Sus ojos verdes se fijaron en el cielo infinito en cuanto su cuerpo abandono ese túnel.
En esta ocasión estaba solo, no habían estrellas ni colores en el cielo, solo el blanco puro del vació absoluto. Se sintió como una eternidad cuando una luz azul apareció desde lo alto, y con la gracia que solo ella tenía galopo suavemente hasta su lado.
-es inusual que seas tú quien me llame joven draco-
ese era su apodo, siendo sincero le gustaba, era como darle un "plus" a su vida. Pocas ocasiones sentía que ser un dragón ayudaba en algo, pero la princesa Luna lo veía de otra forma; ella sabía de su naturaleza, era precavida, porque ella sabe bien que se debe tener a un dragón de buen animo. Pensando en eso el se sentía repugnante, una bestia, pero si le preguntaras y el obligado dijera la verdad, diría sin duda alguna que eso le agradaba.
Sin embargo ello mismo parecía ser la causa de su problema actual.
-Dime Luna, alguna vez amaste a alguien?-
ella lo miro sorprendida, sin saber que responder aparentemente. Por ello mismo la yegua de melena flamante decidió evitar la pregunta, cosa que para Spike no paso desapercibida.
-¿problemas de amores?-
supo que era entonces su oportunidad, de decir todo lo que sentía, incluso esas palabras pegajosas de lo exageradamente dulce que eran.
El dragón habló, habló de su amor hacia una hermosa unicornio de melena color amatista, ojos zafiro y piel de diamante puro. Le contó de la gracia, de su gentileza y delicadeza, como sus ojos observaban cada detalle, de su voz cantarina, sofisticada en cada segundo. Como su dolor crecía cuando la veía llorar y como su corazón se emocionaba al escucharla sobre lo que fuera que ella dijera.
Le contó cuando la vio por primera vez, lo hermosa que se veía el pasado atardecer. Miles de maravillas más salieron de la profundidad de su alma, cada una dedicadas con ternura y una sonrisa extremadamente frágil para su pesar.
Y mientras más idolatraba, más sus ojos lagrimaban.
Porque su primer amor ya amaba a otro.
-quisiera odiarlo pero... pero no puedo, no cuando ella sonríe de esa forma, no cuando ella lo mira así y el a ella, no puedo...-
luego de esas palabras se puso de pie y gritó, gritó mientras las lagrimas se resbalaban por sus mejillas.
Gritó porque no podía encontrar el culpable de su desgracia, la vida misma lo estaba torturando, pero la vida misma le había entregado su platónico amor.
Se sentía afiebrado, aturdido. No le importó. En su mente solo estaba ella, ella y la felicidad que nunca podrían compartir juntos.
Cuando despertó sentía su garganta seca.
No era capaz de hablar adecuadamente.
Quizás sí tenía suerte.
después de todo el único ser que lo había escuchado estaba lejos.
Gracias por quienes comentaron, me ayudo lo suficiente como para escribir otros dos capítulos más
y por ahora me gusta bastante como va con los otros capítulos, por lo que mañana o en un par de días subiré otro capitulo más ^^
hasta la próxima
-Gyda0248
