Disclaimer: One piece no me pertenece.
Sus pies descalzos no hicieron ningún ruido cuando se bajo de la cama y cruzo el cuarto hasta llegar a la entrada del mismo, poniéndose de puntas para poder alcanzar la manija de la gran puerta que daba al pasillo. Se asomo cuando empujo la manera lo suficiente como para que su cuerpo cupiera- no había nadie en el pasillo. Era raro. Generalmente, cuando la mandaban a dormir después del almuerzo siempre la mantenían vigilada.
Las risas femeninas llamaron su atención, pero frunció un poco el ceño- esas no eran las risas de las sirvientas. Tampoco eran las risas de alguien que ella conociera, y él nunca dejaba que nadie se acercara a su habitación; era una regla tan firme como una de las únicas que siempre le repetía.
"No abras las ventanas, y si no es conmigo, no salgas de este pasillo"
No lo había entendido, tampoco había preguntado.
Las risas volvieron a escucharse, esta vez con más fuerza, mezcladas con la risa conocida de un hombre.
Parpadeo un par de veces, soltando la madera que había estado sosteniendo, y caminando sobre el frio suelo del pasillo se acerco a la habitación que estaba a su izquierda. Era automático- lo escuchaba, iba a donde estaba. Siempre había sido así desde que recordaba; si se concentraba, a veces podía imaginarse a una mujer llamándola, estirando la mano hacia ella como lo él lo hacía. Pero la imagen era tan borrosa que perdió su interés en poco tiempo.
La puerta era del mismo tamaño que la de su cuarto, pero era más oscura, y estaba segura que nunca había entrado a esa habitación antes. Una vez más se puso de puntillas, logrando alcanzar la manija con mucho esfuerzo, sonriendo de lado cuando pudo girarla con éxito.
Cuando miro dentro de la habitación la sonrisa se fue completamente.
Estaba sentado en una silla que se parecía mucho a las de su estudio, con un una copa en la mano llena de un liquido rojo que no le llamaba la atención. A su alrededor habían muchas mujeres, con vestidos que no se parecían a los suyos en los más mínimo- algunos se parecían a los de las sirvientas, pero los que estaba viendo ahora eran de distintos colores y con formas raras que no le gustaban, mucho más cortos que los vestidos que había visto hasta ahora.
Una de las mujeres estaba sentada sobre sus piernas, el mismo lugar en donde él la sentaba cuando acariciaba su cabeza, pero incluso siendo una niña comprendía que lo que estaba viendo era completamente diferente.
Una parte de su mente de casi cinco años comprendió que ellas eran la razón por la que nunca la dejaban sola después de almorzar- instintivamente lo sabía, además de que la manera en la que se le revolvía el estomago no era algo que le gustara.
Doflamingo levanto la vista cuando alejo la copa de vino de sus labios, relamiendo los mismos debido al sabor que había dejado la bebida, captando los reflejos plateados que su cabello tenia bajo la luz del sol que entraba por las ventanas abiertas, y frunció el ceño.
Había despertado temprano, y lo había encontrado en una situación en la que no quería que lo viera hasta dentro de un par de años. Abrió la boca para llamarla, empujando con una mano el cuerpo de la mujer que le impedía verla completamente, pero antes de que pudiera siquiera decir algo, la puerta ya se había cerrado.
"¿Qué hiciste ahora?" Más tarde ese día, cuando Vergo llego a dar un reporte y la niña se le había colgado encima, vio como Doflamingo se encontraba mirándola con el ceño fruncido y los brazos cruzados. A Vergo solo le tomo un minuto ver como Yue ignoraba completamente al rubio cuando paso por su lado para volver a salir al jardín para saber qué pasaba.
"Me atrapo engañándola" Murmuro entre dientes "Y ahora no quiere hablarme"
Con cara completamente impasible, Vergo había dicho algo que tenía total sentido, y que en reglas generales era completamente verdad. Doflamingo solo esperaba que tuviera razón "Es una niña, pronto se olvidara del problema"
Ella no le dirigió la palabra por casi un mes.
Así que Doflamingo había recurrido a un movimiento rápido y sin ningún tipo de moral, prácticamente sacudiendo la joya roja que tenía forma de lágrima ante los ojos de la niña, quien en ese momento había sido prácticamente arrastrada a su regazo.
"¿Te gusta? ¿Crees que es bonito?" Estaba molesta porque la había interrumpido mientras estaba jugando, pero el brillo rojo capto su atención por un segundo, dándose cuenta de que el color se parecía mucho al de sus ojos. Parpadeo un momento antes de mirar el rostro del hombre, quien sonreía maliciosamente, y asintió. "Entonces es tuyo"
Agarro una de sus pequeñas manos, que no eran ni siquiera la mitad de una de las suyas, y dejo el pendiente sobre sus palmas. Ella miro hacia abajo, examinando la joya con grandes ojos curiosos, levantándolo un poco para poder verlo mejor, sosteniéndolo por la cadena del cual colgaba. Después de unos segundos lo miro.
"¿De verdad?" Doflamingo rio de buena gana, escuchando por primera vez en semanas las primeras palabras dirigidas hacia él, mientras bajaba la mano hasta su cabeza para acariciar su plateada cabellera
"De verdad" Asintio.
"¿Por qué?"
"¿Por qué no?" Ladeo el rostro, quitándole la cadena para pasarla sobre su cabeza hasta que colgó de su cuello- aun era lo suficientemente pequeña como para que se pudiera hacer eso. Suponía que en futuro no muy lejano ya no podría hacerlo "Después de todos siempre has sido una buena niña" Sonrió de lado "Mi buen niña"
"¿Estás seguro de eso?" En la noche, cuando el hombre se encontraba en su estudio con la niña prácticamente prendada a su abrigo mientras dormía, examinaba unos papeles que tenía en la mano cuando Vergo entro por la puerta, deteniéndose momentáneamente antes de preguntar.
"¿Por qué preguntas?" Levanto una ceja sin moverse.
"Es la joya de tu familia ¿No es verdad?"
"¿Y qué?" Rio, pero no lo suficientemente alto como para que la niña se moviera o despertara "Yo no voy a usarla, y a ella le gusta" La sonrisa maniática se alargo en su rostro "Si sigue pensando que las cosas que puedo darle son más bonitas que las que están fuera de este castillo, no querrá irse. No puede salir de aquí, y es mejor que por unos años siga pensando que es natural"
El otro hombre simplemente negó con la cabeza, suspirando casi imperceptiblemente.
