No fue hasta su último año en Kitakawa Daichi que Oikawa empezó a sentir dolor en la rodilla. Al principio no le dio mayor importancia, y con sólo aplicar algo de hielo después de cada entrenamiento le bastaba para aliviar el dolor mínimamente, al menos durante las primeras semanas. Sin embargo, Oikawa no tuvo el valor de decirle a su mejor amigo lo que le estaba pasando, a sabiendas de que le echaría la bronca (Y Hajime tendría razón en echársela).
-Oikawa, estás cojeando. ¿Te ha pasado algo? – preguntaba el moreno una y otra vez, y cuando Tooru le contestaba, con su sonrisa encantadora de siempre ''No te preocupes Iwa-chan, el otro día me caí por las escaleras'', él le creía. Cómo no pudo darse cuenta. Cómo no pudo darle las suficientes vueltas como para saber que su mejor amigo, al que tan bien conocía, no estaba diciendo la verdad.
Pero todas esas mentiras acabaron pronto.
Los dos chicos se encontraban en casa de Oikawa, hablando de cosas bastante triviales en la cocina.
-¡Iwa-chan! – dijo Oikawa con su característica voz aguda - ¿Qué habías sacado en el examen de mate?
-¿Eh?- Hajime se sorprendió ante la repentina pregunta, al mismo tiempo que abría un armario para buscar algo de comer. Se dio la vuelta para responder- Un ocho…
-¡Ja! ¡Por el culo te la antocho!- Oikawa soltó una carcajada, como si con aquello hubiese llegado a la maestría de las bromas estúpidas, hasta que sus risas fueron interrumpidas por una colleja de Iwaizumi.
-¡Shittykawa, corre por tu vida!- gritó, preparándose para salir corriendo detrás del colocador.
Oikawa, con un movimiento exagerado, saltó de la silla y salió como un rayo de la cocina, Iwaizumi pisándole los talones. Continuó por el pasillo al grito de ''No me pillarás jamás, Iwa-chan!'', y casi al borde del ataque de risa por lo infantil de la situación. Justo antes de llegar al salón, Oikawa miró hacia atrás para sacarle la lengua a su mejor amigo; fue entonces cuando se chocó contra la punta del sofá, golpeándose de lleno contra la rodilla. El golpe no fue tan fuerte como para tirarle al suelo, pero el dolor sí que lo era. Se agarró la rodilla colocándose en posición fetal, como si aquella postura fuera a aliviarle los agudos pinchazos que sentía en ella, intentando aguantarse las lágrimas y una ristra de insultos y maldiciones probablemente inacabable. Hajime paró en seco al ver a su amigo así, y al principio no sabía cómo reaccionar. No te preocupes Iwa-chan, el otro día me caí por las escaleras. Recordó esas palabras. Y en aquel momento entendió que eran mentira.
-¡Joder, Oikawa!- dijo casi gritando, con un deje de preocupación en la voz, mientras se agachaba a su lado - ¿Dónde te duele? ¿Qué te has hecho? Incorpórate. – continuó rápidamente, nervioso por la repentina situación. – Oikawa, ¿me quieres contestar? – terminó de preguntar impaciente.
Oikawa tomó aire y levantó la cabeza, mirándole a Hajime, su Iwa-chan, a los ojos.
-Estoy bien, Iwa-chan- fingió una sonrisa, intentando que su voz no se quebrase – sólo ha sido un pequeño golpe.
-No me mientas- dijo Hajime. Podría parecer que estaba enfadado, pero la realidad era que se sentía profundamente preocupado por su mejor amigo; porque le conocía, y porque sabía que se podría haber estado haciendo mucho daño así mismo.- ¿Qué te ha pasado en la rodilla, Tooru?
Oikawa no dijo nada durante unos segundos que a Hajime le parecieron eternos. La verdad era que la respuesta que el moreno esperaba no le iba a sorprender en absoluto. Sabía que su mejor amigo se esforzaba demasiado, pues su ansia de mejorar era mayor que la de ninguno; y por supuesto, no ayudaba el pavor que se había apoderado de él ante la aparición de Kageyama en el equipo, tan rápido aprendiendo como si nada le costase. También sabía que ese esforzarse demasiado terminaba en entrenamientos nocturnos, en su cuerpo agotado; en Oikawa martirizándose así mismo. Sin embargo, muy en el fondo, Iwaizumi guardaba la esperanza de que Oikawa no hubiese caído presa pánico. Pero aquello fue la gota que colmó el vaso y tenía que saber lo que de verdad había estado haciendo su mejor amigo.
-Mira, Oikawa, veo que no estás muy por la labor de hablar- dijo el moreno, con voz calmada- déjame que te ayude a sentarte en el sofá, anda. – Oikawa sólo asintió y dejó que Iwaizumi se pasase sus brazos por los hombros. Con cuidado, le levantó del suelo y se sentó junto a él en el sofá. - ¿No me vas a contestar, verdad?
-No quiero que te preocupes por mí, Iwa-chan- contestó él entonces, con la voz casi quebrada- estoy bien- repitió de nuevo. Pero los dos sabían que eso era una gran mentira.
-Vale.-Iwaizumi respiró hondo y se levantó del sofá para ir a coger su móvil. Marcó el teléfono de la madre de Oikawa y armándose de valor le contó lo que acababa de pasar. – Vamos a ir al médico ahora, Tooru. – le dijo al colocador.
-¿Qué? ¿Al médico? No, no.- se negó rotundamente- He dicho que estoy bien. Serán cinco minutos y podré andar normal. Es más, Iwa-chan, creo que ya puedo hacerlo- Oikawa se levantó del sofá apoyando todo el peso en su pierna izquierda, pero cuando fue a dar un paso se tambaleó y se le torció el rostro en una mueca de dolor. La mirada que le dedicó Iwaizumi fue suficiente para que se sentase de nuevo, bajando la cabeza- No quiero que me digan que no puedo jugar…-susurró. Esta vez, su voz sonaba preocupada. Apagada. No era su voz de siempre.
-Y si no vamos, empeorará. Tooru, no lo hagas solo por mí. Hazlo por ti. – contestó Iwaizumi mientras se sentaba a su lado.- Todo va a estar bien, ¿vale?
Ante aquello, Oikawa abrazó a su mejor amigo lo más fuerte que pudo, e Iwaizumi hizo lo mismo. Se abrazaron como si fuese su despedida, como si fuesen las únicas personas en el mundo. Y así estuvieron, juntos, Oikawa respirando contra el hombro de Iwaizumi, hasta que la madre del colocador llegó a toda prisa para ir al médico. Incluso ella sospechaba que algo así ocurriría; su hijo se había quejado alguna vez de molestias en la rodilla, pero no le dio mayor importancia. Tuvo una pequeña conversación con Hajime y minutos más tarde ya estaban los tres subidos en el coche y camino al hospital.
Tuvieron que esperar media hora para que un traumatólogo les atendiese en urgencias.
-¿Oikawa Tooru, verdad?- dijo el médico con una sonrisa amable. Él asintió, algo ansioso- siéntate aquí, por favor.
Oikawa se sentó en la camilla, no sin cierta dificultad, y comenzó a responder a las preguntas del doctor.
-¿Desde hace cuánto sientes dolor en la rodilla?
-No sé… un mes, más o menos- Iwaizumi frunció el ceño ante la respuesta. ''Cómo no pude darme cuenta, joder'' pensó, algo frustrado consigo mismo.
-¿Es un dolor agudo o difuso?
-Agudo, normalmente.
-¿Juegas a voleibol, verdad? – Oikawa asintió - ¿Te has sometido a continuos entrenamientos de salto últimamente?– Al principio, Oikawa no quiso contestar. Pero luego volvió a asentir, esta vez más lentamente.
Después de eso, el médico comenzó a examinar la rodilla del colocador. Tras un par de minutos, apunto unas cuantas cosas en su hoja y se dispuso a explicar a Oikawa qué ocurría con su rodilla.
-Mira, Tooru- comenzó el doctor- la rótula es una parte esencial para flexionar la rodilla, al igual que el tendón que la protege. Cuando sometes tu rodilla a altas cargas de salto, la adaptación tisular específica de este tendón disminuye, es decir, su capacidad para auto curarse baja. Esto significa que el tendón se debilita y la continua carga de entrenamiento hace que se inflame, conduciendo a la tendinitis rotuliana o rodilla del saltador. Es una lesión por uso excesivo, lo que significa que haces demasiado, demasiadas veces y sin ningún descanso.
-Entonces- dijo la madre de Oikawa- ¿Cómo se puede solucionar esto?
-En el estado de tendinitis que sufre su hijo ahora mismo, será suficiente con descansar una temporada y aplicar hielo todos los días. Unas tres semanas de reposo absoluto y una semana de entrenamiento leve sería lo adecuado para recuperar la adaptación tisular del tendón.
-¿Tres semanas? – preguntó Oikawa de pronto, con la voz apagada.
-Tres semanas. Ah, el hielo hay que aplicarlo durante diez minutos con cinco minutos de descanso durante una hora. Si el dolor continúa, un ibuprofeno debería calmarlo.
Oikawa no dijo nada más. La consulta terminó con las formalidades de siempre y los tres volvieron a casa de nuevo. Iwaizumi y Oikawa subieron a la habitación de este último en silencio.
-¿Puedes quedarte a dormir conmigo esta noche, Iwa-chan?- preguntó finalmente Oikawa. No era un ''quieres''. Era un ''puedes''. Con voz suplicante y apagada, con desesperación, porque necesitaba la compañía de su mejor amigo, en ese momento, más que ninguna otra.
-Claro que sí, Tooru.- se acercó un poco más a él.- Ya has escuchado al médico. Que ni se te pase por la cabeza entrenar en tres semanas, o te las verás conmigo.
Oikawa soltó una carcajada.
-No lo haré solo por evitar ver al monstruoso Iwa-chan atacándome. – Hajime puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar dedicarle una pequeña sonrisa.
Durante la noche, antes de dormir, solo tuvieron una pequeña conversación.
-¿Iwa-chan, sigues despierto?- pregunto Oikawa.
-Sí. ¿Qué pasa?
-Lo siento- susurró. Iwaizumi se incorporó para mirarle.
-No pasa nada, Tooru- dijo, dándole la mano- no pasa nada.
