueme chico y cuidado con soltar a esa preciosura. — dijo mirando atentamente el rostro palidecido de Kagome.
Dado que su compañero Hiseki lo ha descubierto no tengo más remedio que decírselos…— todo miraron curiosos al hombre de aspecto femenino. — soy un yôkai polilla.
Los miro a todos, expectante, los bandidos solo pudieron festejar alegres mientras que los que aun que aún estaban sobrios empezaron a razonar sobre como seria la situación ahora que sabían que su jefe era un demonio. La monstruo polilla solo pudo sonreír ante la reacción de sus secuaces.
¡Hiseki!, tráeme a esa muchacha. — ordeno el líder al rubio, el muchacho se acercó lentamente a su jefe y se paró en frente de el con Kagome a su lado, el demonio tomo el rostro de la aprendiz de Miko y lo observó fijamente. — de verdad que eres hermosa, me darás muchos años de vida, más de los que esas pobres aldeanas me acaban de dar a menos que quieras ser mi mujer.
¡Preferiría mil veces que me comieras viva!— grito sin medir sus palabra y luego de ver la macabra mueca en su rostro que simulaba ser una sonrisa deseo haberse tragado su frase.
Si así lo quieres, cumpliré tus deseos. — la tomó duramente por los hombros y cuando abría su boca para encajar su larga lengua en su cuello, un gran puñetazo los alejo de la muchacha y lo tiro al suelo.
No te atrevas a tocarla, maldito…
¿A guto? ¿me saber que ustedes gutar? ¡No me engañan!Jajajajajajajajajajajaja LOLOLOLOLOL Los mate! Ya queda en ustedes saber quien fue quien la salvó Muchisimas gracias por todos sus comentarios y favs y aunque no los/las mencione saben de quien hablo, igual con los nuevos lectores gracias por los reviews al igual que favs y follows... Cuando deje de recibir comentarios estaba como: Entraria en coma si para el siguiente tengo 42 y se lo dije a mi prima y ella me dice: No voy a dejar que suban tu pequeño ego y yo:¡Estupid bitch!(?)
