En los dos capis anteriores se me olvidó por completo poner un mensajito al principio de la historia como al parecer, todo el mundo hace en esta página. Así que este es mi mensaje. Holiwis y espero que el iwaoi os destroce de la misma manera que a mí.

Ah, y espero que os guste el capítulo. Besis de fresi, usuario de fanfiction ~

Las tres semanas que Oikawa se tuvo que pasar sin entrenar fueron extremadamente duras para él. A cada día que pasaba, el pánico que apoderaba su mente crecía de manera desmesurada. Porque quizás empeoraba, porque quizás le sustituían. Porque quizás ya no lo necesitaban. Todos esos demonios que lo atormentaban con anterioridad pero que de alguna manera escondía comenzaban a manifestarse, más atroces que nunca. Más fuertes que nunca. Nada pudo hacer para controlarlos, y por esa misma razón, tras aquel período de descanso (obligado sin compasión por Iwaizumi y el fisioterapeuta), no pudo evitar caer de nuevo. Y cayó más dolorosamente.

Tras su primer entrenamiento después del descanso de tres semanas, Iwaizumi deseaba, y de hecho creyó, que Oikawa dejaría de sobreesforzarse (Principalmente, porque sabía que el tiempo que se había pasado sin jugar había sido cuando menos horrible para él). Pensaba que dejaría de empujarse así mismo hasta llegar al colapso. Y por esto mismo, creyó al colocador cuando dijo que tardaría más en salir porque quería hablar con los entrenadores. En parte era verdad, pues quería saber todo lo que habían estado haciendo aquellas semanas sin él. Pero luego se quedó.

Sólo diez minutos. Veinte como mucho. Sólo para recuperar el tiempo perdido…

Oikawa creyó su propia mentira.

En aquel mismo momento, Hajime decidió esperar a su mejor amigo en la entrada del colegio. Fue como si un mal presagio le hubiese golpeado repentinamente, y quiso asegurarse de que salía a una hora adecuada. Comenzó a sospechar que Oikawa seguía entrenando cuando sus entrenadores salieron por la entrada, charlando animadamente sobre la vuelta de Oikawa al equipo. Iwaizumi se despidió de ellos amablemente, y continuó esperando. Sin embargo, quiso pensar que Oikawa simplemente estaba tardando más de lo normal en ducharse, y que por ese motivo no había salido aún. Así pues, siguió esperando al colocador hasta que la impaciencia fue demasiada. Atravesó su colegio a paso rápido hasta llegar al pabellón del equipo.

Ya desde fuera se escuchaba el rechinar de unas zapatillas contra el suelo de parqué. Iwaizumi abrió la puerta casi con agresividad.

Al principio no supo qué hacer, o qué pensar si quiera. Se quedó unos segundos (qué podrían haber sido minutos) en la entrada, observando a Oikawa. Este no se había percatado de la presencia del moreno, pues estaba muy ensimismado en ejecutar aquellos saques con total precisión, al mismo tiempo que murmuraba cosas para sí mismo.

El Oikawa que Iwaizumi observaba en esos momentos era un Oikawa exhausto, con la respiración entrecortada, con gotones de sudor deslizándose por un rostro que a miradas ajenas parecía despreocupado, incluso inocente. Un Oikawa con ferocidad en los ojos, las manos apoyadas en los muslos intentando recuperar la respiración, intentando buscar las fuerzas para continuar entrenando. El colocador fue a buscar otro balón, y entonces Iwaizumi dio unos cuantos pasos largos hacia él. No pareció sorprenderse de su repentina aparición, es más, pretendió actuar como si nada estuviese pasando.

-¿Qué haces aquí, Iwa-chan?- preguntó Oikawa, intentando ocultar su fatigada voz, y le dedicó una de esas sonrisas que tanto odiaba Iwaizumi.

Esas miradas de ''Estoy bien, Iwa-chan''

''No te preocupes por mí, Iwa-chan''

-La pregunta es qué haces tú aquí, Oikawa- respondió el moreno, intentando ser lo más amable posible, mas ese tema le frustraba tanto que no puedo hacer nada para evitar sonar tajante.

-¿Ah? Bueno, tras tres semanas sin entrenar, tenía que recuperar el tiempo- contestó Oikawa intentando sonar tranquilo, aunque se podía apreciar un deje de nerviosismo en su voz- No te preocupes por mí, Iwa-chan.

Ahí estaba. El ''No te preocupes por mí''. Aquella frase que tanto escuchaba y que tanto le carcomía por dentro.

-¿¡Acaso no recuerdas por qué te has pasado tres semanas sin entrenar!?- explotó Hajime- ¡Por esforzarte demasiado! ¡No puedes continuar haciendo esto!

Oikawa tomó aire para intentar controlarse, pero estampó el balón que tenía entre las manos contra el suelo.

-¿¡Y por qué no!?- soltó él de vuelta, mirándole a los ojos- ¡Estás exagerando! Además, es mi decisión. Yo decido hacer esto.

-Me da exactamente igual, Oikawa. ¡Tienes que parar!

-¡Quiero saber por qué! Yo solo quiero hacerme mejor. Quiero servir para algo.

-¿Que por qué? ¡Porque te destrozas a ti mismo!- dijo Iwaizumi finalmente.

Oikawa no supo qué decir. Durante unos momentos que parecieron eternos, se quedó mirando fijamente a los ojos de Iwaizumi, su Iwa-chan; unos ojos que parecían chillar con desesperación. Entonces, se acercó a su mejor amigo y lo abrazó.

-Lo siento, Iwa-chan- susurró contra su hombro, con la voz quebrada, temblando- no quería hacerlo, te juro que no quería, pero no he podido evitarlo… lo siento, lo siento tanto.

-Deja de decir lo siento- murmuró Iwaizumi, acariciando su pelo con suavidad- Mira, ya hablaremos. Pero ahora estira mientras voy al almacén para coger crema… no creo que tu rodilla haya salido bien parada de esto.

Oikawa asintió. Cuando Iwaizumi se empezó a alejar hacia el almacén, se giró unos momentos y vio a su mejor amigo acercándose a la pared lentamente, cojeando. Cuando tenía que apoyar la pierna derecha, lo hacía cautelosamente, pero, de todas formas, la mayoría de las veces su rostro se crispaba en una mueca de dolor. Y al ver aquello sintió como si le hubiesen golpeado de lleno, pisoteado y empujado por un precipicio desmedidamente alto. Cuando salió del almacén con botiquín en mano, se acercó rápidamente a Oikawa.

-Anda, siéntate en el banquillo. ¿Puedes?- El colocador asintió, pero nada más levantarse sus piernas temblaron y su rodilla falló. Se hubiese desplomado en el suelo si no fuese porque Iwaizumi estaba ahí para sujetarlo.

El dolor siempre era peor después de los entrenamientos. Con los músculos calentados y los objetivos claros, el dolor de rodilla era algo difuso, lejano. El tembleque en las piernas también lo era. Sólo el sonido de su propia respiración entrecortada era lo que le recordaba a Oikawa que él también tenía un límite. Un límite que, sin lugar a dudas, siempre estaba dispuesto a sobrepasar.

Iwaizumi sentó a Oikawa en el banquillo.

-Gracias- susurró él bajando la vista. Comenzó a jugar con sus dedos. ''Es lo que hace cuando está nervioso'' pensó el moreno. Él le contestó dedicándole una dulce sonrisa.

Iwaizumi comenzó a aplicar la crema antiinflamatoria en la rodilla del colocador, mientras susurraba algo que tenía que ver con que el hielo era mejor que esa crema. Sin embargo, Oikawa no le escuchó bien, ya que estaba más concentrado en como las manos de Iwa-chan se movían sobre su rodilla, con sutileza. Y a pesar de que fueran manos bastante secas, sentía suavidad en ellas. Fue como quedarse ensimismado en aquellos delicados movimientos.

-¿Oikawa, me estás escuchando?- preguntó de pronto Iwaizumi al darse cuenta de que Oikawa estaba perdiéndose en sus propios pensamientos.

-Ah, sí, sí- se apresuró él en contestar. Iwaizumi rodó los ojos.

-He dicho que es mejor que te pongas hielo en vez de crema. Pero que no hay aquí así que te acompañaré a casa y me aseguraré de que te pases al menos media hora con la bolsa de hielo en la rodilla. ¿De acuerdo?- Oikawa solo pudo asentir ante eso. Y en parte se sintió mal por hacer que Iwaizumi se preocupase tanto; por hacer que tenga que estar todo el rato detrás de él.

Cuando el moreno terminó de ponerle la crema, comenzó a recoger la cancha mientras Oikawa descansaba sentado en el banquillo.

-¿Ya puedes andar?- preguntó Iwaizumi.

-Sí. Puedo llegar a casa perfectamente, querido.- Oikawa respondió, con un toque de lascivia en la sonrisa. Parecía que ya había recuperado algo de energía, o es que simplemente quería fastidiar a su mejor amigo.

-¿Perfectamente? Como que me lo creo. Estás cojísimo.

-¡No exageres! Con que me ayudes a andar…

-Ya iba a hacerlo, idiota.- replicó Iwaizumi firmemente. –Venga, vámonos. Es muy tarde.

Hajime pasó el brazo derecho de Oikawa por sus hombros para que este tuviese una sujeción al andar, y salieron del pabellón lentamente. Y en aquel mismo momento, los dos chicos caminando en silencio bajo la tenue luz que les ofrecían las farolas del recorrido, Iwaizumi se prometió así mismo que aquello nunca jamás volvería a pasar. Que protegería a Oikawa pasase lo que pasase. Que le protegería de sus propios tormentos. Que le salvaría.

Bueno, y eso, hasta el siguiente capítulo ~

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