Capìtulo 8: Lobos en la montaña II

El sol apenas salía por las montañas y los gallos del palacio empezaron a cantar, los pájaros volaban por el cielo y todo empezaba a despertarse. Sango se desperezó, estirando las piernas y los brazos y lanzando un largo bostezo, Kirara que dormía a sus pies también se estiró y soltó un maullido.

— Buenos días, Kag-... — saludó Sango, pero se calló al ver que el futón de la sacerdotisa estaba intacto. Se levantó del suyo propio y pensando que Kagome ya estaba despierta y rondando por ahí, tomó su ropa y se dirigió a tomar un baño. Cuando ella salió del baño arreglada, la gatita la esperaba afuera y dio un maullido.

— ¿No has visto a Kagome?— la gata maulló dos veces.— debe haber ido temprano a la aldea...

Estaban recorriendo los alrededores del la gran casa y caminando por los pasillos que daban al jardín se topó con una muchacha del servicio.

— Disculpa, ¿no has visto a la sacerdotisa?

— No, señorita.

— Ah... bueno, gracias. — dio una sonrisa forzada y se despidió de ella, al seguir caminando y ver cerca de ahí la entrada de la casa, se acercó hasta un guardia que vigilaba.

— Disculpe, ¿la sacerdotisa que llegó ayer no ha salido? — Él respondió de forma negativa y regresó corriendo hasta la habitación donde había dormido.— sus flechas no están... pero no ha salido...— de repente escuchó a Kirara gruñir y salir de la habitación para oler el pasto.— ¿qué pasa?

La gata seguía oliendo el suelo, volvió a gruñir y se transformó en un animal parecido a una pantera gigante de dos colas. Sango se acercó a su compañera y vio que pisaba lo que antes fue un arco.

Aunque durante la noche sólo había dormido alrededor de unos pocos minutos, sintió que el viaje se le hacía más largo de lo normal, bueno, para llevar un día de viaje y velocidad sobrehumana, InuYasha consideraba que al menos ya debería ver las montañas.

Sin embargo, luego de tanto quejarse a la pocos minutos distinguió las montañas del sur. Apresuró aún más su carrera, si es que era posible. El plazo para el tratado de convivencia, o así le decía su madre, vencía dentro de dos días, aún tenía tiempo de sobra pero el camino hasta la cascada era confuso. Se le revolvió el estómago y el hambre que sentía desde que la noche pasada desapareció de solo recordar el apestoso aroma de los lobos y en especial el del mugroso de Koga.

— "¿Por qué a mí?" — se preguntó, casi en un lamento.

Tenía un atroz dolor de cabeza y sentía un frío horrible, el cuello lo tenía entumecido por la posición, y al tratar de moverlo gimió de dolor. A pesar de los dolores de su cuerpo, sintió que estaba acostada en algo muy mullido y cuando cerró la mano en ella se encerraron pequeñas ramitas. Abrió los ojos de golpe y lo primero que vio fue una cascada.

Al recorrer el lugar se dio cuenta que era una extensa cueva, no había nadie en ella y cuando trató de levantarse del heno que servía de cama, gimió asustada al ver tres lobos rodeándola. Aún tratando de calmarse, Kagome sintió la presencia de diferentes auras demoníacas, una más intensa que las demás. Con todo el cuidado que pudo se levantó y caminó cautelosa por el suelo, afortunadamente llegó hasta la cascada y sobresaliendo de la montaña había una saliente lo suficientemente gruesa para pasar. Escuchó el sonido de graznidos aterradorres y varios gritos a través de la cascada, y revisando un poco los otros montones de heno que la rodeaban tomó un arco y un carjar con varias flechas. Cuando asomó la cabeza lo que vio fueron demonios con forma humanoide y muchos lobos en los alrededores, frente a ellos estaba una gigantesca sombra en donde brillaban unos afiladísimos colmillos y dos puntos rojos como el fuego. Alrededor de él habían cuerpos de demonios lobo ennegrecidos y saliendo de los cuerpos luces blancas.

— "Está robando sus almas" — pensó con angustia, tomó una de las flechas y apuntó a lo que parecía un brazo que se dirigía a aplastar a un gran grupo de individuos. El arma se disparó veloz y precisa rodeada por aura sagrada y al estar en contacto con el ser de sombras llamas envolvieron el apéndice, la sombra soltó un aullido agónico que le taladró los oídos y todas las miradas se fueron hasta donde la flecha había sido lanzado. El demonio de sombras le mostró una sonrisa aterradora y se volvió a los lobos.

— La querían guardar para ustedes solitos, ¿eh?— su voz era muy gruesa y profunda, cuando le dio la espalda a los lobos sintió que algo lo atravesaba y lo cortaba por la mitad. La parte superior tomo su forma inicial y la otra se dividió formando veinte sombras más. — ¿no se rinden? Ya tengo lo que necesito y unos lobos moribundos no serán un obstáculo.

— ¡Creo que te has equivocado de persona! — gritó una voz femenina, saliendo del espeso bosque que rodeaba la caída de la cascada.

La sombra no le tomó la menor importancia y como si de una serpiente se tratara entró en la cueva. Se escuchó una maldición de entre los lobos y una columna de polvo llenó el interior de la cueva.

Kagome tosió fuertemente sin dejar de apuntar una segunda flecha y el polvo le escoció los ojos, algo negro dio vueltas a su alrededor y detuvo unos metros frente a ella. La sacerdotisa ni siquiera se dio cuenta, el polvo la ahogaba y no veía bien.

— Esto es todo. — dijo la sombra, en su brazo se formaron púas y un líquido negruzco corría de ellas. Dispuesto a dar un golpe, elevó la mano y la dejó volar.

Una luz azul recorrió toda la cueva y el polvo desapareció, a Kagome casi se salen los ojos al ver fuego azul rodeando el torso del demonio, impidiéndole moverse, y detrás de él estaba un pequeño niño.

— ¡Oye, corre, esto no durará todo el día! — gritó el niño, mientras que de sus dedos seguían escapándose llamitas azules. Kagome lo siguió y salió de la cueva, la luz y la altura la desorientaron, y al tratar de agarrase de algo traspasó la cascada y cayó al agua.

— ¡Kagome, ¿estás bien?! — Sango la tomaba de una mano mientras volaba en Kirara. Kagome apenas podía mantener los ojos abiertos mientras la exterminadora la jalaba más para subirla al felino, aún con el niño que la había ayudado Kagome rodeó el torso de la exterminadora con sus brazos hasta que aterrizaron en medio de los demonios lobo que la miraban sorprendidos.

El interior de la cueva explotó y la sombra negra se escabulló como una serpiente, escapando de todo el desorden y dejando detrás de él una estela de líquido viscoso. Todos miraron sorprendidos a la sacerdotisa al ver que inconscientemente había liberado poder espiritual que dañó gravemente al demonio de sombras.

— ¡¿Qué es lo que está pasando aquí!?— gruñó la voz de Kôga, que salía del bosque. Detrás de él venía alguien y el usual buen humor de Kôga había desaparecido y se veía irritado. Todos los lobos se le quedaron mirando y a medida que ambos caminaban les abrían paso. Kôga miraba a su alrededor los cuerpos sin vida de sus compañeros completamente negros y apretaba los puños de rabia

Kagome y Sango se habían alejado un poco, casi en la caída del agua con el río. La exterminadora le hablaba a Kagome pero ella se sentía como si hubiera caído en el agua y estuviera a varios metros bajo ella, apenas y escuchaba algo y sentía todo su cuerpo pesado y como si le ardiera.

— Kagome, escúchame, ¿me oyes? Todo está bien, ya paso todo, cálmate...— la castaña estaba muy nerviosa al ver a la sacerdotisa tan ausente y llorando con el rostro pálido e inexpresivo, con los pulgares le limpió las mejillas y la ayudó a levantarse, la sentó en Kirara y al parecer ella recobró la conciencia. La sacerdotisa miró a su alrededor, tratando de analizar todo, miró tras Sango y lo único que se le ocurrió decir fue:

— ¿Dónde está Saya?— preguntó, en un susurro, la castaña quitó las manos de su cara y una sonrisa de alivio iluminó su rostro.

— No te preocupes, no la traje. La deje en la aldea. — Sango empezó a inspeccionarla de pies a cabeza, le tomó más importancia a los brazos y los revisó de todas las maneras posibles, tomó su brazo derecho y casi se le sale el corazón al ver en el antebrazo una gran mancha negra rodeada de ampollas y casi toda la extremidad completamente roja.— Oh, Dios... tienes veneno... por eso estas así... ne-necesito sacarte de aquí.

La sacerdotisa elevó la cabeza casi sin importarle lo que había dicho su amiga, volvía a estar como en un trance. Con la vista borrosa vio como dos figuras se acercaban y discutían de algo. Lo único que distinguía eran machas marrones y rojas y los sonidos se hacían mas lejanos, sintió como si alguien le estuviera arrancando el brazo y un grito agonizante se escapó de su garganta.

— Kagome, Kagome, espera un poco si no hago esto lo que sea que tengas en el brazo se extenderá por tu cuerpo — la exterminadora parecía casi desesperada mientras hacía un ajustado torniquete unos pocos centímetros sobre el codo.

— Eso no funcionará, ese era Osabaki El Demonio de Sombras, los humanos no tienen nada que pueda contra su veneno. — Habló Kôga, quien miraba fijamente a Kagome.

Inuyasha apenas y se había tomado la molestia de inspeccionar todo, sus sentidos se veían claramente opacados por el pestilente aroma a lobo y de agua. Cuando se percató de las humanas que estaban frente a él la sangre abandonó su cuerpo al ver a la aldeana que lo había curado. Estaba completamente despeinada con ramitas en el cabello, tenía la camisa curtida y el rostro lleno de pequeños corte y tierra. — "Es ella... ¿Có-cómo es posible que...?".

— No se preocupen, él se encargara de llevarla a un lugar donde podrá se curada. — dijo el demonio lobo, señalando con su cabeza a Inuyasha.

— "Espera un momento, ¿qué?"

Renaci de las cemizas como un Fènix! Ay, me doy cotra la pared y aun no pago el horrible(espeluznante, horripilante, asqueroso) atraso. Tenia una especie de bloqueo y ahora que no tengo computadora nada mas escribo en el telefono, se hace mejor pero...Igual es un horripilante atraso! No tengo perdon! Asi que les traje esto para calmar la sed de sagre :) Espero que o gute(volvi!) La verdad a mi me gusto mucho, se volviero a encontrar y vino Kogita! Si espero que no se hayan olvidado de la historia(principalmente culpa mia, mea culpa) y que les guste! Review, review, review! Chao chao