Disclaimer; One piece no me pertenece
Sentada en el sillón que estaba al lado de la mesa donde comía todos los días, miro con la cabeza baja como las sirvientas recogían los pedazos de platos rotos que se encontraban al lado de su cama.
No quería que los platos se rompieran, no había sido su intención.
Era la primera vez que trataba de "levantar" algo que no fuera liquido porque ya estaba aburrida de ver el agua flotar en el aire- pensaba que podía sostenerlos por más tiempo, y probablemente lo hubiera podido hacer, pero se le había ocurrido moverlos de lugar. No había llegado lejos, solo había podido pasar la puerta doble que separa el cuarto donde estaba su cama del cuarto donde estaba el comedor, cuando pensó que podía bajar la guardia.
Después que los tres platos se destruyeran contra el suelo, afortunadamente a unos metros lejos de ella, no habían pasado tres segundos cuando ya las doncellas habían abierto las puertas, gritando horrorizadas apenas vieron la vieron tratando de levantarlos para ponerlos sobre la mesa. Y ahora estaba ahí, confinada al sillón hasta que se aseguraran que no había ningún pedazo con el que se pudiera cortar.
Normalmente, para ese momento la carcajada de él estuviera llenando el cuarto y el pasillo, abriendo la puerta con la misma sonrisa estirada que siempre tenía en el rostro. Pero por más que tenía la impresión de que realmente iba a pasar, sabía que no era posible. Ya habían sido dos días desde que se había ido a hacer algo fuera, y no había escuchado nada de él hasta ese momento.
No era extraño, ya había pasado más de una vez.
Si él no estaba, no tenia nadie con quien hablar; las sirvientas no eran las mejores personas para opinar a lo que una niña de ocho años tenía que decir, y era raro cuando Vergo la visitaba. Nadie aparte de ellos la visitaba, muchas veces se había preguntado si siquiera sabían si estaba ahí; había escuchado un par de veces voces desde fuera, bajo el balcón, pero nunca había llegado a ver a nadie.
"Ya todo está limpio, Yueres-sama" Levanto la cabeza cuando Mía se acerco a ella, con las manos juntas como siempre y la espalda completamente recta- Doffy decía muchas veces que con los vestidos que le hacía usar parecía una muñeca, pero a Yue le parecía que las sirvientas se parecían más a las muñecas que ella "Y ya ha tomado la merienda, así que es hora de tomar una siesta"
"No tengo sueño"
"Son ordenes del joven amo. Además, necesita tener descanso suficiente. Necesita estar despierta para recibirlo cuando regrese de su viaje" Se inclino un poco, extendiendo una mano después. La miro con el ceño ligeramente fruncido antes de dejar salir el aire, casi como si hubiera suspirado, de manera resignada y tomar su mano, poniendo sus pies descalzos contra el suelo.
"¿Para hacer qué? No es como si fuera a hacer algo diferente"
Nunca se hubiera atrevido a decirlo en voz alta.
Siempre que decía cosas así, pasaban cosas malas.
La niña de siete años se dejo guiar por la sala y por las puertas dobles, escalando el colchón cuando llego hasta la cama, moviendo con una mano los peluches que estaban sobre las almohadas para hacerse una especie de cueva entre ellos.
"Que tenga dulces sueños, Yueres-sama"
No levanto la cabeza de la almohada hasta que escucho las puertas cerrarse. El suave click fue la señal para levantar el rostro, mirando las puertas blancas completamente cerradas. Suspiro, dándose la vuelta y quedando boca arriba, mirando las telas de distintos colores que estaban colgadas desde lo más alto del techo.
No había mucho que hacer.
La verdad era que no había nada que hacer, pero trataba de no pensar en eso.
Cerró los ojos, obligándose a sí misma a dormir, tratando de pensar que cuando los abriera realmente iba a estar ahí. Horas más tarde cuando los abrió otra vez, pensó que la mancha rosada de plumas que podía ver por el rabillo del ojo había sido un sueño, pero fue fácil darse cuenta de que realmente no lo era.
"Bienvenido, Doffy" Se restregó ojos con una mano, bostezando mientras se sentaba, soltando el oso que había estado abrazando mientras dormía, tratando de mirar fijamente a la persona que se encontraba sentada al borde de la cama.
"¿Has sido una buena niña mientras no estaba?" Muchas veces le había preguntado si no le dolía el rostro por sonreír tanto, pero la respuesta siempre había sido la misma; siempre se había reído cuando se lo preguntaba "Fufufufufu, claro que lo has sido" Puso una mano en su cabeza "Traje algo para ti"
Ladeo la cabeza para un lado, parpadeando un poco mientras miraba como se levantaba y caminaba hacia la doble puerta que noto en ese momento estaban abiertas, pasando a la habitación continúa. Se bajo de la cama con un salto, tratando de cubrir la misma distancia en menos tiempos.
Se quedo parada en seco incluso antes de entrar a la habitación, mirando con cierto recelo el nuevo objeto que se encontraba dentro de la habitación.
"¿Qué es eso?"
"Esto es un piano, te mantendrá entretenida" Comento cuando se le acerco, observando como la niña prácticamente le daba la vuelta mientras lo miraba fijamente, casi esperando que empezara a moverse "Ya no juegas con tus muñecas" Añadió con una risa, estirando la mano para alzar la tapa que ocultaba las teclas blancas como las nubes "Con esto, podrás hacer música" Se le acerco cuando escucho la primera nota, observando cómo presionaba una tecla. Parpadeo un par de veces antes de estirar una mano también, sonriendo cuando el sonido lleno la habitación. Se subió al banco que se encontraba frente al objeto desconocido, dándole mejor vista de las teclas "Eres buena leyendo. Te traerán libros, así podrás aprender"
"Suena raro" Rio, presionando varias teclas al mismo tiempo. El hombre soltó una risa también
"Hoy no podre cenar contigo, pero si estaré en el desayuno" Como siempre, puso una mano sobre su cabeza, moviéndola un momento antes de quitarla y caminar hacia la puerta, con los ojos de la niña sobre su espalda.
No comía todos los días con ella, e incluso habían días que no lo veía para nada. Las sirvientas siempre respondían lo mismo cuando les preguntaba, "es una persona muy ocupada", pero incluso con siete años sabía que no podía estar todo el tiempo ocupado- No había salido nunca de la habitación, no por lo menos desde que era muy pequeña y no le hacía caso a las reglas, y puede que tuviera solo siete años, casi ocho, pero no era estúpida; sabia que al otro lado de la puerta Doffy tenía otra vida.
Una vida que ella nunca conocería o tendría.
Miro su espalda cubierta por las plumas rosadas, pidiéndole mentalmente que se volteara.
No lo hizo
Y otra vez, la puerta se cerro, dejándola sola con el piano.
