Disclaimer: One Piece no me pertence.
N/A: Si tienen algun tipo de queja, sugerencia o peticion, no duden en decirmelo.
No abras las ventanas.
No abras las puertas si no estoy en la habitación contigo.
No salgas al balcón.
Si escuchas voces en el pasillo, no hagas ningún sonido.
¿Entiendes, Yue? Seguro que lo entiendes ¿Eres una buena niña, verdad?
Se lo habían repetido miles de veces a través de los años, con el mismo tono y las mismas palabras- una y otra y otra vez.
No podía recordar cuando se habían puesto las reglas, pero era el suficiente tiempo como para que se las supiera de memoria- No eran muchas, pero cuando solamente tenias dos habitaciones por las cuales caminar, se volvían pesadas, lo suficientes como para odiarlas con mucha intensidad- Sin embargo, desde que recordaba, nunca las había cuestionado. Supuso que en algún momento había tratado de romperlas, e incluso había logrado que las sirvientas le dijeran que cuando era más pequeña salía de la habitación muy seguido- "nunca llego muy lejos" siempre añadían, y no lo dudaba. Tal vez haya sido por eso que Doffy siempre insistía tanto en recordárselas, como si pudiera olvidarlas en cualquier momento.
La primera vez que Yue vio a una persona que no fuera Vergo o las sirvientas, o Doffy, tenía ocho años, y no fue sino años después que se dio cuenta de que las reglas se las habían impuesto para evitar justamente eso, por razones que su mente infantil no pudo captar la primera vez que lo había conocido. Sin embargo, había prestado la suficiente atención al momento como para recordar cada detalle de lo que había pasado, dándose cuenta de lo fácil que fue romper las reglas sin ni siquiera pensarlo.
Había estado sentada en el piso con las luces apagadas, mirando a través de las puertas de vidrio que separaban su habitación del balcón. Sobre el barandal, estaba en una maseta el regalo que había traído Doffy de su último viaje: flores que solo florecían bajo la luz de la luna una vez por semana. Observo en silencio como los pétalos se abrían y el blanco parecía brillar como las estrellas, haciendo que resaltaran entre todas las flores que estaban plantadas en la jardinera.
Hubiera querido abrir las puertas y salir al balcón para verlas más de cerca, pero sabía que no podía, o más bien, que no debía.
No había despegado los ojos de la maseta desde que la primera flor se había abierto.
Y fue por ese mismo empeño que tenía en verlas que le resulto alarmante el hecho de que la maseta había desaparecido, y en su lugar se encontraba una persona parada sobre el barandal. Habría pensado que era Doffy, porque después de haberse enterado de que podía volar nada le sorprendía, pero la figura de la persona no tenía el abrigo de plumas que adoraba.
Doffy casi nunca salía sin el abrigo.
La figura también era muy bajita para ser de Doffy, quien desde que recordaba había sido un gigante, lo suficientemente alto como para sentarla en un brazo de la misma manera en la que las sirvientas decían que la cargaba cuando era una bebe. Bajo de un salto de la baranda, mirando hacia atrás antes de avanzar a hacia la puerta, estirando la mano para abrirla.
No podía mirar el rostro de la persona porque la luz de la luna alumbraba a sus espaldas, pero eso no le evito saber que no lo conocía, y fue el momento en el que sabía que tenía que gritar. Era siempre lo que le habían dicho- si alguien que no conocía entraba en su habitación, tenía que gritar, y porque su habitación estaba en frente de la de Doffy, era seguro que la escucharía. Era lo que siempre le habían dicho.
Pero había un problema.
Se dio cuenta de eso cuando se levanto del suelo lo más silenciosamente posible, mirando con curiosidad a la persona que abría la puerta, aun mirando hacia atrás, no notando su presencia en lo más mínimo mientras volvía a cerrar la puerta y suspiraba aliviado, recostando una mano contra el marco blanco. Parecía como si se estuviera escondiendo de algo o como si estuviera huyendo de alguien, y por un momento se pregunto si había buscado esconderse ahí por eso ¿Cómo había llegado hasta el balcón? ¿Dónde estaba la maseta? ¿De quién se estaba escondiendo? ¿Cómo se llamaba?
Las preguntas se acumulaban una tras otra.
Y el problema se hacía más grande con el paso de los segundos.
No quería que se fuera.
"¿Quién eres?"
La manera en la que había saltado apenas las palabras dejaron su boca le decía que obviamente no había esperado que alguien estuviera en la misma habitación que él. Volteo a verla casi inmediatamente, con una expresión que a Yue le pareció muy curiosa, una que nunca había visto en el rostro de las personas que conocía- ni en las doncellas, ni en Vergo, ni en Doffy.
Algo nuevo.
No era mucho mayor que ella- no era lo suficientemente alto como para serlo. Pero solo se tenía a ella misma como punto de referencia, así que podía estar completamente equivocada. La curiosidad prácticamente le brotaba de los poros mientras él le devolvía la mirada, rígido en su puesto, a tal punto que dudaba que estuviera parpadeando.
"Yo soy Yue" Ofreció después de un largo momento de silencio, esperando a que le respondiera.
Incluso con la casi completa oscuridad en la cual estaba sumida la habitación, pudo definir un poco su rostro gracias a la luz de la luna que entraba por la ventana. Cabello negro y ojos aparentemente claros- no podía decir. Parecieron pasar varios minutos cuando la otra voz se hizo sonar dentro de la habitación, haciendo que su rostro se iluminara con una sonrisa, tal vez demasiado amplia.
"Law" Dijo al fin, parándose con los hombros tensos, pero nunca dejando de verla, como si estuviera examinándola y esperando en secreto que no fuera tan inofensiva como parecía. "Trafalgar Law"
En ocho años, esa fue la primera vez que uno de sus regalos había quedado en el olvido.
En toda su vida, esa fue la primera vez que ella lo olvido a él, en vez de él a ella.
